CAPÍTULO 1

SASUKE Uchiha, de pie frente a la ventana de su oficina en Nueva York, observa el paisaje de Manhattan, sin verlo.

Sonriendo, se pasó una mano por el cabello oscuro, con un brillo de triunfo en los ojos.

¡Lo había conseguido!

Su padre, Fugaku Uchiha, y el presidente de la multinacional Hyuga, Hiashi Hyuga, firmarian un acuerdo para convertirse en una de las cadenas hoteleras más importantes del mundo.

Hiashi Hyuga no estaba bien de salud, al contrario que Fugaku Uchiha, no tenía un hijo que pudiera encargarse del negocio familiar cuando él muriese. Por eso iba a firmar el acuerdo. Y al día siguiente se celebrará por todo lo alto con una fiesta. Sasuke se volvió hacia su escritorio y miró el teléfono con el ceño fruncido.

Tenía que hacer una llamada.

Pensativo, miró su Rólex de oro ... podría llegar a Londres a las doce. A Sakura no le importaría que llegara a medianoche.

Sakura Senju era una mujer presa de sus sentidos. Nunca había conocido un ser más sensual. Con la melena de color rosa claro, los ojos de color jade, los pechos firmes ... Sasuke notó un cosquilleo entre las piernas y, por un momento, le dio remordimientos.

Pero en la vida hay cosas más importantes que el sexo. Sobre todo, con una mujer tan ocupada como Sakura. La última vez que estuvo en un Londres sin avisar, ella estaba en la oficina y cuando volvió al apartamento él tenía que tomar un vuelo.

Después compensaron el tiempo perdido, pero Sasuke Uchiha no era el tipo de hombre que espera a una mujer. Varias veces había sugerido que dejara su trabajo, pero Sakura se negaba.

No, estaba decidido.

De hecho, la decisión había sido tomada semanas antes. Sasuke estaba en el medio de las negociaciones con Hyuga cuando este le presentó a su hija Hanabi. La dulce e inocente joven era todo lo que él deseaba en una esposa. Todo lo contrario que Sakura Senju.

Hanabi no tenía ningún deseo de trabajar porque su única ilusión era casarse y tener hijos. Era una chica griega y tenía los mismos valores que él.

Además, era el mejor momento. Tampoco su padre estaba bien de salud y en el último infarto le había confesado su deseo de verlo casado y con hijos cuanto antes.

Su madre, que murió cuando Sasuke tenía trece años, había enviado una carta a los abogados de Uchiha con pruebas que demostraban que él era un hijo de Fugaku y este le he dado su apellido en ese momento. Siempre lo había tratado con cariño, como a un hijo más, y por el mismo motivo, siempre le estaría agradecido.

Su hermanastro, mucho mayor que él, había muerto en un accidente de avión seis años antes y, sin dudarlo, su padre le ofreció el puesto de director de la empresa cuando terminó la carrera de económicas. Y él le devolvió el favor ampliándola y aumentando los beneficios. Por eso tenía que hacer esa llamada. Sasuke tomó el teléfono y marcó un número que se conocía de memoria.

Sakura Senju entró en su oficina con una sonrisa en los labios. Había comido con el señor Kizashi Haruno, el presidente del banco Haruno, y aún seguía sorprendida por lo que él le había revelado. Pero el sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos. Debía ser Sasuke, pensó, corriendo hacia el escritorio.

—Sakura, me alegro de que estés en tu despacho.

—Hola, cariño. ¿Nos vemos mañana?

—Lo siento, pero no vamos a poder vernos hasta el sábado. Tengo cosas que hacer en Nueva York.

La sonrisa desapareció del rostro de Sakura.

¿Qué puedo decir?

Sasuke era el director de la empresa Uchiha y viajaba constantemente a Nueva York y Atenas. Ella era consciente que no podían verse todos los días. Ni siquiera todas las semanas. Ella misma tenía un puesto de dedicación exclusiva como corredora de bolsa en una importante firma.

—De acuerdo, pero no me hace mucha gracia. Ha pasado un mes desde la última vez que nos vimos y mañana es nuestro primer aniversario. Además, tengo una noticia estupenda que darte.

—Yo también tengo que darte una noticia, pero lo haré el sábado.

No era la respuesta que había esperado y su confianza en él tembló un poco. Pero se dijo a sí misma que era una bobada. Sasuke la quería, estaba segura. Aunque la última vez que se vieron se enfadó mucho porque no pudiste salir corriendo de la oficina. Por la noche, Sasuke había sugerido que deje el trabajo, insistiendo en que un hombre tan rico como él no necesitaba una novia trabajadora.

«Dejaré de trabajar cuando tengas hijos, pero no antes », le había dicho Sakura.

Esperaba que Sasuke le dijera entonces: «cásate conmigo», pero no lo hizo. Y no habían vuelto a verse en un mes.

—De acuerdo, pero te echaré de menos. Y espero que me compense —intentó bromear

—Lo siento, cariño. Hasta el sábado.

Sakura colgó con una expresión más sonriente. Total, solo era un día más.

Pero cuando salió del edificio histórico donde estaban situadas las oficinas de la empresa Brentford, no pudo evitar un suspiro. Ella pensaba que la sorpresa era maravillosa, pero ... ¿Se lo parecería a Sasuke?

Sasuke Uchiha habia aparecido en su vida como un huracán y ella había pasado de ser una alegre niña de veintitrés años, que nunca se había puesto un vestido de diseño en su vida, a la mujer sofisticada y elegante que era.

Pero a veces cuando se miraba al espejo, no se reconocía ... Sakura paró un taxi a toda prisa. Ni siquiera se percató de las miradas admirativas que los hombres lanzaban sobre ella.

Con un metro setenta y cinco de estatura, curvas notables y una melena de color rosa claro que casi le llegaba a la cintura, era una mujer que llamaba la atención. Tenía el rostro ovalado, la nariz recta y los labios generosos. Pero lo más bonito eran sus ojos de color jade, con puntitos dorados.

—¿Dónde vamos, señorita?

Sakura le dio la dirección de sus amigos Deidra y Shisui.

Cuando llegaron al elegante barrio de Pimlico, bajó del taxi y miró la casita pintada de blanco. Era difícil creer que había pasado cinco años desde que murió su madre y ella se mudó allí con Deidara, su amigo de la infancia, para empezar la carrera de económicas en la universidad de Londres.

La casa era de Shisui Uchiha, un niño griego que había alquilado dos habitaciones para poder pagar la hipoteca. Su tío, Sasuke Uchiha, controlaba el dinero que había dejado su madre, según él, era peor que el demonio.

Sakura llamó al timbre y esperó, con una sonrisa en los labios.

Había conocido a Sasuke un año antes, en el cumpleaños de Shisui. Llegó inesperadamente y después de una buena discusión con su sobrino se presentó.

Para Sakura había sido amor a primera vista. Nada más ver a aquel hombre alto y peli negro, vestido con un elegante traje de chaqueta italiano y mucho mayor que ella, su corazón le dijo que era el hombre de su vida.

Más de metro ochenta, hombros anchos, pelo oscuro, ojos negros ... era el hombre más guapo que había visto en toda su vida. Tenía una presencia imponente y exudaba masculinidad.

Después de un día, ella aceptó sin dudar un momento a salir con él.

Shisui había intentado ponerla contra él. Le dijo que su tío era un depredador, un tiburón de los negocios que le rompería el corazón y que, a los treinta y cinco años, era demasiado viejo para ella. Además, según Shisui, le gustaban las mujeres elegantes, sofisticadas ... mujeres con experiencia.

Pero Sakura, ignorando sus comentarios, salió a cenar con él.

Fue una noche maravillosa. Le conto sobre su vida, que terminó la carrera con unas notas excelentes y sobre su trabajo de corredora de bolsa en una de las empresas más prestigiosas de Londres. Le contó todo, incluso que era hija de madre soltera, pero él no la había juzgado por eso.

Sasuke la invitó a pasar las vacaciones en la isla privada que su familia en el mar Egeo y Sakura aceptó, encantada. Curiosamente, se despidió con un simple beso en la mejilla ... y éso la decepcionó.

Por eso, al día siguiente se gastó todo el sueldo en ropa, en peluquería y en rayos UVA. Para convertirse en la clase de mujer sofisticada que a Sasuke le gustaba.

Durante las vacaciones conoció a su padre, Fugaku Uchiha, que la trató como si fuera una niña. Igual que Sasuke en esas vacaciones.

De vuelta en Londres, salieron a cenar, pero su relación no paso de un beso en la puerta de la casa. Cada uno más apasionado que el anterior, pero nada más.

Cuando Sasuke se fue a Nueva York, Sakura pensó que se había olvidado de ella. Pero dos semanas más tarde, de nuevo en Londres, volvió a invitarla a cenar y acabaron en su habitación del hotel Uchiha.

Sasuke era su primer amante, de modo que no podía comparar con nadie, pero no le hacía falta. Sabía que había encontrado su alma gemela. Sasuke solo tenía que mirarla para ver cómo se le aceleraba el pulso, solo tenía que tocarla para encender una pasión que nunca había conocido.

Una semana después, Sakura se había ido a vivir a su apartamento, un lujoso dúplex con vistas al Támesis, y su relación se había hecho más serio.

—¿Y esa sonrisa? —La pregunta de Deidara interrumpió sus pensamientos.

Sakura miró al joven rubio que había abierto la puerta.

—Recuerdos felices —contestó, besándolo en la mejilla—. ¿Dónde está Shisui? Traigo un regalo para él.

—¡Hola, Sakura!

—Feliz cumpleaños, Shisui —sonrió ella, dándole un abrazo—. Toma, tu regalo.

—Qué honor. El formidable Sasuke Uchiha te ha permitido venir a visitarme el día de mi cumpleaños. Hace seis meses que no te veamos el pelo.

—No te pongas tonto, Shisui —replicó ella—. Abre tu regalo. Me ha costado mucho encontrarlo.

—Perdona, cielo. Es que me ha pillado en mal momento. Me siento viejo —sonrió el joven.

—¿A los veintitrés años? No me hagas reír.

—Pues tú mereces unas risas, Sakura. Te mereces ser feliz.

—Y lo soy. Abre el regalo de una vez, pesado.

Dos minutos después, Shisui lanzaba un grito de alegría.

—¡Me encanta! Pero debe haberte costado una fortuna- dijo el joven, mirando el grabado de dos luchadores griegos—. Es un auténtico grabado del siglo XIX, ¿no?

—Por supuesto. No iba a comprar una falsificación —rió ella.

Shisui odiaba su trabajo en los hoteles de la familia Uchiha y lo que quería era abrir una galería de arte. Desgraciadamente, hasta que se cumpliera los 25 años o se casaracasará, no podía recuperar la herencia de su padre, que Sasuke controlaba con mano de hierro. Aunque siempre recibía una mensualidad considerable, siempre vivia quejándose.

Las veces que ella habia tratado de hablar con Sasuke sobre Shisui, la respuesta siempre fue la misma: «no te metas en los asuntos de mi familia».

La fiabilidad con la que se convertía en un ser frío y distante la asustaba un poco, pero esa era una parte de su personalidad.

—Yo me gasto lo que quiero, bobo. A finales de abril recibiré una paga de beneficios de ... escuchad atentamente chicos, ¡doscientas mil libras!

—¡Bien hecho, Sakura! Siempre supe que eras un genio de las finanzas —exclamó Deidara.

—Tenemos que celebrarlo. Saca el champán —rió shisui—. Los tres mosqueteros vuelven a ponerse en acción.

Los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas al recordar cómo solían llamarse los tres compañeros de piso.

Deidara sacó el champán y brindaron por Shisui, por la carrera de Sakura y por todo lo imaginable.

—Como en los viejos tiempos.

Dos horas más tarde, con los tres tirados en el sofá, Shisui lanzó una bomba:

—¿Sabes que Sasuke quiere casarse? Ayer a está con mi abuelo y me ha dicho que está decidido.

De repente, a Sakura el mundo le pareció un sitio maravilloso.

—¿Te lo ha dicho él? ¿Sasuke quiere que nos casemos? —Exclamó, emocionada—. No pudo venir hasta mañana, pero ... ¡me ha dicho que tenía que darme una noticia!

Shisui y Deidara intercambiaron una mirada de preocupación.

—Según mi abuelo, Sasuke tiene que darte una noticia, pero ... —empezó a decir Shisui.

—Cállate —lo interrumpió Deidara entonces.

—Por favor, dime qué te ha dicho tu abuelo. Lo conozco muy poco, pero se que le caigo bien.

—Desde luego que le caes bien ... pero no tanto como tú crees.

- Shisui, déjalo —volvió a intervenir Deidara—. Lo estamos pasando bien y ...

—Sakura es amiga mía y merece saber la verdad. ¿Quieres que se entere por Sasuke?

Perdida en sus sueños de felicidad eterna, Sakura apenas los estaba escuchando.

—¿Por qué estáis discutiendo?

Los dos hombres se miraron.

—Tienes razón- dijo Deidara. —Merece saber la verdad.

—¿A qué te refieres?

Shisui se levantó del sofá, nervioso.

—Prefiero que te enteres por mí y no por el canalla de mi tío.

—¿Otra vez? ¿Por qué no aceptas que nos queremos? Nosotros aceptamos que Deidara y tú sean pareja, ¿por qué no nos devuelves el favor?

Cuando se fue a vivir con Sasuke, Shisui hizo todo lo posible para desilusionarla. Le contó que su tío era hijo ilegítimo, que su madre había sido una prostituta de lujo, con una cadena de amantes millonarios, y que Sasuke no era mejor persona. Aquel día Sakura no quiso escuchar y tampoco escuchó en aquel momento.

—Es que no quieres verlo. Mi tío es un bastardo ...

-¿Oh? Entonces, supongo que yo también soy una bastarda. Ya sabes que mi madre no se casó nunca.

Shisui la miró, apenado.

—Perdona, Sakura. No quería insultarte. Pero tienes que saber una cosa: Sasuke no te considera su novia, solo su amante.

—Solo los hombres casados tienen amantes —replicó ella—. Además, no sabes nada sobre mi relación con Sasuke. Y creo que es hora de marcharme.

—Escúchalo, Sakura. Es por tu bien —intervino Deidara.

—Sasuke me quiere y no necesito saber nada mas.

—Tú eres una mujer muy lista con los números, pero no conoces a los hombres, Sakura —insistió Shisui—. Sasuke es tu primer novio.

—Es el único hombre al que quiero conocer.

—Yo sé con quién se va a casar mi tío y no eres tú.

Sakura lo miró, incrédula.

—Estás mintiendo... porque no puedes soportar que Sasuke y yo no amamls— dijo Sakura con lágrimas en los ojos—. Solo quieres hacerle daño porque no te da la herencia de tu padre. Te gusta dominar a todo el mundo y me parece muy bien ya que Deidara no se queja, pero yo no voy a hacerlo. Y Sasuke tampoco.

Shisui sacudió la cabeza.

—Estás ciega, Sakura —murmuró, apenado—. Piensa lo que quieras, pero hazme un favor. Mañana por la noche mi abuelo dara una fiesta en el hotel Uchiha. Para celebrar no sé qué contrato y me a pedido que vaya contigo. Como Sasuke no llegará hasta el sábado, supongo que puedes venir ¿Quieres?

Ella no sabía qué hacer. Estaba enfadada con Shisui, pero ...

—¿De verdad tu abuelo te ha pedido que me lleves?

-Si. De hecho, insistió varias veces.

—En ese caso, iré.

-Vale. Iré a buscarte a las ocho.

Antes de meterse en la cama, Sakura paseó, inquieta, por la habitación. Las palabras de Shisui la habían preocupado más de lo que quería reconocer. Nerviosa, abrió uno de los armarios y pasó la mano por los trajes de Sasuke. Cuando olió el olor de su colonia se sintió un poco más segura.

Sasuke la amaba ... Pensando en eso, se ha metido en la cama y se quedó dormida.

Sakura se miró al espejo por enésima vez. Estaba guapa. Más que guapa, preciosa. El pelo le llegaba casi hasta la cintura, liso, con la raya en el medio.

Se puso un vestido negro de Donna Karan con el que podía lucir a la perfección el collar de esmeraldas que Sasuke le había regalado, el cual brillaba en su largo y elegante cuello de cisne. Para completar el atuendo, se calzó unas sandalias negras de tacón alto.

Tomando su bolso y un chal verde, bajó la escalera de caracol que llevaba al amplio vestíbulo del apartamento. Le encantan los pulidos suelos de madera, los preciosos sofás y la hermosa alfombra persa del salón. De hecho, le encantaba su casa.

Pero, ¿dónde estaba Shisui? Llevaba diez minutos tarde.

Mientras esperaba, había intentado llamar a Sasuke. Pero recibió la misma respuesta que una hora antes: la voz de su secretaria en el contestador.

En ese momento, sonó el timbre.

Shisui llevaba un elegante esmoquin ... y una pajarita de color rojo.

—Estás muy guapo. Pero lo de la pajarita ... Mira que eres rebelde.

—Tú estás tan divina como siempre— respondió Shisui. Pero no sonreía. Todo lo contrario; estaba muy serio

—¿Qué te pasa?

—Tienes que escucharme, Sakura ...

—¿Otra vez? —Suspiró ella, irritada.

—Sasuke estará en la fiesta.

La sinceridad que había en los ojos de Shisui la asustó.

—Pero ... no puede ser. Está en Nueva York y no llegará hasta mañana.

—Lo he visto esta tarde en el hotel. Estaba con dos personas, Hiashi Hyuga y su hija Hanabi. ¿Te suena la multinacional Hyuga?

—Sí, claro ...

—Sasuke y Hiashi Hyuga han firmado una fusión comercial esta misma tarde. Y mientras lo hacían, he tenido que entretener a Hanabi.

—Bueno ... Sasuke ha firmado un acuerdo. ¿Y qué? —Murmuró ella, intentando disimular su angustia.

¿Por qué no le había dicho que estaría en Londres ?, se preguntó.

—Hanabi Hyuga tiene dieciocho años y es parte del trato,

—No puede ser. Sasuke nunca me haría eso.

Pero una vocecita le dijo que algo raro estaba ocurriendo.

Shisui suspiró, cansado.

—¿Cómo crees que mi abuelo tiene su empresa? Se casó con la hija de un empresario importante, una mujer diez años mayor que él. Pero mi abuela no era tonta. Siempre supo que tenía amantes como la madre de Sasuke la cual era una de ellas. Por eso conservó la mitad de las acciones. Cuando murió, la mitad fue para mi abuelo y la otra mitad para mi padre ... y para mí, claro.

—Pero Sasuke no necesita casarse por dinero ...

—Sasuke es exactamente igual que mi abuelo. Lo único que le importa es el negocio.Mi tío va a casarse con Hanabi Hyuga, créeme. Y si no fuera ella, sería otra. Él solo te ve como ...

—Tú no conoces a Sasuke como yo —replicó Sakura, con un nudo en la garganta —Quizá solo está engañando para cerrar el trato.

¿Qué estaba diciendo?

¿Prefería ver a Sasuke como un tirano, un hombre de negocios sin escrúpulos antes de aceptar que estaba engañandola?

¿Tan desesperada estaba?

—Si eso es lo que quieres creer ... Muy bien. Vamos a la fiesta — dijo Shisui entonces—. De hecho, me encantaría que montases una escena. Entonces todo el mundo sabría qué clase de canalla es mi tío Sasuke.

—¿De verdad crees que va a casarse con esa chica?

—Si vienes podrás comprobarlo con tus propios ojos.

Sakura nunca se había negado a aceptar un reto. Además, no creía en shisui. Su corazón no le permite creer que Sasuke no la amara...