Hola!
No sé si disculparme primero o agradecerles el constante apoyo... Me siento avergonzada! Primero lo primero, MUCHÍSIMAS GRACIAS a todas aquellas personas que han seguido la historia y la han comentado (26 rev, OMG!), y MIL DISCULPAS por la demora (tres meses, me parece?).
La demora se debe a lo siguiente: evidentemente es un fic triste, lo hice cuando andaba media depresiva... Y resulta que me he enamorado.. como no tienen idea! (que excusa más extraña, lo sé) pero andaba tan idiota de felicidad que no podía escribir este fic. Por otro lado, mi amada compu falleció hace un par de meses y ahí se había ido lo que había avanzado de este y otro fic... Dolorsh! No tenía la inspiración para este fic y lo poco que había avanzado se había esfumado..
En fin, un par de advertencias o aclaraciones!
1. He visto que a muchos les impactó la conducta de Levi y claman venganza! No sé si sea algo que se dará tal y como decimos VENGANZA, pero creánme que Levi la pasará mal... muy mal! Es más, espero que luego no me odien por eso.
2. Eren en este fic es un personaje muy romántico y algo (idiota) especial... Lo dice en el resumen: "...la desesperación por preservarlo del menor..."; esto hace referencia a que definitivamente Eren no está dispuesto a renunciar a Levi, pese a todo... Así que puede resultar incomprensible y masoquista en un principio, pero todo esto nos lleva a la última advertencia.
3. Este fic no tiene un final feliz, y sí.. yo hago los fics pensando en el final (es lo primero que hago). Así que si son muy sensibles o esperan un "y vivieron felices comiendo perdices", tendrán que pensárselo un poquito antes de continuar. Vengo aquí con una moraleja, pero esta viene con un poquito de dolorsh.
DISCLAIMER: SnK no me pertenece, sino a su respectivo autor.
Enjoy it!
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Capítulo I
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El amor construye cosas, y nosotros las destruimos.
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Eren otorgó el perdón incluso antes de que el mismo fuese requerido. Criado y educado bajo el yugo de una familia funcional cuyo rol matrimonial era más que esencial en la formación de su unigénito, los Jaeger se aseguraron de grabar a cal y canto en el pequeño Eren la única enseñanza que lo perseguiría por el resto de sus días: el mundo, nefasto como era, solo podía conservar una cosa de valor, y eso era el amor.
Carla Jaeger fue una mujer devota al romanticismo, chapada a la antigua y convencional cuyo único afán como madre fue amaestrar a su hijo en el arte de amar. Conoció a su esposo cuando apenas era una jovencita de dieciséis años, no había terminado la secundaria aún pero ya había decidido qué hacer con su vida: ser la esposa de Grisha Jaeger, el talentoso estudiante de medicina que llevaba el único curso que impartía su padre en la universidad más grande de Alemania. Su madre dio un grito al cielo y su padre un golpe al suelo, pero ni ellos ni el resto de sus amistades lograron hacerla desistir de su cometido. Tuvo una boda sencilla que llevaría impregnada en la memoria hasta cuando la lucidez de la edad le permitiera tenerlo, pero ello no impidió que mientras tanto retratara y exagerara en detalles el bendito día que marcaría por siempre la vida de Eren Jaeger. Fue así como el joven estudiante de literatura se vio convencido de que Levi Ackerman era el hombre de su vida y que no había quién ni qué –incluido el adulterio- acabara con la historia de amor que habían construido hasta entonces.
Despertó aquella mañana con el sol puesto en la cumbre del cielo y adormecido por el calor de otro cuerpo junto al suyo. Extrañado y esperanzado se dio vuelta esperando encontrar la conocida mata de cabellos negros que siete años de casado lo habían acostumbrado observar apenas al despertar. Grande fue su decepción al encontrar el mullido cuerpo caramelo de Septiembre. Repentinamente le vino la depresión en forma de resaca tras una noche de alcohol y desenfreno; la ira, la decepción y el dolor se vieron sustituidos por el latente dolor de cabeza que lo aquejó por horas durante el día. Salió de la cama matrimonial con el alma regada en el suelo y con el semblante más maltrecho que haya podido conseguir jamás; pero Eren Jaeger no era precisamente una persona que se dejaba amedrentar por cualquier pequeñez, fue por ello que otorgándose ánimos decidió hacer el desayuno para él y su esposo.
Tomó una ducha express de agua caliente y vistió su cuerpo definido y moreno en un atuendo casual. Con los cabellos a medio secar y con Septiembre pisándole los talones, se decidió por fin a ponerse el mandil y cocinar el típico desayuno americano. Hizo los huevos y el tocino, preparó el café bien cargado –tal y como a Levi le gustaba-, preparó algo de jugo de naranja, hizo las tostadas y colocando todo en perfecto orden y con armonía se dirigió hasta el cuarto de invitados para tocar suavemente la puerta.
- Levi, el desayuno está listo. – Pasaron un par de minutos y tímidamente volvió a tocar la puerta un poco más fuerte al no recibir respuesta alguna. - ¿Levi? – Con un poco de temor giró lentamente el pomo y asomó su cabeza a la habitación. El cuarto que ocupó Levi la noche anterior se hallaba vacío.
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Podría decirse que Levi Ackerman se hizo a sí mismo. Lo cierto es que aquel hombre de estatura breve y porte militar no era más que la penosa consecuencia de una familia disfuncional –claro, si no era demasiado jocoso utilizar el término "familia"- claramente con desviaciones a ser a lo que muchos llaman un hogar destructivo. Heredó de su madre los finos rasgos que caracterizaron su rostro de porcelana por los primeros veintidós años de su vida, y de su padre no reconocido la capacidad para hacer dinero y la extraña habilidad de desaparecer cuando la situación se le escapaba de entre las manos. Lamentable, pero cierto; Levi no era en absoluto una persona perfecta y sus buenas intenciones no estaban del todo claras.
Posiblemente ello fue lo que lo llevó a dejar el cuerpo policial en Venecia –al cual dedicó siete años de su vida en cuanto apenas cumplió la mayoría de edad- para comenzar junto a Erwin Smith el negocio que los sacaría de la ruina y los llevaría a ser unos de los empresarios más jóvenes y exitosos del momento. Invirtieron todos sus ahorros y el cuantioso préstamo que consiguieron tras una larga negociación con algunos socios estratégicos en el bufete de abogados que abrieron en Alemania, un país que no había escuchado de ellos hasta el momento. Emprendieron el negocio poco a poco, Smith era un hombre de principios pero también un empresario con visión y sabía exactamente cómo manejar los casos que se le iban presentando para darle un matiz neutral. Abogado de profesión y empresario por elección, supo cómo hacer de A&S S.A.C. un duro contrincante en el mercado de las leyes. Así fue como Ackerman y Smith llegaron a Alemania en rumbo de un sueño que se convirtió en realidad.
La edificación de A&S sobresalía de entre sus vecinos por tratarse de un monumento arquitectónico de diez piso con un diseño fresco y moderno, revestido en vidriería polarizada y encabezado por una gran pileta de diseño abstracto que saludaba a cuanto curioso se acercaba en busca de un servicio o por mera consulta. La elegante y sobria recepción daba la bienvenida a socios y clientes por igual; una señorita joven y bonita con una sonrisa tatuada en el rostro preguntaba con falsa cordialidad a cuanta persona ingresara al edificio qué tal iba su día y en qué podía ayudarlo. El caso no fue distinto cuando Levi ingresó como todas las mañanas con un late expresso sin una pizca de azúcar, en su rostro normalmente pulcro se veían los vestigios de una mala noche que atribuyó a toda una vida sometida al insomnio pasajero. El saludo de la joven recepcionista fue ignorado por completo así como el poco sutil escote recién acomodado que daba una vista más detallada de la redondez de sus pechos; Natalia, cuyo historial laboral era de dudosa procedencia, llevaba trabajando para A&S aproximadamente seis meses, de los cuales cuatro se dedicó a realizar favores extra laborales durante su tiempo de descanso en la oficina del señor Ackerman. Pero aquello quedaba como un rumor vago y sin demasiado ruido, pues no había alma suicida en todo el recinto que se atreviera a cuestionar la integridad y los valores del jefe más estricto y atemorizante del bufete.
El francés caminó recto hasta el ascensor sin ánimos de prestar atención a las claras insinuaciones de Natalia, aquella mañana quería cuanto antes hablar con Smith acerca de los papeles de su divorcio y evitarse la fatiga de escuchar la diatriba sobre asuntos morales que seguramente Hangi Zoe le tenía preparada en la puerta de su oficina. Las puertas del elevador se abrieron y lo condujeron directamente al penúltimo piso. Con pasos rápidos y largos se dirigió a la puerta de roble que claramente tenía en la placa dorada el nombre de E. Smith. Entró a la oficina sin anunciarse y pasando por alto a la joven secretaria que pasaba los recados y las llamadas al americano; dentro se encontraba su amigo y socio sumergido en una lectura profunda de algún caso en particular. No saludó y fue directamente al grano.
- Necesito los papeles lo más pronto posible.
No fue necesario ni una palabra más para que el hombre frente a él dejara a un lado su ardua lectura y pusiera su atención completa en él.
- Por lo que veo, Eren ya se enteró de la clase de bastardo que eres. – El comentario fue soltado sin saña, pero había cierto matiz de decepción que Ackerman no pudo ignorar.
- No necesito una reprimenda, Smith. Para eso tengo a la cuatro-ojos-de-mierda. – Soltó con hastío. Cruzándose de brazos tomó asiento de forma despreocupada en uno de los sillones de cuero negro.
- No puedo creer que vayas en serio con todo esto del divorcio. – Comenzó Smith, quien se sacó los lentes de lectura para entrelazar sus manos y usarlas de soporte para su rostro serio. – Deshacer un matrimonio así como así por mero capricho tuyo es algo que sin duda nunca terminaré de comprender… ¡Yo mismo fui testigo de su boda aquel día!
El hombre pequeño dejó escapar un suspiro cansino. Estaba harto que sus amistades –dígase Smith y Zoe- metieran sus narices en asuntos que solo le competían a él y a Eren. Él había tomado una decisión hacía meses atrás, cuando decidió finalmente que el matrimonio no hacía más que consumirlo. Levi aseguraba que no estaba hecho para una vida matrimonial, y no le importó arrojar por la borda siete años conyugales junto al joven castaño. Su egoísmo pudo más que todo.
- Agradecería que tú y la lunática dejaran de inmiscuirse donde no les llaman. Te he pedido a ti los papeles porque quiero hacer de esto lo más discreto posible, pero si no puedes con este simple recado no tengo inconvenientes en buscarme otro profesional.
Erwin observó con detenimiento el semblante estoico y carente de emoción de su amigo. Finalmente, tras soltar un gesto de resignación, volvió a colocarse las gafas y retomar su lectura. Tras unos segundos en silencio soltó:
- Tendré listo tus papeles dentro de cinco días. Hasta entonces, piensa bien en lo que haces y dejas de hacer.
Conforme con lo dicho por el mayor salió sin más de la oficina con intenciones de ir a la propia. Pero para su desgracia una conocida figura femenina impidió su cometido. Ackerman frunció el ceño con evidente molestia y no pudo más que tratar de ignorar a la mujer que venía pisándole los talones mientras lo taladraba con la mirada.
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- ¡Eres un enano egoísta! – Vociferó enfurecida Hangi Zoe mientras plantaba sus manos con fuerza en la lisa superficie del escritorio de su mejor amigo. - ¡Te has pasado! ¡¿Lo sabes o no, Levi?! ¡Enserio! ¡¿En qué mierdas estabas pensando?! – La mujer de cabellos castaños se sujetó los cabellos exasperada mientras buscaba en la mirada platina algún signo de culpa- ¡Querer acabar con tu matrimonio es una cosa! ¡Pero caer tan bajo como para follarte a la golfa de Rebecca…Eso sí que no te lo voy a perdonar!
- ¿Quién te vino con el chisme? – Preguntó desinteresado mientras revolvía el café en su taza.
- ¡¿Quién pues sino?! Si la señorita no hace más que comentar en la oficina lo grande que la tienes – La voz en una tonalidad más grave de la mujer dio a evidenciar lo serio que consideraba el hecho en cuestión.
Hangi Zoe era sin lugar a dudas la mejor amiga de Levi Ackerman. Nadie podría decir a ciencia cierta cómo dos personalidades tan distantes entre sí podrían haber terminado en una estrecha relación de amistad. La mujer de tres décadas había dedicado gran parte de su vida al estudio de cuerpos orgánicos. Aquella era una ciencia que le estremecía el cuerpo y escarapelaba hasta el bello más invisible de su piel, desde pequeña se enfrascó en proyectos científicos que le llevaron a ganar múltiples concursos escolares. Brillante y excéntrica, fue becada y enviada a Venecia para la elaboración de un proyecto que buscaba probar las increíbles y fabulosas funciones de la baba de caracol. Durante su estadía conoció a Ackerman, quien era el extraño y amargado sujeto que tomaba el café bien cargado y sin azúcar en la cafetería que estaba justo debajo de su departamento. La amistad surgió sin más y en una extraña conversación fue que aceptó unirse al dúo de amigos en busca de algo más que le sustanciara la vida.
Por su parte, Levi la observaba sin más. Acostumbrado al bullicioso temperamento de su amiga y sin muchas ganas de rebatirla en su quehacer, fue centrándose en lo que había sucedido la noche anterior.
Para ser francos, él hubiese preferido otra forma de tocar el tema de su divorcio con Eren. De haber sido su elección, él hubiera optado por la opción menos dramática y problemática posible. Levi no odiaba al joven, y dudaba seriamente odiarlo en cualquier circunstancia. Simplemente había dejado de encontrar alguna finalidad a un matrimonio que ya no hacía más que estorbarle. Había aprendido a disfrutar de los casuales encuentros que se daba entre distintas féminas, poseerlas por un par de noches, acariciar cuerpos extraños y curvilíneos para dar abasto su orgullo de macho. Y era Eren con sus ojos vivarachos, con su impecable determinación a hacer que las cosas funcionen en su vida conyugal, lo que finalmente terminaba por enfermarlo. De ahí su resolución absoluta en terminar de una vez por todas lo que él consideraba en silencio el martirio de su vida.
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Mikasa Ackerman había llegado a Alemania hacía diez años atrás, cuando en plena adolescencia se vio obligada a dejar Japón para residir en el que se convertiría en su hogar desde entonces. El crudo invierno, el idioma extraño y la peculiar forma de ser de los alemanes le dieron la bienvenida. Su carácter taciturno y tímido fue lo que la mal catalogaron como una muchacha de temer, la fría expresión de su bello rostro nipón atraía a los jóvenes al mismo tiempo que los alejaba; pero de entre todos aquellos que trataron de acercarse a ella solo fue uno lo suficientemente despistado que logró pasar por alto los rumores y la mueca seria de la joven. Eren Jaeger se convertiría desde entonces en aquel hermanito menor que embobaba a la joven sin realmente pretenderlo. Siendo mayor que él tan solo por un año y algunos meses, pudo comprender que el alemán de cabellos castaños era un caso particular de entre muchos.
Ya por aquellas fechas Jaeger daba a relucir una grata jovialidad, determinación e inocencia únicas; una extraña combinación que lo hizo sobresalir del resto si dedicabas cinco minutos de tu día a conocerlo, tal y como hizo Mikasa. A diferencia de sus otros compañeros de secundaria, Eren se negaba a buscar novia, puesto que él aseguraba que el amor llegaría a su vida en el momento indicado y que prefería guardarse para aquella persona especial. Se mantuvo firme en su decisión y eso terminó por sellar aquel pacto de hermandad implícito que la asiática estableció con él. Mikasa lo conocía tan bien que no fue necesario mediar palabra alguna con el joven para percatarse que algo malo había sucedido en su cantarina vida.
- ¿Vas a decirme de una vez qué carajos fue lo que te ocurrió? – No se molestó en modular su voz porque sabía que esas nimiedades no funcionaban con el joven de cabellos castaños, en cambio, puso mayor énfasis en escanear con su oscura mirada cualquier vestigio de mentira inútil que pudiese usar el menor en forma de escapatoria.
- Aún tengo trabajo que hacer, Mikasa. - Con la mirada esquiva y el semblante caído fue que Ackerman vio a Jaeger marcharse sin más al almacén, y tuvo el presentimiento que algo andaba mal.
Esmeralda era una pequeña editorial que se dedicaba esencialmente a la distribución de textos universitarios; entre ellos se encontraba un surtido contenido de tesis, proyectos de investigación, entrevistas académicas, teorías innovadoras, reseñas empresariales y demás. La oficina se hallaba ubicada justo en una de las avenidas más concurridas, resguardada por otras edificaciones que opacaban evidentemente su sencilla arquitectura. Miriam James, una mujer solterona en sus cincuenta, era la auténtica dueña por herencia. Con su sencillo vestir de blusas estampadas de algodón y faldas holgadas de color entero, es que iba paseándose por las breves instalaciones observando a su pequeño grupo de colaboradores encargándose de los últimos números a publicar. Pequeña y modesta, Esmeralda supo hacerse un lugar en el ámbito universitario donde jóvenes estudiosos buscaban difundir sus conocimientos de forma impresa y económica. Eren Jaeger llegó a sus puertas casi por error, puesto que en esos años andaba buscando algo más relacionado a la literatura inglesa –rama a la cual se dedicaba su profesión-, pero fue James y su necesidad de ingresos lo que terminó por adentrarlo a la pequeña editorial. Meses más tarde, Mikasa Ackerman siguió sus pasos por motivos personales.
Terminado su turno el castaño fijó su mirada acuosa en el añejo reloj colgado encima de la puerta principal. Siendo las nueve y treinta y cinco de la noche supo que su esposo no vendría por él como siempre solía hacer. Abatido y desanimado por el desaire terminó de guardar sus cosas en completo silencio, algo que la asiática no pudo evitar pasar por alto conociendo de primera mano el carácter bullicioso de su mejor amigo. La guapa mujer no dejó perder ni un minuto más, cogiendo su pequeño bolso y la muñeca del menor fue que terminó arrastrándolo fuera del establecimiento con una despedida general a los pocos compañeros que aún se encontraban en la oficina. No paró de jalonearlo hasta que sintió que dejaba atrás a cualquier entrometido o aire de tristeza, lo que ocurriera primero. Una vez parados en medio de la calle fue que encaró al joven literato sin mediar en contemplaciones.
- ¿Qué mierda te hizo el inepto ese? – No hubo necesidad de mencionar nombres, ambos sabían de antemano quién era el único ser sobre la faz de la tierra en llevar aquel cariñoso apelativo. Sin embargo, tuvieron que pasar otros tres minutos más antes de que Jaeger se animara a hablar.
- Me ha pedido el divorcio.
Simple y directo al grano. Por supuesto, Eren se aseguró de evitar todo el rollo emocional y dramático que contenía parte de su desgracia: se ahorró el detalle de las bragas, de la infidelidad inminente, del golpe en la quijada y de todo el tiempo que aquello se estuvo armando a sus espaldas. Mikasa, por su parte, rompió en histeria y más palabras despectivas, todo ello dirigido a la pequeña figura del francés que seguramente se hallaba retozando cómodo en compañía de alguna mujerzuela. Una vez terminado su desfogue, la joven abrigó entre sus brazos el cuerpo delgado de su amigo, buscando refugiarlo de todo aquel pesar que lo acarreaba y apagaba el espíritu.
- No lo necesitas. – Sostuvo su mirada fijamente. -Venga, vente a mi piso esta noche, podemos ver películas cursis… de esas que tanto te gustan y beber un par de cervezas frías, estoy segura que Sasha se las dejó ahí la semana pasada. – Comenzó tan absorta su monólogo de lo bien que se la pasarían aquel viernes que no pudo prever el mar de lágrimas que de nueva cuenta se soltaba libre y cálido sobre los pómulos rojizos.
- Ese es el problema, Mikasa, lo necesito. Lo necesito tanto que no tienes ni puta idea.
Fue entonces que supo que tan irreparable era el daño. Eren usando palabras fuertes era sinónimo de devastación.
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Me da un poco de penita, Eren
Bueno, no fue larguísimo, pero han sido aprox 3000 palabras, mil más de las que suelo escribir.
Puede que no haya sido muy interesante este cap, pero considero que ha sido necesario para que vayan conociendo un poco más a los personajes, sus amistades y cosas así.
No sé cuando vuelva actualizar... seguro muy pronto, dado que tengo descanso médico y puedo emplear mi tiempo libre en escribir... quiero que salga bien así que me planteo mucho lo que pondré.
Gracias a todos por leer, se agradece comentarios y sugerencias! Si hay dudas o algo que no se entiende bien, por favor hacérmelas saber, yo responderé encantadísima!
Un beso y un abrazo a todos! Nos leemos por ahí ! Y tengan una bonita semana! ;D
