Recomendación. Leer con el "Saint Seiya OST 2 - Track 5 – Sacrifice" (tal cual lo encuentran en YouTube)

-Pensamientos y sueños en cursiva.

"Dialogos en comillas, negritas y cursivas son extractos de Tenkai-Hen"

-Saint Seiya es propiedad de Masami Kurumada y TOEI. Yo escribo sin fines de lucro y sólo por diversión.


Pedazos

Eso fue el límite de su entereza.

Los hermosos ojos se abrían a más no poder, las gruesas lágrimas no tardaron en ceder y bajar como potentes cascadas sin ánimo de parar. El desgarrador grito que quería salir quedó atorado en su garganta quemando las cuerdas vocales, pero no sentía nada.

Ni siquiera las piedras encajadas en sus manos y rodillas al momento de dejarse caer sobre aquella superficie terrosa, o la sangre que salía de las heridas recién hechas la sacaron de su estupor.

Tampoco sintió cuando comenzó a llover o supo cuánto tiempo llevaba ahí.

No podía moverse, su mirada no se apartaba del escenario que tenía frente a ella

De Piedra. Apretó los puños contra la tierra causando heridas más profundas

Colosal. Mordió el labio inferior con fuerza rompiéndolo en el proceso.

Imponente. La lluvia se disparó con un potente granizo que golpeaba sin tregua el frágil cuerpo.

Así son los Dioses.

Pasó la mirada en cada una de las figuras que mostraba aquel monumento, y en su mente mencionó lo que su voz no podía.

Aries. Mu

Tauro. Aldebarán

Géminis. Saga...Kanon

Cáncer. Death Mask

Leo. Aioria

Virgo. Shaka

Libra. Dohko

Escorpión. Milo

Sagitario. Aioros.

Capricornio. Shura.

Acuario. Camus

Piscis. Aprhodite

Shion…

El monolito de piedra se alzaba colosal e imponente en aquel desolador paisaje.

Así son sus castigos.

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¡Saori!

¡Saori!

¡Responde Saori!

Los cinco Santos de la Esperanza se encontraban buscando desesperadamente bajo la lluvia a la joven de cabellos lilas.

Hacía sólo un par de horas que por cuestiones del destino, los seis se habían reunido, y en un momento que para todos fue electrizante, los bloqueos mentales estallaron junto con la descarga de cosmos rompiendo al fin las cadenas que los tenían reprimidos. Era como si las galaxias se juntaran en torno a ellos y la calidez despedida por su propio cuerpo los rodeara hasta asfixiarlos.

Habían recordado todo. Habían recuperado su cosmos. Y Saori había desaparecido esa misma noche.

Simplemente si avisar a nadie y sin que se dieran cuenta, la muchacha se esfumó de la casa de campo donde se habían alojado para descansar después del impacto que resultó aquella explosión de energía.

Rápidamente los jóvenes se agruparon y partieron al Santuario….o lo que quedaba del él. El instinto les decía que podría estar ahí. Debía estar ahí.

-Diablos.

-¿Shun te encuentras bien?-el ruso se apresuró a levantar al peliverde-no te sobre esfuerces, aún no controlamos del todo nuestro cosmos, y la carga física y mental al trasladarnos aquí fue demasiado-Hyoga se encontraba un poco más blanco de lo normal. Él también estaba cansado.

-No te preocupes, estoy bien. Sigamos buscando a Saori- no podía dejar a sus amigos toda la carga de encontrarla.

-Sí, la seguiremos buscando, pero tú irás conmigo- Ikki tomó del brazo a su hermano para ayudarlo a caminar por el terreno lleno de escombros que seguramente antes fortificaban un templo zodiacal-andando, el clima está empeorando.

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-¡Saori! Maldición

-Seiya, iré a revisar por este lado, no me alejaré mucho, tú tampoco lo hagas, no sabemos qué tan inestable sea el lugar-el dragón se alejó con precaución hacía el lado contrario del de ojos chocolates.

-De acuerdo Shiryu-le respondió mientras caminaba hacía lo que antes era el coliseo, donde había ganado su armadura.

Maldición Saori ¿dónde estás?

Trataba por todos los medios que la desesperación no hiciera más estragos en él. Tenía que controlarse y encontrarla.

No debí dejarla sola.

Después de llegar a la casa de Saori, todos se fueron a dormir para poder conversar tranquilos por la mañana, él, preocupado por el bienestar de la rencarnación de Athena, había decidido acompañarla y velar su sueño, sabía que a ella le tocaba la peor parte. Pero la joven, orgullosa como siempre, le dijo que estaría bien, que fuera a dormir. Debió escuchar a su instinto, hacerle caso a la cosquillita que surgió al ver el reflejo de cansancio en los ojos verdes, pero se dejó vencer por su propio agotamiento y ahora éstas eran las consecuencias.

Sacudió la cabeza alejando los pensamientos negativos, no era el momento para culparse o sentirse mal. Tenía que poner todas las energías en localizarla.

De repente, como si un imán lo atrajera, volteó la mirada al lugar donde antes se encontraba el reloj de fuego, se acercó lo más aprisa que las cansadas piernas le permitían y entonces la vio.

-¡Saori!-el grito alterado fue escuchado por sus camaradas y rápidamente se dirigieron a donde él se encontraba.

Las alarmas en su cabeza se dispararon a verla inmóvil, de rodillas, aceleró el paso; detectó manchas rojizas en el vestido y ahora sí, corrió. Se agacho frente a ella, desesperado, buscando su mirada.

-¿¡Saori, pero qué demonios estabas pen…-la voz se le atoró y quedó en shock total al observar los ojos vacíos y sin ese brillo característico, abundantes lágrimas salían de ellos, no emitía sonido alguno o hacía ademán de moverse, tenía heridas por todo el cuerpo.

-Saori…-susurró estremecido ante la visión de la joven que tenía enfrente. Su corazón dio un vuelco que lo dejo paralizado.

Esta no era Saori. La mirada orgullosa, traviesa, divertida, caprichosa, cómplice; ya no estaba.

Apenas escuchó los llamados de sus amigos quienes gritaban a lo lejos alarmados, las voces sonaban como un zumbido en su cabeza.

Esta no era Athena. La mirada bondadosa, cariñosa, pacífica, segura, brillante; había desaparecido.

Escuchó las palabras "rápido" "sangrando" "salir de aquí" difusas, sin conexión alguna, podía apreciar siluetas borrosas rodeándolos, voces que lo llamaban, pero seguía sin moverse. Sólo hasta que Ikki lo jaló con fuerza levantándolo, salió del aturdimiento en el que se encontraba.

La imagen de Saori sangrando, retorciéndose, peleando y gritando desconsoladamente tratando de liberarse de los brazos de Hyoga y Shiryu lo recibió como un golpe que le sacó el aire.

Fue entonces que supo lo que pasaba.

No estaba Saori. No estaba Athena.

Los gritos desgarradores se hicieron más potentes.

Aquella joven.

Estaba rota.

Sus ojos se conectaron por un segundo con los iris verdes cargándolo de emociones desconsoladoras.

Y él se rompió con ella.

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-¿Cómo está?

Los cuatro pares de ojos se dirigieron preocupados al pelinegro que salía de la habitación de la actual rencarnación de Athena.

-Tuve que sedarla para curarle las heridas, algunas son profundas, afortunadamente no de gravedad. La fiebre disminuyó considerablemente, pero debemos de estar al pendiente-el dragón se notaba abatido-tendremos que turnarnos para hacer guardias. No sabemos si cuando pase el efecto del sedante, vuelva a alterarse.

Todos guardaron silencio. El haber encontrado en ese estado a Saori les había afectado demasiado.

-Yo iré primero-la voz sombría de Seiya sobresaltó a todos.

Él había sido el más perturbado.

-Seiya, amigo, creo que mejor deberías de descansar. Hyoga, mi hermano o yo podemos hacer la guardia-después de ver el shock en el que había quedado el castaño, el peliverde creía que lo mejor era que no estuviera cerca de la muchacha.

-No-sentenció de manera dura-sé que mi actuar hace unas horas no fue el correcto, pero…-levantó la mirada con determinación -pero ya le fallé dos veces, no puedo dejarla sola otra vez. Debo estar con ella-la angustia de su voz no pasó desapercibida para nadie.

Shyru suspiró resignado

-Vamos, te mostraré que hacer para tratar sus heridas y la fiebre.

Ambos jóvenes se encaminaron al cuarto.

Los tres restantes se miraron afligidos.

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-¿Dónde estoy?-Parpadeó confusa tratando de observar algo concreto entre la profunda oscuridad que la rodeaba. Se puso de pie notando la humedad en su ropa-¿Agua?

"Sus cuerpos han desaparecido"

-¿Quién dijo eso?-volteó a la derecha tratando de ubicaral dueño de la voz.

"A los Santos Dorados sólo les quedan sus almas"

-¿Santos Dorados?-giró con desesperación, parecía que las voces venían de todos lados.

"Pero…ellos deben recibir un castigo por su alta traición"

-¡Qué!-su mirada se alarmó.

"Nosotros somos Santos de Athena"

Se dio la vuelta al escuchar esa conocida voz a su espalda, y quedó estática ante lo que vio.

"Aunque no tengamos nuestros cuerpos. Aunque seamos castigados por los Dioses, no nos arrepentiremos"

Su corazón se palpitó fuerte. Los trece Santos estaban ahí, las miradas de cada uno centellaban como poderosas luces alumbrando la negrura que los envolvía.

"Sólo vivimos para servir a Athena"

-Shion…-susurró. Distinguió las amatistas brillar fieras en la penumbra-¡Shion!-dijo ahora más alto, pero el ex Patriarca no pareció escucharla.

"Tal vez son los Santos Dorados, los más poderosos…sin embargo, siguen siendo humanos"

Podía observar cómo se movían juntando sus espaldas en aquella oscuridad, tratando de defenderse de algo invisible.

"Sus almas serán consumidas"

El pánico se apoderó de todo su ser

-No…eso significa…

"Este es su castigo por rebelarse contra los Dioses. Desde ahora sólo serán almas en pena. Y nunca recibirán el descanso eterno"

-El Castigo Divino-susurró aterrorizada-¡No se atrevan!-gritó tan fuerte que sentía las cuerdas vocales desgarrarse, pero nuevamente se vio ignorada

"No importa el castigo…"

La voz potente y segura de Dohko se escuchó por todo el lugar.

"…nosotros siempre estaremos al lado de Athena"

Los ojos se llenaron de lágrimas y el corazón se le contrajo a un más.

"Aunque seamos castigados mil veces, nuestro destino será el mismo"

Tanto que dolía.

"Y aunque consuman nuestras almas…habrá otros que heredarán nuestra voluntad"

Miró al peliverde, las lágrimas no dejaban de parar, trató de tocarlo pero su manó lo atravesó, como si fuera un fantasma.

"No importa…"

-No-musito con pánico

"Si esas personas aparecen…"

-¡Deténgase!-gritó

"Nunca derrotarán a los Dioses"

-¡BASTA!-tomó con ambas manos su cabeza, en un gesto de desesperación e impotencia.

"Humanos…sufran la ira de los Dioses"

-¡NOOOOO!-cayó de rodillas mientras todo era consumido por la oscuridad.

-¡Saori, Saori, despierta! Cálmate por favor, todo está bien, estás a salvo-la voz del castaño sonaba desesperada, mientras la movía tratando de despertarla. La había visto murmurar en sueños y como poco a poco se fue alterando hasta el punto de retorcerse y gritar.

La joven despertó agitada, las mejillas bañadas en lágrimas, el semblante aterrorizado y murmurando palabras inentendibles.

-Tranquila, estás bien, estoy aquí-al escuchar aquella voz tan cálida, ver los iris castaños llenos de cariño y preocupación, no pudo más que aferrarse al cuerpo del muchacho llorando desconsoladamente en su pecho.

Los brazos de Seiya la envolvieron fuertemente queriendo transmitirle seguridad.

-Todo estará bien, lo prometo.

Pegaso pasó toda la noche consolando a la Diosa hasta que se durmió en sus brazos.

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-Shiryu. ¿Crees que Saori se pondrá bien?- el menor de los chicos de bronce miró esperanzadamente al pelinegro. Se encontraban desayunando en el comedor.

-Estoy seguro que sí. Saori es una Diosa, seguramente para ella fue más complejo el proceso de recordar ya que tiene una enorme cantidad de cosmos.

-Es un poco más complicado que eso.

-¡Seiyal

-Apenas hace unas horas se quedó dormida. Está un poco más tranquila-el castaño respondió a las preguntas antes de que fueran formadas y se sentó en la mesa. El peliverde le pasó café y panqueques-gracias Shun.

-¿Cómo te encuentras?-el rubio miró el semblante de su amigo. Se veía decaído, cansado, ojeroso, pálido. Todo lo contrario al siempre vivaz joven de mirada traviesa y sonrisa en los labios-no preferirás ir a dormir.

-Resistiré -sorbió un poco de su café, y observó las caras inquietas-de verdad, les agradezco por preocuparse, pero estaré bien. Todos estaremos bien.

-A qué te referías con que, era más complicado que eso-Ikki habló comprendiendo que el japonés no se iría a descansar.

Un suspiro derrotado salió de los labios del castaño.

-Verán, el malestar de Saori no es por las memorias recuperadas o el desbordamiento de su cosmos, podría asegurar que hasta tiene el control total de su energía-y eso explicaría como llegó al Santuario y nadie lo notó-El problema real se debe a los acontecimientos que descubrió.

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Abrió lentamente los ojos, los párpados le pesaban, la cabeza le dolía, se sentía aturdida. Trató de incorporarse cuando una oleada de dolor la detuvo, exhaló un quejido.

¿Dónde estaba?

Con calma observó lo que había en aquel lugar. La cómoda blanca, el sillón café, las paredes color marfil, las cortinas lavanda. Era su cuarto. Estaba en su casa de campo.

¿Cómo había llegado ahí?

Volvió a incorporarse, esta vez con más cuidado sintiendo desde los pies hasta su cabeza un ardor penetrante. La frazada resbaló por su cuerpo cuando quedó sentada.

¿Por qué estaba vendada?

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Las caras de los cinco de bronce eran de desconsuelo total al escuchar la explicación del portador de Pegaso. Ayer, por la fuerte lluvia, el estado físico y mental de Saori y la desesperación por sacarla de ahí, no repararon mucho en el escenario que los rodeaba. Saber que la joven se encontraba justo donde los héroes dorados habían sido castigados, los llenó de impotencia.

Cuando la guerra con Hades terminó, y antes de que la Diosa de la Sabiduría se dedicara a cuidar a su caballero más fiel, había mandado a edificar una estatua junto al reloj de fuego que conmemorara a los trece valerosos guerreros de Oro-Kanon también contaba-y al Patriarca. Posteriormente, en la batalla con Apolo y Artemisa, Saori ya estaba muy lejos para apreciar en lo que se había convertido su Santuario y por lo tanto, también ignoraba completamente el destino que habían sufrido los dorados.

Luego, sus memorias fueron borradas.

Seguramente el impacto que debió llevarse fue demasiado para su salud mental.

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Suspiró lentamente para tratar serenarse y alejar el estado de letargo en el que aún se encontraba. Entonces, fue cuando sucedió. Los recuerdos de lo vivido hace unas horas se arremolinaron como torbellino en su cabeza, uno a uno fue impactando con dureza mientras las imágenes pasaban frente ella con rapidez. El Santuario destruido, la lluvia, los Santos Dorados, las voces, las sombras, las miradas brillantes, el miedo, el monolito, la desesperación.

"Nunca recibirán el descanso eterno"

El dolor-no físico-la arrasó, la tristeza y la angustia la abrumaron.

El Castigo Divino.

Apretó los puños con fuerza provocando que las heridas se abrieran y gotas de sangre cayeran en las blancas sábanas, no percibió el dolor. El sufrimiento emocional era demasiado como para reparar en cualquier malestar corporal.

¿Por qué habían hecho eso los Dioses? ¿Por qué llegaron a ese extremo?

-Todo es mi culpa-cerró los ojos con impotencia ignorando el ardor que esto le provocaba y los sollozos empezaron a surgir.

¿Tanto era su desprecio hacia los humanos? ¿Tanto aborrecían a los Santos Dorados?

¿Tanto se había equivocado?

¿De verdad la odiaban a ese nivel?

El Castigo Divino era la peor penitencia que un Dios podía emplear.

El alma de la persona quedaba encerrada en la oscuridad, no estaba en el cielo, no estaba en el infierno. Se encontraba suspendida en un espacio ambiguo donde era atormentaban sin descanso, poco a poco su esencia se iba despedazando en sentimientos de terror, dolor, tristeza y locura; el sufrimiento nunca paraba. No había posibilidad de descansar, no había posibilidad de reencarnar. Ni siquiera existía clemencia para desaparecer completamente. El mundo, el cielo, el infierno, las galaxias, todo podría colapsar y el alma seguiría padeciendo.

-La codena eterna.

Era el castigo más cruel y extremo para los seres humanos y los Dioses. No había registro de que lo aplicarán desde la era del mito.

Hasta ahora.

Estaba consciente de que revelarse contra los Dioses se consideraba una ofensa, y que en todas las batallas el puño de sus santos se levantaba con tal de defenderla, pero en ninguna guerra, en ninguna, había destruido a sus iguales. Encerraba una parte de su esencia divina, sí, bloqueaba temporalmente su cosmos, también, los sumía en un letargo que para ellos, era de horas; pero jamás, JAMÁS, los exterminaba completamente, mucho menos buscaba causarles sufrimiento. Siempre traba de llegar a acuerdos pacíficos antes de declarar la guerra-que equivocada estaba-, lo hacía porque quería a sus semejantes, eran su familia. Ni siquiera en sus momentos de mayor rencor se le había ocurrido aplicar una aberración como lo era aquel Castigo.

Y eso que tenía razones de sobra.

¿Es que acaso nunca pararían de atacarla por ser la regente de la Tierra?

Si su ambición por el planeta y los humanos era demasiada, ¿Por qué no objetaron nada cuando fueron asignados los dominios? ¿Por qué se quedaron callados?

¿Por qué sólo empezaron a despreciarla?

Los sollozos se hicieron más fuertes.

¿Por qué seguían esperando reencarnación tras reencarnación para iniciar sangrientas batallas?

Las vendas se empezaron a manchar de color carmín.

¿Por qué se vengaban de esa manera tan cruel con sus Santos?

Gritó amargamente.

Por qué no la dejaban en paz.


Espero no haya quedado muy depresivo. Dramático, era la intención.

Saori no es mi personaje favorito, tampoco me cae mal, pero tenía que ponerla sufriendo, hundida en el dolor y la culpa al ver a sus Santos Dorados encerrados para que así pudiera reaccionar y actuar como lo verán en los siguientes capítulos.

Nos leemos pronto.

Gracias por sus comentarios.