Segundo y penúltimo capi :D

Lo que siempre digo, disfrutad!

"Navidad" o " Un deseo cumplido"

Metió las manos en los bolsillos para protegerse del frío de los corredores y miró a derecha e izquierda. "Y ahora por donde?" se dijo. Derecha: Biblioteca, cocinas, sala común de Huffelpuff. Izquierda: Aula de Transformaciones, Sala de los Menesteres, sala común de Slytherin y las mazmorras. "Izquierda". Se conocía el castillo casi como la palma de su mano, no en vano se había pasado cinco largos años rompiendo los toques de queda cuando las preocupaciones, o las pesadillas, no le dejaban dormir. Se había escabullido silenciosamente (y aunque lo hubiera hecho gritando dudaba que alguien se diera cuenta, porque el Gran Comedor era un caos en ese momento) de la fiesta de Nochebuena, deseando un poco de silencio y sobretodo alejarse de tanta felicidad empalagosa. Y, para que engañarse, porque cierto profesor había hecho lo mismo apenas cinco minutos antes. Y sin tener nada ni nadie en que centrar sus ojos para fantasear, la fiesta se había vuelto mortalmente aburrida y agobiante para él. Se dijo que tal vez podría distraerse un poco en la Sala de Menesteres. Quizá podría convertirla en un salón recreativo. O mejor, en una de esas cascadas paradisíacas donde poder nadar un rato y relajarse. Aunque su escenario favorito solía ser un despacho siniestro y oscuro, con una amplia mesa de madera maciza y un sillón de cuero detrás, donde se sentaba a meditar y a imaginar por unos momentos que todo eso era real y que en breve aparecería Severus por la puerta para sonreírle con cierto reproche por haber ocupado su asiento.

Pero en lugar de eso, Harry continuó caminando, pasó de largo la Sala de los Menesteres, la sala común de Slytherin y se adentró en las mazmorras siguiendo un impulso que tiraba de él con fuerza titánica, mientras se preguntaba que diablos estaba haciendo. Sin embargo decidió seguir ese impulso hasta el final, en parte por curiosidad, en parte porque no tenía nada mejor que hacer y en parte porque, aunque hubiera querido, no habría podido detenerse.

Y de pronto se halló ante la puerta de un despacho que conocía bien por haber pasado muchos castigos, muchas reprimendas y muchos malos momentos en él. Parpadeó un par de veces, confuso e intentó dar media vuelta. Solo para darse cuenta de que sus piernas tenían otros planes para él, del mismo modo que su mano que ya se había levantado para golpear con timidez la puerta. Ésta se abrió por si sola unos segundos después. Y una vez más, Harry sintió que algo tiraba con fuerza desde detrás de sus costillas haciéndole pasar. Su cara de perplejidad tuvo que ser muy evidente, porque Severus Snape, que se hallaba sentado tras su escritorio, tardó más de lo habitual en reaccionar con uno de sus habituales sarcasmos.

- A que se debe el dudoso placer de su visita, Potter?- siseó el hombre de negro, apoyando los codos en su escritorio y cruzando los dedos. Una ceja se alzó con desgana. Un silencio aplastante siguió a la pregunta del maestro.- Es que ya se ha cansado de incordiar a sus compañeros y ha decidido incordiarme a mí?- añadió Snape. Y ante el nuevo silencio y la expresión de besugo de Harry su ceño se frunció con mal disimulado disgusto.- No tengo toda la noche Potter!!

- Y-yo…- "ya me iba", quiso decir, pero por algún motivo que jamás llegaría a comprender, en lugar de eso sus labios dijeron otra cosa.- Me gusta.- "No…yo no he dicho eso…" pensó, sintiendo como su rostro comenzaba a arder a marchas forzadas. Sin embargo Snape se limitó a alzar un poco más su ceja izquierda, como si no hubiera dicho nada inusual.

- El qué le gusta? Y qué le hace suponer que a mi pueda interesarme?- soltó con marcada indiferencia. "Nada" pretendió decir Harry.

- Tú…quiero decir…usted.- "Muere!" se dijo al borde de un ataque " Muere antes de que él te mate de la forma más humillante posible!". Pero no tuvo tanta suerte.

- Perdón?- y esta vez si hubo reacción por parte del maestro. Se había puesto lívido y parecía tener serias dificultades para mantener una expresión imperturbable.

- Eso…que usted me gusta y…- volvió a hablar la boca de Harry. Porque él estaba demasiado ocupado intentando llevar acabo el legendario arte de la muerte súbita que los ninjas solían utilizar en casos de emergencia. Y si ese no era un caso de emergencia, nada lo era entonces.

- Ya le he oído Potter!- interrumpió ferozmente el hombre, que había plantado ambas manos sobre la superficie de la mesa y parecía a punto de maldecirle.

- Solo quería que lo supiera…- murmuró Harry agachando la cabeza. Y esta vez si había sido por propia voluntad, hablando más para si mismo que otra cosa. " Solo quería que lo supiera, no es tan grave, no?" pensó decepcionado. Porque a pesar de saber lo que pasaría, una cosa era imaginarlo y otra verlo con tus propios ojos. Y dolía más de lo que había esperado. Dio media vuelta precipitadamente, decidido a salir de ahí antes de que Snape pudiera ver que sus ojos se veían demasiado brillantes, antes de humillarse más de lo que ya lo había hecho. Y echó a correr…para darse de narices contra la puerta cerrada.

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- Auch…- gimió Harry al tiempo que se llevaba las manos a la nariz. Dejó caer la frente contra la puerta y deseó golpearse con ella hasta perder el conocimiento. " Quien ha cerrado la jodida puerta!?" pensó con rabia. Dolorosas punzadas subían hasta su cerebro y sintió algo cálido y escurridizo deslizarse por sus manos. Severus Snape contempló la escena con cara de absoluta perplejidad, y de alguna forma, no sabía exactamente como, logró contener la carcajada que pugnaba en ese momento por salir desde su estómago. Sin embargo no pudo evitar esbozar una divertida sonrisa que le acompañó cuando se levantó de su asiento y se acercó a su alumno, que continuaba emitiendo gemidos lastimeros tapándose la nariz con ambas manos.

- No sea tan quejica Potter.- le amonestó, y en su voz se coló una nota burlona. Harry le miró unos segundos con rabia, con los ojos lagrimeándole de dolor.

- A usted me gustaría verle así…- masculló con voz nasal y cerrando los ojos con fuerza por el dolor.- Creo que está rota…- gimió por lo bajo y maldiciéndose por su mala suerte. Si había creído que ya no podía hacer más el ridículo…se había equivocado miserablemente. Se dijo que tal vez no era tan descabellado pensar que Trelawney le había echado mal de ojo. Primero quedaba como un idiota con Cho y ahora repetía hazaña con Severus. Su vida sentimental era como una tragi-comedia griega…

- No exagere.- terció el hombre obligándole a alzar el rostro y tratando de que apartara las manos para poder observar el daño. Pero ambas cejas se alzaron con certidumbre al ver el torrente de sangre que manaba de la cara del muchacho.- Parece que sí está rota.- murmuró para si, examinando con gravedad la torcida nariz. Harry le lanzó una mirada fulminante. Severus le hizo girar el rostro de un lado a otro, y finalmente le agarró por la barbilla y cogió la nariz rota entre el corazón y el anular.

- Ahora estése quieto.- le ordenó. Y antes de que Harry pudiera preguntar que iba ha hacer, Severus recolocó la nariz con un rápido movimiento.

- Auch! Mierda! Joder, ya! Mecaguen…- soltó Harry, aferrándose con fuerza al antebrazo del maestro tratando de soportar el dolor y llevándose la otra mano a la nariz.

- Esa boca jovencito.- le reprendió Severus, más suavemente de lo que era habitual en él. Lo cual provocó que Harry se olvidara por unos momentos de las terribles punzadas. Sus ojos se clavaron en los oscuros de su maestro por unos instantes que le parecieron eternos, al tiempo que sentía que la afluencia de sangre se concentraba en su rostro. Y como es habitual en estos casos…su nariz comenzó a sangrar todavía más. Bajó la cabeza, avergonzado, solo para darse cuenta de que todavía mantenía aferrado el brazo de Snape. Se soltó precipitadamente y se sonrojó más violentamente.

- Siéntese.- le indicó el hombre al cabo de unos minutos de incómodo silencio.- Será mejor que le cure eso antes de que se desangre en mi despacho.- murmuró para si, haciendo levitar el botiquín de primeros auxilios ( que siempre guardaba en su despacho por si Longbottom decidía crear alguna poción especialmente explosiva). Harry obedeció y se dejó caer en una de las sillas que solía haber delante del escritorio del profesor.

- Podía haber utilizado la magia.- acusó, tratando de mantener la poca…escasa…nula dignidad que le quedaba.

- Habría sido igualmente doloroso.- contestó el hombre con indiferencia al tiempo que aplicaba algunas pociones al maltrecho apéndiz y limpiaba la zona con gasas. No dejó de observar que el chico evitaba nerviosamente mirarle a los ojos. Un último hechizo de limpieza y la nariz de Harry quedó como nueva. Guardó de nuevo el material y se dedicó a taladrar al joven con la mirada, cruzado de brazos delante de él. Harry miró al suelo. La pared. La estantería. A los innumerables bichos metidos en frascos que adornaban (por decir algo) el despacho, diciéndose mentalmente que probablemente acabaría como uno de ellos. Y por fin, Severus se decidió ha hablar, regresando de nuevo a sus ojos esa mirada dura que solía ser su habitual y que había desaparecido por unos momentos para mostrar preocupación.

- Bien. Y ahora exijo que me explique a que ha venido lo de antes, Potter. Que yo sepa el día de los santos inocentes no es hasta dentro de tres días. Y por si alguna idea absurda cruza por su mente, le advierto que tampoco ese día tolero bromas de ningún tipo.- ladró el hombre con cierta irritación en su voz. Harry suspiró con exasperación. Había sido inesperado. Precipitado. Sin contar lo ridículo. Pero no entraba en su cabeza como a ese hombre tan terco podía costarle tanto de entender que tenía sentimientos por él. Aunque algo de positivo tenía todo eso. Y es que si Severus no había creído su declaración, entonces su primera reacción no podía ser la verdadera. O sí?

- No es una broma. Usted me gusta, ya está.- "Y no puedo creer que lo esté diciendo tan tranquilamente como si dijera que mañana va a llover" se dijo, un tanto incrédulo. Aun así tuvo la inmensa gracia de sonrojarse hasta la raíz del pelo. Se atrevió a levantar la mirada de una interesante mancha del suelo para observar atentamente la reacción del profesor. Un minuto. Dos. O la ausencia de esta, porque Snape parecía haberse convertido en una estatua de piedra.- Hem…señor?- preguntó, un poco inseguro. Podría ser que lo hubiera matado de un ataque al corazón? Un parpadeo. Harry suspiró aliviado, estaba vivo, o al menos había algún tipo de actividad cerebral…Severus farfulló algo ininteligible y apretó más los dedos en torno a su brazos hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Y súbitamente dio media vuelta y se alejó de él para apoyarse en una de las estanterías que recubrían las paredes del despacho. Harry frunció el ceño con disgusto al percibir las fugaces miradas de…incredulidad? Pánico? Incomprensión? Que le estaba dirigiendo el hombre.

- No hace falta que me huya, no voy a morderle sabe?- le espetó con enojo. Ninguna respuesta. " A tomar por saco!" se dijo, furioso y se puso en pie de un salto.

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Severus se escabulló de la fiesta de Nochebuena poniendo especial cuidado en que cierto viejo chantajista no le pillara. "Maldito Albus…" pensó por enésima vez. Maldito viejo loco que le obligaba a celebrar la Navidad. Como si a él le gustasen los dulces, los fuegos artificiales o esas estúpidas sorpresas que el anciano siempre repartía por las mesas para diversión de los estudiantes. Estuvo a punto de estamparse contra una pared del pasillo al intentar esquivar a la Señora Norris y su presa, un saltamontes salido precisamente de una de esas sorpresas..

Se refugió en su despacho y cerró la puerta, aliviado. Por fin solo, con sus libros, su sillón y sus bichos muertos. Que a lo mejor no eran una compañía muy habladora, pero tampoco molestaban. Se sentó con satisfacción en su sillón de cuero tras despojarse de la capa, subió los pies al escritorio e hizo levitar hasta su regazo un interesante libro que se había auto-regalado, llamado "Las mil y una noches", y que trataba de una hermosa joven de ojos verdes que se dedicaba a contar cuentos para evitar su decapitación. "Hermoso color" había pensado Severus al leer la descripción de esos fascinantes ojos que habían atrapado al Sultán, un hombre cruel pero que había terminado por caer ante los encantos de la muchacha.

Unos tímidos golpes en la puerta provocaron unos segundos de caos en el interior del despacho. Severus gruñó por lo bajo, maldiciendo mentalmente a quien se atrevía a interrumpir su momento de tranquilidad, mientras bajaba apresuradamente los pies de la mesa, se ponía la capa a toda prisa y hacía levitar el libro hacia la estantería más cercana, intercambiándolo por un puñado de exámenes sin corregir. Después de todo, tenía una reputación que mantener. La puerta se abrió con un gesto de su mano, y su sorpresa fue mayúscula al descubrir a un anonadado Harry Potter que entraba en su despacho como si alguien le hubiera propinado un empujón. La puerta se cerró automáticamente tras él.

Severus contuvo el deseo de preguntar si le sucedía algo y se concentró en poner su expresión más fría e indiferente.

- A que se debe el dudoso placer de su visita, Potter?- inquirió intentando sonar sarcástico. Pero el chico continuó mirándole con expresión perpleja, como si él mismo no supiera que diablos estaba haciendo ahí. Y Severus comenzó a sentirse incómodo.- Es que ya se ha cansado de incordiar a sus compañeros y ha decidido incordiarme a mí?- volvió ha hablar. Más silencio, cara de estúpido por parte de Potter, desasosiego absoluto por parte de Snape.- No tengo toda la noche Potter!!- terminó por exclamar, harto de la absurda situación e irritado por su propia incomprensible inquietud.

- Y-yo…Me gusta.- El maestro alzó una ceja.

- El qué le gusta? Y qué le hace suponer que a mi pueda interesarme?- " Y por qué viene a contarme a MÍ, que 'algo' le gusta a estas horas y en este día?". La duda de si Potter se había vuelto loco regresó con fuerza.

- Tú…quiero decir…usted.- perplejidad.

- Perdón?- alarma.

- Eso…que usted me gusta y…- imposible!

- Ya le he oído Potter!- Debía tratarse de una broma. Probablemente alguna apuesta entre ese mocoso de Weasley y Potter. Irritación. Rabia. Severus golpeó la superficie de la mesa con ambas manos repasando rápidamente su amplio repertorio de maldiciones. Iba a cometer un par de asesinatos en breve.

- Solo quería que lo supiera…- murmuró el chico agachando la cabeza. Y el tono desilusionado de su voz logró por un nano-segundo que el maestro se planteara si no habría algo de cierto en lo que acababa de escuchar. La taquicardia que le asaltó de pronto no le dejó oír el resto de sus pensamientos. Y repentinamente, Potter dio media vuelta para…estrellarse directamente contra la puerta. Severus parpadeó un par de veces y súbitamente se le cortó la respiración. Porque todo el aire se le había concentrado en el estómago en forma de carcajada que quería salir. Le costó lo suyo mantener su pose impasible, aunque sí se le escapó una sonrisilla divertida. Pero es que había sido lo más cómico que había visto en su vida! Finalmente se compadeció de su alumno, que se había tapado la nariz con ambas manos y emitía gemidos lastimeros de tanto en tanto, y se acercó a él.

- No sea tan quejica Potter.- le reprochó con cierto tonillo burlón que por lo visto molestó bastante al joven, que le lanzó una mirada abrasadora. Todo un carácter de muchacho, sin duda. Solo él se atrevería a mirar así al temible Severus Snape después de haber hecho el mayor de los ridículos delante suyo.

- A usted me gustaría verle así…- le oyó mascullar por lo bajo, con un tono que sonó curiosamente nasal.- Creo que está rota…- gimió cerrando los ojos con dolor. El brillo de diversión desapareció de los negros ojos del hombre y se tornó preocupación.

- No exagere.- dijo, pero en cuanto contempló el desastre que Potter se había hecho en la nariz tubo que admitir que el chico tenia razón.- Parece que sí está rota.- murmuró más preocupado que antes. Un auténtico río de sangre fluía de la cara del muchacho, manchándole las manos y el suelo. No tendría más remedio que arreglársela él, teniendo en cuenta que la enfermería estaba desierta y que la señora Pomfrey se hallaba, en el momento en que abandonó el Gran Comedor, a punto de subirse a la mesa de profesores con una más que considerable cogorza encima. Probablemente terminaría por desgraciar al muchacho, y para que negarlo, sería una lástima que una naricilla respingona como esa terminara tan torcida como la de Albus. Así que Severus agarró firmemente por la barbilla a Potter para que no se moviera y evitar una catástrofe, cogió la nariz entre el corazón y el anular y dijo:

- Ahora estése quieto.- y antes de que el chico tuviera tiempo de reaccionar la recolocó con un hábil movimiento.

- Auch! Mierda! Joder, ya! Mecaguen…- Severus estuvo a punto de esbozar una sonrisa divertida, pero esta se borró en cuanto sintió el firme agarrón del chico, que le estaba estrujando el brazo. Y de pronto la taquicardia regresó con tanta intensidad como el recuerdo de lo que había dicho Potter apenas hacía unos minutos.

- Esa boca jovencito.- le reprendió, tal vez demasiado suavemente, porque Harry clavó sus ojos en los suyos, sorprendido por el inusual trato condescendiente. Y bien, a lo mejor eran imaginaciones suyas, pero juraría que ese par de orbes verdosas se habían vuelto cristalinas y le estaban diciendo un montón de cosas que no deseaba saber. O que le daba miedo saber, porque suponía hallarse ante una disyuntiva que Severus Snape no estaba seguro de poder solucionar correctamente en esos momentos. Y mucho menos después de ver como el semblante del muchacho se sonrojaba encantadoramente ante su escrutadora mirada…provocando un afluente de sangre deslizándose parsimoniosamente por su nariz. Harry rompió el contacto bajando la cabeza y soltándose súbitamente de su brazo. Y solo entonces Severus se percató de que él también le había agarrado, mas suavemente, en un incomprensible impulso de mantenerle cerca. Maldito niño que había logrado volverle irracional por unos momentos con dos simples palabras.

- Siéntese.- le indicó al cabo de unos minutos de incómodo silencio.- Será mejor que le cure eso antes de que se desangre en mi despacho.- sus pensamientos volaban una y otra vez a lo que había sucedido antes, incapaces de centrarse en nada en concreto. Solo dando vueltas por su cabeza en un torbellino incansable al que trató de no prestar atención mientras curaba la nariz de Potter.

- Podría haber utilizado la magia.- le acusó el chico.

- Habría sido igualmente doloroso.- contestó, distraído. Porque tenía la temerosa impresión de que si se permitía por un segundo asimilar realmente lo que ese jovencito le había dicho y decidía creer en lo imposible, una terrible catástrofe se cerniría sobre su cabeza. Y también sobre la de Potter. Porque…cual podría ser el castigo para un alumno…y un profesor…? " Es una broma, tiene que ser una broma" se repitió, y se consoló con ese pensamiento. Pero aun así, debía asegurarse antes.

- Bien. Y ahora exijo que me explique a que ha venido lo de antes, Potter. Que yo sepa el día de los santos inocentes no es hasta dentro de tres días. Y por si alguna idea absurda cruza por su mente, le advierto que tampoco ese día tolero bromas de ningún tipo.- y lo dijo tan agriamente como si realmente estuviera molesto. Aunque en el fondo, muy en el fondo…a lo mejor si le molestaba un poco que todo eso no fuera más que una broma.

- No es una broma. Usted me gusta, ya está.- taquicardia. Sudor frío. Principio de ataque al corazón. Inmovilidad absoluta. Severus Snape no fue capaz de mover un solo músculo mientras su mente se tiraba por un precipicio muy feo en el que había un cartelito que rezaba "pederastia". Y sintió que caía más rápido cuando el condenado niño tuvo la delicadeza de sonrojarse hasta las pestañas…tan adorablemente.

- Hem…señor?- ese par de esmeraldas le miraban. Probablemente esperaba que dijera algo. Parpadeó. Trató de repetir lo que la voz de la razón le gritaba en ese momento muy amablemente al oído "Demasiado joven. Su profesor. Imposible! Solo dieciséis años. Un Potter!" pero pronto descubrió que tratar de decirlo todo a la vez podía ocasionar un serio problema de comprensión para su interlocutor. Potter continuaba mirándole. Probablemente esperaba que dijera algo…coherente. Pero solo atinó a ponerse lívido y a dar media vuelta, apoyándose en la estantería más cercana. Necesitaba pensar. A ser posible necesitaba pensar sin que ningún joven de ojos verdes estuviera presente, porque entonces era más difícil concentrarse en una respuesta negativa. Sus ojos negros volvían una y otra vez hacia la figura que continuaba sentada en su silla, poniendo un gesto cada vez más enojado. No podía entenderlo. No alcanzaba a entenderlo! El pánico estrujaba sus sentidos sin piedad. Porque sí, quien lo iría a decir, el imperturbable, frío e insensible profesor de pociones sentía pánico de un jovencito de dieciséis años, el cual podría convertirse en el responsable de que él hiciera una locura que ni en sus mejores sueños habría imaginado cometer.

- No hace falta que me huya, no voy a morderle sabe?- le espetó con cierto enojo dicho jovencito. Poco podía saber él que Severus no temía por su parte, temía por si mismo, por lo que fuera capaz de hacer. Temía por su auto-dominio, que se había ido por el desagüe, ante una tentación a todas luces prohibida que el puñetero destino, maldito azar, o cualquier otra fuerza/energía/presencia-omnipotente le había puesto ante las narices para burlarse de él. Se giró del todo para no ver al chico y apoyó ambas manos en los estantes, rezando por una interrupción oportuna o a ser posible por una muerte repentina que le librara de tomar semejante (y muy jodida) decisión. Le oyó ponerse en pie y un escalofrío le recorrió la columna. Porque en ese movimiento había algo de decisivo. Y Severus no estaba seguro de querer saber el desenlace de esa absurda noche.


M.K.B