CAPITULO DOS.

ALIANZAS.

Primer día de vigilancia y Hinata ya se había dado cuenta que no sería tarea sencilla. Sasuke tendía a escapársele cada cinco minutos y eso a la heredera del clan Hyuuga ya la estaba desesperando.

Primero fue durante el entrenamiento matutino, luego mientras entraba a comprar víveres, después cuando entró a las instalaciones del cuartel, y fue en esa parte donde el pánico la hizo presa… pero calmándose un poco, fue a los archiveros rogando por que el idiota no hubiera roto el trato con su capitana.

Afortunadamente, Sasuke había optado por divertirse a sus costillas, puesto que siempre que se le perdía de vista, aparecía a unos cuantos metros detrás de ella. Mofándose de su inexistente habilidad cómo espía.

Para esas horas del día Hinata ya estaba lo suficientemente harta como para intentar desaparecer por completo al clan Uchiha. Sakura se las iba a pagar, ¿tan de pronto ella tenía que hacerse cargo de vigilarlo?

"No romperé ningún maldito trato" la voz del moreno sonaba irritada "¿podrías dejar de acosarme?"

"Estoy cumpliendo ordenes. Si tienes algo que reclamar, que sea a Haruno…" su voz sonó igual de fastidiada.

"¿Desde cuando tan obediente, Hyuuga?" Detuvo su andar y encaro a su sombra.

"Ni tú ni yo estamos felices con esto, ¿Por qué mejor no lo haces más pasajero para ambos y te limitas a quedarte en tu departamento?"

"¡No romperé el trato!" gritó exasperado.

"¡Cumplo ordenes!"

"¡Anda a cumplirlas a otro lado!"

"Mientras estés aquí, yo permanezco aquí. No discutiré más el asunto… supéralo y vive con ello por tres días."

"Serás…"

"No. No soy Sakura, así que ni lo intentes…" Hinata se notaba molesta. Cualquiera ya hubiera cerrado la boca y darse por vencido ante aquella mirada; pero el Uchiha era demasiado obstinado cómo para dejarla ganar.

"¡Sólo mantente lejos!" De pronto una amplia sonrisa se hizo presente en el rostro de la Hyuuga.

"Cómo gustes…" dio un paso hacia atrás y desapareció envuelta en una cortina de humo. Sasuke gruñó y prosiguió con su camino. Aún debía de encontrarse con Kakashi.

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La capitana junto con su escuadrón se mantenía de pie. Expectantes ante lo que el kazekage estaba por decir.

Gaara pasaba los ojos por aquél pergamino de manera rápida y sólo una vez alzó la vista para fijarse en el escuadrón que lo esperaba en silencio. Torció el gesto; detestaba cuando tenía que tomar una decisión tan importante en un plazo de tiempo tan exasperadamente corto.

Le debía demasiado a Konoha y sobre todo a Naruto… y este asunto tenía que ver con él de manera indirecta. Incluso muerto Uzumaki no dejaba de ser alguien difícil de ignorar.

Pasó su mirada negra de nuevo por aquellos garabatos.

La decisión ya estaba tomada y no habría marcha atrás.

Se dirigió hacia su escritorio y sacando un rollo de papiro, una botellita de tinta y su pluma, comenzó a redactar la respuesta.

Lo supo desde el instante en el que se enteró de la muerte de Segawa, supo que las cosas se pondrían tensas dentro de la hoja. No pudo evitar pensar en lo que su padre hubiera hecho; lo más seguro, lo más lógico: aprovecharse de esa debilidad. Pero él no era su padre, él sí sabía lo que era la lealtad y el honor. Estaba en deuda con Konoha y lo estaría hasta el último de sus días, y buscaría la forma de pagar esa deuda, porque él era Sabaku no Gaara, quinto Kazekage de la aldea oculta de la Arena.

"Está es la respuesta" les dijo a los ANBU sin ceremonia alguna. La capitana se acercó para tomar el pergamino que ya se encontraba sellado. Al tocar dicho objeto, sus subordinados comenzaron a salir de la oficina esperando firmes en la puerta. El Kazekage hizo una mueca divertida y por primera vez miró directamente a la máscara de la kunoichi "es bueno saber que tu maestra nos sigue tomando en cuenta"

"Y es bueno saber que usted aún nos recuerda"

"Dile que lamento no haber ido personalmente al ultimo llamado, pero me resulta difícil pisar la aldea sin Naruto ahí."

"Al igual que a muchos…" realizó una reverencia corta y se dispuso a salir.

Tsunade sonaba algo tensa en aquel papel, y no era para menos. No todos los días tienes que deshacerte de tus consejeros. Él sabía lo que era la presión de una posible revuelta interna… y también conocía un poco de la historia oculta de los ancianos de la hoja, lo que nunca se imaginó es que alguien consiguiera las suficientes pruebas como para destronarlos.

La sannin se encontraba en una posición muy peligrosa; pero sin duda era heredera del primero y digna alumna del tercero. El pergamino confirmaba lo que Gaara siempre había sospechado desde que comenzó a tratarla como aliada: Tsunade era muy astuta.

Ahora sólo le quedaba hacer su parte y demostrar la misma agudeza.

Después de todo el Uchiha nunca le había caído mal y sabía que cuando ese apellido estaba de por medio, otros dos también salían a relucir: Uzumaki y Haruno… pero ahora Naruto no podía hacer nada, así que le correspondía a él tomar su lugar; porque aún se sentía en deuda con el portador del Kyuubi… y sobre todo, agradecido.

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El frío de la celda era algo a lo que ya se había acostumbrado. También la falta de luz y la poca compañía… después de todo él era un hombre duro y con una voluntad firme; y lo mejor de todo, era que sabía, que no tardaría mucho tiempo más dentro de ese lugar. Porque los ancianos de Konoha eran unos miedosos y porque ellos también deseaban lo mismo: el poder.

Tsunade podría tenerlo ahí el tiempo que quisiera, pero aún en las sombras su control sobre una fracción de los ANBU no mermaba, porque después de todo, la RAÍZ existía por y para él.

No importa cuanto tratasen de engañarse en aquel sueño de convivencias y alianzas, el mundo shinobi no era un mundo de paz y amor. Ellos eran igual que bestias, impulsadas por sus instintos, y sus instintos le gritaban fuerte y claro, y él no se resistía a ellos… al igual que muchos otros ahí afuera.

Había que ver a esos tontos jugar a la hipocresía.

Algo que había aprendido a punto de golpes es que no sólo los ANBU usaban máscaras y que comparados con las demás, las de los ANBU, no eran las máscaras a las que más se debía de temer.

Cerró los ojos y aspiró el olor de aquellas celdas.

Olor a sangre.

Olor a muerte.

Olor a traición.

Olor a él…

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Sasuke soltó un gruñido sordo por tercera vez en menos de media hora. Esa maldita sensación de estar siendo vigilado por alguien lo ponía de un humor de los mil demonios. Y lo peor de todo es que sabía a la perfección quién lo vigilaba.

Hyuuga, Hinata.

Ciertamente estaba cumpliendo con su petición: se encontraba lo más lejos posible de él; pero la muy descarada también estaba siguiendo las órdenes de Sakura: lo estaba vigilando…

"Maldito Byakugan" miró hacia donde sentía la presencia y a pesar de sólo encontrarse con el tumulto de gente que hacía sus labores normales, puso su peor cara de asesino.

Sabía que podía verlo, pero lo que él no podía ver, era la completa mueca de burla, malicia y disfrute que la ojiperla tenía plantada en la cara.

"Maldito orgullo el tuyo…" le respondió desde el árbol en donde estaba encaramada. No hacía falta escucharlo, podía leerle a la perfección los labios.

Vigilar al Uchiha no era tan malo después de todo. Ahora entendía porque Sakura lo disfrutaba tanto… hacer rabiar al idiota era una sensación muy placentera.

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Bueno, pues este es el segundo capitulo. Realmente creo que esta muy corto (como la mayoría de lo que he estado escribiendo últimamente) pero es que no logró extenderlo más… además de que tengo miedo de por hacerlo tan largos, me salga de la idea original y comience a dar vueltas en círculos.

Pues espero que les este agradando.

Y ya saben el botón verde debajo de estas líneas, desea que le hagan clic… obedézcanlo. Mi musa quiere Reviews… y yo también.

Por cierto, disculpen los errores de dedo garrafales que el capitulo anterior tenía. Prometo componerlo en cuanto pueda. Y si ven alguna falta de ortografía no sean malos y avisen, a veces por más que leo no logró verlas o tengo tanta prisa que ni lo reviso. Disculpen de nuevo.