Pareja (s):
AlfredxArthur, USX UK, Estados UnidosxInglaterra (así o más claro~)

Disclaimer:
Los personajes de esta historia no me pertenecen, como tampoco las canciones que aparecen en ella todo pertenece a sus respectivos dueños.
P.D: y tampoco son de Alfred.

Advertencia:
Les recomiendo de verdad escuchar las canciones conforme aparecen en la historia pues da un ambiente mucho mejor y si no lo hacen puede que no entiendan ni "J".
Pondré los nombres de cada canción en letra cursiva para que sea más sencillo ubicarlas~ además estarán en las notas finales.
Esta historia ocurre en un universo alterno por lo que los personajes no son países, está narrada en primera persona y pues nada es tan sana como una rebanada de pan.

Notas de inicio:

Hello~ estoy de nuevo por aquí para la segunda entrega de este fanfic… Gracias por comentar de verdad que me hace feliz~

Y por esa razón les vengo con este segundo capítulo, espero que no se aburran de tanta tranquilidad junta pero ya verán tengo muchas más ideas en mente y en proceso para otros fanfics… Bueno no retraso más su camino pasen a leer que es gratis XD

One, Two, Three, Go!

~*~ Compositor de amor ~*~

El tiempo se me hizo eterno en ese simple fin de semana en el que había estado practicando la nueva canción, quería que Alfred escuchara lo que había logrado en solo dos días, ese lunes solo podía pensar en la hora y quería apresurar el reloj para que dieran ya las tres de la tarde e ir a ese salón de ensayo donde por fin podría demostrarle a Alfred que lo había logrado, además también trate de evitar pensar mucho en esa ansiedad que me invadía sin permiso.

Entré un poco apresurado y me encontré con que Alfred ya estaba ahí pero no estaba solo, Marie lo acompañaba sentada en el banco frente al piano junto a Alfred, me saludo con una sonrisita que me pareció demasiado engreída para su rostro inocente además casi pude ver toda la malicia reflejada en los ojos verde pasto ¿Había interrumpido algo y por eso me miraba así? ¡Demonios yo tenía ensayo ahí! no era que quisiera robarle a Alfred, es más si por mi fuera no volvería a tocar con él nunca, solo lo hacía por complacer al jodido maestro.

−Bueno Alfred, tengo que volver a clases− Marie se levantó, fingí no prestarles atención, sacando mi violín y acomodando mis cosas por mi lado.

−De verdad agradezco que aceptaras Marie…− Me sentía muy incómodo con le escenita, joder si querían hacer eso que lo hicieran en otro lado, bueno no es que estuvieran haciendo algo romántico en realidad, Alfred le escribió algo en una hoja que ella guardo con mucho cuidado en su mochila ¡Por eso odiaba que Alfred fuera un imán para mis ojos! No podía evitar mirarlo de reojo como si quisiera saber cada detalle de lo que hacía, y ciertamente no quería ¿o sí? Me volteé de lo más molesto conmigo mismo y decidí no verlo más.

−Lo sé, ¿qué harías sin mí, verdad?− Escuché la encantadora risa de Alfred con ese comentario de parte de la chica y sentí que debía voltear para poder ver la sonrisa de él pero logré controlarme ignorándolos ¿para qué demonios estaría interesado en la sonrisa de Alfred si no se estaba riendo conmigo? Una pregunta vaga surgió en mi mente ¿sonreiría igual con ella que con todas las personas, o tendría un toque mucho más especial? −Bueno Al, suerte en tu ensayo de verdad me gustaría quedarme a oírlos pero no puedo solo saltarme la clase− Después de eso se despidieron y Alfred se sentó frente al piano con un brillo que sin duda no había visto nunca en él, definitivamente con ella su sonrisa tenía que brillar más, tanto que podría opacar al mismo sol, sentí un poco de envidia por no poder ver ese brillo yo mismo.

−Bueno Artie ¿estás listo?−

−Claro que lo estoy− No pude evitar sonreír con un poco de orgullo, era la hora de mostrarle lo que podía lograr, aparté todos mis pensamientos anteriores para concentrarme, él solo me devolvió la sonrisa, asintió brevemente acomodándose mejor frente al piano y como era de esperar acomodo sus lentes antes de empezar a tocar las primeras notas de la pieza musical, hice mi entrada con seguridad pero el sonido se oía un poco titubeante, me concentré un poco más pero solo logré tocar la música como antes, sin el sentimiento que ya había aprendido a darle, cuando finalizo la canción me sentí de lo más molesto ¿por qué si ya había logrado darle sentimiento a esa canción no podía hacerlo de nuevo? El fin de semana la había tocado varias veces y siempre lograba imprimir mis sentimientos en ella pero ahora no lo lograba, ni cerca estaba de hacerlo, algo andaba mal con mis emociones pero no podía saber que era.

−Lo siento, podrías tocarla de nuevo desde el principio− Pedí a Alfred que asintió de inmediato y toco de nuevo, respiré hondo antes de comenzar, mi mente estaba nublada por algún otro sentimiento y no podía concentrarme bien. –De nuevo…− Mencioné al finalizar la canción aquella segunda vez, no descansaría hasta lograrla.

−No creo que forzarte sirva de mucho Arthur− Sus palabras por alguna razón me irritaron en ese momento ¿no podía solo tocar y ya?

−Maldición, ya la había logrado…− Maldije más por lo bajo y Alfred solo se burló desde su asiento, tuve ganas de ir y estrellarle mi violín en la cara otra vez.

−Tranquilo Artie, no se va acabar el mundo, tenemos tiempo para practicar esa canción− Lo miré asesinamente pero sus palabras lograron calmarme un poco, no podía pensar solo en mi yo tenía la culpa de que no saliera bien esta vez así que reclamarle o culparlo a él para sacar mi enojo no eran un opción por lo cual me contuve de hacer o decir algo. –Vamos a caminar un rato…− ¿Caminar a dónde? ¿Por qué? ¿Acaso no le importaba el ensayo en lo absoluto?

−Quizá si intento una vez más pueda hacerlo− Comenté dudoso, sí, ya lo había dicho antes, nada que con el ensayo constante no pueda lograr, Alfred me miro un momento, se levantó de golpe de su lugar, me quito mi violín dejándolo en sus estuche y antes de que pudiera objetar algo me jalo de la muñeca sacándome casi a rastras del salón y cerrando la puerta tras nosotros.

−¡¿A dónde me llevas Jones?! Maldición suéltame− Quise soltarme pero nunca en mi vida había presenciado tanta fuerza y es mucho decir ya que a mis hermanos les encantaba usarme de saco de box cada vez que se les pegaba su gana, claro que cuando aprendí a defenderme se lo pensaban dos veces.

−Te lo dije, vamos a caminar un rato− ¿Y esa era una respuesta?

−¿Y quién te dijo que yo estaba de acuerdo con eso? Además no podemos irnos así como así y menos cuando dejaste mi violín ahí ¡Alguien puede entrar a la sala de ensayos!− Estaba desesperándome porque Alfred no parecía querer detenerse a pensar racionalmente y ya casi llegábamos al elevador una vez dentro no podría escaparme.

−No estaba perdiendo tu permiso, descuida nada le pasara a tu violín, la política de las salas son que si vez la puerta cerrada no interrumpas así que nadie entrara− Prácticamente me lanzo dentro del elevador y con su mano libre presiono en botón que llevaba a la planta baja, sentí un poco de pánico cuando las puertas se cerraron pero me quede quieto pues no me había soltado la mano así que no podría correr de ninguna manera, tampoco lo hizo en todo en descenso y comenzaba a dolerme la muñeca, una vez se abrieron de nuevo las puertas en la recepción me arrastro hasta la puerta de entrada y salimos sin ser vistos por nadie, genial me están secuestrando prácticamente y ningún puto testigo habría.

−Quieres soltarme de una maldita vez− Suavizó más su agarre pero no lo deshizo por completo lo cual me hizo bufar más cabreado que nunca. –No pienso escapar si esa es tu idea− Yo no era de los que jugara limpio, para escapar podría simplemente darle una patada muy baja y correr lejos de él, pero no era para tanto, aun.

−Prefiero no arriesgarme…− Maldecí su estúpido tonito juguetón en ese momento, observé por donde me llevaba y ya que no solía salir mucho los fines de semana todo me parecía desconocido.

−¿A dónde me llevas?− Pregunté después de un rato que me pareció que solo caminábamos sin rumbo fijo.

Oh ya veras, te gustara− Seguí caminando a su lado un rato hasta llegar a un gran parque, había escuchado hablar de el pero no pensé que de verdad fuera tan increíblemente grande, parecía que te tomaba un día entero recorrerlo todo o quizá más. –Ven vayamos al lago…− Eso era imposible, hasta un lago tenía aquel lugar, me dejé arrastrar por Alfred admirando la vegetación del lugar, era como entrar a un nuevo mundo, todo estaba tan tranquilo que era imposible no caer en la relajación que te ofrecía.

Nos sentamos en el pasto justo frente al agua, la vista era esplendida pues a pesar de todo, los grandes edificios de Nueva York se asomaban detrás de los árboles y se reflejaban en el agua, el aire se respiraba mucho más natural ahí.

Estuvimos platicando un rato, le conté a Alfred a grandes rasgos de mi familia y él también me contó un poco de la suya, claro que no le dije que mi padre a veces podía ser un tirano, mucho menos le dije sobre lo aterradores que podían llegar a ser mis tres hermanos mayores, sobre todo Scott, le platiqué más sobre mi madre y lo comprensiva que es, en toda la plática no nos dimos cuenta de la hora y la noche cayo sin que lo notáramos solo me percate de ello cuando vi en el lago las estrellas reflejarse, eso me trajo un recuerdo de mi infancia, uno de los pocos realmente felices que tuve.

−Cuando era pequeño…− Comencé a relatar añorando aquellos días, Alfred me miro interesado y con la luz de la luna sus ojos también parecían reflejar todas las estrellas. –Cuando era pequeño solía pensar que la luna era un gran diamante suspendido de alguna forma en el cielo y que todas las estrellas eran fragmentos rotos de ella que se habían quedado esparcidos, en vez de llamarlas estrellas las llamaba fragmentos de la luna−

−Esa es una buena perspectiva y única también, creo que yo era de los niños del montón que pensaba que la luna era de queso y las estrellas luciérnagas ha ha ha~− La risa de Alfred resonó en mis oídos como la sinfonía más bella que pudiera escuchar, me sentí más tranquilo por alguna razón y entonces recordé lo que tenía que pensar para poder tocar la canción, para lograr sentirla. −Te vez más relajado Artie~− Solo asentí ligeramente, debería darle las gracias pero seguro que al volver al edificio de la escuela íbamos a estar en serios problemas por salirnos así.

−Deberíamos volver ya…− No es que quisiera dejar toda esa tranquilidad que sentía en ese momento pero en días de clases había toque de queda para los alumnos, no quería sobre pasar la hora y conseguir un reporte que manchara mi impecable historial, agradecí que Alfred se pusiera de pie de una vez, me tendió la mano para ayudarme a parar, tsk como si no pudiera pararme yo solo, únicamente acepté su ayuda porque de alguna forma extraña me gusta la suavidad de sus manos, ¡pero ya lo dije es solo por la música que crea con ellas, no por otra razón! Ahora que lo pienso hay muchas cosas que me gustan de él ¿eso significa qué me gusta? Sentí mis mejillas arder con el simple pensamiento, no, no y no, definitivamente no era eso, solo estaba encantado por su música, solo eso.

Fue una sorpresa que al llegar a la sala de ensayo todo estuviera tal y como lo habíamos dejado, eso me quito una preocupación de encima, había tocado algunos violines antes de tener el que tengo ahora y para ser sincero nunca me había gustado tanto el sonido excepto con éste, por ello lo cuido tanto.

−Artie, ¿te gustaría intentar ahora?− Su pregunta y el tono juguetón que uso en ella me tomaron desprevenido, no sé por qué pero sentí un leve calor en mi cara y accedí a la propuesta de Alfred me sentía listo ahora, estaba seguro de que esta vez podría tocarla con más pasión que antes. –Bueno ya sabes como dice la canción "déjalo ser"~− No pude evitar reírme un poco de su broma tan estúpida, solo espere a que se acomodara en posición y al oír las primeras teclas de su piano sentí todo mi cuerpo vibrar casi como un escalofrío, toqué como no recuerdo haberlo hecho nunca en toda mi carrera musical, sentí que la canción salía de mi alma para recorrer mi cuerpo entero e instalarse en mi corazón, a pesar de cerrar mis ojos supe Alfred no dejo de mirarme en toda la pieza sentía su mirada en mí, en cuanto terminé la interpretación note el sonrojo que adornaban las mejillas de Alfred, se aclaró la garganta antes de dedicarme un sonrisa llena de complicidad.

−Maestro Kirkland, sonó perfecta pude percibir cuanto te gusta tocar el violín− Sonreí con humor y arrogancia, "perfecta" era la palabra que buscaba, ahora podía decir que esa canción sería de mis favoritas.

−Gracias por el acompañamiento joven Jones− Lo de ser caballeroso siempre me había salido natural pues desde pequeño me educaron así pero no pude evitar darle un poco de dramatismo al igual que lo había hecho Alfred con su cumplido, rio con genuino humor y sentí su voz resonar por toda la sala llenándome de algo inexplicable, era algo parecido a la felicidad, a la tranquilidad que aquella tarde había sentido. –Es tarde deberíamos ir a los dormitorios−

−Ok, nos veremos mañana ¿sí?− No entendí el porqué de la pregunta pero igual le respondí un "sí" que hizo que sonriera un poco más, me di cuenta de que él tenía esa manía de siempre preguntar cosas así, salimos de la sala y subimos en el elevador a nuestros respectivos pisos, Alfred en el séptimo y yo en el piso doce, cuando llegué a mi habitación sentía una especie de emoción, quizá causada por mi logro con la canción, de nuevo sorprenderíamos a Rick con nuestra rapidez para lograr las canciones, aunque por otro lado me sentía un poco mal por ir tan rápido solo una canción más y tendría que tocar solo otra vez, pero supongo que no era tan importante, yo deseaba tocar por mi cuenta desde el principio, no iba a extrañar a Alfred ¿o sí?

La mañana del día siguiente llego más rápido de lo que esperaba, estaba un poco nervioso he de admitirlo, una cosa era tocar para Alfred que me había enseñado a expresar mis sentimientos en la música y otra muy diferente era tocar para obtener la aprobación del maestro, además con Alfred siento que de alguna forma puedo ser yo mismo, mostrarme sin miedos o prejuicios cosa que no podría hacer con todo el mundo.

El tiempo esta vez no me pareció eterno sino todo lo contrario cuando me di cuenta ya eran casi las tres de la tarde, me repetí mil veces a lo largo del día que podría hacerlo bien, tenía que hacerlo bien, respiré hondo antes de girar del pomo de la puerta de madera que me separaba de la sala de ensayo y casi se me fue el aire al ver a Richard ahí sentado esperando, Alfred por su parte aun no llegaba pero ya no me sorprendía, incluso en aquella ocasión se lo agradecía bastante, quizá practicara una vez la canción antes de tocarla a dueto.

−¿Ya listo Arthur?− El tono del maestro se escuchaba ansioso y yo solo pude asentir rígidamente me sentí como un robot oxidado, mis dedos estaban igual o más tensos que mi propio cuerpo, no pude evitar pegar un bote cuando escuché la puerta abrirse de golpe, mi piel se erizo pues sabía que era Alfred, lo miré solo un breve momento ya que de inmediato desvié mi mirada a otro lado, lo quería mirar pero no sabía que efecto tendría en mi ¿me calmaría o solo me haría poner más nervioso? Preferí no arriesgar, estuve respirando hondo mientras escuchaba su calentamiento en el piano.

Cuando el sonido ceso por completo contuvé todo el aire en mis pulmones y me puse como pude en posición para comenzar cerrando los ojos en todo momento, solo debía concentrarme en el sentimiento que iba a transmitir y no en la profunda mirada que sentía sobre mí, no sé si pasaron minutos enteros o solo algunos segundos pero abrí los ojos para descubrir por qué demonios Alfred no había empezado a tocar, lo vi escribiendo algo en un pedazo de hoja, luego se levantó acercándose a mí, me la dio media doblada y no pude evitar mirarlo con cierta sospecha al igual que a el papel, apenas iba a preguntar de qué se trataba eso, pero cuándo lo iba a encarar él ya había vuelto a su lugar frente al piano, fruncí el ceño y él me sonrió asintiendo ligeramente, miré de nuevo el papel y sin más remedio lo abrí para descubrir que decía, sentí mis mejillas arder y mis ojos de inmediato fueron arrebatados por los suyos, aún tenía la sonrisa marcada en los labios y mi corazón palpito de más, sentí que todo el aire que antes había contenido se liberaba pausadamente y mi cuerpo se relajó, todo por aquellas simples palabras escritas en el pequeño pedazo de papel "solo estamos tú y yo", le devolví la sonrisa y asentí dándole la señal de que estaba listo para comenzar, cerré los ojos sintiendo como todo desaparecía a mi alrededor, ya no estaba más en la sala de ensayo sino frente al lago de aquel parque tocando para las estrellas reflejadas en el, mi única guía era el perfecto sonido del piano detrás de mí, un sonido que envolvía a mi violín pero a la misma vez lo liberaba de mis manos, solo estábamos Alfred y yo dejando que la pasión que ambos sentíamos al tocar nos envolviera como uno solo.

Basta decir que al final de la pieza Rick parecía una colegiala frente al chico más guapo de la escuela, nos felicitó repetidas veces y como siempre nos dijo que cada vez estábamos más cerca de ser el dúo perfecto en piano y violín.

−Debo confesar que estoy muy impresionado con todo lo que han logrado y bueno prácticamente ya aprendieron lo que les faltaba el uno al otro, Alfred fue un excelente acompañamiento hoy, dejaste que Arthur te guiara por completo y Arthur sentí toda esa emoción que transmitiste en la canción− Sonreí con orgullo, no me sentí fuera de lugar ya que Alfred sonrió de la misma manera dejando lucir aquel peculiar brillo en sus ojos.

−Bueno la última canción supongo que también ya la tocaron en algún momento El Canon in D Mayor, es una canción que según la historia representa lo importante para los que la tocan, Arthur tú ya encontraste tu propia motivación para tocar y Alfred creo que siempre la has tenido muy clara, en esta pieza lo que trataran de hacer es unir las cosas que son importantes para ambos al momento de tocar, aceptarse entre sí y ser cómplices en lo que la música representa para ustedes dos, el objetivo de tocar el Canon es unirlos como el dúo perfecto, puede que suene simple pero no muchos dúos lo logran, casi siempre un instrumento sobresale más que el otro al momento de tocarlo−

−El reto viene para ti ahora Alfred, debes dejar que tu pasión fluya también pero sin opacar a la de Arthur, ambos deben verse y oírse como iguales en esta canción, les recomiendo que ustedes mismos se revelen sus motivos personales para tocar cada uno de sus instrumentos, eso los ayudara a comprender mejor los sentimientos del otro y quizá a verse como iguales, ambos tienen una razón diferente para estar aquí, pero estoy seguro que el sentimiento de querer lograr ser los mejores es igual de fuerte en ambos, unan eso y refléjenlo en El Canon− Ambos asentimos a las indicaciones del maestro y en cuanto salió de la sala, Alfred salió detrás de él sin siquiera levantar sus cosas, me dediqué a guardar las mías, incluyendo la nota que me había dado Alfred, me sentí un poco estúpido por guardarla en el fondo de mi estuche pero aunque odiara admitirlo le agradecía aquellas palabras que me habían regresado las fuerzas de alguna forma que nunca me explicaría, quería agradecerle ese gesto de alguna forma pero el simple hecho de pensarlo ya me hacía un nudo en la garganta.

Me tarde más de lo normal en guardar todo, hasta me tomé el tiempo para limpiar un poco mi violín pero Alfred no volvía y no estaba seguro de si eso era bueno o malo, sino le daba las gracias adecuadamente ahora me conocía muy bien como para saber que mi orgullo no me dejaría hacerlo más tarde, cuando ya no me quedo más que hacer en la sala de ensayo suspiré cansado y decidí irme de una vez, él se lo perdía, abrí la puerta y casi choco con un agitado Alfred que venía entrando por ella.

−¡Artie! ¿Ya te vas?− Lo miré de arriba abajo, así tan cerca de mi noté los seis o siete centímetros que me llevaba en altura, también pude ver la perfección de sus blanco dientes y el brillo dorado que lucía en su cabello.

−Sí, yo…− Sentí que mi aliento me abandono por un instante, Alfred paseo su mirada por todos lados menos en mí, se veía nervioso.

−Mmm… quiero pedirte un favor ¿te quedarías un momento aquí conmigo?− No había razón para sonrojarme sin embargo lo hice cuando miré su rostro, él también estaba un poco rojo, me sentí más extraño que nunca, mis latidos se aceleraron y fue como si todas mis emociones se salieran de control, ¡maldición solo me había pedido un favor! ¿Por qué me sentía así?

−Bien ¿qué necesitas?− Me tuve que aclarar la garganta para que las palabras salieran de ella, entrando de nuevo al interior de la sala, Alfred cerró la puerta detrás de él con mucho cuidado como si temiera que alguien pudiera escuchar lo que me iba a decir, se quedó ahí un momento recargando su espalda en la puerta y mirándome como dudoso, no pude evitar ponerme nervioso con la profundidad e insistencia de su mirada azulina. −¿Y bien?− Ya que no se decidía a hablar intente animarlo un poco pues la duda me estaba carcomiendo.

−Es… quisiera que me dieras tu opinión sobre una canción que me dejaron aprenderme, pero no he podido tocarla bien y quisiera que la escucharas para que me digas en que estoy mal− Por un instante dude que fuera sincero pues no era un favor tan grande como para ponerse así de nervioso para pedírmelo, aunque yo también dudaría mucho en pedirle un favor así a él.

−Bien, pero voy a cobrarte por mi critica…− Intenté bromear un poco para que el ambiente se relajara y por lo menos logré que riera un poco. −¿Y bien piensas quedarte ahí o vas a tocar?− No sé cuánto tiempo había pasado pero Alfred no se movía de la puerta, en cuanto le dije eso pego un bote y rio nervioso yendo hacía el piano, saco unas hojas de su mochila y las colocó donde pudiera verlas con claridad, por mi parte me fui a sentar en uno de los bancos que usaba Richard para escucharnos al fondo de la sala, fingí que miraba a otra parte para no ponerlo más nervioso de lo que ya se veía. Comenzó a tocar y el sonido era tan maravillosos como siempre pero no me dejé llevar por lo que escuchaba, después de todo él quería mi critica así que me concentré en escuchar cualquier error que pudiera tener, ya había escuchado esa pieza antes se llamaba Bethena de Scott Joplin sabía cómo iba por ello fue más sencillo escuchar con oídos críticos.

De pronto se me ocurrió una mejor idea, me levante de mi lugar yendo hacía el piano y me acerqué a observar las partiduras que Alfred estaba siguiendo, cuando sintió mi presencia se puso rígido y dejo de tocar, algo como si su cuerpo se hubiera congelado.

−No te detengas…−Ordené mirándolo de reojo, asintió brevemente y se hizo a un lado en el banco largo donde estaba sentado, sin que me lo dijera deduje que se trataba de una invitación a sentarme a su lado, lo pensé dos veces pero terminé asiéndolo, estar frente al piano y observar tan de cerca las manos de Alfred acariciando de esa forma las teclas fue una experiencia realmente maravillosa, la forma en que él tocaba no solo era bella por el sonido sino que también visualmente, trataba el piano con una gentileza que no espere en él.

−¿Por qué tocas el violín Artie?− Me sorprendió que preguntara tan de pronto eso ya me lo había preguntado una vez antes, mi mirada fue directo a sus manos que no dejaban de interpretar la pieza y pensé un poco mi respuesta.

−Antes pensaba que era porque siempre me ha gustado la música clásica en especial ese instrumento, y quizá también de alguna forma deseaba hacer feliz a mamá cumpliendo los sueños que tuvo cuando era joven, aquellos que no pudo lograr cuando se casó… sin embargo ahora lo hago porque me siento bien tocando, siento que es algo mío, algo que es irremplazable en mi vida− Me sentí extraño siendo tan sincero con alguien de esa forma pero fue un poco liberador y agradable pues la sonrisa que esbozo Alfred con mi respuesta estuvo tan llena de gusto que en ese momento casi podía afirmar que él pensaba lo mismo que yo.

−Esa fue una buena respuesta− Comentó cuando la canción termino y la comenzó de nuevo, como era una melodía repetitiva casi no note el momento en que la termino e inicio de nuevo.

¿Y cuál es tu razón?− Pregunté con genuina curiosidad, nunca se lo había preguntado antes, detuvo la música jugueteando con las teclas antes de responder.

−Pues… solía escuchar mucho a mi abuela tocar, incluso ella me enseño gran parte de lo que sé ahora, ella tocaba a veces en las navidades o en otras reuniones familiares, era realmente genial yo comencé a relacionar el sonido de su piano con la alegría eso era lo que su música me hacía sentir, nunca le pedí que me enseñara pero yo era el único de sus nietos que la escuchaba hasta que se cansara me tomo de su pupilo ha ha ha… cuando ella murió no estaba seguro de poder tocar de nuevo el piano pero cuando me atreví a hacerlo me di cuenta de que esa era la mejor forma de recordarla y tenerla siempre conmigo, sentí mucha alegría en ese momento, ahora quiero transmitir yo mismo toda esa alegría que sus notas me hicieron sentir antes, quiero salvar con mi música a todas las personas que se sientan tristes, solas, enojadas o con cualquier otro sentimiento negativo, quiero hacer feliz a la gente esa es la única razón por la que toco− Con esa historia lo admiré un poco más de lo que ya lo hacía, la mayoría de músicos tocan por razones egoístas, por volverse famosos, por obtener dinero o como en mi caso porque simplemente se sienten bien al hacerlo, pero Alfred tocaba no solo para él mismo sino para hacer feliz con su música a todos los que la escuchen, estaba seguro de que lo lograría, no, más bien deseé desesperadamente que lo lograra.

−Tu respuesta fue mejor que la mía− Admití con seguridad y él rio un poco sin burla alguna.

−Todos tienen sus razones para tocar, no creo que haya respuestas malas para esa pregunta− Si tuviera que describir a Alfred en una palabra, esa sería "amabilidad" a simple vista podía parecer bastante egoísta pero sus acciones las realizaba siempre pensando en alguien más y eso era digno de admirar.

−Por cierto− Me aclaré la garganta y tuve que esforzarme para dejar de mirarlo de una vez. –Tu canción va muy bien, seguiste muy bien las notas e hiciste las pausas en donde tenías que hacerlas− Comenté dándole una ojeada rápida a las partiduras.

−¡Genial! Gracias Arthur…− Me sentí extraño por un momento y para distraerme de su hechizante mirada, jugué un poco con las teclas del piano presionando algunas, Alfred me miro inquisitivo levantando una ceja. −¿Te gustaría tocar un dueto en el piano conmigo?− Preguntó con un tono divertido tocando las mismas notas que yo pero en un tono más grave de su lado del piano, lo miré dudoso por un instante, pero debo decir que la idea me emocionaba bastante, conocía un poco de piano pero nunca me había atrevido a tocarlo.

−Me gustaría pero no estoy seguro de poder hacerlo tan bien como tú− Confesé inseguro, esa sería la primera vez que tocaba el piano y no estaba seguro de que iba a resultar.

−Lo harás bien y no te preocupes yo te diré las teclas que debes tocar, espera…− Alcanzó su mochila y sacó un cuaderno muy gastado que a duras penas tenía la pasta pegada con cinta adhesiva, lo hojeó rápidamente ubicándolo en la página que buscaba, era una pieza con notas bastante complicadas y elaboradas se titulaba "Como Dijiste" no la conocía y eso me puso más nervioso, aunque enseguida Alfred me explicó en qué tiempo de la canción tenía que entrar, me mostró las teclas que tenía que tocar y cómo hacerlo, ya que era solo un acompañamiento lo único que debía hacer era mantener el ritmo de las notas que me había mostrado así como una sola posición de las manos, tocó el ritmo constante que se debía mantener durante la pieza y lo aprendí enseguida aunque a pesar de eso me hizo repetirlo varias veces según él para que me acostumbrara al ritmo.

−Bueno eso es todo lo que hay que hacer yo me encargare del resto−Levantó sus brazos con ambas manos entrelazadas estirando así sus dedos. −¿Listo?− Asentí como respuesta y me dio una sonrisita emocionada antes de empezar a tocar las primeras notas, conecté mi oído con las notas que estaban escritas en el papel para no perder mi entrada, aunque de un momento a otro me sentí tan tranquilo con las notas suaves que daba Alfred que me olvidé de ver el papel era como conocer la canción a la perfección, antes de llegar el momento en el que tenía que tocar con él me dedicó una mirada avisándome, coloqué los dedos en las teclas que debía y la sincronía era perfecta entre los dos, en ese momento sentí que podríamos tocar juntos cualquier cosa, era como estar totalmente conectados a través de los instrumentos, su mano rozaba la mía de vez en cuando y sentía un cosquilleo que me atravesaba el cuerpo entero estremeciéndome un poco, no sabía que era ese sentimiento pero no quería dejar de sentirlo, la canción concluyo y nos quedamos un rato en silencio, uno que no era incomodo más bien tranquilizante.

−¿Es la primera vez que tocas el piano?− Alfred rompió el silencio y lo miré asintiendo un poco, yo tampoco me creía que pudiera tocar así un instrumento que apenas y conocía. –Wow pues si no tocaras tan bien el violín te diría que éste es tu instrumento− Me sonrió abiertamente y ahí lo supe, estaba perdido, basto con unos días de conocerlo para que pasara, Alfred me había hechizado por completo, no era solo su brillante sonrisa o sus ojos llenos de vida, no eran solo sus manos tan suaves y cálidas, no era solo la música que producía con ellas, ni las razones que tenía para tocar de esa forma tan hermosa, era todo junto y un poco más, me gustaba todo de él, Alfred simplemente me gustaba.

−Dijiste que tu madre tocaba el piano ¿no? Quizá aprendiste un poco mirándola− Negué con tranquilidad a su hipótesis, dejando para después la resolución de mis sentimientos nuevos.

−Solía tocar pero nunca la vi hacerlo, estoy seguro de que a ella le hubiera encantado tener un piano en casa pero mi padre es un poco estricto y tal vez para no molestarlo nunca se lo pidió− Me miró como si buscara una explicación lógica en mi cara, no pude evitar sentir un escalofrío que por suerte logré disimular.

−Eso es triste…yo tampoco tengo un piano en casa ¿sabes?, solía ir a casa de mi abuela para tocarlo, incluso antes de venir aquí lo seguía haciendo y estoy seguro que cuando salga lo volveré a hacer− No tenía ni que decirlo se notaba que Alfred no podía vivir sin un piano cerca. –Sabes tenía tiempo que yo no tocaba a dueto así, lo hacía con la abuela y desde que murió nunca nadie había ocupado su lugar junto a mí− Me sentí un poco mal por esa confesión, sentí un poco del dolor de Alfred en mi propia piel, debí ser uno inmenso para que me alcanzara así, pero también me sentí estúpidamente especial y agradecido por poder tocar con él.

−Siento haber hecho que recordaras cosas tristes…y haber ocupado un lugar tan especial− Comenté con un tono de voz bajo y él me miro con una sonrisa indescifrable pintada en su rostro.

−No son recuerdos tristes, te lo dije cuando toco me siento feliz, me gusta recordar eso y si, es un lugar muy especial, te agradezco que aceptaras ocuparlo por esta ocasión, si no lo habían ocupado antes es porque nadie se había ofrecido a hacerlo− ¿Quién no estaría encantado de tocar con Alfred? Por Dios tenía bastantes admiradoras estoy seguro de que ellas se morían por tocar con él ¿o no era así?

−Es una buena canción…− Comenté fingiendo mirar la partidura interesado, solo podía pensar en el gracias que me había dado y eso me hacía sentir más especial y por ende más estúpido que nunca, mis emociones se salían de control cuando estaba cerca de él y eso sin duda no podía permitírmelo.

−¿Tú crees? Yo la escribí− Lo miré de inmediato sorprendido, Dioses era una canción muy elaborada ¿cómo era posible que Alfred escribiera algo así? Y aun no sabía su edad pero estaba seguro que era más joven que yo, y yo aún no podía escribir ni una línea de notas sencillas.

−¿Es enserio?− No me lo creía de ninguna manera y Alfred rio divertido sabiendo que no creía en esa afirmación.

−Sí, le puse ese título porque la escribí para mi abuela por algo que me dijo, cuando compusiera una canción ella sería la primera en escucharla y ese día me graduaría como su alumno favorito así que pensé en hacer un dueto de piano con el título "como dijiste"… aunque tarde más de lo debido en terminarla y esta es la primera vez que la toco, pero sé que aunque no me lo pueda decir ya me gradué así que doble gracias Arthur− Admiré tanto su valor y fuerza para hablar de esas cosas como si no dolieran, yo ya me sentía tan mal que era un milagro que no estuviera llorando ahí mismo, incluso mis ojos ardieron un poco y mi pecho se oprimió fuertemente acortándome la respiración.

−A ti por compartir esto conmigo− Ya no podía ser frío de ninguna manera con él, me sentí tonto por no tenerle la confianza para contarle cosas de mi familia o incluso de mí mismo más abiertamente como lo hacía él conmigo pero yo siempre era así de cerrado con todos.

−Mmm… tengo más canciones sabes, en éste cuaderno tengo varías− Hojeó de nuevo el cuaderno con un poco de cuidado para mantener las hojas en su lugar. –Aunque algunas nunca terminé de escribirlas− Lo miré curioso deteniéndolo en una en especial se titulaba "Georgiana" sonrió al instante y colocó el cuaderno de nuevo en su lugar. –Solía componer canciones a las personas que me inspiraban…− Comenzó a tocar la melodía sonaba divertida y juguetona, su ritmo era más rápido de lo que antes lo había oído tocar y me sorprendí un poco pues mis ojos apenas y podían seguir a sus dedos que parecían correr en el piano, era muy corta duraba apenas un minuto pero igual fue fantástica.

–Y Georgiana es así, descubrí que para mí es la mejor forma de describir a las personas− Me sentí un poco celoso ¿quién demonios era Georgiana? Y lo más importante ¿Por qué demonios quería acabar con ella? Quien quiera que fuera.

−Mmm… así que la chica a la que se la compusiste se llama Georgiana…− Más que una pregunta fue una afirmación.

−Yes, ella es como mi hermana adoptiva todavía no va a ni a la secundaría pero cuando era más pequeña solía correr y saltar por toda la casa de la abuela mientras ella me enseñaba a tocar, mamá me hacía cuidarla a pesar de ser hija de los vecinos, aunque tiene bastante que no la veo supongo que a pesar de lo ruidosa que es a veces, me agrada mucho− Y en ese momento me sentí el peor psicópata del mundo, era como su hermana, una niña pequeña y yo pensando en las formas de aniquilarla.

−Ya veo, ¿has compuesto piezas de alguien ahora?− Una parte de mi quería preguntar algo mejor y más concreto ¿has compuesto algo llamado Marie?

−No, estoy trabajando en algo, creo que será para la prueba final− Un balde de agua fría me cayó encima con ese recordatorio, no había hecho nada para la prueba final y aunque aún faltaban meses para eso, no había avanzado nada me sentí en desventaja pues Alfred ya hacía composiciones tan complicadas desde antes y yo aún no podía hacer algo digno para la evaluación final, era patético. –Cierto ¿ya tienes algo para eso?− Quería mentir para no sentirme en desventaja pero ¿cómo mentir a una persona que te ha hablado con total sinceridad? Simple no podía hacerlo.

−Aun no…nada− Me sentí débil y Alfred solo sonrió, claro estaba feliz menos competencia para él, quizá debí mentirle ya lo estaba reconsiderando.

−No te preocupes aún falta mucho para eso− Me limité a asentir tranquilamente, yo era capaz de aprender lo que fuera así que no iba a agobiarme pensando en que tocar, ya vendrían las ideas más tarde y ya que mi técnica era perfecta no necesitaría de mucha practica realmente solo la suficiente para aprenderla de memoria.

No hablamos mucho después de eso, solo me limité a retirarme con la excusa de dejarlo ensayar en paz, una vez estuve en mi habitación me concentré en meditar mis sentimientos nuevos, no era posible que me sintiera así por Alfred, ya me habían gustado algunas personas antes por lo que estaba seguro que sería pasajero, en cualquier momento se me pasaría y hasta que eso no sucediera de ahora en adelante evitaría a toda costa que este sentimiento creciera, para mi buena suerte después de lograr la última pieza con Alfred lo vería menos sino es que dejaría de verlo hasta la presentación final, con eso era imposible que no pudiera arrancarlo de mí y evitarme el dolor de un amor unilateral.

~*~*~*~*~*~*~*~*~*~Compositor de amor~*~*~*~*~*~*~*~*~*~

Pasamos más tiempo del que yo hubiera querido practicando el Canon o más bien más días de los que podía soportar junto a Alfred disimulando mis sentimientos, tratando de que mis ojos traicioneros no se posaran en los suyos, reprimiendo mis sonrojos por sus radiantes sonrisas, incluso trataba de evitarlo lo más posible después de los ensayos, rehuía a sus pláticas ocasiones, también en esa semana no subí para nada a la azotea por el temor de encontrármelo ahí.

No es que la canción nos saliera mal al contrario nuestra conexión en la música cada día parecía más inquebrantable, es solo que Richard dijo que nos daría el tiempo suficiente para ensayarla solos y así llegar a tenernos más "confianza", basta decir que lo odie más –si eso es posible- por ello, no quería estar más a solas con Alfred y sus malditas encantadoras sonrisas, además en esta semana fue raro el día que no encontré a Marie en la sala de ensayo con él o esperándolo fuera hasta que terminaba la practica conmigo.

−Oye Artie esta vez sonó genial~− Y ahí estaba de nuevo buscándome platica mientras yo recogía mis cosas.

−Sí, estuvo bien− Contesté cortante sin atreverme a dirigirle la mirada, aunque fuera solo por un segundo estaría perdido y lo sabía por eso era mejor evitarlo.

−¿Estás enojado conmigo?− Preguntó de pronto y sentí que mi cuerpo se entumió.

−No tengo porque estarlo− Comenté sintiéndome un poco mal pero repitiéndome mentalmente que era mejor así, eso era lo mejor.

−¿Por qué ya casi no me hablas o me miras?− No pude más y levanté mi vista para mirarlo, estaba tan radiante como siempre, no tenía una sonrisa adornando su rostro pero emitía un brillo esplendido.

−¡Alfie!− Antes de que pudiera decir algo Marie entró irradiando felicidad, Alfred la saludo con un beso en la mejilla y su sonrisa volvió a adornar su rostro, de inmediato volví a mis cosas para salir de ahí. –Hola Arthur− Le sonreí amable por el saludo y lo respondí sorprendido de que me notara a pesar de estar encantada con el americano.

−Con permiso… yo me retiro− Me despedí de ambos saliendo por la misma puerta por la que ella había entrado.

−¡Espera Artie!− Alfred me alcanzó a medio pasillo y me sentí estúpido de nuevo por no lograr que mi corazón dejara de dar eso vuelcos solo por escuchar la voz de ese estadounidense llamándome no detuve mi camino solo desaceleré lo suficiente para que él caminara a mi lado y una vez que estuvimos frente al elevador lo encaré para saber que quería. –Rick me dijo que estaríamos solos una semana más así que ¿te veré el lunes?− Maldecí a ese maestro una y otra vez en mi mente, por otro lado me limité a asentir a la pregunta presionando el botón del elevador. –Mmm… sobre lo que te pregunte hace rato…− El elevador se abrió y aunque lo pensé dos veces me subí en el.

−No estoy enojado contigo, Alfred− Pronunciar su nombre provocó un nuevo latido acelerado en mi pecho, y lo último que vi fueron sus ojos suplicantes pues la puerta del elevador se cerró bloqueando mi vista de él, esa noche no pude dormir muy bien, solo podía pensar en cómo enterrar estos malditos sentimientos que causaban un malestar en mi pecho y sobre todo me hacían sentir la peor persona del mundo, por esquivar a Alfred sin darle explicaciones de mi actitud tan cortante, por odiar a Marie que no tenía ni la más mínima culpa de causarme este malestar, y hasta a veces odiarlo a él por no darse cuenta de lo que sus miradas, sus risas y sus palabras causan en mí.

El fin de semana me la pase encerrado en mi habitación pensando en cómo soportar la otra semana más que estaría a solas con él, maldiciendo que mis sentimientos en vez de irse borrando se hacían más grandes, más insoportables me hacían anhelar verlo, escucharlo y sobre todo quería desesperadamente tocar a su lado.

El lunes llegó y con el las practicas que debía mantener con Alfred o como yo las había empezado a llamar "un martirio para mis sentidos y mi cordura" era extraño que Alfred pasara de ser la amabilidad a ser la tortura más dulce y agonizante que podía sentir, era un veneno dulce y amargo un veneno que ya no podía evitar tomar.

En cuanto dio la hora del encuentro, tuve que respirar profundo antes de girar el picaporte de la puerta y conseguir el valor de entrar a la sala, chasqué la lengua y fruncí mis cejas al ver a Marie que reía encantada en el piano junto a Alfred, "Nadie ha ocupado ese lugar" eso había dicho, sí claro y la reina de Inglaterra es mi mejor amiga, sentí mi sangre arder por todo mi cuerpo pero conseguí las fuerzas para devolverles el saludo a ambos.

−¿Entonces te quedaras a escucharnos hoy?− En cuanto escuché a Alfred preguntar eso la sangre se congelo por completo en mis venas, debía estar bromeando, no quería de ninguna manera tocar frente a ella.

−Claro, eso sí a Arthur no le molesta− Me miró suplicante y odie mis estúpidos modales de caballero.

−No tengo problemas…− Comenté entre dientes y ella me sonrió complacida, aunque de antemano sabía lo que iba a suceder, Alfred y yo no podríamos tocar como siempre, cada vez es lo mismo, si alguno de los dos sentimos la tensión del público somos un desastre tocando y en esta ocasión Alfred querría lucirse con Marie y eso lo haría dejarme atrás durante la canción, sí, podía apostar a que sería un desastre pero no dije nada al respecto.

−Oye Artie~ ¿recuerdas la nota que te escribí la otra vez?− Claro que la recordaba aunque me tomo por sorpresa que me preguntara eso ahora, esas palabras que me había escrito me habían salvado en una ocasión, mis mejillas se calentaron un poco y en respuesta asentí entrecortadamente sintiendo de pronto nervios, su mirada y la mía chocaron haciéndome perder el aliento por un momento y todo alrededor desapareció de nuevo, solo éramos él y yo.

Sonrió cuando puse mi violín en posición, mi mirada se negó a apartarse de su rostro pero por lo menos conseguí aspirar el aire suficiente para dar inicio a la canción, imaginé de nuevo ese lago, solo nosotros dos y nuestros instrumentos cobrando vida para fundirse como uno solo en una simple melodía, y aunque aún estaba el sol en lo alto del cielo era como ver la luna y las estrellas reflejadas en el agua frente a mis ojos igual que aquella noche, me dejé llevar una vez más por esas notas amables y bellas que me envolvían en una alegría sin fin, mi arco se movía solo sobre las cuerdas dejando salir el bello sonido.

−¡Bravo! Fue hermoso− La voz y los aplausos de Marie fue lo que me trajo de vuelta a la realidad y me hizo consciente de que habíamos concluido la pieza, la odie un poco más por eso, hubiera preferido quedarme con la mente perdida en ese lago, con la música del piano de Alfred como mi única compañía. –Realmente ya entiendo porque Rick los llama el dúo perfecto− Y ahí estaba de nuevo su falsa sonrisa y esa voz llena de ¿envidia? ¿Por qué? Era más que obvio lo que Alfred siente por ella.

−Lo sé, es genial tocar así con Artie− Me hechizó la sonrisa ladeada que me dedicó, además de que sentí por todo mi cuerpo su intensa mirada, de nuevo el calor se alojó en mi corazón alcanzando mi cara.

−Oh cierto Alfie, olvide decirte que hay una parte de la canción que debes escuchar, no la puedo tocar bien en el violín como la escribiste, así que tendrás que decirme si te parecen los cambios que hice para que sonara bien− Con esa conversación mi pecho se oprimió, ¿Estaban trabajando juntos en una canción? ¿Iban a hacer un dueto? Por primera vez en mi vida quise llorar por algo tan insignificante, pero era demasiado importante para mí y al darme cuenta de ello mis ojos ardieron un poco nublando mi visión, tenía que salir de ahí pronto no iba a permitir de ningún modo que me vieran débil como me sentía en ese momento.

-Seguro, después de la practica con Arthur trabajaremos en la canción− No estoy seguro de cómo fue que logré contener mis lágrimas pero de alguna manera lo hice ¿qué me importaba que Alfred tocara con alguien más? Él era libre de tocar con quien quisiera, no tenía que importarme y sin embargo me sentía destrozado por dentro, tan débil.

−Si tienes cosas que hacer podemos dejarlo para mañana− Logré decir guardando mis cosas, solo quería salir de ahí lo más pronto posible.

−Mmm… ¿no te molesta dejar el ensayo por hoy?− Su pregunta me golpeó y tuve que morder mi lengua para no dejarme llevar por lo que sentía.

−Está bien, estoy un poco cansado− De cierta forma no era una mentira, estaba cansado emocionalmente, cada vez que estaba junto a él me sentía enfermo cada vez más cansado, más débil, más triste que nunca.

−Ok entonces ya está practicaremos mañana− Asentí y evité de nuevo ver su rostro feliz, no necesitaba eso, no necesitaba sentirme peor de lo que ya me sentía.

−Yo me retiro entonces− Declaré sin poder evitar la dureza en mi voz.

−Descansa Artie− Le di solo una mirada rápida antes de salir de la sala de ensayo, en cuanto la puerta se cerró tras mi salida mis pies se clavaron unos segundos en aquel sitio, segundos que me parecieron eternos, no escuché nada después de mi salida así que logré seguir andando hasta llegar al elevador y decidí subir hasta la azotea, ahí tendría la paz y tranquilidad que necesitaba más que nunca, una vez en aquella parte del edificio me recosté dejando que el frío concreto golpeara en mi espalda, observé el cielo azul como los ojos de ese americano, ya no podía evitarlo hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera Alfred no salía de mi mente, estaba más adentro de lo que me había imaginado por eso dolía tanto saber que nunca me miraría con los mismos ojos con los que yo ahora lo veo, los mismos con los que él mira a Marie, sentí dos lágrimas rodar por mis mejillas y me sentí más idiota que nunca ¿por qué me tenía que enamorar? ¿Por qué tenía que doler así? Cerré mis ojos con impotencia, no había nada que pudiera hacer y lo sabía, lo había sabido siempre.

−¿Arthur?− Escuché su voz cerca de mi oído y a pesar de tener mis ojos cerrados supe que era su voz por la forma en que mis oídos vibraron, abrí mis ojos lentamente recordando que nunca me había movido de la azotea solo que ya no era un cielo azul claro lo que veía sino uno lleno de estrellas, oscuro e infinito. –Siento haberte despertado pero se está haciendo tarde y si te dejaba dormir más te enfermarías con el frío que empieza hacer− Me tallé los ojos un poco para luego mirar perplejo a ese americano junto a mí, creí que era un sueño el haber escuchado su voz en mi oído pero no, estaba sentado a mi lado con esa libreta de nuevo sobre sus piernas y un pluma en sus manos, me sonrojé bastante ¿desde cuándo había estado ahí? ¿Y por qué demonios me habré quedado dormido en la azotea? Eso era más de lo que podía aguantar en niveles de vergüenza.

−¿A qué hora llegaste?− Pregunté con un poco de temor por la respuesta y mis mejillas se encendieron aún más de lo que ya estaban cuando Alfred me dio una sonrisita traviesa.

−Te vez tan lindo mientras duermes si eso es lo que quieres saber− Quise asesinarlo ahí mismo pero solo podía odiarme a mí mismo por haberme quedado dormido sin darme cuenta.

−No quiero saber eso Idiota− Estuve a punto de levantarme e irme pero Alfred tomó mi mano anticipando mis movimientos y solo pude sentarme a su lado, demasiado cerca para mi gusto pero al menos me soltó la mano y sonrió un poco.

−Pues ya lo sabes…− Resoplé girando la mirada, ¿me había enamorado de ese idiota? Debo de estar mal de la cabeza, aunque eso no evito que me recorriera un escalofrío en cuanto sentí su mirada penetrante en mí.

−¿Qué?− Pregunté sintiendo el calor instalarse de nuevo en mis pómulos, me hacía sentir nervioso y torpe, odiaba sentirme así.

−Tu cabello me irrita es muy rebelde…− Lo miré como si le hubiera salido un tercer ojo, ¿a qué venia ese comentario tan extraño?

−Y lo dices tú, que tienes levantado siempre ese cabello…− Señalé un pequeño rizo que sobresalía de todo su dorado cabello, se rio con unas cuantas carcajadas, tomo uno de mis mechones de cabello entre sus dedos acariciando con mucho cuidado cada hebra, me sobresalté un poco y mi respiración se hizo mucho más rápida e irregular al igual que mis latidos, estuve tentado a alejar su mano pero solo me vi anhelando más contacto de esas manos que tanto me gustan.

−No intentaba ofenderte, me gusta tu cabello− Ahogué una protesta cuando alejo su mano de mí, solo pude desviar la mirada no quería verlo porque si lo hacía ya no querría apartar mi mirada de él.

−Creí que te irritaba…− Comenté con un tono de voz suave y tranquilo, disimulando cuanto me había gustado lo que dijo.

−Sí, también… aunque más que irritarme es como si quisiera revolvértelo a cada rato y no poder hacerlo me molesta− Sentí su risa tan cerca, tan para mí que fue simplemente fascinante.

−Más te vale dejarlo en paz…− Intenté que mi voz saliera seria y amenazante pero la verdad eran un poco divertidos sus comentarios por lo que no pude evitar que la broma bordeara mis palabras, de verdad no entendía la razón de esa platica tan extraña, al menos algo de mi le llamaba la atención y le molestaba no poder tocarlo.

−Mmm… que gruñón eres− No pude evitar mirar las reacciones de su rostro y casi me echó a reír a limpias carcajadas al ver los pucheros que estaba haciendo en ese momento.

−¿Qué esperabas, qué te diera permiso de despeinarme cada vez que se te diera la gana?− Me tuve que morder casi la lengua para contener mi risa que amenazaba con estallar en cualquier momento.

−No, solo estaba avisándote que lo haré− Sentí su mano danzar por todo mi cabello, de una forma hiperactiva pero tierna a la vez, sí, esa era la palabra correcta, ternura y no amabilidad, quité con suavidad su mano una parte de mi deseaba que lo hubiera dejado seguir pero esta vez dejé que la cordura ganara, si seguía así me haría necesitar ese contacto cada vez más y no podía permitir de eso.

Nos quedamos un rato en silencio, mi mirada se perdió en el cielo salpicado de estrellas, me gustaba tanto esa tranquilidad que solo sentía junto a Alfred, me estaba haciendo prácticamente adicto a ella, una pregunta nuevo surgió en mis pensamientos ¿a qué otra cosa podría hacerme adicto ese americano? Tantas cosas me llegaron a la mente respondiendo esa pregunta, a su sonrisa, su voz, su compañía, su música...

−Tengo sueño…− Lo escuché murmurar antes de sentir su cabeza en mi hombro, su cabello me hacía cosquillas en la mejilla cada vez que respiraba y eso llevo a mi corazón un poco más al borde de la locura, lo sentía tan cerca que casi era un sueño, los grillos hacían esa bella música nocturna de fondo, deseé que el tiempo se detuviera en ese bello instante. –¿No tienes frío?− Preguntó de pronto jalándome por un instante a la realidad.

−Un poco…− Respondí, no iba a decir la verdad esta vez, su calor me estaba llenando por ello era capaz de olvidarme del clima que hacia ahí arriba en la azotea.

−Deberíamos entrar ya− A pesar de lo dicho no se movió ni un centímetro de la posición en donde estaba y eso me alegró más de lo que debería.

−¿Qué escribías mientras dormía?− Pregunté queriendo que se quedara así solo un poco más, incluso aunque no veía su rostro pude adivinar que esbozo esa sonrisita traviesa tan suya por mi pregunta.

−Una canción…− Respondió entre risas ahogadas y yo solo chasqué la lengua por lo obvio.

−Ya sé que era una canción pero ¿de qué es?− Insistí para que la plática siguiera.

−Mmm… no te lo diré por ahora, mejor te la muestro cuando la termine− Me quejé un poco por su respuesta y Alfred se burló levantándose de mi hombro entre risas. –Eres cómodo Artie, pero a éste paso de verdad me voy a quedar dormido− Se estiró un poco antes de levantarse y tenderme la mano para que me levantara también, la acepté y una vez de pie sacudí un poco mi ropa, aunque después de haber estado acostado en la azotea tanto tiempo el polvo se había quedado pegado a mi uniforme.

−Pues si ese hubiera sido el caso no dudes que te habría dejado aquí durmiendo solo− Hizo una cara de horror con mi comentario que estaba para grabarse, no pude evitar reírme un poco y él volvió a poner pucheros en su rostro.

−Que malvado Artie, yo te hice compañía mientras dormías− Se quejó volviendo a revolver un poco mi cabello.

−Nadie te lo pidió Jones− Esta vez no aparte su mano, solo desvié la mirada a otro lado que no fuera su bella risa, me encaminé a dentro del edificio.

−Dulces sueños Artie~− Un escalofrío recorrió mi cuerpo entero por el tono que uso para su despedida, ya habíamos bajado de la azotea y estaba frente a mi dormitorio, Alfred me había seguido después de bajar del elevador a pesar de que su cuarto estaba unos pisos más abajo, no comenté nada pero podía imaginar que no dejaría de molestarme ahora que ya sabía mi número de habitación, abrí la puerta para entrar de una vez ya era tarde, muy tarde en realidad tendría suerte de dormir por lo menos unas horas antes de levantarme, al menos había dormido durante la tarde.

−Buenas noches Alfred− Me despedí antes de cerrar la puerta, me quedé un momento recargado en ella escuchando los paso de Alfred alejarse un poco más hasta desaparecer por completo, no había dudas estaba enamorado y aunque ya no había forma de evitarlo tendría que ocultarlo a toda costa, solo una semana más, tenía que resistir una semana más junto a él.

Los ensayos transcurrieron igual que siempre, cada vez era un poco más difícil para mí tocar junto a Alfred pues era dejarme envolver por su música, era quererlo, anhelarlo cada vez más, hacerme adicto a esa manera de comunicarnos, solo él, yo y nuestra música, volvernos uno en el instante en el que tocábamos, todo eso tratando de controlar mis sentimientos por él, trataba de evitarlo de nuevo después de las practicas lo cual era de cierta forma sencillo pues Marie siempre llegaba para robar su completa atención, no podía agradecerle eso pues me sentía tan desesperado cuando eso pasaba pero tampoco podía culparla así que solo me limitaba a desaparecer de ahí lo más rápido que pudiera.

−Artie mañana es el último ensayo que tenemos solos, Rick nos escuchara el viernes− No sabía si alegrarme con ello o por el contrario maldecir al tiempo por ir tan rápido, me convencí a mí mismo una vez más que eso era lo mejor, entre más pronto dejara de verme con Alfred mejor.

−Está bien, te veré mañana entonces− Me obligué a decir esas palabras por más doloroso que resultara decirlas.

−Espera, hay algo de lo que quiero hablarte− Sus palabras me detuvieron justo en la puerta de la sala y me giré para escucharlo, lo vi un poco nervioso pues comenzó a jugar con las teclas del piano como era su manía cada vez que quería decir algo y no estaba seguro de hacerlo.

−Te escucho− Mencioné para animarlo y me miro suplicante, lo que hizo a mi corazón dar un pequeño salto.

−Bueno veras, he estado trabajando en una canción para la prueba final…− Lo analicé un poco tratando de adivinar sus pensamientos mientras hablaba.

−¿Quieres mi opinión sobre ella o algo así?− Levanté una ceja inquisitivo, ¿acaso no sabe que ambos somos rivales? Regla de oro, no muestre tus cartas a tu rival, nunca.

−No exactamente− Bien al menos aún tenía un poco de cordura. –Quiero que la toques conmigo…− Me quedé mudo con eso ¿había oído bien? ¿Quería tocar conmigo en la prueba final? Mis mejillas ardieron un poco, no sabía que decir las palabras no salían de mi garganta y los pensamientos me inundaron por completo. –No tienes que decirme nada ahora, solo piénsalo, estoy seguro que podremos tocarla bien los dos juntos, la escribí pensando en ti− Sentí mis mejillas más calientes por sus palabras, en ese mismo momento todo mi ser me pedía aceptar, no había otra cosa que deseara más que tocar con Alfred, pero la voz de la razón me recordaba que me había prometido alejarme de él en cuanto pudiera, ensayar una canción para la prueba final nos llevaría meses de practica constante, tendría que estarlo viendo y lo peor me seguiría enamorando cada vez más hasta que ya no pudiera contener mis sentimientos, eso no era una buena opción, solo me haría daño, el amor no correspondido siempre duele y no quería eso… no quería que terminara doliendo más de lo que ya dolía.

−Y-yo no lo sé…− Logré murmurar apenas, sus ojos suplicantes me hacían sentir más débil que nunca, incapaz de moverme, de negarme a aceptar.

−Piénsalo por favor, sé que es mucho lo que te pido pero de verdad quisiera hacer esto contigo− De nuevo sentí mis latidos ir más rápido dentro de mi pecho y un recuerdo llego a mi mente logrando destrozar mis ilusiones de un solo golpe.

−Creí que estabas trabajando en algo con Marie− No pude evitar el veneno en mis palabras, claro ¿por qué no me di cuenta antes? De seguro algo no había salido bien con ella y por eso buscaba a alguien para sustituirla.

−Sí, estábamos trabajando en esa canción, le pedí de favor que tradujera las partiduras para el violín, quería tenerla la pieza lista antes de pedirte que la tocaras conmigo− Contuve el aliento lo que me parecieron ser segundos eternos, analizando su respuesta y todas las posibilidades de que estuviera mintiendo.

−Lo pensare…− Apenas alcancé a murmurar, me sentía estúpidamente especial de nuevo, Alfred había hecho una canción solo para ambos, había pensado en mí antes que en Marie o al menos eso es lo que mis sentimientos ingenuos querían creer.

−Bien, te mostrare la canción cuando quieras− Asentí a lo último antes de salir de la sala de ensayo, me sentía tan extraño, lleno de dudas pero también más feliz que nunca, de verdad quería tocar con Alfred una vez más aunque eso solo aumentara el malestar en mi pecho.

Para mi fortuna en el siguiente ensayo que pasamos solos Alfred no menciono nada sobre su petición y le agradecí eso pues aún estaba un poco confundido, todavía no sabía que decirle y aunque en la práctica estuvimos un poco tensos seguíamos tan conectados, tan perfecto que parecía irreal.

Llegó el día viernes y Rick ya nos esperaba en la sala de ensayo, fue un milagro que Alfred llegara antes que yo esta vez, aunque durante parte de las dos semanas pasadas lo hacía pero solo porque Marie estaba ahí con él ensayando la dichosa canción.

−Espero que estén preparados muchachos, hoy se van a graduar o al menos eso espero…− Afiné mi violín y me coloqué en posición escuchando las teclas del calentamiento Alfred, me traté de relajar lo más que podía y mi mirada se fue directamente a la suya y sentí de nuevo su sonrisa invadir en lo más profundo de mi corazón dándome la calma que necesitaba para tocar.

Me perdí por completo en las dulces y suaves notas de Canon, me perdí junto a Alfred en una melodía que parecía querer fundirnos en uno solo, o al menos ese era mi deseo más grande quedarme unido a él para siempre, mis emociones fluyeron entregándose a ese dulce piano que me acompañaba, la melodía era tan suave y amable, ninguno de los dos resaltaba más que el otro era como una melodía compuesta solo para nosotros dos, una canción hecha solo para mí y para Alfred.

−Bueno, estoy impresionado sin duda son el dúo perfecto…− Tan completo en un instante y al otro la voz de Richard volviéndome a traer a la realidad, era mi última vez tocando con ese pianista que con su música llena de amabilidad me había enamorado por completo, aún quedaba una posibilidad para que esta no fuera la despedida pero era demasiado difícil incluso considerarlo, quizá si no me hubiera enamorado sería más sencillo. –Aprendieron muy bien el uno del otro y ahora lo puedo escuchar en ambos, Alfred incluso Marie me contó que les salió muy bien el dueto que nunca pudieron lograr…− Y ahí estaba de nuevo otro golpe de realidad, uno que me hacía ver que alejarme era lo mejor.

−Sí, Love Story resulto ser más difícil de tocar de lo que pensé…− Sentía la mirada de Alfred buscando la mía, ¿así que ya habían logrado su dueto? Lo único que realmente me molesto fue el jodido título que escogieron, y ahí estaba de nuevo la voz de la razón recordándome que no tenía por qué soportar todo eso era tan simple como salir de una vez por todas de la vida de Alfred y la de Marie. –Quizá con Artie hubiera sido más fácil…− Sentí su risa hacer esa magia en mis oídos y solo maldije por lo bajo, era patético que eso lo hubiera sentido como un indirecta.

−Oh apuesto a que sí, tienen una manera de acoplarse el uno al otro bastante natural… bueno mis queridos alumnos eso es todo lo que quería que aprendieran, estoy seguro que darán un gran espectáculo en la prueba final, es una suerte que este año no me escogieran para ser juez pues no sabría por quién de los dos votar− Con ese comentario no pude evitar que mi mirada fuera directamente a conectarse con la de Alfred. −Por cierto ¿Qué tal van con el proyecto final?, no duden en preguntarme cualquier duda que tengan− Ambos asentimos sin desconectar nuestras miradas, no sabía que podía decirle a Alfred sobre la canción o más bien no me creía con el valor suficiente para rechazarlo así que en cuanto pude volví a mi habitación, con la falsa excusa de que tenía que ensayar para una prueba, por suerte ninguno de los dos, ni Rick ni Alfred, intentaron detenerme, sabía lo que tenía que hacer, alejarme era lo mejor y lo haría porque estaba cansado de sentirme así.

Continuara…

Notas Finales:

Ok no me maten por el final… sé que las cosas van lentas pero tengan paciencia… Y no odien a Marie ella es buena persona (¿?)

Bueno ya solo me falta un capitulo para dar final a este fanfic… estoy un poco dudosa por el final… no sé si vaya a quedar bien pero daré lo mejor~

Creo que en esta parte no hay ningún término extraño… pero si tienen alguna duda pueden preguntar con toda libertad~

Como la última vez les dejo aquí los nombres de las canciones para quien quiera escucharlas…No olviden comentar que de verdad me da mucha gusto que a alguien le guste esta pequeña historia hecha con amor~

Let it be de The Beatles (En su versión en piano y violín) (Solo en la primera parte siguen ensayándola)

Bethena de Scott Joplin (La encuentran así, en piano)

Como dijiste de Chistine d'Clario (En su versión en piano a dueto es realmente hermosa) 3

4° Georgiana soundtrack de Pride and Prejudice (Así la encuentran y pues solo está en piano)

5° Canon in D major de Pachelbel (Versión en piano y violín es de mis favorita)

6° Love Story de Francis Lai (Versión en piano y violín)

Bueno creo que por el momento son todas~ nos vemos en el siguiente y último capi… ¡Chao!