Ya vi que mi domingo sin quehacer fue demasiado dañino (leo que me podrían mandar a malosfics y estoy que me da el patatús...). Así que prometo fielmente seguir los concejos, en la medida que estos me sirvan. (Y renunciaré eso sí a la costumbre mala que se me pegó de los POV)


Lo primero que recordaba la muchacha en sí, de su vida, era un cielo azul de verano, donde despertó, con varias personas rodeándole, mirándole entre la curiosidad y compasión. Se incorporó apenas, confundida.
-Señorita ¿Está bien?- preguntó un muchacho de cabellos azul profundo, dandole la mano. Notó que ellos la habían puesto en una cama de paja, aparentemente la habían encontrado y se la habían llevado a su granja.
-Supongo que lo estoy- respondió, tratando de averiguar que hacía ahí.
-Cuando la encontramos pensamos que era un ángel. Estaba rodeada de plumas, pero no había aves cerca. Y por ser otoño, todas han emigrado- añadió una chica de cabellos color castaño claro y ojos rojizos. Olía a alcohol, sin embargo se le veía perfectamente sobria- Cuando mi esposo, Kaito, salió a trabajar al campo el día de ayer la encontró inconsciente, así que la trajo aquí. Pensamos que si le daba el sol y el aire fresco podría despertar.
A la vista de los dos jóvenes se veía a leguas que la chica de cabello rosa no entendía nada de lo que le decían, como si le entrara por un oído y le saliera por el otro. Sin embargo, sonrió para ellos, para agradecerles.
-Muchas gracias por preocuparse por mí.
Luego de que logró convencer a sus rescatadores de que estaba bien, se fue de la granja, rumbo a la ciudad, porque decía que lo mejor era buscar alguien a quien ayudar, si no podía recordar nada más, al menos así crearía recuerdos.
Sobra decir que tampoco quería hacer el trabajo del campo.

Con un viejo vestido que le había dado la esposa de Kaito -Meiko-, color entre gris y negro, una canasta con algunas provisiones para sobrevivir, en lo que pudiera encontrar en qué emplearse, Megurine Luka se perdió en la plaza, en los fríos vientos de mediados del otoño, cuando aún quedaban saltimbanquis alegrando la vida cotidiana de la gente.

La ciudad no era muy nueva, pues sus calles de piedras estaban ya algo desgastadas, las casas estaban algo manchadas por la humedad y algunas tenían tejas perdidas, quizá por los niños traviesos que paseaban por los techos y los gatos que habían hecho de las zonas altas su reino. La gente se entretenía en vender y comprar cosas básicas para vivir. Algunos que ya se habían desocupado de eso observaban los espectáculos, como los malabaristas, las bailarinas gitanas y la quema de la bruja del día.

La pelirrosa observó el espectáculo: el viejo inquisidor recitando los rituales que marcaba el Malleus Malleficarum: El martillo de las brujas. Y la víctima gritaba aterririzada, por las llamas.
Dos niños enfrente de ella, observaban curiosos. Los dos no debían tener mas de diez años y eran exactamente iguales el uno al otro: rubios, de piel blanca como la luna llena y grandes ojos azules (Lo descubrió gracias a que ambos se voltearon a ver, perfectamente sincronizados). Luka les tapó los ojos a ambos.
-Ustedes no deberían de ver esto.- les dijo.-
-¿Madre?- preguntó el niño, pero al reconocer las manos, demasiado suaves para lo que solía recordar, las apartó de su carita.- ¿Quien es usted, señorita?
-¿De donde viene?- añadió la niña, inquieta
-¿Y porqué su pelo es rosa y tiene dos grandes...?- la hermana le tapó la boca a su hermano, reprochándole por intentó decirle con un pisotón. El niño se quejó.
-Mi nombre es Megurine Luka, vengo del campo... y no puedo darte explicación sobre mi cabello, supongo que nací así.
-¿Ves? No es Mamá. Ella se llama Luka y Mamá es Anne.- dijo la niña.- Yo soy Rin y esta cosa es mi hermano, Len.
El menor volvió a quejarse al ser referido como "esta cosa", recibiendo un pellizco por parte de su hermana. La muchacha se rió al escuchar eso.
-Si acabas de llegar, entonces no tienes casa- añadió el niño, al borde del llanto por el maltrato de su gemela- ¡Nosotros sabemos donde puedes quedarte!
Dicho esto, ambos se echaron a correr, tomándole de las manos, como dos pequeños rayos entre la gente, por varios minutos en los cuales nadie los notó, estando todos absortos en el juicio. Se detuvieron ante una casa de varios pisos, sin jardín.
Se detuvieron ahí, sorprendidos de que Luka pudiera mantenerse respirando perfectamente, pese a la loca carrera de los dos hiperactivos niños. Se limitaron a verse a los ojos, encogerse de hombros y Len abrió la puerta principal.
La casa por dentro tenía bastante luz, a pesar de que no era muy lujosa, escaleras de madera que se notaba algo húmeda, algunos clavos sueltos en el piso, el techo sin embargo con todas sus tejas. En el recibidor había una mesa que le servía de escritorio a la casera, encima de esta un florero con una flor de otoño, un libro de contabilidad y un tintero con su pluma.
-¡Presentamos a Megurine Luka, que viene a vivir en el cuarto al lado del nuestro!- dijeron a coro al entrar, siendo notadas por una chica de cabellos verdes y cortos. Sus ojos eran grandes e inocentes, del color del bosque.
-Es un edificio donde viven estudiantes generalmente- explicó Rin.
-Pero tal vez te llegue a gustar, porque tiene una linda vista hacia la calle y es caliente en invierno.- añadió Len.
-¡Y además, podrías ayudar a Goumina y ella te dará alojamiento!- volvieron a decir a coro. La aludida se acercó al par, un poco curiosa por la nueva.
-¿Eres la dueña?- preguntó la mayor, un poco perpleja por la sincronía de ambos niños.
-No, lo es una tía.- se apresuró a aclarar Yo vivo aquí desde que murieron mis padres en la peste. Raras veces está así que no sabe quienes son los huéspedes- sonrió mas felíz, porque generalmente ahí vivían solo muchachos, y claro, la madre con sus gemelos.

Pocos días después de instalarse ahí, salió a comprar las cosas para la cena. La casa tenía la costumbre de que cada día de la semana alguien cocinaba y ese día le tocaba. Pero el viento le soltó la diadema del pelo, la persiguió por varios metros hasta que la encontró en las manos de un apuesto joven de largos cabellos violetas y ojos claros, como el cielo que recordaba de su primer recuerdo. Le sonrió, para indicarle que ella era la dueña.
-Alteza, muchas gracias.
-¿Es suya, señorita?- se la entregó y la joven, con destreza se volvió a sujetar el cabello. Agradeció de nuevo con una sonrisa y continuó con su camino. No contando con que la había seguido hasta el mercado y luego de vuelta a la casa. Y así transcurrieron varios días, sin que él pudiera explicárselo.
El guardia del príncipe, un chico delgado de cabello blanco, apenas comentó.
-Esto es mas similar a ser un acosador que un enamorado, Alteza Gakupo.
-La gente come muy poco, Piko. Mi padre no ha hecho bien su trabajo.- suspiró- No controla bien a los señores del Feudo que abusan de ellos. Eso cambiará cuando sea rey... pero por ahora, debo saber mas de ella.
-Los niños, aquellos que son un vivo espejo, han dicho que recién llegó. Su nombre está ya inscrito en los registros del reino, parece ser que viene de alguna tierra extranjera pero amiga de nosotros, por su acento.- completó la información el eficaz muchacho, con el asombro de su señor.- Y dicen que no come mucho, pero es muy sana.

Fue así como a una semana de haberla visto por primera vez, el Príncipe Gakupo comenzó a mandarle cajas con verduras y carne o pescado a la chica, cortejándola.
Luka no tardó en notar que era demasiado para ella sola, que se le echarían a perder si no hacía algo. Por lo cual, compartía estos regalos con los gemelos, que eran un barril sin fondo, su madre y Goumina.
Los demás huéspedes tenían la costumbre de comer fuera.
-¡Muchas gracias al Príncipe por darnos de comer!- decían los gemelos antes de devorar los platos.- ¡Y gracias a Dios por enviarnos a Luka, que nos alimenta con su belleza!
Anne solo sonreía, al ver a sus niños felices. Las muchachas se miraban, cómplices, pues Luka había recibido otra carta con el regalo, de parte del príncipe. Después de la cena, ella iría a responderle, para enviarle otra carta con el guardia.
Eran ya mas de 20, guardadas en un cajón en su cuarto.

Un día, cuando Anne ya le había enseñado a coserse vestidos y ella había reunido dinero suficiente para hacerse uno precioso, en color amarillo con vuelos blancos, ideal para el principio del invierno, salió a buscar al Príncipe a su palacio, ligeramente nerviosa por hablar con él en persona.
Antes de entrar a la sala donde solían atenderse algunas visitas, mientras miraba un cuadro del padre de este, escuchó una conversación, demasiado susurrada, y aún así, pudo captarla.
-... ¿Es cierto eso, señorita Lily?
-El Padre Leon no se mejoró luego de que ocurrió el eclipse lunar. Si hace unos días ejecutó a un hereje, fue porque Dios es grande. El papa nombró ya una nueva inquisidora, una sobrina suya. No tardará en terminar su formación.
-Muchas gracias. Puede retirarse.
-Gracias, Majestad.
Al abrirse la puerta, la de grandes ojos azul como el agua, vio a la que hablaba, una chica delgada de cabellos como largas hebras de oro, vestida con el traje de quien sirve a un miembro del alto clero. Y detrás de ella, el Príncipe, quien la reconoció y sonrió. Luka solo atinó a hacer una pequeña reverencia.
-Su alteza ha fijado los ojos en mí, una simple aldeana. Estoy honrada por eso, mi señor- atinó a decir, con su voz dulce, etérea como la mañana.
-Mi señora, yo no he fijado mis ojos en usted, he fijado mi corazón.- se inclinó, tomando su mano y depositando apenas un beso en ella, provocando que ella se sonrojara.


Notas de la autora:
1- El malleus maleficarum era el libro principal que usaba la Santa Inquisición para juzgar y condenar casos de brujería, pese a que nunca tuvo reconocimiento oficial por parte de la Iglesia.
2- En esos tiempos, era mucho mas romántico que te enviaran comida que flores (creo que de ahí viene la costumbre de que si sales a comer con un hombre que te pretende, este paga tus alimentos). Suena lógico, te quiere viva.
3- (Sobra decir que Len mas de una vez quiso repetir lo que le había querido preguntar, pero con tantos coscorrones, pellizcos, patadas y piquetes de ojos por parte de su gemela, la oración diaria quedó tal cual la escribí)

Asd: Gracias por tu review ^^ y sí, prometo echarle mas carne al asador. Y no ¡Malos fics no!
SessKagome: (Recuerda la película de Encantada, Edward y Giselle), sí, tienes razón fue muy rápido pero es porque usé el primer capítulo para dar un resumen general (no debí hacerlo... tal vez vuelva a subir ese capítulo en un futuro). Por cierto, amé tu fic de Servant of Venomania.
Toph Kagamine: Gracias también por leerlo ^^ (acostumbrada a recibir pocos reviews a menos que arme guerras)