Holis! Lo siento mucho por la tardanza, se que dije que actualizaría el viernes pero el viernes y el sábado estuve todo el día en la calle xD entre la escuela, salidas y despertarme tardísimo el sábado no me dio chance de actualizar pero finalmente les traigo el segundo one shot de este reto.

ADVERTENCIA: Este one shot contiene escenas sexuales explícitas pero no pondré el Rated M porque las demás historias no tendrán contenido fuerte. Si no les gusta leer "lemon" son invitados a esperar el próximo one shot de esta serie ya que al no estar relacionados no afecta si no leen este.

Disclaimer: Victorious no me pertenece, es propiedad de Dan Schneider, ya que si fuera mío Tori y Jade no se sacarían las manos de encima.


Árbol de Navidad

Una de las cosas que más le gustaba a Tori Vega sobre la navidad es adornar la fachada de su casa con cientos de luces multicolores, los típicos renos iluminados, su estatua "maléfica" de Santa Claus y, por supuesto, el hermoso árbol de Navidad dentro de su casa. Pero cuando se vive en un departamento lo único que se puede hacer además de poner una corona navideña en la puerta es poner el árbol y adornos dentro. Y ese era el tema de discusión entre ciertas chicas que pasarían su primera Navidad juntas en el departamento que habían comprado cuando cumplieron su primer año de relación.

– ¿¡Por qué no podemos poner un árbol de navidad negro!? – preguntó la pelinegra con evidente descontento.

– ¿Por qué? ¿¡Cómo que por qué!? ¡No es normal! – respondió la latina algo alterada por la discusión que llevaba bastante tiempo.

– ¿¡Y desde cuándo yo soy "normal"!? – gritó de vuelta la pelinegra, haciendo comillas al aire en la palabra "normal".

– Jade, es nuestra primera Navidad juntas en este departamento y ¡NO pondremos un árbol de navidad color negro con adornos rojo sangre! – Tori no podía creer como Jade quería hacer eso.

– ¿¡Pero por qué no!? ¡El rojo es navideño, ¿no es verdad?! – Jade respondió a su novia tratando de aligerar la tensión con un pequeño chiste, que le salió al revés.

– ¡Jade esto no es un juego! – Tori sostuvo su posición ante la propuesta de Jade.

– ¡No estoy jugando, Vega! – objetó aun enojada la pelinegra.

– ¡Jade, ya basta! ¡Dejemos de discutir por esto!

– ¿Entonces podemos poner el árbol negro? – Jade preguntó con una sonrisa triunfante.

– ¡NO! – contestó la morena. No iba a dejar que Jade ganase.

– ¡Agh! ¡Tori! – Jade no daría su brazo a torcer.

– ¡Jade! – Y Tori tampoco lo daría…

– No puedes hacer nada para convencerme de lo contrario, Vega… NADA.

La mirada de enojo de Tori fue reemplazada por una pensativa, para después pasar a una mirada coqueta y penetrante.

– ¿Estas segura, West? – replicó la morena con una sonrisa de lado y un tono bastante sugerente.

Jade no pudo evitar levantar la ceja. Esto se estaba poniendo interesante.

– ¿Qué tienes en mente? – le respondió con el mismo tono de voz… bajo y seductor.

– ¿Por qué no vienes a la habitación y… lo averiguas? – declaró Tori con la misma sonrisa y con esto dio vuelta al sofá en dirección a la habitación que compartía con la pelinegra mientras movía las caderas de lado a lado.

– Pues averigüémoslo… – se dijo Jade a sí misma.

Al llegar a la puerta de la habitación, lo primero que notó es que estaba vacía. Dedujo que la morena se había metido al baño contiguo a la habitación para ponerse… presentable. La pelinegra procedió a sacarse la blusa y los pantalones, quedando solo en su ropa interior negra de encaje, esa que la latina tanto amaba. Se acostó en la cama de costado, con la cabeza reposando sobre su mano derecha y la izquierda posicionada sobre su plano vientre. Pasados pocos segundos escucha la puerta frente a ella ser abierta por una sexy morena, vestida con un conjunto de ropa interior rojo que Jade jamás había visto y, para no perder el espíritu navideño, un gorro rojo de Santa Claus. La latina se recargó sensualmente sobre el marco de la puerta, mordiendo su labio inferior con la cabeza reclinada a un lado y sus ojos fijos en los de su novia.

– Ho… ho… ho… – susurró la latina con una pequeña sonrisa en sus labios.

– Wow… – Jade quedó con la boca abierta al ver lo sexy que se veía Tori. – Al parecer decidiste seguir mi consejo y bajar unos kilitos, Santa… – mordió su labio inferior. – Y también decidiste broncearte y cambiar de sexo según veo… – su mirada viajó por todo el cuerpo de la morena.

Tori no pudo evitar que se le saliera una pequeña risa.

– Estás en lo correcto. Soy Santa y por lo tanto sé que has sido una chica muy… MUY… mala, Jadelyn… – la latina comenzó a caminar hacia la cama a paso lento pero sensual. – Y por eso… tendré que… – sonrió de lado. – castigarte.

– ¿Me darás carbón? Aún no es Navidad. – Jade siguió con el juego.

– ¿Quieres que me vaya? – preguntó Tori haciendo un puchero con los labios y dirigiéndose a la puerta de la habitación.

– ¡No! Claro que no. – la pelinegra se sentó en la cama apoyando su peso en su mano derecha y la detuvo al instante. Segundos después una sonrisa volvió a ocupar su rostro. – Y… ¿Puedo saber cuál es ese castigo del que hablas? ¿O estaba en lo correcto al decir que me darías carbón? – cuestionó la pelinegra mientras su mano izquierda comenzó a ascender por su pierna.

– Estás equivocada… No es carbón. – la latina se acercó al borde de la cama, se inclinó y posó sus manos en el colchón a ambos lados de Jade hasta que sus labios rozaron con el oído de la pelinegra. – Pero no te diré que es… – dio una pequeña mordida al lóbulo de su novia. – Tendrás que averiguarlo…

– Con mucho gusto, Santa. – y con esas palabras tomó el rostro de Tori y le dio un apasionado beso, sus lenguas se rozaban con sensualidad, mientras que poco a poco la latina iba quedando sobre la pelinegra.

Tori dejó de besar los labios de Jade para proceder a dejar un camino de besos y pequeñas mordidas que comenzaba en la mandíbula de la gótica y viajaba por su cuello, descendiendo por el valle de sus generosos senos, continuando por su blanco abdomen, mordiendo con delicadeza debajo de las costillas de la chica y finalmente acabar el recorrido pasando la lengua por sobre el elástico de la ropa interior de encaje de Jade. El gorro navideño era historia para ese momento y todo lo que hacia la pelinegra era soltar suspiros y jugar con el cabello de la latina mientras esta hacia lo suyo. Tori podía sentir la humedad y oler el aroma de su novia a través de la tela, y con eso supo que debía comenzar con su estrategia.

– Te has portado muy – besó la ingle de la pelinegra sobre la tela. – muy – beso. – mal… – beso.

– Mmmmm… Tori… – Jade enterró más los dedos en la cabellera castaña y cerró los ojos ante la sensación.

La morena inició su recorrido de vuelta al cuello de la gótica, subiendo sus manos por los costados de la chica hasta lograr que esta arqueara la espalda para poder desabrochar su sostén negro. Pasó los tirantes de este por los delgados brazos de la pelinegra hasta deshacerse de la pieza de lencería y tirarla en algún lugar de la habitación. Tori continuó besando el cuello de Jade al mismo tiempo que entrelazaba sus manos y las elevaba por sobre sus cabezas, hasta que las sintió tocar el cabezal de la cama. La latina tomó ambas muñecas de la gótica con una sola mano y con la otra tomó un objeto metálico que estaba en su espalda. Algo que la pelinegra había pasado por alto… Un par de esposas. Tori buscó la manera de sujetarlas a la cama sin que Jade se diera cuenta y para el momento que sintió el metal sobre sus muñecas ya era demasiado tarde.

– ¿Qué? ¿Qué estás haciendo, Vega? – el tono de sorpresa era evidente en su voz. Subió la mirada hacia sus manos y logró ver bien las esposas que la restringían. – ¿Estás jugando, cierto? – Jade normalmente era la activa en lo relacionado a su vida sexual, y a todo en general, por lo que la idea de no hacer nada no iba con su personalidad dominante.

– Solo te estoy castigando por ser mala… – respondió la latina mientras bajaba sus manos por los brazos de Jade hasta llegar a sus senos y darles un pequeño apretón. – Pero creo que disfrutarás mucho este castigo… – su tono de voz lascivo era uno que muy rara vez Jade escuchaba.

– Tori – Jade sacudió sus manos en un intento en vano por librarse de las esposas. – Déjate de tus jueguitos y suéltame para que podamos tener sexo. – dijo mostrando molestia en su voz.

– Ya te dije que esto no es un juego… es un castigo… – murmuró la latina justo sobre el rostro de la gótica para luego empezar a bajar su rostro hasta llegas a la altura de los senos de Jade.

Empezó dando pequeños y castos besos primero en el pezón derecho para luego ir al izquierdo, alternando besos entre ambos. Luego de unos segundos comenzó a darles pequeñas lamidas seguidas de un soplido que sacaban suspiros de la pelinegra. Tori parecía feliz por las reacciones de su amada pero no era suficiente. Empezó a dar pequeñas mordidas en los rosados pezones de Jade, jugando con ellos con su lengua a cada mordida, cosa que estaba volviendo loca a la pelinegra que estaba soltando gemidos que cada vez se hacían más audibles. Después de varios minutos de "tortura" para la gótica, Tori decidió seguir su recorrido hacia la intimidad de su novia, pasando su lengua por todo el vientre de Jade, haciendo que a esta le den pequeños escalofríos por la humedad de la lengua de la latina.

– Aaahh Tori… Ahhh… Hazlo ya… – Jade a pesar de querer parecer demandante, con los gemidos que daba fue en vano.

– No comas ansias Jadelyn… todo a su tiempo… – y con esto dicho tomó entre sus dientes el elástico que mantenía las mojadas bragas de Jade en su lugar y comenzó a bajarlo lentamente, deslizándolas por las níveas piernas de la pelinegra hasta sacarlas completamente del panorama. Todo esto mientras Jade no paraba de gemir y suspirar.

– ¡Tori, hazlo!

– Estoy a punto de comenzar… – la latina se posicionó entre las piernas de Jade y las separó para ver el centro mojado de la chica y poder soltar un pequeño soplo.

– ¡Mmmmmm! ¡Tori! – Jade no podía evitar mover sus manos a pesar de sus ataduras causando el sonido metálico de las esposas chocando.

– Pero antes de empezar… – acercó más su rostro a la intimidad de la gótica, tanto que podía percibir su aroma perfectamente y ver sus fluidos siendo derramados. – Dejarás esa estúpida idea del árbol de navidad negro. – Sí, señores. Esas eran las oscuras intenciones de Tori durante todo este tiempo.

– ¿¡Qué!? ¡Ni hablar Tor- aaahhhh! – la latina volvió a soplar su intimidad. Jade no podía hacer más que cerrar los ojos y echar hacia atrás la cabeza.

– Vamos Jade… no querrás que te deje esposada a la cama con las ganas… – dijo la latina con un fingido tono de inocencia.

– No serias cap-AAAAHHHSS – otro soplido. - ¡Dios, hazlo ya! – la pelinegra recurrió a rogar… ella ODIABA rogar.

– Primero prométeme que no pondremos un estúpido árbol negro. – Tori no pudo evitar el tono demandante en su voz.

– ¡No me vas a manipular, Vega! – alzó su cabeza para poder visualizar mejor a Tori.

– Bien… si quieres que jugar sucio… jugaremos sucio… – y con esto dicho procedió a dar una pequeña lamida en los rosados y húmedos labios de la gótica.

– ¡Aaaaaahhhh! ¡Tori no sabes cuánto te odio en este momento! ¡Dios! – Jade echó de nuevo la cabeza para atrás por el placer.

Tori ya no podía soportarlo tampoco. Ver a su tremendamente sexy novia desnuda y gimiendo de placer era mucho para el poco autocontrol que le quedaba. Si Jade no cedía pronto mandaría al diablo el plan.

– Podré hacerte todo lo que quieras cuando desistas de tu maldita idea del árbol negro. – Tori buscó el clítoris de Jade entre sus pliegues y le dio una pequeña y sensual mordida.

– ¡Aaaahh! – Jade ya no pudo soportarlo más. Necesitaba a Tori en ese segundo. – ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Puedes poner un jodido árbol de Rosita Fresita si se te da la regalada gana pero sigue en este instante!

– Como desees. Después de todo… las chicas buenas sí obtienen su regalo… – otra de esas sonrisas de lado apareció en su rostro.

Con eso dicho, Tori enterró su cara entre las piernas de Jade, besando sus rosados y húmedos labios como si fueran los de su boca. Pasando la lengua entre los pliegues de la chica, buscando de nuevo su clítoris para darle en trato de segundos atrás. Tomándolo entre sus dientes mientras sus traviesos dedos comenzaban a jugar con la entrada de la chica, quien solo podía retorcerse bajo el cuerpo de su sensual novia, soltando improperios al aire y pidiendo por más. Deseo que le fue concedido por Tori, al hacer entrar sus dedos en la pelinegra, moviéndolos con un compás lento, al mismo ritmo del cual jugaba con su clítoris. Jade estaba en el cielo. La latina empezó a acelerar el ritmo, moviendo sus dedos y su lengua con mayor rapidez mientras que su mano libre, la izquierda, subió hasta el seno derecho de Jade y comenzó a jugar con su duro pezón.

Uno podría pensar que la única que recibía placer era la pelinegra. Pues están muy equivocados. A Tori le causaba toneladas de placer el ver a Jade a su merced, escuchando sus gemidos, sintiendo la forma en que sus piernas se enroscaban alrededor de su cabeza, acercándola más, si es posible, a su centro. El placer de Tori se podía ver reflejado en su ropa interior, que estaba más empapada que la que tenía Jade minutos atrás. Le excitaba escuchar el sonido de las esposas chocando mientras que Jade lo único que quería era liberarse de ellas para poder enterrar sus dedos en la cabellera castaña o simplemente para arañar su espalda. Verla arquearse, sentir su calor, era algo que no tenía precio para la latina. Y saber que todo esto lo provocaba solo ella era lo mejor de mundo.

Tori sacó sus dedos de dentro de la gótica para reemplazarlos por su lengua, introduciéndola lo más que pudo, succionando los jugos de Jade.

Después de varios minutos la gótica estaba al límite.

– Aaaahhh… To-tori… – Jade gimió. – Ya… ya no puedo más… – otro gemido. – Me voy a venir… Ahhhh… – la pelinegra apretaba con más fuerza sus piernas alrededor de la cabeza de Tori.

Solo segundos después y tras un fuerte gemido, Jade se vino en la boca de la latina. Después de beber todos los jugos de la pelinegra, Tori se liberó del agarre de las piernas de Jade para poder subir hasta la altura de su rostro.

– Espero que hayas aprendido la lección, así el próximo año no tendré que venir a castigarte… Santa tiene un trato muy especial con las niñas malas… – dijo la latina sensualmente, mirando a los ojos de Jade.

– Realmente… – Jade sonrió de lado. – Creo que el próximo año seré muy mala… – la pelinegra se impulsó hacia arriba para poder capturar los labios de Tori, introduciendo su lengua y jugando con la contraria, probándose a sí misma en el proceso. – Ahora… ¿Podrías hacerme el favor de soltarme? – preguntó mientras sacudía sus manos nuevamente.

– ¿Y quién dijo que ya había terminado tu castigo...?

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Al día siguiente ambas chicas estaban de pie enfrente del hermoso árbol natural decorado con esferas doradas y blancas, con las pequeñas luces blancas también. Y adornando la punta una estrella de múltiples picos, igualmente de color dorado. Parecía uno de esos árboles de los centros comerciales.

– ¿Acaso no quedó hermoso el árbol? – preguntó Tori, con su mirada perdida en aquel símbolo navideño.

– Eso creo… Pero insisto en que el árbol negro con rojo hubiera quedado mejor… – respondió la pelinegra cruzando los brazos.

– Creí que habíamos quedado de acuerdo con ese tema. – reprocho la latina.

– Más que quedar de acuerdo lo que hiciste se llama manipulación y extorsión.

– No escuché que te estuvieras quejando… – dijo de vuelta la morena, con una sonrisa de lado en su rostro.

– Ya veremos quien se estará burlando el próximo año Vega… ya veremos…

La sonrisa en la cara de Tori se hizo más grande.

– Pues mientras esperamos al siguiente año, disfrutemos de nuestro árbol de navidad.


Y hasta aquí este fic. Espero que les haya gustado el lemon, avísenme si ven alguna falta de ortografía y dejen review diciéndome lo que piensan.

Espero subir el siguiente promp a más tardar el próximo jueves, así que nos vemos luego!