Hola:

A pesar que el fic no tuvo la cogida que yo esperaba, aquí les dejo el segundo capítulo.

Espero les guste

Emily Weasley

Capítulo 2: El talentoso Weasley

Despertó con la molesta luz que le llegaba a los ojos. Abrió uno y observó su lado izquierdo de la cama. Ella ya no estaba. Suspiró y sacó la almohada para ponerla sobre su rostro, apretándola contra él. El sentimiento de pesadumbre alejaba la modorra del sueño.

Otra vez lo había abandonado en mitad de la noche.

Se quitó la almohada y miró el cielo raso sobre él. De nuevo la desilusión hacía mella en su corazón. Las recriminaciones retornaron más estridentes, más amargas.

¿Por qué era así? ¿Por qué siempre tenía que ser así?

La había conocido hacía más de cinco años, cuando él apenas había regresado de América al finalizar su beca. Él no era nadie en ese entonces, sólo un soñador que pensaba que con la música podía conquistar el mundo. Ella, ella era una aspirante a actriz que recién estaba abriendo alas y aún no conseguía nada.

Desde que la vio por primera vez, había quedado prendado de ella. Ron había acompañado a su hermana, en calidad de guardaespaldas más que de acompañante, a una academia de actuación, pues Ginny deseaba tomar clases. En la espera, prefirió quedarse en la cafetería y así matar el tiempo. Levantaba el brazo para beber el segundo sorbo de su café cuando una chica entró al lugar llevando dos gruesos guiones en las manos. Fue verla y sentir el agujón en el pecho. El color rojo de su cabello era más cálido que el de su hermana, pues el de Ginny era fuego violento, el de Susan más parecía la llama de un hogar. Los ojos azules brillaban como luceros, la piel era clara, suave. La chica, atolondrada por tomar el café que la vendedora le pasaba en ese instante, dejó caer uno de los guiones y Ron en solo una zancada ya estaba arrodillado junto a ella recogiéndolo.

Ella en agradecimiento… lo mató en una sola sonrisa.

No pasó mucho tiempo para que se hicieran novios.

Ron estaba hechizado. Simplemente no podía vivir sin Susan. La buscaba, la consentía, la amaba. Ella muy pronto descubrió el poder que tenía sobre él. Y sutilmente le manejaba según sus deseos.

La primera en darse cuenta fue Ginny. Pues, solo una mujer entiende mejor que un hombre el corazón de otra mujer. Susan siempre quería estar cerca de las luces que iluminaban a su cuñada, siempre deseaba conocer a la gente que la Voz de Inglaterra conocía. Agotaba a Ron pidiéndole que la llevara a eventos donde Ginny estuviera, sin importar que el pelirrojo tratara de mantener a flote su alicaída carrera musical.

Y Ron le complacía. Pues para él, los besos y las caricias de Susan bien valían noches de insomnio y cúmulos de problemas.

A pesar de esos inconvenientes. El noviazgo había sido tranquilo y silencioso. La luz que irradiaba Ginny no dejaba ver lo que Ron hacía. Y a nadie le llamó la atención la chica pelirroja que él llevaba del brazo. Y él con esa paz era feliz. Inmensamente feliz.

A pesar de todo, La fama tocó a su puerta poco después y fue entonces que el magnate de las compañías disqueras, Theodore Nott, le mandó una invitación a un festejo en su amplia mansión. Su manager de ese entonces le dijo que esa era la oportunidad de su vida y Ron aspiró hondo para enfrentar el desafío que la vida le presentaba.

Y la más emocionada con todo aquello, era Susan.

Acompañado de su manager, de Susan y de Ginny (quería que ella también pudiera afianzar lazos comerciales) se presentó en la gran casona en una de las colinas de Londres. Él la encontró grande, Susan la encontró maravillosa. Los ojos de su novia iban de un lado a otro admirando los muebles, las paredes. Todo brillo, todo lujo.

Al momento de las presentaciones, de inmediato se notó que Nott había quedado hechizado de la belleza de la acompañante de Ron. Los hermanos Weasley apreciaron la atracción que ejercía Susan sobre el millonario en un instante y en el momento en que el pelirrojo iba a aclarar que la joven era su novia, su manager le frenó en seco.

Piensa, Ron. La chica le gusta. Dejemos que se interese un poco mientras firmamos el contrato. Luego le dices que es tuya.-

Ron no quiso saber de aquello, pero fue entonces Susan quien le dijo que no era una mala idea.

Lo hago por ti, cariño. Solo conversaré con él. Tal vez tomemos una copa. Ya verás que conseguimos ese contrato.-

Ginny solo la miró con reproche.

Susan, abrumada y halagada por la atención de tan importante señor, no dijo en ningún momento que tenía una relación con Ron. El agente del pelirrojo consiguió el contrato, pero Ron ya no tenía ganas de trabajar para Nott.

Eres demasiado exagerado, Weasley- Le había dicho el tipo- tu novia tiene más espíritu comercial que tú. Ya deja el escándalo-

Entonces, un torbellino descontrolado tomó a Ron por los hombros. La vorágine lo envolvió a tal punto que para cuando tomó conciencia de lo que pasaba, Susan ya había roto con él y era la nueva y flamante novia del magnate musical.

Obviamente, desde el instante en que Susan abandonó a Ron por Theo, las ofertas de trabajo se incrementaron a punto de ebullición. Le llegaron un montón de guiones, muchos de ellos protagónicos. Además Theo, usando su buen ojo para los negocios, encontró muchos contratos en los cuales Susan podía explotar esa irresistible belleza. Marcas de maquillaje, ropa y perfumería llamaban a la joven para hacerla rostro de sus productos.

Susan estaba alcanzando su sueño con una sola mano.

Pero en su arrebato en alcanzarlo, parecía que se había olvidado por completo de Ron.

Desde su mirador, Ron vio como la mujer que amaba se alejaba de él sin remedio, sin retorno. Ron no podía ofrecerle todo lo que Nott había dejado a los pies de la chica. Él era solo un hombre, un músico. Un alma herida que solo podía crear melodías que llevaban el nombre de esa mujer. Todas envolviendo a su agónico corazón.

Su dolor fue creciendo día tras día. Varias veces la había buscado y rogado que volviera a él. Pero ahora Susan era otra persona. Ya no era la chica divertida y dulce. Ahora era fría, distante, etérea. Estaba envuelta en tantas piedras preciosas que se estaba convirtiendo en una de ellas.

Cuando Ron se enteró que ella se casaba con el millonario, el pelirrojo sintió que su vida se extinguía. La había perdido. Nunca más la recuperaría.

El día de la boda, Ron se emborrachó como nunca lo había hecho hasta entonces. Loco de dolor y desesperación, tomó su camioneta y partió a la iglesia con el arrebatado propósito de robarse a la novia. Fue Bill, su hermano mayor, quien alarmado por el estado del muchacho, lo siguió e impidió que cometiera una locura. Lo atrapó a una cuadra de la iglesia y tuvo que hacer uso de toda su fuerza para doblegarlo y llevarlo a casa. Allí Ron tuvo un ataque de rabia, dolor y desconsuelo, que solo pudo ser aplacado entre Bill, George y Fred.

Su alma sangraba, había perdido la razón de puro sufrimiento.

Ginny había llegado una hora después. De todos sus hermanos, fue la única que con dulzura había podido calmarlo. Ron se hundió en su hombro y lloró tanto que quedó rendido y sin fuerzas.

Después de eso, Todo lo demás empezó a salir peor para el pelirrojo. Lo habían estafado con varias de sus creaciones. La ineptitud de su manager había provocado que se perdieran muchos contratos y eventos. Su banda y su carrera musical estaban tomando una pendiente que los estaba lanzando de cabeza al abismo.

Fue entonces que Percy decidió intervenir.

Costó mucho trabajo sacar a Ron del infierno. Muchas peleas, gritos y desencuentros proliferaron en el esfuerzo. La banda se deshizo y Ron se vio rodeado de enfrentamientos legales que Percy fue solucionando con eficacia. Solo hubo una cosa que Ron no le permitió hacer a su hermano, Darle una patada en pleno culo al desgraciado que había sido su manager.

Desde ese momento Percy pasó a ser el nuevo manager de Ron y poco a poco todo empezó a mejorar.

Con la ayuda y el apoyo de su familia, Ron decidió levantar la frente y dar vuelta la hoja. Como fuera iba a olvidar a Susan y continuar adelante.

Su carrera de compositor se reactivó y pronto le llovieron las ofertas. Cantantes de todo Reino Unido le pedían que le escribiera canciones. Bandas le ofrecían cupo en sus agrupaciones. La energía y la pasión que la música le brindaba lo estaban haciendo renacer de las cenizas. Se dedicó por completo a sus composiciones. Se concentró en pulir sus habilidades. Ni la presión del dolor adherido a su corazón le desvió de su cometido.

Al fin todo estaba saliendo bien.

Lo malo fue, que Ron no contó con el hecho de que Susan en realidad no lo había olvidado.

Una tarde, mientras arreglaba con Percy las condiciones de un nuevo contrato, a su pequeño departamento llevó un níveo sobre. En él se le invitaba a una pomposa fiesta en la mansión Nott junto a su manager. Ahora que era "El talentoso Weasley", apodo que se le había dado luego de reflotar su carrera, el rey Midas de la música quería tenerlo en su mesa. Ron quiso romper en mil pedazos la invitación, pero Percy le quitó a tiempo el sobre.

Piensa, hermano. Allí estará lo más granado de la industria. No tienes necesariamente que tratar con Nott, puedes conseguir la atención de muchos otros. Ahora te puedes hacer cortejar, todos quieren tenerte-

No pienso ir. No quiero ver la cara de ese imbécil-

¿No quieres ver su cara o la de su mujercita?-

Ron había guardado silencio. Lo miró a los ojos y solo pudo decir

Sobre todo la de ella-

Ron no se sentía fuerte para verse frente a frente con el matrimonio Nott. Aun no curaba bien sus heridas y no quería verse débil a los ojos de Susan. Aceptó asistir al evento a último minuto, empujado por Percy , quien estaba empecinado en llevar la carrera de su hermano a la cúspide. A la fama absoluta.

Al volver a pisar el amplio salón, Ron se azotado por el tormento de los recuerdos. Apretó la mano de Ginny con angustia y ella se lo devolvió con suavidad. Percy le había tomado del hombro y le dio un par de palmaditas en la espalda que él interpretó como una manifestación de apoyo.

Soportó como pudo la primera media hora de la velada. Atrincherado detrás de Percy a cada momento, se vio rodeado de gente llena de brillos, pero carente de esencia. De pronto Theodore Nott se plantó frente a él y Ron tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no romperle la madre de un solo puñetazo.

Por supuesto, Nott era consciente del gran talento del que Ron era dueño. Sabía que en esos momentos el joven era el mejor compositor de todo Reino Unido. Era preciso conseguir sus creaciones y como buen comerciante, Theo iba a desplegar sus métodos para obtener la exclusividad.

Pero no sabía que de todos los que estaban en el elegante salón, era el que tenía menos posibilidades de conseguir su objetivo.

Fue Percy quien manejó el hilo de la conversación. Ron solo miraba y asentía. Intentaba no desviar su mirada de la ventana detrás de Nott, pues sentía sobre el rostro el calor de una mirada. Y no quería saber quien se la prodigaba.

Fue en la cena que ya no pudo eludir más a la señora Nott. Susan estaba radiante con un vestido azul turquesa y unas lágrimas de diamante adornando sus orejas. El cabello lo llevaba recogido y solo un par de mechoncitos le acariciaban el cuello.

Todos quedaron boquiabiertos al verla. Todos, menos Ron. Él estaba pasmado. El temblor tomó su cuerpo sin piedad. Ginny le tomó de un brazo y lo frotó para calmarlo. El hombre cambió el rumbo de su mirada para sacudirse la desazón. Mientras todos hablaban y reían a su alrededor, Ron solo se dedicaba a comer su plato y beber en silencio. Percy tuvo que ser su voz y Ginny su sonrisa.

Cuando ya no soportó el agobio, se escapó a un jardín por el cual llegó a través de un ventanal. Necesitaba aire con desesperación. La noche era oscura, sin luna, por lo cual las luces que iluminaban el lugar eran unos altos faroles. Ron encontró un banco de piedra a buena distancia de la casona y allí se soltó la corbata y desabotonó la camisa. Apoyando los codos en las rodillas, se cubrió la nariz y la boca con las manos. Estaba cansado, todo lo que deseaba era marcharse de ese lugar.

Unos pasos lo habían puesto en alerta. Se giró y vio la figura que se acercaba. Palideció al ver quién era.

La noche está fría. Enfermarás- fue lo que ella dijo como saludo.

Ron se había levantado y apretado sus puños para darse valor. Aunque en su secreto interior había deseado que ella lo buscara, en ese momento que se había hecho realidad no sabía qué hacer.

Ella se había acercado más y le había regalado la misma sonrisa que lo flechara tres años atrás. Sus ojos parecían los mismos de ayer, sus labios estaban tan rosados como la primera vez. Ron se odió a sí mismo al ver que ella seguía teniendo el mismo efecto arrebatador en él.

Él quiso escapar. Quiso alejarse lo más rápido que pudo, pero al intentarlo ella le había tomado de la mano. El choque eléctrico le recorrió toda la piel.

Aun así tiró de ella para deshacerse del agarre.

Entonces había empezado una pelea. Ron le había reclamado todo lo que ella le había hecho. Ella había intentado defenderse diciendo que había perdido el control de la situación y que no había podido detener el curso que ésta había tomado. Que ella se había confundido, que al ser tan atendida había creído que se había enamorado de Nott. Que nunca había pensado que las cosas llegaran tan lejos.

Ron ya no había querido escuchar más y dio la vuelta para marcharse definitivamente. Pero entonces Susan le desarmó. Le había abrazado por detrás y cruzado los brazos para no dejarlo ir. De un momento a otro estaba llorando y susurrándole que no había podido olvidarlo. Que cada día era terrible para ella en esa casa tan grande… y sin él.

Ron no quería escucharla, pero estaba paralizado. Percibía el calor de la mujer en su espalda, su perfume, el suave ronroneo de su voz interrumpido por el sollozo. Se sintió perdido, vencido. Se liberó del abrazo para luego atraerla contra su pecho y besarla con pasión angustiosa. Después, comprendiendo lo que había hecho, trató otra vez la huída. Pero ya era demasiado tarde. Susan le tomó el rostro con ambas manos y le besó de tal manera que ya no pudo recobrar su voluntad.

Nunca pude olvidarte, cariño- le había susurrado ella entre besos- No puedo dejar de amarte-

Así, Ron cayó otra vez bajo el embrujo de la Susan. Una semana después consumaban en el pequeño departamento de él su ahora prohibida pasión. De eso ya habían pasado dos años.

Ron había dejado atrás al novio, para dar paso al amante.

Muchas veces le había pedido que abandonara a Nott. Muchas otras ella se había negado. Ahora ella era una gran actriz y Ron había fundado la que parecía ser la mejor banda desde los tiempos de los Beatles, Rolling Stones y Oasis. Había demasiado en juego como para tirarlo todo por la borda. Susan sabía cómo era su esposo y lo vengativo que podía llegar a ser. Si ella lo dejaba, ni Susan ni Ron podrían sobrevivir a su furia.

Y ahora Ron tenía a más gente que dependía de él. Ginny y Percy habían trabajado mucho para mantener a Redheart a flote.

Fue entonces que Susan maquinó una nueva artimaña.

La señora Nott había conocido a una bella modelo que estaba haciendo intentos por llegar a ser actriz. Era rubia, voluptuosa y de sonrisa divertida. Simpática si ella se lo proponía. Pero no era demasiado brillante.

Susan se la presentó a los hermanos Weasley una tarde que los había citado al café de moda. Ginny había pataleado por no ir, pero Ron le había pedido que no lo dejara solo.

¿y de que sirve que te acompañe si ella ya te tiene comiendo de su mano?- le había gruñido.

Al final no había tenido más remedio que ir. Pero nunca se comportó con amabilidad con la señora Nott. Ron le había pedido moderación y sutileza, pero a Ginny le importaba un rábano que Susan fuera la esposa del magnánimo Theodore Nott.

Yo la trato como lo que es- le susurró rabiosa a su hermano- Susan es una puta de lujo. Y no me mires así, que sabes que es verdad-

A pesar de los desplantes de Ginny, Susan les presentó a la nueva estrellita. Lavender Brown de inmediato quedó cautivada por el pelirrojo y eso hizo sonreír a la señora Nott.

Su plan empezaba viento en popa.

Había costado convencer a Ron, pero los argumentos de Susan lo aturdieron. Lavender era una buena pantalla. Así todos estarían pendientes de su romance y nadie sospecharía de la tórrida pasión que Susan y Ron vivían.

Pero Ginny no demoraría en dejarlos en evidencia.

Ron tuvo que soportar sus recriminaciones. Incluso tuvo que separar a Susan y a Ginny cuando la más pequeña de los Weasley, fastidiada hasta lo indecible por lo que consideraba una maldición, tomó a Susan de las greñas y tiró con todas sus fuerzas mientras Susan clamaba el auxilio de su amante.

¡Tú no entiendes, Ginny!- le había gritado al zamarrearla- ¡Amo a esa mujer! Sin ella no puedo ser lo que soy-

Un día… un día te darás cuenta de que estás cometiendo la estupidez de tu vida. Y yo estaré allí para decirte que te lo dije- le había dicho su hermana llorosa y hecha una furia.

Vivir un noviazgo con Lavender le había brindado un dulce y agraz. La chica era divertida y complaciente, pero fastidiosa y abrumadora. Lo atosigaba, lo perseguía. Sus besos lo asfixiaban en extremo, pero era buena en la cama.

Una noche en la que Susan retozaba en sus brazos, Ron le preguntó si acaso no sentía celos de Lavender.

No, nunca podría tener celos de ella. Sé que me perteneces por completo. A veces ella tiene tu cuerpo… pero yo tengo en mi mano tu corazón-

Desde entonces Ron ya no pudo sentirse tranquilo. Susan solo requería apretar muy fuerte y el corazón de Ron quedaría destrozado en mil pedazos.

Mas, Ron no se sentía igual que Susan. Ron era por naturaleza terriblemente celoso y vivía un tormento cada vez que ella escapaba de sus brazos. A veces se preguntaba si en realidad él tenía en su mano el corazón de Susan.

Lo dudaba.

Entró al baño, nada sacaba con intentar dormirse otra vez. A las 10 debía estar en el set para conocer a los actores que iban a participar de su nuevo vídeo. Percy era realmente odioso con la puntualidad y no quería que lo regañaran delante de dos desconocidos.

Se vistió casual, Jeans, camiseta y una chaqueta de tela sobre una sudadera. Apenas arregló su cabello. Los tenis le calzaron de maravilla. Pasó por la panadería que estaba más próxima a su departamento y compró a la babeante vendedora un pastelito y un café cargado. Luego fue por su moto y se puso el casco.

Bueno, otro día… otro penique. Como dice Percy-

El motor rugió y lo llevó raudo por las calles de Londres hasta el lugar de reunión.

Al llegar, notó que aun tenía hambre. Se apeó junto a un pequeño café a las afueras del estudio de grabación y caminó silbando todo el trayecto. En ese momento había una pequeña hilera con tres personas esperando para ser atendidos. Supo que al menos los dos personajes que estaban delante de él eran famosos, pues unas chiquillas los estaban atosigando con autógrafos.

La fila fue avanzando, pero ahora le tocó a él firmar un par. Entonces, al quedar solo él y una chica en la fila, otra oleada de muchachitas rogó a la joven que le firmara sus cuadernos.

Ron miró y frunció el ceño. La paciencia no era una de sus virtudes.

Disculpa, pero ya es tu turno en la fila- le dijo con toda la amabilidad que su estómago le permitía.

Oh, sí- Dijo la muchacha sin darse la vuelta, aun pendiente de firmar un autógrafo- voy de inmediato-

Pero no cumplió de inmediato.

¡O vas y pides ahora o te quito el puesto!- gruño ya enfadado

Pero si ya voy. Ten un poco de paciencia- le dijo la chica alzando el rostro y mirándolo con reprobación

Mi estómago no tiene paciencia. O vas o pierdes-

La chica lo miró con rabia. Se disculpó con la niña que le pedía su firma y procedió a hacer su pedido.

Con malicia en los labios, la chica demoró todo lo que quiso.

¡Ya decídete! ¡¿No ves que me estoy muriendo de hambre?!-

Ella se giró con toda delicadeza y levantando una ceja le dijo con sarcasmo.

Yo te veo bien entero aún-

Ron la fulminó de una sola mirada.

Al llegar su turno, Ron ya bramaba de hambre. Pidió una buena hamburguesa y un jugo grande. Se sentó muy feliz, olvidando el enojo con la fastidiosa extraña. Podía ser muy bonita, con ojos como chocolate y piel suave, pero era odiosa.

Una vez saciada su agonía, se levantó de la mesa para ir al set. Quedaban 10 minutos y ya sabía que Percy estaba aplanando el lugar de un lado a otro preguntándose qué demonios lo demoraba.

Lo que no contaba era que no era el único que tenía prisa.

Estaba pendiente revisando sus bolsillos para encontrar las llaves de su moto, por lo cual no vio venir a la chica. Ambos quedaron pegados en la puerta de entrada.

Pero ¿Qué demonios?-

¡Ay, me golpeaste! ¡eres un bruto!-

¿Yo? Fuiste tú quien chocó conmigo-

Si no estuvieras tan pendiente en otra cosa. Hubieras visto que yo venía-

Si tú estabas tan pendiente de lo que yo hacía ¿Por qué no evitaste chocar conmigo?-

Ambos se miraron con chispas en los ojos. Las mejillas de ella estaban levemente rosadas por el enojo.

Uy… No tengo tiempo para pelear. Ya estoy retrasada y odio eso. Te disculpas y asunto olvidado-

No me pienso disculpar. Tú chocaste conmigo. Discúlpate tú-

Para ser un músico tienes cero delicadeza-

Ahh, me conoces. Pues tengo delicadeza con quien se me antoja. Y hoy no se me antoja ser así con chicas fastidiosas que creen que por ser bonitas uno tiene que complacerlas en todo-

Pues si soy tan fastidiosa, ¿Por qué me miras como un tonto? Empiezo a creer que has armado todo este escándalo solo para llamar mi atención-

JAJAJA… eso quisieras. Y no te miro como un tonto. No eres tan hermosa como para que yo me tome el tiempo de hablarte-

La chica acusó el golpe frunciendo lo labios. Apretó su bolso contra su cuerpo y se giró con violencia.

Imbécil- y salió con rapidez.

Odiosa- gruñó Ron más bajo.

Sin que él lo notara. Un hombre sacó unas fotos con su celular y sonrió para sí mismo.

Sin saber porqué, fue a mirar su moto. La desconocida lo había enfurruñado y no quería llegar así al set. Luego miró la hora. 10: 05.

Por un demonio. Percy va a matarme-

Corrió a toda la velocidad que su cuerpo le permitió. Había llegado temprano justamente para evitar un regaño, pero tenía que aparecer la condenada castaña para retrasarlo.

Pero la imagen que llegó a su mente no fue fea. La chica se le apareció vibrante con el cabello ensortijado, las mejillas sonrosadas, los ojos brillantes.

No pudo negar que se veía hermosa enojada.

Involuntariamente sonrió.

La recepción fue tal cual había previsto. Percy lo miraba con furia en los ojos. A su lado Ginny hacía muecas de lamentación. Los otros cuatro testigos solo miraban.

¡Ron Weasley! ¡Esto es una falta de profesionalismo! ¡Justamente cité a todos a las 10 con el único objetivo de que tú por una vez en la vida llegaras temprano a una cita de negocios! ¡Me dejas muy mal con los invitados!-

Ya, Percy- intercedió la pelirroja- tú te estás dejando peor con esos gritos-

Tuve un percance. Una molestosa castaña me retrasó-

Pues, usted señor Weasley también hizo lo suyo- le contestó una chica que estaba detrás de su hermano- Llegué dos minutos tarde y es por su culpa-

Ron quedó de una pieza al ver a la linda odiosa cruzarse de brazos y levantar una ceja.

Alan, Debiste decirme que la oferta sorpresa era para el vídeo de RedHeart. Me hubiera evitado llegar hasta aquí luego de mi desafortunado encuentro con el señor Weasley- dijo la joven a su manager con enojo.

¿Qué demonios le hiciste a la señorita Granger, Ron?- Profirió Percy con el cuello rojo de la indignación.

¿Yo? Ella se puso fastidiosa conmigo desde el principio. Y después chocó a propósito contra mí-

A esas alturas, el representante de la señorita Granger hacía esfuerzos por calmar los ánimos de la chica. Ginny miraba todo con ojos muy abiertos y el joven que estaba cerca de ella solo sonreía divertido del entuerto.

De improviso, ese moreno se plantó entre ambos contrincantes.

Buenos días, mi nombre es Harry Potter. – extendió la mano a Ron. Luego le dio un beso en la mejilla a la señorita Granger. Eso descolocó a ambos jóvenes- Será un gusto trabajar con ambos. Estoy ansioso por comenzar-

Eh, bueno… soy Hermione Granger. Un gusto conocerte. Conozco toda tu carrera y te admiro mucho. Sería un placer trabajar contigo pero…- a chica dejó de hablar con una sonrisa en los labios al moreno para poner ojos serios al pelirrojo- ahora tengo mis aprehensiones-

Ah, claro. Rechaza el vídeo y que Percy se descargue conmigo. Así es muy fácil- atacó Ron otra vez-

Ginny entonces se acercó y le dio un piñizco en el brazo que Ron no pudo disimular.

Perdona a mi hermano, Hermione. Es un poco… voluble. Pero una vez que lo conoces bien puede incluso llegar a parecerte simpático-

Pero si fue ella quien…-

Ginny no lo dejó continuar. Invitó a los representantes de ambos actores y a Percy y trató de relajar a la actriz. Harry seguía sonriendo y meneaba la cabeza mirando como Ron se enfurruñaba.

Bueno, deberíamos firmar el contrato. Usted señor Potter está de acuerdo y usted señorita Granger…-

Tengo que pensarlo-

Ron la miró con reproche.

Vamos, Hermione. Solo fue un pequeño incidente. Tengo muchas ganas de trabajar contigo. Sé que eres muy buena. Relájate- Dijo Ginny con la más dulces de las sonrisas.

Yo también estaría complacido de trabajar contigo- continuó Harry.

Ron apretó sus labios. Era mejor no seguir regándola.

Hermione se mordió el labio inferior. A Ron le molestó admitir que le había gustado el gesto.

Bueno… acepto el contrato… si él se disculpa conmigo-

Ron abrió los ojos. Sus orejas se pusieron muy rojas.

¿Qué? NO… ni en sueños-

Percy le tomó de un brazo y lo llevó aparte.

Vas a disculparte y a ser un caramelo para ella. Me costó mucho conseguir su presencia y no voy a perder el dinero por tu culpa. Hay mucho en juego y no voy a permitir que lo eches todo a perder por un berrinche-

Pero si la del berrinche es ella- se defendió el pelirrojo.

Su berrinche es más caro que el tuyo- devolvió su hermano.

Ron se mordió los labios de impotencia. Fulminó a Percy con la mirada. Dio media vuelta y se acercó a la castaña.

Pues, disculpe mi majadería, señorita. Lamento haber sido tan impulsivo en el café y haberle dicho que no era lo suficientemente bonita como para dirigirle la palabra. Es que usted tiene una belleza algo exótica para mí- Ginny le dio un codazo y le susurró al oído.

Ya, para. No seas tan sarcástico para disculparte. La vas a regar más- Ron le lanzó una daga por mirada a su hermana.

Señorita Granger. Mil perdones. No se margine del proyecto, es muy valiosa para nosotros- le dijo ahora a la chica con una sonrisa demasiado falsa.

Su ironía me molesta más que su pedantería- gruño la chica.

¿Aun no está contenta?- le preguntó con pesadez el joven- le he dicho un montón de frases-

Un "lo siento" bastaba- dijo la chica sentida.

Ron respiró hondo.

Lo siento-

Ya se notaba que trabajar junto a esa chica no iba ser muy fácil.