Los personajes de Naruto no son míos, son de Kishimoto... la historia si es de Lorraine Heath

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ACLARACIÓN

Esta no será una adaptación como tal ya que al ser el personaje de Karin, en la historia original un personaje odioso al ser una Mary Sue que sinceramente aborrecí, cambiaré a quien será la pareja de Karin. Porque verdaderamente Frannie, el personaje principal cae mal.

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Capítulo 01

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Konoha, 1851

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Kakashi Hatake, conde Otogakure, fingía hablar con su amigo, Neji Hyuga, octavo duque de Outsutsuki, ya que su atención estaba en que no estaba seguro de por le había llamado tanto la atención. Más tarde, reflexionaría en el momento y se preguntaría si fue el rojo vibrante de su pelo lo que había capturado su atención primero. O tal vez era el hecho de que había estado parada al lado de la hermana de su amigo, Hinata, en el altar mientras se casaba con Sasuke Uchiha, el conde de Konohagure. O tal vez fue la manera, -durante la recepción ofrecida en la residencia del recién adquirido cuñado- de su amigo, que tres hombres emigraron hacia ella, un círculo a su alrededor, cada uno a su manera, reclamando su territorio, de la misma manera que él y Neji habían visto comportarse a los leones.

Le sorprendió que ninguno de ellos rugiera.

De pie junto a la ventana de la sala, miró como Neji sostenía su copa de champán, a la espera de hacer el brindis obligatorio para poder irse al infierno a su casa, sabía lo mucho que le estaba costando a su amigo toda esa situación. Kakashi vio la sonrisa casi tímida que dio la mujer del cabello rojo a cada uno de los hombres, la forma en que habló con una leve inclinación de su cabeza como si compartiera un escandaloso secreto, y él anhelaba saber cuál era. Estaba demasiado lejos para que él escuchara su voz, pero se imaginó que llevaba el tono dulce de un ángel, -o tal vez ofrecía la malvada canción de una sirena, porque era evidente que cada hombre se quedaba hipnotizado por su mera presencia como él.

Obviamente, ellos compartían algo muy especial. Incluso desde esta distancia, pudo ver el cariño que tenía para cada uno de los hombres y que se reflejaba en su encantador rostro expresivo. Se preguntó si en algún momento ella había sido amante de cada uno de ellos, porque había una familiaridad entre ellos que iba mucho más allá de la amistad.

Los tres hombres eran de poco interés para él, excepto en cuanto a la forma en que podía ver su papel en su vida. Al primero lo conocía lo suficiente. Suigetsu Hoziki, propietario del famoso club de caballeros notorios que Neji y él frecuentemente visitaban desde su regreso a Konoha. El segundo, más alto y más ancho que los demás, no era alguien que quisiera conocer a solas en un callejón por la noche -o incluso durante el día, para el caso. El tercer caballero era Naruto Uzumaki, el médico que Uchiha había enviado cuando Hinata se desmayó durante el reciente velorio de su padre.

Kakashi observó con interés mientras Uchiha se acercaba al pequeño grupo y le daban la bienvenida como a un hermano, con amplias sonrisas y palmadas en el hombro, apretón de manos y un poco de broma tal vez. Ningún abrazo de la dama, simplemente una cálida sonrisa que lo decía todo. Ella lo admiraba, estaba muy contenta por él, le deseó lo mejor. Pero sobre todo, lo quería.

Estuvieron juntos entonces, los cinco. Todos productos de la calle, sin duda. Ladrones, carteristas, asesinos, y sólo Dios sabía qué más les unía. Esa realidad debería haber sofocado el interés de Kakashi en la dama. En su lugar, sólo le sirvió para seguir cautivado.

Al oír los pasos ligeros, familiares, mentalmente marcó su enfoque, volviéndose hacia la hermana de Neji, cuando ella estaba cerca y era obvio que él era su destino. Su cabello azulino era arrastrado, sus mejillas llevaban un ligero rubor por la alegría de la ceremonia de su boda, y sus ojos blancos brillaban como las joyas más finas.

-Fascinados por ellos, ¿verdad? -Reprendió con suavidad, y ellos se dieron cuenta que su mirada pudo haber sido no sólo grosera, sino también obvia, aunque estaba bastante seguro de que los otros huéspedes estaban tomando nota del grupo también.

No estaba sorprendido que muchos de la aristocracia habían hecho acto de presencia. La noticia de la boda a toda prisa entre "Conde Diablo"y Hinata era la comidilla de Konoha. La curiosidad entre la élite había llenado la pequeña capilla donde tuvo lugar la ceremonia, y ahora se les había acogido en la casa Uchiha. Incluso Shisui Uchiha -que se creía iba a heredar el título Konohagure- estuvo presente.

Parecía que había aceptado su destino como el sucesor que nunca sería. Sin lugar a dudas, todo el mundo estaba intrigado y el escándalo era sin duda un rumor susurrado.

-Poseo una leve curiosidad, eso es todo,- escuchó decir a Neji lacónicamente. -No son la clase de personas que suelen asistir a nuestras funciones. La mujer. La que se paró contigo en el altar.

-Karin. Sí, hemos llegado a ser muy cercanas. Si te hubieras molestado en asistir a la cena de celebración que celebramos ayer por la noche o llegado a la iglesia a tiempo esta mañana, hubiera hecho las presentaciones.

Haciendo caso omiso de su reprimenda vio lo que pensaba su amigo –sabía que no se hubiera sentido cómodo en la cena y ella no se habría sentido cómoda teniéndolo ahí, cuando todo estaba dicho y hecho,- regresó al nombre que le había dado.

Karin. Había supuesto -o tal vez sólo había esperado,- algo un poco más exótico, y sin embargo, parecía quedarle.

-Se viste bien claramente. —Kakashi decidió intervenir.

El vestido gris azul que llevaba casi parecía tan fuera de lugar como ella. Él la imaginó en violeta o púrpura, la seda deslizándose sobre su piel en una piscina sobre sus pies descalzos.

-He aprendido en los últimos tiempos a no juzgar por las apariencias,- le respondió Hinata.

Oyó la censura en su voz, porque ella era consciente de que ellos, Neji y él, juzgaban por las apariencias y por el estatus de una persona en la vida. Reconocía la élite, -y luego los otros con los que no se asociaba a menos que fuera absolutamente necesario. Nunca había tenido una razón o un deseo de asociarse con antiguos criminales.

-¿Ellos la mantienen?,- Preguntó Neji. Sabía que él, Kakashi, estaba interesado en ella, jamás podía ocultarle nada a su amigo de blancos ojos.

-¿Perdón?

-Los caballeros de su círculo. ¿Están relacionados? ¿Cómo lo hace ella?

-Esas son preguntas muy inapropiadas.

Él le dirigió una mirada intensa.

-Ella es la amante de alguien, ¿entonces?

Aunque no podía imaginar a Hinata asociándose con, y mucho menos incluyendo a una mujer de moral cuestionable en su fiesta de boda, pero si la mujer era amiga de Uchiha de las calles…

Hinata se burló.

-¿Qué te dio esa idea? Es contadora en el Salón de Dibujo de Hozuki.

Un nombre cortés para un lugar de mala educación. Hacía que el club de caballeros casi sonara respetable, lo que suponía Neji era el punto.

-Inusual.

-Me parece admirable. No todas las mujeres tienen la suerte de tener un padre que vea por ellas.

-Quita tus garras, Hinata. No la estaba insultando, pero tienes que admitir que las ocupaciones de las mujeres se encuentran generalmente dentro de los hogares, no dentro de los negocios.

Ella le tocó el brazo.

-Lo siento. Supongo que soy un poco protectora con los amigos de Uchiha. Durante tu ausencia, me ayudaron de vez en cuando.

Así que la ausencia de Neji la había obligado a recurrir a los réprobos conocidos. Eso debió haber complacido a su padre y lo dotó de una razón más para estar decepcionado de su heredero -a quien veía como un derrochador.

Neji admitió que había vivido una vida de indulgencia, al ver a sus propios placeres por encima de todo lo demás. Él y su padre habían discutido acerca de las opciones de Neji. Pero su padre había sido incapaz de comprender lo que era no tener el control. No sabía cómo picaba la piel de uno cuando el miedo se apoderaba. No entendía lo que era mirar hacia el futuro y saber que no sería nada más que un lugar oscuro y solitario.

-Debo presentarles,- dijo Hinara intensamente, como si se diera cuenta de que los pensamientos de Neji había comenzado a viajar por caminos desolados.

-No es necesario.-Escuchó decir a Neji. No creía que los caballeros apreciarían que entrara en su territorio.

-Has cambiado, Neji.

-Lo has comentado antes. Todos cambiamos, Hinata. Yo podría decir lo mismo de ti.

-No en la medida en que tú lo has hecho. Te has vuelto muy cínico.

-Me he convertido en un realista. Únete a tu marido para que pueda hacer mi brindis y terminar con este asunto.

Un destello rápido de dolor pasó por los ojos de ella, los ojos tan blancos como los suyos. Él agarró su mano antes de que pudiera alejarse.

-Pido disculpas. Te deseo toda la felicidad que tan justamente mereces, ya lo sabes. Después de haber estado fuera por un tiempo, la mayor parte de mi tiempo al aire libre, no estoy tan cómodo encerrado en una habitación llena de gente.

Y moverse a través del laberinto de personas sin golpear contra alguien se había convertido en una tarea tediosa. Si se hubiera dado cuenta que Hinata y Uchiha iban a abrir sus puertas a tantos, habría dicho su adiós en la iglesia.

-¿Es esa la razón por la que estás flotando cerca de la ventana, como si en cualquier momento tuvieras la intención de saltar a través de ella? Sólo veo al pobre de Kakashi queriéndote ayudar —el aludido sólo sonrió con complicidad.

-¿Hacia la tormenta?- Él miró rápidamente hacia el lugar donde la lluvia repiqueteaba contra el cristal.

Las nubes eran tan oscuras y pesadas que, aunque era por la mañana, casi parecía ser de noche, y la noche se había convertido en su enemigo.

-Es un día muy sombrío.

-Yo no lo encuentro sombrío en absoluto. Es el día más maravilloso de mi vida.

Reconociendo que estaba actuando como un cascarrabias, ofreció un poco de arrepentimiento en su voz junto con la verdad de sus palabras.

-De verdad espero que será el primero de muchos días maravillosos para ti. —Neji era demasiado sobreprotector con Hinata, y él, Kakashi, sabía el por qué.

-Sé que no apruebas a Sasuke como mi elección para marido, y que, como muchos, sostienes su pasado singular en su contra, pero espero que con el tiempo llegarás a conocerlo como yo y a apreciar sus cualidades más finas.

No era probable, pero no tenía planes de oscurecer su alegría con la verdad de la cuestión. Como si reconociera que él no tenía intención de hacer un comentario, ella dijo:

-Supongo que estarás girando tu atención hacia la obtención de una esposa ahora que has regresado de tus viajes del mundo.

-Con el tiempo. Estamos de luto. No esperaba que este asunto fuera tan espléndido.

-Difícilmente es espléndido. Unos cuantos invitados más puede ser apropiado, pero van a facilitar el camino de Uchiha en el grueso de la sociedad después de años de caminar a lo largo de su borde. Además, los hombres no están sujetos a las restricciones de luto tan diligentemente como las mujeres.

-Podrías asistir a un baile esta noche y nadie te castigaría.

-Ah, el poder que viene con el ducado.

-¿Había alguien en quien pensabas en tu ausencia? -Ofreció Hinata —se dio cuenta de que a Neji casi se le resbalaba –en ti- de entre los labios, pero tuvo que contenerse. Debía rescatar a su amigo y cómplice.

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-¿Jugando ya de casamentera? Querida Hinata— por fin la mirada de la chica, pasó del pobre duque hacía él.—Seguramente estás pensando en tomar algún tipo de viaje de bodas.

-No, tenemos algunos asuntos que atender en Konoha.

-Todavía sospecho que tu marido espera tener tu atención individual por un tiempo. Neji es perfectamente capaz de conseguir una esposa sin molestarte.

-No sería una molestia, ni tampoco lo sería encontrártela a ti sea de paso, Kakashi.- Ella le apretó el brazo a su hermano. -Te he echado de menos, Neji. Estoy realmente contenta de que estén aquí. Ahora, si me disculpan, voy a unirme a Sasuke, así puedes hacer tu brindis

Mientras se alejaba, sus palabras despertaron su culpa, pero apisonó la incómoda emoción. Quería estar en cualquier lugar distinto de donde se encontraba. Se bebió el champán, hizo una seña a un lacayo, y tomó otro vaso. ¿Este asunto nunca llegaría a su fin?

—Tranquilo Neji, ya casi termina todo esto y nos iremos. Aunque antes quería pedirte un favor. —Neji le escuchó atentamente en lo que miraba hacía Hinata.

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Hinata se acercó furtivamente a su marido, y el hombre miró hacia ella con evidente adoración.

¿Por qué no había de adorarla? Ella era la hija de un duque, su linaje era lo mejor que la aristocracia británica tenía para ofrecer. Ella entendía su lugar en el mundo y encajaba bien dentro de él. Neji no podía decir lo mismo de él. La necesidad de escapar rugió a través de él, y perdió el dominio que sostenía su paciencia.

Empezó golpeando ligeramente el vaso y los murmullos en la sala callaron. Levantó su copa .

-A mi hermana, Hinata, la nueva condesa de Konohagure, y a su muy afortunado nuevo marido.

Que el sol siempre brille para ti, querida, incluso durante los días más oscuros. Que tu marido viva para ti y sólo para ti. Que mate y muera únicamente por tu felicidad y no para la de nadie más.

Bebió el brebaje espumoso mientras en la habitación, después de un silecio sepulcral empezaban los aplausos y vitoreos.

Uchiha y Hinata bebieron su champán, y luego se besaron brevemente,, un poco incomodados por la veracidad de las palabras de Neji. Sobretodo Sasuke, sentía culpa y remordimiento, ¿acaso su cuñado sabía el por qué había matado? Por alguna extraña razón se sentía como si hubiera traicionado a Hinata.

La gente se rió, aplaudió de nuevo, y les ofreció buenos deseos.

Neji cogió otra copa de champán. Tal vez si ingiriera lo suficiente, podría ahogar el dolor de saber que no nunca poseería lo que la pareja de recién casados obviamente tenía: verdadero amor y felicidad.

Él era el hombre más peligroso de la habitación.

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Karin Darling, se dio cuenta de que estaba dando al hombre de pie junto a la ventana crédito considerable, habida cuenta de que estaba rodeada por aquellos que no tenían reparos en violar la ley cuando convenía a sus propósitos. Pero mientras sus amigos eran peligrosos para todos a su alrededor, excepto ella, este hombre era peligroso para ella solamente, no le pasó por alto el comentario de doble sentido del joven duque. ¿Sería una advertencia hacia ella?

Lo supo en la forma en que sabía juzgar qué bolsillos estaban maduros para la cosecha antes de que ella deslizara su mano dentro para tomar lo que guardaban. Lo supo en la forma en que sabía que una columna de números había sido incorrectamente contabilizados antes de que ella se dedicara a sumar los números. Lo sabía igual que sabía que dentro de esa habitación llena de gente sólo había tres a los que ahora realmente pertenecía: Suigetsu, Jugo y Naruto.

Sólo recientemente había descubierto que Sasuke siempre había dudado de que fuera el verdadero conde de Konohagure. Pero últimamente, las circunstancias que habían surgido lo convencieron de la verdad, por lo que ya no se cuestionaba la herencia de su título. Él se movía con confianza en la habitación, cómodo en su piel, sin temer más que vivía la vida de otra persona.

Ella no podía admitir sentirse tan a gusto. Este mundo no era el suyo. Era tan increíblemente grande, tan increíblemente importante. Su pequeño mundo palidecía en comparación, pero estaba contenta allí. Tal vez era su incomodidad con el entorno lo que le hizo notarlo -el hombre que estaba junto a la ventana que parecía como si quisiera escapar de toda esta urbanidad tan mal como ella lo hizo. Ella sabía quién era. El hermano de Hinata. El recién nombrado duque de Outsutsuki.

Algunas veces pensó que había notado que él la miraba, al igual que su compañero. Había tratado de manera subrepticia observarlo a cambio. Su piel era de un blanco porcelana, como si fuera un hombre que adoraba el aire libre. Su cabello, de un castaño oscuro, había sido domesticado para la ocasión, ni un solo mechón fuera de lugar, y sin embargo ella podía imaginarlo azotado por el viento mientras galopaba por caminos inexplorados para ella.

Outsutsuki era un aventurero, un hombre que no conocía el miedo. Cuando los demás habían hablado con él antes, su actitud había reflejado cortesía, tolerancia, quizá, pero también impaciencia, como si entrañablemente quisiera ser parte en una nueva búsqueda de emoción.

Aquél otro hombre no se quedaba atrás. Sus ojos por el contrario, negros como la noche, una cicatriz en su ojo izquierdo, le hacía entender que esos dos sujetos no eran cualquier cosa.

Pero su interés estaba en ese momento en el duque.

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-¿Crees que serán felices?, -Preguntó Suigetsu mientras le ofrecía otra copa de champán, obligándola a dirigir su atención fuera del hombre que la fascinaba. Él era más grande que la vida, y por regla general prefería lo pequeño y mundano.

Jugo y Naruto estaban de pie cerca, tan sofocante, como si pudieran protegerla de su propia incomodidad con la élite elegante.

-Estoy segura de ello - dijo. -Hinata es buena para Sasuke.

-¿Qué piensas de su hermano?

Que era tan poderoso como la tormenta desatada tras él. Que en sus brazos una mujer descubriría el placer más allá de lo que jamás había conocido. El calor se arremolinó bajo dentro de ella mientras se lamía los labios y le ofreció una pequeña mentira.

-No estoy segura.

-Él nos ha estado mirando, junto a su acompañante- dijo Jugo. —Aunque no como mira a su hermana, el acompañante es quien no ha dejado de mirar para acá.

-Una buena parte de los invitados nos están mirando,- murmuró Naruto.

-Y a sus bolsillos,- añadió Suigetsu. -Estoy a mitad de camino de la tentación de caminar y levantar cosas.

Karin le frunció el ceño. El abuelo de Sasuke los había sacado de las colonias, pero no había sido capaz de sacar las colonias de ellos -no del todo.

-No hagan nada que nuestra presencia avergüence a Sasuke. Es finalmente aceptado por sus pares.

Fue un poco de rebelión de su parte invitarnos.

Los pillos de su juventud, a pesar de que ella sabía que nunca los había dejado completamente atrás. Sus pasados habían forjado un vínculo inquebrantable.

-¿Aún cuidándolo?,- preguntó Suigetsu.

-Lo mismo que cuido de todos ustedes.- Le dio una sonrisa juguetona. -Y tú cuidas de mí.

Aunque hubo momentos en los que cuidaban un poco demasiado de cerca, eran un poco demasiado sobreprotectores. Ella los quería mucho, pero a veces ansiaba algo más, algo que no podía identificar. Tal vez esa era la razón por la que de repente sentía la necesidad de organizar una rebelión. Miró hacia el caballero de la ventana.

-Creo que voy a presentarme.

-Es un maldito duque,- Suigetsu le recordó.

-Sí, estoy muy consciente de eso,- murmuró antes de entregar la copa detrás de él, tomar una respiración profunda, y caminar por la habitación.

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Como regla evitaba a todos los que llevaban títulos, ya que la hacía incómodamente consciente de sus orígenes humildes, pero algo acerca de este hombre exigió su atención, le hizo desear un momento de imprudencia. Había trabajado tan terriblemente duro para aislarse de cualquier cosa que pudiera dañarla, y sólo había logrado darse una existencia muy aburrida. Nada en él le pareció aburrido.

Sintió las miradas en ella, otros huéspedes tomando nota de sus acciones. Debido a que nunca se había preocupado mucho por sus opiniones, debió haber estado preocupada por su creciente interés en ella, pero el hombre eligió ese momento para mirarla, y ella sintió como una caricia suave que se extendió a lo largo de su cuerpo. Su paso casi se tambaleó. Los muchachos de Orochimaru nunca la miraban con deseo ardiente en sus ojos. Tal vez esa era la razón por la que el acompañante del duque le parecía peligroso, aunque ella quería hablar con el Hyuga quien la miraba sin expresión alguna en el rostro, pero aun así era él quien era tan peligroso para ella. Porque con sólo una mirada, la hacía sentir como si de repente se hubiera transformado de una chica extraña.

Aún más sorprendente fue la atracción que sintió hacia él. Nunca había conocido a un hombre que agitara la pasión dentro de ella, que la hiciera anhelar un roce de sus labios, una caricia de sus dedos.

Luchando contra el impulso de girar sobre sus talones y regresar a su refugio, se detuvo ante él. Sus ojos eran del color de las perlas más finas incrustados en un collar que una vez había robado del pomposo cuello de una mujer. Orochimaru había estado tan encantado con la toma que le había comprado una fresa. No podía probar una ahora sin pensar en ello como una recompensa por un comportamiento perverso. Pensó que una noche con Outsutsuki resultaría en que se comiera un tazón entero de deliciosas fresas.

-No creo que hayamos sido debidamente presentados. Soy Karin Darling.

-El contador de Hozuki's.

Sabía que sus ojos se abrieron ante eso. Rara vez salía al área de juego. Su trabajo se manejaba en una zona accesible sólo por aquellos que poseían la llave apropiada.

-Creo recordar que usted es un miembro.

-Y me parece recordar a sus amigos- él asintió con la cabeza hacia el lugar donde Suigetsu, Jugo y Naruto esperaban expectantes su retorno -son todos ladrones.

La decepción se estrelló contra ella al darse cuenta que era uno de ellos, los que no creían que alguien podría elevarse por encima de su posición en la vida, los que habían hecho su vida miserable mientras vivía con Uchiha. Debería haberlo dejado con su mezquindad, pero algo la obligó a quedarse.

Tal vez quería darle la oportunidad de redimirse.

-¿Cómo es costumbre que el desayuno de la boda tenga lugar en la casa de la familia de la novia, voy a asumir que usted desaprueba la lista de invitados?

-Puede asumir lo que guste, pero valoro mi propiedad y prefiero no tener "dedos ligeros" como huéspedes.

-Ya veo.- Era una excelente juez de carácter, y tenía la sensación de que estaba siendo verdaderamente honesto. Sin duda él era de esos que con una mirada práctica, podían ganar más de un corazón, atrapar simpatía, hacer que una persona diera su última moneda.

Outsutsuki, al parecer, estaba llevando a cabo una actuación que le garantizaba ganarse ninguna clase de respeto. Se preguntó por sus razones.

Él desvió la mirada hacia la multitud.

-¿Va a hacerla feliz?

-¿Sasuke?

-Konohagure.

Le dio crédito por reconocer a Sasuke por su título. Al menos eso era algo. Y era obvio que él cuidaba a su hermana.

-Inmensamente.

Él hizo un gesto brusco.

-Entonces eso es todo lo que importa. Si me disculpa…

Se había alejado tres pasos cuando ella lo llamó:

-¿Su gracia?

Se volvió hacia ella, y ella sonrió con picardía, no segura de por qué estaba decidida a molestarlo.

Sólo que parecía ser un hombre que necesitaba ser molestado. Además, ella no iba a permitirle que insultara a sus amigos sin respuesta, y tenía su propia declaración que hacer: ellos no eran los únicos ladrones entre los asistentes. Levantó su mano. Colgando de ella por una cadena pesada estaba un reloj de bolsillo de oro.

-Dejó su reloj atrás.

Él miró a su chaleco, lo acarició como si sus ojos pudieran engañarlo, y lentamente levantó la mirada hacia ella. Con un brillo peligroso en sus ojos, le tendió la mano. Ella dejó caer el reloj en su mano, y antes de que pudiera retirar su mano enguantada, él cerró sus fuertes dedos alrededor de ella y se inclinó cerca.

-Cuidado, señorita Darling,- dijo, con voz ronca y baja que envió escalofríos a través de ella, -he estado fuera por un tiempo y no soy tan civilizado como cuando me fui.

Ese aspecto de él se hizo tan increíblemente obvio que su corazón latió contra sus costillas y sus piernas debilitadas. Él la miró como si estuviera contemplando devorarla.

Con una inclinación abrupta, la soltó, giró sobre sus talones y se alejaba pero se detuvo, antes de estar lo suficientemente lejos de ella como para que no le escuchara.

—Ha sido usted una mujer grosera al sólo venir a buscarme a mi por mi título en lugar de presentarse como es debido ante mi acompañante y ante mi. —Sin más se marcó. Dejándole un mal sabor de boca.

Ella observó hasta que los caballeros desaparecieron por la puerta, obviamente yéndose. Era increíble cómo rápidamente las tornas se habían vuelto y había perdido el control. Desde luego no esperaba quedarse sin aliento por el encuentro, aunque más de lo que la había molestado. Había sentido una atracción desconocida y poderosa que desesperadamente no había querido que él se fuera.

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Neji no quería nada más que salir de forma abrupta de la habitación, pero mantuvo su paso mesurado, concentrándose mientras emprendía su camino alrededor de la gente para no toparse con nadie.

Irse no era tan difícil como había imaginado que sería. Tal vez porque sea cual fuere lo que su expresión comunicaba hizo que la gente se apartara rápidamente en lugar de tratar de entablar una conversación.

Sabía que su comportamiento con la señorita Darling había sido detestable, así se lo hizo saber Kakashi, quien iba a su lado, quien no dejaba de decirle que no había estado preparado para su reacción a su cercanía.

—Neji su voz no tenía la voz de un ángel. Es una voz que despertaba pasiones en dormitorios. Sofocante, sensual, y sin aliento, como si ya hubieran compartido el placer y ella estuviera ansiosa por otra ronda. Sus ojos... —Neji sólo escuchaba los elogios de Kakashi para con la chica.— Eran de un rojo magnífico, pero era lo que no contenían lo que le cautivó. No inocencia. Ninguna en absoluto. La vida la había templado. No se parece a ninguna de las jóvenes que conozco. Había visto cosas -con toda probabilidad hecho cosas- que les hubiera causado un desmayo.

Kakashi no era un hombre con el hábito de perder el control, pero sabía que si no se hubiera alejado de su presencia, ni porque prácticamente ella le ignoró queriendo conquistar a Neji, era probable que la tomara en sus brazos, y el diablo se llevara a cualquiera que protestara.

Sn embargo, Kakashi bien sabía que esa mujer, que sin duda estaba acostumbrada a tener la atención del hombre que deseaba, ya tenía la batalla perdida, porque el corazón del duque ya tenía dueña.

Así que esa batalla, ya la había ganado él. Kakashi Hatake, con te Otogakure.