Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Natalie Rivers.
Capitulo 1
Bella tiritaba en la parte trasera del taxi de agua mientras recorría el neblinoso canal veneciano. El frío y la humedad atravesaban su chaqueta de ante, helándola hasta los huesos, pero agradecía el aire fresco. Hacía más calor dentro de la cabina de madera del taxi, pero no había bastante aire y el movimiento del barco la mareaba. Últimamente todo la mareaba, pero al fin sabía por qué.
Estaba embarazada.
Cerró los ojos e inspiró con fuerza. Embarazada.
¿Cómo iba a decírselo a Edward?
Llevaba viviendo con él cinco meses, y durante ese tiempo había sido el amante más asombroso y atento que podría haber imaginado. Pero siempre había sabido que para él no era más que una relación temporal.
Edward le había prometido exclusividad desde el primer momento y, a cambio de su fidelidad, había exigido lo mismo de ella. Pero siempre habla dejado claro que era una relación sin futuro. No habría compromiso a largo plazo y, categóricamente, nada de niños.
Pero ella estaba embarazada de ocho semanas. Lo que había empezado corno una gastroenteritis se había convertido en náuseas matutinas. Probablemente la gastroenteritis había sido la causa de que fallara la píldora.
Se estremeció de nuevo y miró su reloj. Edward estaría esperándola en el palazzo, para saber qué le habla dicho el medico. Llegaría a casa en unos minutos.
De repente, a pesar de su aprensión con respecto a darle a Edward la noticia, se encontró deseando estar con él. Un bebé podía no entrar en sus planes, pero ella no se había quedado embarazada a propósito. Edward lo entendería. Era un hombre rico y poderoso, acostumbrado a que las cosas fueran como él quería, pero era razonable. Se sorprendería, incluso molestarla, pero estaba segura de que cuando tuviera tiempo de absorber la noticia, todo iría bien.
Ella siempre había deseado tener familia y, la verdad, no se le ocurría nadie a quien prefiriera como padre de sus hijos. Era un hombre de negocios influyente con éxito, pero también había visto su lado tierno. No rechazaría a su propio hijo solo porque no hubiera entrado en sus planes.
El taxi de agua se detuvo ante la puerta del palazzo. La niebla apagaba los sonidos de la ciudad y Lily sólo oía el golpeteo del agua contra los escalones de mármol. Pagó al conductor y aceptó su ayuda para bajar del barco. Edward salió para darle la bienvenida.
Ella se quedó sin aire ytitubeó en el escalón superior, absorbiendo la perfección masculina de Edward Masen, su amante.
Media más de uno ochenta, era ancho de espaldas y se movía con la gracia y fuerza de un atleta. Tenía el pelo cobrizo y ondulado, peinado hacia atrás, dejando a la vista su frente y su bellísimo rostro.
Se había preguntado con frecuencia si llegaría a superar lo increíble que era. Daba igual que él hubiera estado de viaje de negocios unos días, o que hubieran estado separados unos minutos, cada vez que lo veía su corazón se aceleraba y se tensaba de excitación. Tras conocerlo durante diez meses y vivir cinco con él, seguía apabullándola lo maravilloso que era estar con él.
–Por fin has vuelto – Edward la acarició con sus ojos verdes, se acercó y la rodeó con los brazos.
–Mmm –Bella se acurrucó contra su pecho y apoyó la mejilla en el aterciopelado suéter negro de cachemira. Inspiró con fuerza, inhalando su aroma. En sus bazos se sentía segura, mucho mejor. Las náuseas que había tenido en el taxi se convirtieron en algo del pasado.
–He intentado llamarte – Edward alzó su rostro y le dio un beso suave–. Pero vi que te habías dejado el teléfono en el dormitorio.
–Lo siento –Bella miró su atractivo rostro. Como siempre, su beso tenía el poder de hacerle olvidarlo todo–. Me olvidé de cargar la batería.
–¿Estás bien? – Edward agarró sus manos–. Estás pálida y fría. Entra y siéntate. ¿Quieres beber algo caliente?
–Me apetece más un vaso de agua fría –contestó Bella, dejando que Edward la guiara al estudio. Después se pasó los dedos por el pelo, volviendo a sentir aprensión. Por fin sabía por qué habían dejado de apetecerle el café y el té, y tendría que decírselo a Edward.
–Creía que Carlo iba a llevarte a la consulta –dijo Edward, mientras ponía hielo y agua mineral en un vaso–. No me gusta que utilices taxis públicos, sobre todo cuando no te encuentras bien.
–Estaba bien –lo tranquilizó Bella–. Pensé que así andaría un poco, el aire fresco me sienta bien.
–Si hubiera sabido que no irías con Carlo, te habría acompañado yo –dijo Edward, rodeando su cintura con un brazo y llevándola hacia el sofá que había junto a la ventana–. No sé cómo me convenciste para que no cancelara la reunión.
Bella volvió a pasarse la mano por el largo pelo caoba mientras se sentaba. La humedad había hecho que se rizara. Era ridículo preocuparse por su aspecto en ese momento, pero la enormidad de la situación la llevaba a concentrarse en cosas sin importancia.
–¿Qué ha dicho el medico? –preguntó Edward, mirándola con preocupación. Su rostro acorazonado estaba increíblemente pálido y bajo sus expresivos ojos color chocolate había profundas ojeras–. ¿Necesitas tomar antibióticos?
–No –contestó Lily. Volvió a pasarse la mano por el pelo y Edward reconoció el gesto de nerviosismo. Con el tiempo se habla acostumbrado a su lenguaje corporal, pero no podía imaginar por qué estaba nerviosa.
–¿Que tienes entonces?
El temor de que fuera algo grave lo atravesó como una flecha. Se arrodilló a su lado y agarró sus manos. Pensar que Bella estuviera enferma era insoportable.
–¿Qué ha dicho el medico? –presionó–. ¿Tienes que hacerte más pruebas?
–No –Bella lo miró y titubeó. Sus cejas se habían juntado creando dos arrugas verticales entre sus ojos. Volvió a maravillarla el increíble color verde esmeralda que hacía que se sintiera como si hubiera llegado el en vez de una primavera fría y húmeda.
Estaba preocupado. Debía decirle la verdad.
–Estoy embarazada.
Bella no estaba preparada para lo que ocurrió continuación. Había esperado sorpresa, incluso. Pero no ese dramático cambio en su expresión..., como si sus rasgos se volvieran duro y acero. Ni la brutalidad de sus palabras.
–Haz el equipaje –se levantó de un salto y soltó sus manos como si no soportara tocarla–. Y sal de casa.
Y asi se da comienzo a esta historia. Espero que les guste esta nueva adaptación. Es un poco diferente a las que venia subiendo, pero muy buena, asi que les recomiendo leerla.
Quien odio a Edward? Reviews? :)
