Hello!
MioKathx Malfoy Granger: Hey! Grax por tomarte el tiempo dejar un "Review", me alegra que te haya parecido interesante, espero siga gustándote mientras la desarrollo,,, besos…
Nenolix: ¡Hola! ¡Qué bueno que te haya gustado, intentare actualizar una vez a la semana por lo menos, besos,,, intentare pasarme a leerla cuando tenga un break entre los estudios,,, besos..
"Chapter" 2: Aquel Primer Encuentro
Era un nuevo día en Hogwarts, el frio merodeaba, como todos los días desde hace algunas semanas, todas las esquinas del espacioso castillo. Parecía colarse entre las paredes de piedra, y aun entre las puertas encantadas, fastidiando incluso a aquellos que, viviendo con el frio en el alma creían ser inmunes al mismo; con tanto empeño se movía que incluso había perforado las mazmorras. Cada recodo de la sala Slytherin destilaba un ambiente frio que los obligaba a mantenerse cerca de la chimenea; haciéndoles desistir al deseo de salir.
Parecía ser que no había hechizo útil para extinguir la ola de frialdad que los golpeaba. Cuanto más aumentaba el calor, aún mas el frio se intensificaba, así que, rendidos ante el evidente fracaso no les quedo mas animo que el de amontonarse como desquiciados en busca del preciado bien que emanaba de la chimenea. La sala estaba amortiguada, cuerpos delgados, rechonchos, holgados, diminutos se amontonaban uno junto al otro. La gran mayoría se había lanzado por encima capas, y capas de suave tela, incluso hubo quienes, sacando de sus cuartos algunas mantas se cubrían con las mismas.
Otros, no tan listos como los primeros, solo vestían su túnica y un gorro. Ese era el caso de Draco Malfoy, quien, luego de algunos minutos tirado junto a la chimenea en busca de entrar en una temperatura mas cómoda desistió de su plan y subiendo al cuarto, tomo su capa y decidió salir de la mazmorra. El frio por los pasillos era palpable, e incluso se podía percibir cada vez que soltaba el aire que atrapaba en sus pulmones. Levantando los ojos, el pelirrubio miro hacia fuera por entre las ventanas medio abiertas; había un centenar de nieve ocupando la gran mayoría del terreno de Hogwarts y realmente eso no le era demasiado agradable.
Apresuro sus pasos hasta alcanzar una de las salas del castillo, como había pensado, estaba desierta, la chimenea todavía exhalaba los últimos restos de un calor agradable que quería decir que alguien había estado ahí hace no mucho tiempo. Con un sutil movimiento de su vara encendió la chimenea, y dejo caer su túnica delante de la misma antes de tenderse sobre ella. Se recostó muy cerca de la chimenea, y deposito su mirada en las llamas ardientes, el fuego parecía hacer un baile al son de un cuatro por cuatro siendo perseguido por el incesante crujir de la madera.
Aquel ruido casi inexistente, y el calor agradable, fueron la anestesia perfecta para Malfoy, que minutos después ya había cerrado los ojos, y seguido se había ido en un sueño profundo del cual no hubiese despertado sino horas más tarde cuando, por puro reflejo, se percato que le tocaron. Pero eso fue horas después, cuando la chimenea ya se había apagado, y el frio le arremetía con fuerza; claro está, en la penumbra de la somnolencia él todavía experimentaba el calor de la chimenea. Este fue opacado cuando…por artes del destino sintió una mano caliente rozar su rostro…
Horas antes Hermione había estado sentada en aquel mismo cuarto, reclinada junto a la chimenea leía uno de sus libros preferidos. El calor de aquella sala, en comparación con la suya propia era sorprendente; por lo cual no deseaba salir de allí durante todo el día. Recordó que debía reunirse con sus amigos en la sala de los Hufflepuff y solo por ese motivo desistió de ese momento tan hermoso que estaba viviendo. Luego de algunas horas hablando con sus compañeros supo que podría volver allí y terminar la lectura.
Recorrió los pasillos cargando un enorme abrigo sobre sus hombros, a causa del cual, podía resistir el insoportable frio. Los pasillos estaban desiertos, de vez en cuando veía pasar a algún Ravenclaw o a algún Slytherin caminando entre los pasillos como si no hubiese algo que hacer en las mazmorras. Dejando atrás los largos pasillos entro a la sala, la cual, apartada de los ojos curiosos no solía ser muy visitada. Posiblemente, porque pocos sabían de la existencia de ella, Hermione abrió la cerradura con un movimiento de su varita y entro rápidamente.
El frio le golpeo contundente, incluso tuvo que acomodarse el abrigo y apretarlo contra su cuerpo para sentirse en calor. No fue mucho el tiempo que transcurrió antes que deslumbrara un cuerpo tirado frente a la chimenea, la cual posiblemente había lanzado sus últimas llamas hace algunas horas. El frio parecía haberse esparcido como pólvora y el escuálido cuerpo que yacía frente a la chimenea tiritaba inconscientemente. Tras la sorpresa inicial, al percatarse de la compañía, Hermione se comenzó acercar procurando no hacer ruido.
Los primeros pasos muy certeros la llevaron muy cerca del cuerpo que no reconoció hasta que se hubo detenido frente al mismo. Encendió la chimenea con un movimiento y dejo salir un suspiro de enojo al ver el rostro de aquel rubio insoportable. En otro momento se hubiese ido sin siquiera pensarlo, pero aquella era una oportunidad que no volvería a tener nunca. Si algo sabia Granger era que Malfoy siempre guardaba cosas importantes en su túnica, y la misma estaba tendida debajo del.
Era muy tentadora la idea de revisar si había algo que le explicase a donde habían ido los Slytherins la noche pasada, así que, poniéndose lentamente de rodillas intento llegar al bolsillo de la túnica, parecía ser un trabajo complicado entre tanto que el rubio estaba allí tendido pero, este se había movido mientras dormía y la gran parte de su cuerpo había acabado en el suelo. Eso había sido de gran ayuda para la castaña, que introduciendo su mano en el bolsillo comenzó a tantear, debía estar protegido con algún hechizo, ya que en el mismo no parecía haber nada.
Dispuesta a levantarse e irse, Hermione noto que el rubio había temblado ligeramente, se incorporo quedando aun de rodillas junto a Malfoy; el rubio volvió a temblar ligeramente y Hermione extendió su mano para acomodarle la camisa de cuello grueso. No debía tener piedad de alguien como Malfoy, pero de cierta manera era imposible no tener piedad de aquel chico, que tendido en el suelo parecía ser el más indefenso de todos los seres a merced de un asesino en serie, que sería el frio. Cuando lo acomodo, la mano de la castaña rozo, casi superficialmente, la barbilla del joven. Malfoy, quien de manera inconsciente, casi como un reflejo mismo, tomo la mano de Hermione acercándola hacia él, momentos luego abrió los ojos chocando con los color caramelo.
Aquella incomoda posición en la que se encontraban habían conseguido colocar un sonrojo en Granger, Draco no le estaba apretando la mano pero si le había sujetado lo suficientemente firme como para conseguir que terminase casi tenida sobre él. Malfoy todavía estaba bajo los efectos del sueño cuando siguió sujetando a Hermione en silencio, pero ella no estaba completamente segura de eso, y aquella mirada gris, aun medio adormilada, le había taladrado en el pecho y había conseguido que por un instante su corazón se detuviera.
-¿Granger? ¿Qué haces aquí?- pregunto Draco cuando, salido del estado de somnolencia supo a quien estaba sujetando, soltó su mano inmediatamente e incluso se movió lejos de Hermione. Quien al sentir su mano libre de la anterior presión también se alejo; casi como si huyera. Incluso, ante los nervios que invadieron su cuerpo le dio la espalda al rubio escondiendo el anterior sonrojo que había experimentado.
-Vine a leer…y me…me he resbalado.- mintió la castaña sin mirarlo.
-Claro, o quizás solo querías tener contacto conmigo.- alardeo Draco con una sonrisa altanera.
-¡Ya quisieras, Malfoy!- se giro enfadada a encararlo.
-Sí, tienes razón, quiero.- dijo sin dejar de mirarla, y había conseguido sonrojarla nuevamente, y Hermione ni siquiera tenía seguro el porqué de aquel extraño nerviosismo que ahora le estaba calando las entrañas.
- ¿Qué…que dijiste?- pregunto creyendo que el rubio se había equivocado, o que si bien todavía estaba bajo los efectos del profundo sueño; si algo tenia seguro la joven Granger era que no había un motivo lógico que explicara la anterior declaración del Malfoy más joven.
-Dije que…quizás querías tener contacto conmigo.- repitió el rubio acercándose dos pasos.
-Eso lo he oído…pero…
-¿Por qué tanto interés en mis comentarios, come libros?- se burlo Draco.
-Eres un insoportable.
-No mas que tu…- le dijo el sosteniéndole la mirada.
-¡Solo vete!- termino gritando la castaña, cuando, tras perder los estribos sintió un deseo descomedido por pasarle el rostro con su mano y dejar en aquella tersa mejilla sus cinco dedos como marca del enojo que estaba sintiendo en ese momento.
-¿Por qué tendría que irme? He llegado aquí primero.- le dijo el rubio acomodándose la camisa.
-¡Perfecto! ¡Me voy entonces!- sentencio Hermione y se inclino a tomar el libro que había dejado, hace ya algunos minutos, reposando sobre el suelo.
-¡No! ¡Me iré yo!- sentencio Draco y se inclino a tomar su capa, quedando, curiosamente, a pocos centímetros del rostro de Hermione. Por una milésima de segundo se habían quedado inmóviles ante el primer golpe de sorpresa, pero la castaña se recompuso rápidamente y se enderezo; Malfoy se quedo en cuclillas, con la capa entre sus dedos mirando aun hacia delante.
La castaña aun no sabía porque no había salido de aquella sala, pero lo cierto era que los nervios le estaban jugando una mala pasada aquel día, tras ponerse en pie y darle la espalda a Malfoy sintió por segunda vez, aquel sentimiento en el pecho. Tan extraño y peculiar, como si se detuviesen sus latidos por un segundo y una pequeña presión se le instalaran la garganta impidiéndole hablar. Deseaba, una pequeña parte de su celebro, salir de la sala dando un portazo, la otra, esperaba que el rubio fuese quien abandonase el lugar soltando una carcajada de burla.
-Granger…- susurro Draco poniéndose en pie.
-¡Solo lárgate!- sentencio Hermione sin mirarlo, no quería verlo, no quería pensar que seguía allí, mientras más lo pensaba mas nerviosismo se instalaba en su estomago y aun mas enojo sentía. Mayormente contra sí misma, y sin poder conocer el motivo del mismo.
-También te odio.- siseo el rubio mirando la espalda de la castaña antes de girarse, y al darle la espalda, Hermione lo miro de soslayo y apretó los dientes cuando lo vio caminar hacia la puerta.
-¡Te odio más Malfoy!- le injurio apretando los puños, si hubiese permanecido un minuto más allí lo hubiese golpeado, una vez, quizás, o muchas, todo seria definido por la reacción que tuviese su cuerpo al golpearlo. Cuando la puerta hubo cerrado, Hermione se sentó junto a la chimenea, aun llena de cólera y lanzo un grito que retumbo entre las paredes. Mientras más lo evaluaba, mas llegaba a la conclusión de que odiaba, enormemente, a Draco Malfoy.
-¡Es un idiota!- grito antes de cerrar los ojos durante un segundo, y cuando su cólera hubo menguado, tomo el libro y lo abrió, deseando, olvidar entre las paginas el antiguo momento agrio, dejarlo perdido entre el montón de letras; olvidarlo entre los significados. Perdido en el abismo de la historia y disfrazado entre las variantes de lo aprendido.
A diferencia de Hermione, Draco salió, no enfadado, sino divertido, cuando cerró la puerta no pudo evitar la carcajada que le partió el pecho e inundo el aire con la alegría contagiosa que suele irradiar una profunda risa. Tras algunos segundos riendo se coloco la capa y comenzó a andar sin un rumbo determinado. Paso tras paso lo condujo hasta aquel rincón del castillo donde estaban las puntuaciones de todas las casas, se reclino de la pared contemplando los números pensativo.
Desde que había entrado a Hogwarts aquellos números le habían perseguido noche tras noche, escuchando las voces que se burlaban en su propia imaginación al considerarse inferior a los mismos Griffindors. No que lo fueran en realidad, pero daba la impresión que todos así creían, parecía ser que cada niño que tenia la suerte de entrar a la casa Griffindor tendría una vida perfecta en el castillo; en comparación con los demás. ¡Cuánto detestaba que todos dijesen una y otra vez cuan leales, perfectos y valientes eran los leones en comparación con los Slytherins!
Era, hasta cierto punto, una cuestión denigrante; durante sus primeros años no le intereso, ni siquiera le dio importancia al asunto, pero pasaban los años y el ambiente en las mazmorras se transformaba. Al inicio, todo era un juego de niños que interpretaban a los "villanos" de la película y disfrutaban molestando al trió de oro y a los demás leones; pero pasado el tiempo; cuando los juegos expiran y la diversión pierde su gracia. Los golpea la realidad, que aquello que en cierto momento habían denominado "juego", no era otra cosa sino una verdad. No jugaban a ser los villanos de Hogwarts sino que eran eso para todas las demás casas.
Probablemente, es ese el momento en el cual se vuelven más cortantes y fríos con los que les rodean, no es sino una capa de protección, lamentablemente no se protegen a ellos mismos sino a los que nos rodean. ¡Por supuesto, no son todos los Slytherins los que viven esta fantasía! Cierta parte, deseosa de hacer honor a su emblema se vuelven unas autenticas serpientes capaces de causar un daño terrible a aquellos que les rodean. Draco Malfoy era un caso particular, hacía daño…claramente este factor no está en discusión, pero jamás hacia más daño del que le habían hecho; por lo tanto el no solía categorizarse como los demás.
No se juzga de la misma manera a un asesino común en comparación con aquel que asesina a alguien que no le ha hecho nada. Por motivos obvios diría Malfoy, aquel que asesina a alguien que lo merecía tiene motivos para ese acto desmedido; por otro lado. ¿Por qué hacerle daño a alguien que solo te ha hecho bien? ¿Por qué asesinar a alguien que no te ha hecho nada? ¡Algunos escritores griegos dirían que asesinar es un pecado pero…asesinar a alguien que no te ha hecho daño, es un pecado aun mas grave!
Influenciado quizás por ese pensamiento, el rubio no lastimaba sino a aquellos que le hacían daño. El último año, a diferencia de los anteriores, aquella actitud había ido moldeándose, soltaba palabras duras a algunas personas, incluso hacia algunas bromas algo pesadas; pero no tenía el ánimo de desperdiciar su día buscando a quien fastidiar. ¡Fue entonces que se percato de cuanto había cambiado…entendió, que en el fondo de su corazón estaba vacío, y no sabía cómo llenar aquel hueco desgarrador del cual nunca antes había sido consciente!
-Joven, Malfoy.- una voz rasposa, oscura, vieja lo saco de sus pensamientos.
-¿Qué quieres?- pregunto girándose hacia aquel hombre medio encorvado.
-Tengo noticias…de él.- susurro la voz mirándolo con aquella mirada desquiciada que, en algún momento logro intimidarlo pero hoy solo le provocaba cierta repulsión que instalada en su estomago le molestaba en gran manera.
-Ven, vamos a las mazmorras.- susurro el rubio, una última mirada a las puntuaciones fue lo último que hizo antes de girarse y adelantarse hacia las mazmorras sin esperar a su acompañante.
La noche había caído sobre el castillo hace algunos minutos, Harry se encontraba sentado a las afueras del castillo cubierto de pies a cabeza y con el gorro de invierno cubriéndole las orejas. Apenas había salido hace algunos minutos, esto, cuando el frio hubo disminuido un poco; pero llegada la noche el frio volvió a hacer acto de presencia. Decidido volver a su torre se puso en pie, momento en el cual escucho como la puerta del gran salón se abría, puro instinto había sido aquel que lo llevo a dejarse caer del muro hacia el arbusto que se encontraba a su espalda.
Las pequeñas ramas que se le habían incrustado probablemente traerían consecuencias pero ignorando el pequeño detalle enfoco su mirada en aquella sombra esbelta y larga que hacia aparición en el umbral. Seguido de una figura algo más rechoncha y un tanto más baja. El primero venía hablando en un tono de voz algo elevado que había conseguido que la voz llegara a oídos del pelinegro.
-¡No quiero volver a verte por estos pasillos! ¡Si llegasen a saber que estabas aquí nos meteríamos en problemas!- le decía aquel hombre, a quien Harry reconoció inmediatamente como Snape, no pudo nunca escuchar con quien iba hablando porque a medida que se fueron alejando se le hizo más complicado escucharlos. Hasta que…pasados los minutos el sonido se esfumo y el silencio de la noche mezclado con el frio viento de invierno era lo único que llegaba a sus oídos.
Espero, solo para prevenir, unos minutos más antes de correr dentro del castillo en dirección a su torre. De manera involuntaria no podía dejar de ligar a Snape con lo que Hermione le había contado. No sabía que ocurría en las mazmorras pero tenía que averiguarlo, lo que menos necesitaba en ese momento era que esas serpientes tramaran una de sus ideas macabras. A medida que subía las escaleras pasó por alto al rubio que, escondido tras una estatua lo había visto subir a toda prisa.
…..
¿Qué os ha parecido? ¿Algún comentario? ¿Hipótesis?
Nos leemos…
