[2] Dañino

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El pasado se presentaba ante él como una nebulosa impenetrable. Confusión, dolor, sangre. Abandono.

Sólo tenía claro que había una sola persona en el mundo en quien confiar. Su hermano mayor.

«Él me enseñó todo lo que sé»

No obstante, habían perdido todo contacto desde que ingresó a prisión. Una vez alguien le dijo que estaba en otra ciudad, rehaciendo su vida lejos de él. ¿Sería cierto?

—¿Realmente no tienes más familiares vivos?

—No—gruñó en respuesta, algo molesto por la intromisión del asistente. No diría una sola palabra más.

—¿Y qué tal el remitente de las cartas hace unos años? Me han contado que se trataba de una chica de...

—No sé de qué hablas. Tengo suficiente de esto.

Sasuke se puso de pie y la sesión se dió por finalizada. Odiaba ser tratado como un niño; exactamente lo que ese sujeto hacía, a su parecer. Y recordar las cartas... se suponía que aquello era un maldito secreto.

Ingresar a un programa de rehabilitación no estaba en sus planes. Así y todo, existía una ínfima probabilidad de obtener libertad condicional incluso antes de cumplir los diez años de pena.

Entonces tal vez podría volver a verlo; Itachi.

—Conozco a esa chica. Si quieres, puedo pedirle que venga a verte... le encantaría

—Ch. Vete al demonio.

El hombre le miró y, tomado su cuaderno con anotaciones y su maletín, notó cómo el pelinegro se perdía a la salida de la oficina mientras era acompañado por un policía.

Kakashi sabía que Sasuke mantuvo contacto con una mujer; una chica que solía envarle postales. Ahora ella era la nueva psicóloga del PRI. La conocía, la apreciaba. Estaba seguro de que había sido él quien inspiró su vocación. También tenía claro que a pesar de negarlo, él si tenía una familia fuera de prisión; Itachi Uchiha. Un hombre cuyo misterio le hacía sospechar en demasía. Alguien que jamás mostró interés por su pequeño hermano menor y que, luego de cometido el horrendo crimen desapareció convenientemente del mapa.

—Hm. Así que no hemos avanzado desde entonces—suspiró. No es que no fuera capaz de tratar con el arisco Sasuke Uchiha, era sólo que, en secreto, esperaba que fuera Sakura quien encontrara una vez más, ablandar su corazón. Le encantaba hacer de cupido.

Sonrió. El guardia que custodiaba la oficina le miró y, seguramente, lo creyó más loco que cualquiera de sus pacientes. Es que había comenzado a carcajear de sólo pensarlo. Era un maldito pervertido.

...

«Conozco a esa chica. Si quieres, puedo pedirle que venga a verte... le encantaría»

Bah. No le interesaba. En serio. Esa mujer había desaparecido de la misma forma en que llegó a su vida: sin motivo.

Ciertamente, esperó que todo lo escrito fuera cierto, no obstante, no había nada que esperar de una adolescente en aquel entonces. Había sido un idiota.

Imbécil...

Era mentira. Sí deseaba, en el fondo, que las palabras de Kakashi fueran ciertas; deseaba que ella fuera a verlo. Deseaba que alguien en el podrido mundo quisiera verlo.

No tenía idea de cómo él, precisamente él se había enterado. Sentía que la sangre se acumulaba en su rostro. Es que ese era su secreto.

...

—¿Y en serio esperabas que enviarle cartas al supuesto asesino del siglo iba a pasar desapercibido?—comentó entre risas Kakashi. Sakura intentaba ocultar su rostro viendo un informe como si fuera lo más interesante del mundo.

—Era una adolescente. El caso me obnubiló y, bueno, quise conocerlo en cierta forma. Él nunca me respondió, de todos modos—dijo, restando importancia al asunto.

—Se lo he dicho—Sakura le vió confundida.

—¿Qué cosa?—Interrogó, incrédula.

—Le he dicho que conozco al remitente de sus cartas. Que te gustaría conocerlo y que de hecho, puedes hacerlo...

—No puedo creerlo.

Sakura salió de la oficina. Ofuscada, decidió despejar su mente antes de decir algo de lo que probablemente se arrepentiría.

Ese Kakashi.

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Odiaba el calor sofocante en verano. También que sus dedos se sintieran entumecidos durante el invierno. Siendo un adolescente, se dijo así mismo que no importaba pasar toda una vida en prisión. Pero luego apareció ella y sus cartas. Las postales, los buenos deseos. Entonces los sueños con el exterior se hicieron frecuentes. Sakura Haruno había infringido un daño irreparable a su vida.

Porque ahora el encierro lo asfixiaba, quería salir de ahí lo antes posible, quería respirar siendo un hombre libre.

Esa mujer le había dado esperanza.

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Hola! He vuelto con la continuación de Convicto :)

Básicamente se trata de capítulos introductorios, pero de todos modos importantes. En el próximo capítulo podría decirse que viene el primer quiebre en la historia.

Muchas gracias a quienes han dejado reviews y han seguido ésta historia :) de verdad siento mucho aprecio por quienes me regalan su tiempo leyendo mis historias.

Nos leemos!