¡Hola! Después de tanto, regreso con el segundo capítulo de este proyecto.
No diré mucho, ya que estoy enferma y lo único que quiero es subirlo ya para acostarme a dormir.
Inmensas gracias a Sharon e Irlanda, quienes confían en esta historia, y en mí. ¡Cada comentario de ustedes me hace seguir adelante! Aún con fiebre y todo XD
DISCLAIMER: Todo lo reconocido NO me pertenece. Eso es sin fines de lucro.
Disfruten UwUr
Por las noches que no puedo recordar
II: Cuéntame una historia
—Su nombre es Mary McDonald. — Dijo Teddy, tomando la jarra de jugo para servir un poco en su vaso. Aquella mañana, había ido a visitar a su padrino, Harry Potter. Harry le había pedido si podía acompañarlo en su primer día de trabajo, pues se sentía orgulloso de Lupin. Ted aceptó gustoso, y cuando llegó a la casa de los Potter, Ginny prácticamente lo obligó a sentarse para desayunar. — ¿Te suena el nombre, Harry?—Cuestionó con curiosidad, mirando atentamente a su padrino.
Harry necesitó de unos cuantos segundos para pensar, aunque finalmente negó con la cabeza, mientras pasaba su bocado.
— No, Ted, no lo había oído. ¿Por qué la pregunta?—Indagó el hombre de los ojos verdes. Ginny salía apresurada de la cocina, para ponerse en el inicio de las escaleras y gritar con todas sus fuerzas a sus hijos aún dormidos: "¡El desayuno está listo!". Aquel gesto logró que en Harry se presentara una sonrisa, pues su esposa en ocasiones le recordaba a Molly Weasley.
— Es que ella… Bueno. —Teddy se encogió de hombros. — Al parecer vivió la guerra. La Primera Guerra. Creo que conoció a mi padre.
Harry dejó de comer, y mantuvo su atención en el joven de cabello azul. Ginny se giró a mirarlos, y se sentó frente a Teddy.
—Oí hablar de ella. —Comentó, frunciendo el ceño. El nombre había llegado a ella como un flash. De pronto, se interesó en la mujer. Harry seguía un tanto confundido, y tomó la mano de su esposa para que ella continuara hablando. De pronto, la pelirroja dudó de si había hecho bien al entrar en esa conversación; estaba al tanto de lo importantes que eran ese tipo de temas para Teddy, e incluso, también para Harry.
— ¿A mi padre?—Ted no pudo ocultar la emoción impregnada en su pregunta, pero se vio decepcionado cuando Ginny negó con la cabeza.
— A mi madre. —Ginny hizo una ligera mueca, sabiendo que realmente no sabía mucho sobre la mujer de la que Teddy quería saber. — Mary McDonald, mi madre la mencionó una vez viendo los viejos álbumes. Abrazaba a mi tío Gideon, mi madre me contó que fueron novios durante casi un año. —Se encogió de hombros, parecía querer decir algo más cuando los niños bajaron corriendo las escaleras. —Pero ella mur…—Las palabras quedaron al aire cuando los tres hijos del matrimonio Potter hicieron presencia.
Albus y James iban molestándose, y la pequeña Lily hasta atrás, tallándose los ojos por el sueño, dándole un aspecto increíblemente tierno.
La señora Potter se acercó a los dos niños para obligarles a parar su discusión, y se metió a la cocina buscando los platos ya servidos del desayuno para sus dos revoltosos varones, y la tierna Lily Luna.
— ¡TED!—Exclamó James Sirius, aproximándose al chico y saludándolo con un choque de manos.
—Hey, J.S. —Sonrió el mayor. — ¡Al!—Saludó también al delgado niño, y este golpeó la mano de Teddy, sonriendo y olvidándose de la pelea con su molesto hermano mayor.
— Teddyyy. —Escuchó la chillona voz de Lily, antes de que ella se lanzara a sus brazos, al verlo esa mañana en el comedor de su casa, la pequeña había olvidado incluso qué tanto sueño tenía. Ted la abrazó, a pesar de que la noche anterior la había visto. — ¡Pato, pato!—Exclamó en seguida la niña, una vez que se separó del muchacho.
Harry le miró seriamente.
— Lils, pequeña, Teddy no es tu payaso personal. —James Sirius se cubrió la boca para no dejar salir la risa que se aglomeró en su garganta, se limitó a mirar hacia Albus, que también sonreía discretamente. Lily frunció la nariz, y se cruzó de brazos.
—Pato. —Volvió a repetir, mirando retadoramente a su padre, y después mirando a Ted de una manera más suave. Éste último sólo se limitó a reír, y asintiendo con la cabeza, dio a conocer que haría caso a la pequeña manipuladora Potter. Esta vez quien se cruzó de brazos fue James Sirius, rodando los ojos en señal de molestia.
—Esa niña está demasiado consentida, Harry. —Comentó Ginny, saliendo de la cocina, y arreglándoselas para cargar los tres platos del desayuno para sus hijos. El Potter frunció el ceño, y se dirigió hacia su esposa.
—Lo dices como si fuera mi culpa. —Se quejó, mientras que ajena a su conversación, Lily reía con ganas cuando Teddy transformó su boca en un pico de pato.
—Es tu culpa. —Comentó Albus, encogiéndose de hombros. Harry se giró hacia él, y frunció el ceño. Su hijo le ignoró (al menos, trató de hacerlo) concentrándose en comer el desayuno recién servido para él.
—Ninguno de mis hijos me respeta. —Se quejó el hombre, aunque parecía más divertido que enojado. Ted lo observó en silencio, y como siempre que estaba en esa casa, se repetía una y otra vez lo mucho que su padrino perdió en toda su vida, pero que la vida, supo recompensarlo. — Bueno, ¿nos vamos Ted?—El muchacho deshizo el pico de pato, ganándose un quejido de la pequeña Lily, inconforme de que su querido hermano mayor se fuera tan pronto.
—Lo siento, Lils. Más tarde volveré. —Le aseguró Lupin, revolviendo sus cabellos. La niña asintió con la cabeza, y le despidió con un beso rápido en la mejilla.
—Pero vienes, eh. —Le advirtió James, y Albus asintió. Es una de pocas cosas en las que puede coincidir con su hermano, aunque compartir el cariño de Teddy entre los tres pequeños Potter nunca es fácil.
Después de despedirse de Ginny, y halagar (¿y cómo no?) el desayuno, camina hacia la puerta, donde espera y mira disimuladamente a otro lado cuando su padrino se inclina hacia la pelirroja, y le despide con un beso. Sabe que puede mirar cuando los sonidos de asco se hacen presentes en los niños. Sonríe apenas, adora las mañanas con su familia.
—Así que Mary, ¿no?—La pregunta llega al joven de sorpresa, porque aunque aún pensaba en aquella mujer, le resultó extraño que Harry lo hiciera. Se giró a mirarlo, mientras caminaban por la calle. Su padrino necesitaba unos papeles de importancia que le daría un colega a unas cuantas casas de la suya; razón por la que no usaron la chimenea de la casa. —Si conoció a Remus… Debió ser unida también a Sirius, y mis padres…—Comentó Harry, como si fuera lo más lógico. Entonces, Teddy supo que aunque su padrino pasara ya de los 30 años y tuviera una maravillosa familia, seguía siendo débil cuando se trataba el tema de sus padres.
Teddy lo entendía, porque era una experiencia que fomentaba la unión entre los dos.
—Eso supongo. Aunque… No creo que ella quiera hablarme sobre eso. —Dijo, con toda la sinceridad que le fue posible en el momento. Harry le miró atentamente, y se detuvo. Habían llegado al lugar donde recogería los últimos informes de esa semana.
—Jamás me he encontrado con ella, a pesar de dirigir un Departamento con el que constantemente trabajo hombro a hombro. Por lo usual, siempre que trataba un tema ahí, me atendían otras personas excepto esa mujer. —Se pasó una mano por el cabello, que a pesar de los años, parecía negarse a estar arreglado. —Ahora no me parece tan raro que quisiera evitarme, si es que conoció a mis padres…
—Quizá le recordarás a ellos, como yo le recordé a mi padre, ¿eso piensas?—Harry se quedó unos segundos en silencio, como si quisiera decir algo más, pero finalmente, desistió a la idea.
—Sí, eso quise decir. —Comentó, intentando despejar el tema. —Pero Ted, tal vez no sea buena opción hurgar en el pasado.
— ¿Y eso? ¿Por qué lo dices?—Cuestionó el muchacho, un tanto herido de que su padrino no pudiera apoyarlo a un cien por ciento. Después de todo, para Teddy Lupin no había nada más importante que sus padres, y saber de ellos era como si los hubiera realmente conocido. Tenía la oportunidad de saber sobre el Remus Lupin que ni su padrino o tíos conocieron, ¿y Harry se negaba a eso?
—Los recuerdos suelen ser dolorosos. Nadie quiere que pierdas tu primer trabajo por una impertinencia, Edward. —Y antes de que Lupin pudiera objetar algo en contra de eso, Harry se adelantó y tocó el timbre de la casa. El muchacho supo entonces que su padrino no volvería a tocar el tema, hablarle por su primer nombre (Edward) le recordó las tantas veces que Andrómeda Tonks le regañaba cuando era un chiquillo. ¡Por algo se había cambiado el nombre!
Sin embargo… Quiero saber de "Lunático".
. . . . .
— ¡Lo siento! ¿He llegado tarde?—Entró al despacho de Mary. Aquel día recibiría una completa guía sobre lo que debía hacer, más toda una semana de prueba. Llegar tarde era un muy mal comienzo, pero logró respirar con tranquilidad cuando notó que su jefa apenas estaba quitándose el saco, y dejando su termo sobre el escritorio.
—No te preocupes, Ted. —Respondió ella, evitando mirarlo fijamente. —Yo igual apenas llego. No fue una buena noche. —Admitió, atando su cabello en un improvisado chongo. Era sincera al decirlo, ¿qué de bueno tenían los recuerdos? Se habían ido, era algo que jamás volvería, sólo quedaba el amargo sabor de ser la única. Sobrevivió, y a cambio de eso, la vida se lo cobró muy caro. Estaba sola.
La mujer frunció el ceño, y apretó sus labios. No debía volver a aquellos tiempos donde la depresión la hundió profundamente.
—Yo tuve que pasar a casa de mi padrino, Harry Potter. —Mary alzó la mirada ante la simple mención de aquel famoso mago, y dio una mirada demasiado seria a su pupilo. Comenzaba a arrepentirse de haber dado el trabajo a ese muchacho, tan parecido a él…
Ted se removió incómodo, y trató de sonreír, como si no hubiese notado que la mención de Harry había hecho reacción en su jefa.
—Tu vida personal no tiene cabida en tu trabajo, Lupin. —Atacó ella, con sorprendente seriedad, y tomó varios folders apilados en su escritorio, poniéndolos frente al joven, e indicándole con la mirada que se acercara. Él trato de decir algo, pero ella fue más rápida. —Comenzarás con lo más simple. Debes ordenar estas denuncias de acuerdo al rango de importancia, mejor dicho, con qué urgencia se necesita la atención del Ministerio. —Abrió un folder al azar, que puso frente a él una vez que se sentó. —Por ejemplo, ¿por qué tiene rango alto la petición de combatir una plaga de Chizpurfles?
Ted quiso reír ante tan simple pregunta. Era obvio, claro, que muchos opinarían lo contrario ya que aquellas criaturas eran demasiado fáciles de exterminar. Pero un par de Chizpurfles era diferente a una plaga. Aún así, el chico ni siquiera sonrió. El cálido ambiente que llenaba aquel lugar el día anterior, se había esfumado, y ahora sólo quedaban los serios ojos azules de Mary posados sobre él. Pensó que, con aquella mirada, la mujer parecía ser más de 50 años que cuando sonreía.
—Se alimentan de la magia. Mientras más son, más magia adquieren. Mientras más magia adquieren, son difíciles de combatir. Una plaga de Chizpurfles debe ser tratada con urgencia para evitar esto último. —El chico la miró, pero ella parecía no mirarlo. Se limitó a asentir con la cabeza, y cerró el folder, dejándolo nuevamente sobre el montón que había dado a Ted. No dijo nada, y él sólo supuso que su respuesta había sido suficiente.
—Trabajarás hoy aquí, te supervisaré. Por favor, hazlo en silencio. —Se levantó de su asiento, dirigiéndose a una esquina donde se hallaba el archivero. Realmente, no iba a buscar nada, pero verlo ahí, frente a ella… Todo ese asunto le causaba terribles dolores de cabeza. ¡Los recuerdos le mortificaban! Y llorar en ese instante no era una opción.
Se obligó también a no dejar que algún suspiro escapase de sus labios, no quería volver a delatarse frente a alguien que no conocía, ni la conocía. "¡Actúa con madurez, Mary! No puedes regresar al pasado, se ha ido". Pero no era tan fácil teniendo a tan sólo unos metros alguien que le recordaba su pasado, los buenos y malos momentos, pero sobretodo, le recordaba lo que amó, y perdió.
—Mary…
— ¿Has terminado tan pronto, Ted?—Cuestionó ella, y se giró para ver qué es lo que quería. Él parecía incómodo, no muy diferente a como estaba ella. Por un momento, la tensión de ese instante parecía poder tocarse.
"Esos ojos…"
Mary se dio la vuelta, y reprimió el impulso de querer abrazarlo. Debía recordarse que él no era Remus… No lo era, porque Remus estaba muerto.
—Jamás conocí a mi padre. —Sabía, sabía perfectamente que no era una buena forma de comenzar su petición, estaba completamente seguro que eso podía costarle su empleo, pero… Necesitaba saber de él, del muchacho de Hogwarts, del que recorrió esos pasillos y también aprecio las bellas tardes cerca del Lago.
—Ted, ya te he dicho que…
—Que no lo conociste, pero no soy estúpido. —Espetó él, dejando de lado los informes que estaba revisando. — Déjame terminar primero, después, tú decidirás lo que gustes. —La mujer frunció el ceño, ¡claro que no aceptaría sus condiciones! Después de todo, era ella la jefa de ese Departamento, ella debía ponerle condiciones a ese joven, no al revés. ¿Por qué Mary aceptó en silencio la propuesta? Porque cuando escuchó la voz de Teddy percibió la necesidad de un niño cuando llama a su padre, pero éste no viene. ¿Cuántas veces Ted se pudo sentir así? Mary lo sabía, y lo entendía. Eran casos diferentes, pero… Sólo en esos minutos, se dignó a escucharlo.
Se dignó a mirarlo fijamente, y reprimir sus recuerdos.
—Jamás conocí a mi padre. —Dijo el chico, nuevamente. —Era tan sólo un bebé cuando los perdí a ambos… Todo lo que sé de ellos son por los relatos de las personas que lo conocieron. "Remus era un excelente hombre…" "Remus fue el mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras" "Remus se ha dignado a amar y ser amado". —Ante cada palabra, Mary sentía que su corazón se ensanchaba de orgullo. ¿Realmente él había sido así? El Remus que ella ya no pudo llegar a ver. Impidió que de sus labios escapara un suspiro de tristeza. —Pero todos esos comentarios son de un Remus adulto, uno que sin duda quisiera tener a mi lado, pero… ¿Qué hay de lo que fue Remus Lupin antes? Nadie me lo ha contado, nadie lo sabe, porque no hay…
—Nadie, lo sé. — Completó Mary, y sin dejar de mirarlo estiró su mano para alcanzar a tomar la de Teddy. Ninguno se resistió al agarre, y para ambos fue tan natural que no les provocó incomodidad alguna. —Te entiendo, Ted, pero… No es fácil, ¿sabes?—Mary entreabrió los labios para tomar aire, como si se tratara de valor, y finalmente no pudo más. Una lágrima se derramó, seguida de otra, y muchas más. Estaba llorando nuevamente por un pasado que le costaba enterrar.
—Mary, lo sé, pero… Es mi padre, quiero saber de él, ¡quiero conocerlo! Quiero sentir que si él estuviera aquí, también me contaría sobre su vida en Hogwarts. —Un gimoteo más se escapó de los labios de la mujer ante las últimas palabras. "Si él estuviera aquí… ¿Te hablaría de mí?" Ella negó con la cabeza, y quiso apartar su mano de la del metamorfómago, pero éste se lo impidió ejerciendo más fuerza. —Mírame… Te lo ruego, pareceré patético, ¡un niño de 3 años! Pero es que… Anhelo tanto conocerlo.
— ¡No! Desenterrar recuerdos como los que tuve de tu padre no es tan fácil. —Ella se levantó del asiento, y retiró con brusquedad su mano de entre las de Teddy. — Es doloroso, demasiado… No entenderías.
— Lo entendería si me contaras. —Explicó él, alzando la voz y levantándose de su silla, para inclinarse sobre el escritorio y mirar fijamente a Mary. A pesar de los años, ella parecía ser tan transparente como una niña de 7 años. — ¿Fue tu amigo? ¿Qué sabes de él? ¿Tú… lo amabas?
— ¡Basta!—Exclamó ella, y finalmente lo miró a los ojos. Sus ojos azul parecían ser un mar bravío, desatando la tormenta. — ¿¡Quién te crees que eres!?—Rodeó el escritorio, y se enfrentó al joven, que a pesar de ser menor, le sacaba varios centímetros de ventaja. Cada palabra había dolido tanto… Cada recuerdo en su mente se reproducía como si fuera una película. "Eres un excelente amigo…" "Tu cabello… huele a manzana, me gusta la manzana" "Sigues prefiriéndolo a él" "No he dejado de pensar en ti durante vacaciones" "Nos iremos… a América". Apretó los labios, y bajó la mirada. — Ahí tienes la puerta. No hagas ruido al salir.
— ¿Qué? ¿Eso qué significa?
—Significa que estás despedido. —Susurró ella, y se dio la vuelta para volver a su lugar, detrás del escritorio. Ted se quedó sin palabras, mirándola sentarse y comenzar a leer los informes. El agarre de su cabello se había soltado, y mechones caían desordenadamente sobre su rostro. Parecía ser más joven de lo que era… Pero eso ojos, tan llenos de dolor le hacían ver como una mujer que había vivido más de 100 años.
—Tu vida personal no tiene cabida en el trabajo. — Dijo, y eso fue suficiente para que ella alzara la mirada, y volviera a verlo. Su cabello se había tornado de un verde pálido un triste verde. Ella no dijo nada, y después de un suspiro, le indicó que se sentara.
Lupin tomó los papeles, y comenzó a revisarlos él mismo bajo la fija mirada de su jefa. Esta vez, Mary no tuvo miedo alguno de mirarlo… Se parecía tanto a Remus, y la calidez de la Sala Común de Gryffindor, junto al inconfundible olor del chocolate, le embargó. Otro recuerdo más, que recibió de la mejor forma que pudo.
"Puedes copiar de mi tarea".
"Me estaría aprovechando, Rem. Mejor préstame ese libro que tienes ahí".
"Mary…" Dice él en un tono de reprimenda.
"Remus" Responde ella, con una sonrisa divertida. Se estira para tomar el libro, y comienza a escribir en su propio pergamino. Remus se da por vencido, sabe que no le convencerá de lo contrario. Mary testaruda.
De vez en cuando se gira a verlo, y hay algo en Remus que logra detener el tiempo. Es maravilloso verlo tan concentrado.
"Mary, deja de mirarme".
—Me estás mirando mucho. —La voz de Teddy la alejó de su recuerdo, y no supo si sentirse enfadada por eso o agradecida.
—Te pareces mucho a él. Al Remus que yo conocí. —Lupin la miró fijamente, dejando a un lado en lo que hace poco estaba concentrado. Una pequeña chispa de esperanza brilló en su mente. —Debes prometer…—Una pausa, un suspiro más de la mujer. —Debes prometerme que no vas a interrumpir esta historia. —Ted soltó la pluma, que cayó al piso, y fijó su completa atención a lo que su jefa estaba indicándole. — Pero sobre todo, no debes juzgar.
Casi un minuto de silencio, y Mary chasqueó la lengua.
—Promételo.
—Lo prometo.
—Debes recordar, también, que el trabajo será primordial aquí. No hablaré de nada durante el horario laboral, si deseas saber lo que quieras saber, debes quedarte. —Teddy no esperaba más, sabía que ella estaba siendo razonable. Por supuesto que no perderían las horas de trabajo, pero en ese instante, Ted supo que no importaba realmente si se quedaba a dormir en esa oficina si eso significaba conocer al Remus del que nadie antes le habló.
—No tengo ninguna queja sobre eso. —Explicó rápidamente, extasiado.
—Hoy será el único día donde utilizaré horas de trabajo para… Mi historia.
—Bien dicen, no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy. —Dijo el chico, sin poder evitar que una sonrisa se presentara en su rostro. Su cabello volvió a ser azul eléctrico.
—Espero no arrepentirme…—Susurró la mujer, palabras que su acompañante no pudo escuchar.
. . . . .
Cuando Dumbledore visitó la modesta casa de los McDonald, todo cambió para la hija única de ese matrimonio: Mary. Unos dirían que para bien, ¡la mayoría lo diría! ¿Cada cuando una niña que siente no tener nada especial resulta ser demasiado especial?
—Su hija es una bruja. He venido aquí a informarle que ha sido aceptada para estudiar en Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería. —Extendió la carta, que su padre aceptó dubitativo. Su esposa, Beth, se asomó sobre su hombro para poder leer lo que decía. Por supuesto, Joseph McDonald creyó que se trataba de una broma, pero gracias a la demostración de Albus Dumbledore, ambos padres supieron que lo único que podía hacer gracia de aquel encuentro eran sus propias expresiones.
—Mary ha nacido con un don sumamente especial, pero debe aprender a controlarlo, es por eso que es necesario que…
— ¿Se refiere usted a la "magia" como un don especial?—Beth, frunció la nariz, sus mejillas se coloraron de la furia. — ¡Mi hija no es una bruja! ¡No puede serlo! Joseph y yo la hemos criado tan bien, incluso pertenece al coro de nuestra Iglesia. —Argumentó la mujer de cabello tan negro como el carbón. Se dirigió a la silla que ocupaba el mago, y señaló hacia la puerta de la casa. — ¡Fuera de aquí! Practicar la hechicería es un pecado, y Mary…
—Señora McDonald, usted no está entendiéndome. No es ningún crimen poseer magia, el crimen está en cómo se utiliza. Su pequeña Mary debe…
—Escúcheme bien. Ella, mi hija, mi Mary, no es una bruja. ¿Oyó? ¡No lo es!—Y lo sostuvo del brazo, frustrada de que el hombre no se dignara siquiera a pararse. Joseph se interpuso de inmediato, tratando de que Beth recuperara la compostura, aunque era difícil. —Y no irá a esa escuela.
— ¡Yo quiero ir!—El grito inundó la sala, y la mirada de los tres adultos se giraron a la niña que parecía estar al borde del llanto. —Por favor, mami…
Beth le miró como si estuviera loca, y frunció el ceño, mirando a su hija reprobatoriamente. ¿Cómo osaba comportarse de ese modo? Aunque Joseph no concordaba al cien con su esposa, estaba seguro que no dejaría que su princesa viajara a esa escuela.
La señora McDonald abrió la puerta, pero enseguida esta se cerró. Albus sonrió para sí mismo. Era una sonrisa de satisfacción.
—Yo no he sido. —Dijo Albus, anticipándose a la pregunta que la mujer estaba por hacerle. Ella se quedó sin palabras, y miró hacia atrás, donde estaba Mary, con los puños apretados.
— ¿Fuiste tú?
—Y-Yo…
— Mary, ¿fuiste tú?—Los ojos azul fuerte le miraron con severidad, y la niña no sabía que responder. Se quedó callada, pero no hubo necesidad de palabras porque Beth ya sabía la respuesta. Dumbledore se fue minutos después, dejando espacio a la familia para que se liberara del reciente shock.
Ni Joseph ni Beth lo tomaron de la mejor manera. Es noche, cuando Mary estaba ya en su cuarto bajo las cobijas, sus padres tuvieron una gran discusión.
— ¡Es una maldición! Ella no es mi hi…
— ¡Beth!—La voz de su esposo fue potente, y terriblemente seria que la hizo callar. —No te atrevas a terminar esa frase. Mary siempre será nuestra hija, no importa lo que pase.
—Eso es lo que tú crees.
—Deja tus supersticiones a un lado.—Ella bajó la mirada, resignándose a la idea que Joseph no compartiría nunca su forma de ver aquello. ¡Su hija era uns monstruo!
Esa misma noche, Beth aseguró que no podría con algo como eso, y que prefería irse. Joseph trató de detenerla, pero ella se resistió. Le gritó, y jamás la volvieron a ver.
Mientras la pequeña Mary lloraba entre las cobijas de su cama, su padre entró a la habitación. Se recostó junto a ella y acaricio sus castaños cabellos, tan de él. No susurró ningún "Princesa", y Mary temió que él también la odiara. Finalmente, lo escuchó llorar, y abrazarla con fuerza.
—Te amo. —La niña se dio la vuelta, y se permitió llorar en brazos de su padre.
. . .
Cuando abordó el Expreso a Hogwarts, se sintió triste por dejar atrás a su padre, y a la vez, el miedo la dominó por completo. Ella no sabía nada del mundo mágico, ¿no debía haber estudiado antes? La respuesta era sí, pero la niña confiaba en que hubiera personas en las cual apoyarse durante su estadía en la escuela. Quizá un maestro, o un amigo.
Toda tristeza y miedo se esfumó cuando aquel sombrero parlante gritó con gran potencia: ¡GRYFFINDOR!
La casa de los valientes. Mary bajó del banquillo, con una leve sonrisa en su rostro, colorándose de las mejillas. Había sido elegida en la casa de los valientes. Ella era alguien valiente. El orgullo llenó por completo su mente, y a pasos torpes pero seguros, se dirigió a la mesa de los leones. "¡Leones, vaya!"
— ¡Así se hace, niña!—Exclamó una voz escandalosa a su lado, y alzó la mano al aire. Mary le miró un segundo sin entender qué era a lo que se refería ese niño, así que él, con su otra mano tomó la de ella, y la alzó hasta chocarla en el aire. —Estamos en la mejor casa de Hogwarts. —Él sonrió ampliamente, y ella no tardó en pensar que nunca antes había visto un niño tan… ¿Guapo? Su cabello revuelto, sus ojos grises, sus finas facciones. — Soy Sirius Black. —Le extendió la mano, sin borrar la sonrisa burlesca.
—Mary McDonald. — Respondió ella, mirando sus manos juntas. Él la soltó, y se detuvo a pensar.
—McDonald… Uhm, no está en los sagrados 28. —Comentó, frunciendo levemente el ceño y antes de que él pudiera decir algo más, o Mary preguntar qué demonios era eso de sagrados 28, una delicada pero enfadada voz llamó su atención.
—Déjala ya, no es de tu incumbencia su apellido. —Una pelirroja estaba sentada frente a ella, y cuando la miró, ésta le correspondió con una dulce sonrisa. — ¿También eres hija de muggles?
—Yo no dije eso por ofender. —Se quejó el niño, por lo bajo. Por supuesto que no era por ofender al nuevo miembro de la casa de Gryffindor, era un simple dato de que quizá aquella niña no estaba al tanto de la situación. Un par de ojos marrones cerca de ellos se levantaron, curiosos ante la conversación.
— ¿También? Quieres decir que, ¿tú eres hija de… muggles?—Pronunció con cierta dificultad, y la pelirroja asintió, parecía estar orgullosa de eso. Mary, a la vez, se sintió salvada de encontrar a alguien que era como ella.
—Exacto. Aunque agradezco haber tenido a Sev de mi lado, él me contó demasiadas cosas de Hogwarts. —Dijo, animada.
— ¿Sev? ¿Y quién es ése?
—Está por allá, entre los alumnos que aún faltan por pasar. —Señaló la niña, y Mary divisó a quien seguramente era Sev. Tenía una extraña apariencia, pero quizá era una buena persona. — Quisiera que estuviera aquí, pero él realmente quiere quedar en Slytherin.
— ¡Puaj! Slytherin. —Sirius hizo una mueca, y negó rápidamente con la cabeza. El niño frente a él no pudo evitar que una ligera risa se escapara de sus labios. Black le miró con atención; demasiado delgado y tenía la apariencia de un enfermo, aún así, el niño sonrió y extendió su mano. — Sirius Black, la oveja negra de los Black. —Se presentó. El niño al frente titubeó un poco, pero finalmente, apretó su mano.
—Remus Lupin.
—Un gusto. Y mira, ésa es Lily Evans, se junta con Slytherin. —Susurró lo último, ganándose una mirada molesta de la chiquilla. Mary negó con la cabeza, y en su rostro se notaba cierta diversión. Sirius era un tonto. Pero le hacía reír. — Ésta de acá, es Mary McDonald.
Remus extendió la mano a ambas niñas, saludándolas en un apretón de mano demasiado débil. Mary frunció levemente el ceño, y lo miró fijamente.
— ¿Te sientes mal?
Él saltó sobre su lugar, y negó de inmediato con la cabeza.
—P-Para nada. —La niña quiso argumentar que tenía un aspecto demasiado débil, cuando el sombrero exclamó con gran júbilo: ¡GRYFFINDOR! Todos voltearon la mirada para ver quién era el nuevo integrante de la casa.
Un niño, de cabello alborotado y anteojos bajó del taburete, y simulando blandear la espada gritó: ¡Se los dije! Seguido de eso, fue corriendo a la mesa asignada para él, un león.
—Ese tonto. —Siseó Lily, y Mary la volteó a ver con extrañeza.
—Él es James Potter. —Lily ignoró lo que Sirius decía, y no hacía falta, pues el niño realmente se dirigía hacia Remus, que volvió a mirarlo. — Y seguro que seremos grandes amigos. —Guiñó un ojo, y Lupin trató de sonreír.
"Amigos… Yo no puedo tener amigos".
Espero con toda mi alma enferma que les haya gustado. ¡Por favor, no olviden dejar review! Eso siempre anima a una escritora a seguir, dicen que dejar review embellece el alma.
A pesar de que Mary cuenta la historia, seré yo quien la narre porque YOLO.
Gracias por leer asjdladkñl
Cualquier cumplido, crítica, crucio u otro hechizo es cordialmente recibido.
Arigato,
M.
