El Cuervo
Según Wikipedia, Harry Potter no me pertenece.
Es una pena.
Capítulo 2
...
La mañana de los sábados eran los días en los cuales la mayoría de las personas comenzaban a descansar de la ajetreada semana. Al menos lo es en las casas sin la presencia de infantes o mujeres obsesionadas con el estudio.
Así que ahí se encontraba ese oscuro hombre conocido como Severus Snape resaltando en la habitación de colores claros sumido en sus pensamientos recordando su juventud. Observo el objeto en sus manos, no era la primera vez que lo veía o intentaba utilizarlo pero no podía dejar de sorprenderse.
Sus ojos oscuros nuevamente se posaron al frente donde una serie de imágenes se reproducían por aquella delgada pantalla, los colores, los sonidos, casi reales. Recordaba en sus años de juventud la aparición de aquellos enormes aparatos, pantallas enormes recubiertas de cajas de madera pintada en colores vistosos. Las imágenes eran cuadradas y de colores exageradamente fluorescentes, además la forma de manejar era simple, una palanca y un botón. Miro a su lado observando con detalle los pequeños dedos apoderados de todo aquel aparato negro de forma irregular, pulsando botones con una sincronía aterradora, sin duda tenia habilidad.
―¡Papá no estás intentándolo!
Severus sonrió amablemente lleno de cariño. Patrick se había vuelto a concentrar en el balón virtual buscando anotar un gol mientras esquivaba al equipo contrario, su padre parecía no estar prestando atención al juego y no le ayudaba mucho.
―Cuando termine este partido apagas el juego, no quiero retrasarme como el sábado pasado.
―Sí papá ―contesto el niño distraído. Por lo que Severus suspiro y negó con la cabeza sabiendo que tendría que recordárselo en unos minutos.
Había pasado alrededor de una hora cuando la puerta se abrió abruptamente dando paso a una ajetreada Hermione. Patrick y Severus se encontraban en la cocina e inmediatamente reconocieron la entrada de la mujer de su vida.
―¡Voy a vestirme! ―se escucho la voz de la mujer, mientras sus zapatos de altos golpeaban los escalones en una rápida ascendida.
Padre e hijo observaron por un momento aquel arco que brindaba acceso hacia living y por donde vieron la carrera de la castaña. Con un suspiro largo y un movimiento negativo de cabeza por parte de ambos, regresaron a su labor nuevamente.
Severus sonrió ante el gesto, esas actuaciones por parte del pequeño eran tan naturales, causando que su corazón una vez muerto se agitara ante el orgullo que sentía por su hijo.
―¿Llevamos sándwich de pavo? ―cuestiono el chico al observar la cesta de pic-nic.
―Sí, también llevamos el té de jazmín ―menciono con fastidio fingido.
―Me alegro ―dijo aliviado el chico―, últimamente mamá está un poco insufrible.
―Solo es el aumento de trabajo, después se calmara ―respondió el hombre mientras cerraba la cesta―. Ve por tu maleta, no quiero tener que regresar por qué olvidaste algo ―Patrick solo se encogió de hombros, para después dirigirse hacia el marco que colindaba a las escaleras.
―Como si no fuera solo una aparición rápida.
…
Ginebra Weasley actualmente Potter era la mujer más envidiada y respetada del mundo mágico, se había convertido en la esposa del famosísimo Harry Potter, era reconocida por siempre vestir de la forma más impecable y reconocida por mantener una envidiable figura después de tres embarazos.
En la actualidad era vista como una joven mujer victima de la mala suerte a causa de un marido continuamente denominado héroe que actualmente era herido por una oscura maldición.
Al principio Ginny Potter disfruto el placer de volver al ojo del huracán, después que el nacimiento de su hija no fuera un acontecimiento tan reconocido como lo fueron sus anteriores embarazos, para la pelirroja el tener a la prensa comentándola constantemente, mandando los mejores deseos para su familia y otros benévolos comentarios, de alguna forma le alegraban aun pese a la precaria situación de su marido.
Sin embargo si era honesta con ella misma las cosas se habían complicado, su marido ya tenía más de tres semanas hospitalizado sin nadie que pudiera ayudarle. Aun cuando el hombre de ojos esmeralda se había recuperado de sus heridas físicas, su psique se encontraba sometido a una maldición para la cual San Mungo no encontraba preparada y no conseguía un pocionista que aceptara elaborar una poción que era peligrosa en el proceso de elaboración y que un pequeño fallo podría ser fatal para el paciente.
Así que después de varias semanas donde el dinero para mantener su hogar se veía diariamente reducido, decidió acercarse a Gringotts para cuestionar la situación de su pensión semanal que se encontraba retenido desde el ingreso de Harry en el hospital mágico.
Fueron unos minutos de espera para que la atendieran, después de los problemas causados por el afamado trió dorado, los duendes tardaron un tiempo en resolver el conflicto con Harry, aunque la intervención del ministerio ayudo, no era un lugar donde el nombre Potter fuera alabado. Sin embargo la sorpresa fue descubrir que el sustento de su familia no se encontraba suspendido por razones extraoficiales al desprecio que tenían los goblins hacia Potter.
―Las reglas familiares están muy claras señora Potter, aun cuando usted ostente el nombre de su esposo, el dinero, al no estar en condiciones su marido, pasa directamente al primogénito. Que en caso, al ser menor de edad, a la madre de este. El señor Potter jamás cambio las condiciones familiares de su cámara, no se puede hacer nada.
Y fue así como aturdida y enfadada Ginebra Potter llego a su vacio hogar con la fría carga sobre su corazón. No intento acercarse a ningún lugar cómodo o privado, se tiro al piso en cuanto se adentro en su casa y lloro con amargura.
…
―¡Corre! ¡Corre Pat!... ¡Gollll!
Severus Snape observaba a su joven esposa saltar y vitorear a su hijo, los rizos oscuros eran inconfundibles como aquella sonrisa idéntica a la de él mismo.
―Tú hijo es un maravilloso jugador Jean ―mencionó la mujer que se encontraba sentada a un lado.
―Gracias ―respondió una Hermione orgullosa―. Michel juega muy bien, no parece que hace dos semanas aun tenía el yeso en su pierna.
―Estos niños ―dijo la mujer sonriente―, parecen hechos de goma.
Severus revolvió los ojos al observar como su esposa se inflaba de orgullo por su hijo. Era natural, incluso él lo hacía, pero todo radicaba ahí, a él le gustaba demostrar el orgullo, Patrick era quien le hinchaba más. Verlo crecer tan sano y lleno de todas las alegrías que él no tuvo de niño lo hacía sentir bien y completo, lograba sentirse un padre, uno diferente al que tuvo el.
Bajo el intenso sol del medio día Patrick Snape corría por la cancha, con sus rizos golpeando su cara, levantaba sus brazos en victoria y observaba a su padre quien le mostraba con un silencioso gesto lo satisfecho que se encontraba por su desempeño.
Cuando el partido término Severus y Hermione se retiraron mientras su hijo se marchaba con su equipo a celebrar comiendo la pizza y el helado de la victoria. La pareja caminó lentamente a través del parque. Observaron a los corredores y las familias conviviendo. Sin embargo no existía la envida o la añoranza en ellos, aceptaban que su hijo cada día crecía más, cambiaba de intereses y deseaba pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo no se angustiaban con el tiempo y los cambios, pues cada noche él se acurrucaba entre ellos en el sofá y los domingos exigía ver los dibujos animados en la cama entre sus dos padres, estas acciones del pequeño causaba la calidez en sus padres, al saber que su pequeño bebé aun existía, en ese cuerpo cada vez mas grande.
Cuando todos comenzaron a marcharse y los padres felicitaron a sus hijos para dejarlos ir, Hermione y Severus tomaron la cesta vacía y retomaron camino hacia su automóvil.
Caminaron en silencio, sin sujetarse las manos ó hacer alguna muestra de afecto, sin embargo para el ojo experto no pasaba desapercibida la postura relajada, el andar juntos, sus pasos sincronizados y esa magia que solo aquellos enamorados pueden derrochar al envolverse en su propio mundo.
―¿Quieres pedir la cena o la preparamos? ―finalmente Jean rompió el silencio, su marido no contesto, observaba cuidadosamente su alrededor, "Alerta permanente" era parte de su rutina, por lo que no se sintió ofendida a su falta de respuesta pues no significaba que no la habría escuchado―, podríamos pedir comida tailandesa… Patrick no volverá hasta mañana a medido día… si tenemos suerte.
―O tal vez decida volver a media noche, como la ultima vez, finalmente estará a dos casas.
Hermione hizo una pequeña mueca de disgusto al recordar aquel escenario y Severus no pudo evitar regodearse por dentro, aun cuando su rostro no demostraba más allá de su seriedad habitual.
―Espero que esta vez decida quedarse toda la noche ―indico la castaña con los ojos brillantes a la expectación― no quiero que vuelva a interrumpir como en nuestra última… discusión.
Los ojos obsidiana brillaron ante la diversión del recuerdo, aunque internamente se había sentido tan frustrado como la bruja a su lado. Así que cuando llegaron a su vehículo el brillo de sus ojos garantizaba la promesa de una noche espectacular para adultos.
…
Harry Potter nuevamente se había despertado después de intentar inútilmente dormir un poco más de media hora. La poción para dormir cada vez surtía menos efecto y los sanadores como su familia se mostraban estresados ante la respuesta negativa hacia las diversas pociones y encantos, no había mucho que hacer, estaba maldito y seguiría igual hasta que Severus Snape u otro pocionista se arriesgara a preparar el remedio.
Estuvo varias horas sumido en el silencio, rememorando las pesadillas. Recordando la guerra, rememorando los peores actos que vivió. En su mente retumbaban las palabras del joven de sus pesadillas, continuamente lo veía cuando cerraba los ojos y solo se encontraba con el profundo odio de aquellos ojos almendrados.
―¿Estas despierto? ―dijo Ronald Weasley al abrir suavemente la puerta. Al observar la cabeza oscura alzarse en reconocimiento de su voz, sin pena entró a la habitación―. Te vez fatal amigo.
―Sí, bueno, el envejecimiento prematuro ocurre cuando no puedes tener más allá de dos horas de sueño ―la sonrisa forzada de Harry se borro. Con un gran suspiro alzo su cuerpo para sentarse en la cama y observar a su mejor amigo que ya había tomado asiento en la silla junto a él―. Me estoy volviendo loco Ron… no puedo dejar de pensar, mi cabeza solo es capaz de recordarme todos mis errores, mis fracasos, mis miedos.
Ron guardo silencio durante un par de minutos y cuando una melancólica sonrisa apareció en su rostro, el estomago de Harry se retorció y estrujo violentamente ante la culpa.
―Si ella estuviera aquí seguramente ya habría encontrado una solución, hubiera amenazado a Snape y a todos los pocionistas ó incluso se habría arriesgado a hacerla ella misma.
―¡Pero ella no está aquí Ron! ―grito con vehemencia y enfado. Pero la triste mirada en los ojos azules, hizo que de inmediato sintiera culpa―. Lo… Ron lo siento, realmente… Solo, discúlpame amigo.
Sin embargo la mirada de Ron se encontraba seria y decidida, había perdido el destello juguetón y relajado que le caracterizaba. Un peso cayó sobre el estomago de Harry al sentir esos ojos maduros cuestionarle.
―Nunca retome el tema Harry, sin embargo jamás entendí las acciones de Hermione, ni las tuyas. El final de la guerra era una confusión llena de dolor, habíamos perdido a Fred, todo era un caos con Hogwarts destruido y tantas familias rotas ―el ahora hombre pelirrojo tomo un suspiro y miro hacia otro lado―. De pronto Hermione era acusada de tratar de seducirte y tú la acusabas de ser una oportunista mentirosa. Ginny jamás se alejaba de ti y entonces ella… entonces Hermione simplemente desapareció.
―Ella decidió macharse Ron, simplemente desapareció ―pero las palabras del salvador del mundo mágico, eran repetidas como una mentira que deseaba creerse el mismo.
―Y sencillamente eso paso. ¡Simplemente se fue! Ella te siguió hasta el fin del mundo y tú solo la dejaste marchar sabiendo que no tenía nada más en la vida ―las palabras y la mirada acusadora de Ron enardeció al moreno.
―¿No sé porque viene esto ahora Ronald? Tampoco tú la ayudaste en el momento.
―Por que durante muchos años, sencillamente deje que tú y mi hermana degradaran el nombre de Hermione, que la acusaran de ser oportunista. ¡Sin embargo en tus pesadillas solo imploras su perdón! ―Harry palideció ante tal confesión y el acercamiento de su amigo lo desconcentro, sobre todo cuando lo tomo del cuello de la bata de hospital―. Dime ahora mismo la verdad sobre Hermione, ya no soy un mocoso estúpido que trata de superar el trauma de la guerra y cree cualquier cuento que Ginebra y tú inventaron.
Y sin poder controlarse más Harry Potter rompió en llanto, su cuerpo se convulsiono fuertemente ante todo el remordimiento guardado, ante toda la angustia que ha vivido durante ocho años. Lloro como un niño pequeño en brazos de su amigo, mientras contaba su peor pecado entrecortadamente con sus alaridos angustiosos. Ron no pudo evitar llorar junto a él, finalmente Harry no había sido el único culpable, todos le habían dado la espalda a una chica indefensa, a una mujer capaz de abandonar su cómoda vida por seguir a su amigo, por salvar un mundo que siempre la señalo por su estatus de sangre. Después de tantos años transcurridos, finalmente la historia real de Hermione Granger había sido contada y llorada.
…
La noche había caído en Londres, las nubes negras se habían acumulado al final de la tarde comenzando una lluvia torrencial que parecía no acabaría en varias horas, sin embargo esto no parecía importarle mucho a una pareja refugiada en su confortable hogar en un tranquilo barrio londinense. La cocina ligeramente sucia con los restos de una cena olvidada, la luz del pasillo encendida revelando algunas prendas de ropa desperdigadas por los pulidos pisos de madera.
El silencio de aquel domicilio solo era roto por las gotas de agua que repiqueteaban incesantes contra las ventanas y los suspiros que inundaban la planta alta.
La oscuridad de la habitación principal brindaba un cálido y misterioso ambiente a los amantes. Los suspiros de satisfacción y de placer no se hacían esperar mientras dos cuerpos perdían sus formas independientes haciéndose uno sobre la enorme cama.
Un rayo ilumino la estancia de los amantes con aquella fluorescente luz violácea, ambos ignoraron el estruendoso trueno que le siguió, pues se perdieron en la mirada del otro, encontrando la aceptación, la paz y el amor que hacía años descubrieron.
―Se…Seve…rus… ―suspiro con dificultad la mujer, mientras su compañero besa su cuerpo en adoración y sus manos grandes rozaban cada porción de su piel llevándola al éxtasis.
Cuando la cálida boca de su amante se apodero del pequeño capullo de su seno, un alarido escapo de sus labios al momento que enredaba sus manos entre sus cabellos negros. Sus cuerpos se acercaban a la combustión espontanea, una corriente eléctrica viajaba por todas las terminales nerviosas de sus cuerpos ante cada roce o beso.
Severus regreso a los labios de su esposa para beber de su miel tras atender debidamente sus pechos. Sentía que su sangre hervía de la emoción y su miembro erecto rozaba contra el femenino pubis aliviando la tensión. Apreció a su mujer dándole la bienvenida abriéndose completamente para él. Una de sus manos se deslizo hasta entrelazar la de su esposa brindándole aquella fuerza y confianza que la primera vez, ahora no lo necesitaba pero era un ritual que ya formaba parte en ellos. Volvió a besarla con suavidad mientras se hundía en las profundidades cálidas de su feminidad.
Los dedos de la castaña recorrieron cada porción de piel disponible, memorizando las imperfecciones de la misma. Mientras el placer de aquella antigua danza se intensificaba, con sus uñas rascaba entre los pliegues de los magros musculosos de su esposo, mientras sus piernas se enredaban en las estrechas caderas y sentía que su vientre hervía como un caldero con una poción inestable al punto para explotar.
La piel de ambos daba la sensación de quemazón mientras se frotaban entre sí, sus extremidades se habían enganchado unas con otras en un sofocado deseo para no dejarse ir, sus labios se devoraban como brutalidad, mientras las caderas de ambos se arqueaban y golpeaban buscando alcanzar el punto culminante de su éxtasis. Fue ella quien llego primero en una violenta convulsión corporal que lo arrastro a él para envolverse en el eterno éxtasis de un segundo.
Severus logro removerse del cuerpo de su esposa para tumbarse a su lado, ella aun trataba de regular su respiración cuando él la atrajo lo más cercano que podrían estar. Hermione se acomodo en el espacio del magro cuerpo masculino, mientras Severus aun movía sus manos acariciándola y la llenaba de besos en el rostro haciéndola sentir amada.
―Gracias ―susurró con la voz aun ronca por el deseo. Inmediatamente después el hombre se dedico a beber de sus labios, de reconfortarla con sus manos y adorarla con sus palabras―. Eres tan hermosa.
Hermione sonrió con sinceridad mientras el efectuaba el ritual que se había establecido desde la primera vez que estuvieron juntos. En algún punto de su matrimonio decidió quejarse de este empalagoso rito post coito. Sin embargo la primera vez que estuvo ausente, la inseguridad y las pesadillas volvían a ella. Hermione Granger había sido marcada cruelmente y con fuerza necesitaba la comodidad de la rutina.
Tal vez no brindaba grandes variantes al compartir la cama con su pareja, pero él entendía, el no buscaba más de lo que ella era capaz de darle y agradecía cada entrega como si fuera la primera.
Severus Snape le había mostrado no solo los placeres del dormitorio, también el respeto y cariño que un hombre puede darle a una mujer a manos llenas. Ella estaba agradecida y aun cuando no lo pareciera por el carácter de ambos, ella aun estaba enamorada de su esposo y su amor crecia cada día mas.
―Te amo ―susurro Hermione antes de caer dormida por el cansancio. No fue capaz de contemplar la dulce y satisfecha sonrisa de su compañero, pero no lo necesitaba, había pocas cosas de las que Jean estaba segura y el amor de Severus Snape hacia ella, su mujer y hacia Patrick, su hijo. Era lo último en lo que sería capaz de dudar.
―Descansa ―susurró finalmente el hombre, mientras daba un último beso en un delicado punto entre el cuello y la oreja que la hizo sonreír en sueños. La observo una vez más en la oscuridad, sorprendido y satisfecho por amar a esa mujer.
Se envolvieron entre brazos y piernas como solo una pareja cómplice podría hacerlo, protegiéndose el uno al otro mientras la noche pasaba y la lluvia aun continuaba golpeando todo a su camino.
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Les pido disculpas por las faltas ortográficas y gramaticales. También por el horrible lemmon, espero mejorar conforme vuelva a retomar la escritura, estoy bastante oxidada.
:3 Gracias por leer.
