Capitulo 2,Final.

Era tarde para regresar y para detenerse, era tarde para recordar esos límites que ambos científicos se habían autoimpuesto para que su romance no se desencadenara de aquella feroz manera, era muy tarde y el juego apenas comenzaba.

Aquel pequeño cuchillo brillaba con especial malicia a medida que se acercaba a la piel de la rubia quien al sentir que no podía moverse lo único que hizo fue morder su labio inferior, sobre aquella primera mordida que el peligris le había impuesto, entonces un dolor punzante se hizo presente.

Stein hacia sus primeras incisiones cuidando de hacerlas poco profundas pero si dolorosas, haciendo que la rubia se tratara de revolver con una expresión de dolor muy adorable en el rostro, a su modo de ver; no quitaba su mirada penetrante del rostro de ella y clavo aún más aquel filo sobre una de sus costuras, separando la piel; la sangre comenzaba a emanar de aquel delgado cuerpo y Stein no se contuvo en comenzar a lamerla de manera rotundamente sensual. Fran conocía muy bien aquel dolor y jadeaba de manera intensa con los labios entreabiertos sintiendo la calidez de la lengua de Stein, su mente comenzaba a dejarse ir por las atenciones de ese profesor que sonreía con tanta lascivia y maldad, le pareció perfecto -quiero probar más de tu sangre- pronuncio este retirando algunos cabellos rubios de la piel de ella. Stein noto que estaba satisfecho de cortar el cuerpo de la joven y se dispuso a comenzar a marcarla como su propiedad, mordiendo su cuello con especial fuerza para hacerlo sangrar arrancando de los labios de la chica un gemido que ni ella se esperaba, fue entonces que Fran se preguntó que había sido ese grito que salió de sus labios, pero no lo pensó por mucho tiempo pues parecía que al peligris le había encantado pues le acaricio la mejilla, mientras la sangre de ella misma le caía por la comisura de sus labios y una risa escapo de el -voy a despedazar hasta el último rincón de tu frágil cuerpo…- y seguido de esto clavo sin piedad alguna las uñas sobre la piel del pecho de la rubia y las comenzó a deslizar en rasguños tan profundos que se llenaron enseguida de sangre. Aquello era demasiado, demasiado excitante para ambos, Stein libero las ataduras de Fran y esta se arqueo en un gemido sonoro de dolor mientras cerraba los ojos con fuerza – S-Stein! Y-Yamette!- suplico ella, más para provocar a su mayor que por querer que parara. Aquello fue el último detonante para los límites de Franken Stein.

Volvió a su bisturí, mientras la luz de las lámparas se reflejaba en las gafas el otro y Fran jadeaba con un sonrojo tenue en las mejillas comenzó a cortar el pantalón que iba a juego con la bata de operación que se perdió anteriormente, sin cuidado alguno; los ojos de Fran mostraron sorpresa, la cual se hizo más grande cuando los hábiles cortes de Stein terminaron con su ropa interior. Estaba desnuda, frente a aquel hombre que le era tan atractivo y de quien pensaba que si ella poseyera sentimientos y vida de una chica normal desearía casarse. Y este hombre la miraba con cariño, un deseo indescriptible mientras su mirada entrecerrada recorría aquel cuerpo suturado que para él era maravillosamente hermoso, quizás radicando en lo perfecto, sonrió tenuemente.

Ella entonces se incorporó un poco ante la mirada expectante del profesor y le deslizo con cuidado la bata, tirándola fuera de su vista y le retiro con un rose cálido las gafas. Acaricio su rostro, bajo sus manos y delineo sus cicatricez, y entonces le mordio.

Una mordida profunda y de la cual no tardo en emanar sangre, el peligris la tomo por la nuca y la separo, esto le había sido peligrosamente atractivo y con la mirada afilada le dio su aprobación para que continuara. Se reclino esta vez el sobre el piso mientras Fran se colocaba por encima, dejando que sus rubios cabellos cayeran sobre el cuerpo del mayor y comenzó a morderle en zonas estratégicas, conocía a perfección la anatomía del cuerpo y le tomo poco tiempo encontrar las zonas erógenas del mayor, pues a medida que ella mordía y presionaba los hematomas Stein gruñía de placer y jadeaba. Fran se separó de su última mordida dejando un brillante hilo de sangre escarlata uniendo sus labios a la herida y observo el cuerpo tenso de Stein, sus músculos estaban contraídos y parecía excitado en su punto varonil a juzgar por el bulto que Fran sentía debajo de ella. Y esto provoco una risita juguetona en ella, que pronto fue callada al ser bruscamente jalada por los cabellos y puesta sobre el suelo de nuevo, recibiendo una fuerte mordida en uno de sus muslos. El dolor de aquello fue tan fuerte que la obligo a gemir de dolor de manera entrecortada, y le miro suplicante pues el peligris no se detuvo con solo una mordida y le propino algunas más sobre sus delicadas piernas -duele? No duele lo suficiente? No te preocupes... Pronto voy a provocarte un dolor insoportable... frágil Fran-. Lagrimas se comenzaron a condensar en los delicados ojos ambarinos de ella por aquellas incesantes y dolorosas mordidas que le arrancaban lastimosos gemidos de dolor que no hacían más que poner más a Stein.

Los gritos inundaron la habitación mientras las lágrimas escurrían de los ojos de Fran, era demasiado dolor –S-Stein…O-Onegai…- suplico mientras jadeando sonrojada miraba expectante a Stein, preparándose para el dolor que vendría, una mordida sobre el busto de la joven rubia. Profunda y sin ninguna consideración, ella se arqueo de manera inevitable siendo retenida por el mayor, empujándola con su propio cuerpo al suelo y sujetándole las muñecas contra aquel frio marmol -eso es, grita, llora, sufre y entrégate sólo para mi- le dijo directamente y sin compasión, lleno de toda esa lujuria que la rubia le estaba provocando.

Fue entonces que se dijo a si mismo que era hora de culminar, paso a retirarse a sí mismo lo que restaba de sus ropas y acomodo a Fran debajo, abriendo levemente sus piernas colocándose en medio. Ella jadeaba casi exhausta de tanto dolor y placeres mezclados y sus últimas lágrimas rodaban por sus ojos brillantes y dilatados, se miraron fijamente y él le regalo un último y dulce beso, sabía que el cuerpo de la rubia era virgen, así que en esos momentos, sería más delicado con ella. Entonces unió sus cuerpos con cuidado, Fran abrió los ojos con sorpresa de sentir aquella presión sobre su zona femenina y frunció las cejas suplicante mientras Stein cuidaba todo lo que hacía. El sonrojo salvaje de Fran y su gemido de dolor indicaba que estaba por completo unido a ella, se sentía estrecho; ella se aferró del peligris en cuanto este comenzó a chocar sus caderas con las de ella en un ritmo lento y constante, mordiendo el hombro de la chica a medida que su ritmo aumentaba de intensidad y ella gemia con más fuerza, quería distraerla del dolor de la primera vez. Pronto el ritmo se convirtió en una "resonancia de almas" siendo este vaivén de caderas mezclado con los sonidos de placer de ambos, estaban al límite de culminar, Stein podía sentir el orgasmo de Fran avecinarse y el suyo propio también. Así como el amor se desborda, ambos culminaron juntos en un unísono profundo.

Ninguno de los dos supo explicar muy bien que paso, tampoco comprendían muy bien que era el amor, sin embargo el pensamiento de que estar juntos era lo mejor que les estaba pasando prevalecía latente en aquellos cuerpos que descansaban en el piso.

Fran estaba completamente muerta mientras la noche estaba en su punto medio, dormitaba sobre el pecho de Stein y este fumaba tranquilamente un cigarrillo… Pero…

-Fran….-

-Dime Stein..?

Él se giró a ella y le sonrió con malicia sensual

-Hagámoslo de nuevo.-

Ella abrió los ojos como platos sin alcanzar a procesar aquello –Eh? S-Stein e-espera! Q-que haces!?- Alcanzo a decir la rubia nerviosa…Stein era prácticamente un espécimen de energía inagotable por así decirlo, así que probablemente esa noche…querrá hacerlo varias veces sin importar que este Fran cansada…

-STEEEEEEIN!-

-FIN-