Ya vine nwn

Capítulo 2

Vulnerable

Cogió el pan con ambas manos y lo devoró con avidez. El alimento le sentó de maravilla.

—¿Y bien, Kanon?, ¿Qué has decidido?

La voz de Shion rompió el trance en el que parecía estar.

—No puedo prometerle que no me volveré contra mi hermano. Tampoco puedo prometer que cambiaré tan fácil de parecer. Estos días no han sido fáciles para mí y aún siento resentimiento. No creo que vaya a desaparecer pronto.

—¿Y sobre la diosa?

—Aún tengo mis dudas. Pero mi mayor problema es con Saga.

—Tu hermano ha sido reprendido por lo que ha hecho y está dispuesto a perdonarte si es que de verdad estás arrepentido.

—No le creo.

—Kanon...— le refutó Shion con paciencia,—Ya hablamos de eso. Tu hermano no te odia. Estás siendo paranoico.

—Saga no. La oscuridad dentro suyo sí me odia. Por eso me encerró aquí. No tardará mucho más en despertar y entonces me matará.

—No tienes de qué preocuparte. Esa parte de tu hermano se mantendrá latente. Jamás despertará.

—¡Usted no entiende, anciano! ¡No es algo que usted pueda controlar!,—el aullido histérico que dejó sus labios alarmó a Shion.

—Kanon...estar aquí encerrado te hace daño. Estás enloqueciendo. Déjame ayudarte.

—La ayuda que usted me ofrece no puedo tomarla. No puedo regresar al Santuario, no puedo. No puedo...—comenzó a balancearse adelante y hacia atrás.

—¿Con Saga?,—aventuró Shion.

El rostro de Kanon se deformó en una mueca de rabia.

—Maldito sea...—se abalanzó contra los barrotes y le escupió en la cara al Sumo Sacerdote.—¡Maldito sea Saga! Si vuelvo al Santuario sería para matarlo. Para vengarme...¡MALDITO SEA!

—¿Es tu última palabra, entonces? ¿No quieres mi ayuda?,—la voz de Shion se tiñó de tristeza.

—Sáqueme de aquí. Me iré lejos...No volverá a saber de mí.

—Si te saco de aquí te perderé de vista. Y si no renuncias a tu odio y a tu ambición, regresarás tarde o temprano y quién sabe con qué intenciones. He cometido muchos errores en mi vida. Tú no serás otro. No quieres ser ayudado, pues entonces te quedarás aquí. Hasta que logres salir o te ahogues...lo que ocurra primero.

—Déjeme en paz, anciano. ¿No tiene otras cosas que hacer? Lárguese de aquí,—el veneno en su voz lo sorprendió hasta a él.

—¿Sabes qué es lo triste, Kanon? Tu Destino era ser un santo después de todo.

Parpadeó incrédulo ante aquella revelación y se encogió de hombros, pensando que a Shion al fin se le habían aflojado los tornillos.

Se echó sobre la piedra lisa pensando.

Sabía perfectamente que estaba vulnerable. Su cuerpo llevaba mucho tiempo privado de comida y bebida y la constante amenaza de la marea alta no lo dejaba descansar bien.

Ahora sabía que su mente también estaba perdiendo lucidez. Los chapoteos y risas que llevaba oyendo desde hace varios días sin ver que los producía lo hacían preguntarse si no estaría realmente loco.

Los delfines no reían y si fueran sirenas ya lo habrían hecho destrozarse contra los barrotes. Las ninfas no vivían cerca de los mortales. Y las ondinas...las ondinas de seguro no habitaban el mar Mediterráneo, si no los mares del Norte de Europa.

Se volvió boca arriba y fijó los ojos en el techo de la gruta mientras su pecho subía y bajaba al compás de su respiración alborotada.

Ni siquiera su rabia contra Saga le parecía segura ya. Hasta eso lo cansaba, drenándole la poca energía que tenía. Se había aferrado a ella para no perder la cabeza, pero se había convertido en una obsesión, un arma de doble filo que lo devoraba por dentro.

Gimió, adolorido, mientras sentía que se le emborronaba la vista por las lágrimas.

Sentía la desesperación y el instinto de supervivencia ensañarse dentro de él y reducir su capacidad de razonamiento a la de un animal.

Su mirada se perdió y simplemente se concentró en respirar.

Pronto volvió a sentir la marea subir pero no se movió. Quizás si se dejaba ahogar dejaría de sufrir.

Entonces algo extraño sucedió.

La marea retrocedió mientras sentía una energía límpida y gentil, pero poderosa que lo rodeaba, reconfortándolo y sanándola. Su mente se aclaró un poco y pudo pensar con más lucidez.

¿Pero a quién pertenecía aquella energía? Dudaba que fuera Shion después de la discusión que habían tenido. Saga no tenía tanto poder. Athena...No, Athena no podía ser.

Aquella diosa estúpida había decidido descender a la Tierra como un bebé. Sus poderes debían haberse dormido y debía aprender a usarlos. Y en caso de que no, no se habían visto nunca. ¿Cómo podría saber siquiera que él estaba allí y en aquella situación? Los dioses griegos no eran omnisapientes.

Pero no tenía dudas de que era un cosmos divino, era demasiado magnánimo como para pertenecer a un mortal.

¿Quizás fuera Poseidón? Pero no podía ser. El dios estaba profundamente dormido en alguna vasija desde hace siglos y ni siquiera podía asegurar que cerca de allí.

Fuera de quién fuera aquel cosmos le devolvía un poco de la tranquilidad perdida y le permitió pensar claramente.

Se encontró a sí mismo tranquilo por primera vez en días, lo cual suponía un cambio y le permitió pensar en otras cosas, como por ejemplo en la criatura que venía jugando con su mente desde hace un tiempo.

Quizás se tratara de una ninfa perversa que se divertía jugando con los mortales para su propio placer. O quizás de una diosa que jugaba con sus semejantes para distraerse.

Con la mente más clara se le ocurrió una idea.

Se sumergió hasta dar con los barrotes anclados al suelo. Escarbó bien hasta aflojarlos, sin soltarlos del todo , lo suficientemente como para abrir espacio para dejar paso a un ser humano.

La tentación de escapar se hizo demasiado fuerte, sin embargo, una vocecita le dijo que no lo hiciera, que no debía escapar...aún.

Así que esperó pacientemente a que la noche cayera sobre el Cabo y volvió a oír las risas y los chapoteos fuera de la celda. Esta vez no se desesperó, sino que hasta esbozó una sonrisa perversa pensando en si podía atrapar al responsable de lo que creía alucinaciones auditivas.

Pero estaba lejos de imaginar la verdad.

Se mantuvo despierto aguzando el oído para ver si los chapoteos se acercaban más. Como estaba esperando sonidos más fuertes no se dio cuenta de que la criatura se acercaba, hasta que vio las manos sobre los barrotes. Cerró los ojos y se recostó sobre la pared fingiendo dormir.

Ella se quedó mirándolo desde afuera, queriendo entrar. Mecánicamente cogió los barrotes como siempre intentando moverlos. Casualmente agarró uno de los que habían sido aflojados que cedió ante la presión. Se quedó mirándolo indecisa. ¿Acaso él estaba planeando escapar?

Con un movimiento sinuoso se introdujo en la celda. Sus escamas se estremecieron ante el contacto con la dura piedra. Avanzó hasta el durmiente ayudándose con las manos.

Kanon, que seguía fingiendo dormir, entreabrió un ojo y luego volvió a cerrarlo.

La muchacha le apartó el pelo que le cubría la cara con curiosidad. Nunca había visto a un humano tan de cerca. Tampoco entendía qué hacía ese allí. ¿No debería estar lejos del agua como el resto de los suyos?

¿Y porqué estaba ahí encerrado padeciendo, como un náufrago sin nave?

Le rozó la nariz con la yema del dedo y cuando volvió a mirarlo a la cara, Kanon abrió los ojos.

Retrocedió asustada, olvidando que no estaba en el agua y tropezó con su propia cola. Se quedó echada sobre el suelo de la gruta mirando hacia cualquier lado menos a Kanon. El corazón le golpeaba el pecho como un tambor.

Él, por otro lado, se había quedado mirándola estupefacto. Una ondina. ¿Qué hacía tan lejos de casa?

Ella se fue acercando poco a poco a la entrada de la gruta aprovechando su aturdimiento.

—¿Adónde vas?,—su voz sonó extrañamente gentil. Frunció el ceño.

—No debería estar aquí,—explicó en voz baja.

Un bufido abandonó los labios de Kanon.

—¿Y entonces qué haces aquí?,—preguntó astutamente.

—Yo...—titubeó, al verse cogida en falta.

—¿Querías verme, no es así?, ¿O has estado jugueteando fuera de la celda solo para volverme loco? Sé que las criaturas como tú tienen un retorcido sentido del humor.

—N...no sabía que había alguien aquí. Y luego...luego te vi y me pareció que necesitabas ayuda.

Él parpadeó.

—No necesito tu ayuda,—contestó con sequedad.—Puedo salir de aquí cuando me plazca,—aquello era una verdad a medias.

—¿Y porqué no sales pues?

—No quiero.

—¿Es autoimpuesto?

—Algo así,—contestó sin mirarla.

—Los humanos son tontos.

—No tienes idea,—contestó, pensando en Saga.

El silencio se hizo cargo de llenar el espacio por un gran rato, mientras solo se miraban.

Ella miraba las piernas de Kanon con curiosidad.

—¿No puedes nadar con ellas, verdad?

Él la miró de reojo.

—Si puedo. Pero no sirven tan bien a ese propósito como una aleta caudal.

—Pero puedes caminar con ellas. En cambio yo...

—¿Entonces no es cierto que si las secas obtienes piernas?

—Sí, pero no por mucho tiempo. Máximo un día.

—Creí que las ondinas tenían forma humana.

—Nos es más fácil salvar a los náufragos de esta manera.

—En cambio las nuestras...—murmuró él.

—¿Las vuestras?—preguntó ella.

—Nosotros los griegos también tenemos ninfas mitad zoomorfas que atraen a los marineros con su canto. Pero no para salvarlos. Hacen pedazos los barcos y devoran a los tripulantes. Se llaman sirenas—se encogió de hombros.

—Eso es horrible,—afirmó con vehemencia, mientras replegaba la cola con cuidado de no lastimarse entre las asperezas del suelo.

—¿Cómo vas a salir?—preguntó con curiosidad.

—Esperaré que suba la marea.—le contestó.

—¿Cómo te llamas?,—le preguntó, siempre con curiosidad.

—Thetys.

Una carcajada limpia salió de la garganta de Kanon. Aquello tenía que ser una coincidencia, era demasiado irónico para ser verdad.

Ella se quedó mirándolo asombrada. Nunca lo había visto reír tan abiertamente.

Kanon dejó de reírse abruptamente, impresionado por el sonido de sus propias carcajadas. Sentía cosas dentro de él que no sabía como asimilar.

La marea empezó a subir y suspiró, resignado, mientras cerraba los ojos. Cuando la marea ya estaba lo suficientemente alta, la ondina se zambulló y salió de la gruta hacia mar abierto, no sin antes notar aquella energía divina que acudía a ayudar a Kanon en aquel trance.

De nuevo se quedó observando la gruta hasta que la marea había bajado y había podido observar al muchacho dormir tranquilo sobre su piedra lisa

En el último capítulo del anime, como en el manga, Thetys rescata a Julian Solo de ahogarse al abandonar el espíritu de Poseidón su cuerpo. En el manga lo hace en agradecimiento ya que ella era originalmente un pez que se ahogaba en la playa y el niño Julian la devolvió al mar. Los peces con esas escamas coloridas como las descritas, se creía eran sirenas se dice en el manga. En agradecimiento, Thetys toma forma humana para servirle a Poseidón cuya alma está en el cuerpo de Julian. El esfuerzo de sacar a Julian del mar la agota y tras tomar su forma original, queda tendida en la playa donde la encuentran Julian y Sorrento. Aunque el joven Solo (que no recuerda ya nada) siente que ha visto a aquel bello pez antes y llora sin saber el motivo, Sorrento sabe perfectamente que esa es Thetys y llora su suerte. Julian la devuelve al mar, aunque ya es demasiado tarde (aunque esto es polémico, ya que algunos aseguran que se ve que el pececito nada, pero bueno...cada quién)

En el anime, sin embargo, la última escena de Julian lo muestra tendido en la playa, debajo del Cabo y luego se observa a una sirena rubia y con cola roja saltar del mar a lo lejos. Por la paleta de colores se infiere que esa es Thetys. Ese es el pequeño detalle del anime en que me basé que les decía ;)

Aparte de las sirenas griegas, existen otras criaturas con el mismo nombre, con una aleta de la cintura para abajo.

Ambas criaturas suelen confundirse y se les asignan las mismas funciones, pero eso no es así.

La sirena griega era una ninfa monstruosa con cuerpo de ave y torso de mujer que cantaba para atraer a los marineros y luego matarlos y comérselos.

La "sirena" germánica cuyo verdadero nombre es "ondina" era una mujer (a veces representada con una aleta en la parte inferior de su cuerpo) que usaba su canto para atraer y esperanzar a los naúfragos. A menudo los ayudaban a llegar a la superficie (Posiblemente de aquí la inspiración de Andersen para su famoso cuento "La Sirenita" )

Cuando Germania invadió Roma en el ocaso del Imperio, estas ondinas se confundieron con las sirenas, náyades, nereidas y otros tipos de ninfas acuáticas. De aquí que en la Edad Media empezara a creerse que estas criaturas eran una misma y que tenían las mismas características, y se comenzó a pintar el famoso episodio de la Odisea con mujeres con cola de pez, en lugar de las griegas con torso de mujer y cuerpo de ave.

Pese a la noción existente en la cultura popular, las ondinas tampoco son nereidas, las ninfas griegas no solían transformarse en animales y sus cuerpos eran totalmente humanos a excepciones de maldiciones como la de Deméter.

En el idioma inglés existen dos palabras para designar a las sirenas, 'siren' para la griega, y 'mermaid' para la germanico-escandinava, la ondina.

Pese a que Thetys es nórdica, una región de Europa de cuyo folclore no provienen estas criaturas, sí es danesa, el país de donde proviene la historia más famosa protagonizada por una ondina: La de Andersen ^_^

¿Aunque han leído El pescador y su alma de Oscar Wilde? Esa también es bonita, aunque es una situación inversa a la de Andersen.

-Antes de que me digan que porque mierda Kanon no se escapó cuando pudo, pues ahí mismo se dice, presintió que no debía...todavía. Recuerden que los griegos son muy supersticiosos con el Destino, el de Kanon es encontrar el tridente, y se desencadenen los acontecimientos como en el manga, cosa que aún no pasa xD Y además, está enojado con el mundo xDD ¿Para qué va a salir? Mejor se queda ahí con Thetys xDDD

-La vulnerabilidad de Kanon es cosa obvia en una situación así. Está solo, sin alimento ni bebida en una situación extrema, creyendo que todos le dieron la espalda. Y luego comienza a sentir cosas raras por Thetys xD Pobre Kanono. Pero sigue siendo un malote xDD

¡Gracias por los comentarios!

¡Un besote!