Total Drama Hetalia

El amor a la francesa, acerca del ser una almohada y un viejo resentimiento que causara mucho dolor.

Disclaimer: Ni hetalia ni sus personajes me pertenecen si fuera así habría mucho, mucho, MUCHO mas yaoi


Tercera persona

El gran día había llegado por fin. Personas de todo el mundo sintonizaban sus televisores para ver a los representantes de sus países viviendo juntos en una casa, debiendo superar los más locos y sádicos desafíos para hacer realidad sus sueños. Cada uno de los 16 participantes tenía una razón para estar allí, o alguien por el que deseaban hacer algo, o ganar ese maravilloso "deseo especial" del que todos hablaban. La atención del mundo se concentró en la sala de aquella casa con varios sillones cómodos, listos para esperar a los participantes que llegarían desde sus respectivos países.

Los primeros en llegar fueron Liechtenstein y Austria, probablemente por su proximidad a suiza el país anfitrión. Lily estaba feliz, a pesar de que cada vez que la enfocaban las cámaras se sonrojaba terriblemente y se privaba de decir cualquier cosa, como si estuviera a punto de darle un ataque de asma. Tomó la mano de Austria con suavidad pero firmeza, buscando en él un rostro familiar, que le relajara un poco

—A-austria-sama… estoy nerviosa… no me gusta salir en televisión…

—Vamos… no pienses en ello, las cámaras son lo menos importante solo concéntrate en los desafíos y en lo que debas hacer para ganar ¿sí?

—S-si… gracias por el consejo— la pequeña le sonrió, aun con su bello rostro rojo por la pena que le provocaba sentirse observada internacionalmente.

Ciertamente, el austríaco tenía sus propias razones para estar en ese concurso, su propio deseo y algunos planes para el dinero del premio, pero le había prometido a Vash que cuidaría de su pequeña hermana cuanto pudiera, casi a manera de alianza no oficial, y no tenía razones para faltar a aquella promesa. Le sonrío a medias, una sonrisa enigmática de mona lisa, y la acompañó como todo un caballero a uno de los sofás de terciopelo, sentándose a su lado, mirando la gran puerta de la sala, por donde habrían de entrar los otros, listo para estudiar a sus enemigos, y saber que oportunidades tendría contra ellos, callado como siempre sin llegar a ser grosero mientras Lily se distraía con el listón que llevaba en su cabello, regalo de su querido oniisama. Aunque era una chica frágil y sensible, era muy fuerte y tenía una determinación de acero, en especial si se trataba de ayudar a su hermano, o hacer algo bueno por él, por lo que estaba más decidida que nunca: ganaría, y le declararía su amor.

Los siguientes en entrar por la gran puerta de la sala fueron China y Japón, los dos vestidos como si fuera una ocasión cualquiera con la única diferencia de que el chino se veía mucho más relajado que el japonés, señalando a todas partes, diciéndole lo lujosa que era la sala, mira Kiku ese jarrón, mira Kiku que flores tan bonitas. Yao tenía muchas razones para estar alegre ese día, considerando que desde que había recibido la invitación unas cuantas horas antes, se había hecho un lio considerable haciendo maletas, guardando cosas y planificando que llevaría y que no, hasta que Kiku lo sacó del trance en el que le estaba, simplemente recordándole que solo debía llevar lo necesario y que por más que tratara era imposible meter un panda dentro de una maleta. El japonés había sido más práctico como de costumbre y se había conformado con guardar un par de mudas de ropa, incluyendo pijamas y ropa interior, un cepillo de cabello y uno de dientes, y un libro para cuando se aburriera, lo que le dio tiempo suficiente para ayudar a Yao a guardar sus propias cosas. Una vez más, Kiku se felicitó a sí mismo por su impecable puntualidad al solo encontrar a Liechtenstein y Austria en uno de los sillones de la sala y nadie más

— ¿habremos llegado muy temprano aru?

—La puntualidad es siempre buena… además no hemos sido los primeros, ya llegaran los otros.

—Me pregunto quienes estarán aru… Ivan va a estar seguro aru, pero no sé quien más vaya a venir…

—Es porque… ¿no deseas ver a esa persona cierto? A Arthur me refiero

—Exactamente a él me refiero aru— la sonrisa de Yao se convirtió en una línea tensa. Después de lo ocurrido en las guerras del opio guardaba un resentimiento contra el inglés, tan grande que había sido una especie de milagro que pudieran cooperar en la segunda guerra mundial, quizás porque en esa ocasión el chino había sobrepuesto los intereses del grupo antes que los suyos propios, pero sencillamente no lo soportaba y esperaba no tener que verle en ese lugar.

Los siguientes en aparecer fueron el trío de escandalosos o como les gustaba ser llamados el bad friends trío: Francia, España y Prussia, con lo que podría decirse un integrante extra en la persona de Lovino, que había venido con ellos simplemente porque le resultaba practico, ya que había pasado la noche de nuevo con Antonio, y porque el español le había suplicado hasta el cansancio para que llegaran todos juntos. A pesar de que constantemente le gritaba en público, le exigía cosas imposibles solo para fastidiarlo, y que cuando estaba de mal humor no reparaba en descargarse en él y dale un buen par de coscorrones, en el fondo solo él sabía lo mucho que quería al español, lo mucho que le alegraba verle a su lado al despertar así le reclamara que había roncado o algo parecido, cuanto apreciaba todos sus pequeños gestos de cariño hacia él como cuando le preparaba la comida que le gustaba, cuando le dejaba tomarse las sabanas para el solo así hiciera un frío de los mil demonios, y en general todas las cosas que hacía para hacerle feliz. Solo por eso había aceptado acompañarle con Francis y Gilbert en vez de haber llegado solos.

—Te dije que habíamos llegado demasiado temprano

—Pero Loviii mira, ya llegaron Austria, Liechtenstein, Japón y China, de hecho es probable que hayamos llegado un pelín tarde—le dijo con una sonrisa y guiñándole el ojo gesto ante el cual el italianos e sonrojo sin nada más que decir.

Francis mientras tanto, se veía feliz como siempre que tenía la oportunidad de ver el "amour" entre dos personas. Apenas puso un pie dentro de la casa empezó a posar en todas las direcciones posibles, buscando una cámara que captara "su mejor angulo" después de todo no podía privar al mundo de una belleza tan magnífica como la suya, y por supuesto que debía complacer a todas sus fans del mundo por lo que siguió en eso hasta que Gilbert le dio un zape, que probablemente se tenía bien merecido

— ¡Deja de hacer el payaso Francis! ¿Qué no ves que no dejas que la cámara enfoque bien a ore-sama?

—Vamos Gilbert sabes que la cámara me amaaaa

Mientras Francis y Gilbert se peleaban estúpidamente acerca de a quien amaba la cámara y se enzarzaban a tirarse mutuamente de los cabellos cosa a la que nadie prestó atención porque sabían que era cuestión de segundos para que los dos acabaran en el suelo riéndose como niños pequeños, llegaron Estados Unidos e Inglaterra, juntos puesto que al igual que Romano Arthur había pasado la noche en casa de Alfred. Detrás de ellos y virtualmente invisible a efectos prácticos estaba Canadá aferrado a su oso de peluche, y mirando con timidez a todos esbozando una pequeña sonrisa. Arthur vestía de lo más informal, y lucía unos audífonos enormes que en ese momento estaban conectados a un ipod lo más sobresaliente en el aparte del hecho de que tomaba la mano del inglés con dulzura. Este parecía reacio a aceptar las muestras de cariño del otro, pero inevitablemente acabó ablandándose y dejando que se sentara en el sofá a su lado y se recostara de él, para cerrar los ojos un par de segundos recuperándose por la diferencia horaria

—Te lo he dicho ¿no? No porque estemos… estemos juntos significa que te hare las cosas fáciles ¿sabías?

—Si Arthur lo sabía

—Porque no significa nada si nos queremos o no, si estamos en un desafío y debo pasar por encima de ti lo hare, porque yo también tengo mis propios deseos y… y es una competencia, y no creas que te dejare ganar ni nada, ni que haré algo tan estúpido como perder para que tu ganes ni nada como eso ¿eh?

—Me lo dijiste…—dijo el americano, medio adormilado y asintiendo a todo por pura costumbre

—y algo más Alfred…

— ¿si Arthur? — le contestó abriendo un ojo para mirar el rostro del otro, un poco más abajo del suyo a pesar de que estaba recostado en el

—Te amo…—dijo en voz baja el inglés antes de sonrojarse violentamente, provocando que Alfred sonriera, pero no dijera nada más temeroso de los repentinos cambios de humor del otro que podrían competir con facilidad contra los de una mujer que estuviera perpetuamente teniendo el periodo y el propio Alfred sabía en carne propia que no convenía arriesgarse demasiado con él y su temperamento de tsundere, lo que casi siempre provocaba que saliera lastimado de alguna forma. Y aun así, le quería, le amaba tanto como podía, y hacía cualquier cosa por hacerle feliz, CUALQUIER COSA.

Las puertas blancas se abrieron una vez más, esta vez para dar paso a Rusia, Belarus y Ucrania, entrada que produjo varias miradas encontradas y algo de tensión por diferentes motivos. Iván dirigió su penetrante mirada de ojos morados a Yao, que en un abrir y cerrar de ojos sintió que aquella mirada le recorría en detalle, provocando que se sonrojara en exceso por mucho que tratara de evitarlo, y la verdad era que desde hacía varias semanas el chino y el ruso habían comenzado a estar más unidos, teniendo encuentros de pasión secretos, después de los cuales Yao acababa inevitablemente en brazos de Iván, dejando que le viera tal cual era, en toda la extensión de sus sentimientos y pensamientos, permitiéndose ser vulnerable ante él, aunque aún no habían dicho nada a nadie por lo que no podía considerarse oficial, era más bien como una clase de amor secreto. Y sin embargo era lo suficientemente fuerte como para que Yao olvidara por completo a Arthur, al que había mirado de mala forma cuando entró

—Has llegado aru…

— Sabrías que vendría ¿a que si? Después de todo no es una oportunidad que desperdiciaría así como así da…—se acercó a él lentamente y sonriendo como siempre para no levantar sospechas en los otros y acarició sus cabellos con cuidado a modo de saludo afectuoso

—Si lo sabía aru… pero igual me hace feliz aru—dijo, sonriéndole y disfrutando de aquella fugaz caricia, hecha para aparentar normalidad en especial frente a Belarus, que celaba a su hermano en demasía.

—Kesese mira quien ha venido a asomarse por aquí ¿a qué se debe que el ruso loco nos honre con su presencia?

—Lo mismo iba a preguntarte a ti, después de todo el programa es para las naciones y tu ya no eres una—Un aura oscura empezó a formarse alrededor de Iván en especial al escuchar que el otro le llamaba "ruso loco", poniendo el ambiente tan pesado que podía cortarse con un cuchillo, cosa que Belarús pareció tomarse muy literalmente porque en un abrir y cerrar de ojos había sacado el suyo propio de entre sus vestiduras provocando que Yekaterina Diera un grito asustada

—Si es que planeas meterte con mi hermano más te vale que lo pienses dos veces

—Mira eso ¿tan bajo has caído que necesitas que tu hermanita te defienda?

—No necesito que nadie me defienda, kolkolkolkol—empezó a recitar el ruso en voz baja poniéndole los pelos de punta a cualquiera, hasta que parecía que en cualquier momento iban a acabar matándose.

— ¿Qué se supone que sucede aquí? —una voz fuerte, proveniente esta vez de Alemania llamó la atención de todos, que se voltearon a verle, enervando una ceja ante aquel panorama que podía considerarse usual dada la tensa relación que tenían Rusia y Prussia. Ludwig se cruzó de brazos, mirando a su hermano mayor, casi como esperando que le dijera porque estaba haciendo tanto escándalo en lo que Feliciano se dedicaba a dar vueltas por ahí diciendo simplemente "vee", haciendo que una gotita se deslizará por la cabeza del alemán descubriendo de nuevo que era imposible mantener la seriedad cerca de Feliciano.

—No me mires así west, el es que ha empezado—Gilbert se cruzó de brazos, dando por terminado aquel conflicto al menos de momento, más que todo porque de una forma u otra habían llegado todos, y no sabían que se suponía debía pasar a continuación.

—Me pregunto que pasara vee

Como si aquello hubiera sido un "ábrete sésamo" del suelo de la sala salió lo que parecía ser una plataforma giratoria mecánica, que subió hasta mostrar a una chica parada en ella, con un micrófono en la mano. No parecía tener más de 18 años recién cumplidos, la maravillosa y mágica mayoría de edad como decía Francis. A primera vista parecía como si fuera la hermana perdida del francés, porque tenía sus mismos ojos azules, y un cabello largo y rubio, mientras usaba un vestidito blanco con un delantal azul encima de él que le daba un aspecto de lo más adorable e inocente. Al verla a Francis le salieron corazoncitos de los ojos y se puso a decir algo de "tanta inocencia sin corromper" cuando la chica empezó a hablar ruidosa y escandalosamente.

— ¡hola a todos! ¡Bienvenidos a la primera edición de Total Drama Hetalia! ¡Mi nombre es Naoru y seré su presentadora, su jueza, su jefa y su diosa! —una gotita se deslizo por la cabeza de todos aquellos al oír esto último—Antes de empezar me dicen que debo aclararles los puntos que firmaron en el contrato para esta televisora o me demandaran…No nos hacemos responsables si son violados, heridos, lastimados, se enferman, sufren indigestión, les dan un tiro o hacen el ridículo en televisión internacional

—eh… señorita— dijo Ludwig levantando la mano como si estuviera en un salón—leí lo que firmé y en ningún lado dice eso

—claro que lo dice esta en las letras pequeñas que se ven a través de la luz en arameo

— ¿Qué demonios se supone que es eso? —Gilbert le latía una venita en la cabeza y parecía que le iba a salir un tic algo preocupante

—No seas grosero con la presentadora o saldrás del programa Gilbo—La chica le sonrió, bajándole a Gilbert las ganas de molestar, aunque de cualquier forma le jodía un poco que le dijeran Gilbo—Hoy es su primera noche aquí por lo que solo les diré las reglas y como será todo de ahora en adelante y mientras permanezcan en este concurso las obedecerán al pie de la letra. Primero: hay un solo baño en toda la casa, por lo que deberán compartirlo en las mañanas, organizarse turnos civilizadamente o luchar como salvajes por su turno. Todo está permitido aunque si se van por lo ultimo conseguirán un montón de audiencia—sonrió con tranquilidad casi como si les explicará a unos niños que dos más dos es igual a cuatro en vez de decirle a un grupo especialmente conflictivo y lleno de peculiaridades que debían compartir un baño.

—La segunda regla es esta: la casa es lo suficientemente grande para que estén todos pero tiene solo ocho habitaciones cada una con una cama tamaño doble, lo que significa que ya que son dieciséis todos deberán compartir una habitación y una cama con otra persona—al decir esto se hizo un silencio entre tenso y depresivo, con diversas reacciones ante aquello como Francis que empezó a dar saltitos como si le adelantaran la navidad o la de Lovino que perdió todos los colores y se desmayó—Y para hacer esta importantísima decisión, tenemos este aparato moderno

Un par de tipos trajeron lo que parecía ser una maquina de las que ponen en la calle con burbujas de chicle, pero en vez de chicle o juguetes tenía varias esferas de plástico con las banderas de cada uno de los países allí reunidos—Se mete la moneda y se gira el dial, y el país aquí esta…—La chica canturreó infantilmente mientras sacaba dos pequeñas esferas de plástico del aparato—y la primera habitación será compartida por… Japón y España

Kiku miró a Antonio de reojo, y asintió con la cabeza para mostrar su conformidad. Le resultaba extraño y perturbador tener que dormir en la misma cama que otra persona y no acababa de entender que tenía que ver todo eso con el concurso, pero si lo decían las reglas no iba a negarse para ser descalificado, así que no tenía más opción que resignarse. No conocía mucho a España, pero al menos no sentía animadversión hacia él, y considerando las probabilidades quizás ni siquiera la pasara mal. El español hacia un autentico berrinche, no porque le hubiera tocado con Kiku sino porque tendría que pasar la noche separado de su Lovi. Después de que Francis y Gilbert le calmaran y Romano le diera un par de golpes con un zapato, se sentó al lado de Kiku con aire regañado para dejar que siguieran escogiendo a las otras parejas que compartirían habitación

—Esa fue una parejita feliz o al menos una conforme—dijo Naoru, sonriendo y metiendo una moneda en el aparato, aumentando la tensión existente en el cuarto, más tenso que un examen de matemáticas, más tenso que si tus padres te descubrían cubriendo platos con papel aluminio para ponértelos en la cabeza mas tenso que… no se que algo tenso—Estados Unidos y Francia

Cuando dijo esas palabras, Alfred puso cara de trauma como si acabaran de violarse a Arthur enfrente de él. Aquello no podía ser, el era un héroe, no podía ser que las diosas de la fortuna le hubieran dado la espalda de repente, separándolo de su amado tsundere inglés y de paso dejándolo con ese pervertido que iba a acabar haciéndole algo mientras dormía o algo como eso. Empezó a gritar y a dar vueltas, se le fueron los colores, la sangre, el azúcar y la bilirrubina y se desmayó. Francis solo se reía, de lo más encantado como si aquello fuera un chiste, hasta que cuando hizo ademán de reanimar a Alfred se consiguió con un Arthur gritándole hasta del mal que se iba a morir, tirándole de las ropas y diciendo improperios en inglés hasta que Gilbert y Antonio los separaron, para poder seguir con el sorteo

—eso fue… interesante ¡Es el tipo de drama que atrae publico! En fin…—De nuevo la monedita, el dial y la canción mientras todos esperaban expectantes y Arthur más repuesto de su ataque de rabia le echaba aire a Alfred en la cara para que reaccionara—y la siguiente parejita afortunada es… Austria y Liechtenstein—El caso de ellos dos fue muy parecido al de Japón y España, con la diferencia que en vez de estar simplemente conforme Lily estaba verdaderamente feliz con lo que le había tocado en suerte. Ya de por sí estaba nerviosa acerca de tener que dormir con alguien más porque era de naturaleza más bien tímida y penosa, pero el saber que iba a estar con alguien que conocía un poco, con el que al menos podía sentirse segura la alivió un poco, aliviándola de los nervios. Roderich no se sentía particularmente enojado, alegre o decepcionado pero interiormente se alegraba de poder cumplir de esa forma su promesa a Vash, y no dejar que nadie abusara de su hermanita. Y sin embargo, algo muy profundo en su interior se sentía triste por no haber podido estar en la cama de cierto albino escandaloso.

—Pues… otra parejita contenta… pero con un poquito de suerte la próxima traerá algo de drama extra—Naoru sonrió, de veras que le gustaba el drama y más si servía para atraer audiencia. Después de todo, no había anda que ayudara a esos programas como los escandalos— se mete la moneda y se gira el dial y el país ya estaaaa… a ver quiénes serán los "afortunados" —Se tomó una pausa dramarica mientras sonaba una marcha de tambor salida de dios sabrá donde—Inglaterra y China

Yao se paró tan bruscamente del sillón como si le hubieran dado una descarga eléctrica, atrayendo las miradas de quienes le rodeaban, tanteando el ambiente para saber de qué forma reaccionaria. El milenario país era conocido por permanecer calmado hasta en las situaciones más críticas, pasara lo que pasara pero aquello era demasiado para él y su habitual sonrisa afable se convirtió en una línea tensa, apretada al punto de que un hilo de sangre brotó de sus labios. Aún recordaba, como si hubiera sido ayer, cuando su país empezó a derrumbarse, porque Inglaterra seguía enviando el opio, importándole poco o nada el daño que causaba. La culpa era toda suya, y aún así se las había arreglado para salirse con la suya cosa que Yao no podía tolerar. Luego de aquel arrebato se sentó en el sillón con los puños apretados y se negó a pronunciar palabra alguna. Arthur, al escuchar aquello había dejado de abanicar a Alfred para que despertara del desmayo, y frunció el ceño de forma notable, aunque al igual que china se negó a decir una sola palabra, y curiosamente no quiso volver a abanicar a Alfred como desquitándose con el pobre infeliz.

—Eh… pasemos a la siguiente ¿vale? — hasta la rubia había decidido no hacer ningún comentario al respecto, no fuera a ser que presentadora o no acabara sin cabeza así que accionó el mecanismo rompiendo el silencio con el sonido de las esferas de plástico deslizándose en el artefacto—y la siguiente pareja es…Belarus y Canadá

De todas las parejas que habían anunciado hasta ahora esa fue la que causó más confusión y comentarios, no porque Belarus se sintiera terriblemente frustrada al no poder dormir con su hermano y desaprovechar esa "oportunidad única", ni porque se preocuparan por el chico que tendría que compartir habitación con la chica acosadora, sino porque simplemente tardaron dos horas en recordar quién era ese Canadá y cuando lo recordaron carecía de importancia porque el concurso había seguido hace un buen rato, así que un depresivo Matthew se sentó discretamente con su nueva compañera de habitación—Ya solo quedan tres parejas mas y la tensión se siente en el aire… la siguiente y penúltima es… Italia del Norte y Rusia

A Feliciano, igual que a Alfred unos minutos antes se le fueron todos los colores, se puso pálido y se desmayó en brazos del alemán que se asustó verdaderamente por aquella reacción y empezó a tirarle agua en la cara, sacudirlo y abofetearlo para hacerle reaccionar. Uno podía pensar que el desmayo del italiano se debía al hecho de que dormiría con Rusia, cosa que asustaría a cualquiera. Bajo esa sonrisa perenne había mucho más de lo que se veía en la superficie, y cualquiera que conociera a Ivan lo suficiente podía decir con facilidad que era muy peligroso, especialmente si se le subestimaba. A su forma era similar a un león enjaulado: tenía su parte sensible, y con esfuerzo se podía lograr que sintiera un verdadero agrado por ti, pero lo más prudente era simplemente permanecer fuera de su camino. Y sin embargo, esa no había sido la causa del desmayo de Feliciano, sino que sería la primera vez que dormiría con alguien que no fuera Ludwig, y la impresión había podido con él. Era un chico muy sensible, y aquello simplemente le había puesto triste, nada más que eso.

— ¡Estas son las últimas dos parejas! ¡Italia del sur y Prusia, y finalmente Alemania y Ucrania, es todo por hoy y recuerden que mañana será el primer desafío! —Luego de decir eso, la plataforma desapareció en el suelo y la presentadora desapareció por donde vino, dejando a cuatro de las naciones muy confundidas, en especial a Gilbert y Ludwig. Ludwig estaba simplemente apenado por dormir con una chica, en especial con una como Yekaterina, y no ayudó mucho que Iván le dirigiera una gélida mirada cuyo significado era tan claro como el agua "si mi hermana la pasa mal por tu causa, Feliciano la pasará mal también", y ante aquello Ludwig le contestó la mirada, serio y sin miedo alguno, aún reanimando al pobre italiano en sus brazos. Y mientras todos se iban a sus cuartos, Lovino empezó a maldecir y decir una serie de palabras malsonantes en italiano, que nadie logró entender puesto que su fratello aun estaba mareado después del desmayo, mientras Gilbert lo tomó como un saco de tomates bajo el brazo y se fue con el dejando la sala oscura, sola y en silencio mientras todos se retiraban a sus habitaciones a pasar su primera noche.


Primera persona: Francis/Francia

Había sido un día de lo más agotador, de principio a fin y solo quería acostarme a dormir, pero tuve que quedarme en la sala hasta que Alfred despertó del desmayo, porque Arthur estaba bastante mosqueado, "colère" como dicen en mi país, porque había tenido que compartir habitación con China. Normalmente me habría burlado de alguna forma pero esta vez sentí que era algo serio y me quedé con los comentarios para mí mismo. Si llegué a tenerle algún tipo de lastima se desvaneció, cuando empezó a insultarme y golpearme dándome un buen susto y prediciendo de que me iba a morir solo por compartir una habitación con Alfred, como si yo hubiera planeado todo aquello a propósito solo para fastidiarme

—A veces es tan… infantil…

Acabé diciendo luego de suspirar, aun esperando a que el americano abriese los ojos. A veces me preguntaba como aquellos dos estaban juntos sin que Alfred acabara dejándolo de alguna forma por las ridículas exigencias del otro, y lo temperamental que podía ser "tsunderoso" en palabras del propio americano, lo que no era más que una forma de decir que tenía un temperamento de los mil demonios, aunque dado que lo mismo podía aplicarse a Antonio y Lovino, no tenía mucho que decir al respecto. El amor tiene tantaaas formas… Sonreí para mis adentros, y miré al chico inconsciente a mi lado, recordando el cuento de la Bella durmiente y como fue despertada por el beso de un príncipe, así que por pura diversión me senté en el suelo a su lado, me incline sobre él y besé sus labios, algo brevemente, hasta que empezó a despertar y metió un grito

— ¡Francis no lo hagas! ¡Que Arthur me va a matar!

—Vamos, vamos relájate ¿Qué no te gusta que te haga sentir "princesa"

—No bromees así—Se coloreó de una forma encantadora, subiéndose los lentes que se le habían caído por la impresión haciéndome reír—Solo… vamos a dormir ¿si? Estoy cansado y mañana es el primer desafío.

Había algo raro en su forma de hablar, diferente al chico extrovertido y un poco insoportable con la autoestima por el cielo. De alguna forma se le veía más… más calmado, aunque no lograra descifrar el motivo. Quizás después de todo, su relación con el inglés le estaba haciendo bien a su personalidad, lo que sería todo un alivio sin duda alguna. Le seguí en silencio a la penúltima habitación, colocada en el segundo piso con las otras, con un pequeño letrero para escribir algo en la puerta, asi que tomé un marcador para darle mi toque personal

— ¿Qué le has escrito Francis?

—"Salle François et Alfred" o sea habitación de francis y Alfred querido mio

Le guiñé el ojo, y le dejé pasar en lo que le dibujaba unos arabescos al letrerito, por pura diversión, de modo que cuando por fin entré para dormir me encontré a… Alfredquitándose la camisa y sin nada puesto más que unos bóxers con la bandera de su país, ni muy apretados ni muy sueltos que el daban una apariencia de lo más casual, dejándome congelado en donde estaba, con un sonrojo gradual extendiéndose por mi rostro. Sencillamente no podía dejar pasar una oportunidad como aquella, pero debía decírselo con cuidado para que no se pusiera a la defensiva.

— ¿Mon petit cheri ha tenido sexo con Arthur a que si? —Le dije, haciendo que se le fuera el aire y se pusiera nervioso

—C-claro que si Francis ¡pero esas cosas no se preguntan me das pena!

— ¿sabías algo querido? Hacer el amor es como todo… deben enseñarte, y luego lo perfeccionas practicando…—Mientras decía eso me acercaba a él muy lentamente para que no se diera cuenta, hasta quedar con los brazos a ambos lados de su cuerpo para no apoyarme en el al menos no aún— ¿no te gustaría que te enseñara unas cositas que harían feliz a Arthur? Sería nuestro secreto…

—P-pero…está mal… si Arthur sabe se enojará conmigo y no quiero lastimarle

—El no tiene que saber…y en cambio te enseñare un par de cosas que le harán muy feliz…—le dije, poniendo todo mi poder de persuasión en ello, hasta sentirle ceder. Demonios me iré al infierno.

—Vale… pero solo porque quiero ser mejor para él ¿eh? No es que te ame ni nada

—Hieres mis sentimientos…—le respondí con una sonrisa burlona, y besé sus labios de nuevo, esta vez con un poco más de movimiento de mi parte, jugando con mi lengua en el interior de su boca, y acariciando sus pezones, sintiéndole estremecerse por aquel contacto que le debía ser desconocido, y apretándolos un poco con unos masajes circulares, para hacerle entrar en calor—Los pezones están hechos para darte placer ¿sabías? —sin esperar respuesta alguna los lamí, chupándolos y arrancándole un gemido de mediana intensidad, apoyándome mas sobre su cuerpo, y prosiguiendo hasta que con aquellas simples caricias preliminares comenzó a endurecerse allá abajo, y a calentarse cada vez más como si no pudiera aguantar mucho mas y era solo el principio

Me quité la camisa, comenzando a recorrer su cuerpo con mis manos, suave pero firmemente mientras le besaba con más pasión robándole el aliento y aumentando lentamente la intensidad de aquellas caricias para darle más placer gradualmente casi como si tuviera un pequeño control remoto de orgasmos en la mano y lo fuera subiendo lentamente de lo más bajo a lo más fuerte. Bajé una mano hasta su ropa interior, metiéndola en ella y apretándole el trasero con firmeza, recorriéndolo antes de meter un dedo dentro de el, sintiendo lo apretado de su interior

—Tienes un derriere precioso…—lamí su cuello de arriba hacia abajo, comenzando a excitarme yo mismo, y moviendo el dedo que le había introducido en el trasero, profundizándolo, y añadiendo otro para añadir más fuego aún y calentarle más. A esas alturas Alfred estaba rojo como un tomate, jadeando y gimiendo como si lo estuviera matando

—No aguanto más… no puedo más por favor…

Accedí a su súplica, quitándome los pantalones en un abrir y cerrar de ojos, al igual que la ropa interior, y besándole el cuello, apretándole contra mi cuerpo y entrando en el con fuerza pero sin hacerlo muy deprisa para que no sintiera dolor hasta que empecé a moverme en su interior, embistiéndole con fuerza hasta arrancarle los más deliciosos gemidos de placer, excitado por lo apretado de su interior como si me succionara, hasta que no resistí mas y acabe corriéndome dentro de el, unos segundos antes de que se corriera pero en las sábanas.

—Y así… debes… hacerlo con Arthur ¿entiendes querido? Seguro que lo harás muy feliz…

—F-francis… arigatou…—su rostro estaba totalmente sonrojado, como si no supiera si agradecerme por la pequeña clase o por lo mucho que le había disfrutado. Por mi parte, aquello había sido mucho más de lo que esperaba viniendo de él, y sorprendentemente me sentía reconfortado, y soñoliento. Acaricié sus cabellos con ternura por el hombre en el que se había convertido aquel niño al que conocía hace ya tanto tiempo, y cuando sonreí, esa sonrisa estaba llena de una profunda melancolía, solo por pensar que pudo haber pasado si él me hubiera escogido a mí en vez de a Arthur…pensamientos que alejé de mi mente, acurrucándome en la cama y quedándome dormido.


Primera persona: Gilbert/Prusia

Me había llevado al enano enojón de Lovino bajo mi brazo como si fuera un saco de papas, o mejor dicho de tomates, más que nada para molestarlo y escucharle gritar durante todo el camino a nuestra habitación, una de las últimas, al lado de la que debía ser de Francis por lo que había escrito en el pequeño letrero que había en la puerta. Para no ser menos que él tomé un marcador que colgaba de la pizarra y escribí en letras grandes "ore-sama vive aquí" y en unas más pequeñas que se hacían casi invisibles" y Lovino también"

— ¡Suéltame de una vez! ¡Hermano del macho patatas tenias que ser idiota!

— ¿tienes miedo lejos de Antonio Loviii? — le dije, imitando burlonamente la forma que usaba Antonio para referirse a él

—No digas tonterías puedo contigo sin ninguna ayuda

Estaba haciendo pucheros, como si no se decidiera entre patearme, putearme la madre o seguirse quejando, pero era obvio que el sabía lo evidente: que al menos por la fuerza no podría conmigo, eso jamás. No en balde había sido el que le enseñó a west a pelear desde que era pequeño y ahora era bastante fuerte, cosa de la que podía sentirme bastante orgulloso. Abrí la puerta con la otra mano, y lo tiré en la cama, mirando la habitación, de lo más sencilla con una cama y el espacio suficiente para nuestras cosas. No había un baño porque como la chica loca había dicho debíamos compartir uno.

—Y… ¿Qué se supone que me vas a hacer?

— ¿de qué hablas señorita? — le dije con una mueca burlona, mientras sacaba mi ropa de la maleta y la guardaba en el armario, dejándole un mínimo, realmente MINIMO espacio para su propia ropa, aunque no pareciera que se hubiera dado cuenta por el momento.

—Me traes aquí y me dejas tirad ¿me tomas por idiota? A ver ¿Qué quieres de mi?

Le miré durante unos largos minutos, preguntándome que carajos quería decir con eso. Si me proponía una alianza era una forma rara de pedirla, y no se me ocurría nada más. Me quedé así un rato hasta que se encendió un bombillo en mi cabeza

— ¿Qué crees enano que te voy a violar o algo?

— ¡Idiota! ¡No lo digas así de repente! — por la forma en que se cruzó de brazos y miró a otro lado supe enseguida que eso era lo que había pensado. Supuse que en cierta forma tenía sentido viniendo de mi, pero aun así me causaba mucha gracia. Hice como que le ignoraba solo para fastidiarle más, y me puse a guardar mis camisas y algunos pantalones y ropa interior, antes de quitarme los que cargaba puestos y quedarme con unos bóxers apretados y negros, dejando el resto de las cosas por ahí, en completo desorden. A west le daría un infarto si me viera

—Ya quita esa cara Lovinito… si te hiciera algo así… Lastimaría a Antonio y el es mi amigo, jamás le haría eso a propósito—sonreí sinceramente por primera vez en mucho tiempo, dejándole poner cara de aliviado antes de seguir hablando—Pero ya que estás aquí, Lovinito será mi almohada kesese

— ¿d-de qué demonios hablas Gilbert? ¡No seré tu jodida almohada demonios! —estaba sonriendo de una forma un tanto nerviosa, como si estuviera asustado, lo que me encantó por completo. Había sido una idea novedosa en una larga lista de ideas para fastidiarlo que próximamente alcanzaría las primeras mil por la sencilla razón de que me encantaba molestarlo, fastidiarlo y más que nada ponerlo nervioso.

—Si que los erás… este es mi cuarto y harás lo que ore-sama diga, y ore-sama dice que serás almohada toda la noche Lovinito—Me tiré en la cama de un salto, colocándome encima suyo, inmovilizándolo al sujetar sus brazos y colocar el peso de mi cuerpo sobre su pelvis arrancándole un grito, cuando se retorció como un pez fuera del agua, y al final se quedo quieto, como si se resignara. Jadeé un poco, por la fuerza que había empleado en sujetarle, con una sonrisa victoriosa en mi rostro, como cada vez que conseguía lo que quería que era siempre.

—No es tu cuarto es nues…nuestro…—aquella frase empezó como un insulto y acabó de la forma más graciosa, cuando él solito se dio cuenta de que había dicho algo muy estúpido— ¡De cualquier forma suéltame idiota sin cerebro no te soporto! ¡No puedes hacer lo que te dé la gana!

—Si yo digo que es mi cuarto lo es—lo abracé con fuerza, acurrucándome contra su pecho a pesar de sus gritos, y apretando cada centímetro de mi anatomía contra la suya, escuchándolo gimotear, aunque no sabía si era por dolor o vergüenza, y acabé rodeándolo con mis piernas, de modo que el quedó de espaldas a mí, tan cerca de mi cuerpo como podía estarlo, tanto que le sentía jadear, al mínimo roce entre nosotros. A la manera de las almohadas lo apreté por el estomago, y cerré los ojos para quedarme dormido….

—Gilbert… ¿Antonio te habla de mí? Ustedes se la pasan siempre juntos…así que, seguramente te ha dicho algo ¿no?

Aquella no era la voz del Lovino de siempre, seguro de si mismo, grosero, fastidioso y enérgico. Aquello era… ¿inseguridad? Me distraje de mi sueño, para abrir los ojos, sin mirar a su rostro no muy seguro de que me gustara lo que sea que pasara por el en esos momentos

—Si eso es lo quieres saber el siempre habla bien de ti. Te quiere mucho, se preocupa y piensa en ti a cada rato… de verdad te ama ¿sabías? Hasta cuando eres un imbécil te ama de todas formas ¿sabes? si el llega a pasarla mal por tu causa ten por seguro que me encargare yo mismo de la que pases tan mal como sea posible.

—No pretendo…que la pase mal… ni siquiera pretendía enamorarme ni nada. No quiero gritarle igual que a todos pero me hace perder la paciencia y lo golpeo y le digo cosas sin pensarlas y cuando me arrepiento no puedo disculparme porque es demasiado tarde. Yo quiero ser sincero con él, y decirle cuanto le amo, pero no sé como…—Me quedé en silencio, sopesando lo que me había dicho y sabiendo que de la respuesta que le diera dependerían muchas cosas, y probablemente repercutiría directamente en Antonio, pero demonios nunca le había dado consejos a nadie, y los pocos que había dado habían resultado en un completo desastre

—Si eso es lo que sientes por el… solo díselo, seguro le harás feliz… ¡ahora cállate y déjame dormir o te castrare mientras duermes! —con eso se calló y pude apretujarlo un poco más, tratando de no pensar en que carajos acababa de pasar y dormirme pensando en el desafío del día siguiente lo que funcionó de maravilla porque unos minutos después estaba roncando.


Primera persona: Wang Yao/China

Mi labio estaba sangrando y me ardía de forma desagradable, por lo que abrí la boca y relaje los puños que había cerrado de forma tan repentina. Esto era ridículo, el haber reaccionado de forma tan exagerada cuando me dijeron que debía compartir la habitación y de hecho la cama con Arthur, pero ¿se me podía culpar por seguir siendo un poco rencoroso? Para mí, era difícil olvidar… y aquel resentimiento que había guardado por tantos años contra él era como una pequeña espina clavada en mi corazón, casi imperceptible la mayor parte del tiempo, sin causarme dolor en lo absoluto, pero siempre presente de una forma que hacía totalmente imposible olvidar que estaba allí, como una molestia perenne y constante. Bien, yo sería neutral y no haría anda por abrir las viejas heridas pero si él quería molestarme se las vería conmigo.

Respiré profundo mientras todos se iban, con la excepción de Francis y Alfred, que se quedaron un rato hasta que Francis despertó a Alfred con un… ¿beso? Me quedé perplejo observándoles aunque probablemente ellos no me habían visto ni se habían percatado de que los observaba puesto que estaba "oculto en las sombras" a una cierta distancia de ellos. Estaba en la complicada posición de decidir si decirle o no a Arthur de aquello, aunque me decanté por permanecer en silencio, porque probablemente Francis solo jugaba como siempre, y además nada de eso era asunto mío, y no me gustaba meterme donde no me habían llamado. Di un pequeño paseo por los tres pisos de la casa, el primero ocupado entre la sala la cocina y el comedor, el segundo lleno de puertas que parecían ser habitaciones por las pequeñas pizarritas que colgaban de ellas, en las que estaban escritos algunos nombres "Ore-sama vive aquí" y debajo de eso en unas letras diminutas como patas de araña "y lovino también". En otro al lado de ese habían puesto "Salle François et Alfred" no lo entendía pero considerando el idioma probablemente lo había escrito Francis.

En el tercer piso solo había un ático muy oscuro y polvoriento, por lo que desistí antes de tropezarme con algo y bajé otra vez al segundo piso buscando mi habitación, hasta encontrar una donde en la pizarra Arthur había dibujado nuestras banderas para indicar quien vivía allí. Abrí la puerta, y entré para ver al inglés leyendo un libro con una pequeña lámpara encendida al lado de la cama y sus cosas acomodadas. Sin hacer un solo comentario empecé a guardar mis cosas y me puse un pijama de seda roja, cepillando mis largos cabellos cuidadosamente como solía hacer cada noche para evitar que se enredaran y presentaran un mal aspecto, cuando escuché un resoplido de sorna, como si acabara de ver algo muy gracioso. Me volteé y lo encaré de mala cara, aun con el cepillo en la mano

— ¿de qué te ríes aru?

— ¿te cepillas el cabello todas las noches?

—sí, ¿algún problema aru?

—No nada, solo digo que te cepillarás todas las noches como una princesita… seguro que cuentas cada cepillada y todo

—Mira quién lo dice tú que te las dabas de pirata sanguinario, pero no eres más que un principito ¿no aru? No eres más que apariencias y creerte noble y caballeroso, cuando no eres más que un embustero y un traidor.

—No me llames de esa manera de nuevo—al principio parecía que quería hacer burla de mi, pero su voz se volvió cortante y supe que había tocado la llaga, pero no pensaba retractarme

— ¿Por qué señor "pirata"? ¿Te molesta que te recuerden lo que eres? ¿O hace falta que te recuerde todo el daño que me causaste? —me di cuenta enseguida que había hablado de más, había abierto aquella herida que creía cicatrizada, y de ella había manado algo desagradable y repulsivo: mi rencor enterrado hacia ya mucho tiempo. Y era demasiado tarde para dar marcha atrás.

—Dime algo Yao, ¿todavía tienes el descaro de echarme en cara aquello? Si en tu país no compraran el opio no había forma de que lo vendiera ¿no es así? ¿No será que tratas de echarme la culpa de tus propios errores? ¿Por qué no simplemente actúas como un niño grande y aceptas la responsabilidad de tus actos?

—Tú nos obligaste a comprar y lo sabes. Llevaste a todo tu ejército, provocaste una guerra solo para obligarnos a comprar y aún hoy en día no eres más que un cobarde*

— ¡Te he dicho que no me llames así! —Vi un borrón confuso cuando su mano se estiró para darme una fuerte bofetada que me dejó una marca roja, caliente en el rostro. Jadeé y le respondí con otra bofetada igual de fuerte, pensando en aquel entonces, en todas las muertes que él había causado en mi país, y la herida se abrió de nuevo. Arthur paró mi bofetada, y le pateé con la fuerza de años de entrenamiento en el kung fu tirándolo contra el escritorio y destrozándolo por completo. Me vio con rabia, con verdadero odio, jadeando mientras la sangre manchaba su pijama, por las astillas que se le habían clavado, unas gotitas bastante superficiales, pero la visión de su sangre, de su propia sangre pareció enervarle hasta puntos insospechados, porque tomó un abrecartas y trató de clavármelo en el hombro, cuando lo esquivé con tan mala suerte que lo próximo que sentí fue un gran dolor en mi estomago… la sangre saliendo de él y luego nada…


Tercera persona

Unas horas más tarde de aquel incidente, cuando amanecía Yao estaba en una enfermería improvisada en el momento en que la presentadora se dio cuenta de que inevitablemente acabarían lastimándose o matándose de una forma u otra, y fue inaugurada cinco minutos después de que el chino fuera apuñalado en el estómago, y llegara desmayado. Arthur estaba impactado, como si acabara de darse cuenta de la magnitud de lo que había hecho demasiado tarde, y sabía perfectamente que incluso si estaba dispuesto a hacerlo una disculpa no ayudaría de nada. Estaba molesto con el chino, se había enfurecido al ser llamado cobarde, y habían comenzado a golpearse… la situación había escapado por completo de sus manos, y ahora Yao estaba en cama con unos puntos en su abdomen y muy adolorido. Arthur le miró y se fue de allí antes de que despertara pero no a tiempo para evitar ser observado por unos ojos violetas, agudos y perspicaces. El ruso podía ser muchas cosas, varias de las cuales eran consideradas merecedoras de la cárcel en la mayoría de los países del mundo, pero no era ningún estúpido, y relacionó enseguida la partida apresurada de la enfermería de Arthur con la herida que había recibido Yao. Su sonrisa habitual se congeló en una línea seria y se prometió a si mismo que se lo haría pagar.

Y cuando Iván prometía algo lo cumplía…


*una pequeña referencia a las guerras delopio, en las que Inglaterra comerciaba con China, pero al no tener nada interesante para venderles eran obligados a comerciar con plata, por lo que para aumentar el comercio empezaron a exportar el opio a China. Esó causó dos guerras para prohibir la exportación del opio hacia China, lo que acabó en la derrota de China y la pérdida de Honk Kong.

Ches: Me encanta que te haya gustado, en especial el GerIta, y deberías ver mas hetalia Francis es un amor x3

Lilith Nightray: Te agradezco el apoyo como no tienes una idea, en serio siempre serás mi beta favorita. Y si Gilbert es awesome xDD y si Lovino eran Boxers

Eclipse total: yo también vi TDI solo disimulo para evitarme demandas y que digan que me copio (?) y muchos desafíos saldrán de allí. Y see el bad friends trio tendrá una de las primeras alianzas del programa.

Jackce: Muchas gracias fan loca de ore-sama Prusia aprecia tu apoyo xD

Esto es todo por este capítulo, ya en el siguiente será el primer desafío. Recuerden comentar que este fic se muere sin reviews e e