Fucking Christ! Estoy tan contenta por la buena recepción que ha tenido este pequeño fic. Sabía que siempre podía contar con ustedes, copos de nieve. :')

Disculpenme la demora por favor, espero que disfruten de este capítulo que es más largo que el anterior. Iba a publicarlo mañana (bueno, en realidad ya es "mañana", es de madrugada ahora), pero no podía hacerles esperar más. Disfruténlo. ;)

Disclaimer: No soy dueña de Frozen, solo de mi imaginación, la cual tal vez algun día me de los medios suficientes como para tener una multinacional tan maligna y poderosa como la de Mickey Mouse.


2


Aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto. O un sueño del que se estaba tardando en despertar. Elsa se vio llevada bruscamente por el guardia a través de varios corredores del enorme castillo. Bajaron otra escalinata y ella dejó de molestarse en seguir tratando de zafarse de él, pues era obvio que no lo lograría. En aquel instante, su mente se hallaba repleta de dudas y frustración a causa de la reciente conversación con Su Majestad. Y no podía evitar sentir más miedo que antes.

Las escaleras por las que bajaban desembocaban en un pasillo con varias puertas, que supuso, debían estar destinadas a la servidumbre, dado que se encontraban muy apartadas de los salones más importantes del palacio. Eso le dio mala espina.

El guardia la condujo sin miramientos hasta una de las últimas puertas, que abrió antes de empujarla hacia adentro.

—Vas a esperar aquí, jovencita—le dijo con severidad mientras sus ojos azules fijaban en él una mirada resentida—. Ya escuchaste al rey. No te quiere de vuelta en los calabozos.

Él hizo una mueca mientras la observaba.

—Supongo que es lo mejor. Parece que te enfriaste bastante estando allí abajo—le hizo notar y Elsa supo que se refería a la fría temperatura que era tan característica de su persona—, y una muchacha como tú no causará problemas… espero—aclaró de forma sombría—. Trata de comportarte ¿entiendes? No quieres hacer enfadar a Su Majestad.

Ella de inmediato notó que la advertencia iba en serio.

—¡Espere!—exclamó cuando rápidamente él cerró la puerta y ella se abalanzó sobre el pomo.

Escuchó el sonido de llaves al otro lado y supo que estaba encerrada de nuevo. Emitiendo un grito ahogado, la rubia se dejó caer contra la pared y se deslizó hasta el suelo quedando sentada como lo estuviera antes en la celda.

No comprendía nada. ¿Por qué no la dejaban volver a casa? ¿Qué pretendía el rey haciendo que permaneciera ahí y por cuánto tiempo sería?

Apretó los dientes recordando su rostro arrogante y esos ojos verdes, que no reflejaban la más mínima muestra de compasión. ¿Qué clase de persona se comportaba de esa manera en una situación así? Supo de inmediato que lo detestaba y que tenía que pensar cuanto antes en la manera de regresar a Arendelle.

No sabía si las noticias del hundimiento del barco llegarían rápido al reino, pero en cuanto lo hicieran, su hermana estaría devastada.

"Anna", pensó con dolor y un par de lágrimas bajaron por sus mejillas.

Su pobre hermana pequeña. A la que había ignorado por tantos años permaneciendo refugiada en su habitación. A la que una vez había lastimado a causa de sus poderes. ¿Cómo superaría la pérdida de sus padres?

Un dolor inmenso se apoderó de su corazón al rememorar el rostro de los reyes y la terrible escena del naufragio. Ahora que sabía que no quedaban más sobrevivientes, la desesperanza se apoderaba de ella como un sentimiento muy pesado. Elsa dejó escapar un sollozo mientras llevaba sus rodillas hasta su pecho y las rodeaba con sus delgados brazos. Ocultó la cara entre ellas.

¿Cómo era posible qué solo ella hubiera llegado a salvo a tierra firme? ¿Por qué ella y no sus padres? ¿Por qué no alguien más?

Una horrible sensación de remordimiento comenzó a hacer mella en ella. Desde el inicio de la travesía, las cosas entre ellos se hallaban tensas debido al asunto del matrimonio. Desde el principio había considerado injusta esa decisión, evadiendo a su padre y a su madre en la medida de lo posible.

¡Cómo se arrepentía en aquel momento! Ninguna de las personas que viajaba en el barco había anticipado la desastrosa tormenta que lo hundiría en el mar.

Desde luego, el almirante había tratado de salvar a los miembros de la Familia Real planeando que abordaran un bote salvavidas. Ella había sido la primera en subir. Pero entonces la tormenta había arreciado, balanceando el bote peligrosamente e impidiendo que sus padres pudieran seguirla. El pánico que sintió en aquel instante había sido el más grande que había experimentado en toda su vida y aun recordaba cómo una brisa helada la había rodeado.

El bote había caído estrepitosamente al agua y después, todo se había vuelto negro.

Su suerte no había sido demasiada cuando esa misma mañana, había despertado tendida en la costa y adolorida. Consternada, se había puesto de pie y comenzado a caminar por la playa, esperando encontrar a alguno de sus padres o al menos a otra persona de la tripulación.

Y entonces la Guardia Real, que aparentemente se hallaba haciendo una ronda por el lugar, había dado con ella…

Elsa exhaló un hondo suspiró y dejo que el hielo se extendiera a lo largo de la habitación en donde se encontraba. Era un sitio muy pequeño, donde apenas había espacio para una cama, un armario y un sencillo escritorio apoyado contra un ventanal hacia el que miró brevemente.

Lidiando aún con el cúmulo de emociones que se desataba en su interior, ella se puso de pie y avanzó hasta dicha ventana, tratando de ver si encontraba una manera de abrirla. Después de un minuto de inspección sus esfuerzos fueron en vano. Se encontraba completamente cerrada. Parecía que después de todo escapar se convertiría en una prioridad muy difícil.

Sintiendo una nueva oleada de desilusión, Elsa se dejó caer sobre la pequeña cama y enterró la cara contra la almohada. Siguió llorando por largo rato.

Pasó más o menos una hora antes de que la puerta volviera a abrirse, revelando a una figura muy distinta a la del grosero guardia que le había encerrado allí. Por supuesto, a esas alturas se había calmado lo suficiente como para desaparecer cualquier rastro de hielo, pero su ánimo continuaba tan negativo como desde el instante en que había puesto un pie en las Islas del Sur.

Elsa observó cómo una joven entraba discretamente a la habitación, dirigiéndole una mirada de confusión y lástima. Tenía el cabello y los ojos oscuros, y la piel ligeramente tostada por el sol. Portaba un discreto vestido marrón sobre el cual llevaba puesto un delantal, por lo que dedujo enseguida que debía formar parte de la servidumbre. Su pelo se hallaba recogido en un moño del que se escapaban algunos mechones negros y aparentaba ser tan solo algunos mayor que ella misma.

La rubia le miró con expresión melancólica, dándose cuenta de que estaba algo incómoda en su presencia.

—Hola—le saludó dubitativamente, antes de colocar un pequeño fardo que llevaba consigo en la mesita de noche que había al lado de la cama—. Esto… me enviaron a verla, señorita.

Al no recibir respuesta, la morena desvió sus ojos, visiblemente incómoda.

—Su Majestad ha dado ciertas indicaciones de lo que debemos hacer con usted—le explicó y Elsa no pudo hacer más que fruncir su ceño con desagrado—. Sé que debe estar cansada, pero… en fin. Me llamo Agnes—se presentó esperando romper la tensión que se había hecho presente en la habitación.

—Elsa—contestó ella con algo de frialdad, pues no se sentía precisamente de ánimos como para tener una conversación por más mínima que fuera—. ¿Qué es lo que te ha dicho Su Majestad que deben hacer conmigo?—preguntó con un tono sarcástico que a la muchacha no le pasó desapercibido, pero que decidió obviar.

—Bueno, lo primero es entregarle este cambio de ropa—le respondió señalando el pequeño bulto que había llevado y volviendo a tomarlo para extendérselo—. Su vestido no se ve en buenas condiciones. Me gustaría poder ofrecerle reparárselo pero… no creo que lo vaya a usar por un tiempo—dijo con cautela.

—¿A qué te refieres?—inquirió Elsa con gesto sombrío y sin tomar el paquete.

—Bueno, verá… señorita—la manera en la que Agnes le hablaba denotaba claramente que tenía serias dudas acerca de cómo debía dirigirse a ella—. Durante el tiempo que permanezca aquí, me temo que le serán asignadas unas cuantas tareas… yo estaré a cargo de enseñarle, no debe preocuparse por eso. Pero obviamente, es necesario que esté adecuadamente vestida para cumplir con ellas, ya sabe.

La indignación e incredulidad que aparecieron en el rostro de la rubia le hicieron ver a la recién llegada, que quizá se había precipitado con sus palabras. Había tratado de ser lo más cuidadosa posible pero era obvio que aquello le chocaba a la extranjera, que por lo que había podido escuchar de una conversación de ciertos soldados, parecía pertenecer a la nobleza.

Internamente se sintió mal por ella.

—¿Disculpa? ¿Tareas?—repitió Elsa visiblemente ofendida—¡No! ¡Hay un error aquí! Yo debo regresar a mi reino… ¡no voy a quedarme aquí!

—Por favor señorita, yo solo cumplo órdenes—se apresuró a decir Agnes de manera calmada—, y por su bien, le recomendaría no protestar al respecto. No sé cuánto tiempo vaya a quedarse aquí, pero mientras lo haga es mejor que sepa adaptarse ¿comprende?—trató de explicar.

—¡No! ¡No pienso ocuparme de ninguna tarea! ¡Quiero regresar a mi casa!

Agnes suspiró ante la protesta enfadada que le dirigía. No era como si pudiera culparla después de todo.

—Escuche señorita—dijo en tono conciliador—, me gustaría poder ayudarla, en serio. Pero como le dije solo obedezco órdenes. Y créame, es mejor que traté de tranquilizarse. El rey no es una persona muy paciente—agregó en voz baja—y no conviene llevarle la contraria. Sé porque se lo digo.

—¡Ese hombre!—exclamó la platinada en voz alta con disgusto y cruzándose de brazos—¿Por qué está haciendo todo esto? ¿Por qué no me envía de vuelta a casa?

—Sinceramente no lo sé—respondió Agnes y puso sobre la cama el fardo que antes se había negado a tomar—, pero no podemos desobedecerlo ¿sabe? Y le agradecería en verdad que se esforzara por cumplir sus órdenes. De lo contrario… podrían castigarme.

Algo en el tono temeroso de la chica hizo que Elsa suavizara su ceño y le mirara con atención. Definitivamente estaba hablando en serio y de nuevo, algo le dio mala espina. ¿De qué tipo de castigo estaría hablando? ¿A qué clase de lugar había ido a parar?

Con algo de reticencia tomó el bulto sobre la cama y aquello pareció tranquilizar a la morena.

—Le daré algo de privacidad para que pueda cambiarse—le dijo retrocediendo hasta la puerta—. Cuando termine la estaré esperando justo afuera.

Sin decir nada más salió cerrando la puerta tras de sí y Elsa comenzó a abrir de mala gana el ligero paquete que tenía entre sus manos. Al menos aquella joven se mostraba amable.

No pudo evitar fruncir sus labios al ver el vestido marrón, muy parecido al que le había visto puesto, envuelto dentro del fardo, junto con una modesta prenda para dormir y algunas otras de uso diario.

No entendía nada de lo que estaba sucediendo. ¿Es que acaso pretendían que llevara a cabo acciones propias de la servidumbre o algo por el estilo?

Negó con la cabeza. No era que menospreciara a quienes se ocupaban de eso pero ella solo quería regresar a Arendelle. Quedarse ahí, ocupándose de tareas que nunca había llevado a cabo en su vida, era una perspectiva desalentadora.

Echando un último vistazo al estropeado vestido azul que traía puesto, supuso que a final de cuentas ya no le serviría de mucho. Desanimada, se dispuso a cambiarse.

Minutos después abrió la puerta y apareció vestida de una manera mucho más modesta ante Agnes, quien como le había dicho se encontraba esperándola. También se las había arreglado para recoger sus rubios cabellos en un moño similar al de ella, después de haberlos peinado con sus dedos a falta de un cepillo.

Suspiró sonoramente y la chica de pelo negro le dio una pequeña sonrisa apenada a modo de disculpa.

—Sígame señorita—le indicó y caminaron por el pasillo en silencio.

A cada segundo que transcurría le parecía que las cosas no podían estar peor.

—Entraremos en las cocinas, hay varias cosas que hacer ahí y seguro que podrá aprender rápido—le decía Agnes tratando de suavizar el asunto sin éxito—. Por cierto, ¿tiene hambre? Apuesto a que debe encontrarse hambrienta después de todo por lo que ha pasado.

Elsa reparó en ese momento en que en todo el día, no había probado bocado. Aunque honestamente, las cosas que habían sucedido le habían quitado seriamente el apetito.

Antes de que pudiera responder vio como una mujer algo mayor se acercaba a ellas y la miraba con atención. Vestía un grueso delantal y sus cabellos castaños, con algunas hebras blancas, estaban también recogidos detrás de su cabeza.

—¿Esta es la chica?—preguntó mirando a Agnes, quien asintió con la cabeza—. Ya veo—la mujer se volvió a ella con la misma dubitación que había mostrado la morena—. ¿Cómo se encuentra, señorita?

Elsa se mordió el labio inferior prefiriendo no contestar. Resultaba irónico que a pesar de que aquellas dos le mostraran algo de respeto, obviaran el hecho de que permanecía ahí en contra de su voluntad.

—Tenemos que asignarle alguna tarea, nos dijeron que lo mejor era mantenerla ocupada—habló Agnes al darse cuenta de su ausencia de palabras.

—Por supuesto—dijo la mujer asintiendo de manera incómoda—, aunque temo que no puedo equivocarme si asumo que usted no ha hecho ningún tipo de labor doméstica antes, ¿cierto señorita?

—No—contestó la rubia sin ánimo.

—Bueno, no se preocupe, eso no será ningún impedimento. Le enseñaremos—aseguró ella amablemente—. Puede llamarme Anja, por cierto. Acompáñeme, le asignaré una tarea sencilla.

La princesa no tuvo más remedio que seguirla a través de aquel enorme sector del castillo que albergaba las cocinas. Ahí, se podía observar a varios sirvientes ocupados en distintas tareas, ya fuera en mesas o junto a los fogones. El ambiente que se sentía era cálido y aquello le disgusto un poco. Siendo quien era no se podía decir que disfrutara mucho del calor pero supuso que podría tolerarlo.

—Aquí señorita. Hay varios trastes que necesitan ser lavados. Puede tomar un delantal de la mesa que está por allá, y aquí hay jabón y agua. Le mostraré como tiene que hacerlo; el agua no debe estar muy caliente.

Elsa parpadeó un par de veces al escuchar sus indicaciones y miró la enorme pila de platos y cubiertos ante ella. Eran demasiados.

Suspiró.


Con cuidado, continuó tratando de pelar la patata que tenía entre sus manos de manera torpe. Jamás en su vida había tenido que hacer algo como aquello y ya había estado a punto de cortarse un par de veces al empezar. Por otra parte, la cáscara irregular del vegetal era una prueba de que no estaba haciendo un buen trabajo.

Dejó escapar un bufido de frustración. No sabía si llorar de nuevo o echarse a reír por lo ridículo de la situación. ¿Quién diría que justamente ella se vería batallando con una tarea como esa?

—Podría ser peor—Elsa levantó la vista cuando escuchó hablar a la pelinegra que se encontraba sentada frente a ella.

Agnes compuso una sonrisa de lado en un intento inútil por animarla. Ante sí y a diferencia suya, tenía ya un pequeño montón de patatas limpiamente peladas.

Después de haber tomado un rápido almuerzo, se habían trasladado a una de las mesas en el área de las cocinas para cortar algunos vegetales para la cena. Aunque su acompañante había hecho que aquella acción se viera como lo más fácil del mundo, bastó un solo rato para que la rubia princesa se diera cuenta de que no era así. Al menos lavando platos no le había ido tan mal, aunque aún sentía sus manos un poco escocidas a causa del jabón.

—Yo no debería estar aquí—musitó soltando un suspiro decepcionado.

—Lo sé y lamento mucho su situación—dijo Agnes con sinceridad volviendo a su quehacer, sin atreverse a mirarla a los ojos—, es obvio que usted no está hecha para este tipo de trabajo. No se ofenda pero… bueno, es la verdad—agregó de manera incómoda y sin saber que decir—. Desearía evitarle una escena como esta, señorita.

—Llámame Elsa—la petición le sorprendió a la morena que alzó su vista para mirarla con impresión—. Está bien. Después de todo, está claro que mi título no es de mucha importancia aquí—aclaró con algo de amargura mientras seguía luchando con la patata.

La otra se limitó a asentir con la cabeza después de pensarlo un momento.

—Me extraña la decisión que ha tomado Su Majestad respecto a ti—dijo y pudo notar como todavía mostraba un poco de timidez al dejar las formalidades de lado—, es realmente inexplicable. Aunque al rey no se le puede cuestionar nada.

—¿Por qué lo hace?—preguntó Elsa más para sí misma con consternación—. ¿Qué gana con tenerme aquí? Sé que la relación entre nuestros reinos no es lo de más cordial… pero hacer esto… quiero decir, ni siquiera han tenido contacto en años.

—¿De dónde vienes?

—De Arendelle.

—Oh—le respuesta provocó que la pelinegra abriera un poco los ojos y pusiera una expresión sombría—. Vaya, eso no es bueno.

Elsa levantó una ceja.

—No me malinterpretes… es que de verdad no se le tiene mucha estima a tu reino ¿sabes? Por ese conflicto que sucedió hace años… sé que no tienes la culpa, pero me parece que Su Majestad lo tiene todavía muy presente. Para la Familia Real siempre ha sido importante recordar ese tipo de cosas.

—Eso es muy injusto—dijo Elsa bajando su mirada con algo de tristeza—¿Cómo es posible que pretenda que pague por algo que no es culpa mía? Tu rey es una persona muy cruel.

—Al menos no es como sus hermanos—Agnes no pudo evitar que las palabras salieran de su boca y al instante su rostro adoptó una expresión muy seria.

—¿Sus hermanos?—repitió Elsa observándola con curiosidad.

¿Es que acaso habría alguien peor que aquel hombre?

—El rey tenía doce hermanos mayores—le confesó Agnes y enseguida echó un vistazo de reojo alrededor.

El resto de los sirvientes de la cocina ocupados en distintas tareas, a distancia de ellas, le hizo decidir que podía continuar en voz baja.

—Él ascendió al trono hace tres años, cuando cumplió la mayoría de edad—prosiguió—, pero unos días antes, el penúltimo de sus hermanos murió. Como todos los demás. Una cosa terrible, realmente.

Elsa le envío una mirada perturbada.

—Siempre ha habido rumores respecto a la Familia Real de las Islas del Sur—continuó explicando la morena—, yo misma los escuchaba desde que era niña y me enviaron a servir aquí. Muchos de los isleños consideraban que estaba maldita, por decirlo de alguna manera. Claro que eso suena como algo ridículo—dijo encogiéndose de hombros—, aunque uno no puede evitar pensarlo después de todo lo que ha ocurrido.

—¿Qué ha ocurrido?

—Es una historia bastante escabrosa—dijo Agnes alzando la mirada por un segundo y luego volviéndose a concentrar en lo que estaba haciendo—. Todo se inició con la muerte de Sus Majestades, hace varios años. En paz descansen—añadió con tono respetuoso—, la reina Madre murió al dar a luz a Su Majestad. Cuentan que su estado de salud era crítico después del parto. El decimotercero que tenía.

Negó levemente con la cabeza.

—Fue un golpe muy duro para su esposo, el rey. Pero él siguió en el trono por algunos años más. Yo ni siquiera había nacido en ese entonces, pero los hechos son bien conocidos en las islas. Un accidente a caballo lo mató más tarde… dicen que fue premeditado—reveló con voz apagada—, por el mayor de sus hijos. Por supuesto, nadie lo comprobó pero…

La pausa que hizo le indicó a la rubia lo severa que era aquella duda y volvió a sentir mala espina.

—De cualquier manera, fue él quien ocupó el trono por un tiempo. Era el primero en la línea de sucesión—dijo Agnes—y estuvo gobernando por casi un año. Hasta que falleció un día a causa de una fuerte caída que tuvo mientras bajaba la escalinata principal del palacio. Un accidente del que también hubo sospechas en su momento. El primogénito de Sus Majestades nunca fue apreciado por sus demás hermanos.

'El segundo de los hermanos en la línea de sucesión gobernó por más de un par de años. En ese entonces había un conflicto en una de las islas más pequeñas, con una villa de pobladores. El rey envío a los tres hermanos que le seguían en edad para ir a resolver esa situación, pero ellos nunca volvieron. Fueron asesinados por hombres que habían tomado la alcaldía de dicho lugar. Esa vez hubo un juicio muy extenso y varias personas fueron ejecutadas—la chica se detuvo en su relato para mirar hacia ella—. Quizá no debería estar contándote todo esto. Después de todo son cosas del pasado… y no creo que sea agradable de escuchar'.

Elsa se encogió de hombros.

—Te mentiría si niego que tengo curiosidad—admitió con un poco de timidez.

Al menos aquella oscura historia había logrado distraerla de lo desafortunadas que eran las cosas a su alrededor.

—Bien—Agnes exhaló un sonoro suspiro—, como decía, se celebró un juicio y todo indicaba que los asesinatos serían olvidados. Pero tiempo después, el rey que ocupaba el trono enfermó severamente y fue cuestión de meses para que también falleciera. Gozaba de buena salud hasta entonces, por lo que su enfermedad fue muy inesperada. Pero a final de cuentas no había nada más que hacerse. Los médicos de la Corte no pudieron ayudarle a sanar.

'En esa época Su Majestad tan solo era un niño. Y los siguientes a tomar el poder eran sus hermanos mayores, ambos eran mellizos y ocupaban los lugares sexto y séptimo en la línea de sucesión. Los dos tenían un carácter terrible—la morena adoptó un semblante apagado—, todos lo tenían, pero ellos eran los peores. Yo tengo muy pocos recuerdos de ellos, porque en aquel tiempo acababa de llegar a palacio para formar parte de la servidumbre. Tendían a molestarse por muchas cosas y su furia era terrible. Prácticamente todos los criados temían cruzarse en su camino. Yo misma recibí azotes una vez por… tardarme demasiado en sacar sus caballos de los establos. Era la primera vez que hacía una tarea como aquella'.

Su mirada lució consternada al recordar aquello y Elsa le miró de la misma manera.

—Siento escuchar eso—dijo en voz baja mientras internamente, se horrorizaba por lo que acababa de mencionar.

En Arendelle jamás se habían aplicado esa clase de medidas a la servidumbre. Por lo menos no en un largo tiempo, mientras sus padres y sus abuelos estaban a cargo; eso lo podía asegurar. Su padre siempre le había enseñado que debía tener cierta consideración para con la gente que les servía y ella siempre había entendido sus palabras.

La sola idea de que alguien pudiera enseñarse por medio de castigos físicos con otras personas, le parecía algo terrible.

—En la Familia Real, los príncipes nunca han sido personas comprensivas—le dijo Agnes adivinando sus pensamientos—, no desde la muerte de la reina. Cuentan que su padre se endureció demasiado a causa de la partida de su esposa y por eso casi todos fueron criados de manera estricta. El carácter de los menores era más tolerable, pero aun así ellos nunca han empatizado con la servidumbre, ni con los ciudadanos. No es como si eso fuera obligatorio, desde luego.

Internamente, Elsa se mostró en desacuerdo.

—¿Qué sucedió con los hermanos mellizos?—preguntó discretamente.

—Se mataron—la súbita declaración provocó que se estremeciera—, se retaron a duelo para decidir quién se quedaría con el trono. Lo hicieron en secreto tengo entendido, pues de lo contrario se habría intentado disuadirlos. El caso es que un día amanecieron tendidos en uno de los patios internos de palacio. Al parecer se habían atacado mutuamente y contaban con heridas de gravedad. Ninguno pudo sobrevivir después de aquello.

'Así que el octavo de los hermanos se hizo con el trono. Fue el que más duró a cargo del reino, ascendió cuando yo era pequeña y permaneció en el poder hasta que me convertí en adolescente. Pero el pueblo no estaba contento y había revueltas de vez en cuando. Muchas veces intentaron atacar el palacio'.

'Los tres hermanos menores que le seguían partieron en misiones diplomáticas hacia otros reinos. Era claro que no querían encontrarse aquí con la gente protestando a cada momento y la amenaza de una guerra civil por estallar. Así que permanecieron por años en otras naciones y parece que la mala suerte les siguió… porque todos fallecieron mientras se encontraban fuera de las islas'.

Agnes esbozó una mueca parecida a una sonrisa, en la que se podía apreciar claramente la ironía.

—Creo que desde allí se comenzó a decir que la Familia Real estaba en verdad maldita. Uno de aquellos hermanos murió en una disputa con el conde de un reino que se había vuelto su enemigo. Otro lo hizo mientras viajaba por tierras orientales. Tengo entendido que la cultura allá es muy distinta y existen grandes diferencias con Europa, no se sabe a ciencia cierta que le sucedió pero parece que fue hecho prisionero. Y el hermano restante falleció en el océano, mientras se encontraba de regreso hacia las Islas del Sur. Su tripulación no era de confiar. Hubo un motín en su barco y los marineros acabaron con él. Todos ellos eran hombres extranjeros, varios de dudosa reputación según se rumoraba. A saber lo que le habría llevado a relacionarse con esa gente.

'Mientras tanto, los impuestos aquí eran muy altos y los ciudadanos se hallaban muy descontentos. Pero el rey que gobernaba tenía una fuerza militar muy grande de su lado y hubo muchos altercados en los que murieron civiles. En esos años fue cuando Su Majestad se enroló en la Marina para convertirse en Almirante y partió poco después de sus hermanos. Tuvo que enterarse de sus muertes cuanto se encontraba navegando. En realidad, tuvo suerte de estar lejos de aquí entonces'.

'Pero el penúltimo hermano permaneció en las islas… y traicionó al rey. Hubo un arreglo con algunos de los guardias principales para ponerlo bajo arresto y pasó meses en los calabozos. Yo misma le llevaba la comida en ocasiones. Nunca podré olvidar su mirada. Era un hombre realmente temible'.

La morena negó levemente para alejar sus memorias, que obviamente no le eran gratas.

—Fue todo parte de un plan para contentar a la gente. Se llevó a cabo otro juicio, en el que le condenaron a la horca al final, en frente de una multitud de ciudadanos furiosos. Hay quienes todavía recuerdan la escena con cierto sentimiento de victoria… a mí solo me provoca repulsión cada vez que me acuerdo. Aunque sé que se lo merecía.

'Cuando el doceavo hermano fue coronado, Su Majestad había vuelto del mar convertido en Almirante. Y las cosas se estabilizaron, aunque aún existía cierto descontento en la gente. Los impuestos no habían bajado lo suficiente y había cierta escasez en las islas. Esto duró alrededor de un año, pero a él no parecía importarle… y entonces…'

Una vez más, Agnes sonrió con semblante irónico y temeroso.

—¿Qué sucedió entonces?

—El rey se mató—respondió secamente—, él mismo. Hace tiempo que se le veía demacrado e inestable. Un buen día, simplemente tomó un lazo y se ahorcó en su habitación. Unas doncellas lo encontraron en la Cámara Real. Había dejado una carta en la que abdicaba de su poder y designaba a su hermano menor para tomar el trono. La coronación se celebró casi inmediatamente después de los funerales.

La princesa no pudo contener un gesto nervioso, que mostraba claramente su perturbación.

—El príncipe Hans ya contaba con veintiún años, así que no había objeciones. Pero nadie creía que fuera a hacer un buen trabajo. Como el último en la línea de sucesión nunca se le había tenido gran estima. Casi todos sus hermanos le mostraban desprecio por ser el decimotercero. El único con el que podía entenderse medianamente bien, era con el penúltimo, lo que explicaría porque fue capaz de hacerse a un lado para cederle el trono. Ese hombre no estaba hecho para gobernar.

'Hay quienes mencionan que tal vez su suicidio no fue del todo premeditado por él mismo, sino que se vio presionado por su hermano menor, ya que él tenía muchas ansias por gobernar ¿sabe?'

Elsa le lanzó una mirada asombrada.

—Pero no—repuso su compañera convencida—, yo no pienso que sea posible. Su Majestad puede ser un hombre difícil y hasta cruel, pero no lo es tanto como sus hermanos. Por lo menos con él se estabilizó la situación en las islas. Ya no ha habido revueltas, ni problemas económicos de gravedad. Por otra parte… su hermano anterior nunca fue una persona muy estable.

Mordiéndose el labio, Elsa se removió incómoda en su asiento. Tan solo pensaba en las palabras de aquella chica y en el hecho de que no podía estar segura de lo último que acababa de decir. ¿Qué pasaba si el rey en realidad era una persona retorcida y capaz de empujar a alguien hacia la muerte? Ya había demostrado que era un ser sin consideración por el sufrimiento ajeno.

—Estamos mejor con él que con cualquiera de los hermanos que gobernaron antes, eso es seguro—prosiguió Agnes volviendo a poner toda su atención en pelar patatas—, aunque lo mejor es no hacerlo enojar. Todos saben que hay que temerle cuando está irritable. Incluso a veces se encuentra de mal humor y nos trata de una manera terrible… pero en todo caso, es preferible al caos que había antes por aquí—miró a la rubia y sus ojos mostraron algo de preocupación—. Siento en verdad inquietarte con todo esto. Pero si vas a estar aquí un tiempo, conviene que lo sepas.

—No te preocupes, me has dicho todo lo que necesito saber—musitó Elsa.

¿A qué clase de lugar había ido a parar?

—Agnes, tengo que salir de aquí—le dijo desesperada—. Tengo que regresar a mi hogar. Mi hermana menor debe estar destrozada en estos momentos. Si el rey no tiene intenciones de dejarme ir, tengo que hacerlo de alguna manera por mi cuenta.

La muchacha hizo un gesto comprensivo pero le vio con desánimo.

—Suerte con eso, la vigilancia en el palacio es muy estricta—le informó—. No sé porque Su Majestad insista en retenerte, pero si lo ha decidido… bueno, puedo decirte que estoy segura que no será fácil que te marches de aquí. En serio desearía poder ayudarte, Elsa. Pero créeme, he vivido aquí prácticamente toda mi vida y las cosas son muy estrictas. A menos que lo convenzas de hacer que regreses a tu reino, no creo que tengas muchas posibilidades.

—No me importa—dijo ella testarudamente—, veré la forma de salir de aquí. Y si no lo convenzo, encontraré una manera de irme. Debo volver a casa con mi hermana.

La otra estaba por decirle algo, cuando un muchacho un poco menor que ella llegó interrumpiendo la conversación.

—Su Majestad ha pedido que le suban un poco de ron—hizo saber y enseguida Agnes asintió con la cabeza para levantarse de su asiento—. Tú no—le detuvo el recién llegado—. Quiere que lo haga ella—añadió señalando a Elsa con un movimiento de la cabeza.

Ambas chicas intercambiaron una mirada seria y la morena volvió a asentir con la cabeza, para ir en busca de la bebida.

Elsa estrujó sus manos con nerviosismo. La sola idea de volver a estar en frente de ese hombre le inquietaba, pero debía reconocer que era una oportunidad para hablarle de nuevo de su intención de regresar a Arendelle y con algo de suerte, esta vez accedería.

De inmediato, buscó los guantes que había guardado en el bolsillo de su vestido y se los colocó. Estaban estropeados pero en algo le ayudarían a mantener el control.

Agnes volvió cargando una bandeja que contenía un vaso y una botella con el ron.

—Toma—le dijo entregándosela—. Te mostraré donde está el estudio del rey para que vayas a llevárselo—le echó un vistazo a los guantes—. Esos no se ven bien. No creo que te sirvan de mucho estando así de rotos… además no los necesitas.

—Sí, los necesito—insistió Elsa con una mirada terca, esperando que no le pidiera explicaciones.

La morena hizo un encogimiento de hombros.

—Vamos entonces—dijo dejando de lado el asunto.


El sello real de las Islas del Sur quedo impreso sobre el lacre que sellaba la carta destinada a una de las villas más lejanas del reino, en la isla más pequeña de la nación. Parecía que siempre había un asunto que tratar en cada una de ellas, pero no podía negarse.

Después de todo, gobernar era algo que llevaba en la sangre. Aunque a veces podía convertirse en una tarea monótona.

El leve toque que se escuchó detrás de la puerta sacó a Hans de sus pensamientos y enseguida dejó la carta a un lado sobre su escritorio antes de enderezarse con arrogancia desde su asiento.

—Adelante.

La pesada puerta de ébano se abrió dejando ver una figura menuda que cargaba una bandeja en las manos. Sonrió de lado.

—Princesa—habló con un dejo lleno de sarcasmo—, que agradable es verla de nuevo. Veo que me ha traído un trago. Eso es muy considerado de su parte.

Los ojos azules de la joven le lanzaron una mirada aguda.

—¿Ha estado cómoda durante su estadía aquí, Su Alteza?—inquirió el pelirrojo ensanchando su sonrisa torcida—. ¿Es de su agrado la habitación que se le ha asignado? Confío en que habrá empezado a sentirse como en casa.

—¿Por qué hace esto?—Elsa no pudo evitar que la pregunta saliera bruscamente de sus labios—¿Por qué se niega a enviarme de vuelta a casa? ¿No ve que yo no debería estar aquí?

Aquella probablemente era la peor manera de dirigirse a él, tomando en cuenta todas las advertencias que le habían hecho. Pero la manera en la que le hablaba, llena de sorna y engreimiento, simplemente le impedía comportarse de la manera tranquila y educada que le caracterizaba.

Aunque fuera una persona pacífica, tenía su orgullo después de todo.

—Pero aquí estás—dijo Hans perdiendo toda formalidad al hablarle y disfrutando internamente de la frustración de la joven—y llegaste en muy buen momento, debo decir. Hace mucho que no disfruto de la compañía de alguien interesante, ¿sabes?

Ella estaba por replicar cuando volvió a hablar con voz autoritaria.

—Sírveme un poco de ron. No te quedes ahí parada.

Elsa tensó sus labios en una línea y reticentemente, empezó a cumplir la orden. Por dentro bullía de indignación. Nadie jamás en su vida le había hablado de esa manera. Quizá solo su padre en alguna ocasión, pero aquello era diferente. Sus manos temblaron ligeramente al destapar la botella de licor y verter una porción en el vaso. Apretando los dientes, se lo extendió al rey, quien antes de tomarlo le echó un vistazo a sus maltratados guantes.

—¿Y eso?—le preguntó con sorna—. ¿Por qué te los dejas puestos? No los vas a necesitar a partir de ahora.

—Es una costumbre—contestó Elsa fríamente.

—Una costumbre inútil—espetó el pelirrojo tomando un sorbo de la bebida—. Quítatelos.

—No.

Los ojos verdes se desviaron del líquido contenido dentro del vaso para mirarla fijamente.

—¿Cómo dijiste?—la pregunta salió en un tono de voz bajo y amenazador que a la joven le provocó un estremecimiento.

—He dicho que no, Su Majestad—se atrevió a responder levantando la barbilla, aunque por dentro temblaba incontrolablemente—. No voy a quitarme los guantes, ni pienso permanecer un día más en este lugar. Usted no tiene derecho a retenerme, en especial cuando no he hecho nada malo—replicó lo más firmemente que pudo—y mucho menos puede prestarse a este tipo de humillación—señaló con un movimiento de cabeza su propia persona, enfundada en el sencillo vestido marrón—. Lo que tiene que hacer es enviarme de vuelta a casa lo más pronto posible y una vez que esté de regreso, tal vez pueda olvidar este grave insulto.

Su pequeño discurso no dio muestras de haberlo alterado puesto que se mantuvo impasible observándola, con una expresión indescifrable en su semblante. Aquello la puso más nerviosa.

De improviso, el rey soltó una sonora carcajada que se escuchó por toda la estancia. No era una risa cálida ni agradable. Aquel sonido carecía de toda empatía y comprensión.

—Tienes muchas agallas, niña—le concedió Hans con su sonrisa arrogante—. Podría mandarte a azotar por hablarme de esa manera, sino fuera porque hoy me siento especialmente compasivo. Y dado que es la primera vez que estas aquí… bueno, ya aprenderás.

La amenaza hizo que la rubia temblara ligeramente y sintió una corriente de frío deslizándose debajo de su piel.

"No sientas, ocúltalo".

—Es inaudito lo que usted hace, señor—se las arregló para continuar con un leve temblor en la voz—. Lo que usted está haciendo es aborrecible Su Majestad, es un secuestro—le dijo con gravedad—, podría tener serios problemas con mi reino… y varios de nuestros aliados, si llegan a enterarse de que insiste en tenerme aquí en contra de mi voluntad. Su reputación y la de las Islas del Sur se verían seriamente afectadas. Sin mencionar los conflictos bélicos que eso podría conllevar.

—No me hables de conflictos, muchachita—le dijo él bruscamente mientras le lanzaba una mirada de profunda condescendencia—. ¿Crees que no he lidiado antes con ese tipo de problemas? Me tienen sin cuidado las represalias que tu reino y otros puedan tomar en mi contra… si es que eso llega a suceder.

—No sabe lo que dice—dijo Elsa con insistencia y tratando de ignorar la mueca sardónica que se pronunció en el rostro del monarca, ¿cómo alguien podía tener tan poca clemencia?—. Mi hermana debe estar devastada en estos momentos—agregó optando por apelar a aquel argumento—, las noticias del naufragio ya deben haber llegado hasta ella y no tiene idea de que estoy aquí. Debe sentirse muy sola y desesperada—el rostro impasible del cobrizo no mostro señales de lástima—. Debería estar con ella para consolarla, no puedo dejarla sola. ¡Ni siquiera he podido guardar el luto adecuado por mis padres!—sus ojos volvieron a aguarse al mencionar a los reyes—¡Hágalo por ellos! Usted debe comprender que la familia es lo más importante.

—La familia—repuso el rey con desdén—, una vez también tuve padres y hermanos. Sus muertes no me supusieron ningún problema para seguir adelante. Seguramente tu hermana sabrá reponerse sin muchos inconvenientes—añadió con frialdad—. Tú también superarás la muerte de tus padres. Esas son cosas que se olvidan con el paso del tiempo ¿sabes? Puede que hasta disfrutes estar aquí.

La sonrisa displicente que mostró provocó que toda la furia y dolor que sentía en aquel momento, estuviera a punto de dispararse de sus manos bajo la forma de un torrente de hielo.

"¡No sientas! ¡Por favor!"

Elsa luchaba contra la parte más oscura que había en ella, esa que a veces le hacía querer liberar sus poderes sin control tan solo para calmar sus sentimientos negativos. Sabía no obstante que si se permitía aquello después podría arrepentirse por el resto de su vida. Ella no podía cargar con el peso de saberse culpable de hacer daño a alguien, incluso si era tan detestable como el hombre que tenía en frente. La experiencia previa de haber lastimado a su hermana le había hecho decidir que jamás lo haría de nuevo con nadie.

La temperatura descendió levemente en la habitación y el fuego que crepitaba en una chimenea cercana, tembló abruptamente al contacto de una brisa repentina y helada. Hans frunció levemente el ceño.

—Le exijo que me envíe de vuelta a casa—espetó la princesa con voz autoritaria—. Se lo advierto.

Sus ojos verdes se clavaron en ella con dureza. ¿Cómo se atrevía esa chiquilla a hablarle de aquella manera? Despacio, se levantó de su asiento dejando el vaso vacío de ron a un costado y camino hacia la muchacha.

—Hay una cosa que tienes que meterte en la cabeza, niña—le dijo con tranquilidad mientras ella retrocedía unos cuantos pasos buscando alejarse de su persona—. Tú no te vas a ir de aquí hasta que yo lo diga, eso puede ser cuestión de unos días—Elsa abrió los ojos con perplejidad al escuchar aquello y apenas reaccionó cuando sintió la mano de él tomarla con firmeza por la barbilla—, de meses. ¿Te preguntas por qué hago esto?—la joven apretó sus labios en una línea tensa—Porque puedo. Y lo mejor que puedes hacer tú es calmarte y tratar de complacerme. Me temo que soy bastante irritable y cualquier cosa insignificante, como la manera en la que me acabas de hablar, podría hacer que me salga de mis cabales. No quieres verme enojado, Elsa, te lo aseguro.

La rubia tembló ligeramente al esforzarse por sostenerle la mirada.

—Y ahora que hemos aclarado ese punto—le soltó la barbilla y acto seguido, le tomó ambas manos con las suyas—, otra cosa que tienes que aprender es que al rey no se le niega nada. Y si yo te doy una orden—bruscamente tiró de los guantes hasta retirarlos en un solo movimiento—, la cumples.

Ella contuvo una exclamación cuando miro como arrojaba ambas prendas al fuego de la chimenea. Un torrente frío se dejó sentir en la superficie de sus palmas.

—No es bueno tenerme de enemigo, Elsa—la amenaza que él siseó cerca de su oído le provoco otro espasmo y tuvo que apretar fuertemente sus manos en dos puños—. Pero es muy fácil tenerme complacido ¿sabes? Y estoy seguro de que tú puedes hacerlo.

Aquellas palabras le infundieron un temor que no se supo explicar.

—Tú eres una chica inteligente ¿no? Sabes que es lo que te conviene—Hans subió uno de sus pulgares hasta su rostro y delicadamente limpió algunas lágrimas que habían descendido sobre sus mejillas sin que lo notara—. No me hagas enojar ¿de acuerdo? Compórtate y te prometo que todo estará bien.

—No me toque—musitó Elsa con todo el desprecio que pudo.

El rey volvió a sonreír de forma retorcida.

—Mejor no me pongas a prueba, querida—retiró la mano de su cara—. Retírate.

La princesa se dio la vuelta para salir con paso elegante del estudio. Era notable que se hallaba alterada y hacía un enorme esfuerzo por contenerse. Cerró la puerta tras de sí con un golpe seco y Hans volvió a ocupar su lugar detrás del enorme escritorio. Sentía un ligero cosquilleo en la mano, aun después de haber tenido contacto con la suave piel de la chica.

Sonrió de lado recordando lo fría que estaba, algo que atribuyó a la baja temperatura que podía llegar a sentirse dentro de palacio a causa del invierno; a pesar de que la chimenea se encontraba encendida.

Recordó con extrañeza como el fuego se había sacudido hace un momento con la brisa helada que por un instante, hizo descender el ambiente dentro del lugar. ¿Qué había sido eso? Volvió su vista hacia los papeles que volvía a tener delante de sí, olvidándose de aquella nimiedad. Tenía demasiado trabajo por hacer todavía como para reparar en insignificancias.

Sin embargo, todo apuntaba a que sus días siguientes se volverían mucho más entretenidos teniendo a aquella joven bajo su disposición. También presentía que no iba a ser del todo sencillo. La chiquilla tenía carácter aun cuando se esforzara por ocultarlo debajo de una máscara de frialdad; algo que solo volvía las cosas más interesantes. Le gustaban los retos.

Lo que hacía era absolutamente indignante y estaba consciente de ello. Pero ¿a quién le importaba? Él era el rey, nadie se atrevería a pasar por encima de él y en especial con su situación actual en cuestiones diplomáticas. No tenía mucho que temer en aquel aspecto.

Por otro lado no podía negar que le gustaba la princesa. Desde el momento en que la había observado al entrar al Salón Principal horas atrás, se había encontrado a si mismo profundamente impresionado por el porte y la belleza de la muchacha, aun visibles debajo de sus ropas estropeadas por el naufragio y el semblante triste y ligeramente demacrado que tenía en su rostro.

La idea de tenerla para sí le había resultado lo suficientemente atractiva como para llenar el vacío que venía sintiendo desde hacía tiempo, en medio de la pesada rutina de gobernar.

Durante sus viajes en altamar como Almirante, antes de ser coronado, había estado con varias jóvenes por simple placer. Pero ninguna de ellas le había causado tanta fascinación como la rubia sobreviviente del naufragio que había acontecido cerca de las costas isleñas, con esos ojos de un azul profundo y la piel blanca como la nieve.

No llevaban un día de conocerse y ya podía notar cuanto lo detestaba. Lo veía en su mirada y por algún motivo, aquello más que disgustarle le divertía.

Ya se encargaría de enseñarle a aquella princesita a mostrarle un poco de respeto. Y quizá con el tiempo, incluso podría obtener algo más. La sonrisa arrogante se ensanchó en sus labios.

Parecía ser que había encontrado una solución a su aburrimiento.


Quienes odien a Hans en este momento, favor de formarse a la derecha para romperle la cara. Quienes se encuentren encantadas con su actitud pasen a la izquierda a tomar terapia junto conmigo.

¿Y bueno? ¿Qué les pareció eso? :D Ya sé que no hubo mucha interacción Helsa pero aguanten, lo bueno ya viene. Ahora que quedaron claros algunos antecedentes, será tiempo para estos dos de conocerse "mejor". ;) Hablando de antecedentes, ¿qué les parece la historia de los hermanos de él? ¿Resulta creíble? ¿O se quedaron como: ash, ¡que fácil lo pusiste Frozen Fan!? Jajajaja, quería hacer algo escabroso para explicar porque Hans es rey y provocar ese ambiente oscuro en torno a él. Quiero pensar que no me equivoqué así que agradeceré mucho cualquier opinión que tengan.

Por otra parte, ya vieron que a la querida princesa si la van a poner de Cenicienta. D: Le toca sufrir por ahora pero habrá momentos interesantes. Se los prometo. Helsa a la máxima potencia.

También prometo un próximo capítulo con mayores puntos de vista de Hans y una explicación más amplia acerca de porque se ensaña tanto con Elsa. Hay algo más además de su obvio gusto por ella y que hará las cosas más creíbles, por si no se quedaron satisfechos con sus pensamientos finales. Ese hombre es retorcido criaturos y esconde bastantes cosas.

¿Y mis OC? Es la primera vez que pongo personajes originales, obvio por necesidad. No serán demasiado importantes en la trama, pero si ayudarán a sostenerla, por lo que me esforzaré por hacerlos lo más decentes posible.

Hablando de otra cosa, ¿alguien de ustedes tiene la costumbre de buscar el karaoke de "Let it go" en Youtube y ponerse a cantar a solas en su habitación? Me gustaría saber que no soy la única. xD

¡Espero verlos pronto! Recuerden que los reviews me hacen escribir más rápido. ¡Espero sus opiniones! ;D