Por primera vez en años
SHERLOCK de BBC es una serie que pertenece a sus respectivos autores, yo solo lo usé como inspiración para este fic. FROZEN es una película original de DISNEY.
Tres años después del fallecimiento de los reyes, el reino entero estaba preparándose para la coronación del príncipe Mycroft, quien habría de cumplir la mayoría de edad finalmente y podría tomar posesión de la corona.
Las puertas del palacio seguían cerradas y eran pocos aquellos que tuvieron el honor de ver a los jóvenes príncipes, pero la expectativa sobre la celebración y la promesa de un nuevo reinado de paz, dirigido por un príncipe del que se esperaba sabiduría, pues se decía que pasaba horas, días enteros en ocasiones, encerrado en sus habitaciones, encargado de la lectura de todos los grandes libros de la época… mientras que el príncipe Sherlock encontró apoyo para sí mismo entre las páginas de los archivos principales del Ministerio de Justicia.
Los mástiles listoneros se alzaban esplendorosos, las calles de cubrían de gente, las tiendas sacaban toda su mercancía de los escaparates y el paisaje marítimo se teñía de colores varios, tapizados en toda clase de escudos y emblemas.
Una vez las puertas se abrieran, finalmente conocerían al futuro rey de Arendelle y al apuesto príncipe…
— Su alteza. — Quien yacía recostado sobre el sillón de su alcoba, con el cabello revuelto y sucio, las manos unidas en algo parecido al gesto de plegaria, tocando ligeramente sus labios con las yemas de sus dedos índices. Había analizado aquel caso durante toda la noche y nada lo había apartado de sus pensamientos hasta que aquel sirviente tocó a su puerta. — ¿Su majestad?, ¿se ha despertado ya?
— ¡Largo!
— Pero… su majestad… no busco molestarlo, más el rey me ha pedido recordarle…
— Mycroft no tiene nada que recordarme, lo recuerdo todo y todo sigue tal como permanecía ayer… y este cuerpo sigue sin tener un motivo para involucrarse en aquella bodega… si tan solo tuviera el puño de su camiseta… habría en aquel…
— Su majestad… el rey me ha pedido… para su coronación…
— ¿Coronación?
— Hoy es el día de la coronación, príncipe Sherlock.
El moreno se sacudió el cabello y caminó sobre el sillón y todos los muebles que tenía cerca. Una sola mirada en dirección de la entrada principal, hacia los preparativos que se estaban llevando allá y todo el ajetreo lo hizo recordar.
— ¡Hoy es el día de la coronación! — Finalmente volverían a llevar casos importantes a los detectives que trabajaban para el nuevo rey. Sherlock se alistó tan rápido como pudo en un traje de sastre nuevo de color azul oscuro y un pantaloncillo negro a la talla. Se acomodó el cabello como solía y salió corriendo de su habitación para inspeccionar que todos los nuevos registros se acomodaran en el lugar correspondiente.
— Los archivos entran al salón, por fin cada librero llenan hoy. — Saltó de una sala a otra, asomando su cabeza por entre los umbrales. — ¡Y tantos casos!, ¿quién lo iba a pensar? — Tomó el resto de las hojas viejas y las lanzó por los aires. — Por estos salones deambulé, solo vagué una y otra vez. Hoy por fin mi libertad vendrá. — Saltó de un estudio al otro y se dejó deslizar por la barandilla de las escaleras principales, aquellas con forma de caracol. — Llegarán personas reales... al gordo ya no veré. ¡Hay tantas cosas que quiero emprender!
Recordando aquella promesa de sus padres, cuando Mycroft asumiera el poder, él tendría toda libertad de decicar su vida a lo que le viniera en gana… lo que en ese momento solo podían significar las resoluciones de los crímenes que se cernían en el pueblo.
— Hoy por primera vez en años habrá sangre, carne y pus... por primera vez en años, la verdad verá la luz. — Desde la ventana del último piso pudo saltar sobre una columna que daba vista al reino, donde los botes llegaban y se dejaban ver para los amantes del mar. Se balanceó de un lado al otro de la barandilla hasta que esta se cayó por completo, pero sin lastimarlo en lo absoluto, pues sus pies danzaron ligeros sobre la mesa más próxima.
Sherlock corrió hacia el jardín y extendió sus brazos para después golpear su pecho.
— No sé si es emoción o gases, pero hay algo en mi interior. — Corrió de nuevo hasta el estudio del primer piso y recogió todos los huesos con los que practicaba sus experimentos, cual si fueran pequeños juguetes. — Pues por primera vez en años... solo no estoy. — Abrazó el cráneo más grande de ellos, aquel que aún no roía del todo. Entonces le dirigió algunas palabras — Voy a conocer a muchas personas... ¡Ah! ¿y si hay además "otra" persona?...
Soltó todo y corrió hacia el departamento de evidencia, se recostó sobre el escritorio y extendió los brazos por completo.
— Un traje de gala llevaré, con voz estudiada esperaré, y sé que a todos manipularé... —Giró por encima de todos los papeles y terminó cayendo sobre el suelo. — ¡Ouch!... y de repente ahí estará — Fingió que alguien entraba en el lugar y se ocultó tras el mueble. — Quizá alguien que me pueda igualar. — Encontró unos chocolates en uno de los cajones, abrió la caja y tras tomar unos cuantos, lanzó el resto al aire. — Seguro Mycroft solo irá a comer. — Tomó uno de los esqueletos falsos que colgaban de una especie de pedestal de acero y comenzó a bailar con él. — Y nos burlaremos juntos... un sarcasmo sin igual. — Dio un par de giros dramáticos y lanzó el cuerpo hacia el resto de los archivos antiguos. — Como nunca pude imaginar. — Contempló el desastre y lo dejó todo de nuevo.
Una vez en el pasillo principal, de todos los lugares importantes solo faltaba inspeccionar el nuevo salón principal. Al abrir las puertas de par en par, Sherlock pudo ver la pista de baile y las mesas perfectamente arregladas para la noche de gala.
— Por primera vez en años, alguien que leyó a Platón. — Sostuvo el libro del susodicho entre sus manos y lo lanzó el resto de las "novelillas baratas" por el aire. — Por primera vez en años me prestará alguien su atención. — Posó frente a un cuadro de su hermano, recordando aquellas palabras de frialdad con la que le explicó que el esperar algo de alguien nunca llevaba a algo bueno. — Ya sé que el que me interese no le aporta algún valor... más por primera vez en años me late el corazón. — Recargó su espalda contra el único cuadro de su persona que había en todo el castillo. Uno donde había un adolescente de hacía años solo, como siempre lo estuvo y como pensó que siempre estaría.
Finalmente salió corriendo en dirección de la entrada, lleno de toda expectativa por conocer el mundo exterior y resolver todos los misterios del mundo.
Mientras tanto, sufriendo a solas como vino haciendo por los mismos años en que Sherlock fue aislado, Mycroft observaba, desde la solitaria ventana que recientemente había perdido aquella tenebrosa tiza oscura, todo lo que el nuevo mundo introducía en su vida, lo que sus responsabilidades demandaban y aquello para lo que se había preparado desde niño.
— Lo que eres tú no dejes ver, un buen hombre tú siempre debes ser. — Se giró, de vuelta en dirección al retrato de su padre, el difunto rey. Ni un solo punto había en comparación de aquel hombre y el temeroso joven que se encontraba observándolo con miedo. Mycroft tomó el cetro y el orbe que testificaban su reinado como aprobado y que ponían el peso completo del estado sobre sus hombros. — No has de sentir, lo has de esconder. — Cerró los ojos tan solo un instante, preguntándose en su interior si podría unir su vida, tal como su pueblo esperaba, a una mujer para siempre. — Un pensamiento y se echará a perder. — ¿Él?, ¿tocando a una mujer?... el simple pensamiento le parecía poco natural para su persona. Soltó el orbe y el cetro en el instante. — Pero pronto pasará... — Se dio alientos.
— ¡Pronto pasará! — Se decepcionó el príncipe Sherlock.
— Que duro es esperar… — Sufría Mycroft.
— ¡Que duro es esperar! — Ansiaba Sherlock.
— ¡Que abran el portón de par…! — El futuro rey empujó las puertas exasperado, pero al instante recobró la calma para aparentar un control sobre la situación. — En par…
— ¡En par! — Repetía su hermano en la entrada.
Al fin pudo salir de aquellos muros opresores, respirando el aire de la libertad y recibiendo los brillos del sol, colmados de esperanzas.
— Por primera vez en años…
— Lo que eres tú no dejes ver — Se repetía mentalmente el pelirrojo.
—…Tendré lo que siempre soñé. — Sherlock comenzó a caminar entre todos los súbditos que aplaudían y celebraban la reapertura del castillo.
— Un buen hombre tú siempre debes ser… — Una y otra vez, Mycroft memorizaba toda orden, todo mandato sobre su persona, todo consejo de sus padres que lo ayudarían a sobrevivir.
— Esta ocasión es la mejor…
— No has de…
— Para hallar alguien como yo… — Sherlock se trepó sobre una barda adornada con velas sobre pedestales. Se balanceó sostenido de uno de ellos, mirando hacia su nuevo horizonte.
— No has de sentir, no han de saber. — Lamentó Mycroft.
— Si de nuevo me veré encerrado, voy a crear mi diversión. — De esa forma, Sherlock llegó hasta la calle principal y comenzó a jalar todos y cada uno de los objetos que se hallaba a su paso. Entonces llegó hasta la orilla del muelle, donde las escaleras de piedra pulida daban un camino hacia el mar abierto. — ¡Pues por primera vez en años!... — Comenzó a descenderlas — Por primera vez en años... — Alzó el cuello de su saco y acomodó su bufanda. — ¡Me late el corazón!
Mientras corría en dirección del ministerio de justicia, de pronto se topó con algo muy difícil de mover y se vio forzado a tambalearse en dirección de una embarcación pequeña que se encontraba a pasos de él.
— ¡Hey! — Montada a caballo, una hermosa, esbelta, radiante y alta mujer de cabellera oscura y bien cuidados mechones cayendo sobre sus hombros. Una visión en forma de mujer. La dama extendió su mano en dirección del príncipe y se bajó del corcel. — Ho-ola.
— ¿Te encuentras bien?
— Si, ajá, yo lo estoy bien, sí.
— Permíteme ayudarte. — La chica estiró su brazo en dirección de Sherlock, pero al retirar su caballo, este dejó de sostener el bote y sus cuerpos se balancearon en el sentido contrario, cayendo uno sobre el otro.
— ¡Ah, lo siento!, yo no… — Sherlock intentó ponerse de pie, pero de nuevo el bote se sacudió y puso a la dama sobre él. De inmediato la quitó de encima, con vergüenza que recién conocía, mientras se alejaba de ambos y observaba detenidamente a la mujer. — Estoy bien, si, mira.
— Discúlpame… no me he presentado. — La chica sacudió la falda de su vestido. — Duquesa Adler… Irene, de…
— Las Islas del sur, si… yo… soy… — El moreno se reprendió por parecer un niñato torpe y recuperó su postura con la poca dignidad que aún permanecía. — Príncipe Sherlock, de Arendelle. ¡Oh, mire! —Recogió un relicario que cayó desde el cuello de la dama. — El collar de su abuela, tenga cuidado.
— ¿Cómo ha sabido todo eso? — La chica sonrió complacida. Salió del bote tras Sherlock y alzó su hermosa cabellera, en un gesto que invitaba al príncipe a colocarle su relicario de vuelta.
— ¿Eso?, es sencillo, todo en su atuendo puede revelar de donde proviene, su posición social, el número de amigos que tiene, amantes, su edad, gustos generales, además el collar luce de un estilo antiguo y está bien cuidado, así que debió ser un obsequio de alguien mayor, quizá su madre o abuela, no puede ser de un hombre, pero ciertamente es importante para usted, ¿ve las pequeñas marcas sobre el borde?, no son uñas ni uso continuo, pues la pintura se fue desprendiendo de la base que choca contra su pecho antes que él resto, así que seguro lo usa todo el tiempo, incluso para dormir.
— Es asombroso.
— ¿Qué cosa?
— Todo esto, como ha deducido cada pequeño detalle. — Irene se giró, aun cerca del moreno, dibujó una sonrisa traviesa y acarició ligeramente las manos que recientemente la habían sostenido contra su pecho al caer en aquella balsa. — Es usted muy inteligente.
— ¿Yo?, ¡claro que no!, apenas y puedo ver un poco más que él resto, tienes suerte que no fuera Mycroft, porque entonces él habría descubierto hasta el más mínimo detalle sobre tus tías, tus juegos favoritos de la infancia o tu ultima dirección postal… — El moreno se alejó, incomodo por la cercanía de aquella hermosa mujer, al momento que se devolvía lentamente hacia los escalones que descendió antes. — No, lamentablemente… solo era yo. — Admitió con lástima.
— ¿Solo eras tú? — Irene no comprendió aquel comentario despectivo hacia su persona, siendo un caballero tan interesante.
Ambos se observaron durante segundos, mudos ante el asombro sobre lo que el otro era.
— Pues creo que tú — La chica se acercó hasta tocar con una de sus manos el pecho del moreno. — Eres encantador, inteligente y muy observador. Aunque en algo tienes razón… aun pareces novato. — Al extender su mano de vuelta, pudo jalar la bufanda del moreno en tan solo un movimiento, sacándola de su cuello y abrazándose con ella. Y Sherlock había estado seguro que la ató lo suficiente.
— ¡Hey! — Entonces el sonido de las campanas comenzó a repicar y todo el pueblo supo que había llegado el momento más importante para el reino entero. — Las campanas… ¡esas son las campanas de la coronación!, ¡debo irme!
Y sin pelear siquiera su bufanda, el moreno salió corriendo en dirección de la iglesia donde Mycroft sería coronado y finalmente él obtendría el permiso de viajar a donde su corazón lo guiara.
Pasaron horas durante rituales de protocolo hasta que finalmente el coro principal de la catedral cantó un value y todos tomaron asientos para contemplar la entrada del príncipe Mycroft hacia el altar donde lo esperaba el más alto poder de la iglesia, aguardando con su cetro y urbe.
Mycroft vestía todo un traje ceremonial que le estaba costando mantener la postura recta. Sobre un elegante traje celeste oculto, una enorme envestidura negra, cubierta de un pecho azul aqua y bordados de flores de lis encima, con un pantalón del mismo color cubriéndole su pantalón común celeste y botas negras recubiertas por una tela aterciopelada del mismo color.
La capa purpura que usaba era de al menos 3 metros de largo y con un enorme bordado de una espada atravesando el escudo de la familia en hilos del mismo color.
Los cantos llenaron la iglesia y todos aguardaron en silencio hasta el momento en que Mycroft llegó hasta el frente. El príncipe Sherlock aguardaba ahí desde el principio, según el protocolo, pero su atención recaía en la deslumbrante dama que yacía entre las primeras bancas de los invitados reales. La chica usaba la bufanda como propia y una vez que se topó con los ojos de Sherlock, sonrió divertida, dio un jalón a la bufanda hasta dejarla bien apretada a su fino cuello y movió la mano en un pequeño saludo. El moreno respondió al gesto con una sonrisa y un movimiento fugaz de su mano.
Frente al orbe y el cetro, Mycroft alzó sus manos, dispuesto a tomar uno en cada una de ellas, pero el gran maestro de la iglesia le susurró antes de hacerlo.
— Los guantes, su majestad. — Una vocecilla apenas audible, pero que el pelirrojo pudo captar al instante.
Cierto, aquellos guantes azules. Durante todo ese tiempo fueron evolucionando desde aquellos guantecillos blancos que su padre le obsequió para delatar su debilidad en caso de recaer en ella.
¿Era capaz de abandonarlos?, ¿ya no sufriría aquellos horribles y sucios pensamientos sin ellos?, ¿su mente sería capaz de sobrellevarlo sola?
Al inclinar la cabeza frente a todos, la corona se colocó sobre él y con ello el poder sobre su reino.
Mycroft alzó la mano izquierda y con la derecha retiró uno de los guantes lentamente. Después el segundo. Los colocó con temor sobre la almohadilla donde descansaban los elementos reales y finalmente tomó el orbe y el cetro. Se giró en dirección de todos los presentes mientras la cabeza de la iglesia proclamaba el nombramiento real y lo reconocía como Mycroft Holmes, Rey de Arendelle. Todos se pusieron de pie durante el nombramiento, pero el temor de Mycroft se incrementaba cada segundo mientras miraba a todos los hombres que llegaron a la ceremonia y de los cuales se había aislado durante 15 años. ¿Y si volvía a caer en esos pensamientos?, ¿y si de nuevo ponía en riesgo a Sherlock?, ¿Qué tal si todos ahí ya lo sabían?, ¿Qué si todos podían ver a través de sus pesadillas e intentaban chantajearlo con ello?, ¿Cómo podría mantenerlo oculto?
Rápidamente devolvió los objetos reales a su almohadilla y se colocó los guantes con prisa. No, aún no estaba listo para abandonarlos. Aun si solo era una forma psicológica de evitar pensar en ello, era más ayuda de la que jamás obtendría de otros sin que se enteraran.
Sin embargo, aun dentro de su pánico interno, que todos aceptaran la imagen que proyectaba, lo tranquilizaba en cierta medida. Quizá podría seguir ocultándolo todo por tiempo indefinido.
De esa forma, la noche cayó en el reino y todos los invitados a la celebración por el nuevo rey de Arendelle llegaron abarrotándolo todo dentro del palacio real, donde la música, la comida y la diversión parecían ser los invitados de honor.
El príncipe terminó por resolver el caso que le había quitado el sueño el día anterior y por fin encontró la libertad de andar de un lado al otro, inspeccionando a todos los invitados e imaginando sus vidas enteras tan solo de todo lo que podía ver en ellos. Todos eran algo nuevo para él, incluso su hermano mayor, quien había cambiado para bien y ya no estaba tan gordo como cuando eran niños y no había tenido tiempo de apreciar.
Una vez que Mycroft y Sherlock entraron en el salón principal, las trompetas reales les dieron la bienvenida y todos se inclinaron ante los soberanos. Dando la bienvenida a sus majestades con la pausa de los músicos, tras el anuncio de su alteza, el rey Mycroft, este tomó su lugar en el centro frente al trono, una posición desde la cual todos pudieran contemplarlo. Se encontraba más tranquilo y casi hasta feliz, recibiendo la aceptación que siempre esperó y que aun así lo mantenía a distancia.
Después de él, Sherlock entró al salón y se colocó a la derecha d eMycroft, pero a una distancia considerable. Lo anunciaron como el Príncipe Sherlock, de Arendelle, pero en cuanto se detuvo en el lugar que había escogido, el noble que lo anunció terminó sugiriendo que tomara un sitio más cercano al rey.
— ¿Aquí? — Susurró en respuesta a sus empujes. — ¿Estás seguro?, porque yo no creo que deba… Está bien.
Así, por completo incómodo, Sherlock terminó tan cerca de Mycroft como no había estado desde su infancia y respiró profundamente mientras la música devolvía el alma a la fiesta.
Juntos… después de tanto tiempo. Ni siquiera sabía que podía o no decir.
Mycroft se giró para ver a su hermano menor con la amabilidad que no le había estado permitida durante años. ¿Cómo debería proceder hacia él?
— Hola. — Susurró el mayor.
— ¿Me hablas a mí?, ah, este, hola. — Realmente incómodo.
— Resolviste inteligentemente ese caso. — Una vez que el rey reconoció esto, Sherlock se giró lleno de orgullo y comenzó a tomar confianza.
— ¡Gracias! Y tú estás tan esbelto ahora, ¡no que estuvieras gordo antes!, pero estás bien, muy muy bien. — Mycroft agachó la cabeza y soltó su risa de manera espontánea.
— Gracias. — El sonido de la música y las personas que bailaban atrajo la atención del pelirrojo. — Entonces, así es como luce una fiesta.
— Son más obvios de lo que pensaba. — Sherlock apuntó con la mirada a un hombre que charlaba de manera incómoda en un cículo de amigos y después los abandonaba para caminar fuera del salón.
— ¿Qué con ese comportamiento? — Preguntó Mycroft.
— Una amante. — Dijeron los hermanos al mismo tiempo, soltando risas cómplices, sabiéndose los únicos con el poder deductivo de descubrir aquellas situaciones en segundos. Sherlock quiso continuar la conversación, pero el noble encargado de presentar a los invitados interrumpió su momento.
— Su majestad, el duque de Winselton.
— James Moriarty, su majestad. Como su socio comercial más cercano, me siento apoyado para pedir su ayuda en un misterioso caso que sucedió entre los trabajadores de mi navío.
— Me encantaría poder ayudarlo… — Comenzó Mycroft. — Pero tendré que saludar personas toda la noche… pero mi hermano es muy bueno.
El príncipe sonrió ante el comentario, pero de inmediato el duque lo arrastró lejos del rey.
— Que afortunado.
Los morenos salieron corriendo de escena y Mycroft alcanzó a susurrar una disculpa para su hermano.
Moriarty, un joven duque de cabellera azabache y ojos oscuros, con la barba apareciendo en su rostro— aun cuando el protocolo dictaba que debió rasurarla por completo— corrió con Sherlock de su brazo y lo llevó hacia una mesa con un grupo de hombres hablando casi todos al mismo tiempo.
Sherlock notó que un guardia de cabellera rubia y cicatrices en el rostro seguía cerca de Moriarty. Lucía demasiado peligroso para ser un guardia personal.
— Bien, tenemos 32 botes de 65 tripulantes y 8 de 46, entre un punto de aquí o aquí — Sobre un mapa extendido, Jim señaló dos locaciones del mismo. Sherlock miró la superficie del dibujo. — Sufrieron desviaciones hacia el noroeste. Un punto por completo contrario a su original destino.
— Pero… ¿por qué se dirigían hacia Arendelle?, semejante capacidad parece… — Sherlock observó las marcas en el océano, donde parecían indicar más localidades sin mencionar anteriormente. Los hombres guardaron silencio en el momento.
— ¿Un asedio? — Completó Moriarty, muy divertido. Sherlock lo oservó con severidad — No debe preocuparse, su majestad. Todo esto se resolverá una vez que se establezca apropiadamente la línea sucesoria, lo que debió quedar claro desde hace años, cuando el castillo se cerró en primer lugar… ¿usted conoce el motivo?
— No. — El príncipe de pronto se sintió acosado por las miradas de todos los hombres reunidos.
— ¡Bien!, entonces sígame. — De un segundo a otro Jim recobró una actitud amistosa y guió al príncipe por entre la multitud que charlaba alegremente.
— ¿A qué te refieres con la "sucesión"?, mi hermano es rey.
— Así es y la familia Holmes tiene un registro muy pobre de herederos. Después del reciente fallecimiento de su primo.
— ¿Victor murió? — La noticia no pudo asustar más al moreno.
— ¿No lo sabía?, ha pasado hace días… un misterio que quizá usted pueda resolver, algún día. ¡En fin!, sin más Holmes ya que su único pariente cercano es el viejo Holmes del este que en dos meses cumplirá 80 años de vida y 60 de ser sacerdote, el segundo en la línea de sucesión dependerá de si usted acepta la corona en caso de abdicación o sale finalmente de este palacio y confinamiento o con que mujer se comprometerá el rey, lo que probablemente tenga preocupados a más de un noble en la corte debido a los… "rumores" que giran en torno al rey.
— ¿Qué rumores? — Sherlock intentó indagar más en el asunto, pero uno de los caballeros que antes os acompañaban los llamó de vuelta a la mesa.
Con tan solo darle la mínima información Sherlock pudo esclarecer sin la menor duda cual había sido el paradero de los botes y como habían terminado ahí, incluso quien los llevó hasta ese sitio.
Todos en la mesa colmaban de halagos y toda clase de observaciones positivas hacia la inteligencia del príncipe. Esto enaltecía a Sherlock sobremanera. Pensó que, quizá algún día pronto, podría encontrarse con esos comentarios todo el tiempo, cuando fuera detective y el castillo estuviera abierto todo el tiempo.
Al terminar, de nuevo volvió al lado de Mycroft, lleno de orgullo y expectativa. El rey ya había escuchado de su hazaña con las naves.
— Vaya, estuviste brillante.
— Especialmente para ser la primera vez con todos observando…
— ¿No estás cansado?
— Nunca he estado mejor, ¡esto es maravilloso!... desearía que fuera así todo el tiempo. — Admitió casi en una súplica.
— Yo también. — Respondió el pelirrojo con una sonrisa enternecida. Jamás vio a su hermano más feliz y todos parecían amables hacia ambos, pero… ¿Cuánto tiempo duraría aquella amabilidad una vez que supieran su secreto? Abrir las puertas no era una opción. — Pero no puede ser.
— ¿Por qué no?, nosotros podríamos… — El moreno tomó las manos de su hermano, pero este lo apartó de inmediato, girándose para darle la espalda.
Sintió que había sido un tonto… Mycroft no había cambiado, jamás lo haría. Seguía siendo parte de un mundo ajeno al suyo.
— No, no podemos.
Sherlock agachó la cabeza y caminó lejos del pelirrojo.
— Disculpa un momento.
No tendría opción, Mycroft había decidido que permanecerían en el encierro, aun si eso contrarrestaba todos sus sueños. Juntos, pero solo al mismo tiempo.
O*O*O
Solo quería aclarar un detalle sobre las canciones, pues la pasada es una adaptación de "Y si hacemos un muñeco", versión español de américa del soundtrack, mientras que en este capítulo usé "Por primera vez en años" del español europeo. Solo puedo decir que amo todas las versiones que hay de esta película y busqué agregar de ambos doblajes, pues ambos aportan algo diferente a la historia. Es posible que si quisieran sentir el ritmo o la fluidez de las palabras, tendrán que conocer ambas versiones (la versión de América es "Finalmente y como Nunca").
De ahí en fuera, no tengo demasiado que decir. Procuraré que cada capítulo contenga una canción de la película a menos que realmente estén demasiado cerca la una de la otra.
Gracias ro, NessaRrcy MyMindPalace221b por leer el capítulo y sobre todo, comentarlo xD
Por ello les regalo un dibujo que hice sobre la idea, es simple y denota que lo mío no son los dibujos, pero bueno… ¿Y si hacemos deducciones? ;)
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Solo escriban el enlace en la barra de búsqueda, sin los asteriscos o espacios (en caso que FF me marque alguno) y podrán verlo.
Nos leemos después.
