Todo estaba en completa oscuridad, era de suponer debido a que ya eran pasadas las once de la noche. Hoy era Jueves, mañana la azabache tendría que ir a clases y seguramente estaría muerta de sueño. Pero... algo extraño estaba pasando.

Ella recordaba que se había acostado. Incluso recordaba haberse colocado su pijama y haberse metido en su cálida cama. Pero... parecía que se había vuelto loca, porque no estaba ahí. Al contrario, al estirar su mano pudo notar que llevaba su saco negro de siempre y si observaba hacia abajo, veía sus pantalones rosados. Lo más llamativo de todo, es que estaba en la calle.

Su visión tenía que esforzarse un poco, ya que la oscuridad reinaba. Pudo distinguir unos cuantos edificios y muy cerca había un parque. Algo que llamó su atención fue un ruido, el cual la hizo saltar hacia atrás. Quería correr, pero su cuerpo estaba paralizado. Era como si si cerebro no quisiera hacerle caso.

Una ráfaga de viento se hizo presente, y en ese momento pensó que se encontraba en un sueño, porque vio algo que la dejó completamente impresionada. Una criatura que podría medir aproximadamente dos metros la estaba observando, era similar a un zorro, aunque tenía detalles femeninos, como sus largas pestañas. Esa criatura la estaba observando con curiosidad, no despegaba sus ojos de Marinette.

Marinette por instinto, retrocedió otro paso. La criatura se quedó ahí, no hizo nada.

Hasta que de la nada, una chica que llevaba una capucha anaranjada apareció ahí, al lado de la criatura. Se sacó su capucha y Marinette pudo distinguir a una de sus compañeras de clase, Alya. La confusión afloró su rostro. ¿Por qué Alya de acercaba tanto a la criatura?

—Trixx, ya sabes qué hacer —la voz de la morena más que nada sonó como una orden. Marinette no tuvo tiempo a reaccionar, la cristura similar a un zorro se acercó a ella y tocó su frente. Por un instante, todo se volvió completamente negro. Hasta que al abrir sus ojos, se vio a sí misma en el fondo del agua, se estaba ahogando y no podía nadar a la superficie. Lo que más le asustó, fue que a pesar de ello, aún podía ver a Alya mirándola con superioridad.

—¡AH! —pegó un grito y se sentó. Al ver bien su alrededor, se dio cuenta de que ahora sí se encontraba en su cama. Suspiró de alivio y se levantó.

Se dio una ducha, y al estar lista se vistió. Se colocó un pantalón de jean que era dos tallas más grande que ella, su camisa blanca con flores y encima de todo eso, un polerón de color negro, con una capucha. Ocultó sus coletas en la capucha, se observó en su espejo una última vez y se encorvo lo que más pudo, dando una expresión despreocupada a su reflejo. Sonrió al darse cuenta de que estaba lista, ¿o debería decir listo?

De su escritorio sacó un pequeño bolso de color café oscuro y ahí estaban sus bebés. Las cartas Kwamii. Se dice que desde hace mucho tiempo han existido, solo que antes eran pocos quienes podían tener acceso a ellas, y no a muchos les interesaban. Solo que, desde el año pasado se volvieron muy populares y ahora era difícil que alguien no conociera o tuviese esas famosas cartas. El único inconveniente era que los hombres pensaban que era algo que solo ellos deberían tener, ya que era un poco mal visto que las mujeres jugarán con ellas. Por eso Marinette había decidido crear a "Marion" para poder jugar sin tener ningún inconveniente.

Y de hecho, jugaba con dos compañeros de su clase. Nino y Kim. Nino era muy bueno en el juego, tenía sus trucos secretos y eso lo ayudaba a ganar casi siempre. Por otro lado, Kim era malísimo. No sabía bien cómo jugar, pero de todas formas, ahí estaba él.

Acababa de jugar una partida contra sus amigos, y como era de suponer, Nino había sido él ganador.

—¿Dónde estudias tú, Marion?

Ese era uno de los inconvenientes de tener una personalidad inventada. Tener que mentir con algunos detalles, y recordar todas las mentiras. Marinette odiaba las mentiras y se sentía sucia cada vez que mentía. Por eso, cuando era Marion se dedicaba solo a jugar, intentaba evitar hablar de su vida. Por eso para los chicos Marion era todo un misterio.

—¿Por qué quieres saber eso? —hizo la voz más ronca posible.

—Porque eres todo un misterio —respondió Nino mientras guardaba sus cartas. En eso, una de las cartas se cayó, y Marinette la tomó. La vio y en ella había una especie de pavo real. Esa carta siempre había sido llamativa, debido a que la criatura lloraba. Era la única carta que representaba una emoción negativa.

—¿Por qué creerán que esa carta llora? —los chicos suspiraron con cansancio y observaron de mal modo a Marion —, no me miren así. Es solo que es curioso que está sea la única criatura que demuestre una emoción negativa, y no pueden negarlo —se defendió.

—Amigo, esas son solo cartas. No hay nada que entender, simplemente se juega y se gana. Nada más —Kim siempre veía la vida de un modo tan sencillo, eso era un poco molesto.

—¿No sería genial si los Kwamiis existieran en la vida real? —ante ese pensamiento, sus amigos se rieron de ella y le dijeron lo absurdo que era su pensamiento. Cuando Nino vio la hora, se despidieron y se fueron corriendo a clases. Ella por su parte, se quedó en el lugar donde jugaban, se escondió detrás de un gran roble y ahí estaba escondida su mochila. La abrió y sacó sus prendas habituales, se sacó el enorme pantalón y se colocó su pantalón rosado. Sacó el gran polerón negro y se colocó su chaqueta, arregló su cabello de pasada. Dejó la vieja y café mochila en ese escondite y tomó su mochila rosada. Guardó en ella sus cartas Kwamii y salió del escondite.

En el camino hacia el colegio, vio a Nathaniel. Él es un chico tímido, pero amable. No tiene muchos amigos debido a su timidez, y casi siempre se le ve dibujando.

Ella se acercó a él y vio que estaba dibujando algo que parecía ser un dinosaurio, solo que recién comenzaba con su dibujo y apenas se podían distinguir bien todos los detalles.

—¿Y ese dinosaurio? —la voz de la azabache lo hizo dar un salto.

—¡Mari, me asustaste! —ella se rió y le dio una palmada en el hombro amistosamente. Él le sonrió y luego observó avergonzado su dibujo —, es solo un dibujo... —parecía incómodo.

—Eso lo sé, Capitán Obvio —él rodó los ojos y ella rió —. Mm... ahora que lo veo bien, parece un Kwami —al notar la repentina tensión en el cuerpo del chico, se dio cuenta de que había dado en el clavo —. ¡No puede ser! ¡quisieras tener un Kwamii en la vida real, como yo! —ella estaba emocionada.

—Marinette, los Kwamiis no existen solo son parte de un juego de cartas. Un invento, algo nada realista —Kim había dicho, ambos fijaron su atención en él. Nathaniel se escondió lo mejor que pudo en su asiento, pero Marinette se cruzó de brazos.

—¿Y quién dice que uno no puede imaginar? Aún somos jóvenes y si queremos pensar en cosas irreales, podemos hacerlo. Todos tenemos derecho a creer en lo que queramos —Nathaniel observaba con impresión como ella se defendía sin la necesidad de esconderse en el asiento, ella defendía su ideal sin sentir ni una pizca de vergüenza.

—La hija de los panaderos, la chica con más imaginación del lugar —Chloé la miró con molestia, mientras tocaba el puente de su nariz —. De por sí eres pobre, ahora no deberías avergonzarte a ti misma defendiendo un juego con criaturas que ni siquiera son reales.

—La imaginación y los amigos imaginarios son habituales en los niños pequeños. Una chica de trece años no debería hablar tan abiertamente respecto al tema —había sido la opinión de Max.

Marinette dejó que todos siguieran hablando respecto al tema de los Kwamiis y la imaginación, después de todo, era su problema si prefería creer que ellos eran reales o no. Ella sabía bien lo que pensaba.

Sintió una mirada clavada en ella, y al levantar la mirada se encontró con los desafiantes ojos de Alya. Para ella fue como revivir lo que ella aún no estaba segura si había sido una pesadilla, o no... por un momento, se sintió ahogada y sintió la piel helada, era algo insoportable.

Nathaniel tocó su hombro y volvió a la realidad.

—Aún no está terminado, pero por ahora lo llamó Dilu, quizás más adelante cambié su nombre. Tiene la apariencia de un dinosaurio porque ellos son fuertes y eso los hace poderosos. Él tiene la habilidad de dibujar, y todo lo que él dibuje, se hará realidad —Nathaniel parecía avergonzado, pero aún así, explicó todo eso. Ella le sonrió emocionada.

—¡Dilu es sorprendente! ¡tiene poderes asombrosos y es muy lindo! —él afirmó más fuerte su dibujo, un poco avergonzado —. Hola, Dilu —ella le habló al dibujo con ternura —. Tú creador tiene suerte de tenerte, estoy seguro de que vivirán grandes aventuras.

Nathaniel sintió algo de tristeza por Marinette, así que tuvo una idea para que ella pudiera animarse un poco.

—¿Por qué no dibujas tú propio Kwamii?