Sus sollozos se hacían cada vez más fuertes, limpiaba las lágrimas con ambas manos, estaba realmente apenada, quería parecer fuerte y estaba montando toda esa escena frente a desconocidas. Su cuerpo entero se tensó cuando sintió unos cálidos brazos a su alrededor.
―ya, ya, no llores, todo estará bien― pudo escuchas la voz de la castaña dormilona que le hablaba con sus brazos alrededor.
Azusa bajo la mirada apenada, se sintió más tranquila casi de manera instantánea, su llanto seso pero entonces se dio cuenta de la situación en la que se encontraba.
― ¡suéltame!― grito apartándose con las mejillas sonrojadas, espero con miedo la reacción de la chica pero esta solo se froto la cabeza mientras sonreía inocentemente.
―lo siento Azusa-chan, te vi llorar y quise hacerte sentir mejor, yo no recuerdo mucho sobre mi pasado pero sé que solía consolar a alguien de la misma manera, creí que funcionaria― esto último lo dijo con un tono más bajo y con un aire de tristeza.
―creo que han sido demasiadas emociones por un día, ¿les parece continuar mañana?― sugirió Sawako mientras se levantaba de su lugar.
Todas estuvieron de acuerdo y cada una comenzó a salir de la habitación rumbo a sus respectivos cuartos.
El resto del día Azusa se negó a salir, ni siquiera salió a comer, no quería ver a nadie, quería que su madre fuera por ella aunque eso significara…verlo a él también. Apretó los puños con fuerza, todo esto era su culpa, el la había enviado a ese lugar, debía salir lo antes posible.
Se abrazó a sí misma y se dejó car en su cama mirando fijamente la puerta, ignoraba la hora pero su estómago pedía comida, repaso lo que había pasado, primero estaba aquella chica hiperactiva que le asustaba un poco, luego la morena asustadiza que no parecía ser un peligro, aquella chica Kotobuki le causaba cierta curiosidad ¿Qué era lo que le quisieron ocultar? además estaba segura de haber escuchado ese apellido antes ¿Dónde?
Por ultimo estaba aquella chica que la había abrazado ¿Qué se sentirá perder todos tus recuerdos? Vivir un día y olvidar otro, aun así no parecía peligrosa, esa sonrisa despreocupada e infantil le daba un aire noble, además se sintió tan bien con aquel abrazo… ¡No!, Grito su mente, debía alejar todo pensamiento que no fuera el salir de ahí.
Sus parpados empezaron a cerrarse cuando escucho la puerta abrirse, se levantó de golpe al ver cuatro figuras conocidas.
― ¡Azusa-chan!― grito Ritsu quien entraba a la habitación seguida por el resto.
―te hemos traído algo de comida― dijo la chica rubia la cual llevaba una bandeja de comida ― ya que no te vimos en el comedor, decidimos traerte algo―
―Azusa-chan, debes alimentarte bien para estar saludable― dijo Yui intentando sonar madura.
―también…también te trajimos esto― dijo Mio en un tono de voz bajo dándole una botella de agua.
¡Agua!, en ese momento sintió que su garganta le pedía con desesperación aquel liquido transparente, no había bebido nada en todo el día, tomo la botella y con desesperación bebió la mitad rápidamente.
―gracias― dijo Azusa, no quería ser grosera después de todas las molestias que se habían tomado ―Kotobuki-san― dijo Azusa mirando a Mugi.
―llámame Mugi― dijo sonriente la chica.
―Mu…Mugi― dijo la chica con las mejillas un tanto sonrojadas.
― ¡que linda!― exclamo Yui lanzándose a abrazarla.
El abrazo fue tan repentino que la menor dejo salir un pequeño maullido, similar al de un pequeño gatito.
Ritsu fue la primera en estallar a carcajadas.
― ¡no me abraces tan repentinamente!― grito furiosa la chica ahora con las mejillas rojas.
―pero Azusa-chan hiso igual que un gatito… ¡ahora serás Azu-nyan!― dijo felizmente la castaña.
Antes de que Azusa pudiera protestar el sonido de una campana se escuchó por todo el lugar.
―es hora de que regresemos a nuestras habitaciones― dijo Mugi.
―nos vemos mañana Azu-nyan― dijo Yui antes de salir.
― ¡Hasta mañana Azusa!― grito Ritsu y Mio simplemente salió sin decir nada.
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Unos tenues rayos de luz comenzaron a filtrarse dentro de la habitación, con pereza abrió los ojos, parpadeo un par de veces para darse cuenta de que esa no era su habitación, realidad, cruel realidad.
―entonces no fue un sueño― murmuro con un aire de tristeza.
Con pesadez camino hasta la puerta asegurándose que nadie estuviera cerca, sentía que si no salía de ahí definitivamente se volvería loca.
―hola― escucho decir a alguien a su espalda.
De inmediato grito y dio un salto, cuando logro calmar su corazón se dio cuenta de que se trataba de un sujeto que la miraba fijamente.
―lamento si te asuste― se trataba de un hombre de unos 40 años, vestía una bata blanca, tenía el cabello obscuro adornado con unas cuantas canas, sus ojos eran grises y portaba unas gafas cuadradas.
―esta…está bien― Azusa agacho la mirada un poco nerviosa.
―soy el director de este hospital― dijo el hombre ―tú debes ser Nakano Azusa―
―sí, soy yo― Azusa intentaba que su voz sonara normal, si quería salir de ahí pronto debía convencer a todos de que era alguien "normal".
―he venido por ti para hacerte una pequeña entrevista ¿vienes?― dijo el hombre con una sonrisa amigable.
La chica asintió y comenzó a caminar detrás de él.
El consultorio era espacioso, un escritorio estaba de espaldas a un gran ventanal donde la luz del sol entraba brillante, unos cuadros adornaban las paredes y un sofá cama estaba en medio.
El tomo una silla y la coloco delante del sofá, se sentó y le indico a la chica que tomara asiento en el sofá; Azusa estaba nerviosa, si lograba convencer al director podría salir de ahí.
―eres Nakano Azusa de 16 años ¿correcto?― la chica asintió ― ¿cuéntame…como te has sentido?―
Azusa tomo aire ―he estado un poco asustada… es decir… yo no debería estar aquí―
― ¿Por qué piensas eso?― pregunto el mirándola curioso.
―fue el… Mi padrastro quien convenció a mi madre de que yo… de que yo estaba loca― dijo apretando los puños.
―no hay personas locas, solo personas con diferentes alteraciones mentales― dijo el con una sonrisa ―háblame sobre tu familia―
― ¿mi familia?...mi padre falleció hace dos años en un accidente automovilístico― Azusa intento mantenerse fuerte, no podía parecer débil, debía mantenerse serena y en control ―mi madre conoció a su actual esposo hace poco más de un año…él es cruel, le metió ideas equivocadas a mi madre y por su culpa estoy aquí― dijo soltando un suspiro al final.
―entiendo― dijo el médico ―si todo esto es un error ten por seguro que todo se solucionara pronto― dijo el con una sonrisa que para Azusa se notó bastante falsa.
―por el momento deberás permanecer aquí…dime ¿ya te has unido a un grupo para la terapia de grupo?―
―estoy en el grupo de Yamanaka-san― dijo Azusa.
―ya veo― dijo el ―y ¿estás a gusto?―
―las chicas son un poco… raras… algunas me asustan un poco― dijo Azusa un poco avergonzada.
―estoy seguro que no te aran ningún daño― dijo el levantándose se su lugar y abriendo la puerta para que Azusa pudiera salir ―eso será todo por hoy―
Azusa salió un poco desanimada, intento hacerle ver que estaba en perfecto estado, quizás era muy pronto aun…entonces ¿Cuándo tiempo más estaría ahí?
―Azusa-chan― escucho decir a alguien a sus espaldas.
Nuevamente dio un pequeño grito y salto ¿Qué nadie puede acercarse normalmente en ese lugar?
―lo siento― dijo una chica rubia de gruesas cejas y sonrisa amable ―es momento de la terapia grupal… Sawa-chan me pidió que viniera por ti―
―cla…claro― dijo Azusa intentando controlar nuevamente su corazón.
El camino fue silencioso ¿Por qué sentía que algo se ocultaba detrás de esa sonrisa?
―Azusa-chan― hablo por fin Mugi cuando estaban a pocos metros de la habitación del grupo ―el otro día parecía que querías preguntar algo―
―sí, es verdad― dijo la chica de coletas ―es solo que a diferencia del resto… no veo que tu problema sea tan grave―
Mugi se detuvo antes de abrir la puerta, con manija en mano se giró hacia Azusa y con una sonrisa contesto ―no deberías preguntar cosas que te podrían causar pesadillas… no quiero perder a nadie más― dijo para después abrir la puerta.
Azusa sintió un escalofrió recorrer su cuerpo ¿Qué rayos había pasado? ¿Acaso ella…
―Azusa-chan ¿no entraras?― pregunto Sawako quien ya estaba sentada junto con el resto.
Azusa despertó de su trance "quizás lo he imaginado" pensó para sí misma.
Una vez dentro de la habitación se limitó a escuchar, a ignorar las bromas de Ritsu, a ser más paciente con Yui, a hacer todo lo posible para poder salir de ahí lo antes posible.
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Trastorno límite de la personalidad: Es una afección de salud mental por la cual una persona tiene patrones prolongados de emociones turbulentas o inestables. Estas experiencias interiores a menudo los llevan a tener acciones impulsivas y relaciones caóticas con otras personas.
Las personas con este trastorno a menudo presentan incertidumbre acerca de su identidad y como resultado sus intereses y valores pueden cambiar rápidamente. También tienden a ver las cosas en términos extremos, o todo es bueno o todo es malo. Tienden a sufrir de una gran impulsividad. Sus puntos de vista sobre otras personas pueden cambiar rápidamente.
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Holaaaaa ¿Qué tal? Como pueden ver esta historia no es muy cómica o con escenas de acción, es la primera vez que escribo algo así, tiene algo que no sé qué, pero siento que la hace interesante o eso creo yo.
Espero les guste, hay muchas cosas detrás de las enfermedades de las chicas y como notaron Mugi esconde algo detrás de su sonrisa. Muchas cosas se irán resolviendo con forme avance la historia, intentare subir el siguiente cap. lo antes posible.
En fin, agradezco sus comentarios y que se tomen el tiempo de leer esta historia, sin más, me despido, lean y sean felices.
