Esther Quesada Gálvez 1 julio 2006
Todavía no he recibido ningún review, pero supongo que la historia no es tan mala, no? Anda, porfavor, animadme un poquito y decidme vuestra opinión sobre este siguiente capítulo. Espero que os guste.
Capítulo 2 – Sonrisa de niña
Olivia Flaversham estaba sentada en el sofá, sosteniendo la taza de porcelana delicadamente entre los dedos y con el platito en la falda.
La Señora Judson se encontraba a su lado, hablando con entusiasmo.
Dawson y Basil se hallaban sentados en sus respectivas butacas. Éste último, con un codo en la pierna y el dorso de la mano correspondiente tapándole la boca.
―Estoy tan contenta de que estés aquí de nuevo, querida ―Dijo Judson ―A esta casa le hacía falta un poco de alegría juvenil.
―Es muy amable ―Sonrió Olivia ―pero creo que usted ya se encarga de alegrarla bastante con sus deliciosos postres.
―Ah, eres un cielo, querida mía ―Se sonrojó la otra ―Y pensar que eras tan chiquitita cuando te conocí...
―Sí, tenía 11 años
―Y cuantos tienes ahora?
―Diecinueve.
―Oh, ya eres toda una mujercita. Y qué, ya has encontrado algún pretendiente?
Olivia miró a Basil de reojo y sonrió para sus adentros cuando él giró la cabeza para evitar sus ojos.
―De momento... no ―Dijo, con voz suave
―Vaya, que pena ―Resopló Judson con decepción ―Bueno, ya te llegará. Hay muchos hombres aceptables en Londres. En fin ―Se levantó y tomó la bandeja con el plato de postres vacío ―Discúlpame, voy a recoger todo esto. Vuelvo enseguida.
―Oh, no! Qué tarde que es? ―Dawson se levantó de repente con su reloj de bolsillo en la mano ―Le había prometido a mi Señora que la acompañaría a recoger los libros a la biblioteca! ―Miró a Basil y luego a Olivia ―Lo siento, debo marcharme.
―No se preocupe, ya nos hacemos cargo de ello.
―En fin, me alegro mucho de verte, Olivia. Espero que volvamos a vernos pronto.
―Se lo prometo, Doctor Dawson. ―Sonrió ella
―Adiós, querida ―Le tomó la mano y la besó con galante cuidado para no apretar sus delicados dedos.
―Vaya con Diós, Doctor.
Dawson se despidió de la Señora Judson desde el comedor y se tocó el sombrero mirando a Basil antes de abrir la puerta y marcharse corriendo.
Olivia y Basil permanecieron unos segundos de pie, en silencio, hasta que ella tomó la palabra y recogió su pamela del perchero.
―Bueno, yo debería irme también. El coche me espera fuera y mi padre estará empezando a preocuparse por mí ―Se ató el lazo de la pamela y miró a Basil con una sonrisa ―De verdad que me alegro mucho de verte. Espero también que nos volvamos a ver muy pronto.
Él asintió con una media sonrisa. No sabía porqué, pero desde el mismo instante en que había vuelto a ver a Olivia, el corazón no había dejado de palpitarle con la fuerza de una locomotora. De hecho, en ese mismo momento, se estaba sintiendo cortado, no sabía qué decir. Además, durante todo el rato en que ella había estado tomando el té en la casa, no había soltado palabra.
―Despídete de la Señora Judson por mí, de acuerdo? ―Dijo ella, con dulzura
―Lo haré ―Estas eran las primeras palabras que pronunciaba desde hacía horas.
Sin previo aviso, Olivia le tomó la cara con una de sus manos enguantadas y le besó en la mejilla.
―Adiós, Basil ―Susurró.
El ratón se quedó inmóvil, mirándola con asombro mientras ella abría la puerta y le dirigía una mirada coqueta antes de salir a la calle.
El cochero ayudó a Olivia a subir al carruaje y se sentó delante, a la espera.
Alguien salió de la casa humana del 221 de Baker Street y subió al enorme carruaje. El cochero humano sacudió las riendas de los caballos y el auto comenzó a desplazarse.
Olivia descorrió la cortina de su compartimiento y miró una última vez a Basil, quieto y callado, antes de sonreír y volver a correr la cortina.
Basil vio como se alejaba el carruaje con ojos fijos hasta que lo vio desaparecer tras la fina niebla de la tarde.
Todavía sentía el corazón a mil por hora. La imagen de Olivia acercando su rostro, su mano tomándole la cara con esa ternura, el beso...
Se tocó la mejilla con dos dedos de la mano y creyó sentir aún el calor de aquellos labios. Olivia había cambiado mucho, eso no había nadie que se lo pudiera discutir... pero la reacción que le había provocado en el organismo al verla, aquella sensación de mariposas en el estómago y más abajo... y luego, sólo con tocarle el rostro...
Basil se sacudió mentalmente y dejó escapar un suspiro largo y cansino. Entró en casa cerrando la puerta tras de sí, se pasó la mano por los cabellos y se dejó caer pesadamente en su butaca.
―Bueno, bueno, ya estoy aquí. Ya he acabado de lavar toda la... Pero dónde está Olivia? ―La Señora Judson entró en la sala mirando a ambos lados y se topó con la figura cansada de Basil. ―Eh?
Él puso los ojos en blanco y respondió a su pregunta.
―Se ha ido.
―Tan pronto? ―Volvió a mirar por toda la sala de un vistazo ―Y cuando volverá?
Basil la miró con las cejas levantadas.
