¡Hola! Ya estoy aquí con la siguiente y última parte de esta historia. He trabajado bastante en la parte de Spock, y estoy bastante orgullosa de cómo ha quedado. ¡Espero que os guste y me deis vuestros comentarios al respecto! ¡Las críticas constructivas están más que aceptadas!

¡Ah! Me gustaría aclarar que lo que pasa en este capítulo vendría a ser el hueco que hay entre las dos partes del trozo de Uhura.

¡Gracias a todos lo que han leído este fic, sobretodo a quienes han dejado comentarios! (síp, adoro los reviews :P)

¡Allá va!


Habían pasado 14491,23 horas desde que Spock y Uhura habían terminado su relación. Un minuto y treinta y dos segundos más tarde, ella había pronunciado unas palabras que le habían dejado ligeramente inquieto: había hecho alusión a una posible conexión amorosa entre el Capitán y él mismo. Al principio, Spock no lograba comprender por qué Nyota parecía ver algo más que amistad en su relación con Jim, y pronto se dio cuenta que era por falta de información. Según los estándares humanos, Spock había tenido tres amigos a lo largo de su vida: su madre, Nyota y James Kirk, por lo que era lógico que no comprendiera plenamente el funcionamiento de tales relaciones.

En el primer caso, era obvio que la relación que Amanda y él habían establecido no podía definirse como una amistad común; a pesar de que su madre y él habían estado muy unidos y ella le había dado su apoyo como un amigo lo haría, Amanda había sido por encima de todo su madre, y los progenitores sienten suyo el deber de educar y proteger a sus hijos. La relación que había tenido con Amanda no había sido de igual a igual, porque los hijos siempre dependen de los padres; los amigos dependen el uno del otro de igual a igual, según Spock tenía entendido.

Por otro lado, su relación con Nyota se había visto afectada por las intenciones románticas de Nyota hacia él, que el mismo Spock había aceptado, alentado por la compatibilidad que habían demostrado en muchos aspectos. Ese vínculo que les unía en la amistad le había inducido a creer que con el tiempo Nyota se convertiría en su compañera ideal. Fue un error precipitarse y dejarse llevar por impulsos irracionales, tal y como se había demostrado a lo largo de su relación. Por lo tanto, cabía concluir que sus interacciones con Nyota tampoco eran un claro ejemplo para una comparación rigurosa.

Era lógico pensar que las amistades dependían de muchos factores, entre ellos la atracción; Spock sabía que el deseo sexual por parte de uno o ambos componentes de una relación la podía alterar o perjudicar. Según las observaciones de Spock, el Capitán era heterosexual; en consecuencia, Spock no se había planteado interpretar sus actos como parte una conducta sexual hasta que Nyota le sugirió lo contrario.

Desde hacía dos meses y tres semanas, en sus meditaciones Spock analizaba su amistad con Jim, la comparaba con diversos ejemplos: el compañerismo entre Jim y el Doctor McCoy, el apego que parecían sentir Nyota y el Teniente Scott y relaciones amorosas como la de Hikaru Sulu y Pavel Chekov o el Doctor M'Benga y la Enfermera Chapel.
Sus comparaciones habían resultado prácticamente inútiles. Spock había advertido que el nivel de compenetración que tenía con Jim era parecido al del Capitán y el Doctor McCoy, pero también tenía trazas – como, por ejemplo, expresiones faciales, comentarios o el ordinariamente llamado "flirteo" – de comportamientos relacionados con la atracción o el amor.

Por su parte, Spock debía admitir que el Capitán era estéticamente atractivo por los estándares humanos: era alto, simétrico, su pelo era rubio y sus ojos azules, y su sonrisa era agradable a la vista. Por supuesto, Spock había advertido sus atributos la primera vez que lo vio, pero simplemente catalogó sus sensaciones como una reacción natural de su cuerpo y las enterró como hacía con cualquier otro impulso, de la misma forma que había hecho a lo largo de los años con efectos que otras personas habían provocado en él. Era ilógico dejar que impresiones físicas que no dependían en absoluto del sujeto le influenciaran de cualquier modo o alteraran su profesionalidad.
Sin embargo, desde su conversación con Nyota y a causa del intenso escrutinio al que tenía sujeto al Capitán, Spock había notado que en ocasiones sus impulsos tomaban el control por unos instantes, le nublaban la mente. En las últimas dos semanas, Spock había contabilizado tres veces en las que había mirado al Capitán sin ninguna lógica razón, y siete en las que le había observado más largamente de lo necesario. Su mente divagaba irracionalmente y sin sentido en torno al intenso azul de sus ojos y esa sonrisa que Jim parecía esbozar tan sólo para él. Tras largas sesiones de meditación lograba purgarse y eliminar tales pensamientos, pero pronto resurgían. Su cuerpo deseaba a Jim, se rebelaba contra toda lógica y control, y Spock se notaba inquieto por aquello.

Reflexionando sobre ello, pronto encontró la respuesta a su comportamiento; parecía que por alguna ilógica razón no había reparado en ello antes, pero era obvio: no sólo su cuerpo deseaba a Jim. Su mente le… requería para estar completa. Spock siempre encontraba la razón más lógica, pero ésta le cegaba en otros aspectos en los que Jim se desenvolvía fácilmente. Las intuiciones que el Capitán tenía eran un claro ejemplo: Jim leía las expresiones de la gente, notaba el más ligero cambio subconscientemente y hacía interpretaciones sorprendentemente acertadas; Spock, en cambio, encontraba muchas dificultades para realizar una tarea semejante.
En conclusión, Spock podría enumerar decenas de aspectos en los que Jim y él se completaban, pero había más. Spock se encontraba cómodo en su presencia, más que en la de cualquier otra persona, y sabía que sin sus partidas nocturnas al ajedrez no se hallaría tan relajado por las mañanas. Le agradaba saber que Jim siempre estaría allí cuando precisara alguna cosa de él. Era ilógico, pero era la verdad.

Spock… necesitaba a Jim más de lo que era debido en un amigo. Jim se había convertido en una parte muy importante de su ser, en su otra mitad.
Se preguntaba si Jim tendría similares pensamientos sobre él.

- Jaque mate. ¿Estás bien, Spock? Te veo distraído.
Spock levantó la mirada para encontrarse con los ojos azules de Jim. Inclinó un poco la cabeza en señal de disculpa, forzándose así a no observarle con la atención que en su interior deseaba.
- Mis perdones, Jim.
- No hay problema.
Jim le sonrió, pero no tan ampliamente como solía hacerlo, y se levantó. Respiró hondo y bajó los ojos durante 0.32 segundos antes de volver a ponerlos en los de Spock.
- Supongo que debería irme ya.
Spock asintió sin convicción. No deseaba que Jim se fuera, pero no tenía ninguna razón lógica para pedirle lo contrario. Jim se rascó la nuca y esperó 5,8 segundos antes de girarse hacia la puerta.
- Jim.
El Capitán se giró con una expresión extraña y los ojos brillantes, que cambiaron cuando Spock alzó el comunicador.
- Te dejas el comunicador – le dijo a Kirk, pese que las palabras fueran innecesarias porque le había mostrado el aparato previamente.
Spock trató de controlarse. Estaba pensando y actuando irracionalmente, estaba dejando que las emociones tomaran el control de sí mismo.
- Gracias – susurró Jim, acercándose más de lo estrictamente debido.
Sus manos se rozaron – Spock era incapaz de negar que no había hecho nada para evitarlo –cuando el Capitán tomó el artefacto. La piel sensible de Spock reaccionó ante su tacto, y sus ojos se cerraron brevemente contra su voluntad.
En vez de irse, Jim dejó el comunicador de nuevo sobre la mesa sin romper el contacto visual. Spock oyó la respiración del Capitán ligeramente alterada y percibió que sus mejillas enrojecían, advirtiendo que él estaba sufriendo los mismos síntomas. Jim tomó su mano derecha entre las suyas para posteriormente entrelazar sus dedos en un gesto cuyo significado para un vulcano Jim seguramente desconocía.

La pregunta de Spock había sido aparentemente resuelta. Jim parecía tener sentimientos similares a los que… experimentaba él. Probablemente no tenía datos suficientes para hacer una hipótesis de tal calibre, pero las emociones le dominaban y no pudo evitarlo. Rodeó la cintura de Jim con su brazo libre y le estrechó contra sí; Jim, sucesivamente, puso las manos en su pecho e inclinó la cabeza.

Se besaron.

Dios mío. Jim suspiró temblorosamente y se apretó contra el cálido cuerpo de Spock. Por fin, por fin le tenía así, tal y como llevaba meses deseando. Una parte de su cerebro se preguntaba vagamente cómo era posible que Spock le… le quisiera de esa forma, que le estuviera besando así, sin pensar en las consecuencias. ¿O quizá sí? ¿Por eso estaba tan distraído últimamente en sus partidas, tan…?

Oh, joder. Cualquier pensamiento con sentido que pudiera rondar por su cabeza se desvaneció cuando la cálida lengua de Spock le acarició el labio inferior, pidiendo un permiso que Jim le concedió sin dudar ni un segundo. Llevó su mano libre al pelo de Spock para pasar sus dedos por ese suave y liso cabello como tantas veces había soñado; su otra mano estaba enlazada con la de él, y no tenía intención alguna de soltarle porque sí, Jim sabía qué significaba aquello para Spock y quería darle tanto cariño, tanto placer como pudiera recibir. Necesitaba dárselo.

Ni siquiera se había dado cuenta que se movían, pero de pronto Jim estaba arrinconado en una pared, y sentaba tan jodidamente bien tener a Spock pegado a su cuerpo… manteniéndolo de pie, porque Jim tenía las piernas hechas maldita gelatina por el deseo y los nervios. Se sentía como un crío en su primer beso, pero era tan alucinante tenerle de aquella forma después de haber creído durante meses que aquello no sería posible, que Spock jamás sentiría nada más que amistad por él… Pero bueno, era obvio que había algo mucho más profundo si Spock había decidido dar el paso. Jim sonrió, empezando a sentirse más seguro con lo que ocurría, y en un giro inesperado para el Vulcano cambiaron de posición.
Los ojos de Spock brillaron con deseo al encontrarse contra la pared. Jim se los quedó mirando, impresionado con lo mucho que una mirada suya podía llegar a transmitir, y de paso recuperó un poco el aliento.
- Jim – susurró Spock con la voz inusualmente cargada de emociones, pasando sus dedos por los labios de Kirk. Jim se los besó suavemente, incapaz de apartar la mirada de esos ojos oscuros.
- No sabes cuánto tiempo llevo esperando esto – susurró Jim, con el corazón tontamente oprimido por las caricias de Spock.
Jim oyó una palabra susurrada en vulcano, y antes de poder preguntar qué significaba sus labios volvieron a encontrarse cubiertos por los de Spock, que le besaba con intensidad pero con cuidado, con ternura. Jim cerró los ojos con fuerza, devolviéndole el beso de igual forma. Le dolía tanto el pecho por la felicidad y la necesidad de Spock que apenas podía respirar; qué tonto enamorado era, por Dios.

Jim sería incapaz de decir cuánto tiempo estuvieron así, besándose, acariciándose, susurrándose lo mucho que habían deseado aquello… bueno, lo último fue más cosa de Jim, la verdad. Por desgracia, al parecer Spock encontró conveniente apartarse de los hambrientos labios de Jim para decirle que:
- Jim, la Comandancia ha pedido el informe sobre nuestra misión en Altair II a las 8.00.
Kirk resopló. Sin duda, sus palabras eran lo más romántico que le habían dicho nunca.
- ¿Crees que es el momento adecuado para hablar de eso, Spock?
- No – los brazos del Vulcano le apretaron contra sí –. Sin embargo, deberíamos detener nuestras… acciones si queremos estar en plenas facultades mañana para…
- Spock – le detuvo Jim tras reírse un poco –. Me da igual.
Las comisuras de los labios de Spock se levantaron sólo un poco. Jim adoraba esa pequeña sonrisilla, y era toda suya. Spock era todo para él; el pensamiento casi le hizo estremecerse de anticipación.
- Lo sé. Sin embargo, creí mi deber informarte…
Jim le acalló con un beso, que Spock le correspondió sin dudar, y eso hizo reír al humano una vez más.
- A usted no parece preocuparle mucho no estar en plenas facultades para mañana, Comandante – Kirk utilizó su expresión de Capitán, pero no pudo contener su sonrisa más de unos segundos. Era tan estúpidamente feliz. Spock le quería, ¿cómo no iba a ser feliz?
- Los vulcanos no requieren tantas horas de sueño como los humanos – le respondió Spock poniendo, a su vez, su mejor cara vulcana –. Ha quedado usted informado de los hechos, Capitán. Aténgase a las consecuencias.
Jim sonrió, pícaro.
- Por supuesto.
Los labios de Spock se curvaron de esa forma casi imperceptible y adorable que tenía mientras se inclinaba para capturar sus labios.