CAPÍTULO 1.- La llegada de la Prometida
Un desinteresado acto es lo que se esperaría de un amigo o aliado, pero el mundo, desgraciadamente no se mueve de esa forma. Debes dar para recibir algo a cambio; así son las cosas en la realidad, aunque lo niegues o te de vergüenza aceptarlo, todos hemos actuado de esta forma alguna vez. Nadie está exento, sin importar tu sexo, edad o rango.
Lo mismo le había ocurrido a Haruno Sakura, ninja médico de Konoha.
Su destino había sido escrito por las manos de los ancianos consejeros al igual que de los Señores Feudales ―la unión no podría llevarse a cabo sin el consentimiento de ellos―; quienes velaban por el bienestar de las naciones aliadas, maquillando el verdadero interés: ellos mismos.
"Un acto de buena fe", unir dos vidas para el bien común. No le parecía tan desagradable si lo pensaba de esa forma. Claro, mirando objetivamente.
Un sacrificio necesario para el bienestar de las Aldeas. Fueron las últimas palabras que le profesó su hokage, mentora y figura materna.
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Tsunade creía que podría cargar con el dolor de una última pérdida, pero estaba equivocada, quería auto-convencerse de sus palabras, pero ¿Por qué ella? Justamente la que consideraba como la hija que nunca tuvo.
No pensaba que fuese tan duro.
En el fondo de su corazón, Tsunade hubiera querido que fuese alguna otra la que tomara el lugar de Sakura, cualquiera… sabía que estaba siendo egoísta solo para complacer sus deseos maternales, pero no podía evitarlo.
Aunque a esas alturas no podría hacer nada para evitarlo, al final ¿Qué más podía hacer sino aceptarlo?
Era evidente, después de todo Sakura se había hecho de una buena reputación como kunoichi al haber contrarrestado el veneno que se le había inyectado a Kankuro por el Akatsuki, un veneno que ninguno de los médicos en Suna pudo controlar, mientras que Sakura pudo no solo estabilizarlo, sino fabricar un antídoto, algo imposible para cualquiera.
A demás de haber derrotado junto con la Anciana Chiyo a su nieto, un miembro de Akatsuki y desertor de Sunagakure; Akasuna no Sasori.
Solo podía hacer una cosa por ella y eso era confiar en que estaría bien.
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La mente de Sakura divagaba; hundiéndose en sus propios pensamientos y tratando de aceptar su destino. Un destino que la iba a unir para siempre con una persona a quien prácticamente no conocía y que una vez ―unos años atrás― intentó asesinarla.
De solo pensar en él le daba escalofríos.
Sabaku no Gaara, ¿Qué sentiría al estar frente a frente? ¿Se echaría a llorar? ¿Se haría la fuerte? ¿Tendría éxito? Tantas cosas pasaban por su cabeza en ese momento que no sabía que hacer.
Solo tenía dieciséis años y toda una vida de libre albedrío por delante, o al menos eso pensaba. La decepción con la vida se hizo inminente al salir de la Oficina de la Hokage hace algunos días. Había estado tan deprimida que prefirió no decirle nada a nadie y dejarle la carga a Tsunade-sama. Se alegraba en cierta forma que la mayoría ―contando a Naruto―, estuvieran de vacaciones o en alguna misión fuera de la Aldea.
Dirigió su mirada por última vez a la "Aldea Oculta de la Hoja" su hogar. El lugar donde creció, donde conoció gente maravillosa, donde aprendió el significado «del amor».
¿Estaba dispuesta a dejar todo eso por cumplir con su deber? Si, aunque muy dentro de su ser, una vocecilla refutaba todas y cada una de sus frases de auto-convencimiento, queriendo ser libre de ese estúpido compromiso.
Su escolta: dos Anbus estaban frente a ella con sus usuales máscaras de animales.
Mucha protección, pensó. Ella podía ir sola hasta Suna, pero entonces recordó que ya no era una kunoichi, ahora era "La prometida del Kazekage" Se había convertido en una invaluable pieza a la que tenías que sacrificar para lograr vencer al contrincante; o en este caso, lograr un acuerdo al estar vinculadas las dos Aldeas. O solamente la protección se debiera a por si quisiera escapar; en realidad ya nada le importaba.
―¿Está lista, Haruno-san? ―preguntó uno de los Anbu.
Quería negarse, decir "no"; porque no lo estaba y nunca lo estaría.
―Si ―respondió.
De esa forma, la Aldea de la Hoja se perdió entre las espesas copas de los árboles, más verdes que nunca antes haya visto, o quizás es que esta vez está poniendo atención en cada detalle de su alrededor. Haciendo una fotografía permanente en su mente, la cual pudiera sacar cada vez que ella quisiera. El aroma del césped húmedo, el olor de las flores y el crujido de los troncos inundaban sus sentidos; poco a poco se iba esfumando todo, hasta desintegrarse y caer, como la arena entre sus dedos.
Cerró su mano fuertemente sobre la arena una vez más.
―Hay que continuar Sakura-san; si seguimos a este paso llegaremos cerca del mediodía
Recorrieron el desierto en lo que sintió fue un abrir y cerrar de ojos.
Ahora se encontraban frente a la colosal entrada de roca hacia Sunagakure. El aire que pasaba por la abertura era frío, más de lo que habría pensado. Talló sus brazos simultáneamente cuando sintió su piel erizada.
Las calles arenosas eran desconocidas para ella ―aunque ya hubiera estado ahí con anterioridad―, al igual que las extrañas edificaciones hechas a base de arcilla o un material bastante parecido. Las personas la miraban y se detenía a su paso, los murmullos inentendibles eran alejados por la ventisca. Sakura había estado tan sumida en su propia infelicidad que no se había percatado que finalmente habían llegado a la casa del Kazekage.
―Nos retiramos Sakura-san ―mencionó uno de los Anbu haciendo reverencia.
¡NO!
Quiso sollozar, gritar tal vez un "deténganse" o "no me dejen aquí" se sentía sola, más bien, estaba sola en un desconocido lugar. Tenía que ser fuerte por su Aldea, tenía que superar sus miedos, no sería ni la primera ni última mujer sometida a un matrimonio arreglado.
Todo parecía dar vueltas a su alrededor.
Uzumaki Mito, la esposa del Shodaime Hokage y abuela de Tsunade-sensei pasó por la misma situación. Pero Sakura era una pobre ilusa soñadora que creía en el amor.
Su interior se oprimía con intensidad y su respiración comenzó a agitarse.
¿Podría forzar el amor? ¿Podría llegar a amar a Gaara?
¿Podría amar al que una vez trató de matarla? Aún sentía escalofríos con solo escuchar su nombre.
Pero ella estaba enamorada de alguien más… tantos años y aún así… Ella no podía olvidarloy quizás nunca lo haría.
¡Tonta! ¡Tonta Sakura!
Hay cosas más importantes que sus sentimientos y eso era la seguridad de los aldeanos en Konoha.
Si, ella estaba dispuesta a ser la mártir en la historia.
Iba a engullir todos sus sentimientos y actuaría como la mujer madura que era, aceptando la carga que se le dio. Pero por qué estaba esa parte de ella que no quería aceptarlo. Ser libre, eso quería.
Inhalaba cortas y dolorosas bocanadas de aire que pronto le hizo sentir asfixiada. Llevó su mano hasta su garganta y trató de mantener en pie.
―¡Haruno-san! ―Gritó uno de los anbus corriendo hasta ella, sosteniéndola antes de caer al suelo.
―¿Qué sucede?
―Haruno-san, tranquilícese
―Está hiperventilando ―Una voz ronca pero a la vez femenina se esparció por el aire―, llévenla adentro.
Todo comenzaba a verse borroso. Desvaneciendo sus formas. Se sentía enclaustrada en su propia piel, no podía aguantar más el peso sobre sus hombros.
―Ponla en la cama ―escuchó en la lejanía―. Sakura, escúchame, tranquilízate, respira hondo
Su respiración se entrecortaba más y le costaba llenar sus pulmones. Sus ojos se humedecieron al igual que su frente. Su alrededor giraba en espirales y poco a poco se convertía en negro.
―Sakura
Escuchó a lo lejos antes de sumirse en la inconsciencia.
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La resonancia de sus pisadas provocaban el eco entre las estrechas paredes del pasillo. Incesantes y duras. La puerta no fue impedimento para que entrara a la Oficina, por supuesto que no, nada podía ser un obstáculo para ella en esos momentos. La furia dirigía su cuerpo y no al revés.
De un furtivo golpe abrió la puerta. Kankuro la miró con los ojos como platos.
―¿Qué haces aquí?
Pero ella no respondió y haciendo caso omiso a su presencia fue directamente hasta el escritorio, donde golpeó fuertemente con sus manos; sin embargo su atención seguía centrada en los papeles frente a él.
―¡¿Por qué no me lo dijiste? ―vociferó con rabia.
―No puedes estar aquí, te escolto a la puerta ―tomó su brazo pero ella se resistió forcejeando con él.
―Déjala Kankuro ―pidió―. ¿Decir que? ―preguntó interrumpiendo a Kankuro antes que pudiera decir otra cosa, sin apartar la vista de los papeles.
―Sobre ella ―su voz era ahora más calmada, pero sin abandonar ese tono rabioso.
―¿Quién? ―suspiró alzando su vista.
La observó rápidamente, casi sin prestar atención a los detalles.
―Haruno Sakura ―chirrió entre dientes.
―No creí que tenía que comunicarte todo, Matsuri
Arqueó una ceja y Kankuro prefirió irse, cerrando la puerta tras de sí. Esa conversación no era de su agrado y mucho menos, propio que escuchara.
―Gaara… ―apretó su mandíbula con fuerza, le costaba pero tenía que decirlo―. Tu prometida ha llegado
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Observaba por la ventanita del cuarto la Aldea, todo era estaba pintado con la misma tinta arenosa, el color no existiría sino fuese por las túnicas de las personas que se paseaban por ahí. Recordó su habitación; extrañaría su apreciado balcón por donde varias noches se había inmiscuido cierto rubio.
Naruto… en verdad iba a extrañar a ese cabeza-hueca.
―Sakura-san ya ha despertado
La grave voz femenina de Temari la sacó abruptamente de sus pensamientos, remordimientos y esperanzas para regresarla a la realidad.
Sakura se giró y asentó la cabeza aparentando tranquilidad.
―Temari-san ―arrastró un poco el sufijo, con la voz entrecortada.
La observó por unos segundos, sentía que el nudo en su esófago iba subiendo hasta su garganta, afianzándose más. Los ojos comenzaron a cristalizarse y sintió esa opresión de nuevo.
Rápidamente pasó el dorso de su mano sobre los ojos, limpiándoselos. Respiró profundamente y exhaló.
―Lo siento, yo…
―Esta bien ―la interrumpió acercándose hasta ella―. Debe ser difícil… dejar todo atrás ―pausó unos segundos para suspirar―. Yo tampoco creo que esta sea la mejor forma de solucionar los conflictos, pero esa decisión no la tomamos ninguno de nosotros. Y no estoy de acuerdo con ella ―dijo―, Gaara es mi hermano; después de todo ¿No se supone que una hermana mayor quiera lo mejor para sus hermanos? ―hubo una pausa incómoda antes que Temari prosiguiera―. No pude hacer nada para evitarlo, se que sufres con esto más que Gaara; pero ahora, nosotros seremos tu familia, Sakura
El silencio en la habitación se hizo presente, siendo el único sonido el chocar del viento contra la ventanita.
―Te lo agradezco Temari, pero…
―Solo tenlo en mente ¿de acuerdo?
Sakura asintió con pesadez. Temari se dirigió hasta la puerta de la habitación, dirigiendo la mirada hacia la chica. Sakura miraba distraídamente por la ventana como hace unos instantes. Abrió la puerta y salió de la habitación.
Los pasillos de la casa eran silenciosos. El sol se estaba poniendo dando paso a la noche. Detuvo sus pasos al llegar a la estancia, un escalofrío la recorrió su cuerpo y un sentimiento de angustia oprimió su interior. Temari solo esperaba que sus sentimientos no estuvieran relacionados con ellos dos, pero algo dentro de ella le decía lo contrario.
CONTINUARÁ...
Hola a todos!
Lamento haber tardado tanto tanto, pero tenía otras historias atrasadas y un bloqueo en esta hahaha, estuve trabajando hace tiempo en la continuación pero después de verios remakes al final quedo este capítulo.
Espero que les guste y me perdonen por la tardanza :( !
Paso rapidito por que mi lap esta ya para la basura y no puedo contestarles todos sus bellos reviews :(, la próxima vez prometo hacerlo !
Muchas gracias por el apoyo y los buenos ánimos de todos :), se los agradezco con todo mi corazón. Y no se preocupen no dejaré la historia por ningun motivo, solo espero estar yendo por buen camino.
Agradezco sus hermosos cometarios a ...almitha-chan; Mio AyshelHaiass; polabells; Uchiha_Fans; gumii; Kurachan20; Julissa; tiny lizzard; elyzmaki... y a todos por sus favoritos :D
No sabía que había tantos fans GaaSaku, en verdad me impresionó...
Nos leemos en la próxima.
Adiosin n_n
