Capítulo 2 1971 (Good Morning Freedom)
- ¿Llevas todo, cariño? ¿Suficiente tinta, pergamino, libros? Sé que no puedes vivir sin ellos, así que te empaque algunos libros muggle extras por si los necesitas- le dijo Hope a su hijo de once años.
- Sí, mamá, Gracias – contestó Remus.
- Te extrañaré, te extrañaremos. Papá lamenta no poder estar aquí, pero surgió un trabajo de último minuto, hay que aprovechar – finalizó Hope con una sonrisa.
Remus sabía que para sus padres era difícil compaginar el trabajo con la responsabilidad de cuidar a un hombre lobo pre-adolescente, por lo que el dinero no siempre sobraba en la casa. Realmente le hubiera gustado tener a su papá con él, desde que el profesor Dumbledore se había presentado en su hogar para decirle que podría asistir a Hogwarts, Remus se la pasaba preguntándole a su padre sobre la vida en el colegio, las asignaturas, los otros niños. Mucha información para asimilar. Y ahora estaba frente al Expreso de Hogwarts, a punto de abordar para pasar un año lejos de sus padres, lejos de lo que conocía. Rodeado de otros. Su miedo más grande no era el colegio en sí, sino conocer gente nueva, que otros niños se dieran cuenta.
Hope Lupin notó como el rostro de su hijo pasaba de mostrar felicidad a una preocupación extrema.
-Hey, estarás bien, el profesor dijo que todo estaría bien. Esto es bueno, Remus, solo confía.
Confiar, Remus Lupin había pasado buena parte de su vida entrenándose en el arte de no confiar. El tren anunció su partida. Remus le dio un último beso a su mamá y subió rápido a su vagón. Trataré de confiar, mamá, aunque no prometo nada.
Avanzó lentamente por el pasillo del vagón, era algo difícil ya que llevaba un pesado baúl que apenas podía arrastrar. Todos los compartimentos estaban repletos de alumnos, Remus no encontraba algún lugar disponible y ya se estaba cansando. Justo en la mañana había despertado con un resfriado tremendo; aunque él ya estaba acostumbrado a las enfermedades, pues la licantropía le bajaba las defensas dependiendo del ciclo lunar. Cuando sentía que ya no podía más llegó al último vagón y al último compartimento jurando que, si no encontraba lugar, se sentaría en el pasillo. Pero en ese compartimento había solo dos niños, Remus supuso que de su edad. Nuevos en Hogwarts, como yo.
- Disculpen, ¿puedo sentarme? – dijo Remus antes de estornudar.
- Claro. Yo soy James y él es Sirius – dijo el niño de gafas señalando al otro chico que estaba frente a él.
- Remus Lupin – contestó sentándose en el asiento.
- Contestas como un adulto – le dijo Sirius.
- Lo siento.
- ¿Por qué te disculpas? Eso es de modositos.
- No le hagas caso, solo se está metiendo contigo – le dijo James a Remus. – ¿Primer año? ¿Estas emocionado? Me muero por dar la prueba para buscador, seré el más joven en la historia del colegio.
- Calla, chaval, que tu madre te dijera que eres bueno volando no te hace bueno. Yo seré golpeador, el mejor de todos. Y tu capitán, gafitas - dijo Sirius.
- Quisieras – replicó James.
Remus se quedó todo el viaje escuchando a esos dos discutir por tonterías. No sabía si ya se conocían, pero parecían tener años de convivencia. Afortunadamente no le pidieron participar en la conversación, ellos solos se bastaban. Así que Remus tuvo tiempo para disfrutar el viaje, pensar en la casa que dejaba y el futuro que aguardaba en el colegio. Estaba aterrado pero no podía evitar sentirse feliz, feliz de tener algo bueno. Tenía suerte de haber sido aceptado, de poder asistir debido a su condición.
-¿Coleccionas cromos?
- ¿Eh?
-Cromos, niño, de ranas de chocolate – repitió Sirius.
-Ah, sí – Si de algo podía presumir Remus era de su colección de cromos. Su adicción al chocolate le había dado la colección más grande que cualquiera se pudiera imaginar: 3000 cromos con pocas repeticiones.
- ¿3000? Creo que oficialmente eres mi mejor amigo – dijo James.
- ¿Asaltaste todas las tiendas de dulces de Inglaterra? ¿O eres nieto de la reina? – dijo Sirius.
- Me gusta el chocolate – respondió Remus.
- Me impresionas, Remus, y no es algo fácil de lograr – dijo Sirius. Remus solo sonrió.
- Si esto te impresiona espera a verme volar – replicó James.
El resto del viaje lo pasaron admirando la colección de Remus y comiendo Grajeas. Casi al final se pusieron sus capas nuevas de Hogwarts. Remus pudo ver que las capas de sus compañeros eran de una tela más fina que la suya, la de Sirius incluso estaba bordada con oro y plata en las orillas. Sirius notó que Remus observaba ese detalle.
-Puras chorradas de mi madre, estoy esperando llegar al dormitorio para quemar esta cosa – dijo Sirius.
- El rebelde de la casa. Agarren su equipaje que ya vamos a llegar – dijo James.
En efecto, el tren se había detenido ya en la estación y todos los alumnos estaban bajando con sus cosas.
-Los de primer año, por aquí. Primer año – gritaba un hombre a lo lejos.
-Madre, ese hombre mide más que nosotros tres juntos -dijo James con sorpresa al observar al hombre que llamaba a los de primer año - Imagina como la tendrá.
- ¿Te gusta pensar en esas cosas, Potter? -bromeó Sirius.
-Sí, me muero de ganas por ver la tuya -Contestó James.
Para Remus ese tipo de camaradería era algo raro y ajeno a él, no porque le incomodarán las bromas sexuales, solo que nunca había tenido amigos con quienes relacionarse de esa forma.
- ¿Ustedes se conocían de antes? -preguntó.
-No, bueno, sabemos de la existencia de la familia del otro – dijo James. Esto pareció incomodar a Sirius. Continuaron caminando hasta situarse a un lado del hombre que los llamaba.
- Mi nombre es Hagrid y esta noche los llevaré a través del lago para llegar al castillo. Suban a los botes en grupos de tres.
Sirius, James y Remus subieron en un bote juntos. Cada uno estaba expectante y lleno de excitación conforme avanzaban por el lago, pues estaban cerca de llegar al mejor colegio de magia y hechicería, el mejor lugar para estudiar y hacer amigos. Y al rodear una colina, ahí estaba, Hogwarts.
-Me cago en la madre, es lo mejor que he visto -dijo James.
Remus opinaba lo mismo y el chico Sirius seguro también pensaba eso porque miraba el castillo como si fuera lo mejor que le hubiera pasado en la vida. Cuando llegaron a la orilla, desembarcaron con cuidado, aunque un chico regordete tropezó y cayó cerca del agua, con lo que mojó la orilla de su túnica. Hagrid los condujo a través de las escalinatas que precedían la entrada del vestíbulo y los dejo esperando en una pequeña aula a un lado del Gran Comedor.
-Y ahora viene lo mejor: el sorteo de las Casas.
Remus sabía de que hablaba James, pues su padre le había comentado que en Hogwarts hay cuatro casas: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Se suponía que el sombrero seleccionador te pondría en la casa con la que tengas mayor afinidad. Él creía que cualquier casa que le tocara estaría bien, se sentía afortunado con el simple hecho de estar ahí; pero si le dieran a elegir el no escogería Slytherin.
-Voy a ser un Gryffindor, como todos en mi familia – continuó James -¿Y ustedes ya saben en qué casa estarán?
-No lo sé – respondió Remus – No he pensado en eso. ¿Tú sabes, Sirius?
-Mierda, toda mi familia ha estado en Slytherin, niño. Solo espero no terminar ahí. -dijo Sirius algo desanimado.
En ese momento llegó una profesora para avisarles que la ceremonia de selección iba a comenzar enseguida. La siguieron hasta el Gran Salón, que era increíble. El techo, si es que lo había, mostraba el cielo del exterior; además de estar adornado con cientos de velas flotando arriba de ellos. En el salón había cuatro mesas alineadas, más una al fondo que era para los profesores. Frente a esa mesa estaba colocado un sombrero sobre un taburete.
-Cuando diga su nombre – dijo la profesora – se sentarán en el taburete y se pondrán el sombrero.
Un par de niños pasaron y fueron escogidos para sus casas, pero Remus estaba muy nervioso como para poner atención a algo que no fuera oír su nombre o el de sus dos compañeros, pues le gustaría que el sombrero los pusiera en la misma casa, se sentía bien con ellos.
-Black, Sirius – dijo la profesora.
-Es un Black, con razón reniega de su familia – le susurró james a Remus.
Este no tenía idea de qué significaba que Sirius fuera un Black, pero no debía ser muy bueno si toda su familia había estado en Slytherin, esa casa no tenía buena reputación. Remus vio como Sirius caminaba hacia el taburete, se sentaba y se ponía el sombrero. Fueron 15 segundos de suspenso, Remus no quería que el chico fuera a Slytherin, quería estar en la misma casa que él.
-Gryffindor – gritó el sombrero.
Todo el comedor quedó en silencio, la mesa de Slytherin no lo podía creer, los Gryffindor tampoco. Nadie aplaudió hasta que el director lo hizo, con una sonrisa en los labios. Ahora si se escuchaban susurros por todos lados.
-El condenado lo hizo – escuchó decir a James.
Después de Sirius otras dos chicas fueron a Gryffindor y los demás se repartieron entre las casas. Muy pronto llegaron a la letra L.
-Lupin, Remus.
Era su turno, por fin. Cuando se dio cuenta ya estaba sentado en el taburete y tenía puesto el sombrero.
-Mmm veo una mente capaz – escuchó decir al sombrero – serías bueno en Ravenclaw, sin duda. Aunque…también hay valor y coraje escondidos detrás de una gran desconfianza hacia el mundo. ¿Dónde te pondré?
Remus pensó que quería estar en Gryffindor, aunque quizá no fuera tan valiente como el sombrero decía.
-Gryffindor -exclamó el sombrero.
Aliviado, Remus caminó hacia la mesa que aplaudía, la mesa donde estaba Sirius. Juntos esperaron a que James fuera llamado. Cuando a este le tocó, el sombrero solo tuvo que rozar su cabeza para gritar Gryffindor.
-Se los dije, nací para estar en esta casa – dijo James cuando ya estaban los tres sentados a la meza comiendo lo que Sirius calificó como un "banquete de puta madre". Frente a ellos estaba el chico regordete que había caído de su bote cuando llegaron al colegio.
-Pues yo me superé a mí mismo, mi madre se va a cagar cuando sepa en qué casa estoy – dijo Sirius.
- ¿Y tú? – le preguntó James al chico regordete - ¿cómo te llamas?
- Peter.
-Bueno, supongo que los cuatro seremos compañeros. Tendrán que acostumbrarse a mi celebridad – comentó James.
Los otros tres lo miraron con cara de no entender a qué se refería.
-Por ser el buscador más joven en la….
-Dale con lo mismo, cuando te caigas sobre el culo en tu primer vuelo... – comenzó Sirius.
James iba a replicar, pero en ese momento Dumbledore se levantó y anunció que era hora de irse a la cama. Los chicos siguieron al prefecto de Gryffindor a través de los pasillos y las escaleras hasta llegar a la torre. Una vez Ahí se dividieron en chicos y chicas para subir a los dormitorios. Sus cosas estaban al pie de sus camas, la de Remus resultó ser la que estaba al fondo, cerca de la ventana. Los cuatro se pusieron sus pijamas y se metieron en las camas, uno a uno se fueron quedando dormidos después de platicar sobre lo que les esperaba a la mañana siguiente en colegio.
Cuando Remus despertó, el sol aún no había salido y se podía ver una figura cerca de su cama, frente a la ventana.
-¿Sirius? – preguntó Remus en un susurro.
-¿Te desperté? Quería ver el amanecer – contestó.
-¿Por?
-Es la primera vez que soy libre.
Remus no supo qué responder a eso, o si debía responder algo. Solo se sentó a un lado de Sirius para esperar el amanecer, pues de alguna forma él también era libre.
