Max corrió durante un buen rato a través del bosque hasta que dejaron de oír a los soldados. Se detuvieron cerca de un árbol en el cual estaban pegados unos carteles de Se busca. Flynn cogió uno y lo miró con horror.

-No, no, no, no. Esto no puede ser- el chico se giró con el papel cerca de su cara.-No acaban de ponerme bien la nariz.

-¿Y qué importa eso?- respondió Jack, enfadado.

-¿Cómo que qué importa? Miraos- el joven señaló al cartel en el que aparecían los hermanos Stabbington.-Os dibujaron perfectos.

-¡Ahí están!- se oyó gritar al capitán de la guardia.

-Oh, no.- dijo Flynn.

Max respiró hondo y se sentó, tirando a sus jinetes.

-¿Pero qué…?- se quejó el pelirrojo.

-Está agotado.-le informó Flynn a la vez que pasaba la mano por el sudado hombro del animal.

-Nos da igual que esté cansado, no podemos quedarnos aquí.

-Seguiremos a pie un rato, luego volveremos a montar. Si lo obligamos a correr puede romperse una pata.

Los dos hermanos se miraron y después le lanzaron una mirada de furia al corcel.

-Está bien, vamos.- dijo con fastidio uno de los Stabbington.

Una vez que los hermanos se pusieron al frente, Flynn y Maximus se miraron con complicidad.

-Bien hecho, chico- le dijo el muchacho al caballo, rascándole detrás de las orejas.

El semental relinchó alegremente mientras movía la pata trasera una y otra vez como un perro.

-Muévete, Rider.- le rugió el pelirrojo.

El joven ladrón guiñó un ojo a su amigo y le guió de las riendas tras los Stabbington. No habían recorrido ni diez metros cuando se toparon con una enorme pared de roca que les impedía el paso. Flynn soltó la brida de Maximus sin que sus cómplices se dieran cuenta y el animal dio la vuelta para desaparecer al galope tras unos arbustos cercanos.

-¡Rider, tu caballo se escapa!- gritó Jack.

-¡Oh, no! ¡Se ha debido soltar sin que me enterase!- dijo el chico mientras se llevaba las manos a la cabeza, fingiendo desesperación.

-¿Y ahora cómo narices huimos?- respondió el matón, furioso por el despiste del chico. Carl le acompañó con una mueca de desagrado.

-Tranquilos, haremos lo siguiente: Vosotros me subís a vuestros hombros y luego os ayudo a subir.-explicó Flynn, señalando a la roca que tenían enfrente.

Los gemelos se miraron.

-Primero danos la bolsa

-¿Cómo? Con lo que hemos pasado juntos y, ¿todavía no confiáis en mí?- preguntó el muchacho con un falso dolor.-Duele, ¿sabéis?

Dicho esto, les tendió la alforja con la corona. Los Stabbington se subieron uno encima del otro y después Flynn trepó por ellos hasta que por fin llegó a la cima de la pared.

-Ahora ayúdanos a nosotros.-le mandó Jack, tendiéndole la mano.

-Lo siento, tengo las manos ocupadas, chicos.-contestó el chico, mostrándoles la bolsa de cuero para luego desaparecer a la velocidad del rayo.

-¡Rideeeeeer!

Flynn silbó fuertemente y de entre los árboles apareció Maximus. El joven se subió de un salto a la montura y se colgó del hombro la alforja a la vez que colocaba los pies en los estribos.

-Muy bien, Max. Eres el mejor.-le alagó Flynn palmeándole suavemente el cuello.

El caballo le relinchó con gratitud, pero de pronto una flecha pasó fugazmente muy cerca de Flynn y aterrizó en un tronco cercano.

-¡Ahí está! ¡A por él!-ordenó el capitán a sus soldados.

-¡Mierda!-se quejó el ladrón mirando por encima del hombro.

Los guardias gritaban y lanzaban flechas tratando de atrapar al joven, pero Maximus siempre daba un rápido giro que impedía que aquellas armas alcanzaran a su amo. Flynn se aferraba a la silla mientras el corcel hacía todo tipo de maniobras y saltaba los troncos y las piedras. En un acto desesperado, Max dio un veloz brinco hacia un lado, y ambos se quedaron subidos a un tronco que colgaba de un precipicio. Los guardias no se dieron cuenta y siguieron adelante, pasándolos de largo. Flynn y su amigo se miraron y se rieron. Pero de repente, oyeron un crujido y el árbol cedió un poco.

-Oh, no me jo…

Flynn no pudo terminar la frase, porque el tronco se partió y él y el animal cayeron al vacío. Los dos soltaron un alarido de terror hasta que una roca rompió el árbol a la mitad y cada uno salió disparado hacia un lado. Flynn cayó sobre un rosal y Maximus sobre la hierba.

-¡Aaaaaauuuuuuuu!-gritó el joven a la vez que se levantaba del arbusto espinoso.-Maldita sea.

Max se acercó a su dueño y vio como se quitaba las espinas del trasero. El corcel se aguantó la risa hasta que no pudo más y se carcajeó un buen rato.

-¿Te parece gracioso, Max? El día en que te pase lo mismo ya veremos quién se ríe-le dijo Flynn mientras se arrancaba la última ortiga.

Miró alrededor y vio que estaban en una zona que nunca habían visto, estaban perdidos.

-Vamos, chico.-le sugirió el muchacho a su amigo.

Habían caminado unos metros cuando Flynn se apoyó en la pared de piedra, pero ésta cedió y el chico por poco cayó. Confuso, el ladrón tocó de nuevo las enredaderas verdes que cubrían la roca y se fijó en que tras éstas no había nada, salvo un profundo túnel. Miró a Maximus, quien también estaba sorprendido, y ambos se metieron en el hueco. Siguieron caminado por aquel túnel hasta que vieron la luz y se fijaron en el hermoso lugar al que habían llegado: Un valle verde y lleno de flores, con un arroyo de agua cristalina y una preciosa cascada al fondo. Pero lo que más llamaba la atención era la torre que se erguía en el lugar, casi al final del valle. Flynn y su caballo se quedaron con la boca abierta, pero pronto oyeron voces a lo lejos, los soldados estaban cerca. El joven estuvo unos minutos cavilando si subir a la torre o quedarse quieto. Poco después se decidió, la torre ofrecería mejor protección que el campo abierto. Él y el corcel se aproximaron al edificio.

-Escóndete entre esos arbustos- Flynn le señaló a Max unos arbustos lo suficientemente grandes como para ocultar a una vaca.-Si no vuelvo antes del anochecer, vete sin mí.

El chico acarició cariñosamente al corcel y le miró con dulzura, Maximus había sido su mejor amigo desde que había abandonado el orfanato. Juntos habían pasado cientos de aventuras, decididos a cumplir su sueño. Maximus lamió la mejilla de su amo, esta vez el muchacho no protestó y le pasó por última vez las manos por el morro. Flynn se dio la vuelta lentamente y comenzó a trepar, se detuvo y miró a su caballo, que le devolvió la mirada, preocupado. El chico le sonrió y siguió subiendo con ayuda de unas flechas. Al llegar arriba del todo, encontró una ventana y la abrió cautelosamente. Una vez que vio que al parecer no había nadie, Flynn entró y cerró rápidamente la ventana. Respiró aliviado y abrió la alforja para ver el objeto que portaba.

-Por fin so…-una cosa metálica y dura le golpeó la cabeza.