Inuyasha y sus amiguines(?) no me pertenecen, todos son de Rumiko Takahashi.
Advertencias: Rating "M".
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Descarado Sentimiento
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II
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― ¿Vas a casarte? ― La muchacha apretó con fuerza la sabana que cubría su pecho, sintiendo sus latidos acelerarse y el retumbar de ellos en sus oídos. ― ¿Sesshōmaru? ¿Hablas en serio?
El hombre se giró, enfocando su mirada en la azabache que hacía sólo dos minutos había estado sonriéndole cálidamente, sin preocupaciones, como siempre lo hacía.
―Hablo en serio.
La joven exhaló el aire de sus pulmones y sus labios se entreabrieron. Rápidamente sus ojos color chocolate se humedecieron, él iba a casarse… iba a dejarla. ― ¿Cuándo? ― Preguntó en un murmullo que parecía más un lamento.
―El sábado.
Dos días más. Sólo dos días más.
―Entiendo…― Ella no podía hacer nada. Sabía que esto pasaría en algún momento. Por más que lo amara, por más que él le correspondiera, no podrían estar juntos. Se levantó de la cama arrastrando la sabana de color azul rey con ella.
―Rin…― Cómo le costaba pronunciar su nombre ahora. El hecho de que nunca fuera tan expresivo con ella no era motivo para pensar que no la amaba. Lo hacía y mucho. Estaba seguro de que ella lo sabía, pero… esta situación escapaba de sus manos. ―No es porque quiera hacerlo…
La joven se giró y le sonrió, un gesto algo amargo para el momento. ―Lo sé. Por lo menos estoy segura de lo que sientes.
La vio alejarse hacia el baño y al quedarse sólo en la habitación, pudo permitirse un momento de debilidad. Afirmó sus codos en sus rodillas y tomó ambos lados de su cabeza, en un gesto de desesperación. Nunca había odiado tanto a su padre como en esos momentos, casarlo para salvar su cuello era de lo más bajo. Lo peor era que no podía negarse, no si quería seguir vivo y protegerla a ella… a Rin.
―Sé quién es esa zorra con la que te revuelcas, hijo. No me hagas quitarla del medio… así que obedéceme. ― La calma con la que hablaba distaba mucho de la oración macabra que acababa de decirle. Lo miró con rencor y sin decir más, se alejó de él.
Casarse aunque obligado era la única salida. Conocía a la muchacha, hija de los Higurashi, habían hablado un par de veces y hasta le parecía agradable, en otras circunstancias tal vez hasta pudiera llegar a sentir algo por ella. Pero… no era con ella con quien quería estar. Escuchó el agua de la ducha y casi pudo percibir las lágrimas de Rin… la conocía tan bien, que era increíble cómo podía leerla aun sin haber palabras de por medio. Se levantó de la cama y dirigió sus pasos al baño, entrando y descorriendo la cortina de la ducha. Su cuerpo desnudo rápidamente se apegó al femenino, que mantenía la cabeza gacha permitiendo que el agua cayera sobre ella.
―Deja de llorar.
Había sido una orden. Él hablaba siempre con órdenes. Se giró en sus brazos y el sentir su piel bajo las palmas de sus manos la hizo estremecer. ―Niégate… di que no quieres casarte, quédate conmigo. ―Suplicaba, sintiendo como su interior se encogía con miedo de perderlo.
El hombre la miró por unos segundos, tratando de imaginar cómo sería escapar con ella. Pero su padre los encontraría, los mataría a los dos. ―Sabes que no puedo.
― ¡Eres un cobarde! ¡Me dejarás sola así, sin más! No piensas en…― Sus débiles protestas cesaron cuando él la arrinconó contra la esquina de la blanca pared, tomando su rostro y besándola con fuerza. Se aferró a sus antebrazos, buscando acercarlo más a ella, sentirlo cerca. Los besos bajaron a su cuello y una fuerte mano aferró su pierna, buscando una vez más como ya tantas veces ese día esa conexión que los hacía uno, que los superaba a ambos.
―No soy un cobarde…― Le dijo de manera mordaz mientras mordía el lóbulo de su oreja. ― Tampoco te dejaré sola… tú eres mía, y seguirás siéndolo.
Entró a su cuerpo como tantas otras ocasiones, pero sintiendo como si fuera la primera vez. Debía casarse, si, pero este sentimiento no podía evadirlo. Tomó una de las muñecas de ella, llevando su mano por sobre su cabeza y con la otra se afirmó en la pared, pudiendo tomar más impulso para embestirla. Amaba sus gemidos, sus jadeos, amaba la manera en la que ella se entregaba toda a él.
La presión en su vientre se hizo notoria cuando él comenzó a susurrarle en su oído que ella le pertenecía, sus roncos y profundos suspiros la enloquecían, al punto de hacerla ver luces de colores aún con sus ojos cerrados. El bajó una mano a su cadera, alzándola y ella abrazó su cuerpo con sus piernas, mientras él volvía los encuentros más fieros. Sus cuerpos mojados ya no sentían el agua caer, sólo estaban conscientes de que eran una solo, de que existían ellos dos y más nadie.
Se casaría para protegerla… pero no la dejaría.
La veía caminar vestida de blanco hacia él de la mano de su padre y un sentimiento agridulce se instaló en su cuerpo. Ella era en verdad hermosa, elegante, se veía decidida y al mismo tiempo asustada. Ambos estaban siendo obligados a cumplir con este matrimonio absurdo para que sus familias sobrevivieran.
Pudo compartir con ella varios momentos, incluso, le regaló unos aretes que ahora llevaba puestos como único adorno de su vestido de novia. Pero de su mente no saldría la imagen de los ojos llorosos de Rin, despidiéndose de él casi en agonía. Apretó sus puños cuando ella llegó a su lado y luego de decidirse, alzó orgullosamente su mentón.
Notó la sonrisa en el rostro de su medio hermano. No había podido pasar por alto la manera en la que ambos se miraban, como parecían hablarse sin palabras. Inuyasha y ella parecían ocultar algo celosamente y él estaba seguro de que era algo en plano sentimental. Pero había un innato instinto de rivalidad entre ellos y aunque no la quisiera y no deseara casarse, no quería que su hermano se saliera con la suya. Sonaba idiota, pero él siempre le ganaría a Inuyasha. Así que por más absurdo que fuera, se casaría por obligación, para proteger a Rin… pero también para quitársela. Era mera odiosidad y ganas de fastidiarse el uno al otro, desde siempre había sido de esa manera, no conocían otro trato.
Cuando recibió la mano de la muchacha, esperó escuchar algo de parte del padre de ella, pero no le dijo nada. La vio hacer una mueca de fastidio, sabía de buena fuente que ellos no se llevaban bien, que la guerra que se desató después de que le dijeran a ella que tenía que casarse con un Taishō fue tan grande, que necesitaron amenazas y una semana de encierro para lograr convencerla de que era lo mejor. La chica no era fácil, tenía un temperamento volátil y también era muy orgullosa, a pesar de que era amable y dada a ayudar a los demás, podía arder en ira fácilmente.
Todo lo contrario a él. Aun no entendía como era que seguía con esa farsa. Él era considerado un despiadado, autoritario y hacedor de su voluntad, pero en esto… su voluntad quedó resumida a nada. Se giró cuando sintió la dorada mirada de su padre clavarse en su nuca. Lo miraba advirtiéndole de que pensara bien lo que hacía y que no se atreviera a negarse. Una risa algo sarcástica salió de su garganta de manera imperceptible, no iba a doblegarse tan fácil.
―Hoy nos hemos reunido para unir en matrimonio a dos seres que quieren compartir sus días restantes, juntos, viviendo en el amor profesado por cada uno de ellos.
Que falso, que estúpido. La chica y él ni siquiera se miraban.
Inuyasha estaba inquieto, no podía mantener su mirada apartada de ella, quería hacer algo, quería impedir esa boda. Pero ¿cómo hacerlo sin causar una desgracia y que ella estuviera en peligro?
―Si alguien conoce algún motivo por el cual esta boda no deba concretarse, debe hablar ahora.
Un silencio casi punzante se hizo en el kiosko. Pero no fue muy prolongado.
― ¡No me casaré!
La sorpresa y la tensión cayeron como una lluvia de invierno sobre los pocos presentes. La joven novia arrojó con fuerza el buquet al suelo y de dispuso a abandonar el lugar, cuando una fuerte mano la detuvo. ― ¿Qué crees que estás haciendo?
―Suéltame. ―Exigió entre dientes mientras miraba fieramente a su opresor. ―No me casaré contigo, no lo haré.
―Kagome, ¿Qué estás haciendo?
Se giró ante la voz que la llamaba y delante de ella estaba el único hombre con el que estaría dispuesta a unir su vida. ―Inuyasha…
―Te estás arriesgando demasiado…―Le dijo en un susurro, con una mezcla de temor y orgullo. Que ella se revelara en ese momento, delante de todos significaba que si lo quería. Si lo amaba, sólo a él. Como él a ella.
―Inuyasha, no te metas.
La joven novia volvió el rostro a Sesshōmaru, el cual aún sujetaba su brazo. Luego intercaló su mirada entre Inuyasha y él, quienes se miraban desafiantes, casi queriendo saltar uno sobre el otro como bestias hambrientas.
No pudo decir más nada, cuando su corazón casi se paralizó al ver al padre de esos dos hombres caminar hacia ellos. Vio como el hombre sacó de su cintura una pistola CZ 89 calibre 9, a la cual le quitó el seguro rápidamente y sin mediar palabra, le apuntó a ella directamente en la cabeza. ― ¿Qué haces, pequeña? Tienes un "Si" que decir.
Inuyasha se volteó hacia su padre y sin miramientos ni remordimiento sacó también el arma que estaba en su cintura, una Glock 20-10mm, apuntando al hombre sin que en su rostro hubiese rastro de tensión. ―No se atreva. ―Le dijo de manera tranquila, mientras se acercaba más a la muchacha.
Kagome respiraba fuertemente, esto era más peligroso de lo que había pensado. Al parecer estos hombres no temían el matarse entre ellos.
―Kagome, querida…―Le llamó el hombre, mientras esbozaba una extraña sonrisa e ignoraba a Inuyasha, el cual también lo apuntaba ya con el arma sin seguro. ―Firma la hoja y cásate con mi hijo. Por favor.
Alguien llegó con la hoja y se la extendió a Sesshōmaru, el cual luego de una larga e inexpresiva mirada hacia su padre, firmó. Le extendió a ella la hoja y la pluma, esperando que ella hiciera lo mismo. Miró de reojo la espalda de Inuyasha, el cual no abandonaba su posición protectora con ella. ¿Qué podía hacer ahora?
― ¡Firma la maldita hoja!
Ante el gruñido del hombre ella brincó de susto en su sitio, Inuyasha buscó su mirada y luego la volvió al frente. Debía hacerlo, debía casarse.
Así que firmó.
N/A: Hola, corazones de piña.
Muchas(os) estuvieron de acuerdo con la continuación, estaba leyendo sus reviews que me hicieron super feliz y pues, me inspiré antes de lo esperado jeje, así que aquí está la segunda parte, vamos a ver como se desarrolla. No he escrito acerca de una temática que involucre armas, deseos de venganza y persecución, pero daré mi mayor esfuerzo, espero que les agrade y también espero sentir su apoyo en forma de reviews que me llenan la vida de pie de limón.
Con respecto al capítulo anterior y éste: quiero plasmar en los personajes emociones fuertes, salir del esquema de una historia convencional de un romance fijado y entregado. Así que por eso vemos un desarrollo de escena donde hay engaños, amenazas y obligaciones. ¿Qué piensan que pasará luego? Pueden opinar libremente.
GRACIAS A TODOS LOS QUE LEEN Y ME DEJAN SU COMENTARIO. SON LOS MEJORES.
Nos leemos pronto, besitos.
