Capitulo 2
Draco Malfoy se removió entre las suaves sabanas de seda azul oscuro, la tranquilidad abrasadora de su recamara lo llevo a no abrir sus ojos grises aun, tomo una almohada entre sus brazos y la acomodo bajo su mejilla. Estaba a punto de caer en el inconsciente nuevamente cuando sintió una suave caricia en su hombro y abrió los ojos. Aun sin darse la vuelta le hablo en un suave tono.
-Buenos días amor- la pelirroja que se encontraba a sus espaldas embozo una suave y brillante sonrisa. A pesar de llevar casados más de dos años él aun se comportaba como el caballero que siempre fue, nunca creyó que luego de tanto tiempo él seria el mismo hombre cariñoso y atento que conoció en aquel restauran y con el cual tropezó. Todos le advirtieron que no se casara, que una gran fama de mujeriego y conquistador lo precedía, pero ella no les había prestado atención, lo amaba, él la amaba y era lo importante y hasta este día no tenía ni una sola queja de su adorado marido.
-¿Llegaste temprano anoche?- pregunto Ginny.
-Como a las 11, pero no quise despertarte porque te veías tan linda durmiendo- le dijo dándose la vuelta y acariciando la mejilla sonrojada de su mujer- perdón por no acompañarte en toda la cena pero ya sabes- le dijo con un gesto de fastidio en el rostro.
-No importa querido- enredo sus dedos finos en el cabello suave del rubio y se acercó a besar sus labios- el trabajo es el trabajo- le dijo.
El rubio sonrió y beso a su mujer con la clara idea en su mente que a él jamás nada le saldría mal, era el exitoso dueño de una de las editoriales más grandes y poderosas de Inglaterra con prestigio mundial, todo eso gracias a la cuantiosa fortuna que su mujer y el compartían, no es que necesitara del dinero de ella, pero sumándose al suyo la cantidad era exorbitante y el dinero lo hacía sentir poderoso y el poder lo hacía sentir invencible y superior a todos, y un Malfoy siempre tenía que ser mejor que todos.
Beso tras beso sentía el pequeño y fino cuerpo de Ginny estremecerse, ese pequeño y suave cuerpo era lo que amaba de ella, no su carácter tan dulce y cariñoso, no su cabello tan llamativo como el mismo fuego, no había en ella algo que le gustara más que su cuerpo. Y eso sería suficiente para cualquier otro hombre, porque las curvas definidas, la suavidad y firmeza de esa piel de marfil y alabastro, los labios rosados y suaves; y las piernas de alto kilometraje serian un manjar y un lujo para cualquier mortal, pero como ya lo había dicho, no para un Malfoy. Él debía tener todo bajo su poder y una sola mujer no era suficiente. En la línea de su familia el poder se media por la cantidad de dinero y mujeres en su carta de presentación y por eso el contaba con la dulce, sofisticada y cariñosa Ginebra Weasley y con el salvajismo, pasión y entrega de la misterios Hermione, la mejor amiga en el grupo de ballet de Ginny, la mujer de castaños cabello y exuberante hermosura comparada únicamente con las amazonas devora hombres, pero él la había domesticado y la tenía a su completa disposición y sumisión ante su encantador atractivo.
Despacio enredo la punta inferior del fino camisón de su mujer con los dedos, inicio su asenso rozando cada porción de piel que estaba a su alcance. Ginny se aferro de los cabellos de él y le susurro palabras que en público jamás pronunciarías. El lenguaje vulgar éxito al rubio quien termino de sacar el camisón y arranco de un tirón el trozo de tela en que se convirtieron las bragas de la pelirroja en sus manos, y de la misma forma con la que tomo la noche anterior a Hermione lo hizo con Ginebra, pasión y clase en cada beso, lujuria y majestuosidad propia de la realeza en cada movimiento carencial, los gemidos y gruñidos formando melodías clásicas en la historias de la humanidad, esas mismas que hicieron los cavernícolas, los precolombinos, los colonos, los mulatos, los reyes y reinas, esos eran los mismos que a Draco Malfoy le encantaban oír y sentir en su piel con cada caricia de la pelirroja, esa que ahora no lucia tan inocente en su brazos. Sin molestas prendas que cubrieran el cuerpo de su mujer ataco sus pezones con la húmeda y ágil lengua, haciendo que una descarga de éxtasis recorriera la parte trasera de la cabeza de Ginny y descendiera por la columna vertebrar hasta llegar a la entrepierna. Draco se saco la playera de seda y los pantalones de pijama en un movimiento rápido y elegante.
Los ojos cafés y llenos de vida de Ginny recorrieron sin pudor el torneado pecho de su marido, con una larga y roja uña arrullo el blanco pecho, Draco se estremeció y pidió más presión en el movimiento. Una marca roja se dejaba ver por donde la uña pasaba, la sensación en la piel del rubio era placentera, su excitación estaba aumentando y eso que no planea hacerle el amor en ese momento, pero cundo la pequeña y dulce Ginny se escondía debajo de la cama y dejaba salir a la salvaje y fiera mujer de cabello tan ardiente como ella misma, no podía resistirse a sus encantos y tomarla.
-Mi pequeña y dulce pervertida- Draco tomo a Ginny de la cintura y detuvo las extrañas caricias que ella le brindaban, ataco sus labios y le planto un beso tan húmedo y apasionado que si alguien los hubiera visto se excitaría con solo ser un simple y pasivo mirón.
El rubio dirigió su erecto miembro a la húmeda y lubricada vagina de su mujer, con la pasividad que solamente les brindaba un goce extremo a ambos se fue deslizando de apoco en ella. Se sintió tan bien al encontrarse dentro de la cavidad que le pertenecía por derecho, porque nadie tocaba a una mujer que él hubiese proclamado como suya y el imbécil que se atreviera no tenía la más mínima esperanza de ver la luz del sol el siguiente día.
Moviéndose como animales salvajes en busca de pasión, ambos jadeaban y se envolvían en un mar de sudor con sal, de gritos desesperados y pasión celestial, no importaba que la servidumbre los escucharas, en ese momento no importaba nada. Tras una última embestida, las uñas de ella clavándose como dagas en su víctima, las piernas de ambos enroscadas una con la otra como serpientes constrictor que asfixian a su presa, ambos llegaron al orgasmos dejándose caer en la densa nube que cubrió sus seres hasta relajarlos.
Draco se puso de pie luego de besar la frente húmeda de Ginny y se dirigió al baño. La luz de las costosísimas lámparas se reflejaban en los azulejos que revestían el baño dándole a la habitación un hermoso nivel de luminosidad, perfecto en combinación con su entorno sofisticado y lleno de elegancia, el lugar era un firme reflejo de la calidad de vida que se llevaba en el lugar. Tomo la legendaria hoja de afeitar de los Malfoy compuesta de plata fina con incrustaciones de esmeraldas en el agarradero y unos delicados grabados de la época del recentismo italiano, lugar de donde proviene el linaje de su familia. Su padre se la había entregado cuando realizo su primer negocio fructífero, la navaja de afeitar Malfoy había pasado de primogénito en primogénito en la línea de sucesión masculina, era una muestra tangible del poderío y nobleza de su familia. Él sabía que debía de entregar la navaja de afeitar algún día a su primogénito varón y estaba seguro que pronto llegaría el momento.
Se observó en el espejo para quitarse los residuos de la crema de afeitar, sonrió ante su reflejo de ganador, era lo más perfecto que pudiera observar, era la perfección andante. Las dos mujeres que hacían su vida más deliciosa y placenteras lo adoraban, aunque solamente una podía hacerse llamar su esposa, y sabía que ninguna de ellas lo dejaría nunca, porque no había nadie con la capacidad suficiente para poder complacerlas y hacerlas disfrutar como él lo hacía, y porque con él tenían todo lo que necesitaban: dinero, joyas, lujos. Y lo mejor, duro y ardiente sexo siempre que ellas o él lo quisieran. Pero lo más importante era que ellas no lo podían dejar porque no había nadie como Draco Malfoy.
Hermione cerró los ojos sintiendo el agua cubrir su cuerpo, dejo caer su cabeza hacia atrás acomodándose en la tina de baño y trato de relajarse, estaba tensa, los ensayos la tenían cansada, adoraba el ballet, dejarse envolver por aquella suaves y perfectas notas y anhelaba ser la mejor bailarina, el ballet era su más grande pasión y lo único en lo que podía refugiarse de la farsa en la que se había convertido su vida. Tras eternos minutos abrió los ojos, quería despejar su mente de todo lo que comenzaba a angustiarla y trato de recordar su vida antes de que Draco llegara a ella, la melodía que anunciaba que había recibido un nuevo mensaje de texto la saco de sus pensamientos, suspiro resignada y se apresuro a ponerse de pie.
Una cálida sonrisa se pinto en sus labios al terminar de leer el mensaje que su madre le había enviado, hacía tiempo que no visitaba a sus padres y no quería imaginar lo que pasaría si ellos se enteraran de su relación clandestina con Draco Malfoy, su sonrisa se borro de golpe al pensar en ello, nadie debía saber de aquella relación que había nacido a causa de una pasión que creció conforme el tiempo pasaba y que seguía latente. Su relación con el flamante Draco Malfoy había sido su perdición, se había alejado de sus padres y había comenzado una vida completamente distinta a la que alguna vez hubiera soñado, escondiéndose de todos y todo para refugiarse en la obscuridad, que era el testigo más fiel de los encuentros entre el rubio y ella, sacudió la cabeza para ahuyentar esos pensamientos y se apresuro a terminar su aseo personal, tenía cosas por hacer antes de marcharse a su ensayo, donde estaba segura vería a aquel rubio que la noche anterior la había llevado a un paraíso de placer y que se pasearía con su esposa disimulando ante lo demás una vida perfecta e intachable al lado de la pelirroja que corría con la suerte de mostrarse con él ante el público. No pudo evitar envidiar a la pelirroja y desear estar en su lugar, una sonrisa irónica se pinto el su rostro, la misma que la acompañaba cada vez que pensaba en ello, no podía evitar envidiar a Ginny pero sabía que correría con la misma suerte que la pelirroja y eso lograba calmarla y hacerla sentir segura de que Draco la quería.
La taza humeante de café que sostenía entre sus manos lo ayudo a relajarse un poco, se sentó frente a la pantalla de su ordenador y tras beber un sorbo de café, aparto la taza y comenzó a teclear algunas palabras, las ideas comenzaban a acudir a su mente una a una mientras él trataba de tejerlas para armar una historia, dándoles un sentido y construyendo en su mente cada escenario. Bebió un sorbo más de café y leyó las líneas que la pantalla mostraba, paso una de sus manos por su rebelde cabello, tenía una idea en mente que podría llevarlo a la cima y suplicaba porque en aquella ocasión no escuchara los pasos del sexto piso.
Las ideas dentro de su mente se arremolinaban una a una formando la historia que durante mucho tiempo había buscado, daba gracias a las musas que lo habían inspirado, en especial a aquellas musa que lo habían acompañado durante aquellos años, Calíope la hermosa Musa de la poesía épica y heroica, y protectora de la elocuencia, la musa de los grandes poetas; y Melpómene "La celebrada en cantos", musa de la tragedia y protectora del arte lírico y que lo habían llevado de la mano adentrándolo en un mundo donde su imaginación jugaba un papel importante y donde podía crear una vida, ideando los escenarios perfectos y jugando con ellos para construir una historia buscando la que lo llevaría a la cúspide.
Tras terminar su taza de café se apresuro a servir un poco más, se sentía satisfecho de que todas las noches de insomnio dieran los frutos que anhelaba, su mente comenzó a viajar al mundo donde sus musas lo guiaban, sus escenarios cada vez se vislumbraban más cercanos y más claros, y poco a poco su historia comenzaba a crear vida dentro de su mente, tenía que vivirla para poder transmitirla, comenzó a teclear nuevamente sin descanso y en cada línea trataba de transmitir la historia tal cual la vivía en su mente.
Los pasos en el sexto piso comenzaron a hacerse presente, Harry detuvo el movimiento de sus dedos sobre el teclado y poniendo especial atención en aquellos movimientos que eran rítmicos y armoniosos, desde el día anterior una curiosidad en él se había hecho presente al divagar que podría existir un nuevo inquilino en el sexto piso, no podía concebir que su anciana vecina fuera quien lograra recorrer su techo con ritmo y gracia. Tuvo la impresión de percibir las suaves notas de un piano, las mismas notas que había escuchado la noche anterior y su curiosidad aumento, necesitaba saber quién era el causante de aquellos pasos que recorrían su techo distrayéndole.
Dejándose llevar guiado por aquella curiosidad que se hacía cada vez mayor en él, se puso de pie bruscamente y abandono su departamento, camino a lo largo del pasillo, el elevador estaba ocupado, maldijo internamente y se apresuro a subir por las escaleras. Caminaba lo más rápido que le era posible, paró en seco al estar frente a la puerta del departamento que aun consideraba podía pertenecer a la anciana señora Smith. Desistió en tocar, no quería que su anciana vecina le invitara a pasar a tomar un poco de té mientras le narraba una de sus anécdotas que ya se sabía de memoria, y tampoco sabia que haría si había un inquilino nuevo, no sabría cómo darle la bienvenida, no había llevado un obsequio y sería descortés de su parte, giro sobre sus talones cuando escucho el ascensor detenerse, las puertas se abrieron dando paso a una linda chica rubia que caminaba en dirección a donde se encontraba él. Comenzó a caminar con dirección a las escaleras y echando un vistazo a sus espaldas observo a la chica que se detenía en el lugar en el que segundos antes se encontraba él, detuvo sus pasos observando que la rubia llama a la puerta, jamás había visto a aquella rubia de ojos celestes visitando a la anciana Smith.
Espero un poco más antes de marcharse, quería cerciorarse de que había alguien más habitando aquel departamento, tras unos segundos observo la puerta abrirse y su atención se centro en la bella mujer que apareció tras la puerta, sus pupilas se dilataron al observar a la mujer castaña, que portaba un delicado tutú, su cuerpo era resaltado por el ligero leotardo que se ajustaba a la perfección de su esculpido cuerpo, su rostro perfecto logro hipnotizarlo, poseía una belleza hechizante. Sus ojos tintinaban destellando tranquilidad y paz. Pero había en ellos un misterio indescifrable. La observo hasta que la chica ingreso nuevamente en su departamento, seguida de cerca de aquella rubia, perdiéndola de vista y deseando verla unos instantes más.
Continuo su camino en dirección a su departamento, entró en el dejándose caer en uno de los sillones, cerró los ojos recordando la perfección de sus facciones, su perlada piel, sus rosados labios en contraste con aquellos hermosos ojos color marrón, su ondulado cabello cayendo graciosamente sobre sus hombres y aquella cálida y perfecta sonrisa que se dibujo en su rostro, que aunque no había sido dirigida para él la sintió así, calida y perfecta. Abrió los ojos sonriendo débilmente, ninguna mujer había logrado hechizarlo de la manera que aquella bailarina lo había hecho, su sonrisa se ensancho, tendría que aprender a soportar los ruidos que producía esa hermosa mujer sobre su techo, que desde aquel día se convertía en su cielo, cielo donde su bailarina vecina bailaba al ritmo de aquellas delicadas notas.
