Disclaimer: Este fic es propiedad de Phantom of a Rose. Glee es propiedad de Ryan Murphy y FOX. La traducción es lo único que me puedo adjudicar.


KURT FABRAY Y QUINN HUMMEL

Capítulo 2

—Oh, me encanta ese — dijo Quinn, señalando el dibujo de una mujer delgada con un vestido de flores que Kurt había estado diseñando el otro día. — Dios, me encantaría tener ese en mi clóset.

Kurt le sonrió a la chica, ligeramente sonrojado. — Gracias — dijo en voz baja. Él y Quinn estaban sentados en la cama del sótano-habitación perfectamente decorado de Quinn. Habían estado avanzando con la tarea, hasta que abrieron el clóset de Quinn y comenzaron a pensar en la ropa que debería arreglar ahora que estaba embarazada.

Kurt llevaba dos días viviendo en la casa de los Hummel. En la escuela, el resto de la semana fue igual a como Kurt lo predijo – horrible. Había recibido al menos dos granizados en la cara al día y le inventaban sobrenombres cada vez que paseaba por los pasillos. Todos en el club glee habían lo habían apoyado de alguna manera, aunque Kurt hubiera preferido no escuchar el "¡Lo sabía!" de Puck o los intentos de Rachel para hacerlo hablar con sus papás.

Pero finalmente era fin de semana y Kurt iba a pasar todo el sábado e incluso parte del domingo buscando un trabajo. Esta noche, sin embargo, era viernes y Quinn insistió en echarle un ojo a su ropa – y a algunos de los diseños de Kurt.

—Tienes talento — dijo con un asentimiento. — Incluso, creo que si puedes tener futuro en esto de la industria de la moda.

—Wow, gracias — dijo Kurt después de que se le pasó la impresión. No era que Quinn había sido grosera con él cuando ella era parte de las animadoras. A veces podía ser… igual de grosera con otros, suponía Kurt, pero era más bien el uniforme el que hablaba por ella. No, Quinn apenas le había dirigido dos palabras desde que ambos comenzaron la preparatoria, buenas o malas. Iba a tomarle un tiempo el acostumbrarse a esta Quinn, quien era alegre y graciosa, sin contar sus cambios de humor por le embarazo.

En los últimos dos días, Quinn y él hablaban por las noches, acostados en la cama de ella y desahogándose. Quinn se quejaba de algunos extraños movimientos en tu estómago, sus estúpidos antojos y su aumento de peso, y Kurt se daba rienda suelta hablando sobre sus padres y el ser gay. Quinn incluso lo hizo platicarle sobre los chicos que le gustaban. Kurt murmuró algo sobre que le gustaba Finn, pero inmediatamente (y de manera embarazosa) cambiaron de tema a celebridades que le gustaban, ya que Quinn estaba saliendo con Finn (sin mencionar que, para Kurt, ella iba a tener a su bebé). Era algo lindo, el tener a alguien con quien hablar así. Aunque Mercedes era su mejor amiga, nunca habían tenido la oportunidad de platicar de esa manera. Kurt nunca había querido llevar a Mercedes a su casa para que no tuviera que enfrentarse con el intolerante de su padre.

—No debería ser difícil modificar tu ropa — dijo Kurt, mirando la pila de ropa que estaba frente a él. — Pero insisto, comienza a usar más vestidos. La mayoría de ellos no tienen que ser arreglados y lo más probable es tu estómago no vaya a crecer tanto porque, para empezar, eres muy delgada.

Quinn suspiró. — Odio estar gorda.

—Tú no estás gorda — chasqueó Kurt.

Quinn frunció el ceño, pero no dijo nada.

—Gracias por la ropa — dijo ella, mirando la que él usaba. Un par de los únicos pantalones de mezclilla que tenía Kurt (la mayoría eran de los disfraces que usaban en el club glee), una horrible camisa gris y una pequeña corbata negra. — Estoy segura de que odias usar esa ropa. Es tan simple.

—Y que lo digas — suspiró Kurt. — Pero no puedo darme el lujo de comprar ropa nueva por ahora. Necesito conseguir un trabajo, concentrarme en ahorrar todo el dinero que pueda y ayudarle a tu papá con algo aquí en la casa.

—Sabes que él no lo va a aceptar — dijo ella, poniendo los ojos en blanco.

—Debería. Soy una boca extra que alimentar y ahora tú cuentas por dos — dijo con una sonrisa juguetona. Quinn le dio un ligero golpe en la rodilla. — Lo siento — se rió. — Per ya en serio, estoy seguro de que no será fácil.

Ayer, cuando Burt le dijo a Kurt que se podía quedar en su casa tanto como lo necesitara, conmovió a Kurt. Casi quería haberse negado y decir que estaba siendo muy generoso, pero bueno, ¿a dónde hubiera ido de haberlo dicho? En lugar de eso, Kurt insistió en pagarle renta, o pagar por su comida, o algo. Burt dijo que no y eso había sido todo.

Bueno, Kurt también podía llegar a ser muy testarudo.

—Tal vez deberíamos ir a esa tienda de ofertas en el siguiente poblado — dijo Kurt frunciendo el ceño. — Solo está a treinta minutos de distancia y ya he estado ahí un par de veces. Tiene mucha ropa de moda como para ser una tienda de ofertas, porque en ese lugar vive mucha gente rica. Podríamos conseguirte algunos vestidos.

—Y tú podrías comprar algo de ropa también — dijo Quinn de inmediato, lo que hizo que Kurt frunciera el ceño. — A papá no le importará. Necesitas conseguir más ropa, Kurt. Sólo tienes una maleta y eso apenas de alcanzará para dos semanas. Y dijiste que era una tienda de ofertas, así que no debería ser muy caro.

—Bueno… dijo Kurt, tratando de encontrar un argumento contra la lógica de Quinn.

—Hablaré con papá en la cena — dijo Quinn con una sonrisa, sabiendo que había ganado la discusión.

Burt no tuvo ningún problema, con lo que Kurt estuvo en desacuerdo. Aunque estuvo agradecido cuando Burt le dio su tarjeta de crédito a Quinn con la promesa de no gastar demasiado.

Así que la mañana siguiente, Quinn los llevó a ambos hacia la tienda de ofertas en su auto, y a pesar de sentirse culpable por gastar el dinero de Burt (Kurt se lo pagaría después, sin importar nada) estaba extrañamente emocionado por ir de compras solo por primera vez.

Quinn estaba bastante impresionada con la tienda cuando entraron. Como Kurt había dicho, estaba en un vecindario de gente rica y no se veía en caos como solían hacerlo la mayoría de las tiendas de ese tipo. Kurt primero dirigió a Quinn hacia los vestidos. Justo como lo había predicho, había mucha ropa de marcas conocidas mezcladas con algunos nombres irreconocibles.

—Esto es fantástico — dijo Quinn con una sonrisa, poniendo un lindo vestido azul con un lazo negro sobre su cintura, el cual le caía hasta las rodillas cuando lo sostenía frente a ella. — Normalmente compro ropa como esta en el centro comercial por el doble o triple del precio.

Kurt le sonrió y agregó el vestido azul a la pila de ropa que iban a comprar. — Lo sé. Siempre vengo aquí para, tú sabes, echar un vistazo. Compré algo de ropa una o dos veces… está lo suficientemente alejada como para no toparme con ninguno de los amigos de mis padres.

Después de un rato, Quinn lo obligó a ir a la sección de caballeros. Kurt automáticamente encontró un par de pantalones rojos casi nuevos que eran simplemente… increíbles. — ¡Oh! Creo que me voy a probar estos — dijo con algo de timidez.

—Seguramente se te verán geniales — sonrió Quinn.

Kurt encontró cinco chalecos con los que se enamoró (y que de alguna manera, encontró que le quedaban perfectamente cuando estaba probándoselos en el vestidor), cuatro pares de pantalones, un par de playeras que estaba seguro combinarían con los chalecos o algo, algunas corbatas y moños y unas cuantas camisas más modernas.

—Espera un segundo — dijo mientras salía de los vestidores hacia donde había varios suéteres de mujer. — ¿No te encanta este? — era un suéter bastante largo color tinto.

—¿No es un suéter de mujer? — preguntó Quinn con una ceja levantada.

—La moda no tiene género — dijo Kurt, tomando ése y otro suéter y entrando de nuevo al vestidor.

Además de eso, Kurt encontró pañuelos para mujer y escogió un par con bonitos diseños, e incluso se permitió a sí mismo comprarse un par de botas negras. Eran los únicos zapatos de su talla, de cualquier forma.

Cuando ambos finalmente terminaron de escoger y fueron a pagar, en total habían gastado ciento cincuenta dólares. Kurt hizo una mueca de dolor mientras Quinn se reía de él. — Kurt, normalmente gasto lo mismo o más por un cambio de ropa en el centro comercial. Mi papá va a estar sorprendido cuando vea todo lo que compramos por la misma cantidad.

Una vez que subieron todo al auto, un pequeño escarabajo rojo (N/T Usualmente, se les dice "escarabajos" a la línea de carros de la VollksWagen que descontinuaron hace tiempo –en mi rancho les llamamos "vochos"-, aunque también se puede referir al modelo Beetle. Google es su amigo :D) que Burt le había regalado a Quinn cuando cumplió dieciséis años, fueron a un restaurante cercano para que Quinn comiera algo. Ella ordenó una hamburguesa y un pedazo de pastel, mientras que Kurt prefirió una ensalada (a pesar de que le dio un par de mordidas al segundo pedazo de pastel que ordenó Quinn).

Las siguientes semanas fueron frenéticas. Rachel seguía siendo igual de mandona en el club glee, Kurt aún recibía granizados en la cara y Quinn aún se estaba acostumbrando a su pérdida de popularidad. También había comenzado a engordar, con lo que ella estaba bastante frustrada.

Kurt pudo conseguir un trabajo de medio tiempo en una tienda en el centro comercial, e incluso era bastante agradable, ya que tenía un descuento extra por ser empleado de la tienda. Hacía lo posible para resistir el impulso de comprar ropa, pero se permitía comprar algo pequeño cada vez que le pagaban – dos cosas si era algo pequeño, como pañuelos.

A Kurt le encantaban los pañuelos.

La ropa nueva que había comprado con Quinn realmente le había ayudado. Aún se sentía deprimido porque sus padres lo habían sacado de sus vidas, pero el finalmente poder expresarse a través de la moda y su ropa era liberador. Ahora estaba siendo sincero consigo mismo.

El primer domingo que pasó fuera de su casa fue algo raro. Burt y Quinn no iban a la iglesia y no existía ninguna posibilidad de que Kurt considerara el regresar a la iglesia donde había crecido y a donde sus padres aún asistían. En lugar de eso, durmió hasta tarde y después se puso a ver caricaturas con Quinn en la sala mientras comían cereal.

Al siguiente domingo, sin embargo, Kurt hizo planes para ir a la iglesia con Mercedes. Su padre lo hubiera considerado un pecado, pero eso no haría que Kurt dejara de ir a la iglesia. De alguna manera, aún sentía una fuerte fe. Había veces en las que dudaba y donde pensaba que era una pérdida de tiempo, pero al mismo tiempo… Kurt había crecido con todo eso. No podía simplemente parar porque sus padres ya no estaban a su lado.

Mercedes recogió a Kurt el domingo en la mañana y Kurt esperaba que Burt no se fuera a enojar con él por ir a la iglesia. Fue algo extraño el primer domingo, porque era el único miembro de piel blanca que asistió esa mañana. Aunque la presencia de Mercedes era reconfortante. Muchas personas se le acercaron después del servicio y lo besaron en las mejillas, diciéndole que no había nada malo con él, lo que hizo que Kurt soltara un par de lágrimas.

Cuando Kurt regresó de la iglesia, Quinn y Burt estaban en la sala. Entró con timidez, sentándose a un lado de Quinn, quien aún tenía puesto el pijama.

—Espero que no estés enojado — dijo Kurt. Había dejado una nota diciendo a dónde iba, porque honestamente no quiso hablar con él sobre eso la noche anterior.

—Claro que no, muchacho — dijo Burt con un encogimiento de hombros. — Si quieres ir a la iglesia, ese es asunto tuyo.

—Gracias — dijo Kurt.

El sábado siguiente, Quinn estaba levantada cuando Kurt entró a la sala cerca de las ocho de la mañana, vestida con un precioso vestido blanco y zapatos azules. — Me preguntaba si querías compañía — dijo Quinn con suavidad. — Aunque quizá ellos no quieran a una chica embarazada…

Kurt se rió y pasó un brazo alrededor de la aún delgada cintura de Quinn. — Niña, soy un muchacho gay. Creo que a ellos les encantará tenerte ahí también.

Mercedes estaba feliz de ver a Quinn esa mañana junto a él. Últimamente, ambas se estaban llevando bastante bien, desde que Kurt se convirtió en una clase de lazo entre ellas.

—Kurt — dijo Quinn un par de semanas después cuando estaban sentados en la recámara de ella, hojeando algunas revistas. — ¿Alguna vez has sentido que estás guardando un secreto horrible y… como si quisieras decir la verdad, pero has estado mintiendo tanto que… tal vez debieras seguir mintiendo?

Kurt la miró y frunció el ceño. — Claro — dijo, cerrando la revista Vogue que estaba leyendo. — Digo, eso es lo que pasó con mis padres - y con todos – cuando era "derecho" (N/T Suena raro, pero si recuerdan la nota que puse en el capítulo pasado, lo entenderán). Les solía decir que sí, que había una chica que me gustaba y que estaba pensando en invitarla a salir. Todo eso. Pero… Quinn, es mejor ser sincero.

—¿Pero y si le hace daño a muchas personas que digas la verdad? — preguntó Quinn, desviando la mirada de la de Kurt.

—Bueno… puede que hiera a alguien, pero tal vez a la larga te haga sentir mejor — Kurt estuvo en silencio un largo rato. — ¿Quieres decirme algo, Quinn?

—¡Finn no es el padre! — gritó Quinn. Se llevó una mano a la boca y sus ojos se cubrieron de lágrimas.

—Vaya.

Bueno, eso era claramente sorprendente.

—¿Quieres… quieres decirme quién es, linda? — preguntó Kurt con gentileza.

—Puck — murmuró Quinn, clavando la mirada en su regazo. — Yo sólo… me sentía gorda y él me dijo que no lo era y vino aquí cuando mi papá estaba en el trabajo y trajo algo de vino y… no sé. Sólo pasó — las lágrimas cubrían todo el rostro de Quinn. — Me arrepiento tanto, porque en verdad me gusta Finn. No debí haberlo engañado. Especialmente con Puck…

—Pero lo hiciste — dijo Kurt con firmeza — Tienes que hacerte responsable de eso, Quinn, incluso si duele. Y… Quinn, no puedes dejar que Finn siga pensando que él es el padre. Él está realmente preocupado por su futuro.

—Sólo lo dices porque esperas que me bote — dijo Quinn con dureza. — Porque él te gusta.

Kurt se quedó sin habla.

—Lo siento — dijo Quinn de repente, su expresión se suavizó. — Yo no… Yo no debí de… ¿sabes que no le he dicho a nadie que te gusta, cierto?

—Sí — dijo Kurt.

—¿De verdad le tengo que contar? — preguntó Quinn.

—Deberías — dijo Kurt. — Sé que es aterrador… pero tarde o temprano, deberías decirle.

—Pero… ni siquiera sé si me lo voy a quedar — dijo Quinn.

No era la primera vez que habían hablado acerca de lo que ella iba a hacer después de dar a luz. Burt dijo que él apoyaría a su nieto si ella decidía quedárselo, pero Quinn no estaba segura de querer ser una madre aún.

—¿Adopción? — preguntó Kurt.

—Bueno… — Quinn dudó, luego sacudió la cabeza. — No es nada. Olvida lo que dije.

No volvieron a sacar el tema después de eso.

La semana siguiente, el club glee fue forzado a usar sillas de ruedas para apoyar a Artie. El Sr. Shuester también anunció que cantarían "Defying Gravity" del musical Wicked.

Kurt casi se muere.

Era su canción favorita de ese musical. Era la canción que lo había mantenido cuerdo durante los días en los que no podía contarles a sus padres la verdad - e incluso en los días después de que les contó y ellos lo corrieron de su casa.

El Sr. Shuester, desde luego, no quería darle a Kurt el solo, porque era originalmente cantado por una chica. Rachel iba a tener el honor, desde luego.

—No es justo — dijo Kurt, apuñalando su pieza de carne esa noche en la cena. Había sido su turno de cocinar esa noche (él insistió en ayudar con eso, ya que Burt era casi inservible en la cocina). — Tengo una voz tan buena como la de Rachel Berry. Y podría hacer ese Fa agudo incluso dormido.

—Eso es como, ¿algo grande? — preguntó Burt.

—Lo es, papi — dijo Quinn, con toda la paciencia de la que fue capaz. — Es muy aguda y la mayoría de las chicas no pueden alcanzarla. Yo no puedo.

—Vaya. ¿Y este Shuester no te va a dar el solo porque…? — preguntó Burt, mirando a Kurt.

—Porque es una canción tradicionalmente cantada por una chica — dijo Kurt, mofándose. — Como si eso hiciera que no me pudiera sentir identificado con ella o gustar o algo.

—Eso es completamente injusto — dijo Burt.

—Así es — Kurt suspiró. — Vamos a dejar de pensar en eso. No quiero arruinar la cena. Quinn, espero que te estés tomando tus vitaminas.

—Claro que sí, madre — se rió Quinn.

—Es Señora Madre para ti — completó Kurt.

Al día siguiente en la reunión del club glee, el Sr. Shuester anunció que Kurt y Rachel harían una audición para el solo de Wicked.

—¡Qué! — chilló Rachel.

—No lo entiendo — dijo Kurt. — Ayer usted no me dio una oportunidad - ¿qué cambió?

El Sr. Shuester se veía avergonzado. Se aclaró la garganta. — El Sr. Hummel vino a la oficina del director esta mañana — todos miraron a Quinn, quien se veía confundida. — Él insistió en que estaba siendo… injusto, y que no debería discriminarte, Kurt, por tu orientación sexual y que debería darte una oportunidad de cantar ese solo, a pesar de que sea pensado para una cantante.

—Él trató de demandar, ¿cierto? — dijo Quinn con un tono seco.

—Sí, lo hizo — dijo el Sr. Shuester. — Así que vamos a tener un… encuentro de divas, supongo.

Kurt estaba completamente conmovido con la acción de Burt.

—No puedo agradecerte lo suficiente, Burt — dijo Kurt esa noche. Quinn estaba en su habitación y Kurt había encontrado solo a Burt. — Significa… mucho que hayas hecho eso por mí, a pesar de que no somos familia ni nada.

—Habría hecho lo mismo por Quinn — dijo Burt con sequedad. — Y tu padre no está siendo realmente un buen padre justo ahora, así que estoy alegre de haberlo hecho.

—Gracias — dijo Kurt. Y dejó el cuarto antes de comenzar a llorar.

Un par de días después, Burt entró a la casa con pasos fuertes, haciendo que Quinn brincara en la sala y que Kurt levantara la vista de su libro con una expresión de curiosidad. Cerró de golpe la puerta del refrigerador en la cocina y se encaminó hacia la sala, abriendo una lata de cerveza.

—¿Qué pasó? — preguntó Quinn. Obviamente ella sabía que algo andaba mal.

Burt no respondió. De hecho, el programa que Quinn veía en la televisión se termino antes de que él respondiera.

—Hoy recibí una llamada. Una anónima.

—Oh —dijo Quinn, frunciendo el ceño.

—Dijeron que… — Burt se veía apagado. — Que mi hija era una puta y que el vago que recogí era un marica.

Kurt soltó el libro. Cayó en el suelo y la sangre de Kurt pareció haberse congelado. Quinn se veía realmente herida. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y…

—Lo siento — dijo Kurt, cerrando los ojos. — Es mi culpa… Es porque voy a cantar esa canción en el club glee y…

—No te disculpes, chico — dijo Burt. — Si algo es seguro es que el idiota que llamó sí lo era. No tú. No es tu culpa que la gente en este pueblo tenga una mente tan cerrada que no pueden ver siquiera lo que está frente a ellos.

Quinn se fue a su habitación poco después y Kurt sabía que iba a llorar sobre su almohada. Le dio cinco minutos de ventaja, y después la siguió.

Esa noche en su cama, Kurt decidió cantar mal la nota.

—¿Por qué no lo conseguiste? — preguntó Burt, frunciéndole a Kurt a través de la mesa. — Si fue ese Shuester de nuevo… Juro que voy a tirar esa escuela en pedazos.

—No — dijo Kurt con rapidez. — Saqué mal la nota. El Fa agudo.

—Sacaste… Te conseguí esa audición por una razón, Kurt — dijo Burt.

—Lo sé — dijo Kurt, casi con remordimiento. — Pero… no quería que recibieras más llamadas. — No quiero que Quinn se sienta amenazada en su propia casa. No quiero que tú tampoco lo sientas.

—Pero ese solo significaba mucho para ti, Kurt — dijo Quinn con tristeza. — Y te escuché alcanzar esa nota una y otra vez cuando practicabas.

—Y eso es suficiente, por ahora — dijo Kurt. — La verdad es… que ustedes son más importantes para mí que ese solo.

La cena continuó en un silencio confortable.

—Se lo dije.

Kurt levantó la vista de su escritorio hacia Quinn, quien estaba en la puerta de su habitación. Finalmente había comenzado a referirse a él como tal, desde que había vivido en el cuarto de huéspedes desde hacia casi dos meses.

—Le dije a Finn que él no es el padre — dijo Quinn, entrando y sentándose sobre la cama de Kurt. — Obviamente terminó conmigo — Quinn suspiró. — Gritó. Mucho.

—Lo siento — dijo Kurt.

—Pero no quería que él lo oyera de otra persona. Eso hubiera sido… peor — dijo Quinn, con los ojos llenos de lágrimas.

Kurt se levantó y se acomodó con Quinn en la pequeña cama. — Todos se van a enterar mañana — dijo Quinn. — Que Finn no es el padre. Que Puck lo es.

—Será difícil — dijo Kurt, con completa sinceridad. — Pero voy a estar a tu lado, si me necesitas.

—Lo haré — dijo Quinn.

—Estoy orgulloso de ti, Quinn.

Quinn lo abrazó con fuerza.

Toda la escuela se enteró al día siguiente.

Finn no le dirigía la palabra a Puck. E incluso trató de golpearlo, pero varios miembros del club glee lo detuvieron.

Fue entonces cuando renunció al club.

Estaban a un par de días de las Seccionales (N/T O Locales, como gusten. Ambos están bien dichos, Fox lo traduce de ambas maneras. Lo chequé varias veces XD).

Al día siguiente, el Sr. Shuester fue suspendido como su director, porque había uno de los estúpidos colchones que New Directions había recibido por hacer el comercial para la tienda de colchones. Había dejado a su esposa esa noche y durmió en su oficina porque, adivinen qué, su esposa no estaba embarazada.

—Siento que es mi culpa — dijo Quinn la noche antes de la competencia. Tenían a Jacob, un chico raro, cubriendo el lugar de Finn y a la Srita. Pillsberry como su directora suplente para el día siguiente. — Yo le iba a dar a mi bebé. Para que ella pudiera tapar su mentira.

—Oh, Quinn — dijo Kurt con tristeza.

—Es que no quiero esto — lloró Quinn. — No quiero esa responsabilidad. Pensé que sería… que sería la única manera de evitarla.

—Hay otras personas buscando adoptar, Quinn — dijo Kurt con suavidad.

—Sí — sollozó Quinn.

Al día siguiente, New Directions estaban devastados al darse cuenta de que los otros dos coros contra los que competían se habían robado sus canciones. Sue les había dado su lista final de canciones.

Afortunadamente, Finn había llegado con una nueva canción. Aún no había perdonado a Quinn por completo, y mucho menos a Puck. Rachel iba a abrir su presentación con una balada (Kurt estaba seguro de que Mercedes hubiera estado increíble abriendo la presentación si la otra escuela no hubiera robado su canción). Finalmente, iban a terminar con "Somebody to Love".

E increíblemente, ganaron.

—Supongo que las cosas malas siempre suceden — dijo Kurt esa noche cuando iban de regreso a casa. — Pero de alguna manera todo se acomoda para bien al final.

—¿Como lo que pasó hoy? — preguntó Quinn.

—Con todo — suspiró Kurt. — Digo, pensé que mi mundo se había acabado cuando mis padres me echaron de casa… pero en realidad, me siento más en casa contigo y con Burt de lo que nunca me sentí con mis padres… parece que todo cambió para mejor — dijo.

Quinn le sonrió y se movió de su hombro (había estado recargada sobre él, tratando de estar más cómoda en el trayecto de regreso sobre el camión). Ella lo besó en la mejilla y se volvió a recargar sobre él. — Yo también te quiero, Kurt.

—Te quiero — murmuró, sonrojándose.


Siento la tardanza, pero mi computadora había muerto y no se me ocurrió tener una copia de respaldo.

Espero que les haya gustado. Los reviews siempre son bien recibidos y esperen el siguiente capítulo :)