Música inspiradora: The Children - Game of Thrones Soundtrack.
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El blanco convulsionó en el aire cuando las agujas se ensartaron en las vecindades del centro, el sonido que hicieron al atravesar el material hicieron que Shizune abriera los ojos con sorpresa y vio que le había dado a lo correcto y no al suelo o a algún compañero. Casi saltó por la emoción, Inoichi seguía estando detrás de ella, agachado contra su pequeño cuerpo para sujetarle el brazo al momento de lanzar los proyectiles. Confianza era lo que necesitaba ella, a su parecer, y si lograba al menos un lanzamiento bueno entonces perder el miedo sería cosa de tiempo. El rubio sonrió ampliamente al momento de incorporarse sobre sí y la pequeña Shizune se volteó a él con una risa. Estaba feliz y agradecida, pero cuando lo miró de frente toda la vergüenza de una niña enamoradiza le subió como color rojo por la cara.
—¿Cierto que no es tan complicado? —le cuestionó el mayor, haciendo caso omiso a su rubor, y la alumna asintió con la cabeza. Inoichi puso las manos en la cintura y la miró desde arriba con contento, seguramente ella era su primer logro como maestro pasante en la Academia y revolvió su cabello negro con una mano, como si fuera paternal—. Bueno, ya va siendo tiempo para que vuelva dentro. Está por terminar el receso —avisó y le señaló el patio—, volvamos.
Inoichi usó la mano con la que le había señalado el camino para instarla a avanzar junto a él, poniéndola tras su espalda. Shizune caminó con las manos sobre su regazo, entrelazadas con gusto, los ojos cerrados y una sonrisa embobada en la boca. Se sentía bien estando junto a su amor de la niñez y el momento platónico se vio arruinado sólo cuando apareció su archienemigo en el patio, con las manos en los bolsillos y una espalda curva por la pereza. El palo de dulce que ridículamente usaba en la boca se movió de arriba abajo cuando lo mordió y Shizune no entendió por qué la miraba tan fijo.
El rubio profesor se dio cuenta también y dejó de presionarle la espalda.
—Parece que te buscan —rió y se fue, sin que su pequeña broma molestara en lo más mínimo a Genma, que tenía una seguridad muy sólida como para que la destrozaran con facilidad. Sí molestó mucho a la morena que enrojeció tan violentamente que su mente se le nubló y no tuvo la oportunidad de escapar hasta que el Shiranui estuvo a su lado.
—Tu cara está roja —puntualizó con la voz perezosa y Shizune ahogó un grito rabioso con la boca cerrada antes de caminar de vuelta al patio. Tenía la intención de alejarse de él aunque eso significara alejarse de la Academia también.
—¡Deja de seguirme! ¿Por qué no entiendes que te odio? —gritó ella y cuando se dio cuenta, estaba de vuelta en el campo de blancos, a donde había estado practicando con Inoichi.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —comenzó Genma con el palito de madera subiendo y bajando en sus labios, Shizune no pudo dejar de caminar aunque él ya había dejado de seguirla. Estaba siendo un esfuerzo tremendo al no mirarlo a los ojos—. ¿Por qué nunca te dejaste crecer el pelo? —Shizune lo miró sorprendida. Habían pasado al menos tres años y en todo ese tiempo pudo haber recobrado el largo de antes sin problemas, pero seguía con el pelo como Genma se lo había dejado. La chica tuvo la urgencia de tocarse las puntas, sólo para medirse el largo e inventarse una respuesta, porque no la tenía—. Siempre estás culpándome de tu pelo corto pero jamás te ha crecido…, si te gusta como está, ¿por qué sigues enfadada conmigo?
—Yo… —«No lo sé», terminó en su mente y se enrojeció por completo. Recordó el comentario de Raidô cuando le había preguntado sobre su suspensión y pensó que podía golpearlo pero cuando lo intentó, ningún miembro de su cuerpo le respondió. Shizune no estaba hecha para la violencia, no se le daba en lo absoluto y tenía miedo de golpear al Shiranui—. ¡Eres un tonto, Genma!
Y se fue corriendo por el patio hasta que llegó de vuelta a la Academia. Quería llorar pero no sabía si era por la pregunta, la vergüenza o por Genma.
El aula estaba casi vacía, Raidô estaba en su asiento y Aoba frente a él, sobre el pupitre con las piernas cruzadas. Hablaban de algún tema de chicos porque se callaron enseguida como si estuvieran comentando un crimen. De un salto, el chico de los lentes oscuros se bajó del mueble y quedó parado delante del pupitre, frente a ella, y esperó a que se uniera a ellos. Ambos tardaron en darse cuenta que ella venía mal y cuando lo hicieron, se sumieron en un silencio incómodo y poco conciliador. Shizune chilló una maldición con la cabeza abajo mientras tomaba asiento en su propio puesto, a un lado de Raidô, y Aoba se le acercó con las cejas asomándosele sobre las gafas.
—Tu cara está roja —puntualizó el mayor de los tres como si hubiese estado espiando su conversación con Genma y Shizune se sintió molesta.
—Se supone que deberían preguntarme qué fue lo que pasó, ¡tontos! —exclamó ella con el mayor temple en la voz que logró sacar e inmediatamente sollozó bajo sus manos pero sin lágrimas. Estaba más enfadada que triste.
Aoba se tensó de hombros y genuinamente se asustó ante una Shizune así. Tartamudeó un poco y logró sacar un tanto la voz.
—¿Qué te pasó? —preguntó obediente el Yamashiro. De pronto la morena no supo si quería que entendieran que Genma era el principio y final de todos sus problemas, siempre podían confundirlo con amor y ella no amaba a Genma por ningún motivo del mundo.
—¡No quiero decirlo! —gritó y se sintió más tonta de lo que se sentía al principio. Raidô la miraba con una ceja alzada y Aoba abrió los ojos lo que más pudo, admirando la rareza femenina cuando se estaba alcanzando la adolescencia.
La campana sonó anunciando el tan poco esperado fin del receso y una turba pausada de gente volvió a la sala con desgano. Aoba se quedó un momento más hasta comprobar que Shizune no iría a hacer ni decir nada y se despidió de los dos con un adiós suave y susurrado, como si se sintiera culpable de la reacción de la morena. Raidô no dijo nada y esperó a que se le pasara espontáneamente.
Genma hizo su aparición por el aula y la estudió con la mirada todo el trayecto hacia su propio asiento, en los puestos de más atrás. Todo el tiempo que le tomó el llegar a las escaleras, Shizune intentó no responderle a sus miradas.
Hasta que llegó a su lado.
—Me gusta tu pelo así —le dijo en voz queda y siguió subiendo. El corazón femenino se detuvo un instante sin comprender lo que le había dicho y de pronto se puso a sonreír en medio de su malestar. ¿No era que estaba molesta?
Las charlas vocacionales fueron la clase de la tarde. Inoichi fue quien comenzó a hablarles de su área y les contó que su Clan era uno de los más importantes dentro del Espionaje. Habló muy poco de sus técnicas porque prefería que no las conocieran del todo pero enfatizó que era control mental. También dijo que era importante que pudieran encontrar un equilibrio entre lo que sabían hacer y lo que querían, y como ejemplo les contó que él no era bueno en el combate cuerpo a cuerpo y que tenía suerte de que sus técnicas familiares eran de largo alcance. Shizune pensó en su propia familia, que no era de tradición ninja, y se encogió de hombros pensando que no sería buena en nada como lo era su maestro. Raidô leyó lo que le sucedía y se acercó a su oído lo más educado que pudo.
—No te preocupes, mi familia tampoco es importante como la de los Yamanaka —le dijo con una sonrisa y Shizune lo imitó pero no logró ser feliz. Genma sí venía de una familia importante y sintió envidia, ¿o era molestia?
Le siguió un Hyuuga que sólo sirvió para hablarles del combate de cuerpo a cuerpo porque no había ningún Hyuuga en la clase. Se tomó el tiempo para mencionarles de las misiones de rango S y de cómo debían estar preparados para cualquier circunstancia. Después le siguió un ninja sensor y finalmente, una rubia exuberante irrumpió en la sala. Tenía cara de no querer estar ahí y habló poco, como si estuviera además retrasada para otro asunto. Inoichi intentó retenerla lo que más pudo, haciéndole preguntas sobre su elemento que era la medicina y por primera vez en todo el tiempo que escuchaba de ella, Shizune supo que ella sería su mentora.
—Tsunade-hime —pidió Inoichi con una sonrisa lamentable—, ¿estaría dispuesta a hacer una demostración a la clase? Sé que hay niños interesados en la materia. —Tsunade lo miró con la ceja levantada, Inoichi recordaba el deseo de Shizune.
Al cabo de un momento, la rubia levantó una mano y la dejó rígida a su lado, y sin esfuerzo alguno comenzó a fluir un torrente visible de chakra. La luz verdosa pasó al azul sin esfuerzo.
—Con esto y mis conocimientos de los puntos vitales, puedo cortarles el paso de la energía a sus miembros y sin problemas, matarlos —su sonrisa vil hizo tiritar de miedo a muchos—, así que si se encuentran con un ninja que use técnicas médicas, harán bien si no dejan que los toquen o se mueren.
La rubia no tenía tacto al hablar y así lo supo Inoichi que apuró un comentario pero que no surtió efecto, porque la campana que daba el fin de la jornada escolar sonó como una salvadora. Tsunade puso una cara perezosa y un tanto molesta, le habían interrumpido su escarmiento porque atormentar a niños era gracioso para ella. El torrente de niños se fue como un río furioso y muchos de ellos se despidieron amablemente del rubio y sus invitados con un «hasta mañana». Aquel gesto educado caló profundo en Tsunade y se encontró sonriendo tontamente, esperando a que nadie la viera realmente y cuando pilló a un mirón, le gruñó hasta que se fue corriendo. Tsunade rió aún más.
Shizune se levantó de su asiento como si estuviera muerta de miedo y Raidô la apuró para que le dejara espacio para irse, pero ella no hizo caso y en cambio, le expresó sus inquietudes.
—¿Me rechazará? —preguntó. El chico mayor tuvo que mirar en la dirección de ella para saber a lo que se refería y cuando lo comprendió, le dedicó una sonrisa queda.
—Nunca lo sabrás si te quedas aquí. —Aunque Shizune se retiró del pasillo entre pupitres, Raidô se quedó a ver lo que pasaría. En el final de la escalera, Genma también se quedó a ver, sabiendo que nadie estaba pendiente de él.
La pequeña morena le sacó una sonrisa al rubio maestro y se acercó a Tsunade con un andar tímido. La señora de la babosa no se percató de su presencia hasta que le tiró la tela de su ropa.
—¿Qué es lo que quieres de mí? —le dijo un tanto apática pero Shizune supo que no se debía a ella, sino que era coherente con la actitud que había tenido durante toda su presentación.
—Yo quiero…, digo, ¡quiero ser su estudiante!
Tsunade abrió los ojos tanto como pudo, ensimismada por la sorpresa de su afirmación, pero al cabo de unos instantes, sonrió. Era como si supiera desde ya su respuesta.
—Dime, pequeña, ¿cómo eres para el manejo del chakra? —Shizune no respondió y Tsunade intentó una vez más, asumiendo que era una respuesta negativa—, ¿y tu combate de cuerpo a cuerpo? ¿Eres buena esquivando proyectiles?
—La teoría de la alumna es bastante buena —intervino Inoichi cuando la vio encorvarse de hombros, a punto de llorar—, tiene notas sobresalientes.
Tsunade se volteó a él con una cara aburrida.
—¿Y de qué me sirve una chica que sepa mucha teoría? Porque asumo que su práctica no es buena. —La primera lágrima se asomó por los ojos de Shizune pero como estaba cabizbaja nadie pudo notarla—. ¿Cuál es tu Clan? ¿Tienes técnicas familiares importantes?
Un nuevo silencio embargó a la sala que sólo contaba con Inoichi, Raidô, Genma y la propia Shizune.
—Shizune no es de una familia de tradición ninja —respondió con seriedad el rubio y Tsunade suspiró con cansancio, próxima a hacer la retirada.
— Será mejor que vayas a tu casa, niña, ve a practicar. Nadie se fijará en una kunoichi que no sabe usar ninguna técnica y menos una Sannin como yo.
Inoichi la dejó ir sólo cuando estuvo seguro de que estaba bien pero cuando estuvo con un pie fuera de la Academia, Shizune se puso a llorar con fuerza. Raidô estaba junto a ella y aunque Genma estaba a pasos de ellos, a la morena no le importó en lo más mínimo. Como no estaba diciendo nada, podía imaginar que no estaba realmente.
El mayor le sugirió ir a comer dulce a algún local a modo de consuelo, pero a los dos les daba vergüenza hacer algo como una pareja por lo que rechazaron en mutuo acuerdo la idea, hasta que alguien más se les uniera. No contaron a Genma por el supuesto odio de años que se tenía con Shizune.
—Supongo que hay más cosas que puedes hacer —intentó Raidô con incomodidad, nunca era grato ver a una niña llorar y procuró caminar a su ritmo para que no se sintiera ignorada. La verdad era que era un pésimo consejero—, otras cosas en las que seas buena.
—Pero yo quiero…, ser médico…—protestó ella entre lagrimones y se pasó el dorso de la mano por los ojos para limpiarlos y de paso, ocultarse la cara. A Shizune le avergonzaba llorar frente a chicos.
—Entonces sé médico —intervino Genma a sus espaldas y ambos chicos se voltearon hacia él. Para sorpresa de ella no sintió ningún ápice de molestia—. Nadie te puede decir lo que no puedes hacer —dijo—, sino es con esa tipa puede ser con otra. Tú debes verlo.
La morena intentó formular una excusa pero no supo decir ninguna, era el miedo lo que se estaba materializando y Genma aprovechó el instante para acercársele. El trío se sumió en un silencio pero terminaron sonriendo.
—Si no eres buena en el control de chakra, te ayudaremos —concluyó Genma. El mayor asintió con una sonrisa amplia—, y si no eres buena en la práctica, también te ayudaremos. Todo sea porque te conviertas en médico.
—Todo sea porque te conviertas en médico —repitió Raidô como sellando una promesa y Shizune lloró pero de emoción.
Nota de la Autorísima: Me demoré unas horas en tener listo este capítulo porque es corto xD ¡Para ti, hermana, para ti! Espero que con esto encuentres inspiración para los GenmaShizune, escribí pensando en ti jaja Y la elección de la música inspiradora fue más para el final que para el cap en sí, fue como un culmine esperanzador(?) jajaja
Muchas gracias al comentario de Sybilla's Song. :')
Besos, RP.
