Holaa! Aquí, en medio de todo el ambiente dieciochero les dejo el segundo capítulo. Traté de subirlo el viernes, pero estuve todo el día ocupada para una presentación de baile que tuve el sábado. ¡Fue muy linda! Pero ahora mi cuerpo me está cobrando la factura, jajaja. Estoy agotadísima. Y ahora el 18 tengo que desfilar y bailar para las fiestas patrias, me da algo de verguenza, pero tengo que hacerlo, jejej... Solo pido no tropezar y empujar a todos XD jajaj
En fin, ya me sali del tema otra vez. Ojalá les guste el nuevo capi. Seguimos con la historia de la jefa gruñona y su esclavo. ¡Ah! Hay un invitado especial que también me pidió trabajo y lo incluí en el fic. jejeje,
Bueno, a leer se ha dicho. Ya saben que hacer, amenlo, odienlo, sueñen con él, dejen amenazas y sugerencias en el buzón.
Saludos.
Bleach no me pertenece.
CAPITULO 2: DERRUMBE
Rukia conducía por las oscuras calles del centro de Tokio.
La rueda de prensa había acabado hace casi dos horas, estaba agotada y hambrienta. Tanto, que incluso consideró detenerse frente a esos carritos ambulantes que ofrecían productos de dudosa procedencia, defendiéndose con aquellos supuestos permisos de sanidad. Aunque claro, nunca lo haría, su estómago tenía que aguantar hasta que llegara a su casa.
"Todo es por culpa de ese idiota" gruñó en su mente.
Ichigo había desaparecido apenas terminó la rueda de prensa y por más que trató, no pudo contactarlo por teléfono para ordenarle que le comprara algo de comer antes de caer desmayada. Y por eso, ahora su estómago rugía como un león hambriento.
"Pediré algo para llevar" pensó al detenerse en un semáforo rojo y de inmediato llamó por teléfono a su restaurant favorito y ordenó su comida.
- o -
Dos hombres esperaban en la entrada del restaurant, uno era alto, rubio y usaba gafas de cristales rectangulares. El otro era bajito, de cabello negro y expresión tímida.
Apenas el auto de Rukia se detuvo frente al restaurant, el sujeto rubio desapareció como por arte de magia. Había reconocido de inmediato el auto de aquella mujer y lo mejor era evitarse un momento desagradable con ella y un regaño por parte de su jefe, pues ella siempre reclamaba acerca de lo impertinente, idiota o lento que era.
El otro valet miró desconcertado a su compañero rubio que huía como si su vida dependiera de ello y sin prestarle mayor atención se acercó al automóvil plateado, de cuyo interior apareció aquella pequeña mujer pelinegra que usaba un hermoso vestido rojo.
El chico le dio la bienvenida con una sonrisa y luego le pidió las llaves de su auto para acomodarlo.
—No es necesario. —dijo ella negando con la cabeza. —Me iré enseguida.
El chico la siguió y camino junto a ella hacia la entrada. Su compañero lo espiaba oculto entre los árboles, tratando de advertirle telepáticamente que no hablara más de lo necesario con ella si no quería tener problemas.
"¿Qué haces? ¡No le hables!" gritaba en su interior. "Pobre chico, aún no sabe nada de la naturaleza de las personas" pensó mientras se acomodaba los lentes.
—¿Otra vez? —preguntó el muchacho con cierta preocupación. —Debería comer en el salón de vez en cuando, sería bueno para usted. —le aconsejó con una sonrisa tímida.
El espía se horrorizó al escuchar eso. ¡Cómo podía atreverse a hablar con ella de esa manera tan poco formal! Cerró los ojos para no ver la horrible escena de ella gritándole como una loca y el chico lloriqueando como un bebé.
—Prefiero cenar en mi casa, estoy cansada y tengo muchas cosas que hacer. —respondió ella con calma. —Además así disfruto mejor la comida. —agregó con una leve sonrisa.
—Entiendo. ¿Pidió el postre de siempre? —preguntó el chico, curioso. —¿O probará algo distinto?
—Seguí tu consejo, pedí algo diferente esta vez. —respondió. —Espero que sea bueno, o a la próxima lo invitarás tú. —lo amenazó bromeando.
—No se arrepentirá. —dijo el chico sonriendo nervioso. Esperaba tener razón, pues uno de esos postres le costaría lo mismo que un día entero de trabajo.
—Ya veremos. —dijo divertida mientras el muchacho le abría la puerta del restaurant. —Vigílalo un momento, ¿quieres? —indicó con la cabeza a su auto y el muchacho asintió con una gran sonrisa.
Al cabo de unos minutos ella reapareció cargando una bolsa de papel con el estampado del restaurant en cuyo interior llevaba la cena que había encargado por teléfono. Agradecía en el alma que su restaurant favorito tuviera servicio de delivery, aunque claro, generalmente era ella misma quien iba a recogerlo, pues le quedaba de camino a su casa.
—Te haré saber si me gustó o no. —le dijo divertida mientras buscaba algo en su bolso. —Aquí tienes, gracias Hanatarou. —y le entregó unos billetes doblados cuidadosamente.
—¡Ah, Rukia-san! ¡No… no tiene que…! —el chico negaba con las manos nerviosamente.
—¡Argh! Acéptalos. —lo regañó e insistió. —Por cierto, espero que te estés esforzando en la Universidad, tienes que graduarte pronto si quieres que te contrate. —agregó sonriente y caminó hasta su auto.
El valet que estaba oculto tras los árboles miraba todo boquiabierto. ¿Cómo era que ella trataba tan bien a Hanatarou? ¿Acaso se había transformado en una buena persona? Obviamente si Hanatarou se llevaba un buen trato, él se merecía algo mucho mejor, pues él era mayor y más eficiente que aquel muchachito. Se sintió un tonto por esconderse de ella y en un acto para defender su dignidad, se levantó y corrió hasta el auto de Rukia, adelantándose a Hanatarou en abrirle la puerta.
—Gracias por su visita. —dijo el recién llegado con una sonrisa demasiado entusiasta y presumida.
Ella frunció el ceño y con una mirada de molestia hizo que quitara las manos de su auto.
Hanatarou en cambio tomó su lugar y se encargó de cerrarle la puerta. Ella bajó la ventanilla para mirar al muchacho.
—Adiós Rukia-san, espero verla pronto. —la despidió amablemente.
—Adiós Hanatarou. —se despidió ella con una sonrisa.
—Vuelva pronto Rukia-sama. —se aventuró a despedirse el otro sujeto.
La sonrisa de Rukia desapareció. Al parecer su amabilidad era solo para Hanatarou.
—No recuerdo haberte dado permiso para llamarme por mi nombre. —le dijo con molestia y dándole una mirada furiosa subió la ventanilla nuevamente y arrancó en su auto.
Hanatarou siguió al automóvil con la vista hasta que se perdió por las calles y luego dio un vistazo a su compañero que ahora estaba agachado en una pose de depresión.
—Ahh… es una linda noche, ¿verdad Iemura-san? —trató de animarlo el muchacho, pero al ver que no dio resultado decidió dejarlo solo y atender a los nuevos clientes que llegaban al restaurant.
- o -
—Maldita Rukia. —gruñó Ichigo abriendo la puerta de su departamento y estrellándola con fuerza.
Se quedó pensando por unos segundos. No recordaba por qué la maldecía ahora, tal vez ya se le había hecho costumbre, pues casi todos los días regresaba a su casa con furia contra su jefa.
Caminó hasta el comedor y dejó sobre la mesa la caja de pizza recién comprada.
Tomó un trozo y estuvo a punto de morderla cuando el teléfono sonó con un estridente pitido.
Ichigo verificó el número en el identificador de llamadas y recordó el por qué estaba molesto con ella. Ahora por su culpa tendría que discutir nuevamente con su papá y faltar al cumpleaños de sus hermanas durante el fin de semana.
Dio un suspiro y levantó el auricular, tarde o temprano tendría que decírselo a su padre.
—¿Qué quieres que haga? ¡No puedo irme así como así, tengo trabajo que hacer! —exclamó con furia a través del teléfono. —¡Claro que es un trabajo! ¡Ya basta! —contestó a lo que fuera que su padre le había dicho. —¡No puedo hacerlo! ¡No insistas, no lo haré! Yo hablaré con las chicas, tú no te metas. Nos vemos. Adiós. —y colgó el auricular con fuerza.
Ichigo se masajeó el puente de la nariz y contó hasta diez, dio un gran suspiro y regresó al comedor. Al pasar junto a la mesa vio la pizza esperando a ser devorada, pero ya no se le antojó pues el disgusto le había quitado el apetito.
Todavía con el ceño fruncido caminó hasta su habitación y se arrojó sobre la cama, sin siquiera desvestirse. Estaba demasiado cansado y solo quería dormir.
Al día siguiente.
Eran las 8:10 de la mañana cuando Ichigo llegó a la entrada del Edificio Seireitei con dos cafés en la mano. A pesar que se había decidido en comprar solo uno y ser extremadamente cuidadoso, la costumbre lo venció. Quién sabe, tal vez necesitaría otro y como dicen las abuelitas, más vale prevenir que lamentar.
Llegó hasta el ascensor y antes que pudiera presionar el botón, pudo divisar a alguien que estaba sentado junto a una de las enormes macetas a un costado de los elevadores. Normalmente eso no le importaría, pero el sujeto estaba sentado en el suelo, abrazando sus piernas y escondiendo su cara ente sus rodillas; en resumen, una pose de depresión total y sumando el abrigo sucio y desgarbado que usaba, daba la impresión de un vago o de alguien que planeaba en suicidarse.
Ichigo se sintió curioso y se acercó un poco a él para averiguar de quien se trataba. Cuando estuvo a unos pasos de él, el sujeto levantó la cara. Tenía el cabello castaño y usaba lentes de sol, pero al ver a Ichigo se los quitó de inmediato.
—¡Ichigo-kun! —exclamó el tipo con los ojos brillantes bajo una grandes ojeras. —¡Ichigo-kun, qué bueno que estés aquí! —chilló emocionado, poniéndose de pie.
—¡Ku…Kubo-sensei! —dijo Ichigo, retrocediendo asustado al ver al famoso escritor acercarse a él con intención de darle un abrazo. —¿Q-qué hace aquí? ¿Se encuentra bien?
El pelinaranja lo miró extrañado. Rara vez tenía la oportunidad de ver a Tite Kubo fuera de su oficina. El sujeto era tan ermitaño que generalmente era la propia Rukia, acompañada por Ichigo, obviamente, los que iban a verlo a él. Sin embargo, ahora parecía un hombre muy distinto al que veía usualmente.
—Ichigo-kun. —se acercó a él como un animalito herido y sus ojos se volvieron vidriosos. —¿Acaso nadie quiere que sea feliz? —le preguntó, Ichigo ladeo la cabeza, confundido. —¿Por qué me obligan a hacer cosas que no quiero? —agregó con un sollozo.
Ichigo sintió un escalofrío recorrer su espalda. No era muy agradable ver a un hombre adulto comportarse como un chiquillo.
—¿Eh? ¿De qué habla?
—¿Rukia-chan ya llegó? —preguntó e Ichigo negó con la cabeza. —¡Quiero que venga, pronto! ¡Pronto! —exclamó con un chillido y luego se sentó en el suelo, como si fuera un mocoso armando berrinche.
Toda la planta del edificio lo miraba fijamente.
Ichigo se sintió avergonzado y trató de levantar al escritor para llevarlo a la oficina de su jefa.
—¡No quiero, no quiero! —se negó agitando sus brazos e inflando sus mejillas. —Esperaré aquí a Rukia-chan, necesito hablar con ella urgentemente.
"¿Qué diablos le pasa? ¿Está drogado?" pensó el pelinaranja.
—Ella pronto llegará, Kubo-sensei. No puede esperarla aquí, el guardia no lo dejará. Vamos arriba y puede esperarla en su oficina.
El escritor lo miró fijamente y finalmente accedió.
El pelinaranja lo ayudó a levantarse y ambos entraron al elevador. Tite seguía dando pequeños sollozos, que hacían que Ichigo enfureciera un poco más con cada uno de ellos.
- o -
—Aquí puede esperarla. —dijo Ichigo abriendo la puerta de la oficina de Rukia.
El escritor se frotaba los ojos con fuerza y se sentó en uno de los sillones de la oficina. Ichigo le entregó uno de los cafés que llevaba y dejó una cajita de pañuelos sobre la mesa.
En eso el teléfono de Tite sonó y el escritor lo contestó con prisa.
—Soy yo. —dijo con una voz fuerte y decidida, en nada parecida a la que tenía antes. —Dije que no comentaría nada acerca de eso. —Ichigo lo vio fruncir el ceño y se preguntó de que estaría hablando. —No me importan esas cosas, mi historia no es de romance, así que las parejas que inventen los fans no me interesan. —dijo con voz molesta. —¡Que junten sus nombres como les plazca! ¡Ya he dicho que la temática es de misterio y aventura, no de romance! —hizo una pausa y respiró. —¡Yo soy Kubo Tite! ¿No has oído lo de la Escuela Universitaria para Trolles? ¡Pues yo fui ahí! Es mi marca personal seducir a los lectores con cosas que nunca ocurrirán, muahaha —Ichigo lo miraba fijamente y de pronto comenzó a cuestionarse el por qué ese sujeto era tan popular. —Ellos tienen la culpa por ser tan frikis y ñoños, deberían conseguirse una relación propia y no inventarle una a mis personajes. ¡Eso es todo! ¡Hablaremos más tarde! —y cortó con fuerza.
—¿Todo bien? —se atrevió a preguntar Ichigo.
—¡Bah, esos fans siempre con sus cosas raras! Pero ya sabes como son. —y dio un suspiro.
Ichigo dio una leve sonrisa y decidió retirarse.
—Eres un buen chico, Ichigo-kun. —dijo Tite de pronto. —¡Ya sé! Le pondré tu nombre al protagonista de mi próxima novela. Estoy pensando en hacer una de acción y sobrenatural, algo así como… no sé, monstruos, shinigamis, cosas así. ¿Te parece?
Ichigo frunció el ceño y masculló algo que apenas se entendió, pues en ese momento Rukia entró a toda prisa a la oficina.
—¡Tite, cariño! —exclamó con los ojos brillantes y una gran sonrisa.
—¡Rukia-chan! —chilló el escritor y corrió hacia ella para darle un gran abrazo que la pelinegra aceptó algo incómoda, pues a pesar de ser su escritor consentido seguía sintiendo cierto rechazo hacia esas muestras de afecto.
- o -
—Sigo diciendo que ese tipo está loco. —dijo Ishida una vez que Ichigo le contó lo ocurrido con el escritor. —No sé como le va tan bien, siempre juega con las emociones de las personas.
—Es cierto.
—Como en la parte en que se supone que asesinan al jefe de los mercenarios y resulta que solo era un doble. ¡Casi muero con eso! O cuando al hermano de la chica le roban sus armas y lo matan y después resulta que no estaba muerto. ¡Desgraciado! —exclamó Ishida, Ichigo solo asintió silenciosamente, aunque él también casi desfallece con esa parte de la novela.
—Seguro que vino para hablar acerca de su aparición en ese programa. Al parecer ya no quiere ir. —dijo Ichigo tranquilamente. —Y con esos cambios de humor, tampoco creo que sea buena idea.
—Es un viejo loco y huraño. Era lógico, la verdad no sé como la jefa pudo convencerlo en primer lugar.
—Esa enana es capaz de todo. —dijo Ichigo e Ishida sonrió.
—¿Quién es la enana? —se escuchó una voz y ambos chicos dieron un respingo.
—N-nadie. —respondieron al unísono.
—Ishida, ve a buscar la ilustración de la portada del libro de Yana Toboso al departamento de arte. Llévalo de inmediato a la imprenta.
—¿Eh? Pero yo no…
—Dije de inmediato. —le ordenó, el chico se acomodó los lentes y se levantó rápidamente.
—Ichigo, ¿hasta qué hora piensas quedarte aquí? ¡A trabajar! ¿No tenías muchos manuscritos que leer? Y recuerda ir al canal 5 a dejar la pauta para las preguntas de Tite.
—Creí que tú lo enviarías. —dijo Ichigo.
—Estoy ocupada ahora. Tú en cambio no tienes nada más que hacer.
—¿Qué? Yo también tengo que…
—Eso no me importa, solo ve ahora. —lo cortó y dando un elegante giro sobre sus talones desapareció de la cafetería.
Mientras avanzaba escuchaba algunos comentarios de parte de algunos trabajadores. Ella volteó a verlos con furia, los susurros se detuvieron de inmediato y todos ocultaron la cabeza.
Ichigo se levantó de su asiento y caminó hacia la salida. Al pasar frente a sus compañeros escuchó algunos comentarios de "pobrecillo", "¿cómo puede aguantar tanto?" "ella es muy mala con él", "pobre chico" y muchos más.
Ichigo volteó a verlos con una mirada furiosa y los susurros también se detuvieron de golpe. ¡Lo que menos quería era la lástima de aquellos tontos!
Los presentes quedaron en silencio por unos instantes. Esos dos eran muy parecidos.
- o -
Rukia giraba en su silla de cuero, hablando muy entretenidamente por teléfono. El mundo iba como ella quería; la entrevista de Tite seguía en pie, los libros en los que trabajaba ocupaban los primeros puestos en la lista de best sellers y cada vez más y más autores querían unirse a su editorial.
Nada podía ser mejor.
Hasta que de pronto recibió un aviso de su computadora. Al abrirlo se dio cuenta que era una video llamada y aunque no conocía al remitente decidió aceptar. En la pantalla de su notebook se dibujó la imagen de una mujer de largo cabello negro trenzado que la miraba fijamente. Rukia no lo pensó dos veces y cerró su computadora de inmediato.
Respiró agitadamente por unos segundos y el teléfono de su oficina comenzó a sonar. Sin embargo ella no se atrevió a contestar.
—Diga. —Ichigo apareció misteriosamente y levantó el auricular. Luego con un par de monosílabos finalizó la llamada. —Era esa mujer llamada Unohana otra vez. Me dijo: "dígale a esa chica que se esconde que pronto se cumplirá la fecha límite. Eso es todo." ¿De qué habla? Es la segunda vez que llama y dice lo mismo. ¿Quién es? ¿La conozco?
—No es asunto tuyo. —lo regañó. —Ahora si no tienes nada más que hacer, puedes irte.
—¿Tu no te irás? —preguntó extrañado, pues ella nunca lo dejaba ir antes. —¿Tienes algo más que hacer?
—¡Cielos! ¿Tengo que decirte todo lo que hago? — lo miró con molestia. —Dije que te fueras ya.
—Solo lo decía para quedarme a ayudarte. —se ofreció, ella abrió los ojos algo sorprendida y él se abofeteó mentalmente. ¿Por qué diablos se ofrecía a quedarse horas extra? ¿Acaso era masoquista? —Pero bueno, me voy. —y antes que a ella se le ocurriera aceptar su oferta, desapareció como alma que lleva el diablo.
Rukia quedó sola en su oficina y su mente se llenó de recuerdos. Habían pasado casi diez años y ahora todo volvía a su punto de origen. No podía volver a aquello, había llegado demasiado lejos y ya casi estaba a punto de conquistar el cielo.
"Conquistar el cielo" se repitió y sonrió ante aquella idea. Al parecer ya se le habían pegado algunas de las frases de Aizen y sus planes de conquistador.
—Lo siento, no puedo hacerlo todavía. —dijo mirando a través del ventanal que daba al corazón de Tokio. —Falta un poco más. —aunque no podía negar que extrañaba la otra parte de su vida, pero adoraba su vida actual y no la dejaría por nada. Era una mujer exitosa e inteligente que había llegado demasiado lejos como para cambiar de rumbo.
Su celular volvió a sonar, ella revisó la pantalla y vio que era su abogado otra vez. ¡Qué molesto! Había estado llamándola casi todo el día. ¿Qué acaso no se daba cuenta que si no le contestaba era porque no quería hablar con él?
Colgando la llamada nuevamente, volvió a girar en su silla y quedó frente a su escritorio. Ordenó los papeles que tenía sobre él y luego salió de su oficina, ya había sido un día muy duro, ahora necesitaba descansar.
- o -
Ichigo llegó al lobby del edificio y se encontró con un muchacho muy joven de cabello negro y aspecto frágil y tímido que miraba el panel de informaciones para encontrar una determinada compañía.
—¿Cuál buscas? —preguntó Ichigo al verlo confundido.
—Ah, la Editorial Gotei 13. —dijo el chico. —Necesito hablar con Kuchiki Rukia-san.
—Yo trabajo ahí. ¿Para qué quieres hablar con ella? —preguntó frunciendo el ceño. "¿Quién es este mocoso?" —¿Ella sabe que vendrías?
—N-no, solo vine a entregarle esto. —y le mostró un pequeño monedero con forma de conejo. —Se le quedó en el restaurant anoche y quise devolvérselo.
—Ya veo. ¿Y cómo supiste que es de ella? —le preguntó. "¿Eh? ¿Restaurant?" replicó en su interior.
—Lo reconocí, siempre la veo cuando lo saca de su cartera, ¿podría subir a entregárselo?
Ichigo se rascó la nuca. No sería buena idea dejarlo subir.
—Es mejor que no lo hagas, por tu bien. Para variar está de mal humor y podría desquitarse contigo. —señaló rodando los ojos. —Déjamelo a mí y yo se lo daré mañana cuando ya no esté poseída.
El chico lo miró confundido.
—¿Poseída? Pero si Rukia-san es muy amable. —la defendió.
Ichigo estuvo a punto de reírse en su cara. ¡Qué chico tan ingenuo! Pero se aguantó, pues tal vez el muchacho se pondría a llorar si se burlaba de él.
—Hanatarou, ¿qué haces aquí? —se escuchó la voz de Rukia tras ellos.
El chico corrió hacia ella y le entregó el monedero de conejo. Ichigo vio como se le iluminaban los ojos al recibirlo y le daba al chico una tierna sonrisa.
"E-e-está sonriéndole" pensó, impactado por aquella revelación.
—Ya es muy tarde, vamos, te llevo a tu casa, Isane debe estar preocupada. —le dijo y a pesar que el chico trató de negarse, terminó aceptando.
"¡Lo va llevar a su casa!" chilló Ichigo en su interior. Por un momento algunos pensamientos pervertidos cruzaron su cabeza, pero no podía ser. ¡Rukia no podía estar interesada en un chico que apenas había dejado el cascarón! ¿O sí?
—Rukia, ¿de dónde lo conoces? —preguntó el desconcertado Ichigo.
—Eso tampoco es tu problema Ichigo. —lo regañó. —Ahora mueve tu trasero y lleva esa lista al canal 5, te esperan en veinte minutos.
—¡Es imposible! A esta hora y con el tráfico…
—Entonces sugiero que corras. —se burló.
—¿Correr? No llegaría a tiempo.
—Por cierto, acaba de llegar un fax de tu padre diciendo lo mal hijo que eres al no ir al cumpleaños de tus hermanas el fin de semana. —comentó ella sin mucho interés y le extendió la hoja de papel. —Qué desconsiderado eres, Ichigo.
"Maldita" gruñó Ichigo y tomó el papel con ganas de arrugarlo para lanzárselo a la cara. Era por su culpa que no podría visitar a su familia y ahora se atrevía a burlarse de él.
Hanatarou los miraba con interés.
—Como sea, ahora vete, ya te quedan quince minutos. — y sin decir más se alejó del pelinaranja.
Hanatarou se despidió con una sonrisa nerviosa y siguió a la pelinegra.
"Maldita bruja" gruñó y caminó hasta la otra entrada. Tendría que tomar un taxi si no quería llegar tarde.
Rukia subió a su auto y Hanatarou la miró con preocupación. Había algo en su cara que decía que estaba pasando por un mal momento. Él era uno de los pocos que conocía su lado frágil, pues ella se lo ocultaba a todo el mundo, pero increíblemente con aquel muchacho podía sentirse cómoda y hablar abiertamente, a pesar de los casi 10 años de diferencia. Se conocieron cuando ella lo ayudó a defender a su prima de unos clientes abusadores y desde ese momento se hicieron amigos. Podría decirse que él y su prima Isane, quien trabajaba de garzona en el restaurant, eran los únicos amigos que tenía en Tokio y en ocasiones pasaba las fiestas familiares con ellos, pues también vivían solos y no tenían a nadie más.
—Rukia-san, ¿se encuentra bien? —le preguntó. Ella volteó a verlo y sus ojos le confirmaron lo que pensaba. —¿Qué le pasa?
—No es nada. —dijo, pero el chico insistió hasta que ella tuvo que contarle. —Verás…
Al día siguiente.
—Deberías comprarte un auto, Kurosaki. —lo regañó Ishida mientras salían del ascensor. —Siempre llegas con el tiempo justo y eso que eres el único que entra a las 8:30. —movió la cabeza negativamente.
—Cállate, sabes que siempre tengo que hacer muchas cosas antes de venir aquí. —le recordó y el chico asintió.
—Supongo que tienes razón, pero aún así deberías comprarte un auto. O a la próxima de cobraré el pasaje. —bromeó.
—Bah, yo no tengo tanto dinero como tú. —se burló e Ishida frunció un poco el ceño.
—Idiota, yo ya no tengo dinero. —declaró.
Ambos se sostuvieron la mirada y dieron un teatral suspiro.
—Por cierto, ¿por qué viniste tan temprano? Son las 7:50.
—Tengo que llamar a las chicas. —respondió Ichigo con cierto pesar.
—¿No podrás ir? —preguntó el chico de lentes e Ichigo negó con la cabeza.
—No te preocupes, seguro que te entenderán.
Ichigo asintió sin muchas ganas y luego encaminó sus pasos hasta su escritorio, pero antes tenía que dejar los encargos de Rukia y su estúpido café.
Antes de entrar a la oficina miró el dibujo en el vaso y por milésima vez se pregunto como a una mujer adulta, exitosa y… bruja como Rukia podía gustarle ese tonto conejo.
"Le gustan mucho las cosas infantiles" pensó Ichigo y al instante la cara del chico de anoche apareció en su mente. Sacudió su cabeza con fuerza y trató de no pensar en eso. No sabía por qué, pero imaginar a Rukia junto a ese chico le causaba un malestar en el estómago, tal vez era por la diferencia de edad o por el terrible genio de Rukia junto a un chico de aspecto frágil y tímido.
—¿Madrugaste Ichigo? —preguntó Rukia, girando en su silla para verlo a la cara.
Ichigo dio un respingo y palideció. ¿Por qué estaba a esa hora ahí?
—¿A qué hora llegaste? — le preguntó sin ocultar su sorpresa.
—Poco después de las 7. —respondió girando en su silla otra vez y dándole la espalda.
Ichigo se sorprendió, eso no era normal. Probablemente algo le había pasado, aunque claro, ella jamás se lo diría.
—¿Por qué tan temprano?
—Nada especial. Solo quería pensar.
—¿Estás bien? ¿Quieres que haga algo por ti? — se ofreció sin saber muy bien por qué.
Ella volteó a verlo con molestia.
—No. —frunció el ceño al ver la expresión de Ichigo. —Y si quisiera que me miraras con lástima te lo pediría, tarado. —le gruñó.
"Perra" pensó Ichigo en su interior. La escasa, muy escasa preocupación que sintió por ella se esfumó con ese último comentario.
—¡Teléfono! —exclamó ella, chasqueando los dedos y apuntando al aparato que sonaba.
—¡Lo sé! — Ichigo no pudo contenerse de alzar la voz.
Antes que ella comenzara a gritarle, Ichigo contestó el teléfono.
—Sí, está aquí. —dijo. —No, no me dijo por qué. Está bien, le diré.
Al cabo de unos segundos colgó y se acercó a ella.
—Te llaman de arriba. —informó. —Ukitake-san y Kyoraku-san quieren hablar contigo.
—¡Rayos! —se quejó. —¿Qué hacen aquí tan temprano? Y justo ahora que hay tanto trabajo. —lo pensó por unos segundos y se levantó. —Escucha, en 10 minutos sube a buscarme. — le ordenó. —Inventa cualquier excusa que se te ocurra. —y salió de su oficina.
- o -
Rukia llegó al piso 19, el último piso del edificio, en donde estaban las oficinas de los dueños de la Editorial, el auditorio y algunas salas de reuniones.
Ella ni siquiera le prestó atención a la secretaria que la saludaba amablemente mientras le abría la puerta.
—¡Buenos días Rukia! —saludó enérgicamente un hombre de cabello blanco; Ukitake.
—Buenos días Rukia-chan. —la saludó el otro, un hombre de cabello negro largo y barba, cualquiera que lo viera diría que se trataba de un vago al que acababan de vestir con un traje.
Ella se estremeció un poco ante el saludo de Kyoraku. Nunca le había agradado la familiaridad con la que ese tipo trataba al personal femenino. En su opinión era casi igual de pervertido que ese viejo de Jiraiya.
—Buenos días. —respondió ella. —Díganme, ¿en qué puedo ayudarlos?
—Primero que todo, queríamos felicitarte por convencer a Tite de aparecer en el programa de Matsumoto. —dijo Ukitake con una gran sonrisa. —Vimos el anuncio en el canal 5.
—Una gran hazaña sin duda. —agregó Kyoraku.
Ella sonrió complacida, Tite Kubo era su escritor consentido y a la vez el más huraño de todos. Jamás daba entrevistas, nunca iba a firmas de libros y menos a programas de televisión. Pero cuando surgió la idea de promocionar su último libro en el programa de Matsumoto Rangiku, un show de entrevistas y variedades muy popular, ella hizo uso de todas sus dotes de persuasión. ¡Y a fin de cuentas, Tite había aceptado! Claro que el día anterior tuvo una de sus muchas crisis existenciales y trató de arrojar todo por la borda, nuevamente pudo convencerlo.
—Gracias. —dijo ella. —Pero supongo que esta reunión no es para felicitarme, ¿o sí? ¿O acaso es sobre un aumento? – bromeó.
El semblante de los hombres se oscureció.
—En realidad es algo más preocupante. —dijo Ukitake con voz grave.
—¿Qué? ¡No me digan que Aizen se adelantó y nos ganó a ese nuevo escritor! ¡Miserable! A pesar que dijimos que no acosaríamos al chico y esperaríamos a que él decidiera.
—Ehhh… no, no eso. —negó Ukitake.
—¿Entonces? ¿Acaso el lanzamiento del último libro de Icha Icha Paradise va mal? ¡Eso no es posible!
—No, no, tampoco es eso. Ese libro va muy bien, Jiraiya-sensei está muy agradecido contigo. De hecho te envió esas flores. —dijo Ukitake, apuntando a un hermoso arreglo floral que esperaba sobre la mesita de centro.
—Viene con una tarjeta que pide una invitación a cenar. —agregó Kyoraku. —¡Ah! Pero… pero no es que la haya leído, solo… cayó abierta en el piso y… pues, la vi sin querer.
Una gotita cayó por la cabeza de Rukia.
—¿Qué es lo preocupante entonces? —preguntó ella, confundida. Todo lo referente a su trabajo iba bien y no había nada más importante que eso.
—Esto no es fácil de decir, así que lo diré de una vez. —la voz de Kyoraku de pronto sonó seria y preocupada. —Tu abogado nos llamó anoche, tu visa de residencia fue denegada y tienes que regresar a Corea dentro de una semana.
Rukia quedó en blanco y de pronto la oficina comenzó a girar alrededor de ella. Se sentía tan mal como aquella vez que se intoxicó con la comida e Ichigo tuvo que cargarla hasta el hospital.
—¿Q-qué?
—Tienes… que regresar a Corea dentro de una semana. —repitió Kyoraku con expresión triste.
—N-no…—su respiración se agitó y le temblaron las piernas.
No podía creer lo que acababa de oír. ¿Iba a ser deportada? ¿Tendría que regresar a Corea? ¿Qué pasaría con su carrera? ¿Con todo lo que había logrado en Japón?
No, no podía estar sucediendo algo como eso.
chan chan! Espero que les haya gustado. ¿Qué le pasará a Rukia ahora?
Nos leemos pronto.
Matta ;)
