1
No había podido dejar de pensar en ese correo: "quiero que sepas que me gustas"…
Aunque no la conocía mucho, sabía que Kari no era ese tipo de chicas que van con cualquiera y le confiesan sus sentimientos.
Me pregunto qué la habrá llevado a decirme aquello. ¿De verdad le gusto mucho? O, como decía ella, ¿quería solamente que lo supiera? Había alguien que podía responderme aquello.
-Wow, esa chica sí que es valiente.- exclamó Sora, novia de mi hermano, luego de que le mostré el correo.
-¿Valiente?
-Te lo pongo así: está babeando por ti.- me mordí el labio en instinto para reprimir una sonrisa y sentí mis mejillas arder.
-¿Tú crees?
-¡Es más que obvio, TK! Ninguna chava se atrevería a hacer eso a menos que sienta que el muchacho vale la pena, o al menos, vale para ella.
Tenía razón. Pasaba algo similar con los hombres.
-Si me permites decirlo, creo que deberías darle una oportunidad.- voltee a verla, Sora estaba sonriendo con la mirada fija en la pantalla de la laptop.- Kari es una buena chica y ustedes dos harían una bonita pareja.
-No lo sé.- respondí casi automáticamente.- Aún está Cat…
-¿La rubia oxigenada? ¡TK, olvídate de ella! Es una perra maldita.
-Sora…
-Hablo en serio, me enojaré mucho contigo si regresas con ella, ni siquiera lo pienses.
Solté un suspiro. Ella tenía razón, Catherine había sido mi primer amor y quizá por ello aún la quería; estuvimos juntos por casi dos años pero…
De pie frente al umbral de la casa de mi novia, los nervios me estaban matando. Tomé aire, pasé saliva, olí las rosas que le llevaba, me aseguré de que la caja con el anillo de compromiso estuviera en mi pantalón y toqué la puerta.
Escuché pisadas como de alguien corriendo acompañadas de risas y mi corazón se aceleró.
Cual fue mi sorpresa al abrirse la puerta y ver que Catherine no estaba sola.
-¡TK!- exclamó ella, con sus ojos clavados en mí y una expresión de miedo. Me quedé mudo mirando al tipo, sin camisa y en bóxer, que estaba atrás de ella tomándola por la cintura.-Eh… yo… puedo explicarlo.
Voltee mi mirada, ella llevaba únicamente una camisa blanca de botones, con los primeros dos desabrochados dejando ver un poco sus senos, y ropa interior roja.
-¿Quién es él?- pregunté, haciendo un gran esfuerzo por no gritar.
-TK, él…
-Yo, niñito, soy el hombre que le da a Cat lo que tú no puedes.- respondió éste, dando un paso al frente.
Asentí solamente, di media vuelta para marcharme pero sin poder soportarlo más me devolví y le propiné un puñetazo en la cara.
-¡John!- gritó ella tocando su mejilla.
Arrojé las rosas al suelo y caminé a paso rápido fuera de la casa.
-¡Ven acá, imbécil!- escuché que me gritó aquél gorila.
-¡No, John! ¡Basta!
Me volví hacia él y justo antes de que me alcanzara su puño pude hacerme a un lado y le di otro golpe haciendo que cayera al piso.
-Esa es para que aprendas a no meterte en lo que no es tuyo.- dije, y me abalancé sobre él.- Ésta es por haber arruinado mi relación.- escuchaba a Catherine a mi espalda rogando que me detuviera pero a este punto no podía hacerlo.- Y ésta es por mí.- le di el mejor de mis golpes, aquél que cargué con toda mi ira.
Me levanté, sacudiéndome la ropa, Catherine estaba deshecha y se tiró al lado del tipo quien no dejaba de sangrar. Probablemente le había quebrado la nariz pero eso no me importaba.
-¡Eres un idiota!- se atrevió ella a gritarme.
-Y tú una perra maldita, púdrete Catherine, púdrete en el infierno.- le grité.
Di media vuelta y me alejé de esa casa, en la que hasta hoy, seis meses después, no he vuelto a pisar.
-TK, ¿irás a la fiesta de Mimí?- escuché la voz de Sora.
-¿Eh? Ah, eso… supongo que sí.
-¡Vamos, será divertido!
No estaba muy seguro de eso. Por lo general, aquellas fiestas terminaban con alguien herido, la casa deshecha, una aparición de la policía por consumo de drogas y alguien embarazada.
Pero no tenía nada mejor que hacer y la idea de quedarme encerrado en casa no me apetecía en lo más mínimo.
Iba distraídamente caminando rumbo a la parada del autobús cuando a lo lejos vi a una pareja que me llamó la atención. Él iba abrazando a una chica, de buen cuerpo y cabello lacio que le caía hasta la cintura. Centré mi atención en él y no pasaron segundos cuando sentí una estaca clavada en el pecho. Mis piernas no reaccionaron y entré en shock por un momento.
Era TK, con su brazo derecho estaba abrazándola y con su otra mano jugueteaba haciéndole cosquillas. Parpadee como si quisiera despertar de un sueño, tomé una gran bocanada de aire y seguí caminando, esperando pasar desapercibida por su lado, pero no fue así…
-¿Kari?- preguntó él. Levanté la vista, volví a ver sus ojos, a sentir su mirada enfocada en mí luego de hacia casi dos meses de no saber nada y mi corazón se aceleró.
-Hey… hola TK.- sonreí, o al menos eso intenté y debió parecer gracioso porque la susodicha sonrió.
-Te presento a Nataly, ella es mi… novia.- dijo él, y noté cierta pena en su voz.
-Mucho gusto.- saludé.- Hikari Yagami.
-El gusto es mío.
Más de medio segundo de incómodo silencio pasó y finalmente decidí hablar.
-Bueno yo… ¿cómo has estado?- le pregunté a él, haciendo un enorme esfuerzo por no sonreír como idiota.
-Bien.- respondió a secas.
Silencio de nuevo.
-¿Vas a clase?- preguntó Nataly, y noté cierta incomodidad en su voz.
-Eh… no. Ya me voy, de hecho.- dije apresuradamente para deshacerme de ellos.
-Claro, nos vemos luego.- respondió él. Asentí solamente.
-Hasta luego, Nataly.- me despedí y seguí mi camino.
Apenas sentí que estaba lo suficientemente lejos, me quebré.
¿Su novia? ¿Tan rápido había superado a su ex? ¿Tan pronto se le había terminado el amor?
Maldije la vida, maldije mi mala suerte, maldije a TK y me maldije a mí por ser tan tonta por esperarlo aún.
De pronto me embriagué de sentimientos y lloré más y más, aunque no veía bien por dónde iba seguí caminando.
Sentía la mirada de las personas a mi alrededor y me importó un bicho que me vieran así. Lo único que necesitaba era sacar el dolor, porque eso era lo que sentía: dolor. TK no me quería, nunca me quiso, nunca le gusté, lo de su ex novia fue un estúpido pretexto y yo…
Crucé una calle sin siquiera voltear a los lados, escuché que alguien gritó mi nombre y cuando giré mi cabeza a la derecha lo único que pude ver fue un gran resplandor seguido por un golpe en mi cadera.
Sentí que me elevé por el aire, era como si flotara y luego mi cabeza se estrelló en algo duro, juro que sentí mi brazo dar toda una vuelta. Sentía que algo vibraba en mi pecho y escuché como si se hubiera quebrado. Abrí los ojos y…
Me sobresalté al escuchar el vibrar de mi celular contra en el piso y con la vista aún borrosa, me levanté.
-¿Si?
-Kari… ¿estás bien?- preguntó Joe, cambiando su tono de voz.
-Eh… no lo sé.- inspeccioné mi cuerpo, me levanté cojeando ya que se me había dormido un pie y me miré en un espejo que estaba colgado en la sala.
Me había quedado dormida en el sillón y todo había sido un sueño.
-Mejor que nunca.- mentí.- ¿Y tú?
-Pues bien. ¿Qué planes tienes para hoy?
-Nada, la verdad.
Era sábado, yo acababa de regresar de mi clase de francés. Mi madre se había ido al mercado y mi hermano a alguna práctica de fútbol y probablemente no regresaría a dormir.
-Hagamos algo, ¡vamos al cine!
-Mmm no sé.- la verdad, no me hallaba de ánimos para salir, tenía ganas de quedarme en pijama en el sillón viendo comedias románticas y comiendo nieve del tarrón.
-Anda, no seas aguafiestas, de ahí podemos pasarnos a casa de Mimí, escuché que hará una fiesta.
-¿Mimí? ¿La Mimí que se la pasa mirándose al espejo y tocando su cabello a cada rato?- Joe rió.
-Sí, ella.
-No sé…
-Puede que vaya TK.
Y era cierto. Mimí era la mejor amiga de Sora, la novia del hermano de TK, así que había una gran probabilidad de toparme con ellos. ¡Demonios! Una parte de mí me gritaba que debía hacerlo, que debía ver a TK y no rendirme, pese a que él no me había correspondido de la misma manera, tenía que seguir intentando.
-¿Kari?
-¿A qué hora pasas por mí?
-A las 4:00pm, ponte guapa.- dijo mi mejor amigo y sonreí, agradeciendo infinitamente su amistad.
-Yo siempre.
Colgué el teléfono y me metí al baño. Me daría un largo baño.
El tan sólo pensar en que podía ver a TK me cambiaba de ánimo demasiado pronto. Era increíble el poder que tenía sobre mis emociones. Lo quería, yo estaba segura de eso y que no era un capricho u obsesión.
Y entonces pensé… que un soldado no se rinde al primer balazo que recibe, una guerra no termina hasta que haya victoria y yo no iba a darme por vencida con TK.
Tarde pero seguro! :D
Quiero dedicar esta historia a Nayeli De La Cruz García... ella ha sido mi seguidora en fanfic/twitter/whatsapp desde hace más de un año, es testiga de ésta historia (en la vida real), ha sido mi apoyo, mi amiga, mi confidente... ¿qué puedo decir? La quiero mucho y nena, si estás leyendo esto, quiero agradecerte por TODO lo que me has permitido compartir contigo y por querer compartir tu vida con una loca como yo :p
