Este capítulo se lo agradezco a mi amiga Fogadramon, quien me ayudó con esto de Fanfiction. (Me costó aprender XD)

-Editado-

Arreglados varios de mis errores a principios de mi tiempo como escritora ^^U


2.- El digimon de la camioneta.

-Hum… ¡Pues es una de las historias más curiosas que he escuchado en mi vida!-dijo el digimon color pardo mientras reía fuertemente y pisaba el acelerador a fondo. Los dos hermanos tuvieron que sujetarse fuertemente de cualquier parte para no caer fuera del vehículo.

-¿A dónde nos dirigimos?-preguntó Agumon mientras se sostenía del asiento del copiloto.

-¡Pues a la ciudad de las naranjas! Es lo más cerca que hay por aquí.

-¿Crecen naranjas por estos lados?-preguntó curioso el digimon.

-¡Pero por supuesto! Y son de las más deliciosas que hay en el digimundo.

-¿Aunque estemos en medio del desierto?-preguntó BlackAgumon, pues no le quedaba muy claro que las frutas más deliciosas crecieran en un lugar así.

-¡Obviamente! Por la noche a veces llueve mucho por estos lados…-y comenzó a explicar las curiosidades de esa geografía y los raros climas que se daban por esos sectores en el digimundo.

Mientras el chofer hablaba y manejaba, y Agumon escuchaba atento, BlackAgumon se quedó mirándolo sin prestar mucha atención a la clase de geografía. No se veía tan malvado como se comentaba de ese tipo de digimons.

-Señor Etemon… ¿Por qué decidió recogernos?-interrumpió el digimon negro.

A Etemon, ésta pregunta lo tomó por sorpresa.

-Bueno, si quieres pueden bajarse y llegar caminando, por mi no hay problema.-y pisó el freno. El jeep casi se fue hacia adelante.

-¡¡¿¿He??!!-Agumon se asustó mucho ante esto.

-¡No no no no!! ¡Yo no quise decir eso!- se disculpó BlackAgumon.-Es solo que es muy raro que los digimons como usted sean tan…he…-no se le ocurría la palabra.

-¿Amables? ¿Buenos? ¿Bondadosos?-sugirió Etemon a la vez.

-¡Sí! Eso…

-Ahh- Etemon sonrió tranquilo, volvió a pisar el acelerador y reanudó la marcha.- ¿Lo dices porque soy un virus no?

BlackAgumon movió muy lento su cabeza, afirmando.

-¡¡Bah!! ¿Y no que tú también eres uno?

El digimon negro se sonrojó un poco. Su hermano menor salió a defenderlo.

-E es que somos muy chicos aún para…ya sabe, querer hacer cosas malas.-sonrió tímidamente, dejando al descubierto sus filas de perfectos y puntiagudos dientes blancos.

-¡Oh, por supuesto! No fue sino hasta que conseguí mi etapa adulta que decidí que no quería hacer cosas malas.-dijo Etemon, mientras abría la cajuela y revisaba unos papeles, entre los que había unos mapas, unas boletas, alguna carta, y varias fotos. Sacó una de entre ellas, en la que había un cyclomon.

-Ese era yo hasta hace algunas semanas. Sabía que era y seguiría siendo un tipo virus, pero mientras más veía a los digimons malvados hacer cosas malvadas, menos me llamaba la atención ser un malo. Así que simplemente vivo mi vida sin molestar a nadie.

-Aahh…-dijeron los gemelos a la vez mientras observaban la foto.

-Y bueno par de pequeños con dientes afilados, háblenme de su búsqueda del "místico objeto"-hizo el mismo efecto de las comillas que Agumon antes.

-La verdad es que no es un místico objeto…-dijo BlackAgumon.

-Sí, le pusimos así porque no sabemos qué es, y vale por un obsequio muy especial-dijo Agumon sonriente, mientras rascaba su nariz para evitar que le viniera un estornudo.

-¿Un obsequio muy especial?-repitió Etemon.

-Sí, es lo que nos dijo el digimon blanco-siguió Agumon.

-¿El digimon blanco?

-Sí, uno muy peculiar.-Agumon se rascaba por encima de la nariz nuevamente-Nunca lo habíamos visto antes.

-Hum…-Etemon comenzó a repasar mentalmente a todos los digimons blancos que conocía con la descripción que le habían dado los Agumon mientras habían estado conversando un rato antes; ninguno se le asemejaba-Tal vez sólo fue una alucinación. Porque además me dijeron que este ser blanco se les apareció en la noche ¿No?

-Sí, hace cuatro días-agregó BlackAgumon.

-Tal vez incluso lo soñaron. Yo nunca había oído de un digimon parecido.

Los hermanos se quedaron pensando en esta posibilidad. No. Estaban seguros de que había sido real, pues incluso sintieron las ráfagas de aire causadas por la columna de luz que descendió del cielo, y la extraña y mágica energía que se desprendía de ella.

-Fue real-dijo Agumon, limpiando un poco el moco aguado que le colgaba a causa de la comezón.

-Fue real-repitió su hermano mayor fijando la vista en el horizonte.

Etemon les miró de reojo. Eran muy niños, sus cabezas podían estar llenas de una imaginación desbordante, e inventar un digimon lindo no les costaría mucho. Aunque a él tampoco le costaba imaginarse a sí mismo con las digis más lindas en situaciones que…

-¡¡Allá!! ¡La veo, la veo!-gritó Agumon desde el asiento de atrás y moviendo su garra.

BlackAgumon se apoyó en el cristal del parabrisas y también gritó emocionado.

-¡También yo! ¿Es la ciudad de las naranjas señor Etemon?

-Así es chicos, ¡Ya casi llegamos!

A lo lejos, se podían ver pequeñas construcciones, y amplios terrenos plagados de verde y puntitos anaranjados. En eso, Agumon olisqueó y aspiró profundamente el aire, sintiendo sus pulmones refrescados y con un aroma dulzón.

-Huele a…¡¡Naranjas!!

-Así es pequeñín. En esta ciudad puedes sentir todo el día ese olor. Apenas lleguemos vamos a llenar el tanque y a comer algo. Porque tienen hambre ¿No?

-¡¡Síí!!-repitieron los hermanos al unísono.

-Bueno, ¡Vamos allá!-Etemon pisó a fondo el acelerador, y al jeep salió disparado camino a la ciudad de las naranjas.

Media hora más tarde, ambos hermanos se devoraban a feroces mordidas unas enormes hamburguesas que Etemon les había comprado. El digimon estaba afuera pagando la gasolina de su auto, mientras los agus lo observaban desde dentro del cristal en el restaurante donde comían.

-Oye…-dijo Agumon, mientras tragaba emocionado su primera comida en dos días.- ¿Por qué miras así a Etemon?

-¿Así cómo?-preguntó su hermano, masticando y sin quitarle la vista al digimon.

-Así mismo como lo estás mirando ahora.

BlackAgumon dejó de comer un momento, se limpió la boca y se quedó mirando hacia fuera. Agumon siguió comiendo en silencio, mirándolo.

-Es que…-BlackAgumon no supo exactamente cómo explicarse.

-¿Temes que también sea malo?

-Pues…claro, es un tipo virus, y los Etemon tienen muy mala fama…

-Oye, tú también eres así, y no por eso te miro con desconfianza a cada un minuto.

-Pero tú eres mi hermano, ¡No seas tonto!

-Eso no hace mucha diferencia. Yo creo que el tipo es tal y como se muestra.

En eso, Etemon miró hacia el cristal donde le miraban los dos digimons. Puso cara de espanto y entró corriendo al local. Cuando estuvo en la mesa de ellos, los lentes se le vinieron abajo.

-Ya…ya se han comido ocho de las diez que compré…-dijo casi llorando.

Los hermanos se miraron, y de pronto se dieron cuenta de que no llevaban la cuenta de cuánto habían comido. Dejaron todo encima y pusieron una cara arrepentida.

-Lo sentimos mucho señor Etemon-dijeron al mismo tiempo.

El digimon se subió las gafas oscuras, suspiró y sonrió.

-¡Hey! No hay para qué ponerse así. En todo caso, si como más no podré mantener la figura…-y comenzó a hacer poses, mientras exhibía sus brazos no tan figurados cómo él decía. Los hermanos se rieron y le hicieron un espacio.

El digimon se sentó y tomó una hamburguesa, a la que le puso mucha mostaza.

-Y díganme; ¿Dónde piensan empezar a buscar la cosita esa?

Los agus se miraron.

-No sabemos.-dijeron a la vez.

Al digimon se le quedó la comida en la boca. Eso no le pareció muy racional. Se tardó unos segundos en asimilar eso y se tragó lo que tenía.

-A ver… Salen al mundo a buscar un objeto extraño ¿no?

-Sí-afirmaron los dos digimons.

-Sólo porque un supuesto digimon extraño les dijo que se le había perdido y les dará algo súper especial si se lo regresan ¿No?

-Sí.

-Y aunque no saben si eso es cierto, o si el digimon es bueno o malo, van con los pantalones bien puestos y deciden encontrar la cosa ¿No?

Los hermanos miraron bajo la mesa, a ver dónde estaban los pantalones. No entendieron, pero afirmaron con sus cabezotas de todos modos.

-¡¿Y ni siquiera les dio una descripción de cómo era la cosa o dónde encontrarla?!

Movieron su cabeza de manera negativa.

-…ustedes son unos digimons muy curiosos…y bastante estúpidos.

-¡¿Eh?!

-Pero hay algo que me causa más curiosidad.

-¿Qué es?-preguntó BlackAgumon.

-¿El hecho de que aún no estamos muertos?-sugirió Agumon, mientras volvía a sentir esa horrible picazón en la nariz y comenzaba a rascársela de nuevo.

-Bueno…aparte de eso…-Etemon tomó mucho aire antes de hablar-Este…digimon blanco que les habló de su objeto extraño… ¿Es poderoso?

Agumon y BlackAgumon se miraron incrédulos.

-Porque digo, si les prometió un obsequio único y especial, tiene que ser algo bien bueno y grande ¿No?

-Eh…sssuponemosss…

-Hum…y si yo los ayudara a buscarlo, ¿También recibiría algo no?

Los dos digimons se encogieron de hombros; no tenían la menor idea.

Etemon dejaba trabajar su cerebro y maquinaba todo tipo de cosas y situaciones.

"Tal vez regale algo muy extraño y que se pueda vender muy caro, o tal vez un objeto milenario, o unos pasajes al Templo de Angewomon" pensó y sonrió de manera pervertida. Había oído hablar mucho de ese lugar, pero no podía costearse una estadía allí.

-Bueno, está decidido. Yo los ayudaré a encontrar el…-movió los dedos para darle el efecto, mientras sus lentes brillaban esplendorosamente-"Místico Objeto"

-¡Genial!-Agumon se sintió emocionado de que, no sólo recibirían ayuda, también tendrían un compañero.

-Pero señor Etemon.-los aterrizó BlackAgumon.-No sabemos si el digimon le dará un obsequio especial a usted también. ¿Qué pasa si después…?

-Oh, no te preocupes si no me da nada después. Comparten el suyo conmigo-les sonrió de manera simpática.

-Por mí no hay problema-aseguró Agumon sin dejar de rascarse la nariz.

-Eh…-BlackAgumon no estaba del todo seguro, pero decidió dejarlo así: que fuese lo que tenía que ser-Está bien.

-Bueno. Será una aventura divertida la que vamos a pasar los tres juntos. ¡Vamos! Cuanto antes encontremos la cosa esa, ¡Más pronto tendremos el obsequio!

-¡¡SÍ!!-Agumon saltó emocionado de la mesa y salió corriendo a subirse al jeep.

BlackAgumon se quedó sentado un segundo, pensando.

-¡Vamos chiquilín! El tiempo apremia-se volteó a verlo Etemon, mientras giraba las llaves del auto en su índice.

-Seguro…-BlackAgumon se bajó, recogió la hamburguesa que quedaba para su hermano más tarde, y salió del local. Etemon salió también, una vez hubo pagado la cuenta.

Los tres comenzaron a dar vueltas por la ciudad mientras miraban a todos lados, esperando ver por ahí algo que pudiera ser el místico objeto.

-Se me ocurre un lugar donde podemos ir-dijo Etemon, mientras giraba en una esquina y seguía por una calle mal pavimentada.


-Interesante ¿No?-preguntó el digimon alto a su compañero.

-Sí…más o menos. Es decir, ¿Qué probabilidades tenemos de que eso sea cierto?-respondió éste de mala gana.

-Oh, no seas aguafiestas. Somos buscadores de tesoros. Esta es una oportunidad de oro-apoyó su mano en la mesa con energía y se puso en pie-Vamos. Nosotros también buscaremos ese…-recordó cómo hacía Etemon y le imitó con los dedos-"Místico objeto"

-Uh…no lo sé, tal vez sólo sea una gran farsa, y sabes que odio esas cosas…

-Dije, vamos-lo tomó por su larga cola con anillo, recogió el bastón oscuro que estaba apoyado en una silla, arregló su sobrero oscuro y salió del restaurante cargando a su compañero hacia el auto oscuro que los esperaba afuera.

Continuará...