Cantar al amor ya no bastará.

Es poco para mí si quiero decirte que nunca habrá cosa más bella que tú,

cosa más linda que tú. Única como eres, inmensa cuando quieres.

Gracias por existir...


02. Lucy


Tres días habían pasado desde que Santana la había metido en esa locura de la cual estaba segura que le sería difícil salir y, para su desgracia, Isabelle estaba de acuerdo con la latina lo que significaba que no tenía apoyo alguno y que debía hacer aquello quisiera o no, aunque la sola la idea de ayudar a Berry no le gustase para nada en absoluto.

Después de haber ido a buscar a la latina y a su amiga a las cercanías de Central Park, las llevo a ambas hasta el edificio donde quedaba el departamento de Santana, que casualmente quedaba un piso más abajo que el suyo. Una vez que las dos morenas quedaron en el departamento de Lopez, ella junto con Isabelle volvieron a la casa de mamá Josefina para conocer al novio de está.

A simple vista le pareció un tipo agradable y su madre se paso toda la cena sonriendo tomada de la mano de su novio o acariciándole el poco pelo que tenia en su cabeza. No es que fuera calvo porque era alguien mayor, sino que aquella incipiente calvicie parecía ser su estilo. De hecho, Quinn dio por hecho que el novio de su madre no pasaba los cincuenta años de edad, con buena forma física y aparentemente un humor divertido pero aun asi lo mantendría bien vigilado de cerca porque quería llegar a conocerlo bien y estar segura de a qué tipo de persona iba a entregar a su madre. Solo esperaba que su madre estuviera el suficiente tiempo al lado de ese hombre para poder llevar a cabo eso.

Una vez que volvió a su edificio, de camino a su piso se dirigió hacia el de Santana donde, no supo por qué, inventó cualquier excusa que la justificara de lo que realmente fue a preguntar o necesitaba saber. Por ejemplo, como se encontraba Berry.

No sabía el por qué preguntaba por aquella chica, quizás se debía a que durante la cena en casa de su madre recordó que había pasado por una situación casi similar donde le rompieron el corazón también y a pesar de no llevarse bien con la joven morena, ella siempre se solidarizaba con el genero femenino por mucho que llegaran a detestarse mutuamente.

-Maldita Berry- volvió a pensar por enésima vez en aquellos escasos tres días.

Y lo cierto era que quería poder dejar de maldecirla o por lo menos no dedicarle ningún pensamiento más aunque fuera por un par de horas, pero no podía porque era culpa de aquella chica odiosa que ahora ella estuviera metida en toda esa locura, pensando en la boda de alguien a quien ni siquiera conocía más que de verlo una sola vez en persona y de palabras recordando las pocas veces que Santana hablaba del chico, aunque las mayoría de las veces eran palabras tipo No sé si eres tonto nivel amateur, nivel profesional o nivel Finn Hudson, lo que llevó a Quinn a deducir que el chico en cuestión no era ningún genio y era en momentos como esos en los cuales se preguntaba que había visto Berry en él si no parecía ser tan inteligente.

No es que la amiga de Santana si lo fuera pero debía reconocer que la chica tenía algo que le hacía pensar que ningún hombre estaría a su altura, y no hablaba de manera literal porque si era asi Berry debía buscarse a alguien inferior al metro y medio de altura.

Una de las pocas cosas que le gustaba de compartir espacio con la amiga de Santana era que siempre pero siempre que se metía con la altura de la joven ésta enseguida se ponía a la defensiva defendiendo su metro cincuenta y ocho, como si estuviera orgullosa de medir asi.

Dejo escapar una sonrisa justo al mismo tiempo que su empleada en la biblioteca, Marley Rose, se asomaba por uno de los estantes avisándole que llegaba tarde a la reunión en su estudio fotográfico donde debía elegir a las actrices que iban aparecer en el próximo comercial que Chocolatería Fabray debía lanzar al mercado promocionando su nuevo producto antes de que su competencia más directa, Golosinas Parker, hiciera lo mismo.

Tomo su campera de cuero negra junto con sus lentes de aviador y su bolso antes de abandonar la pequeña biblioteca de la cual era dueña. Paso por al lado de Marley, una chica de cabellera marrón y ojos azules, y le regalo un tierno abrazo en el camino antes de abandonar el lugar dejando sola a la joven castaña que ya sabia que era lo que tenía que hacer cuando quedaba a cargo del establecimiento. Con un poco de suerte esa misma tarde dejaría de ser la única empleada para pasar a tener una compañera.

Quinn se subió a su motocicleta, una Ducati Monster regalo de su prima Isabelle, emprendiendo el viaje hacia East Harlem donde se encontraba su estudio fotográfico y donde se llevarían a cabo las pruebas de imagen para el comercial. Ella sería la encargada de tomar las fotografías, hacer las pruebas de imagen y demás pero quien se encargaba de elegir a la chica para el comercial era su madre después de que le enseñara el material. Quizás podía dar su opinión pero la última decisión para todo lo referente a la empresa siempre la tenia Josefina.

Lo que odiaba de trabajar en dos lugares casi en simultaneo era que amaba hacer ambas cosas, le gustaba estar en su estudio fotográfico y también le gustaba estar en su biblioteca leyendo los libros que debía vender, rentar o compartir, ver como las personas entraban al lugar buscando algún libro y se quedaban horas leyéndolo en alguna de las secciones que ella había creado para la comodidad de los lectores, como le gustaba llamar a las personas que iban a su biblioteca.

Al cabo de unos diez minutos llegó a East Harlem que era donde estaba ubicado su estudio fotográfico encontrándose con su hermano mayor en la entrada como si la estuviera esperando. Quinn estacionó su motocicleta antes de quitarse el casco y caminar hacia donde estaba Jason esperándola con una sonrisa en los labios y y su brazo estirado. Mismo que envolvió alrededor del cuello de su hermana menor antes de darle un beso en la cabeza y comenzar a caminar hacia el interior del estudio fotográfico.

-Mamá me envió para ayudarte a elegir a la modelo- respondió Jason cuando Quinn le pregunto la razón por la que se encontraba allí. -Piensa que quizás sea algo difícil para ti elegir entre tantas mujeres bellas.

-¿A qué ha venido ese comentario de mamá?- pregunto la rubia a la defensiva y con el entrecejo fruncido mirando a su hermano que se encogió de hombros sonriendo, cosa que le indicó a la joven Fabray que su hermano sí sabía algo. -Tú y mamá andan muy de secretismos y misterios últimamente. Siempre me dejan afuera de todo. Apuesto que hasta Brittany sabe lo que significa ese comentario de mamá.

-Ya, rubia. No te persigas el culo que no tiene nada malo lo que pensamos con mami Jose- afirmo Jason dejando nuevamente un beso en la cabeza de su hermana mientras entraban al lugar de trabajo de Quinn.

El edificio estaba perfectamente decorado al estilo de la rubia, con paredes blancas que contrastaban con las fotografías en blanco y negro que colgaban de allí dándole a la entrada del lugar un toque sofisticado y elegante. Quizás las fotografías que colgaban debían ser variadas y de diferentes personas, formas, paisajes, naturaleza muerta, entre otras cosas más pero Quinn había escogido una única modelo para eso.

-Aún no me acostumbro a ver a Rose colgada de tus paredes como si fuera una modelo de esas que trabajan para ti- comento Jason saludando a la secretaria de su hermana con un movimiento de su mano.

-¿Qué puedo decir? Rose es mi inspiración y fue mi primer modelo. Ella marco este rumbo para mi y le estoy eternamente agradecida- señalo Quinn soltándose del agarre de su hermano para girarse y saludar a su secretaria. -Buenos días, Sugar. ¿Alguna novedad para mi?

-Buenos días, señorita Quinn- correspondió una chica de cabello castaño y ojos cafés con una sonrisa amigable mientras chequeaba los papeles que tenía frente a ella. -Las modelos acaban de llegar hace poco más de diez minutos, pero no se preocupe que la señorita Lopez está adentro ocupándose de ellas hasta que usted llegase...

-Mierda- susurró la rubia mirando los papeles que su secretaria le había entregado mientras le contaba las novedades. -Corre, Jason. Ocúpate tú de las modelos porque Santana con ellas es un peligro. Yo la conozco.

Jason hizo caso a su hermana con una sonrisa traviesa guiñándole el ojo a Sugar, la secretaria, completamente divertido por el estado de histeria en el que parecía haber entrado Quinn, que en ese momento lo fulminaba con la mirada mientras movía las manos en clara señal de que se diera prisa.

No es que no confiara en Santana, lo que pasaba era que su mejor amiga sacaba a relucir todo su encanto y seducción cuando de mujeres lindas se trataba, y lo cierto era que hacía poco que la latina había terminado una relación de casi un año y eso solo significaba que ahora estaba más "lujuriosamente hormonal" que nunca, como llamaba Quinn al estado de libertad sexual de su mejor amiga.

-Sugar, ¿La señorita Lopez llegó... Acompañada?- pregunto Quinn casi con temor cuando vio a lo lejos una melena marrón que le pareció familiar. Miro a su secretaria de nuevo y ésta asintió con la cabeza. -¡Doble mierda! ¿Por qué tiene que hacerme esto Santana? ¿Y la otra qué? ¿Acaso necesita una niñera todo el tiempo?- Sugar la miro torciendo la cabeza como si tratara de entender que decía la rubia frente a ella y no lo lograse. -No me hagas caso, Sugar. Estoy a un paso de ir voluntariamente al psiquiátrico más cercano, asi que si no aparezco estos días ya sabes donde buscarme.

-Descuide, señorita Quinn. Si quiere puedo ir buscando por Internet psiquiátricos que estén a su altura y cercanos de aquí- bromeó la secretaria uniéndose al humor de Quinn que dejo escapar una carcajada mientras negaba con la cabeza.

-Gracias, Sugui, eres muy amable. Déjamelo pensar y te lo confirmo más tarde, ¿Te parece?- consulto la rubia guiñándole el ojo a su secretaria que asintió sin borrar la sonrisa divertida de sus labios. -Ahora sera mejor que me haga cargo de las modelos yo misma porque olvide que Santana y Jason en una misma habitación con mujeres hermosas son de temer. Por cierto, hazme el favor de llamar al Cuban Love y pídeme algo de comer que apenas desayune en la biblioteca.

Sugar asintió con la cabeza nuevamente mientras Quinn caminaba adentrándose un poco más en su estudio fotográfico, llevando consigo misma los papeles que su secretaria le había entregado. Llego a su oficina pasando por donde estaban Santana y Jason con las modelos, aunque lo cierto era que ella buscaba a alguien más pero no la encontró. No lo diría en voz alta jamas pero en realidad buscaba a la dueña de esa melena marrón sin tener mucha suerte en su búsqueda. Una vez que llego a su oficina dejo sus cosas antes de caminar nuevamente hacia la habitación donde serían las pruebas de ese día.

-Buenos días, Soy Quinn Fabray... Bla... Bla... Bla... Vayamos a lo importante- indico la rubia llamando la atención de los presentes, sobre todo de las modelos. -Jason, espero que les hayas explicado a las chicas como sera esto además de pedirles sus números de teléfonos- Jason frunció el ceño asesinando a su hermana con la mirada debido a ese comentario. -La cosa es simple. Necesito una modelo publicitaria y que además sea actriz para el comercial que lanzaremos dentro de poco. Tienen poco menos de una hora para arreglarse y aprender el guion que mi asistente les dará. Suerte a todas.

Sin poder evitarlo, dejo que Jason acompañara a las modelos a prepararse junto con su asistente mientras ella se encargaba de preparar sus cámaras fotográficas y acondicionar el lugar para iniciar con la sección de fotos lo más rápido posible. Quería terminar con ese asunto rápidamente porque ese día también le tocaba entrevistar a varias chicas para trabajar en la librería. Parecía que ese día todo seria entrevistas laborales y aún no había llegado ni al mediodía y ella ya quería estar en la tranquilidad de su departamento leyendo algún libro recién adquirido.

-¿Te levantaste con el culo dado vuelta por eso no saludas?- pregunto Santana acercándose a la mesa donde estaba Quinn chequeando el lente de su cámara fotográfica. -¿O es que Cooper dejo de ser oruga y ya se convirtió en mariposa?

-Santana, ¿Por qué la trajiste?- pregunto Fabray con cansancio y en voz baja mirando de soslayo hacia donde estaba la persona que había estado buscando desde que vio a lejos a la morena dueña de esa melena marrón que comenzaba a ser característica de ella. La misma morena que estaba observando la decoración del lugar con atención, tratando de no perderse ningún detalle alguno del sitio.

Paso de no ver nunca a aquella joven morena de ojos marrones capaces de llamar la atención de cualquier persona, a pasar a verla ahora en todos lados y todo gracias a que Santana la había metido en esa locura. Quinn pensó que lo único que tendría que hacer era acompañarlas el día de la boda de Hudson, si es que se llevaba a cabo, y nada más; no tener que ver a Berry todos los días y a cada momento. Una hora a la semana estaba bien, tiempo suficiente para sacar de quicio a la joven pero ahora parecía que tenía que verla mucho más que una hora al día.

-Deja de comportarte como si fueras alérgica a los gnomos, Quinn- pidió Santana rodando los ojos antes de ver también hacia donde miraba la rubia que parecía haber descubierto algo que llamó su atención. La rubia sonrió orgullosa al descubrir como Rachel Berry observaba todas las fotografías que decoraban el lugar completamente atónita.

Por otro lado, la morena jamas pensó que pisaría el estudio fotográfico de Quinn Fabray, de hecho lo creía imposible y no es que quisiera conocer uno, ya conocía demasiados, pero lo que pasaba era que ella era una persona curiosa y toda persona con esa característica si o si debía saciar su curiosidad a pesar de que cuanto más descubría uno, más quería seguir investigando, pero de algún modo debía reconocer que Quinn Fabray tenía de insoportable y orgullosa lo que tenía de talentosa para las fotografías. En su opinión único talento que poseía aquella rubia frígida que siempre se metía con su altura como si fuera pecado medir menos de un metro sesenta. Aun así como persona talentosa que era, podía reconocer cuando alguien tenía una mínima cantidad de talento y Quinn Fabray lo tenía.

Debía admitir que la decoración del lugar le gustaba mucho, sobre todo porque en su opinión reflejaba ese toque misterioso que su dueña poseía. Porque había personas misteriosas y... Quinn Fabray. Por mucho que intentase llevarse bien con aquella rubia de ojos verdes amiga de Santana no había manera de que lo lograse, la chica no se lo permitía y no sabía por qué. Ella solamente quería llevarse bien con las amistades de Santana porque la latina era su mejor amiga, pero al parecer el problema era solamente con ella porque Quinn con Kurt, las pocas veces que coincidieron en un lugar, hablaban de lo más bien y hasta tenían conversaciones largas y agradables.

Justamente estaba pensando una vez más en la razón de por qué Quinn Fabray la odiaba mientras observaba las fotografías que colgaban de las paredes cuando escucho el clic de algo llamando su atención. Se giro rápidamente hacia donde se escuchó el sonido sorprendiéndose de ver a Quinn con una sonrisa orgullosa y la cámara fotográfica en su mano apuntando hacia ella.

Rachel la cuestionó con la mirada pero Quinn rápidamente se dio la vuelta ignorándola, no solo a ella sino que también a Santana que, al igual que la morena, le cuestionó sobre eso pero con palabras. Eran esos tipos de actitudes por parte de Fabray que de cierta forma la confundían porque, ¿Qué persona le sacaba fotos a la persona que odiaba? A no ser que sea para...

-Ey, tú, borra esa fotografía- ordenó Rachel completamente molesta caminando hacia Quinn que se giro para mirarla con una ceja en alto. -Sí, a ti te hablo. No te hagas la sorda. Borra esa fotografía que ya sé que quieres hacerme brujería para que se me caiga el pelo, que me quede sin voz, que me encoja y vaya a saber cuantas cosas más me sucederán. Borra esa fotografía, Lucy... Y no me da miedo esa mirada- agrego cuando Quinn se acercó a ella y la asesinó con sus ojos verdes.

Fabray sonrió de lado pero la sonrisa no llego a sus ojos. Es más, sin decir ni una palabra tomo su cámara fotográfica y se acerco nuevamente a Berry colocándose a su lado y mostrándole la pantalla digital hasta que encontró la fotografía que le había sacado. Bajo la mirada de la morena busco la opción de borrar y lo selecciono eliminando de manera permanente la fotografía alejándose de Rachel nuevamente.

-¿Ni siquiera soy digna de que me hables, Lucy?- pregunto la morena indignada por la actitud de Quinn que se volvió a girar para mirarla sonriendo de nuevo con esa sonrisa fría y el dedo sobre sus labios pidiendo silencio indignando mucho más a Rachel. -El odio es realmente mutuo, Fabray. Solo que yo me molesto en disimularlo mejor.

Y sin más se fue del lugar fulminando también a Santana con la mirada por la simple razón de llevarla a aquel sitio. Ella estaba bien en el departamento de la latina donde estaba pasado esos días hasta que se sintiera un poco mejor después de enterarse de la noticia de que su ex novio pensaba casarse.

Saber eso y escucharlo de la boca de Finn Hudson la destrozó por completo. Ella aun tenia la esperanza de recuperarlo, pensó que quizás si lo dejaba ir y conocía nuevas personas le serviría a Finn para darse cuenta que no tenia a nadie mejor que ella, que era el amor de su vida y que debían vivir juntos su amor eterno. Pero nada de eso pasó.

Finn la había llamado diciéndole que tenia algo serio que hablar con ella y se ilusionó pensando que le diría que había terminado con su novia desde hacía dos años pero tal fue su sorpresa cuando el chico alto le dijo que tenia planes de proponerle a su novia casamiento. Escuchar eso rompió algo en su interior, incluso creyó escuchar como su corazón estallaba pero aun asi se aguantó todo ese dolor y las lágrimas que Hudson confundió con emoción, en realidad eran de sufrimiento y tristeza.

Después de eso llamo a Santana mientras caminaba hacia Central Park hecha un mar de lágrimas. La latina llegó varios minutos después y se la encontró destrozada mientras le contaba entre sollozos lo que había sucedido con Finn pero aun así, en tal estado de desgracia, le molestó que Santana haya llamado a alguien para que fuera a recogerlas. Molestia que aumento cuando, aun con lágrimas en los ojos, pudo ver que la persona que llamó la latina por teléfono era nada más y nada menos que Quinn Fabray, la ultima persona que quería que viera su estado de dolor y se regocijara con eso.

-Ey, Berry. Mueve ese culo y ven aquí- ordeno Santana tomando a la morena del brazo deteniéndola de su huida. -¿Te vas por algo que dijo Quinn? ¿Es en serio, Rachel? Tú, Rachel Berry, la primer duende en actuar en Broadway, ¿Se va por algo que dice la reina gélida Quinn Fabray? No te hagas la diva. Ven aquí, Tyrion- volvió a ordenar la latina tendiendo su brazo mientras Berry se acercaba a ella resoplando con resignación. -Así me gusta. ¿Sabes? Siempre tuve buena relación con los gnomos, duendes del bosques, enanos de jardín, divas dramáticas, perros de la calle, muñequitos de tortas gay, entre otras cosas más. Ahora volvamos que me estas haciendo perder la posibilidad de conquistar a una de esas bellezas y echarme un polvo sin sentimientos.

-¡Santana!- la regaño Rachel mirándola con molestia mientras que su amiga a su lado se reía a carcajada llevándola nuevamente hacia adentro donde se encontraron con Quinn hablando por teléfono.

Se adentro al lugar y en ningún momento se separo de Santana por mucho que ésta intento alejarse para que las modelos no la verían acompañada de alguien. Aun así Rachel no pudo evitar observar los movimientos que Quinn realizaba, fue por eso mismo que se sentó en un rincón viendo a la rubia realizar su trabajo de fotógrafa mientras ella disimulaba ver otra cosa porque ante todo tenía dignidad. Estaba enojada con Quinn Fabray, sí, pero eso no impedía que mirase a la chica llevado a cabo su trabajo.

Jamas había visto a Quinn Fabray trabajando. Bueno, jamas se había acercado lo suficiente a Quinn Fabray como para verla trabajar, verla en su hábitat, y no es que quisiera entrar en el mundo de la rubia pero por lo menos esperaba tener un trato cordial y de respeto, algo que al parecer Quinn no tenía intención de llevar a cabo y que acababa de dejar en evidencia minutos antes.

-Bien, haremos unas imágenes de prueba- escucho que decía Quinn quitándose su campera de cuero para terminar remangándose la camisa blanca con detalles en rosa claro que llevaba ese día, alborotando un poco más su corta melena desprolija cuando se paso una mano por su cabellera rubia.

Rachel pudo haberse concentrado en observar las poses de las modelos o las caras que éstas ponían mirando al lente de la fotógrafa, pero en su lugar se enfoco en observar como Quinn ejercía su trabajo. Quería aprovechar al máximo aquella primera vez en la cual estaba lo suficientemente cerca de aquella chica que había logrado molestarla solamente con su silencio. ¿Tan poca cosa era como para que la gran, extraordinaria y fría Quinn Fabray no le dirigía la palabra? ¿Tan indigno era decirle por lo menos un o un no? Al parecer sí, porque Quinn Fabray no le dirigía la palabra ni para pelear, ni siquiera para decir No me gusta que me llamen así cuando la llamo Lucy, nombre que había descubierto que disgustaba a Quinn exageradamente.

La morena no entendía el por qué de eso, si en su opinión Lucy era un nombre adorable. Firme y seguro pero al mismo tiempo dulce y tierno, dos características que Quinn no parecía poseer.

-Tiene talento, ¿Eh?- pregunto la voz de un hombre a su lado haciendo que la morena se girase para mirarlo y luego volver su vista hacia Quinn. -Digo, es la fotógrafa más solicitada de la ciudad. Si es así es porque tiene talento, ¿No?

-Si tú lo dices- susurro la morena cruzándose de brazos mientras se alejaba disimuladamente unos pasos del desconocido que tenia al lado. Mismos pasos que el chico elimino acercándose a ella nuevamente. -Mmm... ¿Te acercas porque quieres un autógrafo? No me saco fotos ni firmo nada cuando estoy de vacaciones. Solo una mínima cantidad y créeme que ya he firmado los suficientes autógrafos mientras venía hacia aquí.

-Lastima, tenía tu ultimo disco en mi auto y tenía la ilusión de que lo autografiaras- indico el joven llamando nuevamente la atención de la morena que esta vez si le prestó atención mirando directamente al rostro del chico donde unos ojos azules acompañaban a una sonrisa divertida.

-Hola, soy Cooper McCain. Un fanático más de los millones que tienes por todo el planeta. Lamento haberte molestado. No lo volveré a hacer. Ahora si me disculpas...

Y sin más el joven se fue dejando a Rachel allí parada sintiéndose halagada por el cumplido que le acaba de regalar mientras veía como éste se sentaba en el asiento perteneciente a Quinn justo antes de tomar el plato de comida que la rubia había dejado comenzando a comer del mismo, cosa que hizo fruncir el ceño a la morena inconscientemente.

-¿Qué tanto hablabas con Berry?- pregunto Quinn en un descanso que aprovecho para acercarse a su novio que la miro con una sonrisa de lado. -Hablo en serio, Cooper.

-Tranquila, solo observaba a mi competencia- señalo el chico con una sonrisa traviesa mientras que Quinn frente a él lo fulminaba con la mirada. La sonrisa de Cooper se acentuó aún más tomando a la rubia de la cintura mientras ésta trataba de soltarse. -Lo hablamos el otro día a esto...

-No digas 'lo hablamos' porque fue más un monólogo tuyo que una conversación de dos- replico Fabray con molestia soltándose del agarre de su novio que dejo escapar una carcajada como si no le creyera nada, cosa que molesto más a la rubia que enfatizó apuntando el pecho de su novio con el dedo indice: -Y te repito lo mismo que le dije a Santana... Tú no sabes nada.

-Santana y yo sabemos muchas cosas- afirmo Cooper sin borrar su sonrisa. -Ya, cambia esa carita de enojo. Vine a verte porque quería consultar algo contigo pero veo que estas ocupada, así que te llamo en la noche y hablamos, ¿Te parece bien?- ni siquiera espero la respuesta de su novia y se fue dándole a ésta un beso en la frente de manera cariñosa antes de irse del estudio cruzándose nuevamente con Rachel en el camino a quien tomo de la mano regalandole un beso también. -Un gusto conocerte, Rachel Berry. Espero que volvamos a coincidir en algún momento, uno en el que no estés de vacaciones así me firmas tu disco.

-¿Tu novio es asi de rápido para todo? ¿También en la cama?- pregunto Santana llamando la atención de Quinn que veía a la distancia como Cooper se iba después de haber hablado con Rachel vaya a saber qué cosa. -Perdón, me olvide que las orugas duermen colgadas.

-Santana... Ahora no- murmuro Quinn pasando por al lado de su amiga tomando nuevamente su cámara fotográfica para terminar su trabajo. -¡Sigamos!

Tres horas y media después ya estaba dirigiéndose hacia su motocicleta dejando escapar un suspiro mientras veía como Santana hacía la parada de un taxi para irse con Berry quien le dedico una rápida mirada antes de subirse al vehículo. Vio pasar a las dos morena y no pudo evitar dirigir su mirada hacia la ventanilla del taxi donde Rachel le sonrió apenas perdiéndose de vista segundos después cuando el vehículo se puso en movimiento.

Obviamente Quinn ignoró esa sonrisa, ¿Qué se creía Berry? ¿Que con dos encuentros que tuvieron ya eran amigas? Estaba muy equivocada pensando eso. Ella era amiga de Santana, no suya. Para colmo, su novio se acercaba a la joven porque decía que "observaba a la competencia", ¿Cuál competencia? Nadie podía competir con Berry y viceversa. Cooper definitivamente estaba loco y encima osaba decir que él y Santana sabían cosas. Ella también sabía cosas solo que no hacía alarde de eso como lo hacían su novio y su mejor amiga.

Estaba tan perdida en sus pensamientos asegurándose de tener todo en su bolso cruzado cuando alguien le pellizco las costillas asustándola. Posteriormente escuchó una carcajada en su espalda mientras trataba de recuperarse del susto y se giró para asesinar a quien sea que se haya atrevido a pellizcarle las costillas.

-Mierda, Isabelle- se quejo aumentando la risa de su prima que la abrazo rápidamente. -Te odio. Sabes que odio que hagas eso, ¿Cuando crecerás de una vez por todas?

-El día que tú dejes de pelear con Berry- replico la joven Roxont ganándose otra mirada asesina por parte de su prima. -Llame a Santana para arreglar algo para este fin de semana...

-Recién estamos a lunes, Roxont, ¿Y tú ya piensas en el fin de semana?- interrumpió Quinn con una ceja en alto. -Como se nota que eres joven.

-Tengo un año menos que tú, Quinn- le recordó Isabelle quitandole el casco de la motocicleta de las manos a la rubia. -Si tú te sientes una vieja es tu culpa, no la mía. Además, no sé que tanto te molesta que planifique cosas con Santana. Tampoco es que somos unas fiesteras que nos perdemos por...

-¿Ah, no? ¿Tengo que recordarte el verano de 2015? ¿West Bay, Honduras? ¿O ya te olvidaste la resaca que tuviste a los dos días de llegar? Porque yo no la olvido- se burlo Quinn haciendo fruncir el entrecejo a su prima que sin invitación alguna se subió a la Ducati Monster.

-Cierra la boca. Me dices eso para que me olvide lo que te estaba diciendo, Fabray- indico Isabelle con molestia por la burla de la rubia. -Santana me dijo que Berry vino con ella al estudio y que no trataste bien a la chica, ¿Eso es cierto?

-¿Qué tiene Berry que todos la ven a ella como la pobrecita y a mi como la mala de película?- se molesto Quinn frunciendo el ceño al mismo tiempo que daba una patada en el suelo. -¿Es por qué tiene la misma altura que una niña de doce años? ¡Tiene más de doce años! ¿O es por ese flequillo y los lunares en sus mejillas? ¿O son por esos ojos marrones que parece cachorrito hambriento? ¿O...?

-Para odiarla como dices veo que la has observado muy bien- cortó Isabelle con la cabeza a medio cubrir por el casco viendo como Quinn miraba para otro lado antes de subirse a la motocicleta. Esperó a que su prima se hiciera dueña del volante del vehículo y se sentó detrás abrazándola por la cintura. Se quitó apenas el casco solo para decirle algo a Quinn: -Ey, rubia. Últimamente estas algo rara, más que de costumbre, pero sabes que cuentas conmigo, ¿Cierto?

Quinn no respondió nada porque simplemente no tenía nada para decir. Isabelle le hablaba como si ella tuviera algo oculto que no quería que nadie supiera y encima daba a entender que estaba rara. Ella no estaba rara, los demás se empeñaban en verla así. Además, ¿Por qué todos se empeñaban en nombrar a Berry y defenderla? Como si su mundo girara en torno a ese gnomo de piernas largas.

-Maldita, Frodo- volvió a pensar encendiendo el motor de su motocicleta emprendiendo la marcha hacia Harlem de regreso a su biblioteca.

De repente la idea de enfrentarse a una nueva entrevista de trabajo le resulto agotadora, por lo que una vez llegada al lugar dejo que Isabelle se encargara de eso junto con Marley mientras que ella se encaminaba hacia Queens, lugar donde estaba ubicado el hogar de su madre. La misma que, cuando llego a su destino, encontró sentada en el patio trasero leyendo, lo que automáticamente la llevo a sonreír cuando se quito el casco de la cabeza.

Su amor por los libros lo había adoptado gracias a su madre. Cuando era pequeña, Josefina le leía cada noche antes de dormir y siempre le decía que no había nada mejor manera de alimentar la imaginación que leyendo un buen libro, algo que aprendió con los años y algo que planeaba enseñarle a sus hijos cuando los tuviera.

Por mucho que trató de no hacer ruido no lo logró porque el motor de su vehículo la delato haciendo que su madre se girara para ver quién era que osaba perturbar la tranquila tarde que estaba teniendo. La sonrisa que le regalo mami Jose hizo que la de Quinn se ensanchara un poco más mientras se acercaba a la mujer a la que saludó con un abrazo tierno.

-Mi pequeño leoncito- canturreo Josefina con amor tomando el rostro de su hija entre sus manos moviéndolo de un lado a otro examinándola. -Estas flaca, Quinn. Debes comer más, pequeña. Vamos adentro que voy a cocinarte algo.

-¡Tocino!- grito la rubia con los brazos en alto de manera infantil entrando a la casa de su madre seguida de ésta. Se detuvo solamente para abrazar a la mujer por la espalda y aclarar algunas cosas mientras se encaminaban hacia la cocina: -Primero, no me digas "mi pequeño leoncito", ya estoy grande. Segundo, ¿Como es posible que hace tres días atrás estaba hermosa, bien en mi peso y no sé cuantas cosas más dijiste, y ahora resulta que estoy flaca, mami? Y tercero... ¿Tú le dijiste a Berry que me llamo Lucy?

-¿Rachel? Aww... Esa chica es adorable, Quinn, y aunque no lo creas le caes bien y ella me cae bien a mi- fue la respuesta de Josefina sonriendo por la manera en que su hija la miro con una ceja en alto. -Lo digo en serio. Por cierto, acabo de enterarme lo que pasó en el estudio.

-¡Santana y la puta madre!- exclamo la rubia soltándose de su madre dando una patada en el suelo con molestia. -¿Por qué tiene que...?

-Santana no me contó nada, pequeño leoncito. Ademas no era la única que estaba en el estudio... Y no insultes, Quinn. Te lavare la boca con jabón si lo haces de nuevo- la interrumpió mami Jose acercándose para abrazarla nuevamente mientras su hija resoplaba por lo bajo. -Mejor voy a prepararte algo de comer y me cuentas lo que paso pero sin poner a Rachel como la mala de la historia. Que vengo escuchando ese mismo tango desde que tienes veinte años y Santana trajo a esa chica con ella.

-Maldita Santana- susurro Quinn con enojo siendo guiada por su madre que negó la cabeza con una sonrisa en los labios completamente divertida por la situación. -Maldita Berry.

-Para ser alguien alguien a quien dices odiar creo que la tienes mucho en mente- indico Josefina siendo ignorada por su hija. -Si, ahora ignorame, Lucy- enfatizó el nombre de la rubia dejando escapar una pequeña risa cuando ésta gruño por lo bajo. -Mejor vayamos a comer, que con comida en el estomago eres mucho más tolerante, pequeño leoncito.


Guest: La intención es actualizar seguido. Gracias :)

Ana: Exacto, solo un paso. Solo que a ellas les llevara más de uno xD Gracias!

rosemarie: Aww... Gracias! Saludos :)

dany: Volviii xD Muchas gracias! Saludos y otro gran abrazo para vos :)

#CrazyWeddingFIC