Capítulo 2:
Era evidente que las palabras de Kikyou habían dejado a Inuyasha completamente consternado.
Kagome… ¡No puede ser! Pensaba, tratando de asimilar toda la información que le había sido entregada tan abruptamente. Ahora resulta que, si utilizo los poderes de la Perla, el puente entre nuestros mundos desaparecerá… Lo mismo ocurrirá si Kikyou la encuentra primero y la destruye, o si el bastardo de Naraku… ¡Maldición!... ¿Por qué tenía que pasar esto? Continuaba diciéndose, abatido. Lo único que sabía era que debía proteger a Kagome a como diera lugar, aún a costa de no volver a verla más. Pero el sólo pensamiento le calaba el alma.
Mientras se encaminaba nuevamente hacia la aldea, se encontró de pronto frente al pozo. Se quedó mirándolo fijamente por unos instantes, intentando contener la gran tristeza que sentía al imaginar que, la próxima vez que Kagome viajara por él hasta su propio mundo, sería la última, ya que luego no podría regresar. Fue entonces cuando, inesperadamente, una gran mochila amarilla emergió desde el interior del pozo, seguida por Kagome.
"¡¡Hola, Inuyasha!!" gritó ésta, sacudiendo el brazo, en señal de saludo.
Inuyasha se sintió feliz al verla e intentó permanecer en ese estado, como si nada hubiera sucedido.
"Kagome… ¡¡LLEGAS TARDE!!" le gritó, como de costumbre.
"¿A ver?... ¿Es ésta la manera de recibirme después de haberme ausentado por tres días?" le reprochó a Inuyasha, molesta. "¡Qué grosero de tu parte!"
"¡Ja! En primer lugar, no debiste haberte ido por tanto tiempo. Todos aquí te extrañan mucho y me preguntan a cada rato: '¿cuándo volverá Kagome, Inuyasha?'… ¡Ya me tienen harto!" se quejó.
Kagome estuvo a punto de responderle, pero, justo en ese momento, aparecieron todos para darle la bienvenida.
"¡¡KAGOME!!" exclamó Shippou, corriendo a gran velocidad para saltar a los brazos de Kagome, quien lo recibió cariñosamente.
"Shippou ¿te has portado bien?" le preguntó al pequeño zorro. Y luego, agachándose para hurgar en su mochila, sacó una gran paleta de dulce. "Mira lo que te traje"
"¡YUPI, mi favorito!" exclamó Shippou. "Gracias, Kagome"
"Señorita Kagome, que bueno que ha regresado" se sintió la voz grave del monje Miroku, quien se aproximó a Kagome para intentar abrazarla.
"Ay, monje Miroku. Mire lo que le traje a usted también" dijo Kagome, poniendo la pequeña estatuilla de un Buda en la cara del monje. "¿Verdad que es lindo?" dijo, sonriendo, nerviosamente.
"Por cierto" respondió él, desviando su atención hacia el objeto. "Se lo agradezco de corazón"
De pronto, Kagome se percató de que faltaba un miembro muy importante del grupo.
"¿Y Sango?" preguntó, buscándola con la mirada.
Sango se mantenía un tanto al margen. Estaba sumamente deprimida desde la tragedia que había llevado a su hermano Kohaku a quitarse la vida. Naraku, para castigarlo por haberlo desobedecido, le había devuelto sus antiguos recuerdos, lo cual fue demasiado terrible para el pobre niño. Tanto así, que no pudo soportar el dolor al saber que había asesinado a los suyos. Por lo menos, Sango tenía el consuelo de haber visto morir a su pequeño hermano entre sus brazos.
Kagome se acercó lentamente a ella y le tendió una mano.
"Esto es para ti, querida Sango" le dijo, entregándole un pequeño objeto que traía oculto en el puño. Era una pulsera de la buena suerte que había comprado especialmente para ella.
"Gracias, Kagome…" dijo Sango, sonriendo débilmente. "Te pido disculpas. No quería que me vieras así de triste a tu llegada"
"No tienes por qué disculparte, amiga. Puedes desahogarte con nosotros, que te queremos mucho. ¿No es así, monje Miroku?" preguntó Kagome, mirando en dirección al monje.
"Por supuesto que sí, señorita" se apresuró a contestar Miroku. "Pero, por más que intento sacarle una sonrisa a mi Sanguito, ella me rechaza. ¿Qué puedo hacer? Al parecer, mi amor nunca será correspondido…" se lamentó, llevándose una mano al rostro.
Sango lo miró con suspicacia.
"No sea cínico, Excelencia. ¿Usted cree que me hace muy feliz su manera de consolarme?"
"Al menos ya no me golpeas con tanta fuerza, mi amor" le contestó el monje, con una expresión picarona que la hizo sonrojar.
"¡¿Qué está insinuando?!" exclamó Sango, completamente ruborizada. "Y… para que aprenda…" y, dicho esto, le aforró una cachetada que le dejó la cara marcada.
Miroku suspiró, a la vez que se sobaba la mejilla afectada.
"Ahh… Quien te quiere, te aporrea…"
Kagome lo miraba, de brazos cruzados.
"Ay, monje Miroku. Usted no cambia…"
"¿Oye, Kagome?" preguntó Inuyasha, tocando el hombro de Kagome con insistencia. "¿Y para mí no hay nada?"
"¿También quieres que te abofetee, Inuyasha?" le contestó ella con otra pregunta, bastante maliciosa de por sí.
Inuyasha frunció el ceño.
"¡No, tonta! Me refiero a que si me trajiste algo de tu época"
"Pues sí, pero ya no te lo voy a dar" le dijo, sacándole la lengua.
"¡Rayos!" exclamó Inuyasha, dándole una patada a una piedra. "¡Qué mujer tan detestable!"
Mientras se comía su golosina, Shippou se dedicaba a observar cómo se peleaban los otros. Definitivamente, no entiendo a los adultos… se decía. Pero pronto entró en pánico al sentir la mirada asesina de Inuyasha.
"¡DAME ESO, ENANO!" le gritó el hombre mitad bestia, alzándose por encima de él para atraparlo.
"¡NOOO, KAGOMEEE!" salió gritando también el pequeño zorro, soltando la paleta de dulce, la cual Inuyasha tomó al instante. Pero no fue como él esperaba.
"¡Guácala!" exclamó, intentando zafarse del dulce. "¡Esto está todo pegote!"
En ese instante, llegó Kagome para poner las cosas en orden.
"¿Inuyasha?" lo llamó, con tono seco.
"¿Qué?"
"¡ABAJO!"
E Inuyasha se fue directamente de bruces al suelo, provocando un temblor en la tierra.
"Kagome… Me las pagarás…" balbuceó, con la cara aún hundida en el césped.
Fue entonces cuando se escuchó un llanto desolado.
"¡Ya no podré comérmela!" lloraba Shippou, señalando la paleta, que yacía toda sucia y pegoteada en el suelo. "¡Inuyasha la infectó con su hocico de bestia peluda!"
"¡¡QUÉ DIJISTE!!" le gritó Inuyasha, poniéndose rápidamente de pie. "¡Ni siquiera la toqué, tonto!"
"¿Inuyasha?" volvió a decir Kagome, cerrando los ojos, intentando permanecer calmada.
"¡¡ARGH!!" exclamó Inuyasha. "¡MALDICIÓN!"
Continuará…
