- ¿En serio crees que es lo mejor?

- No cuestiones mis decisiones, mujer. La quiero lejos, que de algo sirva tu maldito planeta.

- Vegeta, no querrá irse, no ha pisado la Tierra más que un par de veces y cuando era sólo una niña. Estará sola y además le parecerá un castigo que la exilies.

- Poco me vale su opinión. No es un exilio, es por su protección, nadie la encontrará ahí.

- ¿Y si lo hacen? Estará desprotegida. Aún no sabemos quién está detrás de esto, no puedes enviarla sola.

- No estará sola. El hijo de Kakarotto irá con ella, ya está decidido. Si tienen problemas Kakarotto y tus inútiles amigos de la Tierra podrán resolverlos ¿Qué sentido tiene que esté allá si no es de utilidad?

- Confió en las capacidades de Goku, pero Son Goten acaba de recuperarse.

- No le confiaría la seguridad de mi hija a nadie más. Casi lo matan durante el ataque, es el único de quien no tengo sospechas.

- Entiendo lo que piensas y sé lo que está dispuesto a arriesgar por ella, sin embargo, me parece que alguien más experimentado debería acompañarla. ¿Por qué no envías a Trunks también?

- ¿Y levantar sospechas haciendo que ambos herederos desaparezcan del planeta? Piensa con la cabeza, mujer.

- Está bien, confiaré en tu criterio. Le informaré a mis padres de su visita.

Abrió los ojos y lo único que pudo ver fue una silueta saliendo por lo que asumió era la puerta por la cual entraba una enceguecedora luz que sus ojos a duras penas pudieron aguantar, así que volvió a cerrarlos. La cabeza le daba vueltas y el ruido de la conversación que se daba a su lado terminó por despertarla. Giró su cabeza y abrió los ojos nuevamente, pudo ver a su padre mirándola con un gesto serio. No tenía idea qué había pasado, su último recuerdo era el de Trunks y ella conversando frente al tanque de recuperación en que Goten estaba suspendido luchando por su vida - ¿papá? ¿qué pasó? – su voz era un susurro apenas audible.

- Hasta que despiertas.

- ¿Dónde estoy?

- En tu habitación.

- ¿Qué ha pasado? Estaba hablando con Trunks y luego no recuerdo nada.

- Has estado inconsciente por tres días. Sea lo que sea con lo que te hirieron te causó una grave descompensación. Que sea la última vez que me mientes a la cara. La próxima vez te dejo morir.

- Lo siento, debí decírtelo, no volverá a ocurrir – se reincorporó en la cama y acomodó su cabello. Destapó sus piernas para ver si había secuelas, donde estaba la herida que causó todo el problema vió una blanca venda, pero no había rastro de las marcas grises que previamente habían invadido su piel – Papá ¿qué fue lo que me hicieron? ¿Qué era eso?

- Alguna clase de veneno, los médicos pudieron sacarlo de tu organismo antes de que causara un daño mayor, podría haberte matado.

Abrió sus ojos comprendiendo lo grave que había sido la situación y lo mal que había obrado al ocultarlo en una primera instancia, luego vino el recuerdo de Goten, estuvo inconsciente tres días y no sabía nada de él, fué herido de gravedad y había pasado días sin recibir atención, antes de que pudiera preguntar su padre habló.

- El nieto de Bardock se encuentra bien, estuvo dos días completos en el tanque, pero el cretino logró sobrevivir sin secuelas – dijo anticipando su pregunta.

- Si me lo permites, me gustaría hablar con él.

- No es necesario, tendrás tiempo suficiente para hacerlo después. Recoge algunas cosas y alístate, por la tarde él y tú se marcharán a la Tierra.

- ¡¿Qué?! ¿por qué?

- No permitiré que tu vida vuelva a correr peligro, te quedarás en la Tierra hasta que logre descubrir qué es lo que está pasando y quién ha sido tan idiota para meterse con el imperio y la familia real.

- Pero, papá.

- No hay peros, no cuestiones las órdenes de tu Rey. Es un problema tenerte acá, tu insensatez y tu insurrección te hacen un blanco fácil para cualquier enemigo.

- Prometo que no saldré en misiones, me quedaré en el planeta y haré lo que digas, pero quiero estar acá cuando descubras a los culpables de todo esto. Deben pagar – la desesperación se hacía notar en su voz.

- Tú lo has dicho, harás lo que yo diga. Irás a la Tierra y vivirás como una terrícola más junto a tus abuelos. Volverás cuando yo lo ordene, no antes.

- No puedes hacerme eso, soy tu hija.

- Por esa razón es que te vas – No seguiría discutiendo el asunto con ella, su decisión estaba tomada y nada la cambiaría, así como ella tampoco cambiaría su errático actuar, la chica había resultado ser un peligro para su propia seguridad. En la Tierra estaría lejos de su cuidado, pero también lejos de peligros innecesarios, nadie más que la familia y gente de su confianza sabría de su paradero, las probabilidades de ser atacada en ese planeta tan lejano y desconocido para el resto de la galaxia eran bajísimas. Sin decir más salió de la habitación, descubriría a los traidores y los haría pagar por su insolencia, de eso estaba seguro.

Qué injusto le parecía todo, no quería marcharse a la Tierra, durante sus primeros años en el planeta Vegeta había pasado temporadas allí, pero de eso habían pasado mucho tiempo, tenía sólo siete años la última vez que vió a sus abuelos. Era poco lo que recordaba sobre ser una terrícola, era demasiado pequeña para decir que podría sentirse a gusto regresando, en el planeta de su padre tenía una vida, no tenía amigos, pero tenía una rutina y un lugar definido. En la Tierra tenía… nada… estaría lejos de su padre, de su madre, su hermano… no habría misiones y, sobre todo, no habría venganza. Cómo deseaba poder bañarse en la sangre de sus agresores, hacerles pagar por la enorme falta de respeto en la que habían incurrido. Pero no quedaba más que someterse a las órdenes de su padre, no podía pasar por sobre la voluntad del rey.


Estaba en extremo molesta por la decisión de su padre y se lo hacía saber con su actitud a todo quien se cruzara en su camino. En tan sólo unos minutos abandonaría por un tiempo indeterminado su hogar. Recorrió los pasillos del palacio pensando en una manera de evitar el viaje, pero a su mente no llegó ninguna que pudiese ser efectiva.

Llegó a la bahía de aterrizaje y no vió a su padre, por lo que se devolvió sobre sus pasos y fue a buscarlo donde estaba segura que lo encontraría, su cámara de gravedad. Tal como pensó la cámara estaba activada, señal inequívoca de que él estaría dentro. Desactivó el sistema y esperó que saliera el enojado monarca, cosa que se cumplió de inmediato.

- ¡¿Por qué has parado el sistema?! – gritó molesto.

- ¿Me estás enviando lejos de ti y ni siquiera tienes el detalle de ir a despedirte? – su mirada rivalizó con la de su padre.

- Lárgate ya – le dio la espalda acomodando sus guantes, no tenía deseos de discutir con ella.

- Eso es lo que quieres ¿cierto? Hacerme desaparecer de tu vida, olvidarme como si no hubiera existido debido a mis fallas.

- Tus fallas son lo de menos, nada me asegura que en la Tierra no vayas a cometer los mismos errores y más.

- Entonces es para que no tengas que vivir la vergüenza de que todos vean que tu hija es un fracaso – insistió.

- Deja de decir estupideces, niña. Estoy orgulloso de ti y tus logros.

- No entiendo ¿Por qué me quieres lejos de ti?

Se volteó a verla y con un extraño gesto de preocupación le habló – Te vas porque, aunque me cueste admitirlo, no hay nada que pueda hacer para mantenerte a salvo mientras no sepa quién está detrás del ataque – sus palabras eran honestas, no quería exponer a su hija a una muerte segura.

- Déjame descubrirlo contigo, sólo yo sé lo que vi y puedo ayudar a dar con ellos.

- No, deja de insistir, no me harás cambiar de opinión.

- No quiero irme, quiero estar contigo – se aferró a su brazo y trató de voltearlo.

Se soltó de su agarre y cruzó los brazos dándole la espalda.

- No hagas esto más difícil.

- ¿Ves? En el fondo no deseas que me vaya.

- Lo que yo desee no es de tu incumbencia, niña. Ahora ve a subirte a esa nave, antes que…

- ¿Que te arrepientas? – interrumpió con una sonrisa triunfal, creyó que por fin lo estaba haciendo entrar en razón.

- No, que te suba yo mismo.

Era la derrota, no podía contra las órdenes de su padre. Bufó molesta por su reciente fracaso.

- Estás retrasando lo inevitable – esta vez estaba frente a ella mirándola con gesto serio.

Alzó la vista para mirarlo, cerró los ojos y exhaló en frustración – Está bien – y regalándole una sonrisa se abalanzó sobre su cuello y lo abrazó. Sabía que el gesto lo incomodaría, pero le daba lo mismo, no lo vería en mucho tiempo y quería tener el recuerdo de sus cálidos brazos antes de partir.

Asombrado por el comportamiento de su hija, relajó sus facciones y no muy seguro de lo que hacía correspondió su abrazo. Estuvieron un momento así, hasta que Bra deshizo el contacto.

- Adiós, papá. Te quiero – besó su mejilla y se marchó dejándolo solo afuera de la cámara.


Volvió a la bahía de aterrizaje donde esperaba su madre y su hermano, también pudo ver a Bardock, algo alejado de ellos, hablando con Goten.

Caminó hacia la nave y se detuvo frente a esta sin mirar a nadie, sus emociones se agolpaban en su pecho amenazando con salir en forma de lágrimas, pero no se dejaría llevar por ellas, no demostraría su debilidad, si lo que su padre quería era que se fuera, así lo haría y no miraría atrás.

La primera en acercarse fue su madre, estaba seria y aunque entendía los motivos de Vegeta no se sentía conforme con la decisión, alejarse de su hija no era una opción que la hiciera feliz, pero también estaba dispuesta a hacer lo que fuera para asegurarse de que su vida no correría riesgo.

- Bra… - posó su mano en el hombro de la chica, sabía que su hija estaba conteniendo sus emociones, por lo que no la presionaría más – esto será sólo por un periodo, te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para hacerte volver.

- Lo sé, pero ya no hablemos de eso, nada cambiará este momento, debo irme y quiero hacerlo ya – sabía que si cruzaba mirada con ella se quebraría, prefirió evitarlo.

- No seas tan fría, no engañas a nadie, princesita – intervino Trunks integrándose a la conversación.

- Es fácil para ti decirlo, tú no eres el que se va.

Antes de que pudiera terminar de hablar la jaló contra su cuerpo y la abrazó como lo hacía cuando eran pequeños – No seas tan malhumorada, este problema se solucionará pronto y yo mismo iré por ti a la Tierra.

- Estaré esperando ese día – le mostró una sentida risa.

Bulma se unió al abrazo, sus hijos eran su adoración y le partía el corazón dejarla ir. El momento familiar acabó cuando Bra decidió que era hora de partir.

Beso a su madre y a su hermano y colocando su puño sobre su pecho se despidió de Bardock, no necesitaban más que eso.

- Goten, es hora – dijo dirigiéndose a su acompañante.

El soldado tuvo el mismo gesto que Bra con su abuelo y este se lo devolvió junto a una media sonrisa.

- Todo dicho y todo hecho. Nos vamos – dijo eso y entró a la nave sin esperar a Goten.

- Eh, Goten… trata de que no te vuelva loco, te espero para una revancha – era su forma de despedirse de su compañero de entrenamiento, no lo iba a admitir, pero lo extrañaría.

- Entonces será mejor que entrene para que no barra el suelo con usted, príncipe – respondió con una burlona sonrisa y de inmediato estrecharon las manos y se dieron un corto, pero significativo abrazo, esa sería la despedida entre dos colegas que se habían vuelto buenos amigos.

Reverenció a Bulma y se subió a la nave donde ya lo esperaba Bra.

Mientras, desde el balcón el Rey observaba toda la escena, pensando en qué tan buena era su idea después de todo.


Se sentó en la butaca principal de la nave y la puso en marcha, las coordenadas ya estaban ingresadas y el sistema de navegación estaba bloqueado, bufó en fastidio por la astucia de su madre, qué bien la conocía, tanto que tomó todos los resguardos necesarios para evitar que alterara la ruta de la nave y se fuera a algún otro planeta escapando de las órdenes de su padre.

- ¡Cuánto te conocen! – dijo Goten acercándose a la pantalla de la nave y riendo con ganas.

- No bromees, detesto esto – golpeó el panel de control con rabia.

- Hey, hey, no dañes eso o terminaremos vagando por la galaxia.

- Me vale un carajo – tenía el ceño profundamente fruncido – supongo que no queda más que sentarse a esperar que lleguemos a ese jodido planeta – se hundió en la butaca y no dijo más.

Estuvo por horas sentada en la butaca simplemente mirando hacia el exterior de la nave, la inmensidad del espacio le parecía maravillosa, pero no lograba sacarla de su malestar. De pronto la voz de Goten la distrajo.

- ¿Te quedarás los dos días allí sentada?

- Quizás, podría intentar aguantar la respiración hasta morir, sería más agradable que pisar la Tierra.

- Eres tan dramática, vamos – la tomó de la mano y trató de hacer que se parara – hagamos algo distinto, no quiero que te mueras bajo mi cuidado.

Se paró de la butaca y lo siguió por la nave, pararon frente al contenedor de la comida.

- ¿De verdad tu idea de algo distinto es comer? – lo miró levantándole una ceja.

- ¡Por supuesto! Mira qué cosas hay acá – dijo mientras revisaba la alacena que estaba atiborrada de comida.

- Eres único, Son. Yo sufro por tener que ir a un planeta lejano y tú disfrutas del viaje sólo porque hay comida.

- Soy un hombre fácil de complacer, princesa – le dijo encogiendo los hombros en actitud relajada – anda, come algo.

- No tengo ganas – se sentó junto a la pequeña mesa que cumplía como comedor y se quedó mirándolo devorar plato tras plato.

- ¿Por qué has venido tú conmigo? – preguntó haciéndolo parar su merienda.

- Pues, el Rey me ha enviado.

- Sí, pero ¿por qué tú? ¿Por qué no Bardock?

- Bueno, ya no puedo devolverme, así que tendrás que conformarte con mi desagradable compañía.

- No es eso lo que quise decir. Simplemente me pregunto por qué papá decidió enviarte a ti en lugar de a Bardock, hasta donde sé, él toma todas las misiones importantes. Supongo que yo soy una de esas.

- Supones bien, me ha dicho que es la misión más importante que tendré en mi vida, no tengo la más mínima idea de por qué me envió a mi y no a mi abuelo, pero me alegro de estar acá, pensaba que luego de lo ocurrido no volvería a ver el interior de una nave. Puede que no sea todo un placer el estar encerrado contigo tantos días, pero al menos estoy de regreso a mis labores.

- Hey ¿cómo es eso de que no es un placer? ¿Acaso soy tan desagradable?

- ¿La verdad? – todo su gesto era como el de un niño que tramaba una jugarreta.

- En verdad tu compañía se está haciendo desagradable – dijo cruzando los brazos y volteando para mirar hacia otro lugar, enfadada, lo que sólo consiguió que el saiyajin riera fuertemente.

- Te estás amargando mucho, princesa.

- ¡Aun no puedo creer que me hayan enviado a la Tierra! – se paró y comenzó a pasearse como perro enjaulado por la nave.

- No lo veo como algo tan malo, tómalo como una larga misión.

- ¿Misión? ¿Qué no recuerdas lo que es vivir en la Tierra? No hay enemigos, no hay aventura.

- Si te empeñas en ver sólo lo malo de tu situación terminarás más frustrada de lo que ya estás. Sólo veo oportunidades en este viaje.

- ¿Oportunidades? ¿De qué? Ilústrame por favor.

- De conocer a esa otra parte de tu familia, esa parte perdida de tu herencia. Podríamos explorar la Tierra, tenemos todo un planeta para conocer.

Dejó de lado la comida y se sentó en el suelo de la nave apoyando su espalda contra una fría pared, inmediatamente ella se recostó apoyando su cabeza en las piernas de su guardián y se quedó mirando el techo de la nave.

- Tú estás feliz porque verás a tus padres, sin embargo, yo estaré lejos de toda mi familia.

- No sabes de lo que hablas, ni siquiera conozco a mi padre, o al menos no recuerdo nada de él. Cuando nací él estaba muerto y cuando tenía cuatro años me llevaron al planeta Vegeta, ni mi madre ni mi hermano fueron oposición para Raditz, años después me enteré gracias a ella que mi padre había sido revivido con las esferas del dragón y me querían de regreso, incluso hablaron con tu madre y ella convenció al Rey de dejarme ir a cambio del compromiso de mi padre con la causa del imperio, pero, como ya sabes, no quise regresar y crecí con ustedes al cuidado de mi abuelo y mi tío, y mi padre igualmente se comprometió sólo con el afán de luchar contra individuos más fuertes.

- Nunca te había oído hablar así, con tanto resentimiento. ¿Qué hubieras preferido? ¿Ser criado como un terrícola o como saiyajin?

- No sé cómo responder esa pregunta, supongo que no puedes anhelar lo que no conoces ni sospechas cómo es, nací para luchar, o al menos es la única vida que conozco y me agrada. Tengo aspiraciones altas, princesa, no seré toda mi vida un simple soldado y no me veo llevando una vida tranquila en ese planeta.

- Es muy probable que conozcas a tu padre ahora, sé por mi madre que ellos eran muy buenos amigos, incluso que tienes un hermano.

- Gohan – su gesto se tornó serio al mencionar el nombre de su hermano - a él lo recuerdo, pero no sé cuál será su reacción al verme nuevamente... sólo... me gustaría ver a mi madre, aunque fuese una vez.

- ¿Le has dicho que vas a la Tierra?

- No, pero supongo que tu madre lo habrá hecho.

Se quedaron unos minutos en silencio, disfrutando la compañía del otro. Ciertamente, era el único ser al cual podía considerar un amigo, durante sus misiones compartidas siempre encontraban un momento para hablar a solas y conocerse. Además, eran compañeros de entrenamiento, nunca había logrado ganarle en un enfrentamiento, pero sí conseguía ponerlo en aprietos. Llegó a la conclusión de que pese a lo nefasta que había sido la decisión de su padre, al menos tendría con quien afrontar el nuevo desafío, no podía pensar en una mejor compañía.

- Gracias por venir conmigo, Goten.

- No me lo agradezcas, no es como si hubiese tenido opción, fue una orden del Rey – le dijo desinteresadamente.

- Y yo que pensaba que me apreciabas – se sentó y le dio la peor de sus miradas.

- Jajaja, no te enfades, sólo bromeo, la verdad es que aún si no me lo hubiesen ordenado, habría hecho todo lo posible para venir contigo.

- No digas esas cosas, podría pensar que tienes otros planes conmigo, soldado – dijo en un tono bastante sugerente.

Comenzaba otra vez con sus indirectas, debía tener mucho cuidado con lo que le decía, pues cualquier cosa medianamente ambigua gatillaba sus ataques de coquetería. Resopló haciéndole notar su molestia por ese último comentario, cosa que no pasó desapercibida por la chica.

- ¡Vamos! Es sólo una broma, yo también puedo bromear ¿o no? Además, debes reconocer que soy una chica muy guapa.

- Tus bromas pueden hacer que pierda la cola, y no, eres como una hermana para mí. Jamás te podría ver de otra forma.

- Qué aburrido eres, Son. Entonces, ¿hubieses insistido en venir conmigo porque me consideras como parte de tu familia?

- Por supuesto. Alguien debe cuidarte de ti misma.

- Gracias – clavó sus ojos azules en los negros de su compañero, ese gesto logró incomodarlo enormemente. Supo que era momento de cambiar el tema para no molestarlo más – Creo que me pasa algo bastante parecido a lo tuyo con mis abuelos, claro que yo sí los conozco, pero no los veo desde que soy una niña y es poco lo que recuerdo de ellos, aunque pasé largas temporadas de visita junto a mi madre. Ellos son de lo más cursi que hay, buenas personas, pero carecen del respeto hacia el espacio personal que tanto valoro. Ya los conocerás, no dejarán de hacerte preguntas y acosarte, especialmente mi abuela.

- Habrá que vivirlo, princesa – se acomodó colocando sus manos detrás de su cabeza, lo que hizo que ella cambiara su posición y se sentara a su lado recargando su cabeza en su hombro.

- ¿Cuánto tiempo estaremos en la Tierra?

- No lo sé, lo que dure el castigo de mi padre.

- ¿Piensas que es un castigo?

- ¿Qué más sería? Piensa que soy un estorbo, que sólo me meto en problemas…

- Para ser honesto… lo de los problemas se lo concedo, realmente eres experta en acabar en situaciones complicadas. Espero que en la tierra te comportes, no tengo más que una sola vida y no estoy dispuesto a perderla por ti, princesita.

Volteó los ojos molesta y respondió – no necesito que seas mi sombra, puedo cuidarme sola perfectamente. Además, el lugar al que vamos se caracteriza por ser pacífico, un lugar totalmente aburrido.

- Podría apostar que encontrarás la forma de meterte en problemas, princesa.

Se paró indignada y le lanzó una bota que esquivó fácilmente, estallando en una entusiasta risa a la que finalmente ella se unió.

- Ve a dormir, princesa.

- Hago lo que quiero ¿Y tú qué harás?

- Aprovecharé mi tiempo ejercitándome un poco, a veces la inactividad me vuelve loco.

- Está bien. Ya te has comido todo lo que has podido, me parece apropiado que uses esa energía en algo útil.

Se encerró en la recámara y se lanzó en la cama sin siquiera sacarse la ropa, no tenía el ánimo suficiente para cubrir esos detalles. Además, no tenía sentido hacerlo, estaba cómoda así tal cual. En unos minutos cayó en un profundo sueño.

Al día siguiente despertó de mejor ánimo, se levantó de la cama y contempló la recámara, era simple, claramente no era el mejor de los diseños de su madre, sólo tenía lo esencial, la cama y un par de muebles donde guardar algunas pertenencias. Salió de la recámara y lo primero que vió fue el sudado cuerpo de Goten, torso al descubierto, haciendo flexiones, se le ocurrió la idea perfecta para entretenerse a expensas de él. Sin que él lo notara se acercó lentamente y cuando estuvo lo suficientemente cerca del concentrado saiyajin le susurró al oído.

- ¿Tratas de seducirme llevando tan poca ropa, soldado?

Lo tomó por sorpresa y lo hizo caer de bruces al suelo, no sufrió daño alguno, sólo la molestia de ser interrumpido y burlado.

Se paró y le dio una fea mirada que consiguió hacerla reír como pocas veces lo había hecho durante el viaje.

- Debes dejar de hacer esos comentarios, son molestos.

- Deberías ver tu cara – siguió riéndose de él y con un dedo recorrió sus bien formados músculos abdominales – hay que verte más así – le dió la espalda y se dirigió hasta la mesa donde comían dejándolo aún más molesto y confundido.

Se encerró en el baño y salió a los pocos minutos con el cabello mojado y su traje completo. No le daría más motivos para demostrar su descaro, él era un soldado serio, no aguantaría las jugarretas de ella.

El resto del día no volvieron a cruzar palabras, cada uno se enfrascó en actividades sencillas para matar el tiempo. Goten se dedicó a entrenar, mientras Bra se encerró en la recámara que había reclamado como suya, se recostó en la cama y echó a volar su imaginación, hacía años que no visitaba la Tierra, trataba de imaginar qué encontraría ahí. Recordaba a sus abuelos como gente sencilla, a pesar de su riqueza y el poder que tenía su abuelo al ser un renombrado científico, dueño de su propio imperio tecnológico. Gracias al poder de su inteligencia el imperio de su padre se había posicionado como el más grande la Galaxia del Norte, eran imparables, todo por el viejo Brief y su hija Bulma. Nunca supo cómo fue que sus padres terminaron juntos, con lo que conocía a ambos le parecía tan poco creíble que acabasen liados en circunstancias normales. Su madre era sin dudas una mujer especial, única en su especie, tenía el brío de una mujer saiyajin en el envase de una dulce y frágil humana, pero su mente y su encanto eran las armas más valiosas que tenía a su favor, era capaz de doblegar al más bravo guerrero y de eso debió valerse para conquistar a su padre. Bardock era el único en su planeta capaz de contarle algo sobre ellos, ya que era el único saiyajin que quedaba que presenció esa historia, o al menos eso creía, también estaba Raditz, había formado parte del escuadrón de su padre en aquellos años, pero él era todo burlas, no se podría tener una conversación seria con él ni aun amenazándolo de muerte. Aunque intentara preguntarle a Bardock, no lograría nada, él vivía en un profundo hermetismo desde que la muerte de su mujer le quitó las ganas, era casi imposible sacarle algo más que lecciones de lucha.

Ahí tenía una misión en la cual entretenerse, no sería una muy emocionante ni siquiera requeriría esfuerzo físico, pero podría conocer más a sus padres.

Según sus cálculos quedaba menos de una hora para llegar a su destino, salió para ver en qué estaba Goten, lo encontró sentado en la butaca principal con los ojos cerrados y los pies apoyados en el panel de control.

- ¿Qué haces? – preguntó sólo por entablar conversación.

Abrió los ojos, bajó los pies y giró la butaca para ver a la chica – Espero… dentro de poco tiempo llegaremos.

- ¿Qué esperas encontrar en la Tierra?

- No lo sé ¿Terrícolas?

- No te pongas obvio, estoy tratando de conversar contigo – notó su gesto serio y se preguntó qué le pasaba, normalmente cuando estaba con ella mantenía ese tonto gesto relajado que lo caracterizaba - ¿Pasa algo?

- Nada, todo está bien – dijo fingiendo normalidad, en verdad todos sus pensamientos estaban dedicados a lo que podría encontrar en la Tierra y eso era su familia, o al menos lo que alguna vez lo fue.

- Eres extraño, Son Goten.

- No más que tú, princesa.

Se sentó en el suelo apoyándose en la butaca donde estaba sentado Goten, no quedaba más que esperar, tal como él hacía. Ninguno volvió a hablar.


En el momento en que la nave tocó tierra, comenzó a sentirse nerviosa, tenía una idea vaga de lo que le esperaba, pero aun así el reencontrarse con sus abuelos era más de lo que quería vivir en ese momento.

- ¿Crees que me reconocerán? – su voz delató su nerviosismo.

- Eres igual a tu madre, tendrían que ser demasiado despistados para no hacerlo.

- Claro… pero han pasado muchos años.

- Te desconozco, estás demasiado nerviosa.

- Lo sé, es extraño, siento que al bajar de esta nave la vida que conocía quedará atrás.

- Nada de eso, volveremos, y me encargaré de recordarte todos los días que eres la princesa de la más importante raza del universo.

- Gracias.

Abrió la escotilla de la nave y se dispuso a bajar, pero ella no se movía.

- ¿Tendré que bajarte? – dijo mirándola serio – siempre eres la primera en salir de la nave, creí que serías tú quien dominara la situación y no la situación la que te dominaría a ti.

- Tienes razón, esta es una misión más – y recuperando su valor bajó de la nave y echó una mirada exploratoria hacia el patio de la Corporación. Detrás de ella iba Goten, quien se notaba alerta ante cualquier sorpresa que pudiese haber fuera de la nave.

Vio muchas caras desconocidas antes de encontrar las de sus abuelos, un hombre alto que estaba acompañado de lo que le pareció una rata voladora azul fue el primero en quedarse mirándola, la intensidad de su mirada la incomodó, le pareció atrevido.

El hombre se quedó estupefacto al contemplar a quien tenía en frente, no daba crédito a lo que sus ojos le mostraban, el amor de su vida había regresado - ¿Bulma? – dijo en un susurro y cuando su cuerpo volvió a responderle corrió hacia donde estaba la chica y trató de abrazarla, pero no logró su cometido, un certero golpe lo envió lejos de ella, dejándolo en el suelo. Alzó la vista y lo que vió lo sorprendió aún más, le pareció ver a Goku parado frente a su Bulma, mirándolo con recelo y el brazo extendido formando una bola de ki.

- Como te vuelvas a acercar a la princesa de esa forma, te mueres - dijo severo, su voz y su gesto eran intimidantes.

Y entonces lo comprendió, esa chica no era Bulma, no podía serlo, pero lucía exactamente igual a la niña que conoció y amó en su juventud. Y ese hombre, aunque igual a su amigo, carecía del temple dulce y amistoso de su camarada, su expresión era fría.

- Basta Son, parece ser que el tipo es uno de los amigos de mi madre.

Las palabras de su protegida lo hicieron recuperar la compostura, se volteó a mirarla y asintió con un gesto y cruzando los brazos se paró imponente a su lado, pero sin quitar la vista del hombre que yacía en el suelo con la mirada perdida.

Mientras, a la distancia el matrimonio Brief se abrazaba contemplando la escena, la Sra. Brief había insistido en invitar a los guerreros de la Tierra para recibir a su nieta, para ella era todo un suceso verla regresar luego de tantos años, era recuperar una parte de su corazón que le había sido arrebatada cruelmente, hacía años que había aceptado el deseo de su hija de marcharse con el que se había convertido en el amor de su vida, ese estoico guerrero que llegó desde muy lejos con sus malas maneras a robarle lo más preciado que tenía.

Siguiendo el impulso de su corazón, la Sra. Brief corrió al encuentro de su nieta envolviéndola en un necesitado abrazo que la chica no correspondió. Goten se tensó a su lado incómodo por la innecesaria muestra de afecto, no estaba dispuesto a atacar a una anciana, pero estaba listo para actuar en caso de que la mujer se mostrara como una amenaza. Se concentró en su ki y al notar que era bajísimo, se relajó.

Sintiendo la oscilación de su ki, giró la cabeza hacia Goten y le habló – Despreocúpate, es mi abuela. No hay problema.

Presto hizo una reverencia y se arrodilló frente a la mujer. Su misión en la vida era proteger a la familia real y esa mujer, al ser la madre de su reina, lo era.

Notando el gesto del joven, la Sra. Brief soltó a su nieta y se giró hacia él mirándolo con curiosidad, acercó su mano al rostro del chico que miraba el suelo y con suavidad le tocó la mejilla para luego levantar su rostro por la barbilla, abrió más sus ojos dejando ver el profundo azul que decoraba su rostro – Eres una copia perfecta del amiguito de mi hija – le regaló una cálida sonrisa que el joven no entendió – eres tan apuesto como él. ¿Cuál es tu nombre muchacho?

No respondió, y ante su silencio, que no era más que una muestra de respeto hacia la realeza, Bra le habló – Puedes responder, las reglas de nuestro planeta no tienen mucha validez acá.

Asintió a su princesa y contestó – Mi nombre es Son Goten, guardián de la princesa, la portadora de la sangre real del Rey Vegeta.

- Encantada, mi nombre es Bunny Brief, soy la abuela de tu princesa, y este es mi marido – dijo señalando al Dr. Brief – por favor, levántate, no es necesario que me rindas honores, eres mi invitado y estás entre amigos. Siéntete como en casa.

- Por esa razón debo mostrarle respeto.

- ¡Ay que encantador jovencito! Pero insisto, aquí eres uno más.

Lentamente se paró y dio una mirada al resto de la gente que los rodeaba, analizándolos, dos calvos, el idiota que se propasó, dos ancianos y dos bichos como ninguno que hubiera visto en su vida, era un curioso grupo, pero ninguno representaba una amenaza para la seguridad de su princesa.

- ¿Quiénes son ellos? – preguntó secamente.

- Cariño, son los amigos de mi hija, les comenté que tendríamos una visita muy importante desde un planeta lejano, quise mantener en secreto sus identidades para que se llevaran una sorpresa.

La extrema felicidad de la mujer lo ponía incómodo, volvió a mirar al grupo y una extraña sensación se apoderó de él, entre ellos no logró ver a su madre. Si ellos estaban ahí esperándolos, ¿Por qué no estaba ella también? Su pregunta tuvo una respuesta inmediata, los años y su decisión de no regresar cuando aún era un niño seguramente habían hecho que dejara de importarle. Él haría lo mismo, dejaría ir esa tonta ilusión de reencontrarse con la mujer que le dio la vida y tanto lo quiso. Cerró los ojos con pesar y exhaló molesto por su debilidad. Esas emociones no eran dignas de un guerrero saiyajin. Su abuelo y su tío se burlarían de él si supieran lo que estaba pasando por su cabeza.

El Dr. Brief se acercó a la nave y acomodando sus lentes le echó una analítica mirada – una belleza, veo que mi hija ha mejorado bastante su trabajo, esto no se compara con la primera nave que ví llegar a la Tierra.

- Mi madre es un genio, la mejor – respondió Bra un poco más relajada y llena de orgullo.

- Mi pequeña niña ¿Cómo está ella? ¿Por qué no ha venido con ustedes?

- El lugar de la Reina es con el Rey. Al igual que el mío – dijo dejando ver su malestar.

- Mi hija nos ha explicado el motivo de tu visita, ha sido la mejor decisión enviarte con nosotros a la Tierra, es un lugar pacífico y alejado de todo conflicto – dijo el viejo Brief.

- Es una humillación, soy lo suficientemente fuerte para cuidar de mí misma y no cometo dos veces el mismo error.

Goten se acercó a ella y le dijo algo al oído, las que fuesen sus palabras consiguieron enfadarla al punto de tensarse, apretar los puños y voltear su cara en sentido contrario a él – Eres insolente, soldado – sus palabras salieron de su boca con sorna.

El joven soldado sólo esbozó una media sonrisa en respuesta.

- Bien ¿Nos presentarás a tus invitados o no? – dijo mirando al peculiar grupo de humanos que no apartaban sus sorprendidos ojos de los dos jóvenes.

- ¡Oh! Por supuesto. Pero primero quiero que se pongan cómodos, esas armaduras lucen muy pesadas, los llevaré a sus habitaciones. Luego podrán compartir con los chicos y disfrutar de la deliciosa comida que les he preparado. Deben estar hambrientos.

Tomó a su nieta de la mano y casi la arrastró hacia el interior de la casa, Goten la siguió, no le quitaría los ojos de encima. El trío desapareció.

- Esto ha sido extraño – soltó Krillin mirando hacia donde antes habían estado los chicos.

- ¡Yamcha! ¿Estás bien? – dijo Puar acercándose a su amigo que se encontraba sentado en el pasto aún con la mirada perdida.

- En verdad pensé que era ella, Puar.

- Yamcha… ¡ese tipo ha sido muy grosero contigo! – se quejó Puar.

- Se ve como un tipo duro, me parece increíble que sea el hijo pequeño de Goku, lucen exactamente iguales, pero su carácter es tan distinto al de él y al de Gohan. Por cierto ¿por qué no ha llegado? – preguntó Krillin.

- No es una sorpresa, se ha criado como un saiyajin. Quién sabe qué tipo de atrocidades ha debido presenciar y cometer – intervino Ten Shin Han.

- Vamos chicos, ya tendrán tiempo de conocer a nuestros visitantes, mientras regresan disfrutemos de la comida – dijo el Dr. Brief animándolos a relajarse.


La casa le pareció enorme, nada comparado con las austeras casas en que vivían los soldados del imperio, sólo el salón principal era del tamaño de una. Siguió a las mujeres hasta el segundo piso donde pasaron varias puertas hasta que llegaron a un pasillo donde la anciana paró.

- Bien, esta será tu habitación, querida. Alguna vez fue la habitación de tu madre. Creo que te sentirás bastante a gusto en ella.

- Gracias.

- Y esta de acá – dijo señalando la puerta que se encontraba frente a la que utilizaría Bra – será la tuya apuesto jovencito. Supongo que desearán estar cerca el uno del otro. Era la habitación favorita de mi invitado más intrigante, ¡Qué años aquellos! Con ustedes acá casi puedo sentirme como cuando los tenía a ellos en mi hogar.

Se miraron intentando no reírse de la mujer.

- Les he dejado algo de ropa, espero que no les moleste que haya elegido algunas prendas para ustedes, pero deseo que se sientan cómodos y esos apretados trajes no son adecuados, no dejan nada a la imaginación.

Volvieron a compartir una mirada y esta vez estallaron en risas, esa mujer sí que era extraña. La vieron alejarse por el pasillo cantando una canción.

- Entonces, apuesto jovencito, ¿por qué no nos cambiamos como sugirió mi abuela y bajamos a comer algo? – le dijo burlándose un poco de él.

- ¿Cómo es eso de que nuestra ropa no es adecuada? – preguntó pensando en las palabras de la mujer.

- Ya viste abajo como visten en la Tierra, es una vestimenta muy poco práctica para una batalla, pero al parecer adecuada para esta ocasión. Vamos, no tardes – fue lo último que le dijo antes de entrar en la habitación y cerrar la puerta dejándolo solo en el pasillo.

- Mi ropa es adecuada – frunciendo el ceño entró a la habitación malhumorado.


Una vez dentro de la habitación observó con atención el atuendo que estaba colocado cuidadosamente sobre la enorme cama, reconoció aquella prenda que en la Tierra llamaban vestido, solía usarlos cuando era pequeña. El color le pareció demasiado llamativo, así como el diseño, era un vestido rojo que parecía bastante corto, ciertamente su padre no aprobaría ese provocador atuendo, le dio una última mirada levantando una ceja y se fue al baño con la intención de ducharse.

Una ducha era todo lo que necesitaba después de haber pasado dos días viajando en la nave, necesitaba relajarse sintiendo el calor del agua sobre su piel, una vez que logró su objetivo salió de la ducha y se envolvió en una toalla, tomó una segunda para secar su cabello y abandonó el baño. Miró otra vez el vestido que estaba sobre la cama, no tenía más opción que usarlo, en pocos minutos estuvo totalmente vestida. Ató su cabello en una coleta alta, se miró en el espejo que había en la habitación y sonrió ante la vista. Realmente la idea del vestido no había sido tan mala.

Salió y encontró a Goten fuera de su habitación con los ojos cerrados, de brazos cruzados y apoyado contra la pared en clara actitud de espera. Su atuendo le pareció más cómodo que el de ella, iba con unos jeans negros, una musculosa del mismo color y las botas de su traje. La musculosa hacía que toda la atención se centrara en sus trabajados brazos y dejaba ver la rosada nueva cicatriz de su hombro.

- ¿Listo?

El sonido de su voz lo sacó del trance en que estaba y al abrir los ojos quedó impresionado con la vista, jamás la había visto vistiendo algo distinto a su traje de combate. Lucía diferente, menos amenazante, pero debía reconocer que se veía bastante bien con ese corto vestido.

- ¿Te gusta lo que ves, soldado? – una sonrisa coqueta decoró su rostro.

Endureció su gesto y retiró la mirada del cuerpo de la chica - Ya empezarás otra vez.

- Sólo preguntaba. Vamos – lo tomó del brazo y juntos se dirigieron hacia el patio de la Corporación.


Para ese entonces la reunión ya estaba un poco más animada, todos parecían haber olvidado el incómodo momento que habían pasado cuando los peculiares invitados secretos de la Sra. Brief llegaron. Goku y su familia habían llegado y Chichi se encargaba de dar las excusas pertinentes por el retraso.

- Ha olvidado que teníamos un compromiso y se ha pasado toda la mañana entrenando, ¡Como siempre! Este hombre es todo un caso, nunca cambiará – explicaba una molesta Chichi al más pequeño de sus amigos.

- Vamos, Chichi, no me regañes, sabes que estas cosas no me van mucho, sólo vengo por la comida.

- ¡Goku! Qué descortés de tu parte – volvía a regañarlo.

Con ese último comentario logró sacar una risa a los presentes, Goku fue el primero en dejar de reír en el momento en que sintió un fuerte ki acercarse a ellos, inmediatamente su alegre gesto cambió por uno serio y se dio cuenta de que esa persona estaba buscando hacerse notar. Volteó para ver al recién llegado y se sorprendió ante lo que sus ojos le mostraban. Era igual a él.

Chichi notando el cambio en su marido volteó para mirar hacia la misma dirección y en ese momento su respiración se paró. Era él, no necesitaba que nadie se lo confirmara, una madre siempre podría reconocer a su hijo, aun sin haberlo visto por años – Goten…


¡Hola! Estoy muy contenta de que esta historia haya tenido una buena recepción, les agradezco una enormidad por su tiempo y sus ganas de leer. Quizás, quizás, quizás… no haya otro capi hasta enero, depende de cómo se vayan dando estos días de locos entre tanta celebración y cenas y regalos, en una de esas lo logro sacar, pero prometo que sí o sí la primera semana de enero les dejo una nueva entrega.

Sobre la historia, no está demás decir un par de cosillas, hay bastantes cambios con respecto a la historia real, de ahí que sea un UA, y otras tantas cosas que se mantienen igual, trato de que los mismos personajes vayan explicando estos detalles con sus historias y conversaciones, en vez de darles la lata con una gran explicación que sólo podría aburrirles. ¡Quedo atenta a consultas!

MaryGonzalez11: Disfruto mucho escribiendo las partes de Bra, es tan orgullosa y malas pulgas y pobre Goten, realmente tiene mucho aguante con la princesa, le han encomendado una misión difícil, aunque no lo parezca.

AnneBrief7: Goten y Bra serán siempre mis favoritos, tengo tantas cosas en mente para esos dos. Y sí, Vegeta quiere mucho a su hija pese a que hace lo que quiere, para él fue duro dejarla ir, pero como buen padre tiene que pensar siempre en lo mejor para su gente y Bra estaba siendo todo un problema para sí misma. Y ¡acertaste! A la Tierra los pasajes ajajaja, veamos cómo se llevan con los terrícolas este par.

Sweetgilda: ¡Gracias! El veneno es algo que de momento pasó a la historia, ¿irá a ser un tema en el futuro? Quizás, pero no le digas a nadie =X 0_0 lo que sí es seguro es que descubrirán quién está detrás de todo esto y pagarán por el ataque y otras cosas más…

Miki: Graaacias linda, me alegras el día con tus comentarios, claro que seguiré escribiendo y estoy muy contenta de que me quieras seguir, espero cumplir con tus expectativas :D

¡Gracias chiquillas! Mil gracias por su preferencia, su tiempo y sus palabras. ¡Felices fiestas para todos!