Los personajes de Inuyasha no me pertenecen son de Rumiko Takahashi. Y bueno ante algunas preguntas yo estoy publicando este fic en otra página de internet.
Capitulo II: Una dura despedida.
Pero al llegar al lugar en donde crecía la planta que hacía que la fiebre y las infecciones se curaran, se encontró a la pequeña Rin, ella estaba esperando a Sesshoumaru ya que le había prometido ir a verla antes de irse a sus tierras del oeste por un muy largo tiempo.
Y era lógico, siendo el Príncipe de las tierras del Oeste, tenía que cuidar y proteger su territorio de todos aquellos que intentaran invadirlo, y bueno siendo sinceros ningún humano o youkai querría pelear contra los guerreros youkai de la luna del oeste y mucho menos enfrentarse a la ira del temible Sesshoumaru.
— ¡Hola! Rin Chan que haces tan lejos de la aldea no me digas que Sesshoumaru está cerca— dijo la miko, dando un vistazo por todo el lugar para ver si encontraba al enojón de Sesshoumaru.
— ¡No! él no ha llegado pero pronto vendrá— dijo Rin, con una gran sonrisa.
No duró ni 2 segundos cuando el youkai se acercaba aquellas mujeres. Kagome se dispuso a tomar las plantas que necesitaba para después irse de ahí. No tenía ganas de enfrentarse con la cara de Sesshoumaru ya que siempre terminaban peleando.
Bueno, aunque le gustaba ver la cara del youkai cuando lo enfrentaba pensaba Kagome mientras empezaba a caminar rumbo a la aldea.
Cuando de pronto se escuchó un estallido tan fuerte y la voz de un demonio no se hizo esperar— ¿Dónde está la miko de esta aldea?—De inmediato los ojos de este se posaron en Kagome ya que el sabía que era sacerdotisa por su vestimenta, la miko no dudó en ir a enfrentar al demonio.
Ya era muy familiar esta situación, en los dos meses que Kagome regresó al Sengoku, muchos demonios y monstruos venían a la aldea solo para atacar a la miko, ellos pensaban en eliminarla antes de que ella se volviera más fuerte y acabara con todos los que se encontraban en ese territorio. Ya que por los alrededores se decía que aquella miko sería más poderosa que la creadora de la Shikon no tama.
Aquel demonio era de tamaño colosal, era de color verde, con ojos rojos además de tener un aspecto demasiado desagradable, su aura era totalmente maligna aparte de poseer unos colmillos y grandes garras llenas de veneno, y una espada con una gran energía maligna.
Rin se escondió dando gritos detrás de Sesshoumaru.
No dudando Kagome salió a enfrentar a aquel demonio pero lo raro es que Sesshoumaru venia tras de ella, el no solía luchar a menos que la situación lo ameritaba, eso dejo muy sorprendida a la miko, que solo vio como aquel youkai le daba un gran zarpazo al demonio aniquilándolo por completo.
No le quedó más remedio a Kagome que darle las gracias, por salvar la aldea de la ira de aquel demonio.
—Gracias Sesshoumaru por acabar con el demonio— dijo la miko.
— Es lógico ya que una pobre y tonta miko como tú no podría terminar con insignificante demonio—dijo el youkai con aires de grandeza.
— ¿Qué? Pues si no te hubieras acercado yo tan solo con una flecha lo habría exterminado y ni siquiera me viera ensuciado las manos con la sangre de ese insignificante demonio—contestó muy molesta la miko.
—Grrr—, es lo que pude escuchar cuando Sesshoumaru vio sus garras repletas de sangre de aquel demonio.
—Bueno si lo hiciste para presumir o llamar mi atención, pues no lo lograste—dijo la miko mientras una gran sonrisa se mostraba en su rostro.
—Aquella mujer me exaspera, como se atreve a decir eso en mi cara, si tan solo estirara mi mano la mataría es tan insignificante, y todavía se ríe, no puedo creer que en tan poco tiempo perdió el miedo que sentía cuando me encontraba cerca. ¡Maldita mujer! pero, sin querer me he acostumbrado a esos encuentros y sobre todo al aroma que despide, ¡Bah! no puedo estar pensando en eso será mejor que la haga sentir inferior para que ella no crea que me ha vencido si claro como si esta humana pudiera hacer tal cosa—pensaba Sesshoumaru cuando vio la risa de esa mujer.
—Veo que te has quedado callado, bueno tal vez te diste cuenta que todo lo que he dicho es verdad—dijo la miko burlándose de él, ya que estaba que explotaba por así decirlo, y siguió diciéndoles sus verdades, sin importarle lo furioso que ser encontraba ya en ese momento el youkai.
—Lárgate insignificante humana— dijo Sesshoumaru alzando la voz haciendo que la miko diera un paso atrás.
—¿Qué yo soy insignificante? Jajajaja si tú te miraras a un espejo verías que eres más insignificante que yo, tú eres un ser sin sentimientos y lleno de ira que aleja a cuanta persona se acerca, la verdad a veces me das lástima. — Esas palabras salieron de la boca de Kagome sin pensarlas bien, estaba tan furiosa que no paraba de retar al ya furioso Lord de las tierras del oeste.
Pero al quedarse callado el youkai, la miko sintió tanto miedo que le rezaba a Kamisama para que el youkai no la exterminara en ese momento como aquel demonio.
—Esa mujer dijo que soy insignificante y un ser sin sentimientos—el youkai no daba crédito a lo que la mujer le había gritado.
—Lárgate! Si no quieres que te mate a ti también así no solo mis garras estarán manchadas de la sucia sangre de aquel insignificante demonio—dijo mientras se acercaba a la miko.
—Nooo, espera no te acerques más o te purificaré— dijo Kagome que ya estaba a punto de llorar por el miedo pero no dejaría que aquel youkai se saliera con la suya.
Pero eso ya lo había percibido el Lord que tan solo con olerla sabía que ella estaba más que asustada.
Cuando el youkai estaba a punto de tomar a Kagome por el cuello, pudo escuchar la voz de su querida hija Rin, que lo llamaba para que fuera con ella, se dio media vuelta y se dirigió hacia su hija, no sin antes decirle algo a la miko.
—Tienes suerte que Rin te quiera tanto, si no ahora te encontrarías en el otro mundo—dijo el youkai que pudo escuchar el ritmo tan acelerado del corazón de la miko.
Lo único que podría calmar a Sesshoumaru en ese momento era Rin, ya que era la única persona que el apreciaba y que quería aunque no lo demostrara enfrente de los demás.
Recuerdos
Hace dos años la pequeña niña decidió decirle a Sesshoumaru lo que sentía por el youkai.
—Sesshoumaru sama sabe usted, es como mi padre ya que me cuida y me protege, yo jamás pensé que podría ser tan feliz al estar junto de usted—la niña no sabía cómo continuar con aquella plática tenía miedo de preguntar algo que hiciera enojar a su querido protector.
—¿Por qué tienes miedo Rin?, sabes que puedes decirme lo que tú quieras—Respondió Sesshoumaru al percibir el olor a miedo que envolvía a Rin en ese momento, pero ese olor como el viento se esfumó , cuando la niña escucho decir esas palabras de su querido youkai.
¿Puedo llamarlo papá? — dijo Rin casi susurrando.
—Sí, pero solo cuando estemos solos, enfrente de los demás tendrás que dirigirte como hasta ahora lo has hecho—dijo el youkai mirando a la pequeña niña y acariciando su cabeza.
La niña saltó de emoción y le dio un gran abrazo al youkai que por supuesto el correspondió.
Fin de los recuerdos
La miko quedó inmóvil, tenía ganas de llorar, pero se pudo contener, así que cuando se tranquilizó, camino hacia donde dejó las plantas medicinales y caminó hacia la aldea.
EN CASA DE KAEDE.
El hanyou salió a toda prisa para alcanzar a Kagome después de escuchar su decisión, pero a unos metros él chocó con la anciana Kaede que regresaba del río con un cántaro lleno de agua.
Kaede vio muy exaltado a Inuyasha y no dudó en preguntar qué es lo que le ocurría.
— ¿Qué te sucede?, ¿Acaso volviste a discutir con Kagome?—dijo la anciana mientras movía la cabeza de lado a lado.
—No es eso, es que Kagome me dijo que se iría de la aldea para entrenar con los grandes maestros de las montañas del oeste.
¡Ahhh! entonces esa fue la decisión que tomó, no esperaba que la tomara tan pronto, después de que le dije que nadie podría acompañarla —dijo Kaede no muy convencida con la noticia que le dio aquel hanyou.
¿Tú le metiste esa idea en la cabeza? — dijo el hanyou muy molesto.
Si, yo le dije que si quería convertirse en una gran y poderosa miko tendría que ir con los maestros de las montañas del oeste.
¿Qué está loca? No sabe lo peligroso que es ese viaje para Kagome, ella no están fuerte, y podría morir antes de que llegue a las montañas del oeste.
NOO, eso no es cierto Kagome es muy fuerte, pero su debilidad es que depende de muchas personas, y eso hace que ella se vea débil.
No permitiré que ella vaya sola, la acompañaré a si tenga que escuchar muchos ABAJOS por parte de ella.
No debes hacer eso, no te dijo que si la ven cerca de un hanyou jamás accederán a entrenarla. Los maestros del oeste son muy estrictos e inflexibles, cuando se trata de entrenar a una nueva miko.
Además no podrías acercarte aquellas montañas, ya que el campo espiritual que emana de ellas te purificaría y acabaría con tu vida al tratar de tocarlas.
¿Qué no podré acercarme?— dijo sorprendido el hanyou
Así es, además si por suerte llegaras a pasar el Gran Maestro Taiyokan-Rinchen te destruiría inmediatamente, y si no fuera él, alguno de los 5 maestros lo harían y no podrías cuidar a Kagome estando muerto.
El hanyou se quedó pensando en el largo y duro viaje que haría su amada Kagome, pero no dudó en acompañarla, decidió ser su sombra y solo aparecería ante ella cuando lo necesitara. Seguido de eso se internó en el bosque para buscar a su querida miko.
EN LA ALDEA
Kagome todavía pensaba en las palabras que dijo Sesshoumaru, antes de que se fuera con Rin.
—Tienes suerte que Rin te quiera tanto si no ahora te encontrarías en el otro mundo—dijo el youkai que pudo escuchar el ritmo tan acelerado del corazón de la miko.
—Debo tener más cuidado ya que otro arrebato mío ante Sesshoumaru podría acabar con mi vida— pensaba la miko mientras entraba a la casa de Kaede.
Al entrar vio a Kaede sacando unas cosas de un cajón de madera.
— ¿Mi mochila?— dijo la miko y eso hizo que la anciana se diera la vuelta y mirara a Kagome muy sorprendida al ver aquel objeto que tomó de la caja.
—Sí, esto es tuyo, lo dejaste aquí antes de que mataran a Naraku, yo lo he guardado todo este tiempo.
—Arigato Kaede- ba chan, no sabe que útil me será para este largo viaje— dijo la miko con una gran sonrisa.
La miko se acercó a tomar la mochila, y la abrió inmediatamente, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver algo que jamás pensó volver a ver, dentro de la mochila se encontraban dos trajes de sacerdotisa, que su mamá y su abuelo le habían regalado, ya que en muchas ocasiones, la miko les comentó que muchos aldeanos la miraban muy extraño por la ropa que llevaba.
Sus lágrimas no se detuvieron, le daba tanta emoción de ver aquellos trajes que su familia le había regalado con tanto cariño.
La anciana que la veía, se sorprendió al ver los trajes de sacerdotisa, que sacaba la miko de aquella bolsa amarilla, estos eran de una tela muy fina casi parecida a la seda, y eran dos obis de color blanco con detalles de flores azul cielo en las mangas y dos tokis de color azul celeste.
Entonces la miko decidió que ya no llevaría los trajes de sacerdotisa parecidos a los de Kikio, ahora usaría los que con tanto amor le habían regalado su madre y su abuelo, así ya nadie le diría que era la imagen de Kikio.
El día transcurrió muy rápido, después de comer con Kaede, la miko decidió ir a despedirse de Miroku y de Sango ya que no les había dicho nada acerca de ir a entrenar a las montañas del oeste.
Al escuchar las palabras de la miko sus amigos se entristecieron, no querían que ella se fuera sola, pero el que más le rogó a la miko fue aquel pequeño kitsune que con lágrimas en los ojos le decía que no se fuera, Kagome ante el llanto de Shippo, sintió como su corazón se entristecía.
—Shippo, no llores, además el tiempo pasa rápido, prométeme que tu también entrenarás para ser un gran Zorro de fuego en lo que yo entreno para ser una gran miko y así poder protegerte a ti y a todos los de la aldea, yo prometo hacer mi mayor esfuerzo para regresar lo más rápido que pueda.
—Está bien pero promete que nunca más me dejarás después de ese largo viaje— dijo el pequeño kitsune con lágrimas todavía en los ojos y haciendo pucheros de tristeza.
—Lo prometo— Al despedirse de todos sus amigos, la miko salió de la casa de Sango, y recordó a la pequeña Rin, ella no se podría marchar sin despedirse de ella, ya que le tenía gran afecto a la pequeña y también Rin la quería mucho.
Dio un suspiro largo, no sabía si sería buena idea ir a buscar a la pequeña o esperarla a que regresara a la aldea, pero la miko sabía que había días en que Rin se quedaba con Sesshoumaru y regresaba hasta el siguiente día.
—Bueno no hay remedio tendré que ir a buscarla, espero que ese Youkai testarudo esté de mejor humor.
Y fue directamente a un pequeño lago cerca de la aldea, ahí había visto muchas veces a la niña con el youkai, así que fue el primer lugar en donde decidió ir a buscarla y en efecto ellos se encontraban en las orillas del lago.
—Hola Rin— grito la miko ya que no tenía intenciones de acercarse a Sesshoumaru, la niña al escucharla salió corriendo hacia la miko.
—Perdón Kagome ¿Me buscabas para ir a dormir a la casa de Kaede? — dijo la pequeña, ya que no había avisado que se quedaría con Sesshoumaru.
—No, solo he venido para despedirme de ti, mañana empezare un muy largo viaje, y no podía irme sin despedirme de ti.
La niña al escuchar esas palabras se puso muy triste y empezó a llorar.
—No es justo, primero Sesshoumaru sama me dice que se irá a su palacio, y ahora Kagome ni chan se va también, me quedaré sola por mucho tiempo— dijo Rin con lágrimas en los ojos.
Sesshoumaru poseía un gran olfato, vista y un agudo oído, lo cual le ayudó a escuchar todo lo que las mujeres estaban hablando, al escuchar a Rin llorar, él se paró y caminó hacia donde estaban ella.
—Rin de verdad me gustaría quedarme aquí, pero yo todavía soy débil y tengo miedo de que la aldea sea atacada por un demonio muy fuerte que desee terminar con mi vida, yo no podría arriesgarte a ti ni a nadie de la aldea— dijo la miko con gran tristeza al ver como Rin no dejaba de llorar.
—Yo no quiero que se vaya, por favor no me deje la voy a extrañar mucho—dijo la niña tratándola de convencerla, en eso la pequeña niña sintió la mano de su querido padre en su hombro.
—Rin de verdad deseas tanto que esta insignificante humana, esté cerca de ti—dijo Sesshoumaru sin dejar de mirar a la miko.
—Sí, ella es como mi madre, pero Kagome no me quiere porque se va y me dejará sola.
—No digas eso Rin yo te quiero muchísimo, pero para poder protegerte debo ser más fuerte, no quiero que por mi falta de entrenamiento, tú puedas quedar herida.
—Está bien pero promete que cuando regreses ya nunca te separarás de mí.
—Lo prometo, pero ya deja de llorar no quiero recordarte con lágrimas en tus ojos.
—Está bien ya no lloraré.
—Humana más te vale ya no hacer llorar a Rin con todas tus tonterías.
Sin hacer caso de lo dicho por Sesshoumaru, Kagome abrazó a la niña y se marchó de ahí, no sin antes decirle al oído que iría a las montañas del oeste, y que si encontrara a Sesshoumaru le mandaría saludos con él.
—Adiós Kagome cuídate mucho, por favor regresa pronto— gritó la niña al ver como la miko se marchaba, levantando su mano y agitándola para despedirse de ella.
El youkai se quedó perplejo, al ver que la miko ignoró sus palabras por completo. Pero se quedó pensando en lo que la miko le dijo a la pequeña al oído.
—"Con que entrenará en las montañas Yanchinsen y Yinchinsen, muy bien entonces irá a mi territorio, bueno después de todo esa detestable humana no estará tanto tiempo lejos de mi hija, nunca podrá pasar sin que yo le dé la orden a los guerreros youkais de la luna del oeste"—pensaba el youkai cuando fue interrumpido por un detestable aroma.
—Sal de ahí— pero la imagen de su medio hermano no apareció.
Inuyasha había estado vigilando a Kagome desde que se encontraba en la casa de Kaede, la siguió a la casa de Sango y ahora él había visto como se despedía de Rin, por eso Sesshoumaru lo había percibido, pero el hanyou siguió a la miko sin importarle darle la cara a su hermano.
Kagome caminaba rumbo a la aldea, pero se desvió para ir al árbol sagrado, ese lugar le traía muchos recuerdos felices ya que conoció ahí a Inuyasha, también recuerdos tristes, ahí muchas veces vio como Inuyasha se encontraba a escondidas con Kikio, y también recuerdos de la época actual en la que había vivido 18 años.
Tocó el tronco con sus manos, y no pudo más y pequeñas lágrimas empezaron a caminar sobre sus mejillas, le daba tanto miedo salir de esa aldea y sobre todo ahora que el viaje sería muy largo y ella estaría sola.
—Se fuerte, ahora no tienes tiempo de tener miedo ni de dudar tu decisión— se dijo así misma mientras se sentaba en las raíces de aquel hermoso y majestuoso árbol.
La miko sintió ganas de cantar, ya hace mucho que no lo hacía, además eso le traía paz a su alma.
Es fácil decir, te voy a extrañar
Se siente morir, no puedo engañar
Aun corazón, que supo amar
Con otra razón, aparte de dar.
Kagome posee una voz muy hermosa, no la había oído desde que fuimos a ese festival, además la luz de la luna la hace ver más hermosa— dijo el hanyou que la había observado todo el día.
No siento tu voz, no escucho tu hablar
Presiento que dos, es un número impar
No puedo seguir, sin tu respirar
Entiende que yo, solo quiero llegar.
Pero no era el único que se encontraba ahí, después de dejar a Rin en la Aldea Sesshoumaru siguió el aroma de la miko, y la pudo ver sentada en un árbol y cantando. Siguió observándola, pero para asegurarse de no ser descubierto escondía su esencia ya que sabía que el inútil de su hermano estaba cerca.
No puedo volar, si no están tus pasos
Que tienen el tiempo de ti
No quiero volar, sin que extiendas tus brazos
Y sientas la brisa en tu rostro
Y te mojes de mí.
No sabía por qué observaba a la miko, con tanta curiosidad, solo sabía que su voz le traía paz, además de que la humana no era igual a los demás, su olor era como una mezcla de flores de un exquisito aroma, que hacía que fuera fácil detectarlo.
Es fácil decir, mañana vendré
No puedo fingir, que voy a estar bien
No puedo seguir, sin tu respirar
Entiende que yo, solo quiero llegar
Kagome fue interrumpida cuando vio a Inuyasha enfrente de ella.
Kagome se levantó para irse sin decirle nada al hanyou, pero sintió un pequeño jalón que la forzó a estar tan cerca del él que Inuyasha la abrazó.
—Kagome no te vayas.
Ella de inmediato se apartó de el para luego decirle:
—Eso es imposible ya tengo todo preparado y nada podrá hacer que cambie de opinión.
— ¿Es más grande el deseo de ser una gran sacerdotisa que el amor que dices sentir por mí?
No.
¿Entonces te quedarás?
No
¿Qué ? no te entiendo
Es sencillo entenderlo, ya no quiero depender de ti y de nadie más para cuidarme, ahora yo he decidido prepararme y ser independiente.
No te dejaré, no te irás de mi lado.
No te estoy pidiendo permiso, además siempre me dejaste claro que soy un estorbo para ti, y también lo insignificante que mi amor es para ti, ya que ni siquiera el amor que te tengo puede hacer que te fijes en mí y no me compares con Kikio.
Eso no es cierto, sabes lo mucho que sufrí los tres años que estuviste lejos de mí.
Pues entonces para ti soy un objeto, que hace que tú te sientas feliz, mientras que yo sufro tu indiferencia.
Tu no me entiendes, no sabes por lo que yo estoy pasando, siento que traiciono a Kikio por el simple hecho de ser feliz a tu lado.
Entonces tengo la solución para tu problema, déjame en paz y aclara tus pensamientos antes de decidir buscarme otra vez. Tendrás mucho tiempo para hacerlo.
La miko empezó a caminar sin ver a Inuyasha, éste se quedó mudo ante sus palabras y ya no supo que decirle a la miko.
Al ver como se alejaba Kagome de ese árbol, y al escuchar todo lo sucedido Sesshoumaru solo se fué del lugar en donde observó todo, sabía que el viaje que pronto haría la miko sería muy peligroso, y no dudó hacer todo lo posible por alejar a la mujer de los peligros de ese viaje, además no dejaría que el Gran Maestro Taiyokan-Rinchen hiciera que odiara a todos los youkais y seres sobrenaturales, además de que él no deseaba pelear a muerte con esa miko.
El Gran maestro Taiyokan-Rinchen era el más poderoso de los monjes Yamabushi ( Secta religiosa, basada en fortalecer al espíritu mediante el estudio del hombre y la naturaleza), él era un monje que odiaba profundamente a todo ser sobrenatural, y por ello era enemigo del Lord del las tierras del Oeste (Sesshoumaru), aunque este se encontraba viviendo en la tierras del oeste que tenia que ser protegido por el Lord, no podía dejar vivo a ese monje, pero el campo de energía que estaba rodeando las montañas Yanchinsen y Yinchinsen, no dejaba que ningún ser sobrenatural entrara, por ello el Lord no podía eliminarlos, pero simplemente era algo que tendría que hacer antes de que se volvieran más fuertes, y empezara una nueva guerra entre los monjes Yamabushi y los guerreros youkai de la luna del oeste, como el que hace 110 años habían tenido.
EN LA ALDEA
Kagome se encuentra ya profundamente dormida, esperando con ansias el amanecer.
Afuera de la casa se encontraba un hanyou preocupado, pero a la vez él sabía que iría con la miko aunque esta no lo supiera.
La mañana no se hizo esperar, Kagome se cambió sus ropas y se puso las que le habían regalado su madre y su abuelo.
Todos sus amigos se encontraban afuera de la casa de Kaede para decirle adiós a su amiga y también desearle buena suerte. Pero al verla salir vestida con su nuevo traje se sorprendieron se veía tan hermosa, ese color le quedaba muy bien, y la cara de alegría que tenía la miko la hacía ver más hermosa.
Todos le desearon buena suerte y le dieron un fuerte abrazo, la miko tomó su mochila y un caballo, que le prestó Kaede para su viaje y sin más se subió en él y se alejó de la aldea.
Sango, Miroku, Kaede, Rin y Shippo se sorprendieron al no ver a Inuyasha, pero pensaron que tal vez, para él, sería más difícil despedirse de Kagome así que empezaron a retirarse para hacer sus labores cotidianos.
—No se que me deparará el futuro, pero sé que pronto regresaré junto con mis amigos, por ahora solo debo de marchar hacia adelante para llegar a las montañas del Oeste—dijo la miko con una gran sonrisa en su rostro. Mirando hacia el horizonte y empezando una nueva vida con este gran viaje.
Continuará….
