Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi y hago uso de ellos sin ninguna intención de lucro.
En el aroma de la tinta oscura
Capítulo II
Triste melodía
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—Kasumi —Ranma irrumpió en la cocina, donde se encontraba la hermana mayor de la familia Tendo—… ¿Puedes… puedes prestarme la llave del cuarto de Akane?—. Preguntó cabizbajo. Aún así, al darse vuelta, ella notó la mirada envuelta en penumbras del chico. Sus manos se enredaban con nerviosismo por su pedido.
—No estoy segura, Ranma —A pesar de que su voz era dulce, sus palabras surgieron con una negación piadosa. Toda la familia había intentado resguardar la tranquilidad del joven ante el penoso suceso, sin embargo, Akane fue y era la chica a la que amaba y tenía ese derecho. Intentó ser un poco más indulgente—. Ha pasado muy poco tiempo. ¿Crees que estarás bien si subes?
—No —Fingió una sonrisa ligera, aunque sus ojos vidriados no ayudaban a enmascarar la tristeza que consumía su alma—… Es imposible, pero no puedo seguir así, sin hacer nada. Ha pasado tanto tiempo para mí, y todavía no soy capaz de encontrar una respuesta. Quiero adentrarme en su mundo, encontrar una razón… Sé que se enfadaría conmigo si lo hago, sin embargo, necesito algo que me ayude a entender por qué quiso dejarnos— Terminó suplicando—. Tienes qué dejarme hacerlo.
La joven de largos cabellos castaños metió la mano en el bolsillo de su delantal y despegó de un manojo de llaves aquella que correspondía al cuarto de Akane; Ranma no tardó en tomarla de sus manos.
—¿Quieres que te acompañe?—. Preguntó en el mismo tono tranquilo; ya esperaba cuál sería la respuesta.
—Si no te molesta, quisiera hacerlo solo, por favor—. Pidió él, y ella no insistió más.
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Era innegable que la habitación era de Akane, pensó el artemarcialista. Hacía ya un mes que su prometida no habitaba ese cuarto, pero cada rincón, cada objeto, seguía impregnado de su aroma.
Ranma miró con especial atención la cama, con sus cobija amarilla perfectamente acomodada.
Él se sentó en una orilla, buscando mantener intactos los pliegues de la tela y de ocupar la menor cantidad de espacio en un lecho que no era el suyo.
—Boba. Tan ordenada, como siempre—. Balbuceó a una fotografía de la muchacha, quien lo miraba con una sonrisa jovial. En realidad, no lo sabía con certeza. La mañana que su madre y Kasumi encontraron a Akane recostada, con un frasco de pastillas vacías en su mano, él se hallaba en un viaje corto de entrenamiento con su padre. Cuando él volvió, ya era demasiado tarde para sentir por última vez la calidez del cuerpo femenino y toda la familia se negó a dejarlo pasar a su habitación, por miedo a que su mente colapsara e intentara una acción similar a la de la chica.
—Sé que debes estar descansando, estés en donde estés —Tomó la fotografía entre sus manos—. Pero, ¿podrías voltear un poco, para ayudarme a entenderte?... Te acababa de confesar lo que sentía y aún así, te atreviste a dejarme sólo… ¿No me creíste?... ¿O te era tan difícil aceptarme, que preferiste irte?
Ranma decidió que aquello no podía prolongarse por más tiempo o se derrumbaría antes de lograr su objetivo. Dejó el retrato sobre la cama y vació cada cajón que encontró en el cuarto, buscando una pista que respondiera por ella. Tenía que estar ahí, porque si su madre y la hermana mayor hubieran encontrado algo, no serían tan crueles para habérselo ocultado. ¡No! Debía estar ahí.
Pasó mucho tiempo buscando, porque a cada tanto su mente se congelaba en los recuerdos que alguna pertenencia le traía, hasta que por fin, se dio por vencido.
Salvo el diario de Akane, no había posibilidad de encontrar pista alguna en ese cuarto. Lo miró dentro del buró junto a su cama, pero inocentemente se había propuesto buscar un escrito que no lo obligara a mirar dentro de la posesión más privada de su prometida.
Ranma se volvió un cúmulo de gestos mientras iba leyendo. Cada frase, venía a su mente con la voz de la joven, y se alegró de que, la mayor parte de su historia fueran fragmentos agradables, llenos de una magia positiva, incluyendo la explosión de emociones que Akane había vaciado en las líneas, cuando él había hablado con ella.
También lo quería. Y sus ojos se iluminaron entre lágrimas.
Quedaban pocas hojas por leer y ya no quería seguir. Deseaba quedarse con esa imagen romántica y despreocupada de su chica, no obstante, el alma herida le obligó a seguir.
Akane comenzaba explicando lo feliz que se sentía de haber soñado con su madre y de haber compartido tantas cosas, como si se tratase de algo verdadero y no de un simple sueño.
"He vuelto a soñar con ella" Su sorpresa se incrementó paulatinamente, con la misma frecuencia en la que ella volvía a su memoria.
"Ella vino a verme" Escribió con letra firme. El ojiazul leyó eso confundido, pero terminó creyendo que todo podía deberse a un fuerte cuadro de depresión en su prometida. "Y su abrazo es tan cálido cómo lo recuerdo… Me siento feliz"
Siguió pasando las hojas, y a cada tanto se encontraba frases cada vez más extrañas.
"Dice que es nuestro pequeño secreto"
"Es un lugar hermoso" Akane se había encargado de remarcar las "palabras" de su madre.
"Ella se encuentra bien donde está"
"Aunque el lugar es solitario"
"… se siente tan vacía sin nosotros"
"Siente mucho no haber pasado tanto tiempo conmigo, como con mis hermanas"
"Llora cada vez que tiene qué irse, y a mí me parte el corazón"
"Desea con todo su ser el resarcir esa ausencia… y yo no sé qué decirle"
"Me mira suplicante y no sabe cómo consolarme… sabe que es una decisión difícil"
"Querido diario… sus ojos me miran con tanta tristeza… Es mi madre y yo no puedo verla sufrir. Amo a mi familia, pero… la extraño demasiado… Me ha pedido ir con ella y he decidido acompañarla"
"Espero que entiendan"
Ranma, quien se había sentado de nueva cuenta en la cama, arrojó el diario hacia atrás, sin medir si se caía y se deshojaba; no le importaba. "No podía creerlo"
"¡¿Se había matado por un sueño?!"
Sus manos temblaban del coraje, pensando cómo era que no se dio cuenta en todo ese tiempo. Siempre tan cercano a ella; tan lejano a las cavilaciones que cruzaban por la mente de la joven.
Trató de tranquilizarse, colocando las manos al frente, mientras soplaba ligeramente.
Tal vez, hubiese sido mejor no enterarse de nada. Ahora tendría qué vivir con el precio de saber que no había hecho nada por ella.
Sus manos se aferraron a una pequeña caja musical puesta en el buró de su cama y la abrió, dejando que una triste melodía oscilara, hasta que decidió salir de allí, llevándose el diario y la caja consigo. Sería el último secreto entre ella y él.
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Pocas noches después, la mirada de Ranma iría recuperando su brillo, al verla aparecer en su habitación. Tan hermosa como siempre. Disculpándose por haber sido tan egoísta, al pensar sólo en ella.
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… Luego de llevarse el cuerpo de Ranma, los padres de este se quedaron un momento más en la habitación vacía de su hijo.
Ella se hallaba derrumbada junto al futón de su hijo. En sus manos sostenía la única nota que había dejado Ranma.
"Papá, mamá… No importa si es aquí o en el otro mundo, ella me lo ha pedido y yo juré protegerla y debo hacerlo; la amo…" Enunciaba la primera línea…
Junto a su almohada, la caja musical estaba abierta y no dejaba de tocar su triste melodía.
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