UN NUEVO MUNDO
Por Cris Snape
Advertencia: El Potterverso surgió de la mente de una escritora inglesa de apellido Rowling, pero toda la idea del universo mágico español está copiada de las historias de Sorg-esp. En mi defensa he de añadir que tengo su permiso para utilizarlo, así que no estoy plagiando a nadie. De hecho, este fic es la respuesta a un reto que Sorg-esp lanzó. Yo recogí el guante y me puse manos a la obra. Espero que os guste.
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CAPÍTULO 1
EL PROFESOR DE MAGIA
-Buenos días, señor Doe. ¿Le apetece tomar algo?
El nuevo profesor de magia rechazó amablemente la invitación de Omar Bennasar. Cuando Omar lo entrevistó por primera vez, aproximadamente un mes antes, le había parecido un candidato perfecto para el puesto. A pesar de ser de origen inglés, dominaba perfectamente el español, y era un hombre educado y un mago capaz y bien preparado. Al principio había dudado, pues el propio señor Doe afirmaba no tener gran experiencia en el ámbito de la enseñanza, pero Omar le había contratado porque parecía un brujo capaz de impartir una gran disciplina. Y si algo necesitaban sus hijos era precisamente eso. Disciplina.
-Me alegra que haya aceptado el puesto que le ofrecí, señor Doe. He de reconocer que mis hijos no son fáciles de tratar.
Por supuesto, Omar lo había puesto en antecedentes. Ya había intentado engañar a algún profesor anterior y no le había salido muy bien. La experiencia le decía que si contrataba profesores afirmando que sus hijos eran dos adolescentes ejemplares que estaban más que dispuestos a empaparse de todo el conocimiento que pudieran asimilar, estaba cometiendo un grave error. Porque, aunque a los profesores les emocionara la perspectiva de contar con tan buenos alumnos, dichos alumnos dedicaban más tiempo a atormentar a sus maestros que a mostrar interés por aprender. Y no era que Omar no lo hubiera intentado todo, pero los chicos habían entrado en una fase de rebeldía de la que se veía incapaz de sacarlos.
-Estoy convencido de que sabré entenderme con ellos, señor Bennasar. No se preocupe por nada y déjelos en mis manos.
Omar sintió la tentación se soltar un bufido de incredulidad, pero logró contenerse. Estaba en la obligación de darle un voto de confianza a ese hombre, aunque sólo fuese porque era su última esperanza para conseguir meter a sus hijos en cintura.
-En tal caso, sería conveniente que le presente a los chicos. ¿Le parece bien?
-Por supuesto.
-Acompáñeme. Deben estar en el estudio.
Al menos les había pedido que les esperaran allí. Omar tenía motivos más que suficientes para dudar de que los chicos le hubieran hecho caso, pero aún así guió al nuevo profesor hasta la habitación que normalmente se utilizaba para las labores académicas. La familia Bennasar vivía en una vieja casa en el centro de Toledo desde tiempos muy remotos y toda la arquitectura se mantenía prácticamente intacta. Los primeros Bennasar llegaron la ciudad en el siglo XII, procedentes de Granada. Fueron gente de gran riqueza, dedicados en cuerpo y alma al estudio de la magia. Con el tiempo, la fortuna familiar había ido menguando y, observando el escaso interés de los chicos por desarrollar ciertas capacidades innatas, la pasión por la magia también.
Por fortuna, cuando Omar abrió la puerta comprobó que al menos Alina estaba allí. La joven acababa de cumplir diecisiete años y había heredado la exótica belleza de su madre. Aunque tenía cara de no haber roto un plato en su vida, últimamente era una fuente inagotable de problemas para sus progenitores porque se negaba a presentarse a los exámenes de Selectividad muggles y a los del Ministerio de Magia. Omar no entendía muy bien qué quería hacer con su futuro. Posiblemente (y por desgracia) lo mismo que su hermano: absolutamente nada.
-Buenos días, Alina. ¿Se puede saber dónde está Nasir?
La joven, que hasta ese momento había estado mordisqueando un lápiz, se encogió de hombros con absoluta indiferencia.
-Creo que está durmiendo. Es que anoche volvió muy tarde. Ya sabes.
Omar suspiró. Seguramente su hijo mayor había regresado a casa borracho como una cuba a sabiendas de que el nuevo profesor de magia llegaría bastante temprano al día siguiente. Era obvio que pretendía frustrar todo aquello aún antes de que empezase. Temeroso, miró de reojo al señor Doe, esperando ver algo en su expresión que indicara que iba a salir por piernas en un nanosegundo, molesto ante tal falta de respeto hacia su persona, pero por fortuna no parecía ni mínimamente impresionado.
-Supongo que tendré que ir a buscarle –Dijo con cierto aire resignado en su tono de voz- Alina. Te presento a John Doe, el nuevo profesor de magia. Espero que sepas comportarte mientras a tu hermano de la cama.
-Por supuesto, padre. No te preocupes.
Había algo en su tono de voz que le causaba una gran desconfianza, pero Omar finalmente abandonó el estudio. Alina no se había levantado para saludar correctamente al recién llegado. Ni siquiera le prestó mucha atención mientras agachaba la cabeza y retomaba su actividad anterior. Al parecer había estado resolviendo un par de crucigramas de la prensa diaria. La prensa mágica, para más información.
John Doe la miró con curiosidad. No se sentía en absoluto impresionado por aquella muestra tan vehemente de insolencia adolescente. A lo largo de su vida había tenido que lidiar con personas que podrían arrancarle la cabeza a esa chica de un solo bocado. Era evidente que sólo pretendía mostrar su disconformidad con las decisiones paternas. Consciente de que intentar iniciar una conversación con ella sólo traería problemas y malestares, John caminó hasta la amplia mesa ubicada en el centro de la habitación y dejó su maletín sobre ella. Después, señaló uno de los periódicos que la chica no estaba utilizando en ese momento.
-¿Le importa que eche un vistazo?
Sin duda, Alina no esperaba que el primer comentario del recién llegado fuera ese. Seguramente había estado preparándose una respuesta desagradable para cuando John sugiriera que sería adecuado comenzar con los estudios, así que la propia indiferencia del profesor la dejó momentáneamente sin palabras y se limitó a encogerse de hombros.
Cuando abrió el periódico, John no esperaba encontrar nada mínimamente interesante. Las primeras páginas hacían un análisis sobre las últimas reformas ministeriales, se mencionaba muy extensamente al último ganador de la liga de quidditch nacional y allí, en un pequeño recuadro que enviaba a las hojas centrales, en la sección de noticias internacionales, se hablaba sobre el nuevo ministro de magia. John no pudo contener el impulso de leer con avidez todas las novedades procedentes de su país natal. Hacía años que no ponía un pie en Inglaterra, pero la situación allí seguía causándole gran preocupación. Preocupación que fue en aumento cuando leyó fragmentos del primer discurso del nuevo ministro. En la breve editorial del periodista español que había asistido al acto, se veía una clara crítica contra algunas de las palabras del nuevo líder político, pero John no pudo leer más allá porque el señor Bennasar acababa de llegar acompañado de su hijo mayor.
Nasir podía ser muchas cosas, pero de adolescente no tenía ni un pelo. Debía tener unos veinte años y era mucho más alto y robusto que su padre. Tenía el cabello rizado un poco despeinado y un brillo en los ojos que, más que rebeldía, expresaba una descomunal furia que tenía pensado controlar. Y bastante enfado por haber sido sacado de la cama a una hora tan temprana.
-Aquí tenemos a Nasir –Dijo Omar sin más preámbulos, tan molesto como su hijo- Al parecer había olvidado que usted venía esta mañana.
-Entiendo –John procuró dejar de lado la preocupación que le había causado leer aquel artículo sobre Inglaterra. Después de la muerte de Albus Dumbledore, ninguna noticia procedente de allí podía ser buena- Es normal que los jóvenes no deseen recordar estas cosas. No se preocupe.
-Yo les dejo. He de ir a trabajar, pero si necesita algo puede llamarme por teléfono.
-Lo tendré en cuenta, señor Bennasar.
Omar no se fue demasiado convencido. Parecía estar bastante seguro de que la primera clase de John Doe iba a ser un absoluto desastre y se veía capaz de quedarse allí si el propio John se lo pedía, pero eso no ocurrió. El profesor estaba bastante seguro de sí mismo y, cuando encaró a Nasir, no se dejó acobardar por su mirada de perdonavidas.
-¿Una noche difícil? –Inquirió con aire divertido, aunque tanteando el terreno con prudencia. El chico alzó una ceja, aunque no se mostró tan descolocado como su hermana un rato antes. Seguramente le dolía demasiado la cabeza como para pensar con claridad.
-Tengo un resacón de la hostia, tío, así que no me des la vara.
John sonrió. Realmente se lo querían poner difícil. Bien. A él siempre le habían gustado los retos. Era un hombre de acción y a lo largo de los años había echado un poco de menos algo más de intensidad en su existencia. Aunque, claro, tratar con dos chicos rebeldes no era el colmo de la aventura, pero al menos representaba una novedad.
-¿Acaso no sabe preparar una poción contra la resaca en condiciones, señor Bennasar?
-¿Existe tal cosa? –Preguntó el chico, mínimamente interesado mientras se dejaba caer en una silla junto a su hermana. Alina no había levantado la vista del periódico.
-Por supuesto. Personalmente, me resultó bastante útil durante mi juventud.
-¿Y no podría preparar una ahora? Seguro que no le lleva mucho tiempo.
-Quizá sería conveniente que la prepare usted mismo, por si necesita más en el futuro.
Nasir entornó los ojos y estudió detenidamente al profesor. No sabía muy bien a qué venía ese intercambio de palabras. Normalmente todos los maestros que traía su padre a casa eran unos auténticos coñazos sin nada interesante que aportarle, pero ese hombre era diferente.
-¿Está diciendo que nos va a enseñar a hacer poción anti-resaca?
-No.
-¿No?
-No está en el programa de estudios del Ministerio de Magia y no entra en los exámenes finales. No veo su utilidad.
-¡Oh! Pues si realmente es efectiva yo sí que se la veo.
-En tal caso, podría echarle un vistazo a la extensa biblioteca de su padre. Estoy convencido en que alguno de sus libros contendrá una receta mínimamente interesante.
Nasir frunció el ceño y miró a su alrededor. Era verdad que su padre tenía muchos libros. Algunos de ellos eran muy viejos y la mayoría estaban mágicamente ocultos para ahorrar espacio. Los Bennasar siempre habían sido ávidos lectores y, aunque no siempre lo reconociera abiertamente, él mismo había disfrutado echándole un vistazo a los libros de aventuras, tanto muggles como mágicos.
-¿No es su obligación enseñarnos? Porque decirme que me busque la vida no es una buena forma de enseñar.
-Mi obligación es enseñar lo que viene en el programa y la poción anti-resaca no está. Si quiere prepararla, en cosa suya. Aunque podría estar dispuesto a echarle una mano si tuviera algún problema con ella.
Nasir se cruzó de brazos, dando por concluida la conversación. No había que ser muy listo para saber hacia dónde quería ir ese hombre y no pensaba dejarse manipular.
-Y ahora, después de este agradable intercambio de palabras. ¿Podríamos empezar a hacer algo útil? No estoy aquí para perder mi tiempo ni para dejar que ustedes pierdan el suyo.
Eso no había sonado demasiado diplomático, pero John sólo pretendía medir las reacciones de los dos chicos. Nasir hizo un gesto desdeñoso y Alina simplemente fingió que no lo había oído. Ocultando una sonrisita, John extrajo su varita del maletín que llevaba consigo e hizo que el lápiz de la chica saliera disparado contra la pared.
-Disculpe que la interrumpa, señorita Bennasar, pero ha llegado la hora de estudiar. ¿Le parece bien?
-Me parece un coñazo inaguantable.
-Veo que tanto usted como su hermano gozan de un vocabulario envidiable. Estoy seguro de que podremos mejorarlo bastante con un poco de esfuerzo –John se levantó y abrió el maletín- Y ahora préstenme atención si no quieren que los inmovilice en sus asientos. Tengo el permiso de su padre para hacerlo.
Nasir y Alina tenían sus dudas al respecto, pero como ellos también estaban en la obligación de cogerle la medida al nuevo profesor para averiguar cuáles eran exactamente sus puntos débiles, decidieron obedecer. Aunque fuera sólo por un día.
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Buenas a todos y a todas , si es que hay alguien leyendo al otro lado de la pantalla, por supuesto.
He aquí el nuevo capítulo del fic. Técnicamente, este es el primer capi de la historia, porque el anterior sólo estaba ahí para que la identidad de John Doe no fuera una incógnita hasta el final. Como veréis, hemos dado un salto bastante importante en el tiempo (estamos en los años del segundo ascenso del Voldemort) y poco a poco iremos descubriendo cómo ha llegado Caradoc hasta el lugar en el que está ahora mismo. Los Bennasar (apellidos y nombre de origen árabe, aunque en la actualidad no sean musulmanes, pero eso ya lo veremos más adelante) van a ser nuestros guías hacia el descubrimiento de cómo fue la vida de John Doe. Pero ya veréis, ya.
La verdad es que me ha costado un poco decidirme por la forma de narrar la historia, pero creo que al final voy a hacerlo bien. No me apetecía mucho escribir algo muy lineal, la verdad :). En cuanto al nombre de Caradoc, John Doe, lo he escogido después de darle muchísimas vueltas al asunto, quizá demasiadas. John Doe es el nombre que se le da en EEUU (no sé si en Inglaterra también) a los hombres cuya identidad es desconocida (especialmente si son cadáveres, jeje). El nombre no tiene más historia que esa. Además, John suena bastante poderoso en mi opinión. Me pasa lo mismo que con Juan. Quizá no sea el nombre más bonito del mundo, pero tiene una fuerza impresionante.
Y nada más, que la nota final va a ser más larga que el fic en sí. Decir que de verdad de la buena que dejar reviews no produce la muerte instantánea. De hecho, puede provocar agradables cambios de humor (de la tristeza a la euforia). Lo dejo en vuestras manos.
Muchas gracias a Sorg-esp, eso sí. No sólo por prestarme tu mundo, sino por anunciarme en tu profile y por estar ahí. Es un placer hacerte este regalito. Te lo mereces ;)
Y, ahora sí. Hasta la próxima, wapetones y wapetonas.
Besos
Cris Snape
