Capítulo 1

Era invierno. La nieve cubría casi todos los lugares. Corea había cambiado mucho desde aquel entonces. Cada vez los edificios eran más grandes y cada vez había más gente. Aun así el Hangang se veía igual de majestuoso que en las fotografías que papá me mandaba.

Eran las 1 de la tarde. Había arribado a Corea hacía tan sólo 40 minutos. Incluso el aeropuerto había cambiado. Estaba más grande y más moderno. Me parecía que había pasado tan poco tiempo desde la última vez que había estado en ese lugar. Pero ya eran 12 años desde ese día. Yo llevaba una maleta y papá desde lejos se despedía de mí mientras veía como una encargada de la aerolínea me tomaba de la mano para abordar el avión.

Al morir mamá, papá y yo debimos ir a vivir con mis abuelos. La vida laboral de papá era demasiado agitada y ocupaba gran parte de su tiempo lo que no le permitía poder dedicarse a mí. El vivir con mis abuelos le alivianaba un poco la vida. Mi abuelo paterno me mimaba y me consentía. Se transformó en mi refugio luego de la muerte de mamá. Todos los días jugaba conmigo y me incluía en sus actividades, cosa que molestaba a mi abuela. Ella nunca pudo ocultar su poca simpatía hacia mí. Nunca le agradó mi madre y nunca estuvo de acuerdo con el matrimonio de mi padre con ella. Por la misma razón, nunca me quiso, por ser un "error" de jóvenes y ser fruto de "aquella mujer" que ella tanto detestaba.

Tres años después de la muerte de mi madre, mi abuela volvió más insoportable. No dejaba de incomodarme diciéndome cosas malas respecto a mi mamá y tratándome como si fuera nada. Parecía que disfrutaba haciéndome llorar. Todas estas cosas terminaron por hacer que mi papá me enviara a vivir fuera y alejada de ellos.

Pero ahora estaba de vuelta. Sólo papá sabía de mi regreso. Así que esto sería una absoluta sorpresa para mis abuelos. Especialmente para la abuela.

-¿Annyeonghaseyo?- dije respondiendo a mi teléfono.

- ¡Yeodongsaeng!

-¿Seung Ji?

Aquella voz era inconfundible. Seung Ji era mi mejor amiga. Incluso se podría decir que mi única amiga. A pesar de que nos separamos a los 6 años, seguimos manteniendo el contacto mediante cartas hasta que apareció el internet, los computadores, el Messenger y nuestra vida se simplificó. No pasaba día en que no habláramos para saber la una de la otra. Gracias a ella no me sentía tan sola en aquel país.

-¡¡Hye Sun!! ¿Ya llegaste? ¡¿Cómo estuvo tu viaje?!

-Si si, llegué hace poco- respondí sonriéndome- Algo agotador, ya sabes. Los asientos del avión no dejan de ser poco espaciosos e incómodos para dormir.

-Claro claro – dijo riendo- ¿En dónde estás?

-Voy camino al centro, quería pasar a comprar unas cosas antes de llegar a casa.

-¡Júntate conmigo! Tengo que hacer unos trámites en el banco, ¿te parece a las 2.30 en el parque?

-Está bien. Pediré que vayan a dejar mis maletas entonces. Pero no demores, ¿eh?

-Te llamo en caso de cualquier problema. ¡Annyeong yeodongsaeng!

-¡Annyeong gaseyo!

En 20 minutos ya me encontraba recorriendo las calles de Seúl. No recordaba que transitara tanta gente por ellas. En realidad, tampoco es que haya paseado mucho por ellas. Papá no disponía de mucho tiempo para salir conmigo y habitualmente las veces que salí fueron a lugares específicos.

Debo admitir que incluso no sabía dónde estaba. Realmente me sentía como una turista. Recorrí muchas tiendas hasta llegar a la que buscaba. Un lugar donde vendían los pastelitos favoritos de papá (que por cierto eran unos de trufa). Al salir de ella miré mi reloj: ya eran las 2:25. Estaba atrasada. Hasta el parque eran bastantes cuadras e incluso tomando un atajo demoraría como 15 minutos en poder llegar allí. La única solución que había era correr.

-¡Mianhe!- respondí disculpándome inmediatamente y haciendo una breve reverencia.

-No, no te preocupes – me respondió un joven.

Iba tan apurada que pasé a chocar con alguien. Sólo pude percatarme de que era un chico y que se reía de mi cara de preocupación. Apenas me disculpé me di la media vuelta y continué mi rumbo.

Las 2.35.

-¡Rayos!

Intenté acelerar un poco más. Lo único que podía oír además del ruido de la muchedumbre era mi agitada respiración. No sé cómo fue que no caí. La nieve hacía que el piso estuviese resbaloso, así que correr era una acción atrevida.

Las 2.é por todos lados en busca de Seung Ji. Recorrí un poco el parque. Pero nada. No había señales de ella.

Las 2. debía de haberle pasado. Le pedí que fuera puntual e incluso yo me retrasé. En ese momento lo más fácil era llamarla. Metí mi mano a mi bolsillo izquierdo en busca de mi celular, pero nada. Busqué en el otro. Nada. Revisé mi bolso. Nada.

-¿Buscas esto?

Me di vuelta para poder ver quién me hablaba. Un chico de unos 22 años bastante más alto que yo se encontraba parado detrás de mí y con mi celular en sus manos. Si no me equivocaba era el mismo chico con el que había chocado.

-Eres bastante rápida –dijo alcanzándome el celular- Tuve que seguirte por todas esas calles para poder entregártelo.

- Gracias.

Su voz era dulce y profunda. No había podido percatarme de ningún detalle respecto a él cuando chocamos. Lo miré un poco sorprendida. Era muy atractivo y tenía unos ojos que transmitían una candidez única. Su cabello, ondulado y de color chocolate, tenía unos pequeños copos de nieve.

-¿Esperas a alguien? – me dijo tomando asiento en una banca del lugar sin dejar de mirarme.

-A una amiga. Pero parece que está retrasada.

-Ahh… creo que tienes un mensaje de ella. Tu celular sonó mientras te perseguía.

Miré mi celular.

Él tenía razón. Seung Ji me había escrito.

"Nee yeodongsaeng, lo siento. Tuve unos inconvenientes así que no podré juntarme contigo ahora. ¿Te parece que vaya a verte a tu casa? No te molestes conmigo, neee?? ¡¡Te quiero!!"

Seung Ji.

¿Qué iba a hacer ahora? Suspiré y pude ver mi aliento. Realmente estaba helado y mi cuerpo temblaba. No estaba tan abrigada pues no contaba con que Seung Ji querría juntarse. Y menos que al final no podría.

-Entonces no vendrá – afirmó viendo mi cara de frustración - ¿Tienes frío?

-Sí –respondí algo tímida.

-Espérame aquí.

Entonces se levantó y sin perderlo de vista vi que caminó en dirección opuesta a donde nos encontrábamos. Minutos después apareció con dos vasos en sus manos.

-Toma- dijo ofreciéndome uno- Esto te calentará.

-Gracias- añadí sentándome junto a él.

-¿Tú… no eres coreana, cierto?

-¿Eh?

- Tu ropa. Y tu acento, es raro – y al ver la cara que puse se disculpó sonrojándose- O sea tu acento no es raro solo que… arggh quiero decir… suena… lindo.

Pude sentir como me sonrojaba. Tomé un sorbo de café y lo miré sonriendo.

-No, no lo soy, soy inglesa – dije bebiendo otra vez- Y tampoco tenía presupuestado venir al parque, por eso ando tan desabrigada. Y menos aún estar sentada en una banca en pleno invierno tomando café.

-Así veo - se rió- ¿Llegaste hace poco, no?

-Ahá – dije asintiendo- Exactamente hace 3 horas.

-Entonces, bienvenida a Seúl – dijo poniéndose de pie y haciendo un caballeroso ademán con sus manos.

No pude hacer más que sonreírle y reír suavemente mientras lo observaba. Después de aquello ambos nos quedamos observando los copos de nieve que caían cada vez más seguido sobre nosotros.

-Así que eres inglesa.

-De nacimiento. Mi padre es coreano. Mamá…-al mencionarla me quede mirando al cielo – ella era inglesa.

-¿Era?- preguntó curioso.

-Está muerta – le sonreí.

-Lo siento.

-No te preocupes, sucedió hace mucho ya – suspiré- Se hace tarde. Será mejor que me vaya a casa antes de que empiece a nevar.

Tras decir esto ambos nos quedamos de pie.

-Fue un gusto compartir un café contigo – me dijo extendiendo su mano.

-Concuerdo- y tomé la suya, sonrojándome al ver que acercaba la mía a sus labios y le daba un dulce beso.

-¿Puedo saber siquiera el nombre de la chica a la que perseguí por más de 5 cuadras?

-Park Hye Sun – y me reí.

-Kyuhyun. Cho Kyuhyun.

-Quizás algún día volvamos a vernos- añadí haciendo un gesto de despedida con mi mano.

-No lo dudes – dijo alejándose de mí- Incluso si tuviera que recorrer corriendo nuevamente cuadras para alcanzarte, volveremos a vernos.

Y fue entonces cuando se volteó para mostrarme la sonrisa más hermosa y acogedora que había visto en mi vida.