¡Buenas! He tratado de corregir y volver a subir esta historia antes de continuar subiendo los siguientes capítulos.
Y sobre la pareja, creo que la que elegí es la correcta, pero, ¿qué opinan ustedes?
¡Disfrutad de la lectura! :DD
Alma en el infierno
Enigmática señal, que el futuro nos quiso guardar siempre.
Pálida noche azul, que ha callado al silencio.
Ocultando de su mirar un mundo antes azul;
Las lágrimas que derramó la tierra, no bastarán.
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Oscuridad fue lo primero que se encontró al ser consciente de todo sus sentidos (exceptuando la visión). Sin embargo, aunque escuchaba a alguien hablar, no entendía ni una sola palabra. No se detuvo a pensar realmente sí aquel era otro idioma o solo no estaba completamente bien como para saber lo que pasaba a su alrededor. La realidad le cayó como agua helada sobre caliente. El dolor que la llevó a la inconsciencia iba aumentando su intensidad. Rogó, estaba segura qué con gritos, que aquel qué estuviera hablando a su lado la salvara. Su mente hizo colisión con el sufrimiento, causando la mayor desesperación y miedo que alguna vez tuvo.
No te rindas, Claudia. Yo sé que tú puedes.
Recordó las palabras que su padre le había dedicado antes de su muerte. Ella en verdad que trataba de no rendirse, pero el dolor era demasiado. Aunque la manera en que su padre le comunicó el mensaje alentador no fue la más motivadora, ella sabía que su intención no era mala. Decidió que el dolor de ver a la persona que más amaba entregaba su vida a la muerte no era comparable con la sensación que ahora sentía. El sentimiento de pesar en su pecho y el encogimiento de su corazón junto la falta de aire eran acompañados con el vació en su alma, la sensación de desesperación al pensar en el abandono y la constante idea de que él ocasionara su muerte se debía a que no la amaba verdaderamente... todo eso era peor si lo comparaba con lo que sentía en ese momento.
El tratamiento ya no está funcionando; tu cuerpo ha recibido tanta medicina que ya se adaptó a ella.
Las palabras del Doctor Carlisle resonaron sobre todos sus pensamientos.
¿Sería posible que estuviera muriendo?, ¿así se siente morir?; porque si era así, morir era uno de los peores dolores que cualquiera podía experimentar. Sentía su cuerpo ardiendo; como si un fuego maldito la envolviera. Todos los recuerdos de su padre oscilaron ante una sola idea: ¿Este es el infierno?; el fuego estaba consumiendo todo sentido de coherencia en su mente, pero aun así tenía en claro que su sufrimiento seguía latente. ¿Cómo era posible aquello? Ella nunca hizo nada malo... o al menos no al grado como para merecer estar en el infierno. Pero eso era lo más parecido si lo comparaba con todo lo que alguna vez leyó o escuchó hablar acerca de ese lugar.
Pero debía de ponerle sentido a todo eso, ¿no?; ¿Era real eso que sentía?, cabía la posibilidad de que ese dolor fuera provocado por los medicamentos para el cáncer, y sin embargo, ella estaba segura de que ese fuego no era causado por la morfina o alguna de las otra terapias. Ese dolor era mucho peor. Era tan desesperante que solo podía rogar por morir de una vez por todas. Sabía que era pecado, pero en ese mismo instante su mente se llenó de dolor y tan solo lograba pensar en lo mucho que quería morir. ¿Por qué no la mataban de una vez? A cualquiera que estuviera cerca, deseaba que sintiera ese fuego tan solo para que se compadeciera de ella y la matara lo más rápido posible. Por favor, rogaba. Así podré estar con mi papá.
Estaba cayendo tan bajo como él nunca quiso que pasara (y sin embargo él se suicidó), pero ella lo amaba con tanta fuerza que estaba dispuesta a entregarse a la muerte. Lo amaba tanto que, si fuera necesario, podía renuncia a la vida solo por estar junto a él. La hacía ver como una basura del mundo, pero así eran las cosas.
Pero entonces, cuando ella lo daba todo por perdido, algo sorprendente pasó. No creía que con tan solo desearlo su cuerpo sucumbiera o algo parecido, pero poco después de qué alejó los pensamientos de su padre y en lo decepcionado que estaría de sus pecaminosos deseos, pudo sentir (e incluso escuchar) como los latidos de su corazón iban en descenso. Fue entonces que supo que sus plegarias dieron resultado, y fue allí que lo sorprendente pasó:
"Dejar de luchar es empezar a morir."
Ese no fue algo que ella pensó. Realmente dudó del origen de ese susurro de aliento, pero fue suficientemente aliviador para que el ardor comenzara a disminuir luego de estas palabras. ¿Esa era la voz de Dios?, ¿ese mismo Dios que la abandonó?, ¿ese que dejó que su sangre enfermara?, ¿ese que permitió que su padre abandonara a la vida? Era una voz suave y hermosa que podría seducir a cualquiera. Bien podía ser el Ángel Lucifer, pero lo dudó tremendamente.
"No mueras" volvieron a decir. Todos sus años de enseñanza le gritaron que el Diablo jamás la alentaría a vivir. Él se encargaría de que ella deseara todo lo contrario, por lo que solo pudo pensar que quién le decía aquello, efectivamente, era Dios.
¿Ahora era él el que le decía que no abandonara la lucha por vivir?; él, al igual que su padre, la había abandonado... eso supuso hasta ahora. Toda su vida escuchó decir que Dios hacía todas las cosas con un fin, y, tal vez, casi llegaba ese fin y él le hablaba solo para que ella lo supiera y siguiera en la batalla. Pensó en lo fácil que era desear la muerte y en lo difícil que ahora mismo le resultó creer que aquella voz no era producto de un ser maligno que solo la incitaba a seguir sufriendo.
Intentó lo más que pudo en concentrarse en cualquier cosa que no fuera el dolor que la carcomía. Llenó su cabeza con rezos mientras las combinaba con esa pregunta qué le surgió de repente. ¿Hasta cuándo durará esto?
Sus plegarias no cesaron durante horas. Inclusive podían ser días, pero ella seguía concentrada, motivándose con la idea de que pronto acabaría y que Dios la libraría de ese sufrimiento. Que Dios la sacaría de ese infierno...
De repente, aunque fue muy fugaz, mientras el dolor que se iba acercando cada vez más a su musculo cardíaco, pudo ver claramente que alguien se tiraba al suelo. Los gritos que resonaban ambientando la corta imagen le advirtieron que algo le dolía aquella persona, pero no pudo ver nada más. Ahora todo lo que escuchaba eran más de esos gritos terroríficos. A Claudia le recordaron a los mismos que salían de la sacristía de su padre, por lo que de inmediato se empezó a inquietar.
¿Cómo no se dio cuenta antes? ¡Era lo más obvio! Ahora que estaba totalmente indefensa, no era que Dios la estuviera ayudando contra su rendición para la vida, si no que le alentaba contra el demonio que llevaba dentro. Su cuerpo podía estar procesando un exorcismo y el fuego que sentía no era el infierno, ¡era el demonio!; estaba tratando de apoderarse de su alma. Cientos de veces escucharon sobre la oración para ahuyentar a los ángeles de Satanás, y era por eso que el ardor seguía; no estaba diciendo los rezos correctos.
Rápidamente, con todo ese miedo encontrado, comenzó a recitar la invocación al arcángel Miguel y los conjuros de San León XIII ignorando el hecho de que no podía usar agua bendita contra ella misma. En su mente se empezaron a aumentar los gritos en cuento comenzó con el salmo, pero escuchó risas al mismo tiempo. Estas sí que venían de ella, lo sabía. No supo realmente qué era lo que había ocurrido, pero ella no paró.
"Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros. Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación. Te alaben los pueblos, oh, Dios. Levántese Dios, sean eliminados sus enemigos, y huyan de su presencia los que lo aborrecen. Como es lanzado el humo, los lanzarás; como se derrite la cera al fuego, así perecerán los impíos delante de nuestro Dios, Jehovah. Más los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios y saltarán de alegría.
"Te ordeno que salgas de mi santuario de Dios, espíritu maligno. Regresa a tu impo y abandona lo que no te corresponde. No luches contra la luz de Dios; te prohíbo que invadas el género humano."
No fue de inmediato, y cuando había alejado la esperanza que tuvo al principio de la oración, los gritos por fin cesaron. Sin embargo, la risa, aunque no con la misma intensidad, continuó; susurró algo parecido a un "de acuerdo". Era claro que no se había ido, porque si no él no hubiera contestado, pero, aunque ya había dejado de gritar, el dolor seguía allí; no con la misma intensidad, pero seguía allí. Entonces, ¿Era el demonio que causaba los sonidos vocales?, ¿por qué no paró el dolor?
"No"
Todo su subconsciente se heló. Nunca, en toda su vida, había escuchado de esa manera aquella voz. Era tenebrosa y resonaba dentro de su cabeza, aunque estaba segura de que sonaba así a causa de la risa. ¿A qué decía "no"?, ¿él no era quién gritaba?, ¿o simplemente le contestaba que no saldría de su cuerpo? Rápidamente inventó una conjetura es su mente: Ella le dijo que regresara al impo de donde venía... ¿eso quería decir que su cuerpo era el hogar de un demonio?
¿Qué podía hacer contra eso? No se le vino nada a la mente. Dios, por favor.
"Nada", respondió. ¿Qué podía decirle?, le podría preguntar, pero seguro y la ignoraría. Entonces fue que se dio cuenta que el fuego iba disminuyendo incluso más rápido que antes de empezar a pensar en Dios. Él de verdad le estaba ayudando, pero no contra del demonio, aparentemente. "Ingrata. Todo el tiempo he estado aquí; no me iré".
¿Pues desde cuando estaba él allí? Ella jamás sintió alguna presencia dentro de sí. Eso estaba aterrándole mucho; incluso este sentimiento era tan grande que estaba sobrepasando al dolor de su cuerpo, pero... ¿Cómo explicar la oscuridad en donde estaba?, ¿de qué se trataba el dolor que, aunque ya no era mucho, la invadía? Tenía ganas de gritar y decirle que se callara.
Nuevamente pensó: El demonio causa el dolor; una vez el dolor se acabe, el demonio se habrá ido.
"Estaba mucho mejor por aquí cuando no estabas con tu sentimentalismo y toda esa basura de suplicas a... ese." comentó con un deje de asco al decir ese, claramente refiriéndose a Dios.
¿Y ahora un demonio de la hablaba con tanta naturalidad? Esa idea era tan espantosa.
Su miedo aumentó cuando lo oyó reír de nueva cuenta. Se burlaba de ella, pero Claudia ya no sentía tanta preocupación para la posesión en la que se encontraba, sino por la forma tan relajada en que él le contestaba a cualquier pensamiento. Entonces eso significaba que el demonio sabía muchas cosas sobre ella... cayó en cuenta de algo que olvidó y por lo cual todo eso había iniciado... ¿Él fue quien le dijo que no se rindiera?... ¿Quién eres?, se preguntó.
"Soy parte de ti." y de alguna manera, supo que él no hablaría más. Entonces tuvo ganas de llorar más que nunca.
De una manera no muy comprensible, ella no se percató al momento de que el dolor dejo de invadir su cuerpo. Sin embargo, sintió cuando todos sus sentidos se dispararon significativamente. De inmediato olió lo que podría ser madera mojada y lluvia. Era algo normal que por esas zonas lloviera y naturalmente ella estaba acostumbrada a eso, pero nunca le llegó con tanta intensidad. Al mismo tiempo pudo oír respiraciones cerca de ella que era acompasado con el ruido de la lluvia pegando el suelo. Eso era horriblemente raro y lógicamente improbable. ¿Qué tan cerca podía estar una persona como para oír su respiración y sin poder sentir su proximidad?, ¿qué tan probable era oír una llovizna sin sentir humedad?; tuvo ganas de abrir los ojos una vez sintió la necesidad de hacerlo, pero se retuvo cuando sintió que alguien le tomaba el antebrazo. No fue brusco ni tosco, pero en ese instante su miedo se intensificó. ¿Podría ser el demonio que antes le hablaba? No. Él estaba dentro de ella, no podía tocarla... pero el dolor cesó, entonces el demonio ya habría salido, ¿no?
Se incorporó una vez supo que estaba acostada. De esa manera estaba todavía más expuesta a quien sea que estuviera tocándola; así, aunque sea sentada, tenía más probabilidades de defenderse aun tratándose de un demonio, mas no abrió los ojos.
¿Qué podía encontrarse frente de ella? No lo sabía, pero no hizo amago de querer averiguarlo.
No pudo controlar la manera en que su mandíbula comenzó a temblar cuando pasos comenzaron retumbar a su alrededor. Los pensamientos antiguos le volvieron: no quiero morir; en ese momento, escuchó una voz que le era inconfundible.
— ¿Claudia?— dijo él. Fue con tono nervioso y, de alguna manera, sonaba cansado.
Ella por fin dejó ver sus ojos, solo para encontrarse con unos hermosos ojos naranjas. Eso la confundió: los de él eran dorados, no de ese color. No obstante, sabía que era él. Todo el miedo se difuminó cuando él se acercó más, pero ella no hizo amago de moverse.
— ¿Doctor Carlisle?—trató de confirmar. Él solo asintió y medio sonrió. Nunca soltó su brazo.
¿Qué pasaba allí?
Miró al rededor y se percató de que otros dos chicos la miraban. Ellos eran los dueños de las respiraciones que antes pudo escuchar. En una esquina estaba ella, con un cuerpo monumental y cabello muy hermoso; era rubia y su rostro era verdaderamente el de una modelo de revista. Era muy pálida y tenía el mismo color de orbes que antes tenía el Doctor. ¿Sería su hermana?... El otro era alto y muy guapo; tenía el cabello levemente rojizo y su piel era como la cera (Tanto como la del doctor Cullen), la miraba con... ¿miedo? Sus ojos expresaban ese sentimiento, pudo notarlo. Así como también había notado sus horrorosos ojos carmín. ¡Era ella la que tenía que tener miedo! El rojo era el color del demonio.
Instintivamente se acercó más al cuerpo del hombre frente a ella. Él la sostuvo y le dirigió una mirada a aquel chico con ojos malignos. No estaban en el hospital, pero lo único que le asaltó a la mente era la duda de quién eran ellos dos, muy en especial el chico. Ambos la miraban consistorialmente, causándole espasmos de nerviosismo.
—Doctor, ¿qué pasa?—y fue entonces que escuchó que su voz era muy diferente. Aunque estuviera temblorosa, se podía escuchar muy... ¿cantarina? Era muy bonita, considerando que antes su voz era un poco ronca (Gracias a los medicamentos subministrados).
Ignorando el ardor que sentía en la garganta, se acercó más al hombre con el único propósito de buscar protección. Él respondió con caricias en la espalda, sin hacer nada cuando la muchacha bonita se acercaba poco a poco. Ella, al llegar a su altura, se inclinó un poco con un pequeña sonrisa en el rostro.
—Hola, Claudia. Mi nombre es Rosalie, mucho gusto. —dijo ella sin borrar el gesto amable; sin embargo, había algo en ella que le traía melancolía involuntaria. En ese momento, la voz del demonio le embargó y no pudo evitar temblar y sollozar. Ella solo se apartó después de que el otro chico la apartara de una manera no muy amable diciendo un "Le estas asustando, Rosa" muy bajito.
Volvió a oír la risa dentro de su cabeza, provocando que soltara lamentos más ruidosos sin poder contenerlos. Carlisle la abrazó más fuertemente mientras que el chico de ojos color sangre caía al suelo, reviviendo en ella los gritos de su inconsciente.
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Ya saben que su review es mi único pago.
