CAP. 2: CONOCERÁS MI IRA HARRY POTTER:

Advertencia: Reitero a mis lectoras la presente historia es Dramione, si mis lectoras Sevmioneras gustan leerla, me harán muy feliz… y si me dejas un amable review, con gusto lo responderé a la brevedad posible.

Este fic está dedicado a mi querida Mrs. Darfoy, y a todas las dramioneras que por una u otra razón han leído mis sevmiones.

Y mientras Hermione y Draco salían a olvidar un rato los horrores pasados a pesar del desconcierto que ella sentía al darse cuenta de improviso de los sentimientos largamente reprimidos que sentía hacia su rubio acompañante, en el Cuartel de Aurores del Ministerio de Magia, el Niño que Vivió sentía literalmente un león rugir en su pecho; ya no era un niño, era un hombre, y como tal no entendía los actos de su hasta entonces mejor amigo al mismo tiempo que una rabia sorda e inmensa se apoderaba de él.

Si bien era cierto en su momento le había desconcertado la gran amistad nacida entre Hermione y Draco Malfoy, a la fecha debía admitir que era una de las mejores cosas que le habían sucedido a Hermione; pues él mismo se sumergió en su preparación como auror y luego en su trabajo y Ron se había convertido en una criatura patética e irreconocible que poco a poco dejó que el cariño hacia la castaña se convirtiera en envidia y resentimiento.

No sabía que haría, pero estaba realmente enojado; en nombre de su amistad de tantos años y en deferencia a Molly, trataría de arreglar las cosas por las buenas; porque alguna explicación debería de tener Ron ¿o no?; él no sería capaz de hacerle daño a Herms ¿o sí? La verdad es que habían pasado demasiadas cosas juntos en las buenas y en las malas como para aceptar que él haya tratado de abusar de ella, que la haya golpeado… seguramente fue que ella interpretó mal la actitud de Ron, y bueno, con el carácter que se gasta empezó a forcejear y luego Malfoy interpretó mal… sí, seguro eso era lo que había pasado; hablaría con Ron para solucionar todo. Y dándose una palmadita mental en la espalda, el flamante e ingenuo Jefe de Aurores de Gran Bretaña se dirigió a las celdas de detención prejuiciado a favor de su pelirrojo amigo.

Bajó pensativo hasta las celdas, y a una orden suya, los aurores que resguardaban la puerta le abrieron el paso; dentro estaba su amigo pelirrojo y más pálido que de costumbre, con el miedo plasmado en el rostro y temblando como el cobarde que era.

Al encararse con Harry, en sus ojos azules destelló el pánico, abrió la boca para decir algo pero apenas logró exhalar un gemido inarticulado; conocía a su amigo y adivinaba el enfado en sus legendarios ojos; a pesar de que Potter era mucho más bajo que él, su personalidad y madurez le daban un aura intimidante; y a eso se sumaba la adoración insana que despertó en Ron Weasley desde la primera vez que se vieron. Y es que no era para menos, porque Harry era todo o que él no era; por un tiempo sintió que desde su madre hasta Hermione lo preferían a él, pero eso había pasado cuando la castaña había aceptado ser su novia y Ginevra había pescado a Harry; aunque su hermana no había sido lo suficientemente inteligente y se había fugado el día de la boda con Blaize Zabinni. No entendía que tenían las malditas serpientes de especiales; primero estuvo a punto de perder a Hermione por culpa del asqueroso murciélago, pero menos mal que Voldemort lo había exterminado, luego se había hecho amiga del hurón albino y hasta vacaciones en Francia había pasado con los tíos de Malfoy; después Ginny se había largado con Zabinni a América, y ahora estaba convencido que la amistad de Hermione con Draco era mucho más, al menos sabía que el hurón idiota estaba enamorado de ella… y ella de alguna manera le correspondía, por eso había tratado de vengarse, esa maldita sangresucia no se iba a burlar de él, como que se llamaba Ronald Weasley.

Pero al ver a Harry a los ojos el pánico se apoderó de él, si lo sometían a legilimancia o a veritaserum no habría lugar a dudas de su culpabilidad; y eso significaría una buena temporada en Azkabán, donde la mayor parte de los reclusos se sentirían felices de darle una calurosa bienvenida a un miembro del trío de oro, especialmente el viejo Malfoy que estaba según sabía más que rabioso con la sentencia recibida.

No tuvo que esperar mucho, antes de darse cuenta que Harry se la pondría fácil porque casi de inmediato le deshizo las amarras con un finite incantatem.

— ¿Qué hiciste Ron?—dijo el joven jefe de aurores con voz consternada—ella no se merece que la maltrataras.

Eso era lo que esperaba, Harry jamás creería que él hubiese sido capaz de atacar realmente a Hermione, porque no la había atacado ¿verdad? Él sólo estaba tratando de tomar lo que le correspondía y que ella le había negado tan odiosamente y que seguramente había cedido a ese hurón asqueroso… bien, era su oportunidad, el buen Harry su mejor amigo y casi hermano no lo consideraría culpable si él le decía que todo fue un malentendido.

—Yo… Harry…—articuló con fingida dificultad y falsa vergüenza—no es lo que tú piensas, no fue lo que pareció… ella, Hermione me entendió mal y empezó a pelear, y luego el hurón…digo, Malfoy, llegó y bueno me atacó, no fue mi culpa, lo juro.

El hombre uniformado pareció dudar un instante, eran sus dos amigos con versiones encontradas de la misma historia; pero seguía pensando que con la férrea educación de Molly Weasley era imposible que Ronald fuera capaz de querer abusar de su novia y amiga, así que decidió con su impulsivo corazón de Gryffindor dejar ir a su amigo con una amonestación y con la advertencia de no acercarse a Hermione, al menos hasta que se le pasara el disgusto.

—Ron, sabes que Hermione es una chica con mucho carácter, y tú no eres precisamente sutil… —se retiró las gafas del rostro, mientras masajeaba el puente de su nariz con gesto impaciente— te podrás ir, pero te pediré que por favor te mantengas alejado de ella y de Malfoy, por lo menos hasta que la situación se aclare y se apacigüe.

El pelirrojo haciendo uso de la poca cordura que le quedaba, ocultó su expresión de alivio, pero si Harry Potter hubiese sido un poco más observador o quizás si su razonamiento no hubiese estado empañado por el aprecio que pronto perdería por su amigo, podría haber notado el brillo triunfal en los ojos azules de Ronald; más temprano que tarde se arrepentiría de la forma poco ortodoxa como había tramitado la situación.

El aire fresco de la madrugada inundó los pulmones de Ronald Weasley al alcanzar la calle adyacente al Ministerio de Magia, poco le había importado el decomiso de su varita, pronto obtendría una temporal en el mercado negro de Knockturn Alley, al igual que algunas cosas necesarias para su plan, y con tales pensamientos se dirigió hasta ahí para cumplir sus propósitos.

Poco después compró una botella de whisky y entró en uno de los numerosos burdeles de la zona, con suerte encontraría una chica complaciente y podría pasar la noche con ella, el día le permitiría concretar el plan infame y macabro que sus retorcidas neuronas estaban concibiendo; Hermione se arrepentiría de haberlo cambiado una vez más por un slytherin, de eso estaba seguro.

Por su parte, Draco y Hermione terminaron su noche bailando en un club muggle de moda; cualquiera que los viera pensaba que eran una pareja de enamorados felices, pero muy a su pesar tuvieron que volver a casa y enfrentarse a los recuerdos recientes.

Se despidieron y cada uno fue a su habitación en aparente calma, pero media hora después los gritos desesperados de la chica hicieron que el sueño de su compañero se interrumpiera abruptamente; y un segundo más tarde irrumpía intempestivamente en la habitación de la chica, quien se abrazó a él con desesperación. Poco a poco consiguió tranquilizarla y casi sin darse cuenta se quedaron dormidos hasta la mañana siguiente, siendo ajenos al hecho que alguien los observaba con odio desde la ventana, y la verdad es que tener una escoba era útil, pero la escalera de emergencias servía igual.

La visión de los dos cuerpos abrazados bajo las mantas hizo que su odio incrementara a niveles insospechados, Hermione se arrepentiría de haberlo cambiado por ese idiota, y tenía un plan.

Horas más tarde Hermione se cansó de esperar por Draco en la cafetería donde acostumbraban almorzar, resignada suspiró y retornó a sus clases, pero un par de horas más tarde Susan Bones la usual compañera de prácticas de Draco acudió a ella para preguntarle por qué no había regresado del almuerzo, y un tanto avergonzada le entregó el portafolios y la varita del rubio.

Una luz de alarma se encendió en la mente de Hermione, Draco no solía faltar a sus clases, menos separarse de su varita o de las valiosas notas de sus investigaciones; así que tomando sus cosas precipitadamente hizo algo que no solía hacer: se apareció en el centro de su propio salón llamando al rubio a gritos al tiempo que un terrible presentimiento atenazaba su corazón.

Ni la más mínima señal, ni una nota… nada absolutamente nada, nada de nada; recordó que esa tarde habían quedado de ir al Ministerio de Magia y buscar a Harry, ahora debería ir sola y de paso haría saber de la desaparición de Draco, un terrible presentimiento la guio primero hacia el área de investigaciones mágicas donde le informaron que el Jefe Potter había dejado libre al joven Weasley la noche anterior pero que le había decomisado su varita temporalmente.

Ni siquiera los aurores que trabajaban en los cubículos adyacentes al despacho del Jefe de Aurores pudieron detener a una furiosa mujer que de entrada disparó un maleficio paralizante directo al pecho de Harry Potter.

—Eres un sucio bastardo, malnacido, engreído, arrogante e idiota cerdo Harry Potter—el rostro enrojecido de la castaña y sus fuertes palabras no dejaban lugar a duda de la furia que la embargaba.

El rostro del auror sólo se reflejaba el pánico en su estado más puro, en el fondo de los ojos castaños de Hermione brillaba una luz asesina; sabía que su amiga enojada era peor que el mismísimo Voldemort; la última vez que la había visto así fue después de que se vieran obligados a abandonar el cuerpo muerto de Severus Snape en el sucio y frío suelo de la Casa de los Gritos, en consecuencia todo mortífago o carroñero que se cruzó en su camino fue víctima de maldiciones potencialmente mortales que salieron con facilidad de la varita que otrora perteneciera a Bellatrix Lestrange y que la castaña pudo manejar sin ninguna dificultad como si hubiera sido creada exprofeso para canalizar su magia; ella misma le había reconocido que esa varita extraña funcionó mejor con ella que la suya propia.

Temía que pronto lo impactara una maldición cruciatus o algo aún peor; pero contra todo lo que esperaba, lo único que recibió fue un incarcerous que lo ató fuertemente a su propia silla.

—Potter, espero por tu propio bien que Ronald no tenga nada que ver con la extraña desaparición de Draco y que tengas una muy buena explicación acerca de por qué condenada razón lo liberaste después de lo que me hizo—expresó la chica con desprecio, mientras hacía una pausa esperando una explicación.

Harry Potter la miró con ojos desorbitados, tratando de encontrar su propia voz, pero el coraje que lo caracterizaba como gryffindor lo había abandonado, en cambio un terrible presentimiento se asentó en su pecho; esperaba estar equivocado.

—Bien Potter, sigo esperando, y más te vale que actúes pronto, o me veré obligada a buscar ayuda en otro lugar, y te juro que las consecuencias no te gustarán ni un poquito—finalizó la muchacha con rabia a penas contenida, atrás había quedado la dulce Hermione, frente a él estaba una mujer furiosa con la muerte grabada en cada gesto.

—Yo… Herms… eh— tartamudeó un aterrorizado Harry Potter—pensé que quizás podrían arreglar sus diferencias, Ron me juró que las cosas no fueron como parecían, y entiéndeme Herms, él es mi amigo, es Ron, no le haría daño a nadie—expresó tercamente el Niño que Vivió, para arrepentirse de inmediato al ver como la rabia descomponía las angelicales facciones de Hermione Granger.

Una sola palabra fue a penas susurrada por los labios de la castaña: crucio… y las consecuencias no se hicieron esperar. Harry Potter se convulsionó presa de dolores terribles durante un par de minutos, mientras miraba incrédulo a su amiga de toda la vida.

—Yo también era tu amiga Potter, yo no era capaz de dañar hasta ahora, que quiero honestamente acabar con tu miserable vida; pero antes no me movía un odio y una rabia tan grande como las que siento justo ahora; si sabes lo que te conviene harás exactamente lo que te digo, sin chistar.

Harry sabía que no era correcto, que acababa de usar una maldición imperdonable sobre la persona del Jefe de Aurores de Gran Bretaña, pero la culpabilidad pudo más, y se dispuso a colaborar con el plan que estaba seguro Hermione tenía.

Aún jadeante por el daño recibido, Harry Potter asintió, y a duras penas susurró:

—De acuerdo Hermione, te debo esta, ¿Qué tienes en mente?

Una carcajada fría con un tinte de locura resonó entre las paredes del despacho:

—Vas a traer ante mí a Lucius y Narcissa Malfoy; y una vez aquí, les diré a los tres cual es mi plan—dijo la castaña fríamente sin rastro de su risa anterior.

El tono empleado no dejó lugar a dudas, y a penas repuesto de los efectos de la maldición, el pesaroso mago giró las instrucciones para que le enviaran a los dos prisioneros solicitados; esperaba que una vez más los planes de Hermione dieran los resultados esperados; al fin de cuentas la condena de Narcissa estaba por terminar; y aunque Lucius al final sería privado de su magia, era su hijo quien estaba en un potencial peligro; en el que paradójicamente él mismo lo había puesto al liberar a Ronald; porque de algo estaba seguro ahora, detrás de todo esto estaba su ex amigo pelirrojo por más que le doliera aceptarlo.