Un quejido escapó de sus labios cuando abrió sus ojos, descubriéndose en su propia habitación que se encontraría en una oscuridad absoluta de no ser por la luz natural de la noche filtrándose por la ventana de cortinas descorridas.

¿Qué ocurrió? Sentía una dolencia en la nuca.

Se incorporó en su cama. Tardaron unos segundos las últimas memorias en acudir a su consciencia, y cuando lo hicieron, fue como un flechazo de iluminación cruda.

En definitiva, hubiera preferido no recordarlo. No podía creer que aquella chica de estatura media y delgada, poseyera tanta fuerza oculta.

Rozó con la yema de sus dedos el rostro, y supo al instante en que seguramente la huella del zapato de su 'adorable compañera' estaba ahí. ¡Ah! Si su padre supiera que una chica lo había derrotado… ¡Pero es que ella no es cualquier chica! Después de todo, propuso fingir ser su novia sólo para ir de viaje a esas fosas encantadas. Rememoró sus expresiones y la importancia palpable que tenía para ella su presencia en ese sitio, por lo tanto le fue imposible no cuestionarse el motivo.

Llevó su mano a su nuca. Seguramente la dolencia se debía al golpe al caer…

Buscó el interruptor de la lámpara y enseguida la habitación se iluminó. Estaba hecha un desastre, tal y como la había dejado esa misma mañana.

Se fijó en el reloj, aquel aparato visualizador del tiempo que consiguió arrancarle una ahogada exclamación al caer en la cuenta de la hora que era, de cómo se le había ido el día completo en la inconsciencia.

Masculló algunas maldiciones y se preguntó cómo habrá llegado a su habitación. Dudaba profundamente en que aquella muchacha tan arisca se prestara para acarrearlo a su apartamento, además tampoco sabía dónde vivía.

¡Oh, por Dios! De repente la idea de que alguien más le hubiese traído y ya se hubiera esparcido la novedad de que Tendo lo embistió por poco le paralizó el corazón. No, no… No podía ser posible… ¡Todo menos eso!


-Hola.

Enseguida Ranma le respondió la mirada. Estaba recostado en el sofá viendo un programa de talentos cuando el pobre y notablemente golpeado Ryoga arribó a la sala.

-¡Hasta que por fin despiertas! – exclamó alzando ambas cejas, cogiendo el mando de la televisión para restarle unas cuantas barritas al volumen- ¡Vaya, hombre, te has visto ya en el espejo!

El chico de la pañoleta amarilla intentó percibir algún atisbo de la burla usual en su compañero, pero no la halló. Arrastró lo pies en dirección a uno de los sofás individuales y contestó:

-No, tampoco quiero hacerlo – arrugó el ceño, acomodándose mejor en el sofá- Por cierto… de casualidad, tú… tú sabes como... tú sabes que… -desvió la mirada, evidentemente turbado- ¿C-Cómo llegué aquí, Ranma?

-Yo te traje –respondió el otro- ¿Qué no lo recuerdas? Te encontré en la azotea, amigo, estabas medio inconsciente y dijiste "Akane" antes de desmayarte completamente. Entonces yo, como buen samaritano que soy, te traje.

-Ah…- parpadeó repetidas veces, desconcertado- No recuerdo haberte dicho…

-Sí, y respecto a eso… - se incorporó en el sofá apagando la televisión, seguro que el relato de Ryoga sentaría muchísimo mejor que un viejo programa-¿Serías tan gentil de explicarme lo que pasó?

El sonrojo acaparó sus mejillas enseguida. ¿Cómo explicarle que una chica lo había derribado? ¡Sería el blanco de sus pesadas bromas durante un mes entero, quizás más! Por otro lado recordó la urgencia de Akane porque el asunto de las fosas encantadas fuera confidencial.

-¡Vamos, Ryoga! Nos conocemos hace mucho tiempo, ¿Y no me tienes confianza? –se ofendió Ranma, echándose hacia atrás –Es evidente que algo romanticón ocurrió ahí entre esa chica y tú, ¿no?

-¿Eh? –atinó a decir, desencajado.

-Sí, yo conozco bien sobre esas reuniones en la azotea. No tienes que fingir –esbozó una sonrisa pícara –pero imagino que si quedaste así de noqueado, con una marca de zapato estampada en el cara es porque alguna bobería "mata pasiones" debiste haber dicho.

Ryoga rió nervioso, y respondió:

-N-No es lo que piensas, Ranma.

-¡¿Cómo que no?! – rió Ranma a la par- Ryoga, no seas tímido. ¡Ya era hora que apareciera una chica en tu vida! He llegado a pensar que… bueno, que ya sabes… -se enserió de pronto buscando el término adecuado- …Hum… que "juegas para el otro equipo", ¡Pero ahora veo que me equivocaba! ¡No sabes el alivio que siento! – sonrió asintiendo como reafirmando lo dicho.

-Por supuesto que me gustan las chicas, idiota – arrugó el ceño, Ryoga – Sólo que no ha aparecido la chica correcta, eso es todo.

-¿Cómo que no que ha aparecido? ¿Y qué hay de Akane? – Insistió Ranma, muy serio - No te rindas por una pequeña discusión. Con la vasta experiencia que tengo en estos asuntos, estoy segura que la chica está ahora en su cama al lado del teléfono esperando a que la llames para una disculpa o se pasea obsesionada de un lado a otro pensando en lo 'insensibles que son los hombres' y que 'nunca te perdonará', pero no creo que hayas dicho algo tan terrible. Las chicas suelen exagerar todo, ¡Ah y son muy contradictorias, amigo! Dicen una cosa y piensan otra completamente diferente, así que no te aflijas a la primera de cambio, sólo hay que 'saberlas llevar' – hizo una pausa para darle la oportunidad de contestar. Tres segundos bastaron para enterarse de que Ryoga permanecería callado, y aprovechando para indagar un poco más en el asunto, agregó–Ahora dime, ¿Qué fue lo que dijiste? Digo, tal vez pueda decirte del uno al diez que tan malo fue.

-B-Bueno… -tartamudeó… y recordó.

Flash back.

-¿y cómo sabes si no tendré novia para ese entonces?- consultó en un tono más bajo que apenas llegó a los oídos de ella, quién al oírle, sonrió de una manera casi burlona, pero antes de que le contestara Hibiki se adelantó-Está bien, está bien…pero….- ¡oh, si creía que ella era la única astuta en el juego estaba muy equivocada!, por lo tanto se apresuró a agregar-¿Qué gano yo con llevarte allá?

La muchacha se metió sus manos a los bolsillos con su típica indiferencia, y le respondió:

-Una cara sin marcas de esas que acompañan de por vida- dijo otra vez en ese tono tan simple y natural que arrastraba palabras que no debieran siquiera relacionarse con el tono empleado.

Las intenciones fueron procesadas, y ahora fue su turno de plasmar la burla en su rostro.

-¡¿Qué insinúas? ,no ha nacido la chica capaz de propinarme un golpe, por si no lo sabes…- sonrió con prepotencia- …me dedico a las artes marciales desde niño, y comprenderás lo capacitado que….- una patada de lleno en su cara fue lo que impidió la finalización de la oración.

Cayó al suelo debido a la fuerza del impacto, y seguidamente, oyó la puerta abrirse y cerrarse de golpe...,y esto fue lo último que oyó antes de perder la consciencia.

Fin del flash back.

-Tal vez… lo subestimé un poco – respondió en todo derrotado.

-¿Cómo que la subestimaste? –inquirió Ranma, con expresión confundida.

-Subestimé su fuerza – aclaró el muchacho – Fue por eso que… ¡Bueno, de todas formas no importa ya! No tengo nada con Tendo Akane, nuestra pequeña reunión a la azotea fue para que le hiciera un favor eso es todo – añadió molesto.

-¿Un favor?

-Sí, un favor – siseó entre dientes, muy serio – Es un favor personal así que no insistas.

Ranma desvió la mirada, meditando en las palabras de su amigo. Por más que lo intentó no pudo imaginar qué clase de favores podría requerirse de Ryoga. Finalmente se encogió de hombros y volvió a mirarle para preguntar con curiosidad:

-Por cierto, ¿Cuál de todas es Akane? Porque va en nuestra clase, supongo. Tal vez mañana pueda fijarme en quién es

-¿Para qué quieres saberlo? – preguntó Ryoga, de repente muy ansioso en dar por terminada esta plática tan incómoda para él – Ya te dije que no es nada mío, sólo una compañera.

-Una compañera que te dio una buena paliza – entrecerró la mirada, convirtiéndola en dos rendijas grisáceas.

Fue un golpe bajo para Ryoga, quién se limitó a guardar silencio. Él continuó.

-Y tú, aunque no eres tan bueno como yo, sí eres lo bastante para vencer a hombres rudos como aquel sujeto del restaurante hace unos meses ¿Recuerdas? Entonces, no me explico cómo es que una chica pudo vencerte así. Debe tener mucha fuerza, es decir, basta con mirarte a la cara para saber que no es una chica normal – se rascó la mejilla derecha, mirando fijamente la zona enrojecida del rostro marcado del muchacho, una zona delineada en una huella de zapato.

-¡Ya basta, Ranma! – Estalló el otro levantándose de sopetón – No quiero hablar más del asunto, ¡Estoy harto!

El sonido de sus pesados pasos abandonando la sala, retumbó en las paredes.

…Y Ranma supo lo herido que se sentía el muchacho. Debía ser empático. Si una chica lo derrotara, se sentiría tan humillado y frustrado que ni siquiera se asomaría fuera de su cuarto.

Se acomodó en el sofá y llevó ambas manos para entrelazarlas tras su cabeza.

Una chica violenta y sumamente fuerte… Enseguida la imagen de aquella chica que se había topado acudió a su mente.

Flash back.

-¡Hola! Disculpa, ¡¿Podrías decirme dónde está el baño de hombres?

Dirigió sus ojos castaños a una mirada grisácea que la admiraban con cierta vergüenza impresa en sus mejillas.

-¡Yo que sé!- respondió la chica de mala gana desviando la mirada- ,pero deberías apurarte, las clases ya empezaron.

-¡¿Qué?- instintivamente miró al reloj en su muñeca. Efectivamente, aproximadamente veinte minutos minutos que había malgastado recorriendo media universidad en busca del baño que nunca encontró-¡demonios!- gruñó, y luego miró a la chica- oye ¿y tú cómo sabes que…?

-voy en la misma clase que tú- lo interrumpió sin mirarlo, como si le importara menos su presencia.

-¿y por qué no vas a clase?- inquirió, demás está decir que esa muchacha le inspira cierta curiosidad.

-¡Porque no quiero!, ¡¿No es obvio? ¿Por qué no te largas y te pierdes de paso? Quiero estar SOLA- contestó acentuando la última palabra, volteando a mirarlo de una manera fulminante y amenazadora, pero él, que ya acostumbrado está a recibir esa clase de miradas debido al compañero que tiene, poco puede afectarle por lo tanto contestó con naturalidad:

-No tienes de qué preocuparte, si sigues con esa actitud así te vas a quedar por el resto de tu vida- y sin decir más, se levantó y se marchó bajo la atenta mirada de la chica.

Fin del flash back.

Y dijo que estaba en mi clase. Debe ser ella.

Chasqueó la lengua y su rostro se contrajo en una expresión de genuino disgusto. Sí, debía ser esa chica apática…

Era bonita, aunque no poseía una belleza arrebatadora, era imposible descalificar su apariencia, pero... -meditó el hombre- parecía habituada a actuar a la defensiva y a repartir desplantes, y ahora resulta que además, poseía una fuerza descomunal.

En definitiva, era mejor no involucrarse con ella...


No volvió a tocarse el tema de la chica violenta, y afortunadamente el golpe en pleno rostro de Ryoga ya era menos notorio al día siguiente.

Ranma decidió no insistir en el tema. Por primera vez en su vida escogió ser respetuoso. Ryoga, por su parte, marchó esa mañana dispuesto a llegar temprano para no sentarse cerca de ella. Había decidido apartarse de una chica tan extraña y violenta, por muy bonita que le pareciese, no se relacionaría con ella, aunque muy dentro suyo sabía que no era el comportamiento tan peculiar de ella lo que lo repelía sino la golpiza que le propinó, la misma que le hería el orgullo cada vez que la rememoraba, la que no le permitía acercarse a ella.

Mientras tanto, Ranma y Ukyo rescataban aquella amistad que se mantuvo guardada durante tantos años. Se llevaban de maravilla, y pronto entre Ryoga y Ukyo, por intermedio de Ranma, surgió una incipiente amistad. A los tres se les veía siempre juntos, parecía que se conociesen de toda la vida, como si no hubiera habido ningún espacio de distanciamiento.

Habían transcurrido cuatro días desde aquel suceso en la azotea cuando, caminando por las áreas verdes de la universidad, Yuka comentó a sus dos amigas:

-Miren, Ukyo está de nuevo junto a ese guapo de ojos claros y al chino que llegó a sentarse con nosotras el primer día, ¡No es más que una zorra! -esbozó una sonrisa torcida.

-No hay que darle importancia, Yuka -respondió Sayuri con un mechón de su cabello castaño entre los dedos- Es sólo Ukyo. No hay problema- añadió sonriente.

Akane oía los comentarios sin darse por aludida, pero no pudo evitar mirar en la misma dirección que lo hacían sus amigas.

A lo lejos Ukyo, Ranma y Ryoga reían al pie de uno de los árboles que adornaba la estancia. Parecían muy entretenidos, lo bastante como para no notar el escudriño.

Ryoga, ese estúpido... Pensó Akane, entrecerrando la mirada fijándose en el muchacho de la pañoleta amarilla.

Era cierto que no había hecho lo propio por acercarse a él, pero es que era evidente que la evadía. Lo hacía en los pasillos y en las escaleras se iba al otro extremo y subía con tal prisa, afanándose en permanecer el menor tiempo cerca de ella.

Era muy claro que el chico se estaba sacudiendo la responsabilidad de llevarla a las fosas encantadas, como había prometido... Bueno, tampoco es que lo haya prometido, ¡pero parecía conforme! ...De seguro lo pensó mejor y ahora la evitaba para incumplir el 'trato'. Sí, prefería pensar en ello porque si daba por sentado la segunda opción, es decir, que el chico la evitaba por haberle golpeado, correría hasta él en ese preciso momento y lo demolería a golpes. Una chica no debía ser, necesariamente, una jovencita toda rosa y con tonterías románticas en mente.

¡Oh, pero el que ella no se acercara a él no significaba en lo absoluto que había desistido respecto a sus planes! No, lo esencial para ella es llegar a las fosas encantadas, y lo haría sin importar de qué modo. Como dice aquel dicho, "El fin justifica los medios", y ella sí que necesitaba acudir ese lugar... Nadie podía intuir con cuanta fuerza lo deseaba...

Sólo le estaba dando su espacio.


Era domingo y Ukyo, Ryoga y Ranma, se habían reunido en el apartamento de estos dos últimos a comer pizza y ver una película, pero en esos momentos, la plática sostenida se había vuelto muyyyy interesante.

-¡Oh, ya Ranma, cuenta como fue! - demandó Ukyo, risueña.

Ranma le dio una mordida a su trozo de pizza. La verdad, no le gustaba compartir esos momentos. Para él, la intimidad con una chica debía ser confidencial, no un hecho de lo que enorgullecerse frente al resto.

Había oído en varias ocasiones a otros amigos referirse a sus chicas como quién consigue un triunfo y lo declama, relatando con detalles noches apasionadas dando pie a que se pensara lo peor de la chica, mientras que el hombre era digno de aplausos y hasta de admiración. Él lo detestaba, por ello es que nunca ventilaba sus relaciones sexuales, como quien dice "Un caballero no tiene memoria".

-Ya les he dicho que no me gusta hablar de esos temas.

-¡Pero sólo somos nosotros!- Reclamó Ryoga, muy concentrado extrayendo de su pizza los champiñones.

-Es verdad aquí hay confianza, Ranma- lo animó Ukyo, ansiosa por saber.

No es que fuera una pervertida ansiosa por oír una anécdota de la misma índole, pero es que le interesaba mucho el oji-azul y, estos últimos días una curiosa necesidad por saber más de él la carcomía. ¡Quería saberlo todo!... Quería saber más de él que cualquier persona en el mundo, entenderlo mejor que nadie y recobrar enteramente aquel lazo inquebrantable que la había mantenido unida a él en la niñez.

Ranma respiró hondo y dejó su pizza a un lado.

Ukyo se acomodó en su sitio. Ryoga le miró con atención.

-Haré una excepción esta vez,... ¡pero sólo porque son ustedes!

Los otros dos asintieron a la misma vez.

-Está bien... -desvió la mirada- Fue con una chica de la preparatoria.

-¡¿De la preparatoria?! - exclamó Ryoga, sorprendido, con sus ojos abiertos a más no poder- No me digas que...

-¡Déjame terminar la historia! - reclamó Ranma.

Ukyo le dio un codazo a Ryoga y al recibir su expresión de "¿Y qué hice ahora?", ella apuntó con la mirada a Ranma como diciendo "Ya sabes lo que nos costó que hablara, ¡No lo heches a perder!". Ryoga se sobrecogió en su sitio, y ambos le miraron con renovada atención.

Ranma sonrió casi imperceptiblemente. Había notado entre ellos una conexión importante.

-Ya, sigue Ranma. Te escuchamos -le hizo saber Ukyo.

-Fue con Shampoo, una chica que conocí en el cumpleaños de un amigo.

-¡¿Con Shampoo?! -se alteró Ryoga y se quedó petrificado analizando los hechos, hasta que por fin reaccionó con una sonrisa triunfal- ¡Oh, siempre lo supe! ¡Siempre! ¡Ves como sí tenía razón, Ranma! ¡Y tú que siempre me lo negabas! ¡Ja! - hizo un ademán como de sacudirse una pelusa de su camiseta amarilla y con una sonrisa de medio lado y una mirada entrecerrada, expresión que guardaba para cuando tenía la razón, añadió - Nada se le escapa al perceptivo Hibiki Ryoga.

-Oye "perceptivo Hibiki Ryoga"... -siseó Ukyo, con un puño en lo alto.

El muchacho por instinto puso sus manos de escudo y rió nerviosamente.

Ranma carraspeó, y ambos le devolvieron la atención.

-L-Lo siento, Ranma. Continúa- lo animó Ryoga, alejándose un poco de Ukyo.

-Bueno, nos conocimos... Ella me parecía guapa, bueno, a todos en realidad. Era realmente bella. Esa misma noche la invité a salir al día siguiente. Comimos café y pastel en una cafetería. Llovía y como la cafetería cerca de mi casa, pues la convidé a que esperáramos mientras pasaba la lluvia. Y... terminamos acostándonos... -terminó diciendo casi en un susurro avergonzado.

-¡¿En la primera cita?! - exclamó Ukyo enarcando ambas cejas- ¡Vaya, con esa chica!...

Ranma se encogió de hombros y abstuvo de responder "Sí, reconozco que no me costó tanto", pero no lo apreció adecuado.

-No puedo creer que me mintieras cuando te pregunté si había pasado algo - comentó Ryoga, algo ofendido.

-Vamos Ryoga, andas igual de dramático que una chica - y lo golpeó en el hombro, animado.

-Sigue contando Ranma. Todavía no nos dices como fue - inquirió Ukyo, apoyando su codo al borde de la mesa para sostener su rostro.

Le siguieron unos instantes de silencio en los que el chico pensaba en las palabras que debiera ocupar. Finalmente respondió:

-Fue... interesante. Ella sabía muchas cosas - desvió la mirada- Nos besamos en sala, después nos fuimos al cuarto, la desnudé, ella me desnudó... fue increíble. Ella de verdad sabía lo que hacía - sonrió al recordar la forma de seducir de aquella chinita, cómo cada movimiento revelado por ella conseguía encenderlo. Jamás había pensado que susurros al oído en japonés mal hablado conseguirían excitarlo tanto, y es que si de palabras sucias se tratara, Shampoo era digna de ovaciones.

Ukyo y Ryoga se miraron el uno al otro con una sonrisa pícara en los labios.

-¡No hagan eso! - se exasperó el oji-azul dando por finalizados sus recuerdos lascivos, y para desviar la atención, se dirigió a Ukyo con fuerza en su voz-¿Y qué hay de ti, Ukyo? ¿Alguien en tu vida de quién nos quieras contar?

Inmediatamente un furioso sonrojo pudo con la palidez habitual de su rostro.

Odiaba que temas como aquel se dirigieran a ella, porque sencillamente nunca hubo nadie a quién le fuera regalado siquiera su primer beso. Y este asunto la abochornaba. ¿Qué pensarían? ¿Qué nunca ningún hombre se interesó por ella y por ende le conferirían lástima?

-P-Pues... E-Estos temas... - hizo una pausa para buscar en sí misma la calma- Estos temas son más bochornosos para las mujeres que para los hombres. Así que no hablaré de ello.

-¡Pero yo también tenía vergüenza y aún así hablé! - rebatió Ranma.

-Es verdad que para ella pueda ser más vergonzoso Ranma, déjala ya en paz - opinó Ryoga en defensa de la azorada chica.

-¿Y qué hay de ti, Ryoga? -quiso saber, Ukyo, inocentemente.

Un repentino nerviosismo invadió al chico de coleta, quién dejó su vaso de bebida a medio camino.

-Sí, Ryoga, cuéntanos sobre ti - animó Ranma con una sonrisa burlona.

Ryoga lo fulminó con la mirada. El oji-azul sabía que él nunca había tenido pareja, pero por lo visto este gusta de saborear su humillación cual platillo preferido.

-El primer día de clases, Ryoga tuvo una "cita" con Tendo en la azotea - comentó para picarle un poco más.

-¡Ranma! - exclamó Ryoga dando un golpe a la mesa, conteniendo el impulso de lanzarse sobre él para molerlo a golpes.

-¡¿Tuviste una cita con Tendo?! - exclamó Ukyo, muy sorprendida.

-No, no fue una cita- apresuró en aclarar, respirando hondamente para retomar la serenidad perdida momentáneamente.

-Ten cuidado con ella, Ryoga - aconsejó la castaña, como si no hubiese oído la oración anterior- Es amiga de Sayuri - contrajo su rostro en una expresión desagradable al pronunciar su nombre - a esa chica la conocí en la preparatoria e imagino que si Tendo es tan amiga de Sayuri es porque será del mismo tipo.

Ryoga arrugo el ceño. Recordaba haber compartido con el trío de amigas el primer día que llegó. Sayuri y Yuka eran un par de chicas muy coquetas, y enseñaban una indiscutible aversión por Ukyo, pero Akane era distinta a ellas... muy distinta, ¿Por qué será amiga de unas chicas como ellas?

-Akane es diferente - dijo sin pensar.

Ranma dio una mordida a su pizza. Ukyo le miró con más atención.

-¿Como diferente, Ryoga?

Ryoga desvió la mirada y la chica percibió al instante su incomodidad.

-De todas formas, nunca te he visto cerca de ella -agregó, permitiendo que no contestara a su pregunta.

-No fue una cita -replicó Ryoga - sólo me quería para un favor, eso es todo.

-¿Qué clase de favor? -achicó la mirada la inquisitiva chica.

-¡Lo mismo le pregunté yo! - acotó Ranma con la boca llena.

Ryoga bebió un sorbo de su bebida, para retardar su respuesta.

-Es personal -contestó finalmente, depositando el vaso con cuidado sobre la mesa.

-Como sea, ten cuidado con ella - insistió, Ukyo- Aunque digas que son diferentes, si son tan amigas como para llevarse de maravilla es porque algo en común deben de tener, y para prevenir es mejor apartarse.

-Se ve que le tienes mucho rencor a esa chica... Sayuri - comentó Ranma enarcando una ceja.

De pronto el aura de Ukyo se ennegreció notablemente, y su mirada se tornó opaca.

-No sólo le tengo rencor, ¡La aborrezco con toda mi alma! - replicó con semblante oscurecido.

Ranma y Ryoga acordaron silenciosamente en que ya era hora de ver la película.


Los días habían transcurrido en rutina. Akane seguía sin acercarse a Ryoga, y este por su parte, tampoco tenía intenciones de acercarse a ella. Yuka y Sayuri insistían en hablar de Ukyo a sus espaldas. Las clases se habían escurrido en la costumbre de cada quién y ya asistir a la universidad no era una novedad, sino rutina.

Hacía calor aquel jueves por la tarde, y Akane debía apurarse si no deseaba llegar tarde a su clase dentro de quince minutos, pero algo la había detenido...algo la mantenía encerrada en uno de los cubículos privados del baño de damas, aguardando a que la discusión entre las cuatro chicas finalizara y se marcharan de una buena vez!.

Suspiró... Había sido mala idea ir al baño. Por lo general lo evitaba ya que estaba propensa a incidentes, pero en esa ocasión por algún despiste había acudido; dentro de su distracción se había olvidado de su problemática con el agua fría y había vuelto a ser la chica normal que era antes ..., sin embargo, cuando lo recordó ya era demasiado tarde.

No es que soliera olvidar relevancias. No había dormido bien las últimas noches, por ello se sentía cansada durante los días, los cuales pesaban como plomo sobre sus hombros.

Las chicas que ahora discutían a gritos, intercambiando insultos y demás agravios, habían llegado como amigas, no obstante un comentario de una había desencadenado la discusión. En medio del alboroto, una de ellas había cogido un balde con agua sucia ...y helada, y había aventado su contenido sobre dos de las chicas. Y por desgracia cuando justo cuando se disponía a salir las gotas la salpicaron y la transformación se dio. Sin embargo, las chicas se hallaban lo bastante alteradas y ofendidas como para prestarle atención, pensó en salir corriendo pero había advertido al grupo de muchachos escondidos cerca de la puerta, riéndose de la discusión, y salir así de esa manera no era la mejor opción. Se escurrió, como fusionándose con el escenario hacia uno de los cubículos y ahí había permanecido hasta entonces... Durante casi veinte minutos...

Hasta que, afortunadamente, llegó un grupo de profesoras a desalojar el sitio. Alboroto, más alboroto, y silencio...

Akane, respiró hondamente, antes de abrir la puerta con mucho cuidado. Sí, no había nadie. En el baño como único vestigio del pasado pleito, se hallaba una enorme posa de agua en el suelo.

Maldición, necesito agua caliente. pensó Akane.

Tuvo la cautela de caminar pegada a la pared, agudizando el oído para cerciorarse de si aún quedaban algunos jóvenes fuera del baño de damas. Silencio... Intuyó que las maestras también se habían encargado de ellos.

En una idea fugaz, que por nerviosa no se le había ocurrido, extrajo un polerón de su mochila. Se lo puso, y guardó dentro su larga cabellera, seguidamente se subió la capucha. Miró por un par de segundos su imagen, y finalmente como una bala abandonó el baño de damas... pero su mala suerte no acabó ahí porque enseguida se topó con un par de ojos azules cuya dueña había presenciado su huida de aquel sitio privado, dedicado en exclusividad para mujeres.

Se detuvo de golpe, como petrificado. Kuonji no le dedicó expresión alguna, parecía en el mismo estado que ella.

Reaccionó primero, carraspeó arrugando el ceño y bajó un poco más la capucha para esconderse un poco más el rostro. Ya ahora caminaba a paso normal. Pero cuando pasó por su lado, ella la sostuvo por el brazo deteniéndolo.

Akane tragó grueso.

Su cuerpo en versión masculina no era musculoso, ni atlético. Era, aparentemente, el cuerpo de un chico normal, algo debilucho y muy delgado. Con el cabello oscuro, muy oscuro y ojos del mismo color, contrastando la blancura de su piel. Su rostro ahora era más cuadrado, con facciones varoniles adquiridas y ganaba unos centímetros demás. Pero la fuerza que tenía de mujer se acrecentaba cada vez que se transformaba. Su aspecto endeleble era un completo engaño.

-¡¿Qué hacías en el baño de chicas?! - le oyó exclamar, airada.

-Me equivoqué de baño -atinó a decir, sin mirarla.

-¡Sí, claro! - exclamó irónicamente la castaña y agregó con absoluta seriedad reflejada en su timbre fuerte de voz -Pervertido, le diré al director. ¡Vamos! -e hizo el intento de arrastrarla.

-Qué estúpida eres - contestó el chico soltándose de golpe y sin miramientos, volteando a mirarla -¡Vamos, intenta llevarme si es que puedes! -se burló con una amplia sonrisa.

Vio cómo la expresión de Ukyo varió a enfado, luego a sorpresa y después a triunfo, mientras una sombra se proyectaba detrás de ella.

-¿Qué está ocurriendo, Uyo? -habló una voz ronca, rotunda, muy masculina. La había oído antes ...

Saotome. Cerró los ojos unos segundos, arrugando los párpados como quién quiere desaparecer del planeta.

Lentamente, muy lentamente dio media vuelta para encontrarse con el chico, que seguía siendo más alto que él.

Ranma recorrió con la vista al muchacho. Lucía un polerón verde claro que parecía ser una o dos tallas menor de la correspondiente, un pantalón muy ajustado y también muy corto... y unas converse negras, el oji-azul juraría que al igual que el resto de la indumentaria, también eran unas tallas menor. Lucía patético.

-Lo sorprendí saliendo del baño de damas - contestó Ukyo cruzándose de brazos- Y además de eso se burló de que no puedo llevarlo a la rectoría, el muy pelmazo.

Akane la fulminó con la mirada.

-Aunque es.. extraño, ¿No crees? - comentó Ranma ladeando el rostro, como quién comenta sobre el clima.

-¿Qué cosa? ¿De qué hablas? - preguntó la castaña confundida.

Mientras Akane deslizaba un pies y luego el otro apartándose para huir cuanto antes, pero esta vez una mano mas grande que la anterior, la sostuvo y la devolvió de un brusco movimiento a ellos.

-Él... mira sus ropas.. -arrugó la nariz, revisándolo visualmente por segunda vez - Parece sacado de una tira cómica.

-Ah sí, tienes razón, ¿Por qué usará ropa más pequeña? -consultó Ukyo fijándose en el polerón verde claro, con un dedo índice sobre su mentón.

-¡Hay gustos y gustos! -Exclamó el muchacho negando con la cabeza, pensando en lo enloquecido que estaba el mundo, con sus modas pasajeras y su gente estrafalaria.

-¡Suéltame, imbécil! -estalló el delgado chico, ya no soportando la inspección de ambos ni aquella conversación que sostenían sobre él como si no estuviera. Intentó liberarse del agarre, pero no le fue posible. Ranma lo tenía muy sujeto.

-¿Cómo puedes usar esa ropa? -insistió Ranma, sin inmutarse siquiera por la cólera del muchacho- Es que no ves que se te nota tu amigo pequeño...

De pronto Akane se detuvo y le dedicó una contorsionada expresión de incomprensión. Ranma abrió un poco mas sus ojos y le indicó con el mentón hacia abajo.

Entonces... cayó en la cuenta. No había reparado en ese... ínfimo detalle...

El pantalón le quedaba tan estrecho que...

-¡Oh cielos! Ya no llegamos a clase, ahora sí. Si antes estábamos atrasados, ahora ya no podemos llegar - exclamó Ukyo al revisar su reloj de pulsera, quién no se había percatado del último diálogo entre ambos jóvenes- ¿Pasa algo? - preguntó al notar un furioso sonrojo en el rostro del chico delgado y una mueca divertida en el rostro de Ranma.

-No, nada - se apuró en contestar, dirigiéndose a la castaña -Ukyo, ve a buscar a Ryoga. Seguro que el muy tonto terminó por perderse. Yo me encargo de este asunto - dijo apuntando al chico que ya no intentaba liberarse, mas bien ahora había adoptado una actitud completamente diferente, y extraña según el punto de vista de la chica.

Akane tenía la vista clavada en el suelo, tenía el rostro completamente rojo y su mano libre estaba encerrada en un puño a un lado de su cuerpo. Parecía muy turbado...

Ukyo se encogió de hombros.

-Está bien, tú encárgate. Yo voy por ese idiota - y se alejó de ambos trotando.

Cuando quedaron solos, Ranma lo soltó. Akane no hizo nada por escapar como hubiera hecho minutos antes, estaba petrificada en su sitio siendo consumida por su propia vergüenza.

El oji-azul se acercó a un bolso negro que había dejado apoyado en la pared antes de acercarse al par de chicas y se lo lanzó a Akane quién por mero acto de reflejo lo atajó.

-Ahí hay ropa deportiva, digo... no querrás salir así, ¿Verdad? Aunque sea tu estilo, deberías tener mas cuidado con esas cosas. En Japón somos muy respetuosos- sonrió apoyándose en la pared.

Akane desconcertado miró el bolso que sostenía. Parpadeó repetidas veces, desconcertado. Miró a Ranma y luego al bolso, a Ranma y otra vez al bolso. Lanzó un suspiro e hizo otro chequeo de su atuendo. Contrajo su rostro en una expresión horrorizada. Se encaminó al baño de damas, pero cuando estaba por entrar, Ranma lo sostuvo del brazo nuevamente y prácticamente lo arrastró hacia el baño de varones, situado justo al lado.

-Sí que eres desorientado, ¡incluso Ryoga sabe diferenciar entre el baño de mujeres y el de hombres! - le oyó comentar risueño, mientras el chico se adentraba como un zombie en busca de un cubículo privado para cambiarse.


Después de algunos minutos, Akane revisaba su apariencia en el espejo. Las ropas ahora le quedaban algo grandes, pero esta vez, al menos, lucía como un hombre decente.

¿Cómo permití que esto ocurriera?. Se preguntó restregándose el rostro con una mano en señal de frustración. Antes era más cuidadosa... Sí, no había dormido bien las últimas noches, pero eso no era justificación para actuar con tanta irresponsabilidad.

Se miraba a los ojos, tan oscuros como los de ella en su versión original.

Recordó que hasta el año anterior sólo vestía ropas holgadas, propias de un muchacho, estando siempre preparada en caso de que algún incidente la transformara. Pero para este año no quería vestir como un chico, sino como una chica normal... o al menos, fingir que lo era para sobrellevar mejor su mala suerte. Por lo visto, no era suficiente... ¿Será que debía volver a sus antiguos atuendos?

Sonrió amargamente. Oscuros recuerdos acudieron a su mente, recuerdos de burlas pasadas muy hirientes.

-Te quedan un poco grandes - notó Ranma llegando hasta él, revisando el nuevo aspecto del muchacho - Pero es mejor que las ropas que llevabas puestas.

Akane entrecerró la mirada mirándolo por medio del espejo.

-Te devolveré tu ropa mañana mismo.

-Como quieras - se encogió de hombros, encaminándose a los urinarios.

Akane abrió el grifo del agua y se empapó el rostro, entonces se fijó en que Saotome se desabrochaba su bragueta. El horror instantáneo enmarcó su rostro.

-¡¿Qué haces?! - exclamó espantada, cerrando el grifo.

El sonido característico de la orina cayendo al urinario acaparó el sitio. A Akane el corazón le golpeaba furiosamente en el pecho. Ranma volteó el rostro para dedicarle una expresión confundida.

-¿Qué no ves?

¡Aquel chico sí que era extraño!

-¡Oh por Dios! - exclamó a lo alto recogiendo la bola en que había convertido sus prendas, y dio media vuelta para abandonar cuanto antes el baño masculino. Estuvo a punto de cruzar el umbral, cuando se detuvo.

Ranma se volvía a abrochar la bragueta, y advirtió el estancamiento del muchacho.

-¿Qué ocurre ahora? - quiso saber, por algún motivo temiendo escuchar una respuesta. Caminó hasta los lavabos para lavarse las manos. El chico había dado media vuelta, pero tenía el rostro gacho y completamente rojo. Ranma pudo jurar que incluso le temblaban las piernas- Vamos, dilo -lo animó, intentando ser amable.

En ese instante Akane elevó el rostro con la determinación brillando en su mirada. Tenía los labios apretados y el sonrojo parecía haberse acentuado, pero brillaba en ella una seguridad implacable. Ranma lo miró, aguardando en silencio..., pero jamás se esperó la oración siguiente.

-¡Enséñame a orinar! - exclamó con fuerza, expulsando las palabras que tanto trabajo le había costado pronunciar.

-¡¿QUÉ?!- pegó el grito al cielo, estupefacto.

Akane se encogió de hombros, y sintiendo el calor de su rostro llegando a límites insospechados, caminó con piernas tiesas hasta Ranma quién a la par retrocedía, como si evitara contagiarse con la curiosa enfermedad que seguro padecía aquel muchacho extraño.

Tenía sus perfectos ojos azules abiertos a mas no poder y la palidez de rostro contrastaba con el furioso sonrojo del otro muchacho, de pronto sintió la perfectamente justificable necesidad por salir corriendo de ahí, pero por algún motivo dejó de retroceder. En las negras pupilas del avergonzado muchacho podía leerse cierta urgencia apremiante que lo había llevado a hacer semejante solicitud ...y sintió compasión por él. Pensó Ranma que de seguro estaba enfermo o había tenido un accidente reciente, por tanto haciendo un esfuerzo sobrehumano le esbozó a como pudo una sonrisa... tensa, pero sonrisa a fin de cuentas.

Akane llegó hasta él, y puso una mano sobre su hombro, pero Ranma se sacudió enseguida alejándose un par de pasos.

-C-Claro... -tragó grueso -Ven - y se encaminó apurado a los urinarios.

El muchacho lo vio de espaldas. Parpadeó un par de veces y un cierto alivio lo inundó, sentía el calor de su rostro abandonarlo. Se encogió de hombros y se detuvo a su lado en el urinario conjunto.

-Has l-lo que yo -tartamudeó y se desabrochó la bragueta.

El furioso sonrojo volvió a golpear su rostro y enseguida desvió la mirada. Unos segundos más tarde, Ranma lo miró confundido.

-Oye, ¿Cómo quieres que te enseñe si no miras?

Parpadeó repetidas veces, aspirando por entre dientes, armándose de valor. Con lentitud volvió a mirar. Ahí estaba... Grande, expuesto... Abrió todavía más sus ojos y se apuró en prestar atención a su propia bragueta.

-De verdad eres un chico extraño -comentó Ranma, achicando el ojo derecho- Ya ahora, descubre el tuyo.

¿Por qué se avergonzaba tanto al estar en presencia de un segundo miembro a la vista? No es como si nunca antes se hubiese visto desnudo, pero... Era diferente. Una oleada de pánico lo sucumbió. ¡No, no podía! Jamás debió tomarse semejante osadía... NUNCA. Era un error, ¡Ya aprendería él a hacerlo por su cuenta, no necesitaba tutoriales! Esto sobrepasaba sus límites.

Era cierto que ya antes había tenido complicaciones. Era duro transformarse el chico con la vejiga llena, y siempre se había visto en apuros por conseguir agua fría. Cuando estaba solo había intentado pero siempre fracasaba estruendosamente en el intento... como ahora.

-¡NO PUEDO! - exclamó, rojo de vergüenza y abandonó corriendo el baño masculino, dejando ahí a un perplejo Ranma con el cabello revuelto ligeramente por la brisa de aquel extraño sujeto al echarse a correr.

Segundos más tarde, volvió a aparecer agitado por la carrera. Recogió a toda velocidad sus ropas hecha una bola que había soltado cerca de la puerta, y sin dirigirle ni una mirada, volvió a salir hecho una bala.

Continuará...