HOLA… ESTA ES MI PRIMERA HISTORIA versión de un buen libro el hombre de mis sueños de Johanna Lindsey espero que les guste los personajes le pertenecen a Naoko takeuchi
Serena obsequió a su amiga una amplia sonrisa.
-De acuerdo, pero ¿no crees que él sospechará si a partir de hoy comienzo a tratarlo en forma diferente? -Lo que creo es que seguramente dejará de insistir en que corte mi amistad contigo. Los ojos azul Cielo de Serena se enardecieron y. luego se entrecerraron: -¡Conque sí, Eh! ¿Cuándo te hizo semejante propuesta? -Oh. en más de una ocasión. Pero no puedes reprocharle nada pues lo único que le demostrabas era el lado más oscuro de tu personalidad. Le llamaba la atención el que tuviéramos una relación tan estrecha cuando en realidad somos tan diferentes en cuanto a nuestro temperamento. -¡Qué poco nos conoce!-comentó Serena bastante molesta-. Nosotras hemos sido cortadas por la misma tijera y el mismo molde.-Pero luego se calló y se mordió el labio obviamente preocupada-. ¿No insistirá en asunto después que se hayan casado, verdad? -Oh. ya sabes que Andrew no es nada arbitrario-la tranquilizo Lita-.
Y aunque insistiera no le serviría de nada. Me temo que está usted atada a esta infranqueable amistad de por vida, señorita Tsukino. Serena esbozó esa dulce sonrisa que dibujaba hoyuelos en sus mejillas y le daba otra clase de belleza, una expresión cálida, abierta... receptiva, Incluso le brindó una tregua a Lita aunque ella estaba acostumbrada a ver esa sonrisa con mucha frecuencia. Hasta se sentía privilegiada cada vez que recibía ese regalo tan especial. No había nada en el mundo que ella no fuera capaz de hacer por su queridísima amiga. Hasta los caballeros que habían estado observando a Serena desde el patio de la iglesia se detuvieron en la mita
d de sus conversaciones para admirarla sin disimulos. Algunos de ellos hasta se ilusionaron con intentar nuevamente cortejar a la incomparable beldad del condado. De nuevo en paz, TLita tomó a Serena por el brazo y la condujo hacia la puerta de la iglesia, donde Andrew aún conversaba con las cuatro Thackeray. Con una sonrisita, Lita murmuró con disimulo: -Presiento que hoy es mi día de suerte, Ser. Por fin la invitada tan deseada será nuestra. Es una corazonada. Y tú con ese nuevo vestido de popelín azul luces deslumbrante. Esa vieja cara arrugada se quedará boquiabierta, -¿De veras lo crees? -preguntó Serena esperanzada. Lita deseó que esa maldita invitada no hubiera sido tan importante para su amiga, pero por desgracia lo era. Y no porque la condesa pareciera conocer perfectamente a todos los pobladores del condado entero de Devonshire o porque la gente viajara largos kilómetros para acudir a sus fiestas, en las que siempre se garantizaba la presentación de invitados nuevos e interesantes.
Eso sólo era un detalle, aunque realmente uno muy importante para una joven que tenía las mismas esperanzas que cualquier otra muchacha: encontrar al hombre de sus sueños más románticos ya que aún no lo había hallado dentro del ámbito de los caballeros conocidos. Sin embargo, tampoco esa era la razón más importante pues en pocos meses más Serena viajaría a Londres por estudios y allí podría conocer a todos los candidatos que deseara. No en vano la condesa de Wedgewood se había esforzado a lo largo de los años en convertir en un verdadero logro el ser invitado a su casa. En consecuencia resultaba muy poco decoroso terminar en su lista de invitados para ser tachado a último momento o, peor aún, no ser incluido en ella por haber estado involucrado en algún escándalo familiar que impidiera entrar en su círculo social.
Todas las familias que tuvieran cierta jerarquía en el condado ya habían recibido una invitación por parte de la condesa, aunque no fuera más que una vez, incluso la familia de Lita. Todas menos la de Serena. Lita, por la devota lealtad que sentía por su amiga, había implorado que se la invitara a la fiesta, aunque jamás le había comentado ese detalle a Serena. ¿Con qué fin? Esa revelación la habría desesperado más de lo que ya estaba por conseguirla. Ambas muchachas se habían convencido de que la condesa esperaría a que serena cumpliese los dieciocho años para invitarla. Pero ya habían pasado dos meses desde entonces y tanto el terrateniente del condado como su hija aún seguían ignorados. Lita apretó el brazo de su amiga como respondiendo a su pregunta. Rezaba en silencio para que sus esperanzas no fueran en vano.
Después de todo, era la primera oportunidad que se les presentaba después de un mes para poder hablar personalmente con, la condesa, gracias a Adrew. Quizá, todo lo que lady Metalia necesitaba era que alguien le recordara que Serena Tsukino era su vecina... -Entonces el próximo sábado, señor Whitely -decía lady Metalia cuando las dos muchachas se acercaron-. Sólo una pequeña reunión de cuarenta personas, más o menos. Ah, y recuerde traer a su encantadora novia. La condesa sonrió a Lita, miró a Serena por un instante y luego se volvió y entró en la iglesia. Fue un verdadero y deliberado desprecio. Esmeralda Thackeray, la menor de sus hijas de diecisiete años, hasta rió tontamente antes de seguir a su madre. Las otras dos muchachas, Berly y Neoreina, parecían muy complacidas por la escena. Lita se quedó atónita, aunque sólo por un momento. Después se enfureció. ¿Pero cómo se atrevían? Todos sabían que Serena y Lita eran íntimas amigas y que Serena acompañaba a Lita y a Andrew a todas partes porque era la carabina. Las Thackeray habían planeado esta burla, minuciosamente, para que surtiera el efecto deseado. Era una manera muy sutil de implicar que la invitación de Serena no había sido enviada a sabiendas y que jamás sería bien recibida. Lita creía intuir la razón. Serena era una acompañante demasiado
bella para quien tenía tres hijas bastante feas para ofrecer en matrimonio. Andrew carraspeó para llamarlas a la realidad y recordarles que se habían quedado de pie allí, inmóviles. Por fin Lita miró a su amiga para ver cuán mal le habían caído los desplantes de las Thackeray. Mucho peor de lo que Lita había vaticinado. serena tenía el rostro más pálido que las cintas de su cofia y sus ojos azules se habían llenado de lágrimas a tal punto que amenazaban con bañarle las mejillas en cualquier momento a pesar de sus esfuerzos por contenerlas. lita experimentó un profundo dolor por su amiga. Pero lo que más la enfurecía era su impotencia para solucionar el problema.
Sólo le restaba ofrecerle su compasión y apoyo. Serena apretó la mano de su amiga, le dirigió una mirada consternada con sus bellos ojos azules y le preguntó
