¡Llegué!
Bien, con mi último capítulo del reto para mi bella bruxi (cariño, juro que lo del jarrón es originalmente mío, ya que jamás he visto Ouran xD) bien, se puede decir que este capítulo está muy pensado y esperando no haber quedado OoC te recomiendo que lo leas, princesa.
No sin antes agradecerles a las chicas:
Lorena.
Minidracula3.
Alejandra Alcalá.
Bruxi.
Aleja25.
Elvi.
Nina Parker.
Blacklady Hyuuga.
Debo decir que me siento muy feliz porque la mayoría de reviews son de miembros no registrados y eso me hace feliz porque significa que no solo se han dedicado a leer si no que me han dado ánimo con sus comentarios a pesar de no tener cuenta.
¡Muchas gracias, son los mejores!
¡Disfruten todas, y especialmente tú, bruxi!
Disclaimer: Honores a mí comadre Rumiko Takahashi por prestarme a sus personajes. La idea tiene los honores de bruxi© pero cada párrafo y horror ortográfico me pertenece.
Curves revealed.
II
Se mordió las uñas, con desesperación, esperando escuchar el timbre del teléfono. Miró para el reloj de la sala de su casa: nueve de la noche. Nada. Suspiró largamente con tono de agotada mientras cerraba los ojos, ¿qué le pasaba? Se suponía que no le gustaba la idea de posar en ropa interior para que un millón de personas la mirara, pero ahora estaba loca por que le llamasen para decirle que había sido elegida ¿acaso estaba loca? Primero pensaba algo y luego deseaba otra cosa.
Estaba a punto de dejar de pensar en la posibilidad de haber ganado el maldito casting cuando el sonido del timbre llamó su atención. Abrió los ojos como platos, quedándose parada como estatua mientras una gota de sudor rodaba por su sien; miró lentamente para el aparato, el cual dejaría de sonar pronto si no se dignaba a contestarlo. Trató de salir de su trance para correr hasta la mesita y alzar el teléfono para contestar. Tragó duro antes de hacerlo.
—¿Bueno? —Tembló su voz al momento de hablar. Escuchó la voz de una mujer saludarle con mucha elegancia y ánimo al momento que le informaba detalladamente lo que tanto había estado esperando Kagome—. ¡¿Es en serio?!—chilló la azabache al momento que se sonrojaba y una pequeña lagrimilla la embargaba, por la emoción—. Sí, entiendo señorita, claro…de acuerdo, muchas gracias. —Colgó el celular para poder gritar con euforia—. ¡Lo conse…!
—¿Qué demonios te pasa, Kagome? —Y a Higurashi se le calló el mundo a pedacitos. Miró para InuYasha, completamente muerta del miedo ¿pero qué demonios hacía ese bruto allí? ¿Acaso era que estaba loco? ¡Dios! ¡¿Y ahora qué era lo que iba a hacer?! Lo miró de manera lenta, casi asesina.
—¿I…InuYasha?
El aludido frunció el ceño, ¿por qué la chica tenía esa cara de asesina sádica? trató de no sentirse acosado e intimidado mientras el sonrojo le subía—. Solo regresa, tenemos fragmentos que recolectar. —¿Acaso no pudo haberse inventado una excusa más creíble para regresarla? Claro, es que no podía ir y decirle: «Vamos, Kagome, te necesito más de lo que un día pude haberme imaginado, creo que me he hecho de ti dependiente, ni siquiera puedo vencer en una batalla si no te percibo y soy capaz de dar mi vida por salvar la tuya». No, mejor lo que le había dicho (no era bueno meter la pata en esos momentos, además, Naraku seguía vivo, Kikyō…bueno ella también. Seguía siendo un indeciso pero… estaba claro que ella le pertenecía, eso no había que discutirlo). Solo era mejor tratar de ordenar las ideas para poder abrir la bocota.
—Pues es mejor que pienses en regresar tú solo, InuYasha, aún tengo dos días antes de lo acordado. —Kagome desvió la mirada (se sintió realmente triste, no esperaba que él estuviera allí solo porque necesitaba que ella le ayudara a recolectar los fragmentos), el dolor la inundó e InuYasha se dio cuenta.
—No seas tonta —trató de no sonar tan idiota—, te…te necesitamos. —Bajó las orejitas, dando un aspecto de perrito regañado. Kagome sintió inmensa ternura al verlo y sonrió, de esa manera que embobaba al hanyō.
—Lo siento, InuYasha, pero tengo cosas muy importantes qué hacer antes de regresar. —Habló dulcemente.
A cambio, InuYasha frunció el ceño.
—¿Qué cosas? Yo puedo acompañarte.
—¡No, no, no, no! —movió las manos en manera de negación mientras se ponía nerviosa y se sonrojaba—. No es necesario, InuYasha, mejor regresa a la aldea, nunca se sabe cuándo ataque Naraku y los muchachos están descubiertos, además, Miroku siempre se propasa con Sango y…
—Ellos no me importan—cortó decidido, mirándola fijamente (era por ese raro presentimiento de la mañana). Me importas tú (se contuvo a decir) ¡¿Pero qué demonios era lo que le estaba pasando?! Comenzaba a cabrearse con él mismo.
—¿Eh?...
—Quiero decir que están bien—la arregló (la embarró, era tan malo para mentir)—. Solo conténtate con saber que voy a estar vigilándote, siempre haces lo que se te da la gana y demoras más.
—InuYasha, te recomiendo que me hagas caso, por favor—Kagome no quería gritar «¡Siéntate!» y mandarlo al piso.
—Kagome…
—¡Abajo! —Explotó, roja por la ira—. ¡Y si es que no deseas terminar bajo la tierra, será mejor que te vayas! —InuYasha trató de alzar la cabeza para reclamar, pero—. ¡Siéntate!
No tuvo más remedio, por su propio amor tendría que regresar.
Miró para el gran lugar y todas las cámaras y los reflectores que adornaban al lugar, todo era blanco (sinceramente era la primera vez que visitaba un estudio fotográfico profesional, así que hay que entenderla). Había un trípode que sostenía una gran cámara, la cual estaba directamente a ella. Bueno, decían que en manos del fotógrafo queda la elección del objetivo y la disposición de los focos y que en la buena interacción con el modelo está una de las claves para lograr un resultado de calidad.
Suspiró, sintiendo ya sus manos heladas y se abrazó a sí misma, cubierta por un gran abrigo de pieles que le había proporcionado la agencia y estando consiente de que por dentro estaba casi desnuda (vamos, era una japonesa tradicional, no era bonito saber que un montón de gente la vería solo en brasier y bragas, y pensar que ella estaba haciendo todo eso mientras que InuYasha estaba en la era antigua esperando por recolectar los fragmentos, patearle el trasero a Naraku y vengar a Kikyō…Vengar a Kikyō.
—¡Higurashi! —Alzó la vista, para encontrarse con dos camarógrafos y algunas personas más tras él incluyendo a los jurados. En ese momento supo que empezaría su trabajo—. ¿Lista para la sesión de noventa fotos por 81700 yenes? —Vaya, realmente estaban necesitados de una modelo.
—Sí. —Trató de sonar segura.
—¿Me está diciendo que no sabe dónde está su hija, señora? —InuYasha estaba que explotaba del coraje.
—Hijo, te he dicho que salió con sus amigas esta mañana—habló Naomi, sin dejar de lavar los platos—¿no quieres un poco de ramen? —Sonrió para (su casi futuro yerno) InuYasha, mientras se secaba las manos en el mandil—. Puedes esperarla, si deseas hasta la noche, me dijo que volvería algo tarde.
Frunció el ceño, no muy seguro.
—De acuerdo, pero solo porque tengo mucha hambre. —Aceptó el malhumorado hanyō, sin dejar de pensar en dónde carajo podía estar esa chiquilla, no podía ni siquiera localizar su olor cerca, y para evitar el ser sentado, era mejor esperarla en casa (aún podía tener la protección de su casi suegra por si esque la azabache se volvía un poco salvaje, solo un poco, un pocobastante).
Suspiró rendido, tendría que esperar impaciente hasta la noche.
Increíble.
Como era de esperarse, se había tomado casi un millón de fotos (metafóricamente hablando) para elegir entre tantas a solo noventa. Se había cambiado tantas veces en el día, apenas había almorzado una banana para poder terminar rápido, cerrar el contrato y poder regresar a su casa, esconderse del mundo por un año (mientras se le pasaba la vergüenza) y poder tener una vida normal.
Y esque ella había hecho que en el trato no fuera una semana de trabajo de tres horas por día para terminar toda la sesión, sino que fuera un día para que pudiese tener tiempo de regresar sin que InuYasha tuviera que ir a buscarla. A la final no era un trabajo de un año o cosas así, era corto y ellos pagaban poco por una chica en cada ciudad, ya que en Kyoto habían encontrado a otra y habían hecho lo mismo, y así iban de ciudad en ciudad para surtir su revista e impactar al mercado, era por eso que hacían esos contratos de corto plazo.
Se sintió cansada y asustada, no sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que tarde o temprano InuYasha se iba a enterar. Ella era una persona muy extraña: había pedido la copia de las mejores fotos (que aún no eran editadas), para revelarlas, llevarlas a casa y tenerlas como recuerdo, tal vez podría llevárselas a enseñar a Kikyō para que se muriera de la envidia y… ¿pero en qué rayos estaba pensando? Se reprendió mentalmente por imaginarse tanta chorrada en vez de apresurarse para salir de ese lugar.
Hizo firmar el cheque a nombre de Nōriko Takeda (porque todo el dinero era para pagar el bendito jarrón) y luego estaba lista para que un guardaespaldas de la agencia la llevara hasta su casa en una mini limusina negra. Sus amigas se habían marchado temprano porque no podían quedarse hasta tarde (bueno, si esque querían que sus respectivas madres le dieran una buena tunda, entonces estaba bien que se quedaran). Después de tanto trajín y retirando algunos de sus documentos; pudo subirse al auto, indicarle al chofer por donde quedaba su casa y echarse para atrás. Necesitaba un buen baño.
Se rascó la nariz mientras escuchaba a lo lejos el sonido de los autos. Algo llamó su atención: ese era el olor de Kagome y estaba mezclado con el de un humano (eso no le gustó) ¡venía acompañada de un enclenque! Gruñó por lo bajo al tiempo que se ponía en cuchillas para poder apreciar de dónde venía el olor exactamente, pero justamente cuando se iba a lanzar a buscarla, un auto largo y grande paró en frente del templo.
Frunció el ceño cuando se dio cuenta de que Kagome era la que bajaba de allí. ¿Pero qué demonios…?
—Muchas gracias. —La escuchó decir, cansada. Eso le preocupó.
El auto arrancó y ella empezó a subir lentamente las escaleras de su casa. Tuvo la intención de bajar a llevarla en brazos, pero recordó que ella pensaba que él estaba en la época antigua y si se daba cuenta de lo contrario lo mandaría al piso de inmediato. (Había que cuidar la salud y la cuestión estética, nunca se sabía cuándo se le desfiguraba la cara con una piedra y perdía el atractivo. No señor, Kagome sería capaz de irse con Kōga y eso nunca lo iba a permitir, primero ahorcaba a ese sarnoso).
Cuando se dio cuenta, Kagome ya había saludado a su familia y estaba en su habitación. Miró para allá y vio como dejaba un bolso grande sobre su cama y entraba al baño. Tensó la mandíbula y apretó las manos: ¿entraba o no? Tenía dos opciones. Decidió que no se quedaría con las ganas de saber qué contenía ese bolso y aprovecharía que ella se estaba bañando para disipar dudas.
Recordaba que ella había estado fuera todo el día haciendo cosas y había regresado con un hombre a casa. Eso no podía ser bueno. Saltó de manera sigilosa hasta la ventana de la muchacha y la abrió despacio, escuchando como ella tarareaba una canción. Casi podía oler el vapor que emanaba de su cuerpo con el agua caliente.
Puso los pies en el piso y llegó hasta la cartera, que olía a ella dolorosamente. Abrió con cuidado de no dañarla con las garras, trataba de ser lo más delicado que su naturaleza le permitía. Al alzar el bolso cayeron un montón de papeles con imágenes de ella. Hizo una mueca de enfado e frustración al no entender que era eso.
Su corazón latió a mil por minuto y un sonrojo mundial lo invadió cuando tomó entre sus manos la imagen de Kagome, solo en bragas y brasier color rosa. Tragó duro, ¿era en serio? Sintió como su mente se transportaba más allá de lo que debería: ¿cómo se sintiera él rasgando esas diminutas prendas por el cuerpo níveo de Kagome? Agarró otra foto, ¿pero qué cosas…? Jamás imaginó que Kagome tendría esas poses.
Imaginarse que la tenía gimiendo su nombre bajo él no era tan difícil, imaginarse que recorría libremente su mano por las piernas descubiertas de ella que esta vez lucían un conjunto verde; era aún más fácil. Sintió cosquilleos en el estómago y que algo se acumulaba en su centro (sensación nueva para él), mientras observaba en cada imagen a Kagome con esos atuendos y esas posiciones.
Y verla con ese cuerpo tan delicado que él ansiaba probar en sus más remotos sueños, esos senos casi descubiertos que deseaba lamer, ese cuello que le pedía a gritos ser besado cada vez que ella se le acercaba, mirar en ese esplendor su cuerpo y poder dejarse llevar por la imaginación era verdaderamente un placer.
Y sentía que se le estaba yendo la mano.
—Kagome…—susurró con voz ronca mientras miraba extasiado la cada imagen. Solo de imaginarse a la chica bajo él ardiendo de placer, lo ponía a delirar.
¡Esa mujer iba a volverlo loco!
Todo se fue al carajo cuando por casualidades de la vida (malas casualidades, cabe recalcar), vio a Kagome abrazada de otro idiota ¡y él la tenía de la cintura! ¡¿Desde cuándo?! ¡Él, InuYasha, era el único que podía agarrarla de cintura! ¡Nadie más! ¡¿Pero qué era lo que pasaba con el mundo?! Siguió mirando indignado un par de imágenes más en donde una le daba más rabia que la otra.
Hasta que el vaso derramó la gota (o como fuera, el caso es que eso era el colmo). ¡Casi la estaba besando! Ese mal nacido tenía a Kagome con una mano en la cintura y otra agarrándole de la pierna, pegando con ella su nariz y sonriendo como pícaro, mientras que ella tenía una ligera sonrisa también y un adorable sonrojo.
¡Esos sonrojos solo eran para él! Se cabreó, eso era el colmo.
Estaba que ardía ¿quién se creía que era ese infeliz gusano para tener esas confianzas con Kagome? Arrugó la foto de manera lenta mientras se imaginaba desgarrándole el estómago a ese marica por haber osado tocar a Kagome, no le importaba nada y quería que le quedara algo bien claro a ella y a todos en ese bendito mundo: Kagome era suya, su chica (aunque no oficialmente, solo estaba esperando matar al bastardo de Naraku, bueno, y Kikyō también tenía algo que ver en eso), pero no significaba que por motivos de su indecisión, otro cabrón que no fuera él, la mirara ¡y casi desnuda! ¡Qué respetaran lo que era suyo! De lo contrario le partiría la madre a cualquiera que se le pasara por la mente tocar a esa mujer.
Le pertenecía, era suya y punto.
¡Mataría a ese desgraciado! Pensaba mientras comenzaba a hacer pedazos las fotos.
—¡InuYasha!
Se quedó de piedra cuando vió a una roja Kagome saliendo del baño (con pijamas afortunadamente, solo traía el cabello envuelto con una toalla). Sabía que ese era su fin estaba seguro. Pero él tenía argumentos para sacarle en cara todo lo que había hecho (incluyendo la dolorosa erección que le había causado hacía poco).
—¿Así que es esto fue lo que saliste a hacer todo el día, Kagome? —gruñó, verdaderamente cabreado, mirándola con verdadero coraje. Kagome se intimidó ante ese tono y esa pregunta—. Dime ahora mismo quién es ese desgraciado que está allí contigo—señaló a la cama de la chica en donde yacían las fotos y restos de algunas de ellas.
—No te interesa saberlo. —Trató de sonar segura—. Es más, no sé qué hacer aquí, deberías estar en la otra época, mi plazo para volver a ayudarlos con la recolección de fragmentos es…
—¡Me valen una mierda los fragmentos, Kagome! —Gritó, casi explotando. La chica no entendió—. ¡No sé por qué carajo un maldito infeliz te tiene de la cintura y tú estás tan feliz!
—¡No me molestes, es mi trabajo! —contraatacó enojada, también.
—¡¿Tu trabajo?! ¡¿De qué mierda me estás hablando?! ¡Te largaste todo el día y ahora apareces con eso!
—Tú no eres quién para controlarme, InuYasha.
—¡Cierra la boca, Kagome! —no supo qué responder ante eso—. Es la primer y última vez que me entero de algo como esto ¿escuchaste? —rugió.
—Lo volvería a hacer si se me diera la gana—lo retó.
—¡Nunca! se te ocurra, Kagome—la agarró de la cintura, trayéndola hasta el cuerpo de él—, tú, eres mía y ningún idiota tiene derecho a tocarte a más de mí ¿has entendido? —ni siquiera midió sus palabras.
—InuYasha…—susurró, atónita.
—Es todo, ahora ve a dormir. —La soltó sin parecer brusco y le dio la espalda (apenas se daba cuenta de sus actos), un sonrojo infernal lo había invadido. Kagome se quedó impactada ¿qué era lo que había pasado?
No le tocó más que hacerle caso.
El sol le dio en la cara casi directamente y la obligó a despertarse. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue a un InuYasha dormido a lado de su cama, sentado con su estilo indio. Sonrió, emocionada, había soñado toda la noche con esa escena de él tomándola de la cintura para decirle que era suya y ella derritiéndose de amor en sus abrazos.
Lo amaba, no había duda de eso.
Se sobresaltó cuando InuYasha se despertó de golpe, apenas la miró, se sonrojó increíblemente y le sacó los ojos dorados de encima.
—Buenos días, InuYasha. —Sonrió amablemente la muchacha, mientras sonreía.
—Hola, Kagome. —Atinó a decir, nervioso, sin mirarle a la cara y dejar de pensar en lo de la noche anterior.
—InuYasha, ¿puedes acompañarme a pagar algo? —El joven no entendió—cancelaré algo, justamente el motivo por el que trabajé como modelo y estoy así en esas fotos—habló más bajito, mientras se sonrojaba—¿quieres venir? —Él, asintió—muchas gracias.
—¡Jah! Que quede claro que solo lo hago para que no te quedes por allí y regresemos pronto.
Kagome sonrió.
—Muy bien, bajo a desayunar y a arreglarme para irnos pronto ¿vale?
Se cruzó de brazos, mientras miraba la gran mansión en la que Kagome se había internado minutos antes (ya se estaba impacientando un poco). Después de unos momentos la vió salir, estaba sonriendo.
—Vamos, InuYasha—lo agarró de la mano, sonrojándolo en el acto.
—S-sí. —Respondió nervioso, dejándose llevar por uno que otro arrebato de Kagome (esa acción le recordaba a algo similar que había hecho ella hacía mucho tiempo), le correspondió el gesto mientras le apretaba la mano.
—Por fin pude pagar el jarrón—comentó Higurashi, con una sonrisa—, pero aún tengo algunos yenes para comprar ramen InuYasha ¿qué te parece?
—¿Lo dices en serio? Vamos, ya.
Y de pronto ella era arrastrada por él.
Kagome sonrió con un poco de picardía: sabía que las palabras de la noche anterior tal vez no se volverían a repetir, sabía que InuYasha realmente aún no se decidía por ella o por Kikyō, pero sabía que algún día, si es que Kikyō se iba para siempre e InuYasha la dejaba partir y Naraku desapareciera, estaba segura de aquellas poses que había practicado en ese estudio, las pondría en arranque con InuYasha, sabía que algún día, ella iba a tener ante él sus curvas al descubierto.
FIN.
¡Holas!
Bruxi, bruxi, mi hermosa y adorada bruxi ¡terminé! Espero de todo corazón que te haya gustado, muchas gracias por tu review, sé que no es lo mejor del mundo pero es para ti. Decidí ponerle como última frase al fic, su nombre en español, espero te haya agradado.
Muchas gracias por ser como eres y espero que de verdad hayas disfrutado. Ando tratando de corregirlo un poco.
Felicidades por existir, vida, estoy orgullosa de haber cumplido este reto para ti.
Saludos.
