Aviso: Solo la historia y algunos personajes inventados son de mi creación, de resto el mundo de Harry Potter le pertenece a J.K Rowling.
Ted
A Melissa y Abraham Tonks siempre les habían dicho lo particular que era su hijo menor Edward. No porque fuese un muchacho de aspecto extraño dado que comparado a muchos niños de su edad era adorable y bien portado, era más bien debido a las cosas extrañas que solían suceder cerca del niño.
Eran cosas que el propio Edward empezó a notar cuando tenía no más de 6 años. Cuando sus padres le compraron aquel tocadiscos magnífico con el cual podía divertirse al menos tres ventanas explotaron de manera extraña, y también estaba la vez en que el cabello de su hermana Gina se pintó de verde después de que ellos hubiesen discutido aunque él clamará a sus padres que no lo había tocado.
En la escuela una vez su profesor de matemáticas tuvo la boca pegada, como si hubiese consumido super glue, después de llamarle la atención por tratar de ayudar a un compañero durante una recuperación para salvarlo de la escuela de verano. Y aquel molesto niño que disfrutaba golpear a gente más pequeña que él fue empujado contra un charco de lodo por un exceso de gravedad justo cuando Ted venía caminando convenientemente a su lado. Era la razón por la cual muchos de los niños de la escuela trataban de no acercársele.
Daba por infalible de que todos en Brístol estaban seguros de que aquel muchacho de mirada dulce escondía un terrible secreto. Y el mismo Ted ya se había resignado a que sería una oveja negra que nunca encajaría en ninguna parte porque también él sentía que había algo mal.
Si se concentraba demasiado podía lograr que las cosas más extrañas pasaran: Una vez reventó una tubería para probar si lo que murmuraban sus vecinos de él era cierto y descubrió mientras sus padres trataban de parar la inundación repentina y Gina gritaba que tenía habilidades sobrenaturales. ¿Podría ser posible que fuera un súper héroe como Clark Kent? Aunque por dentro lo negaba, jamás había recibido un baño radioactivo y cosas fantásticas solo sucedían en los libros.
Más no obstante concordaba con que podría entrenarse y usarlas para un bien común solo por el simple placer de molestar a todas aquellas viejas chismosas que se atrevían a llamarlo chiflado y se cambiaban a la otra esquina cuando veían a su madre pasear en la calle. Si iba a ser un niño particular entonces sería el mejor en ello.
Y así pasaban los años hasta que en una curiosa mañana de Julio le llegó a su puerta algo que cambiaría su vida para siempre. Ted normalmente nunca era enviado por sus padres para revisar el correo dado que podría llegar a perder las cartas pero ese día Gina había salido con unas amigas y corrieron el riesgo. Fue una cosa buena dado que había un brillante sobre con un curioso sello que iba dirigido a su persona.
Los únicos que escribían a Ted eran sus abuelos y normalmente las cartas tenían el nombre de Gina antes que él, pero está ni siquiera tenía la postal de Escocia y venía de otra parte. Venía de un colegio.
Ted ya había sido inscrito en un instituto privado al que su padre había ido para que fuera a vivir con sus abuelos en Escocia para evitarle comentarios crueles de compañeros que ya lo conocieran, y sabía que su nombre no era Hogwarts. Sin embargo no pudo evitar abrir la carta y su sorpresa no tuvo descripción.
¡Era un mago! ¡Un mago de verdad! No como esos que sacaban conejos de sombreros si no uno que podría asistir a un colegio especializado para que le enseñaran a manejar sus poderes y que sería confirmado cuando una persona de los miembros del plantel educativo viniera a explicar absolutamente todas las dudas que pudiesen surgir. ¡Era fabuloso! ¡Asombroso!...si sus padres hubiesen pensado igual.
— ¿Te has creído que esto es gracioso? ¿Qué mal podría hacerle a Ted el decirle que es un mago? ¡Esto es inaceptable Gina!
Su hermana tenía los ojos rojos por las lágrimas que ya bajaban por sus mejillas mientras trataba de explicarle a sus padres apoyada por Ted de que ella no había hecho nada: — ¡Es cierto! — Gritaba el muchacho rubio con afán— ¡Soy un mago! Por eso hago cosas raras ¡Podré estudiar magia!
— Tú no eres extraño, ni mágico y no haces cosas raras. Y definitivamente no eres un mago Edward.
— ¡Pero ahí lo dicen mamá! ¿Qué hay de malo con que algo bueno me suceda está vez? — Gritaba con ojos llorosos y sobre las exclamaciones de su hermana.
Pero sus padres no los tomaron en serio a ninguno de los dos y les enviaron a dormir, guardando la carta en un escritorio y prohibiéndoles el volver a tocar aquel tema. Y Ted tuvo que resignarse mientras subía aquellas escaleras de que posiblemente siempre fuera el muchacho extraño que todos clamaban ver.
Los días pasaron y Gina fue castigada por sus padres debido a "Escribir una ridícula carta burlándote de tu hermano" pero algo dentro de Ted le decía que no podía ser una mentira. Debía haber un ápice de verdad en ello y su hermana no era lo suficientemente cruel como para burlarse de él así ¿Cierto? Y aun así la supuesta persona que debía venir a explicar todo jamás apareció. O eso pensaba hasta aquella mañana del 19 de Julio.
No debían ser más de las cuatro de la madrugada cuando los fuertes golpes en la puerta despertaron a todos los habitantes del número 6 de Garden Street. La madre de Ted y su papá se levantaron con prisa y bajaron a ver quién armaba tremendo escándalo a una hora donde no era cordial visitar. Sus gritos fueron lo que atrajo la atención de Gina y el mismo Ted quienes bajaron corriendo para encontrarse con la divertida escena de ver a un hombre de cabellos rubios y ojos parduzcos recostado en la puerta como si fuera un viejo amigo de la familia.
Gina siguió el ejemplo de sus padres de gritar y pegarse al barandal con temor pero era Ted quien llamaba la atención de aquel extraño.
— ¿Tonks, Edward?
— S-S-Sí.
— ¡Excelente! Creo que he golpeado en cuatro casas diferentes antes de llegar. Menudo problema se arman ustedes los Muggles para enumerar las calles, no recuerdo que fuera así cuando yo era niño. Claro que Minerva tiene una especie de sexto sentido para encontrar direcciones, creo que se debe a su parte gatuna no lo sé. En fin ¿Tienen algo de tomar? Esto podría llevar tiempo.
Su madre parecía a punto de sufrir un colapso nervioso pero fue su padre quien se levantó y poniendo a toda su familia tras él enfrentó a ese sujeto de mirada un tanto descolocada: — Escúcheme muy bien caballero. Si usted no sale de mi casa antes de que cuente diez llamaré a la policía y me encargaré de que se lo lleven por allanar mi morada ¿Estoy siendo claro?
— Siento decepcionarlo, Abraham, pero las cosas saldrían mucho más deprisa si tan solo me dejará sentarme con el muchacho y firman el acuerdo de confidencialidad de una vez para que pueda explicarles todo lo que necesitan saber sobre Hogwarts. Créame, mis padres también son muggles y formaron un escándalo peor que usted cuando vieron un gato convertirse en mujer ¡No hay necesidad de llamar a la policía corriente!
— ¿C-C-C-Cómo sabe m-m-mí nombre? ¿Quién es usted? ¿Qué es usted?
El hombre solo sonrió y se retiró su curioso sombrero morado de punta para hacer una reverencia: — Soy el profesor John Wilson y dictó Aritmancia en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Y he venido para informarles todo lo que deben saber antes de enviar a Edward para que inicié su educación mágica ¿Ahora puedo sentarme?
— Te has fajado con esta broma. ¿De dónde sacaste a los actores? — Pero su hermana solo atinó a desmayarse antes que a contestar lo cual le demostró a Ted que esto solo podía ser verdadero.
Después de que sus padres acomodaran al profesor Wilson en la sala, Gina estuviera plenamente consciente y todos estuviesen sentados para prevenir incómodos desmayos venideros fue que atinaron a conversar. El hombre sacó primero una pluma que volaba y luego una larga varita que parecía de sauco antes de mirar a los Tonks.
— Bien ¿Por dónde debería iniciar?
— ¿A qué se refería con Hogwarts? ¿Qué interés tienen en Ted?
El profesor Wilson se recostó profundamente en su asiento: — Verá, Melissa, Hogwarts es una de las tantas escuelas de magia alrededor del mundo. Pero nosotros poseemos una particularidad y es que aceptamos a todos los magos sin importar su estatus de sangre por lo tanto apenas nazca uno tenemos un registro que nos informa cuando cumplen once años para que reciban su carta y puedan asistir al colegio para aprender todo lo básico sobre nuestro mundo: Historia, defensa, transformaciones, encantamientos dictados por una mago o bruja competente. Ted es uno de los afortunados de esta futura generación.
— Pero…pero yo no he mandado ningún formulario.
— ¿No has escuchado? ¡La pluma te ha registrado desde que has nacido! Puede ser posible que ninguno de tus padres tenga habilidades mágicas, pero eso no implica que tengas menor oportunidad en el colegio. Además la sangre es un concepto básico que solo le importa a familias atrasadas y obtusas.
La información zumbaba por la cabeza de Ted y perdió concentración en lo que decía el profesor Wilson a sus padres. ¿Era verdad? ¿Era un mago nacido de…? ¿Cómo era que los llamaba, muffles? ¡No importaba! Aquí estaba un hombre por fin explicando todas las inquietudes que tenía sobre las cosas extraña que sucedían a su alrededor, una solución a sus problemas ¡Aprendería magia!
— ….Dumbledore quien es el mago más brillante y capacitado que Hogwarts ha visto en todos sus años de fundación ¡No hay nadie mejor que él para confiar la seguridad de su hijo!
Podría aprender a cambiar el color de su cabello, a desaparecer, toda la supuesta historia de un mundo tal vez oculto a personas como sus padres y hermana, ¡Sería fantástico!
— …Y entonces Slytherin se fue del colegio, dicen que dejo una cámara para que asesinará a todos los niños que fueran como Ted y yo ¡Pero nadie ha muerto!...Excepto si contamos a Myrtle la llorona que acosa a las niñas en un baño, pero dado que viva también era insoportable quien la mató nos hizo un gran servicio.
¿Habría familias que solo tuvieran magos en ellas? ¿Podría Ted conocerlas? ¡Moría por hacerse amigo de una familia de solo magos! ¿Le darían una varita igual a la del profesor Wilson? ¿Podría llevar una mascota con él? Siempre le habían gustado las serpientes…
— …También hay un bosque prohibido con un montón de criaturas altamente peligrosas que podrían asesinar a cualquier estudiante pero nadie ha muerto desde hace como unos 20 años, así que no hay lío alguno. Entonces van a mandar al niño ¿Cierto?
— ¿Tú que dices Ted?
La respuesta no tardó en salir de su boca y podría asegurar que los ángeles cantaban y su rostro se iluminaba: — ¿Es enserio? ¿Cuándo inician las clases? ¡Me voy ahora mismo!
El profesor Wilson sonrió y Ted notó por primera vez en años una expresión de alivio en el rostro de sus padres que disminuyo un tanto su alegría. Sabía la cantidad de problemas que le había dado a su familia y ahora más que nada comprendía que ellos eran únicamente su culpa, que por resultado de poderes mágicos tal vez no podría vivir nunca en paz con sus padres porque siempre encontraría la manera de arruinarlo todo para ellos.
— ¿Qué es eso?
El profesor Wilson había levantado el papel que estaba sobre el escritorio y eso sacó a Ted de sus pensamientos depresivos que casi lo hacían arrepentirse de haber aceptado: — Se llama acuerdo de confidencialidad mágico. "Nosotros Abraham Tonks, Melissa Tonks y Gina Tonks acordamos no revelar información alguna sobre la ubicación del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, el mundo mágico y sus respectivos conflictos y mucho menos la identidad de Edward Tonks quien iniciará la educación mágica. Si llegará a presentarse sabemos que sufriremos una maldición e investigación correspondiente al ministerio de Magia bajo el mando del Ministro Nobby Leach" ¿Quedó claro?
Pese a que sus padres y Gina no parecían demasiado emocionados con la idea de ser maldecidos no tuvieron más opción que firmar el acuerdo. El profesor Wilson mantuvo su sonrisa todo el tiempo y guardó aquel papel mientras terminaba de dar instrucciones sobre cómo llegar al callejón Diagon para comprar los materiales, el horario y forma exacta para llegar a la plataforma 9 ¾. Cuando por fin llegó el momento en que se fue Ted Tonks no podía creer su suerte.
Mientras tanto los vecinos comentaban la salida de un hombre estrafalario de la casa de la familia y repetían siempre la pena que sentían por el extraño niño de los Tonks.
