Bueno, aquí os traigo la segunda y última parte de mi primer fic. Espero que os guste. Pido perdón por todos los errores que he visto que hay en la primera parte, esta parte he intentando corregirla mejor! Pido perdón también porque estuve más espesa escribiendo esta parte, pero bueno...
Bueno, espero que disfrutéis y los dicho, los comentarios siempre son bienvenidos!
Las noches de alerta y vigilancia había funcionado bien en los reflejos de Clarke, ya que cuando notó un leve movimiento enfrente de ella se despertó. Vio a Lexa de espaldas, vistiéndose.
- ¿Lexa? Pero... ¿a donde vas? - preguntó extrañada.
- Aún hay muchos asuntos que atender y raciones que conseguir, ahora que tu pueblo también está aquí - respondió con voz fría sin mirarla. Se estaba terminando de colocar su armadura de guerra. - Además, aún hay alianzas con otros pueblos que hay que tratar.
- ¿Te... te vas? - a Clarke le costaba reaccionar.
- Puedes descansar lo que necesites por ahora en mi tienda, no sé cuando volveré, aunque inmediatamente pediré que instalen la tuya al lado de donde se están las de tu pueblo, así que esta noche podrás dormir ahí sin ningún problema - terminó de atarse la armadura y se encuadró, aún sin mirar a la mujer que estaba tumbada en su cama, tapada solo con las pieles.
Clarke se quedó sin palabras, mirando la recta posición de Lexa, aún estando de espaldas podía sentir la frialdad que toda ella emanaba. No entendía nada, ¿y la mujer pasional y cálida de la noche anterior? Por fin se había dejado ver, ¿porqué se había vuelto a esconder? El amor es debilidad, resonaron las palabras en la cabeza de Clarke. ¿Era ese el motivo? ¿Lexa al final había decidido renunciar al amor, a vivir en vez de sobrevivir para poder seguir siendo la despiadada guerrera?
- Lexa... mírame - solicitó Clarke con esperanzas de ver al menos algo de la mujer de la noche anterior en sus ojos.
La comandante tardó unos segundos en obedecer la petición de la chica celeste, y cuando lo hizo, dos esmeraldas frías como el hielo la contemplaron.
- Sí ese es tu deseo, así será - intentó disimular el dolor y la decepción lo máximo que puedo en esas palabras - comandante - sentenció.
La morena se giró y salió de la tienda con una rapidez excepcional.
Clarke se levantó y se vistió a toda prisa. Mientras lo hacía, oía las ordenes que iba gritando la comandante a sus hombres. Cuando salió, vio a Lexa rodeada de sus más fieles mientras les hablaba con voz dura y directa. Un par de ellos inclinaron levemente la cabeza antes de ir hacia la tienda que estaba junto a la de Lexa, la suya. Indra y Octavia, seguían ahí, escuchando a la comandante mientras la morena seguía dando indicaciones. Octavia vio por el rabillo del ojo como la líder rubia salía de la tienda de la comandante y observaba con mirada dolida como los otros dos guerreros iban desmontando su tienda, aunque inmediatamente volvió a centrar su atención a las ordenes de la comandante. Cinco guerreros aparecieron montados en caballos, los cuales llevaban bolsas donde parecía haber armas y raciones de comida para un largo viaje. El último de ellos llevaba desde su caballo el caballo de la comandante agarrándolo por las riendas. Cuando estuvo a la altura de Lexa, el guerrero inclinó la cabeza y Lexa subió en el animal con toda su majestuosidad. Durante un segundo contempló a Clarke, e inmediatamente después volteó en su caballo y los seis jinetes desaparecieron en el bosque.
Indra le dio un par de ordenes a Octavia y tambíen desapareció. La rubia quiso acercarse a su amiga, pero se quedó parada en el sitio, sin saber muy bien que hacer, gritarles a los terrestres que dejasen en paz su tienda, salir corriendo para poder llorar o preguntarle a Octavia que había pasado. La chica de las trenzas vio la incertidumbre de la líder, y al final fue ella la que se acercó.
- ¿Has pasado la noche en la tienda de Lexa? - preguntó directamente.
- Buenos días a ti también Octavia - contestó irónicamente la rubia.
- Oh, vamos Clarke, todo el mundo se dio cuenta de que desaparecisteis de la celebración - Octavia cambio el peso de un pie al otro - y sales de su tienda, poco después de que la comandante empiece a dar ordenes más agresiva que de costumbre. ¿Qué ha pasado entre vosotras? - cuestionó en voz baja, agarrando suavemente el brazo de Clarke.
- ¡Nada Octavia! ¡Absolutamente nada ¿vale?! - gritó la líder celeste con rabia. Después suspiró para calmarse cuando vio que varios terrestres se habían girado para mirarlas. - Lo siento, no quería gritarte. Salía de su tienda por que me hizo llamar, por lo que visto hacen falta provisiones.
- ... - La joven guerrera se la quedo mirando unos segundos, sin creerla - Sí, Lexa ha mandado una expedición para buscar raciones y salir de caza, mientras tanto ella y algunos de sus guerreros han ido a los poblados vecinos para poder tranquilizarlos y explicarles la alianza con vosotros, quiero decir nos... - se interrumpió.
- Está bien, tranquila - sonrió levemente Clarke, aunque sin alegría en sus ojos - Se que te sientes mas terrestre que parte de nosotros, por momentos yo también me he sentido así, pero recuerda, que pase lo que pase, tu siempre seguirás siendo parte de nuestro pueblo - se dio media vuelta y se alejó hacia donde estaban las tiendas de sus amigos.
Cuando llegó al campamento del pueblo celeste, aun no había nadie despierto, estaba claro que la fiesta les había afectado mucho más a ellos que los terrestres. La líder celeste se dirigió a la tienda de Bellamy y entró como una flecha. Cogió dos vasos metálicos que había encima de una mesita y empezó a chocarlos justo encima de la cabeza del chico. Este se despertó de un salto, con la mirada desorientada. Al ver a Clarke en frente suyo, se tranquilizó.
- Dios Clarke, me has dado un susto de muerte - dijo intentándose colocar bien el pelo de dormido.
- Prepara al resto, nos vamos de caza - respondió la líder tajante.
- ¿Qué? - se quedó atónito el moreno.
. He dicho que vamos de caza. Sabemos como hacerlo, no somos inútiles, no vamos a dejar que los terrestres nos mantengan de por vida - se giró y desapareció de la tienda.
Bellamy tardó más de una hora en despertar al resto y hacer que estuviesen listos para la expedición. Jasper, Monty y 8 ocho más habían sido los elegidos para salir de caza.
Clarke estaba en su recién montada tienda, agarrando un par de armas y una pistola por si la llegaban a necesitar. También se había puesto algo parecido a una coraza terrestre para protegerse mejor. Necesitaba correr por el bosque, perseguir una presa, hacerse valer, sacar la rabia, pero sobre todo necesitaba dejar de pensar en Lexa. Lexa, Lexa Lexa, era lo único que repetía su cabeza. Gritó de frustración. La comandante había tomado un decisión, era hora de seguir adelante... aunque el vacío que tenía volviese a estar ahí. Ya había vivido con él antes, podía volver a hacerlo. Aunque esta vez era diferente, ahora conocía el sabor de la comandante, de la mujer, tenía grabado en su piel las caricias y los besos de la líder terrestre, y eso para su desgracia estaba grabado a fuego. Se sentó en su cama y suspiró. Estaba claro que necesitaba una buena distracción, y sabía que la caza le ayudaría. De repente, alguien irrumpió en su tienda, sacándola de sus pensamientos.
- ¿Qué crees que estás haciendo? - preguntó Octavia con mirada incrédula.
- Nos vamos de caza - proclamó la líder celeste.
- Pero no hay necesidad, además, Lexa ha ordenado que os quedéis en el poblado, las alianzas aún no están consolidadas, puede ser peligroso - intentó explicar la chica de trenzas. Sus ojos llevaban pintura guerra terrestre, pero sus ojos expresaban preocupación celeste.
- ¡Lexa no es la comandante de mi pueblo, lo soy yo! - gritó llena de rabia la rubia - Así que aparta de mi camino - sentenció.
- Clarke, por favor... - le puso una mano en el hombro a la otra chica para tranquilizarla.
- ... - la líder suspiró y suavizó su expresión - No te preocupes, por favor - dijo más calmada - además, Bellamy vendrá con nosotros, no pasará nada.
- Sí vosotros vais, yo también.
- No puedes Octavia, Indra te necesita como su segunda, debéis proteger el poblado mientras Lexa... la comandante está ausente - el resentimiento en su tono era palpable.
- Clarke... - Octavia hizo ademán de acercarse, pero al final se paró, si Clarke no quería hablar, no iba a poder forzarla de ninguna manera - Está bien, pero ves con cuidado, seguro que aún quedan muchos peligros que no conocemos - se acerco a Clarke a le dio un breve abrazo.
La rubia asintió y la joven guerrera salió de la tienda. Justo después escuchó como Octavia intercambiaba unas leves palabras con alguien y acto seguido Bellamy entró en su tienda, anunciando que ya estaban preparados para partir.
Estaba a punto de anochecer, ya habían pasado dos días desde su marcha y el grupo de celestes que había partido de caza aún no había vuelto mientras que el grupo de terrestres hacía ya horas que habían regresado. La preocupación en el campamento de los chicos del cielo iba en aumento, y por consecuencia también en el campamento de los terrestres, en estos pocos días muchos de ellos habían empezado a llevarse bien y a colaborar entre ellos. Cuando el sol desapareció definitivamente entre las montañas y dio lugar a la oscura noche y sus inseparables estrellas, Octiva decidió organizar una partida de búsqueda para ir a buscar a los celestes. Mientras la chica de trenzas iba dando ordenes a un grupo de guerreros que se habían presentado voluntarios para ir a buscar a los chicos, Lexa y sus hombres llegaron al campamento. Lo primero que notó fue el movimiento y la inquietud que había en el poblado, así que inmediatamente bajó de su caballo y se acercó a Octiva.
- ¡Heda! - la ex celeste se inclinó levemente cuando la comandante llegó a su altura.
- Octiva, ¿qué está pasando? ¿qué es todo este movimiento? - preguntó mirando a Octavia y después a sus hombres.
- ... - Octavia tragó saliva y tardó unos segundos en contestar - yo... lo siento heda, Clarke, mi hermano y algunos de los chicos partieron al poco de que te fueras a cazar... - los ojos de la comandante se clavaron intensamente en el rostro de Octavia - intenté detenerla, de verdad, pero no quiso escucharme... - aún no había terminado de decir la frase cuando Lexa ya se había dado la vuelta y se dirigía otra vez hacia su caballo.
En ese momento se escuchó como los arboles de alrededor se movían, fuese lo que fuese se estaba acercando cada vez más al poblado. Todo el mundo se puso en guardia esperando un ataque en cualquier momento, cuando empezaron a escucharse risas y cánticos justo antes de que el grupo apareciera entra vegetación de la entrada del poblado. Ocho de los chicos llevaban a cuesta numerosos conejos y pájaros, menos Clarke y Bellamy, ambos tenían manchas de sangre y barro en la cara y sus ropas con rajas hechas con garras, pero a parte de eso, parecían estar perfectamente. Entre los dos cargaban con una bestia que medía como tres metros de grande. Era un animal parecido a lo que Octavia había aprendido que era un tigre, pero mucho más grande y con unos larguísimos y puntiagudos colmillos saliéndole de la mandíbula interior. Al ver las expresiones serias que tenían casi todos en el poblado los chicos pararon de cantar de golpe. La comandante que seguía subida a su caballo, se quedó mirando con expresión dura a los que llevaban a la bestia, se bajó después rápidamente del caballo y se acercó a ellos.
- Has desobedecido mis ordenes - dijo mirando fríamente a la líder.
- No hemos desobedecido nada - respondió Clarke de igual manera - ellos son mi pueblo, y han obedecido a quien tenían que obedecer.
Lexa se quedo mirando con furia a Clarke y apretó la mandíbula. Pensar que he estado a punto de salir a buscarla en plena noche yo sola, sin pararme un segundo a pensar en nada más que en que estuviera bien, en protegerla, dejando a mi pueblo atrás sin importar que le pasase o que me pasara. Nunca más, me prometí que nunca más.
- Me has desobedecido y eso es una ofensa para mi y mi pueblo... - parecía que Lexa estaba a punto de comerse a Clarke de rabia.
- Sentimos mucho si te hemos ofendido comandante - se interpuso Bellamy - por ese motivo acepta toda nuestra caza y a la bestia que cazó Clarke como señal de agradecimiento y disculpa, por favor - se quedó mirando unos segundos a Clarke y después le hizo señas para que dejasen el animal a los pies de la comandante. Esta se quedó mirando a la bestia brevemente.
- Lo cazamos los dos... - argumentó la rubia atónita por la interrupción del chico.
Lexa se los quedó mirando, primero a uno y luego al otro. Dos guerreros valientes, capaces, astutos y fuertes. Era innegable que podían hacer una gran pareja. Una ola de celos y dolor la inundó, aunque la apartó rápidamente.
- Ofrenda aceptada - fue lo único que dijo antes de darse media vuelta y dirigirse a su tienda.
Poco a poco el resto de personas también se fueron dispersando y volviendo a sus tiendas o tareas. Como ya era costumbre, terrestres y celestes se mezclaron y charlaron, mientras los chicos les explicaban sus hazañas y como Clarke y Bellamy habían cazado al animal. Algún que otro terrestre incluso se quedó impresionado al escuchar la historia. Rápidamente la historia se fue expandiendo por el campamento, y en nada, todos sabían como los dos valientes guerreros celestes había derrotado a la bestia. Indra incluso se la acabó contando a su comandante. Al poco rato, la comandando hizo que Indra llamase a Octavia. Una vez allí, esta le cuestionó largamente sobre su historia y la de su hermano. Lo único que llegó a decir después del interrogatorio es que ella y su hermano eran buenos guerreros, después la despachó, no sin antes pedirle que hiciese llamar a Clarke.
- Me has hecho llamar, comandante - dijo en tono burlón Clarke cuando entró una vez más sin llamar a la tienda de Lexa. Esta estaba sentada en su cama, y se levantó rápidamente. Se la quedó mirando unos segundos.
- Tienes suerte de que tu guerrero sea listo e ingenioso - casi sonaba a amenaza.
- ¿Y eso porqué? - la rubia no estaba dispuesta a dejarse amedrentar.
- Tus ofensas hacía mi no hacen más que acumularse, Clarke del pueblo celeste, y mi paciencia tiene un límite - amenazó finalmente la comandante.
- Te ofendes porque tu quieres, comandante, recuerda que tu y yo somos iguales, tu lideras a tu pueblo, yo lidero al mio - respondió levantando la cabeza con orgullo.
- ¡Un pueblo que ha sido liberado gracias a mi y a mi pueblo, que come y tiene donde dormir gracias a mi! - gritó con furia Lexa.
- ¿Pero que te has creído? ¡Yo también luché, fui yo quien te propuse la alianza, quien organizó el plan, gracias a mi se liberaron cientos de terrestres encerrados y torturados por los hombres de Montain Wheather! - Clarke había empezado a caminar hacia Lexa mientras le gritaba con toda su rabia, rabia que tenía contenida desde esa mañana. - Me acusas de ofenderte, pero eres tu la que me ofende una y otra vez con tus actos y tus normas.
- ¡Pues si no te gustas mis normas, creo que tu pueblo y el mío deberían de tomar caminos separados!
- ... - Clarke no supo que contestar.
- Por eso te he hecho llamar. - Lexa se sentó otra vez en la cama e intentó calmarse. Poco a poco, su lado frío y racional volvió a aparecer - Creo que lo mejor es que tu y tu pueblo volváis con los vuestros. Se acabaron de está manera los disputas y las ofensas. Dos líderes que están aliados no pueden estar enfrentándose y humillándose mutuamente. Eso les hace débiles frente a su pueblo y no lo puedo permitir - sentenció.
Clarke se quedó unos segundos incrédula, mientras su cabeza intentaba analizar lo que Lexa le acababa de decir. Lexa la quería fuera, fuera de su vida, fuera de su corazón, para poder así ser la líder que quería ser. El vacío que tenía en el interior se hizo más grande, e inmediatamente se volvió a transformar en furia.
- ¡Hablas de humillación mutua, pero yo nunca te he humillado. Te he retado o he estado en desacuerdo contigo pero nunca te he humillado como me has humillado tu a mi!
- ¿A qué te refieres? - preguntó perpleja la comandante.
-¡Joder! ¡Fuiste tu la que se marchó por la mañana dejándome sola en la cama! ¡Desnuda! - explotó la líder celeste sin poder contenerse más.
Dos lágrimas recorrieron las mejillas de Clarke, así que antes de romper a llorar por completo, salió todo lo rápido que pudo de la tienda de la comandante, dejándola boquiabierta y sin palabras. Empezó a correr hacía su tienda, cuando se chocó contra Octavia. Esta vio que Clarke estaba a punto de desmoronarse, así que la miró con expresión de "aquí no", la cogió de la muñeca y la metió dentro de la tienda. Una vez refugiadas, la joven líder la abrazó y rompió a llorar desconsoladamente. Octavia la abrazó intentándola consolar y haciendo que se calmase. Cuando por fin pudo hablar, Clarke le explicó todo lo que había sucedido con Lexa, desde el beso, pasando por la noche de hacía dos días, hasta la última discusión que acababan de tener. La joven guerrera la escuchó en silencio hasta que acabó su relato.
- Déjame preguntarte una cosa Clarke - le dijo suavemente mientras la acariciaba el pelo - ¿le dijiste en algún momento que la quieres?
- ... - la rubia se quedó unos segundos callada mientras se limpiaba las lagrimas de las mejillas -No... pero... di por hecho que después de la noche que pasamos juntas, ya sabes, se... sobreentendería... - dijo al fin.
- Ay Clarke - Octavia tuvo que contener la risa al escuchar la ingenuidad de su amiga - sí algo he aprendido con Lincon, es que los terrestres no tienen el mismo concepto que nosotros respecto a las relaciones. No están acostumbrados al juego y a las indirectas Clarke. Lexa te demostró lo que sentía por ti, pero tu la rechazaste, piensa que si no se lo dijiste claro, lo más seguro es que ella no sepa que significó lo de anoche para ti.
- Pero... ella no me quiere Octavia... o me quiere, pero prefiere renunciar a ello para poder seguir siendo quien ha sido hasta ahora, la líder despiadada.
- ¿Estás segura de ello? Por lo que yo he visto, Lexa te quiere, pero como cree que no puedo tenerte, te aleja...
Clarke se quedó pensando en todo lo que le acababa de decir su amiga, pero aún así le costaba creer que la comandante cambiase solo por ella, que realmente la quisiera de tal manera como para derribar las murallas y las creencias que tanto le habían costado levantar. Al final, Clarke agradeció a su amiga todo lo que le había dicho, pero aun así no tenía esperanzas de que lo que había dicho Octavia fuese verdad. Con el mayor tacto que pudo, volvió a darle las gracias y le dijo que quería estar sola, así que la acompañó hasta la puerta de su tienda. Cuando abrió la tela para dejarla salir, vio que Lexa estaba a unos metros de su tienda, por unos segundos pudo ver en su mirada tristeza y preocupación. Antes de irse, Octavia le guiñó el ojo a la rubia en señal "te lo dije". Clarke se quedó clavada en el umbral mientras la comandante se acercaba a paso apresurado hacia ella. Al llegar a su altura, la agarró del codo y la volvió a meter en la tienda. La rubia se quedó mirando con expresión interrogante a la otra por su acción.
- Siento mucho si el otro día te hice sentir humillada... - le espetó de golpe. Como se había limpiado las pinturas de guerra, Clarke pudo observar que se había sonrojado levemente, aunque se recompuso rápidamente. - Hum - carraspeó para poder continuar mientras le soltaba el codo - Creo que al menos te mereces una disculpa antes de que os vayáis.
- No Lexa, no vamos a irnos, no voy a irme - le clavó la mirada desafiante.
- Entonces, ¿qué es lo que deseas, Clarke del pueblo celeste? - le contestó con una mirada igual.
En ese momento Clarke recordó las palabras de Octavia, si al menos algo de lo que le había dicho era cierto, esta era su última oportunidad para saberlo.
- Deja que esta vez te responda más claro... - empezó a decir mientras se acercaba a ella - lo que deseo... - otro paso - lo que quiero... - un último paso - a quien quiero, es a ti - terminó de decir a unos milímetros del rostro del la otra chica - El amor no es debilidad Lexa, es fortaleza, tu me has hecho más fuerte y juntas podemos ser más fuertes...
En ese momento todas las barreras que la comandante había intentado construir otra vez se cayeron como un castillo de naipes. La expresión de sus ojos mientras observaba el rostro y los ojos azules que tenia a milímetros se descongeló por completo. Agarró a Clarke por el cuello y
se fundió con ella en un ardiente beso. Una pasión desenfrenada volvió a apoderarse de ellas, pero esta vez había algo más, había también el amor que ahora eran conscientes de que existía, que siempre había existido, pero que hasta ese momento no habían podido reconocer.
- Ai hod yu in*, Clarke – dijo Lexa cuando se separaron unos segundos para poder recuperar la respiración, con su frente pegada a la de Clarke.
Volvieron a hacerse el amor, con pasión, deseo y a la vez ternura. Sus cuerpos se volvieron a fundir, y sus corazones latieron como uno solo, llenos otra vez de aquello que habían perdido, pero que habían vuelto a encontrar en los brazos de la otra. Quizás el amor fuese debilidad en el mundo exterior y no podían permitírselo, pero juntas, sabían que podían ser débiles la una con la otra.
* Te quiero
