Deseo aclarar que la historia es de mi completa autoría.
Los personajes son de CCS y yo meteré personajes en ciertos momentos. Los cuales reconocerán fácilmente.
Ahora sí, a leer...
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La vida sigue...
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Capítulo 2:
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Shaoran dejó de mirar por la ventana y se concentró en sacar de su maletín un viejo celular negro.
No sabía por qué hacía lo que hacía. No sabía por qué se encontraba marcando ese número después de tanto tiempo.
Tal vez ni siquiera fuera el mismo de hace 8 años, tal vez lo fuera. Como sea, sabía que si tenía la oportunidad de hablar con ella por teléfono y concretar una cita, su estancia en ese país tan lleno de recuerdos para él se haría más corta.
En su antiguo celular, ella seguía siendo la tecla número uno en la marcación rápida. Tecleó una vez y esperó el tono. Uno, dos, y tres timbres y de inmediato lo mandaron con la operadora. El número se encontraba ocupado. Marcó nuevamente y nada, seguía ocupado. Aventó el teléfono al asiento de al lado y se dejó caer en su sillón de primera clase.
Ella claramente seguía utilizando ese número, pero tal vez se hallaba muy ocupada en esos instantes. No, ¿a quién engañaba? Tal vez ella ni verlo quería. Y con justas razones.
Minutos después de haberse rendido, la azafata indicó por el altavoz que se hallaban a punto de aterrizar y que lo más conveniente era que utilizaran los cinturones de seguridad. Siguió con la rutina y muy pronto se encontró en Tokio.
Su primer movimiento al haber pisado tierra nipona fue dirigirse a la estación de autobuses. Volvió a presionar la tecla uno de su celular y lo acercó a su oído. Está vez el celular se hallaba fuera del área de recepción.
Se desanimó enormemente. Ella no quería verlo más, sin embargo, él deseaba aclarar todo lo ocurrido. No se daría por vencido. Le debía una disculpa a esa chiquilla. Le debía aunque sea una última vez. Incluso, estaba considerando serle infiel a su prometida con tal de lograr que Sakura lo perdonara.
Al pensar en eso, sonrió tristemente. La recordaba humillándose ante él por cualquier cosa. Él había convertido a un hermoso ángel en una criatura sedienta de carne. Su carne.
Un escalofrío le recorrió la espalda y le ofreció un cosquilleo de placer.
Salió de su ensoñación al escuchar un autobús estacionándose frente a él, completamente vacío a excepción del conductor, quién amablemente le dijo que podía abordar cuando así lo deseara. Al dar el primer paso, Shaoran sintió otro escalofrío, pero esta vez no fue de placer, sino de nerviosismo.
Se detuvo en seco y se relajó. Se sentía como la primera vez que había pisado suelo japonés. Se dijo que aquello era únicamente un reflejo del cuerpo, algo involuntario.
Caminó con paso un poco inseguro y abordó el autobús. Algo en su estomago no dejaba de molestarlo, era como una especie de sensación incomoda que no lo dejaba respirar en paz. Se llamó estúpido y se obligó a calmarse. Su comportamiento no tenía sentido y aquella sólo sería una visita simple a Tomoeda.
No lo podía creer, estaba frenético desde que bajó del autobús en el parque pingüino. Aún con su imponente cuerpo, se sentía disminuido a nada y no tenía razón de ser. A su mente le llegó una pregunta que al pensarla con detenimiento, lo dejó helado:
¿Seguía amándola?
Inmediatamente frunció el ceño y sacudió ligeramente la cabeza. Aquello, no podía ser verdad. Simplemente sentía nervios, sentía un pequeño remordimiento por lo que hizo, que al encontrarse de nuevo esperaba que ella lo odiara.
No le molestaba el odio de la gente. Anteriormente fue muy odiado por diversos grupos sociales y él mismo alardeaba enormemente de disfrutar ese odio. Lo que lo encajonaba bastante, era el simple hecho de saberse odiado por la mujer que un día amó desesperadamente.
Respiró hondo.
La casa de su antigua novia de preparatoria quedaba no muy lejos del parque y sólo era seguir una pequeña vereda, girar a la izquierda, caminar 5 cuadras sin retornar ni una sola vez y llegabas a la bella y hogareña casa amarilla.
Una gota de sudor resbaló por su frente. No estaba haciendo calor en absoluto. Le irritaba saber que recordaba perfectamente el camino a casa de su ex novia.
Pensándolo bien, cómo podría olvidarlo, si tantas veces lo recorrió para llevarla al colegio, traerla, sacarla a pasear, regresarla, ir a hacerle el amor… y todo eso durante 4 años, desde que recordaba.
Se obligó a pensar que todo había cambiado. Era ya un hombre, muy fuerte y muy recto; educado, comportado. Si se dejaba vencer por la situación acabaría metiendo la pata. "Ella está destrozada por ti, si cometes cualquier error, ella podría malentenderlo". Pensó.
Cuadró los hombros y con determinación comenzó a caminar por el parque hasta llegar a la vereda de cerezos.
Aspiró el dulzón perfume de aquellos árboles y su mente le trajo aquella imagen tan repetida en la que solía espiarla, mientras ella, inocente de todo, bailaba con gracia, sin importarle los pétalos que caían sobre ella, y la luz que bañaba su blanca tez y su cabellera de miel.
Frunció el ceño. Locas ideas se le estaban viniendo a la cabeza. Tal vez era el no haber dormido bien… ¿A quién engañaba? Funcionaba con menos sueño que cualquier humano promedio. Debía dejarse de tonterías cuanto antes. Atravesó la vereda demasiado rápido para ya no imaginar nada y llegó a las cuadras. Solía pasearla entre éstas con su BMW negro del año a gran velocidad mientras ella lloraba asustada y él reía despreocupadamente. Eran tan felices aquellos días…
"¡Basta! No continuaré con esto, me daré media vuelta y me iré", no soportaba el saberse débil, no después de tanto tiempo llevando las riendas de su ahora exitosa vida. Iba a darse la vuelta, pero lo pensó mejor. No se fue, siguió caminando hacia adelante, con toda la determinación de la que era capaz –o mejor dicho, la que le quedaba –.
Caminó sin detenerse hasta divisar la casita amarilla y cuando finalmente estuvo frente a ella se congeló. No había cambiado, el pequeño hogar seguía como lo recordaba, sólo que las flores amarillas habían sido sustituidas por un manto de claveles rojos.
Se acercó un poco más y notó al hermoso Golden Retriver que un día fue su más arduo rival en cuestión de amores; Kerberous. El viejo perro notó su presencia. "Tan ágil como siempre" pensó el castaño. Kero se levantó lentamente de su sitio y se acercó a él. Se dejó acariciar, cosa que al castaño tomó por sorpresa, pero se dio a la idea de que fue un saludo, después de tanto tiempo sin verse. El animal lo miró con ojos tristones. Debía tener unos 15 años ya, se preguntaba cómo era que el fiel canino seguía vivo, pero de pronto algo lo sacó de su ensoñación.
Era una chica castaña, delgada, de muy buen cuerpo, Shaoran tragó saliva, podría ser ella y él se hallaba así como así frente a su casa.
Se cuadró nuevamente de hombros y dio su mejor cara de indiferencia. La chica miraba al piso como buscando algo y de repente alzó la mirada.
No era ella.
Está chica tenía los ojos marrones, un tanto rasgados, pecas en la nariz y unas cejas un tanto gruesas, confiriéndole un aspecto un tanto retador, no por eso dejaba de verse muy bonita. Inmediatamente le recordó a alguien.
–Muy buenos días, ¿qué se le ofrece? –Preguntó la joven en tono seductor, recargándose en la cerca de madera y acomodándose en una posición bastante sugerente que dejaba ver un escote un tanto pobre, debido a sus senos apenas desarrollados. Debía tener unos trece años, era sólo una niña.
–Buenos días, jovencita, busco a la señorita Kinomoto, supongo que es tu tía. ¿Se encuentra? –Preguntó en tono amable. La menor frunció los labios y cambió la mueca.
–Mi tía dejó de vivir… –Soltó así de repente. A Shaoran se le helaron las piernas. –Aquí el verano pasado. –Sonrió vilmente al ver que la cara impasible del apuesto hombre frente a ella había cambiado bastante.
Shaoran por su parte, se molestó bastante, pero disimuló su enfado.
– ¿Podrías decirme a qué parte del pueblo se cambió? –Su tono era rígido, pero era casi imposible no enamorarse de esa voz ronca, poderosa, con un matiz de terciopelo. La chica sonrió seductora nuevamente.
– ¿A cambio de qué? –Se inclinó aún más y Shaoran pudo darse cuenta de que la chica no traía sostén. Podía tener buena retaguardia, pero era solo una niña y a él no le gustaban, no estaba completamente desarrollada de todas maneras.
–A cambio de no darle la queja a su padre de que usted ha estado coqueteando con prácticamente un extraño y estaba dispuesta a acostarse con él, todo por una dirección. –Soltó con una mueca burlona. La chica, rígida, se enderezó.
Shaoran la conocía. La miró crecer hasta los 5 años. Tal vez ella no lo recordara, pero él a ella sí.
–De acuerdo, igual mi tía no recibe a ningún hombre en su casa, al parecer es lesbiana y tiene una novia muy bonita. –Lo picó la chiquilla.
–Cómo se llama su "novia". –Hizo comillas, no la creía ni la mitad.
–Tommy. –Su voz salió juguetona. Shaoran se cansó del juego de la chiquilla.
–Dame la dirección de una vez. –La regañó. –Me importa un bledo que no reciba hombres en su hogar.
–Sólo si me ayuda a buscar mi celular. –Abrió la reja. –Es de color verde y no lo encuentro entre los arbustos y el césped.
Shaoran de inmediato recordó. El celular de su antigua novia era color verde, porque ese era su color favorito, todo lo compraba en color verde, por él. Sonrió. Seguro por eso no contestaba a sus llamadas.
– ¿Tu celular, te lo obsequió tu tía? –Preguntó comenzando a agacharse y a buscar por el área.
–Si –Afirmó extrañada – ¿Usted cómo lo sabe?
No dijo nada, se quedó en silencio.
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Shaoran comenzaba a creer que la sobrina de su ex novia no le había dado bien la dirección. Lo comprobó cuando después de media hora, seguía dando vueltas por la misma manzana y no encontraba el edificio departamentario. Se iba a encargar de que esa niña recibiera su castigo. Hablaría muy seriamente con el señor Kinomoto. Eso si no lo corría al verlo nuevamente.
Frenó en su auto rentado y se pasó ambas manos por la frente lleno de frustración.
Estaba empezando a fastidiarse de jugar a las escondidas. No sabía que iba a desperdiciar tanto tiempo buscándola. Ese no era el plan que tenía para él. Estaba a punto de meter velocidad cuando su celular comenzó a sonar. Sabía quién era con exactitud y admitía que lo aliviaba escuchar su voz nuevamente.
–Hola, amor, ¿cómo estás? –Preguntó cansado pero con ternura.
–Muy bien, mi vida. ¿La has encontrado? –La voz al otro lado de la línea era dulce, tranquila y provocaba paz a quién la escuchara.
–No, –Soltó con notable enfado en la voz. –Y realmente me estoy cansando. Esto parece un juego de niños, mi vida, y honestamente me están dando ganas de regresarme a Hong Kong. No hay nada que hacer por acá. –Miró a sus alrededores, frustrado.
–Nada de eso, Xiao lang. Debes encontrarla, si deseas iniciar una vida conmigo, debes dejarla ir. Es lo más sano, porque una vez casados, el que tengas esos sueños supondrá para nosotros un bache en nuestra relación. –Rebatió.
Suspiró. Lo había olvidado. Las pesadillas que tenía desde hacía cuatro años, dónde dejaba a su ex novia tirada en el piso, llorando… y el dolor tan terrible que sintió el día que se alejó de ella. En sus sueños podía sentirlo vívidamente.
Las pesadillas eran la principal razón de que él estuviera ahí. Lo estaba haciendo por su relación. Porque por alguna razón, no podía dejar ir a su ex novia.
–Está bien, preciosa…
– ¿Xiao lang?
Una voz ajena le llamó detrás suyo. Volteó hacia atrás y se llevó una enorme sorpresa.
–Mi vida, te llamo más al rato… –Dijo un poco anonadado.
"¿La encontras…?"
Pero no acabó su pregunta porque Shaoran colgó al segundo siguiente.
–Mei ling. –Salió de su coche y se acercó a abrazarla. La morena apenas sí se dejó hacer. –Creí que estabas en tu casa, iba a ir a verte, ¿cómo estás? –Le acarició el vientre.
Su prima tenía ya seis o cinco meses de embarazo y éste ya empezaba a notarse un poco más. Se veía preciosa con ese blusón de embarazada de estilo chino. El castaño no pudo evitar preguntarse cuando no se había visto bonita, pero, definitivamente, el embarazo la hacía lucir reluciente.
–Estoy bien. – La morena miró hacía el auto rentado– ¿Una Cherokee? Creo que has cambiado bastante, primo. –Se mofó.
–Nada de eso. Este es un auto rentado de la agencia del aeropuerto. Mis autos están en China.
–Ya veo, ¿ella… vino contigo? –Preguntó en voz baja.
–No, estoy aquí por negocios. –Le molestaba que su prima no mencionara el nombre de su prometida. –Y ella tiene nombre, Mei, se llama…
–Ya te dije que no me importa su nombre, Shaoran. –Lo cortó rápidamente, cosa que cabreó bastante al castaño. –dices que vienes por negocios, ¿qué negocios puedes tener tú aquí en Japón si dejaste de encargado a Eriol en la sucursal del país? –Lo miró inquisidora.
– ¿Por qué no mejor vamos a tu casa? Así nos ponemos cómodos. –Señaló el auto con un ademán.
La morena dudó. No le gustaba estar cerca de su primo, apenas si lo toleraba y sabía que nunca lo volvería a querer como antes, no después de todo el daño que provocó en sus vidas.
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Shaoran estaba sentado en el pequeño sillón chocolate de piel de su prima, mientras ésta le preparaba un café bien cargado, justo como a él le encantaba. Mientras más cargado, mejor.
Al salir de la cocina lo miró y se rió. Era chistoso ver a un hombre como su primo sentado en su acogedora sala.
Se acercó a él y le sirvió el café. Se sentó frente a él y esperó a que su primo hablara. El castaño dio un sorbo a su "delicioso café" y se dispuso a hablar.
–He venido por algo muy importante, Mei. –La miró directamente a los ojos, inquietándola.
– ¿De qué se trata? ¿Tía Ieran está bien?
–Sí, todo está bien con la salud de mamá y de la abuela, incluso de Fanren. Se aliviará en una semana. –Sujetó con fuerza su taza de café. Soltaría la bomba, según lo que sabía, su prima y su ex novia seguían siendo amigas, estaba seguro de que si sabía presionar en dónde debía, ella soltaría la información de su paradero. –He venido buscando a Sakura. Necesito que me des la dirección de su hogar –Soltó de golpe.
Inmediatamente la morena se puso pálida, comenzó a notarse cierta rigidez en su delgado cuerpo y su ceño se frunció como Shaoran nunca había visto.
–Sal de mi casa. –Susurró Mei ling. –Sal y no vuelvas más.
–Pero, Mei…
–Nada, Shaoran. Y no me esperes el día de tu boda. ¿Cómo te atreves a venir a mi casa y esperar que te diga dónde está ella? –Se levantó de manera brusca. Ignorando un creciente dolor bajo su vientre. –No te diría dónde se encuentra aunque me lo rogaras.
–Mei, ¿por qué…?
Pero no alcanzó a terminar la frase porque su prima se desplomó en el sillón con un grito ahogado.
–Vete, Xiao lang. –Masculló con dificultad. El castaño se acercó a ella para socorrerla.
– ¿Cómo puedes decir eso en estos momentos? Mírate, no estás bien, necesitas un doctor. – Tomó el teléfono que estaba en una mesita junto a él.
–No, no llames a nadie, Yukito está a punto de llegar. –El dolor se reflejaba en sus bonitos rasgos.
–Nada de eso, te llevaré hasta la camioneta e iremos hasta la clínica.
Y la iba a cargar, pero ella tomó su brazo con fuerza y le dijo con los dientes apretados, llena de furia.
–Si te atreves a moverme antes de que llegue Yuki, juro que no volverás a verme nunca más. –Pero su agarre no duró por mucho tiempo, pues un nuevo dolor atenazó a la morena, haciéndola gruñir de dolor.
Shaoran decidió hacerle caso, después de todo ella se había puesto así por él.
En menos de un minuto, el esposo de su prima llegó y se la llevaron a una clínica en la Cherokee.
Nada estaba saliendo como Shaoran lo previera antes de llegar a Japón y ahora, su prima se encontraba en una camilla de hospital por una leve amenaza de aborto. Estaba dando vueltas por la sala de estar cuando el chico de cabello gris llegó con una bandeja y dos cafés sobre ella. Le ofreció uno. Su rostro denotaba evidente cansancio, nerviosismo y miedo. Se sentaron juntos en completo silencio, hasta que el peliplata habló.
– ¿Qué la alteró de esa manera? –preguntó mirando al piso.
–Pegunté por ella. – Susurró.
Finalmente el Yukito lo miró.
–Shaoran, es mejor que dejes este asunto en paz y que regreses a tu país. Han pasado cuatro años de lo ocurrido y sería mejor que no movieras lo que por acá se logró. –Le pidió en tono sombrío.
El castaño lo miró extrañado. ¿A qué se refría con eso?
–Vamos, de hombre a hombre. Ayúdame, Yukito, dime dónde está. –Rogó con mirada suplicante.
–No puedo. –Soltó. Después de un prolongado silencio, volvió hablar. –Hace rato entré a la habitación de Mei ling, y antes de quedarse nuevamente dormida me pidió algo… –Esperó a que Shaoran le preguntara que era, pero por parte del castaño, no escuchó ruido alguno. –No le digas nada –.
Shaoran se quedó bastante consternado, no entendía nada de lo que pasaba, pero estaba dispuesto a llegar a la verdad, así le costara el aplazar la boda y perderse el nacimiento de su sobrino. Llegaría al fondo de todo, para aliviar su trauma y arreglar su vida de una vez por todas.
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Holis :D
He aquí el nuevo cap. Sólo para que sepan, próximamente actualizaré El Secuestro de Sakura U._.)...
En serio espero que les haya gustado este cap. Planeo romperles un poquito sus corazones, perdónenme por eso o/o.
y ahora sí, a contestar sus reviews XD:
puasloma: Holis, me alegra que estés por acá también :'). Un beso :*
Estrella Rosada: Holis, me alegra que te halla gustado el prólogo, espero que este capi también. Te mando muchos besitos :*
Sakura Kinomoto Amamiya 2: Hola, amiga. Me alegra que aún me leas :') . Ya pronto actualizaré el Secuestro de Sakura, pero creo que no será sólo un capítulo es que falte, sino dos. Te mando muchos besos donde estés, y ojalá tengas un lindo día :*
gabi: Espero que éste capítulo te guste, querida. Te mando muchos besos y ojalá tengas un día increíble. :)
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¡Bueno eso es todo X)!. Sepan que estaba muy nerviosa de subir éste cap. no sabía si les iba a agradar o no. He estado muy insegura últimamente y yo de verdad espero su respuesta.
Sin más que decir, les desea lo mejor...
Dalian Monthgomery
Mi vida se mide conforme los momentos felices que he pasado.
Lo demás son segundos borrosos...
