Capítulo 2
-_-_-Steve-_-_
El fuego nos rodeaba, el aire era sofocante y los presentes con nuestras varitas mágicas no podíamos apagar el incendio. Al final nos resignamos y vimos arder el pequeño taller; grandes pérdidas para el negocio familiar, tantas escobas a medio producir destruidas y muchos habían perdido su empleo. Era el quinto taller que perdíamos gracias a los idiotas que intentan aprovecharse de la situación ¿En verdad creen que somos estúpidos? Vienen a ofrecernos "protección" a cambio de dinero. Cien galeones la hora por protegernos del Señor Tenebroso; ni nosotros somos tan ricos e idiotas ni ellos tan poderosos. Me hacen enojar.
Ya que logramos apagar hasta el más pequeño residuo del incendio regresé a casa. A pesar de que mi familia estaba bien situada en la rama de la fabricación de escobas mágicas, teníamos un hogar pequeño, a mi madre siempre le gustó tener así las cosas, pequeñas y controladas. En un anexo a esa casa había otra, que en realidad había sido un taller pero que adecuamos a departamento. Esa casita era mi nuevo hogar, bueno, no tan nuevo. Ahí vivíamos Violette y yo desde que tuvimos el impulso de casarnos; a veces no daba risa el recordarlo, sabíamos que cualquiera pensaría que hay que ser idiota para casarte antes de ser mayor de edad pero ambos pensábamos que no era necesario esperar si ya encontraste a la persona indicada, además de que siempre he sido algo idiota.
Ese día entré y no había nadie, o eso parecía. -¡Ya llegué! –grité mientras cerraba la puerta, de pronto unos brazos aprisionaron mi torso y unos labios me besaron con ganas. -¿Me extrañaste? –reí y recibí un mordisco en respuesta; la besé. Esa era mi chica, mi mujer, la bruja dueña de mi existencia, mi Violette. La única mujer de la que en mi corta vida me había enamorado incluso con todas sus rarezas y creo que por eso ella también se había enamorado de mí, porque nadie más había aceptado lo extravagante que era. Nadie se había dado cuenta de que ella era realmente mágica y eso era perfecto para mí.
-¿Por qué esta bienvenida tan genial? –pregunté tras separarnos, la abracé.
-Hueles a chamuscado –respondió haciendo una mueca, su sonrisa desapareció. –Va a haber una reunión familiar.
Entendí a lo que se refería, asentí. -¿Tenemos que ir? –noté por su gesto que era preferible que lo hiciéramos. Suspiré. –Pues… si nada se puede hacer… Nos regresamos temprano.
-Preferiría no llevar a Dorian ¿Qué tal que le quieren poner la marca tenebrosa? –en otros tiempos habría reído tras ese comentario pero en ese momento simplemente se estremeció. Besé su mejilla.
-No soy bueno en defensa contra las artes oscuras pero… Tendrán que pasar sobre su mi cadáver para hacerlo –noté en su mirada que no había hecho una buena elección de palabras. Reí nervioso. –Sabes a qué me refiero, Vi. Puede quedarse con mis padres.
-Sí… Estará más seguro ahí… ¿Y tú estarás bien? Sé que no te gusta ese lado de mi familia.
-¿Y dejarte sola? Seré un idiota pero no dejo a mi chica sola entre un montón de mortífagos semi retirados.
Vi rió, amaba su risa. –No soy tuya, tú eres mío –puntualizó, reí con ella. Un lloriqueo llamó nuestra atención. –Alguien exige la atención de Steve –tomó mi mano y me llevó hasta la habitación de Dorian, lo miré en su cunita y sonreí antes de tomarlo en brazos.
-Mi pequeño Dorian –besé su frente, noté la mirada cariñosa de mi esposa, reí. -¿No te sientes como adulta?
-¿Qué no lo somos? –rió. La besé. Me hacía sentir maduro, adulto, que realmente era algo más que un simple chico de diecisiete años, casi dieciocho. No quería volver a la escuela pero ella quería terminar y yo la seguiría a todos lados. Mi hijo nos volvió a reclamar atención, reí y lo alcé alto en el aire. Lo bueno del mundo mágico es que como entramos al mundo de los adultos pronto no tenemos tantos problemas como los adolescentes muggle que son padres antes de "tiempo". Esa expresión siempre me pareció tonta, siempre pensé las cosas debían pasar a su debido tiempo y Dorian había llegado en un momento perfecto. Era un motivo más para que Violette y yo estuviéramos unidos y era la luz que nos iluminaba en tiempos tan oscuros, teníamos la esperanza de que nuestro hijo creciera en un mundo lleno de paz; Vi sobre todo era quien lo deseaba.
La reunión fue dos días después. Dejamos a Dorian con mis padres, lloró cuando nos fuimos. La casa era la de un tío abuelo de Violette, una vieja y pequeña mansión, parecía la sala común de Slytherin pero convertida en casa, algo así. Familia y amigos de la familia de Vi llenaron el lugar, se sentía tenso el ambiente. Saludé a quien Vi saludaba, varios familiares me hacían preguntas ya que no muchos me conocían como su esposo. Cuando me preguntaban en qué casa estaba decía que en Slytherin, me parecía mejor idea que decir que en Hufflepuff. Cada que un familiar que era mortífago se acercaba, Vi me jalaba a otro lado. Lo realmente incómodo empezó cuando estábamos en la cena…
-Tal vez tengas que fingir –me dijo mi esposa en voz baja. –Como cuando empezamos a hablarnos –sonrió. –Algo tétrico.
-Creo que puedo, sólo tengo que imitar a la mejor –sonreí y besé su mejilla, la oí reír y me sentí con valor.
Los familiares empezaron a hablar sobre la gloria de estar eliminando a los muggle, los sangre sucia y a los mestizos; pensé en Kailen y Henry, hasta donde yo sabía no eran sangre pura. Permanecimos callados y comiendo, escuchando lo que contaban: victorias del Señor Tenebroso, sus deseos de problemas, anécdotas de una y otra tortura y cosas desagradables. Por debajo de la mesa tomé la mano de Violette, ella la apretó.
-¿Tu familia es pura? –me preguntó un tío suyo, me sobresalté.
-Sí, ni una sola impureza en todo mi árbol genealógico –dije fingiendo estar orgulloso, creo que empecé a temblar porque Vi apretó con algo de fuerza de mi mano.
-¿Estás del lado de los sucios o de los puros?
Quise mirar a Violette, pero creí que en ese momento debía intentar parecer seguro. –La sangre sucia es repugnante… no entiendo cómo han permitido que esas cosas participen en nuestro mundo –seguía pensando en mis amigos. –Es un alivio que por fin alguien los ponga en su lugar.
Parece que esa respuesta les agradó pues no se volvieron a fijar en mí. En cuanto la cena terminó nos disculpamos y buscamos la manera de irnos, entonces pasó algo que Vi había temido, algunos de los veteranos mortífagos querían convencernos de unirnos a ellos. Entonces fue ella quien les dejó claro que no estábamos interesados en la lucha y antes de que alguien pudiera decir nada me jaló de la mano hasta estar fuera, noté que temblaba y la abracé. Nos aparecimos en casa de mis padres, Dorian apareció por una esquina gateando y se sentó a aplaudir cuando nos vio. Violette me besó.
-Lo hiciste bien –rió. –Pronto podrás ser uno de ellos –rió y fue a cargar a nuestro hijo.
-No gracias –reí también. –Son personas horribles –acaricié el cabello de Dorian. –Tienes unos tíos horribles –le dije. Me permití estar tranquilo, estábamos los tres juntos y estábamos todos a salvo.
-_-_Kailen-_-_
Volví a los pocos días a casa de Henry, no encontré las cosas muy diferentes a como estaban, lo que sí es que estaba Clarissa ahí. Supe que se había peleado con sus papás por lo que había ido a quedarse de nuevo a la casa, ya se me hacía habitual. La mamá de Henry estaba más cansada, se le notaba en la mirada, pero parecía estar bien. Después de que desempaqué nos sentamos a comer bombones mientras mirábamos televisión.
-Nick me contó que la profesora Charity renunció –comenté, Henry no dejaba de cambiar los canales.
-Es lógico ¿no? –preguntó Clary, no sé bien cuándo empezó pero poco a poco había ido cambiando, creo que ya se estaba resignando a abandonar la adolescencia. –No creo que sea buena idea seguir con esa materia.
-No le veo el problema –le quité el control a mi amigo y escogí un canal de caricaturas. –Hogwarts, con Dumbledore o sin él, seguirá siendo seguro… Quiero creer.
-No podemos estar seguros, pero sí es probable que ahora menos gente la curse –dijo Henry, se recargó en Clarissa y se dejó acariciar. –Quiero jugar Quidditch…
-No deberían cerrar los equipos… Si la cosa se pone más fea al menos podríamos distraernos con los juegos de Quidditch –suspiré y me hundí en el sillón.
-¿Por qué no vino mi primo? Qué raro que haya dejado a su pequeño cisne aquí sola –rió.
-No estoy sola –sonreí. –Lo mandé a Francia, a visitar a su mamá.
Seguimos platicando un buen rato, hasta que anocheció. Supuse que compartiría cuarto con Clarissa, pero no, estaba compartiendo el cuarto con Abie por lo que tenía el mío para mí y mis pensamientos. Intenté acostarme en mi cama pero había dejado mis cosas amontonadas antes de irme con Nick. Lucy me lo había advertido, no iba a tocar mi tiradero. Eché todo a un rincón, rescatando solamente el libro de hechizos escrito por mi madre que Henry me había regalo, había practicado casi todos y casi todos los había dominado; pero ahora tenía una duda, tenía la sospecha de que mi habilidad legeremente no era cosa del azar, sino que ellas me habían convertido en su propio experimento.
-¿Pero para qué? –bostecé. –Tomar a tu propia hija como conejillo de indias… -a veces lo pensaba así, a veces quería pensar que había sido para mantenerme a salvo. Esa última sospecha me hacía reír, si era para eso entonces yo la había estado usando para lo contrario. Recordé a Collins por un momento, me pregunté qué sería de él.
-¿En qué piensas? –me dijo Clarissa entrando de pronto a mi cuarto, me sobresalté. –He estado pensando algo.
No tuvo que decir nada más, inconscientemente lo tomé de sus pensamientos. –No lo haré –fruncí el ceño, ella hizo lo mismo. –Y no, no voy a dejar de leer mentes sin permiso –me senté. –Habla más rápido o deja de pensar tan alto –me estiré.
-Nos has metido en problemas varias veces por tus habilidades, tus curiosidades y las tonterías que haces –se cruzó de brazos. –No estamos en tiempos de hacer tonterías. Mis padres me lo han dicho y los entiendo… viene una guerra.
Me levanté. –No se han metido en problemas sólo por mi culpa, te recuerdo que algunas de las cosas que has hecho es guiada por los celos a cierto hermano mío –reí. –Se acerca una guerra, sí, es probable –me recargué en mi escritorio. –No voy a renunciar a mi plan… -le había contado por una carta mi ansiedad de salir en busca de mi tía.
-Pues no nos vas a arrastrar contigo –se cruzó de brazos, me sentí desafiada.
-Tú decides por ti misma, Henry y Nícolas tienen la capacidad de elegir por ellos mismos –tomé mi varita antes de que ella tomara la suya. Me pregunté en qué momento habíamos empezado a tener problemas, creo que fue desde que Henry empezó a salir con ella, creo que seguía pensando que había posibilidades de que hubiera algo entre nosotros dos, algo más allá de la amistad. –Ninguna de las dos puede usar magia todavía, Clary.
Clarissa suspiró, las dos las bajamos. –No quiero que Stuart esté en peligro…
-No lo pondría en peligro –sonreí un poco. –Puedo arriesgarme a decir que lo quiero tanto como tú –noté un gesto, reí. –Pero es todo tuyo, para mí no es nada más que un hermano. Quédatelo, no lo quiero para nada más.
Rió también, me dejó leer una amenaza más de su mente antes de salir de mi habitación. Me había advertido que lo mejor era dejar mi deseo de encontrar a mi familia para cuando la situación se tranquilizara y que si intentaba meter en problemas a Henry, ella pelearía para conservarlo a su lado.
Disculpen por la tardanza, andaba con dilemas existenciales y muy ocupada, pero ya voy a seguirle. Tal vez me tarde un poco, pero ya no tanto como esta vez. Se los dejo, espero les guste y recuerden que todo review es bienvenido.
Gracias a quienes preguntaron por qué se detuvo la historia y que pidieron que la continuara, me dieron ánimos para seguirla
Que la fuerza los acompañe :)
